orientación emocional

Más Allá de la Duda 

Leonor Andrade Castillo

Si algo agradezco de la psicoterapia es haber aprendido a observarme.  Recuerdo hace ya bastantes años, cuando estaba formándome, que mi maestro, el Dr. Guillermo Feo, hacía referencia a una lectura de Fritz Perls en la que decía que llegaba un momento en el proceso de trabajo personal, en el que nuestra vida se convertía en un constante “darse cuenta”, gracias a nuestra auto observación. Es un proceso que requiere su tiempo y compromiso, ya que no estamos entrenados para observar hacia adentro sino hacia afuera. Por ello, en un comienzo, solemos mirar afuera, en los demás, nuestra propia proyección, y nos toma tiempo, darnos cuenta de que eso que estamos viendo en el otro, tiene que ver con nosotros mismos. 

Con la práctica, vamos aprendiendo a observar las señales que nos da nuestro cuerpo frente a algunas experiencias, pensamientos y emociones.  Aprendemos a identificar cómo se manifiestan en nuestro cuerpo esos monstruos que trabajamos en terapia.  Puede ser que estemos trabajando nuestra ira y estemos aprendiendo a observar a esa parte nuestra, a nuestro iracundo.  Podemos entonces comenzar a observar nuestros pensamientos, la emoción de la rabia como tal, podemos observar en qué partes de nuestro cuerpo la sentimos.  Esto aplica para todas esas partes nuestras que estemos conociendo o trabajando, como decimos en lenguaje psicoterapéutico.

Lo que no sabía en ese momento, y durante mucho tiempo, es que ese entrenamiento de auto observación me llevaría cada vez más a estar conectada con mi “corazón”, con mi ser interno, con mi voz interior, con la voz de Dios.  Como somos humanos, aprender a escuchar esta voz interna, esa que llamo la voz de Dios, también requiere práctica y mucha humildad. Requiere además trabajar nuestra duda, esa que se presenta a cada rato, frente a cualquier experiencia de nuestra vida cotidiana. Puede aparecer como un pensamiento, o como una sensación física o como una emoción.  Y esta duda es una gran maestra para aprender que la conexión con nuestro ser interior, depende en gran medida de que logremos superarla, ya que ella entorpece la conexión, como cuando estamos conectados a Internet y la señal está inestable y no podemos ver de manera fluida lo que se nos presenta en la pantalla. 

Hace unas semanas, estuve sin electricidad desde la noche. Eran las 11 de la mañana.  Tenía una persona citada para una sesión de psicoterapia a las 3 de la tarde.  A medida que pasaba el tiempo, y se iba agotando la pila del celular, me fui poniendo nerviosa, así que decidí que si a la 1:30pm no habían repuesto el servicio, me iría al supermercado a cargar la batería del celular.  Llegó la hora y me fui.  A las 2:30pm terminó de cargarse la batería y me vine a casa para mi sesión.  Llegué a las 2:50pm. Me sentía tranquila, orgullosa de mí misma por haber encontrado una solución a la situación, y comencé a preparar todo para tener la sesión con mi cliente. Prendí la computadora, conecté la zona de wifi de mi celular y exactamente a las 2:59pm llegó la electricidad. En medio de mi sensación de alivio, inmediatamente, escuché mi voz interna: ¿Qué te pasó que no confiaste en mí?  Fue como un baño de agua fría. Me di cuenta, por primera vez de forma clara, de mi duda y cómo la Divinidad (yo la llamo Dios) me mostró de manera contundente y hasta dramática, que siempre está allí y que soy yo la que se desconecta.

Hace pocos días, estando en el ancianato con mi mamá, recibí un mensaje de cancelación de una cita que tenía pautada para ese día en la tarde. En ese momento escuché una señal de alerta que me decía: “Abre bien tus ojos. Escucha.” Estaba por terminar mi guardia. Decidí quedarme hasta más tarde en vista de que se había liberado mi agenda. Vino el señor de mantenimiento del ancianato a arreglar luz del cuarto de mi mamá. Terminó en la tarde. Se desató una mega tormenta eléctrica. Decidí irme. Cuando me despedí de mi mama, me tomó de la mano, me miró fijamente y me pidió que me quedara. Recordé mi voz interna que me había dicho que estuviera alerta y decidí quedarme. En ese mismo momento recibí un mensaje de mi vecina: “Se cayó un árbol y no hay paso para venir a casa.” 

No importa cuán difíciles sean las situaciones.  Dios siempre está allí, incluso cuando no escuchamos por nuestra duda. La auto observación que aprendemos en psicoterapia, es un camino en el que nos abrimos a escuchar nuestra voz interior, la voz de Dios.  

Si quieres comenzar un proceso de psicoterapia y conectarte contigo mismo, puedes contactarme por Whatsapp +58 4146387298 o por mail leonorandrade29@gmail.com