Civilización Occidental – A finales del siglo III d. C. el imperio romano había perdido toda su fortaleza y esplendor. Extendido desde Inglaterra hasta Asia Menor tenía serios problemas de gobernabilidad, al punto de plantearse la necesidad de dos capitales con dos emperadores: Roma y Bizancio, amén de la amenaza de las tribus germánicas. Aceptada esa realidad, quedó firmada su división y su previsible desintegración. Constantino quiso remediar la situación pero sólo atrasó la hecatombe. Se avecinaba una crisis de dimensiones desconocidas que haría posible la que hoy conocemos, con sus raíces greco latinas, como Civilización Occidental.
El occidente del imperio estaba dominado por el latín impuesto por encima de las lenguas locales. El oriente del imperio seguía bajo la influencia de la cultura griega. Ambas partes difícilmente podían conservar alguna unidad que les permitiera, por ejemplo, resistir la amenaza de las tribus bárbaras, en particular las germánicas. Esas tribus traspasaron las fronteras imperiales de los ríos Rin y Danubio y fue cuestión de tiempo para que el impero romano de occidente sucumbiera, hubiera un tiempo de incertidumbre y, después, comenzaran a formarse los reinos de occidente, germen de las naciones modernas. Sin embargo, el imperio de oriente logró sobrevivir un milenio hasta que los turcos se apoderaron de Constantinopla en 1453.
Hechos diversos fueron dándole identidad a una nueva Europa sostenida por el cristianismo, el judaísmo replegado y normas greco latinas. Entre 1200 y 1400 se fundaron 52 universidades en Italia, Francia, España e Inglaterra, núcleos en los que se formó, poco a poco, el pensamiento moderno de la joven civilización. Algunos historiadores dicen que cuando los turcos se apoderaron de Constantinopla, los eruditos que conservaban la cultura greco latina huyeron a Italia con toda la documentación disponible, razón por la cual fue en este país donde comenzó el Renacimiento.
Civilización Occidental

No sé con certeza si el proceso histórico fue exactamente así. Pero sí parece cierto que la Civilización Occidental moderna comenzó a formarse en aquella Europa occidental nutrida con la cultura greco latina, el cristianismo que se practicaba en toda Europa y el judaísmo, este disperso y perseguido. A partir de 1453, el oriente europeo se convirtió en un bastión de los musulmanes que quisieron conquistar a Europa en el siglo XVI por Budapest y Viena, pero no pudieron. Así quedó consagrada la separación confrontada entre dos modelos de civilización.
Desde antes de 1453 y después, las diferencias han sido notorias. En pleno Renacimiento europeo abierto a los nuevos mundos descubiertos, Iván el Terrible en Rusia optó por conquistar Asia, por lo que su país le dio las espaldas a Europa y, de hecho, se distanció de la Civilización Occidental en pleno crecimiento. Aún hoy se siente esa diferencia cuando surgen conflictos políticos.
Por eso algunas expresiones carecen de contenido de fondo. Por ejemplo, hablar de historia de la humanidad. La historia que conocemos parece que surgió en la prehistoria en regiones de los actuales Irak e Irán, y se consolidó con el milagro griego de los siglos VI y V a.C., pero no sabemos a ciencia cierta qué pasó en la Asia de la India y China en ese tiempo. Por eso la tesis de Samuel P. Huntington sobre el choque de civilizaciones tiene bastante fundamento. Dice él que ha surgido un orden mundial basado en las civilizaciones que se confrontan para tener más poder. Ciertamente, vivimos en un mundo “multicivilizacional”, que afecta a la Civilización Occidental, cuyas raíces desde el siglo V a. C. están alimentadas por los principios de libertad y democracia. A primera vista, la civilización china o la iraní o la musulmana poco o nada tienen en común con la occidental, a lo que se añaden los conflictos políticos que devienen en crisis peligrosas. Es una frontera intangible, una cortina de valores opuestos y hasta irreconciliables que atentan, consciente o inconscientemente, con las raíces de libertad de la Civilización Occidental.


