ENTRE EL MUSICAL Y EL DRAMA

Josu Iza

Dos películas hemos visto esta semana también. La primera una ópera o más bien un musical, sobre la vida de Alexander Hamilton, uno de los Padres Fundadores de Estados Unidos. El musical debutó en febrero de 2015 en el Teatro Público de Nueva York, y debutó con polémica porque fue acusada de racismo – contra los blancos – por emplear a un solo actor de ese color, Jonathan Groff, que representa al malvado Rey George, y de promover la invisibilidad social de los próceres del país, quienes en realidad fueron todos blancos; de hecho la selección del reparto en 2016 pedía «actores no blancos» para los roles protagónico. Aún así ganó once premios Tony, un Grammy a mejor musical, un Pulitzer a mejor drama y siete premios Drama Desk. Su director Lin-Manuel Miranda se inspiró en la lectura del libro de Ron Chernow que era una biografía del fundador.  Cuenta las experiencias de Hamilton a lo largo de su vida, dividido en dos actos, acompañado de las figuras históricas que influyeron en su vida, tales como Aaron BurrMarqués de La Fayette, las hermanas Schuyler y otros líderes como el primer presidente de los Estados Unidos, George WashingtonJames Madison o Thomas Jefferson. El filme narra toda la historia protagonizada por estos personajes, sus relaciones personales, la vida de sus familias, sus diferencias y sus miserias, sus ambiciones políticas personales y sus odios, hasta el punto de que Burr mata a Hamilton en un duelo que es el colofón a una rivalidad existencial que les enfrenta durante años. 

Al margen de que los actores son todos negros o latinos, salvo excepciones, aunque representen personajes históricos blancos, orientales o árabes no importa – una tendencia que está en boga debido a la cultura imperante Woke y que hemos visto en numerosas series o películas en los últimos años – y de la historia en sí misma, hay que reconocer que la representación, la ambientación, los actores cantantes, la música – una mezcla de rap, jazz, R/blues con cierto toque de comedia – y la puesta en escena es grandiosa. Casi tres horas de espectáculo que te envuelve; tuve la suerte de contar con que los seis puestos a mi izquierda estaban ocupados por un grupo de chicas que supongo que siendo cantantes – conocían de memoria todas las canciones en inglés -, hicieron coro a toda la obra y he de reconocer que lo hicieron bien y que desde sus asientos acompañaron emocionadas con voz, gesticulación y baile las actuaciones de todos los personajes. Lo difícil y que más admiré fue consumir al mismo tiempo cotufas y refrescos pero lo consiguieron. Una curiosidad más en el mundo del cine. 

Por otro lado está el Festival de Cine Español, que como sucede desde hace unos años – desde que gobierna Pedro Sanchez en España y cuenta con los corifeos del Club de la Ceja – la cartelera que ofrece la Embajada está signada por algunas producciones que siguen dando vuelta a los temas eternos: la Guerra Civil, la República y la Corona, la izquierda y la derecha y siempre con un toque cargado de adoctrinamiento. Creo que conté seis películas de producción catalana, varios dramas rurales muy del gusto de ese selecto club de directores subvencionados, asuntos de drogas e identidad sexual y de género muy actuales y dos joyas a mi parecer: la primera es Tasio, de Montxo Armendáriz de 1984 – un carbonero que trabaja desde los catorce años en un pequeño pueblo navarro de la sierra de Urbasa. Cuando se hace adulto, al carbón añadirá la caza furtiva. A pesar de que es la época del éxodo rural, de la emigración a las ciudades en busca de un futuro mejor, Tasio prefiere quedarse y vivir en el monte, en la más absoluta soledad, con tal de salvaguardar su libertad -. La segunda, una reciente y sorprendentemente premiada en los Goya, mejor película y actriz – reducto del Club de la Ceja de Zapatero -.  La película de Arantxa Etxebarria está basada en la vida real de Aranzazu Berradre Marín, el pseudónimo que utilizó una policía nacional para infiltrarse durante varios años dentro de la banda terrorista de ETA. Cuando la joven tenía tan solo veinte años consiguió entrar dentro de la banda presentándose como militante del Movimiento de Objeción de Conciencia – objetores que se negaban a ir al ejército -. Durante los años que estuvo dentro de la banda terrorista tuvo que cortar sus lazos familiares para continuar con su fachada, al tiempo que llegó a convertirse en la única mujer que vivió en un piso franco junto a los dirigentes de ETA. Durante su infiltración fue capaz de la desarticulación del comando Donosti – este comando de la banda fue uno de los más sangrientos, mató a más de sesenta personas – en un momento histórico y de crucial importancia. Con gran ritmo, grandes interpretaciones y una historia que Echevarría sabe exprimir muy bien para contarla de la mejor forma posible, La Infiltrada es una de las películas imprescindibles del año y narra momentos muy duros a causa del terrorismo, que afectó especialmente al País Vasco y a España en su conjunto. 

Por apuntar otro detalle de una serie que he seguido desde su creación hace 14 o 15 años: The Walking Dead, que ahora ha evolucionado a Daryl Dixon, uno de los personajes de la serie original. En las dos temporadas anteriores se desarrolla en Francia e Inglaterra y en esta tercera se ubica en España, comenzando por la Costa da Morte en Galicia – aunque la aldea Solaz del Mar que aparece está en Sepúlveda, Segovia, en el centro del país -. Pues bien, además de aparecer los actores que casi siempre pueblan la escena en España, también se hace mención de lo mala que es la Corona, lo buena que es la revolución y hasta se nombra a Franco como culpable de los males de un pueblo de leprosos marginados, a pesar de que el dictador murió 50 años antes, según la cronología de la serie. No descansan. 

Deja un comentario

Compartir este artículo:

Artículos Relacionados

El stand up comedy toma la temporada 19 de Microteatral

Microteatral estrena un espacio de Stand Up Comedy en el CCCT. Más de 45 comediantes rotan en escena para ofrecerte un show diferente cada día.

Leer más
! Galería ABRA inaugura "Ewasamu mükaju" de la artista ye’kwana Dawa. Cestería ancestral y simbología sagrada en Los Galpones
Galería ABRA presenta exposición individual de la artista ye’kwana Dawa

Galería ABRA inaugura «Ewasamu mükaju» de la artista ye’kwana Dawa. Cestería ancestral y simbología sagrada en Los Galpones.

Leer más
«Creer o Morir»: El drama que retrata la resiliencia de la familia venezolana llega a los cines

«Creer o Morir» llega a las salas de cine venezolanas. Una historia de fe y resiliencia con Rosario Prieto que refleja la realidad de la familia venezolana.

Leer más
Suscríbete y recibe actualizaciones de nuestro portal

Introduce tu correo electrónico