El trompetista, profesor y gestor cultural venezolano es, desde 2024, el director artístico de la Youth Orchestra Los Angeles -YOLA- el programa de educación musical inspirado en El Sistema y fundado por el maestro Gustavo Dudamel. Sánchez refleja en esta entrevista su amplia e inspiradora visión social y humanística: la música como generadora de oportunidades para que cada joven puede desarrollar su potencial e imaginar grandes posibilidades para su vida.
Cuando recientemente escuchamos cantar en el Hollywood Bowl de Los Angeles a niños y jóvenes que acompañaron a personalidades de la música como Natalia Lafourcade, Chris Martin o Carlos Vives, Adria y Nella Rojas, entre otros, no imaginamos que pertenecieran a comunidades tradicionalmente marginadas de la ciudad californiana. Sin embargo, gracias al Programa educativo y cultural YOLA, ellos han logrado alcanzar un meta: acceder a las bondades que la música brinda a sus vidas.

Y es que en una ciudad marcada por la diversidad y los sueños de miles de familias que luchan por encontrar un futuro mejor en los Estados Unidos de Norteamérica, la música se ha convertido en herramienta y en espacio de encuentro, identidad y esperanza. Así lo demuestra la labor del trompetista y maestro venezolano Gaudy Sánchez, quien desde 2024 es el director Artístico de la Youth Orchestra Los Angeles, y quien nos habla en esta entrevista de los alcances y de la visión social y humanística del Programa fundado hace casi 20 años por el maestro Gustavo Dudamel.
– ¿Cómo puede la música ayudar a un joven a pertenecer a una nueva comunidad, en este caso una comunidad cultural, un coro o una orquesta?
-Para mí, pertenecer, no significa dejar atrás el lugar de donde vienes para poder formar parte de otro. Significa llegar con tu historia, identidad, tus valores y cultura, aunque ese proceso pueda ser complejo y retador. Y la música crea un sentido de pertenencia e inclusión extraordinario, porque en una orquesta tienes que escuchar al otro, respetar su espacio y comprender que tu voz importa tanto como la de quien está sentado a tu lado. Para mí, esa es una poderosa metáfora de ciudadanía y de sociedad.
– ¿En qué momento de tu vida comprendiste que tu trabajo no era solo musical, sino profundamente social y humano?
– Lo comprendí siendo un adolescente. El Maestro José Antonio Abreu tenía una visión muy clara: además de formar músicos, había que formar facilitadores capaces de multiplicar el conocimiento y abrir el camino para las generaciones que venían detrás. Desde que tenías un instrumento en las manos comenzabas, automáticamente, a formar parte de un ciclo en tres dimensiones: estudiante, intérprete y mentor. Entonces, siempre existió en mí la necesidad de devolver a otros y multiplicar las oportunidades que yo mismo recibí. Por eso nunca he podido separar al intérprete del educador o al artista del ciudadano.
Esa convicción le permitió a Sánchez cofundar la Academia Latinoamericana de Trompeta de El Sistema, junto a su colega Pacho Flore; asumió la Dirección Artística de El Sistema Táchira; creó el Festival de Trompeta en homenaje a Maurice André; lideró misiones educativas de la CAF en distintos países de América Latina, y formó parte del Consejo Académico Musical de El Sistema, entre otras iniciativas dedicadas a formar y desarrollar nuevas generaciones de músicos.
– ¿Qué le dices a un niño o joven que llega a YOLA sin hablar inglés, sin amigos y sin conocimientos de música?
-Cuando un niño o una niña llega a YOLA queremos ofrecerle un lugar seguro donde pueda ser quien es, expresarse sin limitaciones y encontrar una comunidad donde pueda evolucionar, crecer y descubrir sus capacidades. Y todo esto sucede en paralelo y a través de su instrumento: mientras aprende música, desarrolla disciplina, confianza, sensibilidad, capacidad de escuchar y trabajar en equipo. Y los resultados de ese acompañamiento trascienden la música.
“A lo largo de estos años hemos visto estadísticas extraordinariamente y muy positivas en YOLA. Más del 90 % culmina sus estudios de bachillerato y un porcentaje importante continúa hacia la educación superior. Para muchos, ese paso significa convertirse en la primera generación de sus familias en asistir a la universidad”.

