Relanzamiento del programa “Voluntariado IESA. Acción con propósito” analizó aspectos fundamentales para que este trabajo sea exitoso.
El relanzamiento del programa «Voluntariado IESA: Acción con Propósito» reunió a más de 100 voluntarios, entre empleados, profesores, estudiantes, emprendedores y egresados. Los asistentes participaron, de forma presencial y virtual, en una sesión de activación orientada a consolidar un nuevo enfoque.
El IESA retoma esta iniciativa con el fin de movilizar el talento, la experiencia, el tiempo, las redes y la solidaridad de la comunidad en favor del bienestar colectivo. Aunque el programa está firmemente anclado en la sostenibilidad institucional, prioriza, inicialmente, la atención al terremoto en Venezuela como un llamado urgente a la acción.
La apertura de la actividad estuvo a cargo del profesor Edwin Ojeda, coordinador del Centro de Sostenibilidad y Liderazgo Responsable; y de Miranda Vallerugo, gerente de Proyectos Especiales. Ambos definieron el programa como una «plataforma para la acción», conscientes de que la institución puede aportar conocimiento, gestión, organización, redes, logística y liderazgo responsable.
Ojeda hizo un llamado crítico a trascender la teoría académica, al señalar que el liderazgo responsable no debe limitarse a «enseñar y aprender», sino validarse en el terreno mediante el voluntariado como su brazo ejecutor más potente. De esta manera, se institucionaliza el servicio como un aporte social concreto.
La solidaridad en el Voluntariado IESA
El análisis de intereses realizado por Miranda Vallerugo y Edwin Ojeda arrojó como prioridades el Apoyo a la infancia, alianzas con el Dividendo Voluntario y la reactivación de los Proyectos Comunitarios en San Bernardino, esta última, una iniciativa de hace 15 años que integraba a la comunidad mediante clases y eventos culturales.
La disposición de 36% de voluntarios para servicios dementorías y charlas técnicas, frente a un 50% orientado al apoyo operativo, permite al IESA diversificar las opciones de intervención voluntaria, garantizando que la institución pueda atender tanto la logística de emergencia (centros de acopio) como el fortalecimiento estructural de organizaciones sociales a través de la transferencia de conocimiento especializado.
El voluntariado como estrategia de acción social
Ramón Ostos, presidente del Dividendo Voluntario para la Comunidad (DVC), presentó la hoja de ruta para transformar la solidaridad espontánea en capital social sostenible. Su propuesta vincula el voluntariado con la cátedra de Liderazgo Responsable e introduce el concepto de Social Accountability (Rendición de Cuentas Social) como un pilar de la ciudadanía corporativa.
Para consolidar un programa exitoso, Ostos propuso cinco elementos fundamentales: Formar: Inducción técnica en liderazgo y comunicación. Generar experiencias con propósito: Integrar al voluntario en la toma de decisiones. Construir alianzas: Fomentar la colaboración Academia-Empresa-Sociedad Civil. Medir para mejorar: Cuantificar horas e impacto para garantizar transparencia. Valorar y reconocer: Fortalecer la cultura de servicio.
Daniela Hernández del Programa Voluntario de la UNU, detalló el uso de tecnología e inteligencia artificial para la gestión de escombros tras el sismo del 24 de junio, optimizando las estimaciones mediante imágenes satelitales. Destacó que Venezuela carece de una organización similar al Centro Nacional de Apoyo para Contingencias Epidemiológicas y Desastres, A.C (CENACED), México, organización que coordina la ayuda del sector privado con la sociedad civil durante desastres. Para Hernández, invertir en voluntariado nacional es invertir en resiliencia comunitaria. internacional.
Voluntariado en acción
Inés Sandra Machado, Head of Asuntos Corporativos y de Fundación Telefónica Movistar, presentó la “Marea Azul” como ejemplo de alineación de propósitos. Bajo su visión, el voluntariado no es caridad, sino una estrategia de gestión de talento con métricas de negocio claras.
Su análisis mostró que el voluntario es un colaborador más comprometido y productivo. Además, resaltó cómo la digitalización (voluntariado online) y las alianzas multiempresariales permiten que el impacto sea resiliente, incluso ante restricciones de movilidad, fortaleciendo el clima organizacional y la reputación institucional.
Acción sin daño
Gabriela Bello y Paula González, representantes de OCHA, enfatizaron que la buena intención no basta y puede ser peligrosa. Bajo la máxima de que «las personas no son evidencia del voluntariado», lanzaron una advertencia contundente sobre la exposición en redes sociales: «Tú no querrías hacerte viral en el peor día de tu vida».
En el encuentro se establecieron pautas basadas en los principios de humanidad, independencia, imparcialidad y neutralidad. Entre las decisiones críticas abordadas, destacaron las siguientes: Escucha frente a suposición: La ayuda no se impone; el voluntario debe adaptarse a la necesidad real y respetar la cultura junto con las tradiciones locales.
Seguridad y dignidad: Como ejemplo técnico de «daño», se mencionó que ubicar los baños en campamentos a distancias excesivas o en zonas sin iluminación expone a mujeres y niños a riesgos de seguridad y violencia de género.
Evitar la revictimización: No se debe forzar a las personas a repetir sus traumas por mera curiosidad mientras reciben asistencia.
No crear falsas expectativas: Es fundamental prometer únicamente lo que la capacidad logística real pueda garantizar.
Marco operativo
Aunque el reciente terremoto impulsó este relanzamiento, el programa trasciende la atención de la emergencia. Miranda Vallerugo, gerente de Proyectos Especiales del IESA aclaró que el objetivo es mantener la iniciativa anclada en la sostenibilidad institucional, lo que garantizará una respuesta solidaria constante y no limitada a eventos puntuales.
El programa se fundamenta en tres pilares esenciales:
- Servicio solidario: Responder a necesidades específicas con respeto, cuidado y pertinencia.
- Fortalecimiento de capacidades: Utilizar los recursos académicos, operativos y humanos de la institución para acompañar a personas y comunidades.
- Acción colectiva con aliados: Articular esfuerzos con empresas, egresados y otras organizaciones para multiplicar el impacto social.
Con una base inicial de más de 130 inscritos, las prioridades inmediatas incluyen la inducción de los voluntarios, la realización de jornadas solidarias entre agosto y septiembre y la creación de una mesa de alianzas para conectar con necesidades verificadas en el terreno.
En conclusión, el Programa de Voluntariado IESA — Acción con Propósito consolida un consenso para profesionalizar la solidaridad mediante un enfoque estructurado y colectivo, transformando el conocimiento académico en un impacto social real a través de alianzas estratégicas.


