orientación emocional

Sobrellevar el Dolor por la Pérdida

Leonor Andrade Castillo

Es sábado cuando escribo este artículo.  Hace cinco días que mi perruna Lucía, mi compañera de vida desde hacía 13 años, dejó su cuerpo. Han sido unos días duros, muy tristes para mí.  

Siento el vacío que ha quedado en la casa, en mi corazón cada vez que voy a hacer algo y no está (aunque siento su energía y su mirada como si estuviera a mi lado).  Hoy cuando llegué de comprar la comida para Carmencita mi gata, automáticamente miré hacia arriba a la terraza esperando que Lucía asomara su carita por los balaústres. Por supuesto no estaba y sentí un vacío que no me cupo en el cuerpo.

Su ausencia me ha removido el recuerdo de cuando mi papá dejó su cuerpo hace 45 años y dejé de hacer muchas cosas porque no sabía cómo manejar ese vacío.  Recuerdo que pasó un tiempo antes de que pudiera ir a una librería.  Era una actividad que compartía con él y sentía que lo estaba traicionando al ir sola y disfrutar viendo los libros. Yo era muy joven.  Sólo tenía 17 años y era la primera vez en mi vida que me enfrentaba a la pérdida, y además de mi papá, a quien adoraba con locura.  

Ahora cuando veo de nuevo mi película de esa época me doy cuenta de lo que me costó manejar ese dolor tan grande.  

Tomé el camino de la resistencia, de la coraza, del silencio, del mostrarme fuerte.  Era lo único que en ese momento sentía que podía y sabía hacer.  No me di permiso para sentir, no me di permiso para llorar su ausencia, no me di permiso para expresar lo que sentía. Seguí, estudié, trabajé, siempre fuerte. 

Frente al dolor a veces nos cerramos y no nos damos el permiso de ser ni de mostrarnos vulnerables y cuando tomamos ese camino, el dolor, por nuestra resistencia, termina convirtiéndose en sufrimiento.

Hoy a mis 62 he aprendido que hay otra forma: No resistirme, recibir el dolor y sentirlo, y darme el permiso de expresarlo.  Esto no significa que no me permita sentir momentos de alegría. Comparto contigo algunas opciones para ir sobrellevando el dolor, hasta que se transforma en aprendizaje.

Mover el Cuerpo con el Ritmo: Ayer participé en una sesión online de Taketina.  Este es un método de conexión con el ritmo primal a través de la vocalización y el movimiento rítmico del cuerpo.  Estuve moviendo mi cuerpo al ritmo que nos daba su fundador Reinhard Flatischler, y en la medida que fui vocalizando y moviendo el cuerpo, dejándome llevar por el ritmo, sentí alegría.   

Meditar: Otra manera en la que he ido moviéndome ha sido mediante una meditación tibetana que se llama Tonglen.  Esta meditación consiste en inhalar el sufrimiento de los demás seres y exhalar amor y compasión o lo que percibamos que necesitan en ese momento para sentirse mejor.  En mi caso comencé inhalando el dolor de todas las personas que han perdido a su perro.  Inhalé el dolor y exhalé compañía.  Luego expandí un poco más el alcance e inhalé el dolor de todos aquéllos que han perdido a un ser querido y exhalé compasión.  Así vamos ampliando el alcance hasta que llegamos a inhalar todo el sufrimiento de todos los seres vivientes y exhalamos amor y compasión.  Al terminar la meditación me sentí tranquila, en paz.  El planteamiento es que en la medida que dejas de centrarte en tu dolor y enfocas tu atención en brindar compasión a otros, sientes alivio.

Expresar lo que Necesitas a tus Personas más Cercanas: No siempre quiero hablar y mucho menos que me pregunten cómo me siento.  No obstante, cuando me siento en la disposición, hablo con una de mis amigas más cercanas que es buena escucha. Expresar lo que siento y recibir contención, es muy sanador.

Escribir lo que Sientes: Otra forma en la que me he abierto al alivio de mi dolor ha sido escribiendo mi experiencia.  Eso me ha permitido expresarme, con el beneficio añadido de que puede servir de apoyo a otras personas que estén transitando por una situación similar.  Escribir nuestras emociones resulta terapéutico. 

Compartir tu Sentir en un Grupo: Otra opción consiste en abrirte a expresar lo que sientes en un grupo de tu confianza. En mi caso, pertenezco a una Sangha Global del Mantra Gayatri y el apoyo y contención que nos damos es absolutamente sanador y amoroso.  Me siento muy agradecida de pertenecer a este grupo.

Dejando que el dolor se manifieste, observándolo y expresándolo irás sintiéndote mejor.  Espero haberte servido de apoyo y recuerda: si lo reprimes, el dolor se transforma en enfermedad, si lo aceptas y expresas se transforma en aprendizaje Como dice el Buddha: el dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional.