orientación emocional

Usemos el Miedo a Nuestro Favor

Si hay una emoción que se ha exacerbado con el Covid-19 es el miedo: el miedo a enfermarnos, el miedo a la muerte (la propia y la de nuestros seres queridos), el miedo a perder el empleo o el negocio propio que nos ha costado tanto esfuerzo, el miedo a no poder, el miedo a no saber cómo. El miedo se presenta como un mecanismo de protección frente a un peligro. Cuando sentimos miedo, nuestro cerebro suele llevarnos a enfrentar y luchar contra la situación, a huir en dirección contraria al peligro o a quedarnos paralizados.  

Esta semana estuve en un seminario de 5 días con Tony Robbins y se me quedó grabado un ejemplo de su vida que quiero compartir contigo hoy. 

A Robbins le gustan las carreras de carro y correr. Fue a ver a un famoso entrenador de corredores de carreras de carro, se montó en un carro con él y corriendo a 120 millas por hora vivenció como este entrenador evadió sin parpadear una pared que tenían en frente.  Por supuesto que casi se muere del susto, pero luego el entrenador le dijo que en cuatro días él también podría hacer lo mismo.  El entrenador tiene un sistema de entrenamiento en el que en un momento clave, le dará a un botón que desconectará una de las ruedas y por ende el carro empezará a girar sin control, y en ese momento, Tony Robbins debía encontrar la manera de no chocar contra la pared. Se montó en el carro y comenzó a aumentar la velocidad y se sentía seguro, y en un momento dado, ya cerca de la pared, el entrenador le dio al botón y el carro comenzó a girar… Tony sólo miraba pared y el carro iba directo a chocar… cuando de repente el entrenador le giró la cara para el otro lado y se la mantuvo así, a pesar de los esfuerzos de Robbins por volver la mirada a la pared… hasta que las manos de Robbins cambiaron la dirección del volante hacia donde estaba mirando, es decir, en dirección contraria a la pared y… no chocaron. 

¿Cuál es el aprendizaje de esta experiencia?  Debemos mantener nuestra mirada en el objetivo, en hacia dónde queremos ir y no en el miedo (que en este caso es la pared) porque si mantenemos nuestra mirada enfocada en hacia dónde vamos, todo nuestro cuerpo mantendrá la dirección hacia allá.  Si nos desenfocamos y te dejamos llevar por el miedo y mantenemos nuestra mirada en él, chocaremos de frente contra él y perderemos el objetivo. 

¿Cómo podemos transpolar este aprendizaje a lo que estamos viviendo hoy con el Covid-19?  Covid-19 es el equivalente de la pared contra la cual no queremos chocar. Tenemos entonces dos opciones:  O nos quedamos mirando el Covid-19 y el miedo que le tenemos y chocamos de frente con él, o identificamos para dónde queremos ir, a dónde queremos llegar y ajustamos y mantenemos la dirección de nuestro volante hacia allá.  Mira el miedo, identifícalo y luego enfócate en tu objetivo.

Esto puede significar objetivos como tener una mejor preparación física o que nuestro negocio se mantenga productivo o que nuestra relación de pareja sea fluida y conectada con el amor.   Nos toca enfocarnos en el objetivo y no en el miedo que le tenemos al Covid-19.  Eso no quiere decir que no voy a usar mascarilla o que me voy a exponer irrespetando el distanciamiento social.  Me estoy refiriendo a que, enfocados en nuestro objetivo, busquemos formas alternativas de lograrlo.  Supongamos que nuestro objetivo es mejorar nuestra preparación física: Tenemos la opción de hacer ejercicios con un entrenamiento en línea y ejercitarnos todos los días o podemos caminar dentro de nuestra casa o podemos hacer ejercicios con pesas que hagamos con artículos del día a día que tengamos disponibles, como por ejemplo un paquete de 1 kg de harina.    

