Actualidad de los pueblos Indígenas en la Embajada de Suiza

Mayte Navarro

Conjuntamente con el Goethe-Institut Venezuela, la misión diplomática helvética celebró un encuentro que tuvo como objetivo visibilizar la cultura de esos grupos aborígenes.

Narramos un día especial porque los protagonistas fueron los representantes de los pueblos indígenas venezolanos que se reunieron en la Embajada de Suiza para conversar sobre sus preocupaciones y a la vez mostrar sus creaciones que no sólo son esas sencillas pero a la vez hermosas piezas de artesanía que provienes de lo más recóndito de la Amazonía venezolana, sino que también se vieron libros, como los creados por Esperanza Arintero, que persiguen preservar la cultura, desde sus propias tradiciones. Además, compartieron sus sabores ancestrales, vistos desde la perspectiva que establece la gastronomía contemporánea.

Este encuentro lejos de ser una muestra exótica o llamativa se presentó como una ventana para visibilizar a las comunidades y oír sus necesidades, que son muchas, para trabajar porque se respeten sus derechos, proyectar sus propuestas y conocer su actualidad. Una actividad concebida como un homenaje a estos pueblos que tienen y sienten el derecho a ser insertados en los programas sociales del país.

El fotógrafo Antonio Briceño

Para iniciar se contó con un panel de personalidades indígenas que compartieron sus realidades. Esperanza Arintero mostró un libro cuyo objetivo es enseñar el español a los niños, pero desde la cultura warao, teniendo como referencia su propio idioma; también participó Luz Marina García Martínez, apasionada de su cultura y una protectora de los valores ancestrales de los yekwanas, una mujer que está conectada con la naturaleza.  Miguel Ángel Cortez Cadales, perteneciente a los Jivi, grupo que habita los llanos del Orinoco y George Lavarca, un artista que a través de sus piezas revela el espíritu wayuu. 

Gilles Roduit, embajador de Suiza, ratificó en sus palabras la importancia que su país le presta a estas comunidades y ratificó que el propósito del encuentro era brindarles visibilidad en el ámbito multicultural y subrayó que siempre ha sido una prioridad para Suiza proteger los derechos de estas comunidades.

También ofrecieron testimonio de sus trabajos algunas de las organizaciones invitadas, entre las cuales estaban la Fundación La Salle de Ciencias Naturales de Tucupita, institución que, desde su creación, en 1957, se ha dedicado a la investigación y educación en sectores excluidos. La Red Eclesial Panamazónica-Vzla, que representa el brazo de la iglesia que se preocupa por mostrar la importancia de la Amazonía para la humanidad, está integrada por varias organizaciones que se entrelazan como los ríos de la región y que está al servicio de las distintas comunidades de la zona. Raíces del Pueblo que trabaja por los derechos de los indígenas y la Fundación Adooni. 

La artista y su obra

Fue una oportunidad para admirar el trabajo del fotógrafo Antonio Briceño, fotos que superan la experiencia de ver una bella imagen porque tienen una carga antropológica interesante. Las gráficas están reunidas bajo el nombre de Cosmogónicas, visiones del origen lo que ratifica que en sus viajes hacia los orígenes de América se adentra en una naturaleza mágica, a veces desconocida y al retratar a los seres humanos va más allá del cuerpo. No estamos ante imágenes que motivan el turismo de masas, sino que emocionan porque encierran un compromiso con la naturaleza y con los habitantes de esas tierras vírgenes.

Todas las culturas tienen en el sentido del gusto otra de sus facetas y en este encuentro no faltó el disfrute de los sabores. Una de las promotoras de la gastronomía amazónica es Lucy Quero, quien lidera el movimiento Sabores Aborígenes. Lucy es la autora del libro El fuego pemón, donde las recetas ancestrales se convierten en camino para conocer los mitos de esa etnia. Frutas, peces de las profundas aguas del Orinoco, sarrapia, chigüire, hormigas limoneras y tubérculos engordados bajo esas tierras mágicas circularon esa noche que amenizó Washé quien, con su música, mezcla de lo vanguardistas con lo ancestral, impulsó un viaje imaginario por los caminos que transitan los jaguares y las dantas. Hay que aclarar que Washé no es de ritmos fáciles y pegajosos. Su música es mítica y profunda. 

Ese pedacito de Suiza en el Caracas Country Club vibró con los sonidos de la flauta, la caracola y el palo de agua combinados con las grabaciones que reproducían el canto de las aves y el chillido de los monos. 

En esta ocasión el embajador Gilles Roduit señaló que la Embajada de Suiza busca apoyar la diversidad cultural y brindar un espacio de encuentro para intercambios interesantes. Destacó la vulnerabilidad de estas comunidades, por lo tanto, escucharlos, solucionar sus problemas de educación y salud es prioritario, como lo es respetar su cultura.

La despedida nos dejó el sabor de la solidaridad que tiene su toque dulce, salado y picante, que se acompañó con el placer que produce el conocer a gente sencilla que ama lo propio, que desea conservar las tradiciones sin que éstas sean un freno al progreso.

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