La película que destaca de lo visto esta semana es sin duda La Vida de Chuck. No es fácil de explicar, ni siquiera la trama y más aún su significado, pero vayamos con una parte del poema de Walt Whitman “Songs of Myself”, para una ligera aproximación al filme.
“El pasado y el presente se marchitan.
Y los he llenado y los he vaciado a los dos
y prosigo llenando lo que me espera en el futuro.
Y ahora vosotros, los que me habéis escuchado,
levantaos. ¿Qué tenéis que decirme?
Miradme a la cara, mientras respiro por última vez bajo las sombras de la tarde.
(Hablad sinceramente, nadie os escucha y sólo dispongo de un minuto.)
¿Qué tenéis que decirme?
¿Qué me contradigo?
Sí, me contradigo. Y ¿qué?
( YO SOY INMENSO
Y CONTENGO MULTITUDES )
Me dirijo a los que están cerca
y espero en el umbral de la puerta.
¿Quién ha terminado su trabajo?
¿Quién ha concluido de cenar?
¿Quién me acompaña?
¿Quién viene conmigo?
O ¿vais a hablar cuando ya me haya ido y sea demasiado tarde?”
La vida de Chuck es una historia de fantasmas, pero aquí los fantasmas son las memorias que forman nuestros universos personales y que iluminan nuestra existencia. Son invisibles, pero están ahí, brillando con nosotros, ayudándonos a darle sentido a nuestras vidas aun cuando sabemos que la llegada de otro fantasma, el de la muerte, es inevitable. Y cuando llega, todo ese universo se va con ella. Una de las grandes virtudes de La Vida de Chuck radica en su peculiar narrativa no lineal, con un narrador omnisciente que nos habla de los sentimientos, miedos e ideas de los personajes. El ritmo que La Vida de Chuck tiene es similar al de una vida diaria, por momentos es alegre y álgida, en otros más cansina y triste. Es prácticamente un retrato viviente de lo que significa la vida a través de diferentes miradas, pero sobre todo, de Chuck, que poco a poco hace honor a la frase de Walt Whitman, el gran poeta norteamericano que dice: “Sí, me contradigo. Y ¿qué? Yo soy inmenso y contengo multitudes”.
El director y guionista Mike Flanagan, adapta la novela de Stephen King respetando su estructura y orden. Tenemos tres partes y comenzamos con el tercer acto, sin duda la carta más fuerte y estremecedora del filme.: el fin del mundo se acerca y la gente es consciente de ello, se produce un gran número de suicidios, hay grandes cataclismos y se cae internet – una tragedia que para algunos es mayor que el hundimiento de la costa de California o la explosión de volcanes en Alemania -. El protagonista, un profesor de literatura y su ex esposa una enfermera, quieren compartir juntos los últimos momentos de su vida y en una secuencia digna de recordar, el director Mike Flanagan nos cuenta cómo el profesor se dirige a casa de ella a pie y camina primero durante un buen trecho con el dueño de la funeraria – personaje peculiar meteorólogo frustrado -, luego se encuentra con una niña patinadora en una calle vacía y finalmente llega a casa de su ex y contemplan el cielo durante los últimos minutos de vida del planeta. Pero entre todo el horror, ocurre algo extraño: anuncios que celebran la vida de un tal Charles “Chuck” Krantz aparecen cada vez con mayor frecuencia en la calle y la televisión y minutos antes de que todo explote, lo hacen en las ventanas de todas las casas de alrededor. Secuencia sobrecogedora y tierna a la vez.
Otra de las secuencias importantes del filme, es la del baile entre Chuck y una mujer enojada que ha sido abandonada por su novio con un simple mensaje de texto – parece que algo habitual en los tiempos que corren -; un número musical de verdad, puro placer de ver a dos personas bailar con tanta gracia, elegancia y ese atractivo sexual tan clásico, como si fueran Ginger Rogers y Fred Astaire y el acompañamiento de una baterista callejera que le pone tempo y compás a la pasión de los bailarines.
Hay muchos misterios e incógnitas en la película La vida de Chuck y por supuesto interpretaciones a gusto del consumidor. Yo creo que es necesario verla al menos dos o tres veces para descifrar o al menos entender el significado de tanto mensaje complejo y quizás leer la novela y el poema de Whitman para tener más referencias. Es mi propósito ir a verla de nuevo y entonces poder prestar más atención a la música, a la fotografía y de nuevo al diálogo y los personajes que es lo que atrae tanto que no es posible captar todo lo que ofrece en una sola sesión. Recomendable e ideal para un debate de varias horas entre amigos.


