En una reciente y muy especial emisión de Pasión País Radio, el estudio abrió sus micrófonos para conversar con dos de las figuras más talentosas del teatro y la producción nacional: la actriz y locutora Ana Freitas y el actor, director y productor Agustín Zennini. Entre anécdotas de infancia, vocaciones descubiertas a escondidas y una complicidad escénica innegable, los invitados conversaron sobre su trayectoria y sobre el montaje que ha cautivado al público: la obra Una nota en la nevera.
Vocación y escenarios: Cuando el arte se lleva en la sangre
Al recordar los inicios de su pasión por la actuación, ambos artistas coincidieron en que el llamado del escenario surge desde los primeros años de vida. Ana Freites relató cómo, desde los tres o cuatro años, utilizaba disfraces y creatividad para negociar permisos o interpretar historias en su hogar, afirmando: «Yo era la que desde los 3, 4 años, cualquier cosa que encontraba que pudiese acompañar mi discurso para sacar un permiso, para mingonear a papá o a mamá, pues yo me montaba un disfraz».
Por su parte, Agustín Zennini recordó su infancia creando universos de fantasía junto a su primo, un camino que inicialmente transitó a través de la abogacía en la Universidad de los Andes —para complacer a su familia— hasta que un viaje a Nueva Orleans y una reveladora puesta en escena de Shakespeare encendieron la chispa definitiva. Al recordar aquel momento decisivo, señaló: «Viendo una obra de Shakespeare […] esa noche yo estaba así, pero flotando con lo que vi, yo dije: No, esto es lo que yo quiero hacer con mi vida».
Entre la pareja y la conciencia: Los secretos de una obra imprescindible
Basada en el libro de Jorge Hurtado con original de Inés Muñoz Aguirre, Una nota en la nevera aborda el complejo y universal tema de la separación de una pareja a través de un inteligente cruce de monólogos y perspectivas. En esta puesta en escena, donde Agustín asume por primera vez el reto de la dirección a la par de la actuación junto a Ana, los personajes desempacan recuerdos y debaten sobre la culpa, los apegos y los cambios. Sobre la compenetración en el escenario, Freites destacó: «Encontró tantos puntos de encuentro femeninos y tantos puntos de encuentro masculinos que llevarlo a las tablas la verdad fue sabrosísimo, jamás discutimos».
El eje de la tensión dramática cuenta con un particular antagonista incorpóreo: “la voz de la conciencia” —la icónica María Cristina—, ese Pepito Grillo que empuja constantemente a los protagonistas a tomar decisiones. Entre la comedia reflexiva y el drama cotidiano, la pieza invita a los espectadores a mirarse en el espejo de sus propias emociones, recordando en palabras de su director que «el humor es una de las maneras más mágicas de conectar con los temas más difíciles».


