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De mujer a mujer

CarolinaEspada / @carolinaespada

            Los hombres sólo sirven para dos cosas y una, es destapar frascos.

            Eso es lo que siempre dice mi amiga Malola tras cada revés sentimental. Añade que ya no hay muchos varones disponibles y que, los pocos en existencia, lamentablemente son demasiado precarios.

Ilustración: rchovet

            ¡Es que ya no los hacen como antes!

            Yo trato de hacerle  entender a  Malola que  sujetos con  bolitas abundan -tal y como han proliferado siempre-, pero que lo que pasa es que ahora se quedaron sin circunstancias.

            ¿¡Cómo es la cosa?!

            Mira, Malola, Ortega y Gasset lo escribió clarito: «Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo a mí»…

            Ay, no, que no estoy de humor para intensidades filosóficas, pónmela facilita, ¿quieres?

            Malola, cuando tu abuelita se casó con Don Pocho sabía bien que tu abuelo era un señor bastante putañero, un tanto borracho y sin el menor sentido del humor. Una verdadera piña, Malola. Pero él le resolvió a tu abuela el quince y último por más de cuatro décadas; hacía gala de ciertas nociones de carpintería y albañilería; se entretenía por las noches matando las ratas del patio con su escopeta, y nunca le pegó ni eructó en la mesa.

            Y tu mamá también se casó con tu papá y con sus circunstancias. Seamos realistas, al señor Peluche toda la gente lo llama así no porque sea peludo, sino por bueno, por gordo, por blando y por ser absolutamente innocuo y aburrido. Será tu papá, Malola, pero él duerme hipopótamos en remojo del puro fastidio y es incapaz de despertar una loca pasión. Y en cuanto al sentido del humor, digamos que no tiene mucho porque es bastante caído. ¡Pero allí están sus circunstancias para hacerlo portentoso, único e imprescindible para tu mamá! Él nunca la ha dejado cargar ningún peso en la vida (desde un bombillito de linterna hasta una compra nerviosísima en el mercado); la lleva y la trae para todas partes, y la espera en el carro tranquilito leyéndose el Quijote; y no hay lo que no le explique y con aquella paciencia: «No, Agreste, los pingüinos no son focas; en Venecia no hay gandolas, mija, son góndolas; ‘la diabetes es una enfermedad grave, nunca esdrújula’, como dijo el Profesor Rosenblat».

            Y entonces llegamos a ti, Malolita: tú y tu fase de apareamiento en este siglo XXI tan acontecido. A diferencia de tu mamá y de tu abuelita, tú estudiaste, te graduaste, hiciste una maestría, trabajas y ganas más real que la mayoría de los hombres que te rodean. Solita instalaste tu computadora, el modem, el wifi y todos los cables de colores bien trenzados como si fueran crochet; también cambiaste la conexión del teléfono sin ayuda y con apenas un pequeño corrientazo (al que tú definiste como un «golpe de testosterona» y te gustó, ¿o lo olvidaste?). Tú le pagas al mecánico, al pintor, al plomero, al electricista. No estás obligada a casarte con ellos, ni a cocinarles calamares rellenos a la Bombay a medianoche, ni a lavarle los interiores, ni a padecer sus cirrosis y enfisemas. Tampoco te calas sus ronquidos y ventosidades. Les pagas y ya.  Tú sabes karate, judo y tortura china. Tienes una pistolita a buen resguardo, reja en tu apartamento, abogado sanguinario y un dóberman patriaomuerte a tus pies. ¡Tú eres dueña de un arsenal de insecticidas y afines para defenderte de tu única fobia! ¡A ti te conocen como la Reina de los Taxis Privados siempre a tu disposición! ¡Tú gozas de una laptop Mac y un iPhone que te conectan con el sistema planetario! ¡Y tienes a tu Google bien amado para lo que sea y a la hora que quieras! ¡Tú no dependes de nadie, Malolísima! ¡Te bastas y te sobras en la vida! ¡A ti ningún hombre te va a venir a marear, a seducir y a embaucar con sus circunstancias!

            ¡Pero es que yo no quiero circunstancias, yo lo que quiero es a uno ahí que me amapuche bien sabroso, me admire y me respete!

            ¿Nada más?

            Bueno, que tenga un gran sentido del humor y duerma pegadito. Y que sea leal, fiel, solidario, honesto, trabajador, responsable, puntual, divertido, tierno, detallista, generoso, apoyo-incondicional, tremendamente culto, muy inteligente, bondadoso, caritativo, súper aseado, que no tenga ningún vicio, que sea muy buen bailarín y que no se canse nunca. Y que hable mínimamente inglés y de repente, italiano y francés. ¡Y tiene que cocinar todos los días tipo gourmet, y la boca siempre le debe saber a canela, y que cuando sude huela a jabón! Ah, y que le gusten los perros, los niños y el chocolate; asuma la vida con valor; se acueste temprano; use medias y colonia, y que me quiera. Sobre todo eso, que me quiera.

            Tá difícil, Malolita…

            Ahora estoy saliendo con uno ahí que se me autodefinió como Hombre Sensitivo del Nuevo Siglo.

            ¿¡Hombre sensit…?! ¡¡¡JajaJajaja!!! ¿¡Y como qué vendría siendo eso?!

            Muérete que no sé…

            Yo lo único que te digo, Malola, es que para tu cumpleaños te voy a regalar un aparatico fabuloso que me compré ayer. Es un sustituto masculino que a ninguna mujer le debe faltar. Lo usas y te da así como… como seguridad, dominio, fuerza, control y un placer que ni te cuento.  Yo ya no podría vivir sin él. Uno se lo pone a la tapa de un frasco y -chúquiti- te la abre facilito.

            Porque en el siglo pasado decían que y que «los hombres son de Marte»… No sé. Pero las mujeres y la tecnología somos una maravilla.