San Jorge es un personaje icónico de la lucha del bien contra el mal representado por el dragón, que en la imaginería medieval era asimilado a Satánas. Vemos a este mítico santo representado en las antiguas pinturas como un gallardo caballero de armadura, montado en un corcel blanco mientras alcanza con su lanza al dragón que tiene cautiva a una dulce doncella.
Por lo general, tendemos a ver en primer lugar a los multiformes dragones que pueblan nuestra realidad externa: guerras, hambrunas, terrorismo, asesinatos, torturas, felonías y un extenso etcétera que representan los diversos oficiantes del mal en la tierra; dragones que vuelan entre nosotros, y nos alcanzan con su aliento de fuego. Sin embargo, hoy quiero invitarlos a dirigir la mirada hacia el mundo interno y reconocer en ese dragón a nuestros propios dragones, a ese Satán que etimológicamente significa el “adversario acusador”.
Creo firmemente que toda lucha comienza con una lucha interna, pienso en esto cuando observo cómo reaparecen nuestros peores fantasmas adversándonos desde la profundidad. Los logros no son logros, las victorias son derrotas, una voz cavernosa nos dice que no podremos. Recalca en nosotros la debilidad, la impotencia, nos hostiga, aviva las heridas. Desconoce los méritos o los dones. ¿Quién no ha sentido ese aguijón hundiéndose en lo profundo del alma, haciéndola cautiva? Frente a las fuerzas de Ero , que representa la reafirmación y triunfo de la vida, la belleza y el amor, están las tinieblas de Tánatos, la vocación para la muerte, la desesperanza, la división, el “adversario acusador”.
Recordemos que los primeros alemanes orientales que traspasaron el muro caído lo hicieron con sospecha e incredulidad, al igual que los prisioneros de los campos de exterminio nazi al momento de la liberación. Alguien que viajó recientemente a Vietnam, contaba del floreciente país que encontró, el mismo país que fue víctima de una espantosa guerra, hoy los campos de arroz muestran su hermosura y abundancia, donde ayer caía implacable el napalm. Donde hoy hay aridez, puede ser mañana una verde pradera.
Nuestra vida transita entre felices instantes, tristezas ineludibles y luchas entre opuestos. Y siempre el dragón acecha, nuestros saboteadores y depredadores nos lanzan mordidas. Podemos llamarlo Sombra, como lo llamó el psiquiatra suizo Carl G. Jung , o creer que se trata del más allá del principio del placer, que el insigne Sigmund Freud denominó el instinto de muerte.
Como quiera que lo llamemos, lo importante es identificarlo y saber que viene con nosotros y que paradójicamente puede aportarnos iluminaciones, expandirnos la consciencia, hacernos más sabios si integramos luz y sombra, fuerza y debilidad, triunfos y derrotas. En este punto, recomiendo leer o releer el famoso poema Fracaso del gran Rafael Cadenas, Gracias por la riqueza a que me has obligado- dice el poeta, quien en otro poema afirmó nunca se había ganado una rifa y que ahora se ganó el premio Cervantes, el Nobel de nuestra lengua.
Finalizo recordando a otro poeta mayor, Rainer Maria Rilke, cuando expresaba: Quizás todos los dragones de nuestra vida son princesas que esperan vernos una vez bellos y valerosos. Quizás todo lo espantoso, en su más profunda base, es lo más indefenso, que espera de nosotros la salvación. Invoquemos a San Jorge a que nos sostenga en esta lucha para rescatarnos a nosotros mismos de las oscuras aguas del Aqueronte, el río de la aflicción y la tristeza. No olvidemos que la doncella cautiva es nuestra propia alma.