MENTOR Y DIRECTOR
Bajo la dirección artística de Gaudy Sánchez, YOLA se ha consolidado como un referente de la inclusión, superación educativa y oportunidades para los jóvenes a través del aprendizaje y la práctica colectiva de la música al más alto nivel. Actualmente, YOLA beneficia a 1.800 estudiantes de cuatro comunidades de Los Angeles y es un modelo de intercambio de saberes tanto dentro de los Estados Unidos como internacionalmente ya que, gracias a la Fundación Dudamel y al respaldo de la Filarmónica de Los Angeles, se realizan anualmente encuentros entre jóvenes de varios países.
– ¿Cuál es el prejuicio o aspecto negativo que con frecuencia encuentras en la enseñanza musical y que desearías eliminar a través de tu mentoría y pedagogía musical?
-Uno de los prejuicios que más me preocupa es confundir la falta de oportunidades con la falta de capacidad. El talento no tiene nacionalidad, condición económica, idioma ni código postal. Lo que sí sucede es la desigualdad en la distribución de las oportunidades. Para mí, la educación musical es también un entrenamiento para la vida: exponer a un niño desde temprana edad a la disciplina, la excelencia, el trabajo en equipo y grandes desafíos lo prepara para ser competitivo, resiliente y capaz de desenvolverse en una sociedad que está en constante transformación.
“Por eso, cuando hoy estoy frente a un joven, intento recordar al niño que fui. No quiero definirlo por el lugar donde nació, el idioma que habla, los recursos de su familia o aquello que todavía no sabe hacer. Me interesa preguntarme qué podría suceder si encuentra la oportunidad correcta y si nosotros somos capaces de construir las condiciones para que pueda aprovecharla”, dice el maestro Sánchez.
– ¿Qué es lo más difícil de dirigir una orquesta juvenil y qué es lo más hermoso de esa labor?
-Dirigir una orquesta juvenil tiene una responsabilidad muy particular: detrás de cada atril hay un joven con una historia, un ritmo de aprendizaje y aspiraciones diferentes. El reto es alcanzar un resultado artístico de excelencia sin olvidar nunca quién está produciendo ese sonido. Para mí, lo más difícil es encontrar el equilibrio entre exigir y acompañar. La exigencia, cuando viene acompañada de las herramientas necesarias, es también una manera de reconocer el potencial de un joven. Pero dirigir implica saber cuándo ser director, cuándo ser maestro y cuándo simplemente estar allí para escuchar.
INSPIRACIÓN CREADORA
Entrenado en la dinámica artística de El Sistema desde que era un adolescente y formó parte de la Sinfónica Nacional Infantil de Venezuela, luego de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar y del Ensamble de Trompetas Simón Bolívar, Gaudy Sánchez es un músico multifacético y un gerente cultural arrojado que combina el rigor musical con la acción social. Desde USA continúa haciendo música, bien sea como trompetista invitado por la Filarmónica de Los Angeles y la Pacific Symphony u ofreciendo conciertos de música de cámara y recitales con el Quinteto Brass Connection, del cual es cofundador, o participando en giras internacionales bajo la dirección del maestro Gustavo Dudamel, con quien además colabora en la organización y producción de programas y eventos musicales.
– ¿Piensas que has construido una estética musical propia y cuál es tu búsqueda artística en estos días?
-Creo que esa estética se ha construido lentamente, a través de todas las experiencias que han formado mi vida musical. Venezuela y El Sistema me dieron una relación muy intensa con la música, con la energía de la orquesta y con el sentido de hacer música colectivamente. Mi formación en Francia amplió mi comprensión de la tradición, el sonido y la disciplina instrumental, y los años recorriendo el mundo con la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar me permitieron conocer repertorios, directores, solistas, orquestas y culturas muy diferentes, al igual que también ha sido fundamental para mí ser integrante del Ensamble de Trompetas Simón Bolívar.
“Hace diez años quizás estaba mucho más concentrado en la precisión, el dominio del instrumento y en responder a las exigencias de una carrera como trompetista. Hoy sigo buscando esa excelencia, pero también estoy en un momento de mi vida en el que me interesa cada vez más tocar específicamente aquello que quiero tocar, elegir los proyectos con los que realmente me identifico y hacer la música que verdaderamente me hace feliz”, comenta.
