Héroe vacío – Los dos grandes modelos de representación trágica son el griego y el isabelino. El trayecto “por el dolor a la sabiduría” de Esquilo y el ser o no ser de Shakespeare. Dos situaciones básicas de representación, sobre las relaciones políticas del ciudadano (polítes) y el destino de la pólis y sobre la individualidad subjetiva afectada por la incertidumbre. La dimensión pública y la dimensión privada de los humanos.

La tragedia griega surge recién los atenienses habían iniciado la democracia en medio de peligros severos. La tragedia isabelina surge cuando los ingleses estaban en una gran inestabilidad de identidad por la reforma anglicana y los primeros signos de la modernidad. Dos situaciones distintas. El héroe isabelino es el hombre medieval que renace libre del sistema de creencias y valores acumulado por siglos. Pero, ¿cómo es esa libertad? ¿Logró sustituir ese sistema por otro? ¿Cómo se relacionó con el mundo?
Sin espacio para considerar las razones y causas de la reforma de Enrique VIII, con ella Inglaterra se convirtió en una “Iron Curtain Country” respecto al continente, según G. B. Harrison en Introducing Shakespeare. La reforma cerró monasterios, suprimió el culto católico, destruyó bibliotecas y obras de arte, vasos sagrados, pinturas, vitrales y murales y ajustició a buen número de católicos. Borró la memoria y las creencias individuales y colectivas históricas y dejó al individuo con su subjetividad vacía. Cuando Harrison se refiere a la dinastía Tudor, la de Enrique VIII e Isabel, habla de “totalitarian dictators”. Se era inglés solo si se era anglicano.

El individuo moderno con su subjetividad busca saber quién es sin el éxito deseado; así es trágico. En el mundo no hay identidad; hay roles según la situación; el mundo es un escenario. Es un cambio profundo que ocurre en el siglo XVI. Inglaterra se aísla del continente, se individualiza de manera radical. Algo parecido ocurre en Alemania y su distanciamiento de Francia e Italia. Ante la ausencia de verdades y valores seculares ciertos, eliminados por el poder, la alternativa es constatar empíricamente los hechos para obtener alguna certeza. El héroe moderno vive un presente vacío de pasado que le pesa y carece de fuerzas para construir un presente que sea futuro. Alain Touraine en Crítica de la modernidad pregunta: “¿Puede identificarse la modernidad con la racionalización o, más poéticamente, con el desencanto del mundo?”
En plena juventud Romeo se considera un juguete del destino. Hamlet se interroga “to be, or not to be” (este verbo significa ser y estar). Yago afirma “I am not what I am” (“No soy lo que soy”), expresión que le calza muy bien al duque/monje de Medida por medida. En las primeras de cambio, Segismundo en La vida es sueño se queja de “el delito de nacer” y duda de la consistencia de la vida; él y Hamlet la confunden con los sueños. El héroe moderno está vacío y se interroga sobre el significado de existir, pregunta con respuestas ciertas en el pasado. Nora abandona la Casa de muñecas donde ha vivido como esposa y madre, pero Ibsen no se atreve a decir qué vida libre vivirá. She-te/Shui-ta en El alma buena de Szechwan está en una situación de extrema contradicción, por lo que le pide al público que sea él quien la solucione. Cuando Estados Unidos está en el cenit de su gloria por el triunfo en la segunda guerra mundial, Willy Loman en La muerte de un viajante y Stanley Kowalski en Un tranvía llamado deseo fracasan en sus vidas.
El héroe moderno vacío representa el fracaso existencial de la modernidad. La ausencia de los dioses atormenta a los personajes de Eurípides. ¿Esperan a Godot?


