Volar más alto

AVENTURA  EN LA GRAN  SABANA                         

 Jimmy  Marull

El amanecer  iluminaba suavemente  uno de los paisajes mas espectaculares que existen sobre la Tierra. El silencio era apenas interrumpido por los ronquidos de algún técnico que se había dormido a las 2am después de un arduo dia de trabajo. Teníamos ya varios días filmando un costoso comercial y me preparaba a tomarme el día libre.

Sigilosamente, empujé mi avión ultraliviano de dos puestos hacia la carretera, junto al sitio conocido como Quebrada Pacheco, donde habíamos levantado el campamento. Me encontraba allí porque había sido contratado para realizar las tomas aéreas de  vehículos rústicos en ese ambiente y mi labor estaba realizada.

Tendría que empujar el avión con cuidado hasta alejarme del campamento para no despertarlos a todos. Este era mi primer dia libre en la Gran Sabana y con una aeronave en plena libertad para volar. Me propuse llegar al Roraima que se podía ver a lo lejos.

Una vez en el aire, el frío comenzó a hacerme castañear los dientes y pensé en lo bien que me caería un cafecito caliente. A  la media hora de vuelo divisé un típico poblado indígena. Mas cerca llegué a divisar el pabellón Nacional y un patio espacioso donde eventualmente podría aterrizar. Era todavía muy temprano y ya se veía a la gente correr como hormiguitas. Algo me dijo que sería bienvenido.

El aterrizaje no fué difícil ; nada de viento y algo rápido, pero controlable. Vine a detenerme al final del campo y sentí que todos corrían hacia el avioncito. En segundos me rodearon completamente y me miraban con curiosidad, mantenían un círculo perfecto alrededor de mi equipo y me señalaban y reían comentando algo entre ellos que no podía entender. No sería de extrañar, ya que esta era la primera vez que tenían contacto de ningún tipo con una maquina voladora  y los niños me miraban con algo de aprehensión y miedo.  No se acercaban y esperaban la presencia de la máxima autoridad para saber, cómo, cuando, donde y por qué.

Entre la multitud de rostros redondos y bronceados apareció un hombrecito mayor, curtido por los años y la experiencia; era el “Shamán” u hombre más sabio de la tribu. El si podía traspasar el círculo de observadores y sus inquisidores ojos negros vieron en un segundo todo lo que había que ver.

Hasta ese momento , no había sentido rechazo ni hostilidad de ningún tipo por parte de mi silenciosa  audiencia.___No hay problema, pensé. El sabio de la tribu se paró frente a mi y con decisión señalo  mi avión con su mano.  La mano entonces señaló al cielo y se detuvo en su propio pecho. Como una descarga eléctrica entendí lo que me decía: QUERIA  VOLAR

En un ultraliviano, el segundo asiento vacío ha sido siempre una invitación abierta a volar; el problema es que yo no estaba preparado para esta sorpresa. El “pasajero” se veía demasiado mayor y mi mente trataba de inventar alguna excusa para no tomar esa considerable responsabilidad. **Qué tal si se asustaba y trataba de abandonar el avión en el aire? Y si me bloqueaba los controles del susto? Y… si le daba un infarto de la emoción??  Sería socialmente aceptable comenzar nuestra relación con una  actitud negativa de mi parte ??

Mientras todo esto pasaba por mi mente, el Shaman se instaló en el asiento del pasajero y me miró  directo a los ojos. No había escapatoria….tendría que llevarlo a volar.

Le  ayudé a instalarse; le abroché bien ajustado el cinturón y me sorprendió la fragilidad de su cuerpo. Tendría unos setenta años y, le comuniqué por señas que no bajase los pies del avión por ningún motivo y se quedara quieto. Sonrió me llamó “torón” (ave) y señaló al cielo con entusiasmo. Me encomendé a mis propios Dioses y encendí el motor. La gente en silencio se quitó del camino y la “pista” era muy corta. Menos mal que el pasajero casi no pesaba nada. Volví a mirar al Shaman y comencé el despegue. El estaba serio pero tranquilo.

Ya en el aire, apenas a un metro de altura, vi como se transformaba su rostro.

Creí ver que las arrugas desaparecían y sonreía como un niño. Los ojos le brillaban, su cuerpo y su mente absorbían el paisaje; el viento en pleno rostro no le molestaba y pareció recibir la nueva sensación de volar como un pájaro.