Confía en ti y muévete. Pregúntate cuántas veces has superado a lo largo de tu vida, situaciones difíciles.  Conéctate con esa parte tuya, ésa que es fuerte, creativa, resiliente, que sabe que puede superar esta y cualquier otra prueba y toma acción.  El mejor antídoto frente al miedo es la acción enfocada.   Si por ejemplo tus relaciones con tus amigos se han visto afectadas por la pandemia, toma una acción: Decide conectarte con tus amigos una vez a la semana, saber cómo están, compartir lo que cada uno está viviendo y buscar maneras de apoyarse mutuamente.   Si tu negocio no está funcionando como quisieras, aprovecha este tiempo para revisar lo que no funciona y buscar formas nuevas de hacerlo, convérsalo con tu gente e identifiquen una estrategia para hacer los cambios que sean necesarios.   

Todo es posible.  Como dice Tony Robbins: “Es hora de llegar a ser consciente de tu poder y recordarle a todos los que te rodean que la raza humana es resistente, flexible y fuerte más allá de lo que imaginas. Lidera, no sigas. Descubre nuevas formas de innovar, crear y apoyar a otros que no pueden ver más allá del invierno. (…) Esta capacidad puede ser activada, así que vive la verdad hoy con todos los que están a tu alrededor. Así podremos resolver cualquier problema que enfrentemos. La raza humana siempre lo ha hecho, y siempre lo hará. Así que vive fuerte. Vive con fe. Vive con pasión.”


Cosas Veredes Amigo Sancho que non Crederes

Leonor Andrade Castillo

Me levanté más temprano que de costumbre. A las 5 hice cafecito para mi mamá y para mí, le di el desayuno, la bañé y alisté para la vacunación contra el Covid-19.  Desde la tarde anterior le había explicado que iban a vacunar y le había preguntado si estaba de acuerdo. Se quería vacunar. En la noche le escribí a su médico para asegurarme de que no hubiera ninguna contraindicación. Su respuesta fue clara:  No hay ninguna contraindicación. Todas se deben vacunar.

Supuestamente iban a vacunar a toda la comunidad del ancianato. Le avisé a la cuidadora con la que me turno las guardias para que viniera. Acordamos que lo haría temprano. Tuve lista a mi mamá a las 9. Pasaron las horas y no llegaba la cuidadora y tampoco sabía nada de la hora y el procedimiento para la vacunación.  

Cerca del mediodía viene una de las muchachas a decirme que a mi mamá no la iban a poder vacunar porque tomaba medicamentos psicotrópicos. Llamé a su Dr. Sus palabras fueron: “Esas son excusas que están poniendo para no vacunar.  En ninguna parte del mundo y en ningún estudio científico aparece ninguna de esas contraindicaciones. Es una excusa. Las deben vacunar a todas.” Me sentí tranquila porque a mi mamá no la iban a sacar del proceso. A los minutos llegó la cuidadora y me dijo que había estado afuera en la puerta desde las 8am y que no la querían dejar entrar, y una vez adentro, se había enterado que ni a ella ni a la cuidadora de la vecina de habitación de mi mamá, las habían incluido en la lista. Fueron y se quejaron y me dijeron que las habían anotado. En vista de la situación, fui a averiguar si yo estaba incluida y me informaron que no y que no podían hacer nada, que fuera a hablar con la directora.  Así lo hice.  Me expresó que era solamente para la comunidad del ancianato y que yo sólo era familiar, aun cuando hago guardias con pernocta como cuidadora todas las semanas desde que comenzó la pandemia. Le manifesté mi inconformidad y me mandó a hablar con la jefe de enfermeras del instituto que había ido a vacunar. Así lo hice. Le expliqué la situación y me sugirió que hablara con la directora del lugar nuevamente y que ella no tenía inconveniente en incluirme. Le pedí que viniera conmigo para que escuchara mi petición y su respuesta. Así lo hizo. Le dijo a la directora que tenía entendido que yo prestaba apoyo al ancianato y su respuesta fue: “Ella no presta ningún apoyo al ancianato. Ella presta apoyo a su mamá. Sólo es familiar.” Me quedé en absoluto silencio al igual que la enfermera. Nos alejamos y me dijo al oído:  No se preocupe que yo misma me voy a encargar de que la vacunen.  

