orientación emocional

La Paz es un Camino

Leonor Andrade Castillo

En las últimas tres semanas he venido participando en un entrenamiento facilitado por las Escuelas del Perdón y la Reconciliación (ESPERE).  Es un curso interactivo y lúdico organizado en 12 módulos: 6 de perdón y 6 de reconciliación.  

Actualmente se desarrolla en 19 países y ha trabajado con más de 2.200.000 personas.  Participar en el entrenamiento es una decisión individual y la información sobre el acceso al entrenamiento funciona boca a boca.  A mí me había llegado la invitación de una amiga que lo acababa de hacer y se lo agradezco desde lo más profundo del corazón.

En este momento las clases son virtuales (debido al Covid-19) y se impartieron en semanas de cuarentena radical. 

Para nada es casual que entre una semana y la otra de clases se dio justamente el recrudecimiento del enfrentamiento armado en la Cota 905, La Vega y El Cementerio y que precisamente ese día (jueves 8 de julio 2021) me hubiese tocado por diferentes circunstancias, hacer una guardia adicional en el ancianato, ubicado justamente en la zona de La Vega/Montalbán.  

No me quiero enfocar en lo aterradora que fue la experiencia sino en cómo esta propuesta de las Escuelas ESPERE en Venezuela está movida justamente por la “necesidad de debilitar y contrarrestar la violencia en cualquiera de sus manifestaciones (política, económica, social, etc.).” (https://justiciatransicional.org.ve/escuelas-de-perdon-y-reconciliacion-version-digital-formaron-a-50-personas-a-nivel-nacional/ )

Para mí fue una experiencia profunda, sobre todo en lo relacionado con la reconciliación.  He venido trabajando con el perdón ya desde hace un tiempo, tanto a nivel personal como con algunos de mis clientes en mi consulta de psicoterapia, pero no estaba consciente del proceso de reconciliación como algo separado. Lo veía como un continuum y la verdad es que constituyen dos procesos diferentes y cada uno tiene su camino.  La reconciliación sólo es posible cuando primero hemos transitado el camino del perdón entre el ofendido y el ofensor.  A veces en ese camino aprendemos que las experiencias se solapan y así como hemos sido ofendidos también hemos sido ofensores.  Las heridas, las propias y las del otro, no desaparecen, pero como bien lo expresan los japoneses con el Kintsugi un arte que consiste en restaurar una pieza que se haya roto, observando y e incluso agrandando la fractura para rellenar con oro, plata o platino para darle valor a las cicatrices, cada cicatriz de cada ofensa tiene su historia y un aprendizaje y esto nos hace únicos.  

En el trabajo hacia la reconciliación necesitamos hacer este trabajo de sanación de las heridas que nos ha dejado la ofensa.  Es un trabajo de cuidado para con nosotros mismos, de aceptación, de reconocimiento de nuestra herida, de celebración del aprendizaje que obtuvimos y de cómo ahora después de esa experiencia, somos personas más “fuertes” y conscientes.  ¿Significa esto que una vez sanada la herida estaremos libres de recibir alguna otra ofensa?  Definitivamente puede abrirse una nueva herida.  La diferencia estará en cómo, con este trabajo, aprendemos a asumir las ofensas de manera diferente y a sanarnos de nuevo con compasión.

El trabajo con la reconciliación, como el del perdón, está fundamentado en la auto compasión, para luego poder ser compasivo con el otro.  Esto significa entre otras cosas, ser gentiles con nosotros en el proceso en sí, darnos el permiso de ir a nuestro propio ritmo, sin críticas, sin juicios, aceptando el proceso tal como está siendo, sin expectativas de mayores avances y por extensión sin expectativas en relación a lo que el otro haga… La idea es aprender a observar los pequeños pasos que vamos dando y celebrarlos.  La reconciliación, para que pueda darse, requiere una serie de condiciones sobre las que podemos profundizar en una próxima oportunidad.

Lograr ser compasivos con nosotros mismos, asumir con humildad y alegría el paso que hayamos podido dar en ese momento ya de por sí es un avance en el camino de la paz. 

¿Vivimos violencia en nuestro país? Sí, pero donde hay violencia también hay una oportunidad para la paz y depende de cada uno de nosotros decidir transitar ese camino.    

Espero que estas reflexiones te sirvan de apoyo para observarte y ver tu camino hacia la paz. Todo proceso requiere tiempo, práctica y en ocasiones la ayuda profesional psicoterapéutica. Si necesitas apoyo puedes contactarme por WhatsApp +58 4146387298 o por mail a leonorandrade29@gmail.com