Me concentré   en volar y buscar altura cuando sentí su mano en mi hombro.

Quería saber qué estaba haciendo y lo dejé llevar  los controles brevemente. Adelante teníamos un valle espectacular, su hogar y el de sus ancestros, y el paseo con el ser mas viejo y sabio de la tribu estaba resultando una experiencia agradable. Me acerqué a una cascada que probablemente era inaccesible para ellos a pie y desde el aire se veía “ahí mismo”.

Cuando estimé que habíamos volado bastante, me dispuse a regresar al poblado y encontré su ceño fruncido. Otra vez su mano señalaba al cielo y definitivamente no quería aterrizar. Seguimos volando hasta que mi combustible apenas alcanzaría para regresar a mi realidad..No podía evitar sentir afecto por este pasajero imprevisto que de pronto despertaba al progreso. Sus ojos no dejaban de observarlo todo; veía desde el aire todo aquello que le era familiar.

Como adelantándose a mis pensamientos, me hizo una señal para que aterrizara

Y cruzó los brazos sobre su pecho como en profunda meditación.

Hice uno de los mejores aterrizajes de mi historia y detuve el avión en pleno centro de Pterai- Tepui. Todos aguardaban el dictamen de su jefe y el silencio se podía oír… El Shaman me miró  otra vez al bajar del  Ultra y dijo la palabra mágica:  ___  Café??? 

No recuerdo cuanto tiempo estuve allí con mis nuevos amigos. El hombre más sabio de la tribu era ahora aun más admirado. Había osado visitar la morada de sus Dioses y yo era su cómplice. Mientras comía algo con ellos pensé en el poco

Combustible  que me quedaba y si  llegaría de vuelta a Quebrada Pacheco. Cuando regresé a mi avión, el asiento del pasajero estaba lleno de cosas hechas con sus manos y artesanías…para que no los olvidara.


Un relámpago en el tiempo….

 Jimmy Marull

En la búsqueda de crear  nuevas aventuras, encontré un reto excepcional. Volar en globo en el reino de Thor, el Rey del Relámpago,en cielo Venezolano.

Desde el comienzo fue una expedición exigente que nos obligó a viajar 22 horas por carretera y navegar 4 horas en lancha hasta llegar a un pueblo flotante que según nos dijeron, recibía rayos y relámpagos todo el año.

Ologá y Congo Mirador  son dos poblados de pescadores, con muy escasos recursos y una importante población infantil. El excepcional atractivo de este mágico lugar es su relación ancestral con el Relámpago del Catatumbo. La historia cuenta como el relámpago delataba a los invasores en tiempos de guerra y servía de faro eterno a los navegantes. 

El Catatumbo es un fenómeno excepcional que ocurre entre 160 y 200 noches cada año en un ciclo de tormentas eléctricas que duran unas 10 horas. Los rayos tienen tal intensidad que pueden verse a mas de 400 kilómetros de distancia!! Es una sinfonía eterna de luz y colores con tormentas eléctricas que lanza entre 30-60 rayos por minuto, unos 3000 por hora y 1.5 millones de rayos al año. Un Record Guinness único en el Mundo , Como si fuera poco, la Madre Naturaleza utiliza toda esta energía eléctrica para crear OZONO, imaginen que el 40% de la capa de Ozono de la Tierra viene del Catatumbo. 

La primera imagen de Ologá fue un viaje en el tiempo; casas flotantes conocidas como palafitos tal y como las vieron los primeros conquistadores que llegaron a esta tierra y sintieron a Venecia en su paisaje, de ahí el nombre Venezuela (pequeña Venecia).

La gente local es amistosa y llena de historias. Uno de ellos nos cuenta que los relámpagos son mudos. Dios solo le dá permiso a un rayo de  Tronar, en cada tormenta y cuando Thor deja caer su martillo todo Ologá tiembla.

Nos llamó la atención observar que no habían casas en la isla, les preguntamos inocentemente si construir en Tierra Firme no sería mejor idea que construir sus casas en el agua y no tardamos en entender que la tierra de Ologá solo le pertenece al relámpago.

Finalmente llegó el gran día. Comenzamos a desplegar el globo en un reducido espacio de tierra para estar en el aire antes de la tormenta, la gente se acercó al principio  con genuina curiosidad y después con ganas de participar. De repente tuve mas de 60 ayudantes y me preparé para subir. Cuando encendí el fuego, mis nuevos amigos retrocedieron asombrados. En pocos minutos el gigante de tela y aire caliente subió sobre Ologá. Se hizo un silencio breve. Los niños gritaban y aplaudían celebrando algo que nunca habían visto.