-Cómo fue tu llegada a Los Angeles y cómo ha sido la experiencia artística en esa gran metrópoli del arte y la cultura?
–Cuando decidí salir de Venezuela en 2018 entendía perfectamente que comenzaba una nueva etapa de mi carrera. Sabía que sería retadora y que implicaría reconstruir muchas cosas, pero también que era una decisión importante para encontrar un nuevo balance para mi familia y para mí. Trabajé como músico freelance entre Austria y Francia, participé en proyectos educativos vinculados a la firma austríaca de trompetas Schagerl, pasé un tiempo en México hasta que finalmente me establecí en Los Ángeles en 2019
“Llegar a Los Ángeles fue particularmente impactante. De repente estaba rodeado de músicos extraordinarios, algunos de los cuales habían sido referentes para mí desde niño. Eran músicos que había escuchado en grandes grabaciones sinfónicas o en algunas de las bandas sonoras más importantes del cine. Poder conocerlos, compartir con ellos y poco a poco tener la ocasión de coincidir en escenarios, conciertos y proyectos artísticos ha sido una enorme fortuna”, cuenta.
– ¿Cuál es el rol en el que te sientes más cómodo y que naturalmente te emociona?
-Si hablamos de un resultado artístico, obviamente el momento final es muy importante: un concierto, una grabación, una gira o cualquier experiencia que finalmente llega al público. Pero si tengo que identificar la parte que más disfruto y donde naturalmente me siento más cómodo, es en el nacimiento de una idea y, sobre todo, el proceso de convertirla en realidad. Tienes que soñar en grande, pero al mismo tiempo comprender todos los detalles necesarios para hacer viable ese sueño.
GRATITUD Y CONEXIÓN
Nacido en San Pedro del Río, un hermoso pueblo del estado Táchira, Gaudy Sánchez no solo mantiene intacta su cercanía y afectos familiares, sino que es un ferviente creyente en el poder de la gratitud con su país y con la institución que le permitió crecer desde todo punto de vista: El Sistema.
– ¿Cómo se ve y se siente Venezuela desde lejos, tanto musical como culturalmente?

-Venezuela, desde lejos, se siente de una manera muy intensa. La distancia cambia la relación con tu país, pero no cambia el amor por él. Hay cosas que cuando vives allí forman parte de la cotidianidad y quizás no dimensionas completamente, pero cuando estás lejos adquieren otro valor: la familia, los amigos y todas esas pequeñas cosas que te conectan con el lugar de donde vienes. Musicalmente, Venezuela está siempre conmigo a través de El Sistema. Y culturalmente, ocurre algo cotidiano porque en mi casa Venezuela está presente todos los días, en nuestra música, en la comida y en muchas de nuestras costumbres.
– ¿Qué te gustaría aportar a tu país desde el punto de vista artístico?
-Creo que una parte importante de mi vida profesional ha estado marcada por una idea muy sencilla: devolver oportunidades, de la misma manera en que yo las recibí. Yo soy producto de una oportunidad extraordinaria que Venezuela me dio cuando era niño. Desde su creación en 1975, El Sistema ha puesto instrumentos en las manos de generaciones de niños venezolanos, y yo fui uno de ellos. Me dio maestros, una orquesta, escenarios, disciplina y la posibilidad de imaginar una vida que probablemente mi familia y yo no habíamos imaginado nunca.
– ¿Cuál dirías que es la dimensión y aporte de la música en los momentos que ha vivido Venezuela con el doble terremoto ocurrido en junio pasado?
-El doble terremoto agregó una dimensión mucho más urgente y humana a esa responsabilidad que tenemos los artistas. Cuando ocurre una situación de esta magnitud y estás lejos de tu país, la primera sensación es de enorme preocupación e impotencia. Pero inmediatamente aparece una pregunta inevitable: ¿qué puedo hacer desde donde estoy? Y, en mi caso naturalmente una de las respuestas está en la música. El arte no puede reconstruir por sí solo una casa o una ciudad, pero sí puede movilizar personas, crear consciencia, generar solidaridad, reunir recursos y recordarnos que una comunidad no está sola frente a una tragedia.
Fotos: Paul Cressey IG: @gaudytrompeta


