Meyerhold: Innovador del teatro contemporáneo

Meyerhold fue alumno de Stanislavski, pero pronto se distanció de sus teorías naturalistas y realistas para bucear y proponer la autonomía de la puesta en escena, a partir de la interpretación del texto dramático. Según él, “el director tiene a su disposición en calidad de material virgen los resultados de la creación organizada del dramaturgo” y “el análisis potencial del trabajo del actor”
Leonardo Azparren Giménez

Tres nombres dan forma a la matriz del teatro contemporáneo, a partir de los cuales se conformó la arboleda teatral del siglo XX: Konstantin Stanislavski, Gordon Craig y Vsévolod Emilievic Meyerhold (1874-1940). Uno creó el método para formar al actor; el otro percibió la teatralidad inherente del texto dramático; el tercero comprendió la importancia de la puesta en escena del texto dramático. Tres poéticas en un solo arte, el teatral.

Meyerhold fue alumno de Stanislavski, pero pronto se distanció de sus teorías naturalistas y realistas para bucear y proponer la autonomía de la puesta en escena, a partir de la interpretación del texto dramático. Según él, “el director tiene a su disposición en calidad de material virgen los resultados de la creación organizada del dramaturgo” y “el análisis potencial del trabajo del actor”. Así comienza la primera del ciclo de conferencias que dictó en 1918-1919 sobre la dirección escénica. Dramaturgo y actor, materia prima del director para la puesta en escena.

Meyerhold fue alumno de Stanislavski, pero pronto se distanció de sus teorías naturalistas y realistas para bucear y proponer la autonomía de la puesta en escena, a partir de la interpretación del texto dramático. Según él, “el director tiene a su disposición en calidad de material virgen los resultados de la creación organizada del dramaturgo” y “el análisis potencial del trabajo del actor”

Suena hoy a cosa conocida, y así luce, esto que Meyerhold planteaba en 1918, pero es de admitir que estaba sembrando las bases del arte de la puesta en escena que surgió y se impuso en el siglo XX, incluso más de una vez sobre el texto dramático.

No conozco en detalle el teatro ruso de su época, pero es curioso que Meyerhold afirmara que “el director debe haber pasado una escuela de interpretación” para conocer la “técnica de escenificación”. Será porque para él el “teatro es una creación colectiva” lo que exige al director un conocimiento comprensivo de ese arte dinámico.

Además, “la tarea del director consiste en el arte de interpretar la organización del trabajo del dramaturgo”. En esto coincide con varios teatristas de su época, quienes consideraron la preminencia del texto. Incluso, el mismo Meyerhold en alguna carta a Chejov habló del autor que propone su propio teatro. Y Gordon Craig propuso el espacio vacío para que cada obra realizara su propia teatralidad.

 En este sentido, nuestro autor parece conceder vigencia a alguna afirmación de Aristóteles, para quien el espectáculo (la puesta en escena decimos hoy) era seductor aunque distinto de la poética dramática, en manos “del que fabrica los trastos”.

Meyerhold fue alumno de Stanislavski, pero pronto se distanció de sus teorías naturalistas y realistas para bucear y proponer la autonomía de la puesta en escena, a partir de la interpretación del texto dramático. Según él, “el director tiene a su disposición en calidad de material virgen los resultados de la creación organizada del dramaturgo” y “el análisis potencial del trabajo del actor”

Meyerhold es creador de una técnica actoral conocida como biomecánica, cuyo propósito es darle al cuerpo la máxima flexibilidad para resolver cualquier situación presente en el texto dramático. Por eso exige una disciplina actoral rigurosa en correlación con el conjunto teatral de la escena: “El cuerpo del actor en movimiento, para convertirse en objeto artístico, no puede moverse de forma aleatoria. El cuerpo del actor debe someterse a las leyes del movimiento escénico”.

En todo ello, la figura del director es fundamental y central (“es la cabeza del teatro”) porque su arte se desarrolla en tiempos y espacios dramáticos y escénicos para organizar la “inmutabilidad de la forma dramática en su integridad”. Para Meyerhold es muy importante este aspecto porque de él depende la duración del espectáculo, que en ningún caso debe atentar contra lo dispuesto por el autor.

Como trasfondo de estos planteamientos, Meyerhold siempre tuvo presente las diferencias y tensiones entre literatura y teatro, entre texto y representación. Partidario de la teatralidad de la escena, llegó a criticar a Goldoni por haberse alejado de las máscaras de la comedia del arte y se alejó sin transición del naturalismo y el realismo.

 En 1934 fue proclamado el “realismo socialista” como el único justo. En 1938 fue cerrado el teatro Meyerhold por orden del Comité de Asuntos Artísticos, acusado de formalismo, antisovietismo e izquierdismo. El 15 de junio de 1939 su mujer aparece degollada en su domicilio. El 2 de febrero de 1940 Meyerhold es fusilado y su nombre prohibido. En 1955 es rehabilitado y en 1966 publican casi todas sus obras.

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