Arqueólogos e historiadores de la antigüedad coinciden en reconocer que las civilizaciones más antiguas de la humanidad tuvieron tipos de escritura en las que dejaron fragmentos testimoniales de sus vidas, aunque ha sido difícil descifrarlas plenamente. Se han encontrado textos de los sumerios, los egipcios, los mesopotámicos, los hititas y fenicios y otras civilizaciones que se remontan hasta hasta el V milenio antes de Cristo, en los que aquellos seres humanos dejaron constancia de cómo se comunicaron. Son escrituras que no expresan necesariamente hablas correspondientes; es decir, no está claro la secuencia habla-escritura o escritura-habla.

Pero los restos hallados confirman el grado de civilización de esos pueblos. Por lo general son escrituras sobre temas administrativos y, de vez en cuando, sobre algunas creencias; es decir, escrituras de circulación restringida. En el caso de las escrituras encontradas en el palacio de Micenas, clasificadas Literal A y Literal B, son textos administrativos. Es decir, sobre asuntos propios de quienes allí vivían, lo que significa que el común de la población que vivía alrededor del palacio de Micenas probablemente no dispuso de ese medio de comunicación y, en consecuencia, era ágrafa.
Un cambio importante fue el hallazgo en Egipto de la denominada Piedra de Rosseta, un documento en tres idiomas lo que, en principio, permitió descifrar los jeroglíficos egipcios. El texto es un decreto, por consiguiente es un texto administrativo que puede o no expresar la escritura general de su época. Es decir, de las escrituras de las grandes civilizaciones de la antigüedad milenaria, las encontradas corresponden a un lenguaje restringido a sectores sociales ligados al poder, no son escrituras de uso común.
Fueron escrituras jeroglíficas, ideográficas, simbólicas y cuneiformes; en fin, de diversas formas gráficas para expresar palabras, ideas y/o conceptos entre los interlocutores. Una escritura con un uso más general fue tardía, y correspondió a los fenicios, los grandes comerciantes de la antigüedad, quienes la emplearon en sus viajes por el Mediterráneo, dándola a conocer en toda la zona.
A diferencia de otras escrituras de la antigüedad, la fenicia tuvo a su favor un alfabeto de 22 letras (valga la redundancia) que permitía infinidad de combinaciones para formar palabras, con la peculiaridad de no tener vocales. Bastante antiguo, está emparentado con los signos jeroglíficos egipcios, de los que serían una simplificación. En fin, esas 22 letras permitieron una escritura más general que los fenicios llevaron a todas las partes visitadas en sus viajes de negocios, como buenos comerciantes que fueron.

Uno de los sitios fue Grecia. No podía ser de otra manera, no sólo por la proximidad entre ambos pueblos sino por ser una escala obligada antes de seguir al Mediterráneo occidental. ¿Qué hicieron los griegos? Hacia el siglo VIII a. C. asumieron ese alfabeto de 22 consonantes y le añadieron vocales. Así, los griegos tuvieron un alfabeto que les permitió una más rica escritura y ser la raíz de una buena cantidad de escrituras posteriores.
Pero no sólo esto, con los griegos se dio inicia a una historia que aún hoy se mantiene viva, porque en cierto sentido con el alfabeto griego se pasó de la prehistoria a la fundación de la Civilización Occidental porque comenzó a haber testimonios de las sociedades de la época y su continuidad y cambio en el tiempo. En primer lugar, el alfabeto griego es la base del latino, el mismo del castellano.
Pero lo más importante, con el alfabeto los griegos escribieron lo que ningún pueblo anterior o contemporáneo escribió: La Ilíada y la Odisea. Nada más y nada menos. ¿Por qué las otras civilizaciones de la antigüedad no nos heredaron poemas similares? Así comenzó la formación, consolidación y trasmisión de la literatura, la filosofía y el teatro griego, raíces y nutrientes de la Civilización Occidental.


