Mariela Romero: Una rebeldía serena

De una familia de artistas, músicos y promotores culturales, Mariela Romero (1952-2024) debutó en 1966 con Algo alrededor del espejo, pero fue en 1976 cuando ingresó en la lista de las dramaturgas venezolanas con El juego, dirigida por Armando Gota.
Leonardo Azparren Giménez

De una familia de artistas, músicos y promotores culturales, Mariela Romero (1952-2024) debutó en 1966 con Algo alrededor del espejo, pero fue en 1976 cuando ingresó en la lista de las dramaturgas venezolanas con El juego, dirigida por Armando Gota. En la década siguiente se impuso en la escena nacional con Rosa de la noche (1980), también bajo la dirección de Gota, El vendedor (1981) y Esperando al italiano (1988), de nuevo en las manos de Gota. Esta autora desarrolló al mismo tiempo una exitosa carrera como guionista de televisión que la llevó a instalarse en Miami.

De una familia de artistas, músicos y promotores culturales, Mariela Romero (1952-2024) debutó en 1966 con Algo alrededor del espejo, pero fue en 1976 cuando ingresó en la lista de las dramaturgas venezolanas con El juego, dirigida por Armando Gota.

Autora aguerrida, en su teatro explora el mundo de la mujer de manera desprejuiciada y sin arrebatos feministas. Las mujeres de Romero son seres en situaciones específicas, sin discursos apriorísticos sobre su condición femenina. Son seres sociales en conflicto con las circunstancias en las que viven. En El juego puso a prueba su ingenio con las relaciones lúdicas de sus dos personajes que explican el título. Ana I y Ana II representan e intercambian roles en una relación con rasgos de crueldad. Esta ha sido, en varios sentidos, su obra emblemática por las ricas alternativas que ofrece a sus intérpretes.

Tensa y, al mismo tiempo fluida en sus relaciones, esta pieza anuncia una reflexión problemática, más angustiosa que pensada y ajustada.

En Rosa de la noche se interesó por la marginalidad urbana de una gran ciudad, que lleva a situaciones extremas bajo un puente a Rosa junto a Juan y Pedro. En esa situación básica de enunciación, la obra representa la intimidad de la persona, con sus preguntas fundamentales y seculares y con su recurrente incompetencia para saciar las demandas de sus relaciones con los otros. Son personajes cristalinos, expuestos a vivir sin mayores complicaciones intelectuales. Sin mayores pretensiones, pero con singular fuerza en el diseño de sus personajes, Romero vislumbra un mundo terrible no exento de una visión fatalista. Es, además, la confirmación de que la nueva dramaturgia venezolana estaba decidida a explorar de nuevos sobre conflictos cuyas respuestas conocidas no satisfacían.

Similar es el universo de El vendedor, en el que mediante un diálogo casi mayéutico es desvelada la vida de Gloria, quien no puede resistirse ante los argumentos persuasivos de Gabriel, el vendedor. En esta obra Mariela Romero ensaya una cotidianidad verista con base en la transparencia de los diálogos. Esa mujer un tanto entrada en años y desencantada de sus relaciones con el otro es representada de manera más ambiciosa en Esperando al italiano, en el que cuatro mujeres, todas sobre los cincuenta años, en compañía de un amigo, transcurren el tiempo, lo agotan, en una cotidianidad sin expectativas salvo la llegada, que no se concreta, de un italiano.

De una familia de artistas, músicos y promotores culturales, Mariela Romero (1952-2024) debutó en 1966 con Algo alrededor del espejo, pero fue en 1976 cuando ingresó en la lista de las dramaturgas venezolanas con El juego, dirigida por Armando Gota.

Es la soledad y la quimera por un mejor futuro el mundo en el que esas mujeres ver transcurrir sus vidas sin sobresaltos esperanzadores.

Mariela Romero irrumpió con la representación de situaciones y personajes construidos con un lenguaje realista no habitual en las dramaturgas venezolanas, por lo que significa un cambio que se consolidó en la década de los noventa con El regreso del rey Lear, en la que el teatro es el tema con unos actores frustrados ante una obra monumental-

Su teatro, como el de otros dramaturgos y dramaturgas, espera un reencuentro con su espectador para darle al teatro venezolano una vitalidad y una vida que lucen perdidas.

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