Lic. Rosario Guevara./ Especialista en Psicología Clínica (UCV)
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El ser humano es social por naturaleza, mantener contacto con los demás en un rasgo vital y necesario. Cuando se tiende al aislamiento y no se mantiene el contacto social, repercute de manera negativa en el desenvolvimiento, que se ve reflejado en las diversas áreas de la vida. Sin embargo, las relaciones sociales tienen su complejidad e implica diversas habilidades, las cuales ayudan en el establecimiento y conexión con otras personas. El contacto social es muy importante para la salud mental y mucho más cuando se tiene en la vida personas con una carga afectiva que resulta significativa y favorable.
El modelo de lo que se observó durante las primeras etapas de la vida en el contexto familiar, tendrá repercusión en la manera en que se establecen ciertos vínculos; si fue un grupo familiar con apertura a conocer otras personas y generar amistades o fue un grupo muy cerrado. Aunque siempre hay la oportunidad de cambiar. Las redes de apoyo que pueden surgir con los amigos, nos ayudan en nuestra salud mental y emocional, porque nos apoyan en nuestro crecimiento personal y son fuentes de alegría.

Es importante hacer énfasis en que es prioritario primero tener una buena relación consigo mismo, reflejándose en la manera y el ambiente donde interactuamos. Tener la capacidad de estar solos, disfrutarlo, querernos y respetarnos. Eso va a permitir establecer vínculos sanos, porque lo deseamos y elegimos. No es tener a muchos conocidos y ser amigos de todos, es que se genere calidad en los vínculos que se establezcan. La amistad no se escapa de algunas habilidades y capacidades para lograr mantenerlas, entre ellas están: el afecto, respeto, honestidad, reciprocidad, tolerancia, perdón, confidencialidad, seguridad, flexibilidad, protección, entre otros. Siendo prioritario no querer cambiar a las personas
Tener contactos permite ampliar nuestro círculo social y de esta manera ir cuidando relaciones, en las cuales pueda surgir la amistad. Primero sea amigo de usted mismo, para poder ser amigo de los otros. Las habilidades sociales, permiten hacer más fácil las interacciones. Creándose círculos más íntimos, que permiten mostrarnos como realmente somos. Eso nos conlleva a una vida emocional mucho más sana. Así, como nutrirnos y nutrir a través de las relaciones interpersonales.
En las diferentes etapas de la vida nuestros amigos van cambiando, debido a que nosotros también lo hacemos; ya no somos los mismos y nuestros intereses se modifican. Para tener amigos hay que estar abiertos a conocer personas, disposición y tiempo para compartir. Lo que genera ese vínculo es el compartir, acercarse al otro y permitir la apertura, mostrarse con sus debilidades y virtudes. Es un proceso que puede conducir a grandes momentos de alegría y contención. Hay que cultivar esa relación, para lograr que crezca y se mantenga. Así como otros vínculos, no podemos idealizar a los amigos, ni exigirles ser perfectos. Hay que quererlos como son, como también ellos nos aceptan.
El apego seguro y sano con otra persona, conlleva a vencer el aislamiento, escuchar otro punto de vista ante una situación difícil, compartir momentos de alegría. Contar con una compañía induce a compartir el afecto, en ese dar y recibir, alegrarse por el bien del otro. Las amistades no se escapan de pasar por diferentes etapas, a veces culminan definitivamente, otras se logran reconstruir y en otras circunstancias permanecen por largos períodos de tiempo. Aunque no hay un vínculo consanguíneo, los amigos nos hacen sentir apreciados, valorados, escuchados y acompañados. Nos conducen no solo a disfrutar, también nos ayudan en nuestro crecimiento personal.

Es indudable la gran fortuna de contar con personas, que nos acompañan en nuestros momentos de éxito y los que son difíciles. Por eso no pierda la oportunidad de abrirse a conocer, tener amigos genera gran satisfacción, independientemente de las experiencias a veces dolorosas. Que eso no lo limite a experimentar de nuevo la felicidad, que produce sentirse querido y acompañado. Aumente su red social de apoyo, conozca personas que le permitan seleccionar a sus nuevos amigos. Establezca relaciones afectivas con personas sanas, que compartan sus mismos intereses, que le generen confianza y lo motiven a continuar hacia adelante. Usted ofrezca esa misma atención y cuide sus vínculos.
El que no haya tenido amigos durante la infancia o no posea un modelo familiar que estimule el acercamiento afectivo con otras personas, no determina ni condiciona que su vida social siempre sea de esa manera. La puede modificar al concientizar su historia de vida y tomar la decisión de cambiar, tener la certeza que si es posible y realizar acciones diarias para lograrlo. Venza el temor de relacionarse, no se quede pegado en lo negativo de las experiencias anteriores, ábrase a vivir nuevas vivencias. Practique e incremente sus habilidades sociales. Siempre es posible vencer las limitaciones que van más allá de lo aprendido y de las creencias limitantes. Es hora de sembrar, cultivar y cuidar sus vínculos con los amigos. Eso le generará sentido de pertenencia, alegrías, bienestar psicológico y social.