Tras una hora en el aire, una ráfaga de viento, luego otra y la tormenta comenzó a anunciarse, tiempo de aterrizar el globo. El siguiente día volveríamos a intentarlo. Un trueno retumbó en el aire y apenas tuvimos tiempo de buscar refugio.

La tormenta en su epifanía de luces  nos ofreció una aventura que despliega el misterio de la luz. Once horas de rayos y centellas hasta que el amanecer nos sorprendió. Fuimos raptados por la fuerza del relámpago del Catatumbo que no dejaba de agrietar el cielo con sus fieros ramajes.

Tuvimos  el privilegio de estar con un globo en un sitio tan único y vivir un fenómeno natural que es prácticamente desconocido en el resto del planeta.

Comenzamos nuevamente a desplegar el globo,se trataba de elevarse sobre Ologá antes de la siguiente tormenta. Desde el aire la isla y sus casas flotantes me regalaron una visión única de un lugar ancestral con el contraste de una  tierra anciana con gente muy joven. 

Ver la luz del Catatumbo con la óptica de la aventura nos permitió abrir un espacio en el tiempo para tronar con el gran relámpago en Venezuela.


QUIEN DIJO MIEDO ?         

 Jimmy Marull

En estos complejos tiempos que vivimos, nos hemos venido acostumbrando a la presencia del miedo…. Hay miedo a la confrontación, miedo a la diferencia de opiniones y miedo a nuestro entorno.

El miedo es parte importante de la supervivencia de las especies. Es el miedo el que hace que un venado dé un brinco y se escape de las garras del tigre. Es un chorro de adrenalina que nos hace reaccionar y escapar.

El miedo moderno, sin embargo, es diferente. 

El miedo siglo XXl  es una extraña mezcla de indecisión con indiferencia, de conocimiento de la situación con un “yo no participo”, que al final sigue siendo Miedo.

Es una sociedad domesticada por la incertidumbre y llena de miedos. Nadie quiere inmolarse para vencer sus miedos, mientras los creadores del miedo colectivo avanzan en sus propósitos.

Cuando pensábamos que ya habíamos conocido todos los miedos posibles, llega la joya de la corona… Entonces nos toca crear  nuevos miedos; miedo al contagio, miedo a contagiar a otros…miedo a la muerte.  Aquí va toda mi admiración y mi respeto a nuestros hermanos del gremio médico, enfermeras, bioanalistas y todo el personal de  salud. Con todo y sus miedos asumieron el reto de ayudar y salvar vidas, a riesgo de las suyas. Este es para mí un claro ejemplo de lo que debería ser nuestra sociedad, gente capaz de enfrentar sus miedos racionalmente. Con la vista fija en un mejor destino. 

Esta pandemia va a pasar como han pasado todas las anteriores  si logramos dominar nuestros miedos. Sólo así saldremos fortalecidos y mejor preparados para el futuro.

Se trata de no dejarse dominar por el miedo, que cuando lo ignoramos nos ponemos en peligro y cuando lo dejamos ponerse delante nos paraliza. El sitio del miedo es aquí, a nuestro lado, para poder mirarlo a los ojos y saber cuándo es posible enfrentarlo para seguir adelante.

En mis cuarenta + años como piloto comercial y como instructor de vuelo, siempre supe cuando alguien tenía miedo de volar y aun así se subía al avión para demostrarse a si mismo que el miedo estaba ahí, pero que no controlaba la situación.  Yo he tenido miedo muchas veces, en ocasiones en el aire, en un vuelo donde las circunstancias se volvieron peligrosas y hasta en el Catatumbo en medio de una increíble tormenta de rayos y centellas. En el día a día es posible pasar pequeños episodios de miedo. No hay problema, mientras que el miedo no controle nuestra mente.

Vamos a cuidarnos unos a otros enfrentando nuestros miedos con cabeza fría y con inteligencia. No dejemos que otros nos infundan miedos y lograremos juntos salir de esta tormenta, como una sociedad moderna y fortalecida. Esta dura prueba de fuego es universal. Nunca antes la Humanidad enfrentó un reto similar con tanta tecnología e impotencia. Es una lección de Humildad. Todos podemos hacer algo para dominar nuestros miedos. Sólo así creceremos como sociedad organizada. Amén.