Comenzó el Ciclo de Cine Alemán, sólo de jueves a domingo. Este viernes – los días pueden parecer confusos pero recuerden que hay dos semanas mezcladas -, vemos Von Hilde, mit liebe, o Con amor Hilde en cristiano. En Berlín, 1942, una ayudante clínica conoce a un grupo comunista de resistencia contra el gobierno nazi , conocido como la ‘Orquesta Roja’. La chica, Hilde, y Hans qué es el líder del grupo clandestino se enamoran con sus más y sus menos, y van sorteando el peligro que supone estar en contacto con el gobierno ruso y transmitir por radio datos de inteligencia. Disfrutan de un verano con el grupo de amigos y en otoño la Gestapo detiene a los miembros de la organización. Hilde que está embarazada es internada en la cárcel, donde goza de un status especial hasta el momento de dar a luz y asegurar la vida del niño. A pesar de la complicada situación, Hilde desarrolla una fuerza inesperada, da a luz a su hijo y mantiene vivo el recuerdo de Hans.
Buena historia, basada en un hecho real, pero narrada de forma simple, dirección floja y actuación en el mismo tono. Los actores no, pero los momentos – y la mente del espectador – producen emociones porque asistimos a la crueldad de un régimen que a su vez se cubre de legalidad y método. El comportamiento de algunos de los sicarios es incluso amable con las víctimas, (otros son despiadados y violentos), lo que produce más repulsión porque torturan, encarcelan, maltratan y ejecutan con esa sensación de frío cumplimiento del deber, sin perder la compostura. Volvemos a la banalidad del mal.
El tema que más hemos visto en el cine alemán o sobre la historia de la Segunda Guerra, es el del Holocausto del Pueblo de Israel en Europa, un sistemático y aséptico plan ondeado para eliminar a toda una comunidad. Aquí vemos que emplearon el mismo procedimiento para combatir a los disidentes nacionales – acusados de traidores -, sin importar que fueran germánicos también, arios y luteranos. La escena más terrible de esta manera de actuar es la de la ejecución, cuando una fila de mujeres esposadas y sabiendo que van a ser ajusticiadas, van esperando su turno para atravesar una puerta – las llaman por su nombre -, ponerse frente a un tribunal que brevemente les comunica que han sido condenadas a muerte y en menos de un minuto las pasan por la guillotina. Qué pase la siguiente. La frialdad, el desapego y la indolencia de soldados, policías y militares del tribunal en ese momento tan dramático te hiela la sangre y te repugna al mismo tiempo, pensando que todas esas “personas” luego irán a su casa a abrazar y besar a sus seres queridos, orgullosos de su compromiso. Terrible. Es recomendable de ver aunque no sea una joya desde el punto de vista cinematográfico. Te va a poner a pensar.
En ese sentido me recuerda la otra película de Jonathan Glazer, The Zone of interest, ganadora del Oscar en el 2024 al mejor filme extranjero – inglés por cierto -, de la familia del responsable del campo de Auschwitz, tratando de construir una vida de ensueño al otro lado de la valla de una tragedia sin límite. Hoss es un padre amoroso que disfruta con sus hijos de la pesca, de la natación y la esposa Hedwig dedica su tiempo a cuidar del jardín mientras los sirvientes se encargan de las tareas del hogar y las pertenencias de los prisioneros, que pasan por las cámaras de gas, se entregan a la familia que las luce sin pudor. La misma frialdad que los funcionarios de la película de Hilde, la misma indiferencia a la hora de programar un método para eliminar a los que consideran enemigos.


