orientación emocional


Entre el bien y el mal para poner gasolina

Leonor Andrade Castillo

Pasé casi 4 horas en la cola para poner gasolina. Había dos colas: la interior para gas y la exterior para gasolina. La cola para poner gasolina estuvo detenida como 45 minutos. De repente, comenzó a moverse rápido. Cuando estábamos bastante cerca de la entrada a la estación de servicio, un tipo con una camioneta se coleó justo en frente de mí.

Adelante había una persona organizando las colas que lo vio y le dijo que se devolviera a su lugar en la otra cola o se fuera. El de la camioneta comenzó a discutir e ignoró lo que le decía el coordinador y siguió adelante.

Cuando le pregunté al coordinador por qué le había dejado continuar, empezó a gritarme.

En ese momento sucedió algo dentro de mí … Fue como si el tiempo se hubiera detenido. Sentí un silencio interior total y pude ver todo con total claridad. Estaba tranquila: una voz interior me dijo: Enfócate. Él no es el problema. Avancé y cuando la cola dejó de moverse me bajé de mi carro y fui a hablar con el tipo que se había coleado. Abrió su puerta y le dije gentilmente que por favor saliera de la cola porque se había coleado y yo tenía casi 4 horas allí … Dijo que no se iba a ir porque estaba en la otra fila y su carro tenía la opción de llenar gasolina o gas … Le dije que estaba mal ponerse en la cola de gas que estaba más corta para luego colearse en la de la gasolina, justo cuando estábamos cerca de la entrada a la bomba de gasolina … Me dejó hablando y cerró la puerta de su camioneta.

Respiré, manteniéndome en calma.

Observé todo mi entorno y vi que en la entrada de la bomba había una guardia nacional. Tuve una discusión interna ya que no me gustan los militares. Además, pensaba que como mujer tenía las de perder. Nuevamente mi voz interior me dijo: Concéntrate. Eso no es el problema en este momento. Me quedé observando un rato, en mi lucha interna. Decidí hablar con el señor del carro que originalmente estaba delante de mí para pedirle ayuda y no hizo nada. Se quedó allí hablando por el celular. Percibí que no quería involucrarse.  No insistí.

Respiré y permanecí conectada con mi corazón, tanto que lo podía escuchar. Me sorprendió lo tranquila que me sentía. Volví a mirar a la guardia nacional. Era una mujer. Decidí ir a hablar con ella y pedirle ayuda. Cuando caminaba hacia ella, el señor al que le pedí ayuda dijo: «Si vienes con la Guardia Nacional, te apoyaré.”

Hablé con ella y le expliqué la situación. Ella fue conmigo.  El señor del carro le dijo a la guardia que el de la camioneta se había coleado.  La oficial se acercó a la camioneta y tocó el vidrio.  Le abrió y ella le explicó que había recibido unas quejas de que él se había coleado y le pidió que se saliera de la cola ya que lo que lo que había hecho estaba mal. La guardia fue amable y tranquila. El tipo empezó a hablar fuerte y no se movió. Yo me mantuve en todo momento apartada hacia un lado. La Guardia Nacional llamó a su sargento y él vino y le dijo lo mismo de manera educada y en un tono como de pana. El de la camioneta no quiso escuchar.

Yo estaba observando el panorama. La cola había avanzado bastante y escuché de nuevo mi voz interior: Concéntrate … ¿Cuál es tu objetivo? … ¿Mantenerte allí parada o llenar tu carro con gasolina sin que el tipo se coleé?

Entonces le pregunté a la Guardia Nacional si podía avanzar y ella dijo que sí … Todos los carros avanzaron detrás de mí y los militares dejaron al tipo de la camioneta ahí sin avanzar con todos rodeándolo para seguir adelante y poner gasolina… No llegó a la gasolinera mientras yo estaba allí y antes de irme fui a la Guardia Nacional y le di las gracias.

Aprendí que mis pensamientos acerca de que todos los militares son malos, violentos y corruptos no se ajustaban a la realidad del momento. Tuve que superar esa creencia para poder acercarme con amabilidad a la Guardia Nacional y poder resolver la situación. También aprendí que de cuando en vez me surge ese pensamiento de que no podré hacer nada por ser mujer.  Tuve que mirarlo para poder ponerlo a un lado y moverme.

Lo que percibo como mi “enemigo” no es necesariamente cierto ni real. Muchas veces el “enemigo” no está afuera sino dentro de mí y me toca mirarlo para poder escucharme, darme cuenta de lo que siento y poder resolver desde la calma y la amabilidad.

14 de Noviembre 2020