Aún no habían empezado a vacunar a las abuelas, muchas de ellas allí sentadas, esperando. Dan la orden de proceder al almuerzo primero y luego vacunar.   La cuidadora venía en camino con mi mamá en la silla de ruedas. Le digo que vacunarán después del almuerzo. Volvemos a acostar a mi mamá y le comienzo a dar el almuerzo. Apenas terminando, entra la cuidadora y me dice que ya debemos llevarla a vacunar.  Para ese momento, había averiguado que en realidad la habían anotado en una lista de espera. Estaba muy molesta. Alisté a mi mamá, la sentamos en la silla de ruedas y decidí llevarla yo misma. Caminé por el largo pasillo, abriendo camino y entré en la sala de vacunación como una reina con su mejor tesoro. La vacunó la jefa de las enfermeras. La trató con mucho cariño, como a todas las señoras. Tenía una mano de seda.  Llevé a mi mamá de vuelta a su habitación y al rato regresamos al lugar de vacunación. 

Fueron momentos duros, de incertidumbre. Me mantuve alerta, firme.  Mandaron a retirar a todos los que estaban vacunados. Quedamos un grupo. Fue muy incómodo.  De pronto me llaman para vacunarme y literalmente metieron a otra persona delante de mí. Al rato me llaman de nuevo y me dicen en voz baja que vaya a la clínica rodante, que me van a vacunar allí dentro.  Al entrar me sentí como un refugiado cuando llega a un lugar seguro. Recibí la vacuna. 

Levantaron un acta en la que se especifican las personas que no fueron incluidas, para remitirlo al Ministerio de Salud para que aprueben el envío de un lote adicional. Para mí la vacunación es un derecho y también una decisión. Lo que me había planteado era la libertad de elección en cuanto a si quería recibir la vacuna o no. Nunca me había pasado por la mente que ni siquiera tuviera esa opción por haber sido discriminada, por ser familiar.  

Agradezco haber tenido una calmada firmeza, y que Dios haya puesto un ángel en mi camino, nos hayamos conectado desde la compasión y de esa forma hayamos puesto nuestro granito de arena contra una epidemia de larga data: la discriminación. No me rindo. Sigo adelante. Quiero un mundo sano, libre y con equidad.

Y aunque quisiera que fuera distinto, en este momento siento que como Khalil Gibran “Soy un extraño en este mundo, y hay en mi exilio una severa soledad y una dolorosa tristeza.”  

2 de Mayo 2021


Ser Pareja en Tiempos de Covid-19

Leonor Andrade Castillo

Cuando hablamos de la cuarentena por el Covid-19 y sus implicaciones para las parejas, lo primero que se nos viene a la mente, es que vamos a estar los dos juntos (en el caso de no tener hijos, si los tienen entonces estarán todos juntos) en casa, en un espacio reducido por muchos días.  Por otra parte, hay parejas para quienes la cuarentena ha implicado un distanciamiento físico, porque no viven juntos, ya sea porque son novios o porque uno de los dos vive en una ciudad y el otro en otra por temas de trabajo o incluso por migración.  Estamos hablando entonces de dos situaciones que son polos opuestos y a pesar de eso, podemos dar algunas sugerencias que los ayuden a sobrellevar la situación lo mejor posible. 

