Hamlet, el actor político

Las interpretaciones de Hamlet son infinitas, entre otras razones por su expresión “Ser o no ser” que lo parangona con Parménides, el filósofo griego del Ser. Plenamente renacentista del siglo XVI, es presentado como el símbolo universal del ser humano con las contradicciones de la modernidad del siglo XVII.
Leonardo Azparren Giménez

Las interpretaciones de Hamlet son infinitas, entre otras razones por su expresión “Ser o no ser” que lo parangona con Parménides, el filósofo griego del Ser. Plenamente renacentista del siglo XVI, es presentado como el símbolo universal del ser humano con las contradicciones de la modernidad del siglo XVII. Esto sin medir bien el contexto preciso de su existencia después del asesinato de su padre, rey de Dinamarca, y la usurpación del poder por su tío, hermano del difunto.

Las interpretaciones de Hamlet son infinitas, entre otras razones por su expresión “Ser o no ser” que lo parangona con Parménides, el filósofo griego del Ser. Plenamente renacentista del siglo XVI, es presentado como el símbolo universal del ser humano con las contradicciones de la modernidad del siglo XVII.

Una interpretación de esta obra de Shakespeare debería tener presente las condiciones socio políticas de su producción, el público al cual estuvo representada y los propósitos del autor, porque algunos momentos de la obra indican que Shakespeare tuvo propósitos personales y políticos específicos, en un año en el que hubo una conspiración contra la reina Isabel por ella derrotada y ejecutado su promotor, el conde de Essex, quien había sido uno de sus favoritos.

Una obra de teatro es situaciones en las que ocurren hechos; no es una disquisición filosófica. Lo dijo el viejo Aristóteles: el teatro es acción y vida. Pues bien, ¿cuáles son las acciones de Hamlet confirmado el asesinato de su padre por quien usurpa el poder, por añadidura casado con la viuda del asesinado y madre del héroe?

 Hamlet no cae víctima de la pasión, sino que de una manera fríamente racional y distanciada prepara su venganza. Su amigo Horacio es su confidente. Después de hablar con el espectro de su padre comprende que debe actuar con precisión, para lo cual “borraré de las tablas de mi memoria todo recuerdo frívolo”. Esto es importante para cualquier interpretación actoral, porque indica cuál será la disposición de ánimo en las situaciones en las que se encontrará. De inmediato Hamlet emplea la palabra Villano para referirse al rey en funciones. Una posición política explícita ante el espectador para llevar a cabo la venganza.

Poco después, Hamlet confiesa a Horacio qué hará para organizar su estrategia de venganza: “quizá en lo sucesivo considere oportuno vestirme de lunática actitud”. Es decir, Hamlet apelará al engaño para actuará ante sus opositores. Así busca blindar sus propósitos vengadores, pero al mismo tiempo Shakespeare crea un problema al actor que lo interpretará. Hamlet será un actor que interpretará a un personaje con comportamiento “lunático” para vengar la muerte de su padre y restituir el orden legal. Le pide a Horacio no hacer alusiones que puedan descubrir su plan.

Es decir, en el ambiente político que vivía Inglaterra y su reina Isabel, amenazada de ser derrocada, Shakespeare representa una historia en la que unas coordenadas políticas están presentes. Hamlet, plenamente consciente de ello, actúa ante los otros para confundirlos, en particular a Claudio, su tío usurpador del trono. Y es en esta situación que el teatro en el teatro se hace presente, con un uso político inteligente.

Conocedor del teatro de su época, Shakespeare apela a unos cómicos itinerantes para que Hamlet consolide su tarea, quien comprende (Shakespeare comprende) que el teatro puede influir en la realidad, por lo que le da a los cómicos una obra en la que un rey es asesinado. ¿Para qué? “La representación será la trampa donde caerá la conciencia del rey”. Con tal claridad y determinación, Hamlet simula ante el rey y su corte. Por eso en su célebre monólogo “ser o no ser” habla con claridad de “levantarse en armas contra el océano del mal” y de “la injustica del tirano, la afrenta del soberbio” y “la arrogancia del poderoso”.

La locura de Hamlet, como la llaman, es una estrategia teatral para obtener un resultado político. Buen actor y director, instruye a sus actores para que la representación sea perfecta y logre su objetivo, en particular la naturalidad al decir los versos y no “destrozar y hacer jirones la pasión” que interpretan. Por eso les precisa la importancia de ajustar “en todo la acción a la palabra, la palabra a la acción” para “poner un espejo ante el mundo; mostrarle a la virtud su propia cara, al vicio su imagen propia y a cada época y generación su cuerpo y  molde”.

Shakespeare hizo teatro político de la más alta calidad artística. Como debe ser.

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