Una idea efectiva es elaborar un Plan de Bienestar para manejarse individualmente, en pareja y con su familia.  El equipo de UNICEF ha dado una serie de ideas y he añadido otras que considero pueden ser de ayuda:  1.- Mantener una rutina o crear otras nuevas:  Levántense y acuéstense a una hora regular; Vístanse; Hagan ejercicio; Báñense; Péinense. Desayunen, Laven los platos.  Si tienen hijos, involucren a sus hijos de manera que tengan un plan familiar.  2.- Abrir un espacio físico y de tiempo para realizar sus actividades de trabajo (Teletrabajo) de manera que pueda cada uno cumplir con sus actividades laborales. De esa forma se sentirán útiles y en contacto con su ámbito laboral.  3.- Si tienen hijos, pueden habilitar un área de la casa, con una mesa, en la que puedan estudiar y realizar sus actividades de estudio, en un horario establecido, de manera que puedan cumplir con las tareas que les hayan asignado sus profesores para este periodo especial.   Pueden abrir un grupo de WhatsApp entre los padres de los compañeros de tus hijos y apoyarse mutuamente.  4.- Hacer videollamadas con familiares y amigos.  Expresen cómo se sienten y escuchen cómo se sienten los demás.  Comuníquense con sus colegas de manera regular, sobre todo con aquéllos que están solos.  5.- Comprométanse con algún pasatiempos y actividades que disfruten. Esto puede incluir cantar karaoke, leer, cocinar, coser, tejer, pintar, hacer rompecabezas.  Esto les puede abrir un espacio individual a cada uno, de manera que puedan hacer actividades solos.  Si, por el contrario, ambos disfrutan un mismo hobby, lo pueden asumir como un espacio para compartir. 6.- Escriban sus preocupaciones del día y dense el permiso para pensar en ellas durante un tiempo específico del día.  Luego de escritas, pueden sentarse con su pareja y compartir ambos las preocupaciones que han tenido ese día.  7.- Si te asaltan emociones negativas como el miedo o te surgen pensamientos negativos, tales como que no vamos a salir de esto o que no podremos resolver la situación, busca en tu historia personal de experiencias, situaciones en las cuales hayas sido exitoso o exitosa resolviéndolas.  Identifica tus fortalezas personales que te sean útiles en este momento, de manera que puedan servirte de apoyo y disminuir tus pensamientos negativos.  Esto lo puedes hacer de manera individual y compartirlo con tu pareja, a una hora del día.  8.- Realizar y comprometerse a hacer actividades de bienestar como la meditación o un Diario de Gratitud.  

¿Y qué hay del Sexo? En un artículo en el diario ABC de marzo 2020 apareció publicada una entrevista al Dr. doctor Peinado, cirujano urólogo especialista en próstata, y medicina sexual, en el que nos habla de algunas medidas que pueden tomar para mantener relaciones sexuales en el caso de parejas estables viviendo juntas: 1.- No besarse en las relaciones sexuales. 2.- Evitar la práctica sexual oral-anal. 3.- Si hay dudas sobre si la persona está infectada es aconsejable el uso del preservativo o incluso evitar tener relaciones.  4.- Practicar la masturbación ya que no disemina el COVID-19.   5.- No tener contacto sexual con personas ajenas a su círculo íntimo y de convivencia diaria.  6.- Intente posturas que minimicen la transmisión aérea, como son las posturas en las que una de las personas dé la espalda al otro, y use mascarillas si lo cree conveniente.   7.- Lavarse las manos antes y después del sexo.  8.- Evitar las relaciones si su pareja no se encuentra bien o tiene alguna enfermedad significativa (enfermedades pulmonares, cardíacas, cáncer o enfermedades del sistema inmune). ¿Y el sexo con nuevas parejas sexuales?  Si tiene contacto con personas a través de redes online, es mejor posponer cualquier contacto físico. En este momento no es conveniente.  Utilizar los videochats, el sexo online, el sexting o la masturbación.     Espero estas sugerencias te sean de utilidad. En caso de requerir apoyo profesional puedes contactarme por mis redes sociales: IG: @leonorandradecastillo; WhatsApp: 0414-6387298.


Confinamiento y Emoción

Leonor Andrade Castillo

Con todo y que ha pasado más de un año en el que estamos viviendo esta pandemia, todavía nos cuesta diferenciar algunas situaciones de otras.  Hay una distinción entre cuarentena, distanciamiento social, confinamiento y aislamiento.  Y cada una de ellas tiene su impacto en nuestra emocionalidad.

La cuarentena consiste en separar a una persona que no presenta síntomas pero que estuvo en contacto con otra persona que tiene Covid-19 y para prevenir que pueda contagiar a otra persona se mantiene separado por un periodo de 14 días, que es lo que dura el periodo de incubación. He vivido de cerca en el ancianato la cuarentena cuando regresa alguna de las señoras, después de estar con su familia.  Es muy duro emocionalmente tanto para ella como para los que estamos alrededor.  No obstante.

El distanciamiento social consiste en mantener una distancia entre 1,5 y 2 metros entre persona y persona cuando estamos en un lugar público.  También implica no visitar familiares que no viven con nosotros, amigos y vecinos, no hacer reuniones, ni asistir a conciertos, no hacer fiestas, de manera de disminuir al máximo las probabilidades de contagio.  A veces se nos hace un cortocircuito porque tenemos la costumbre de pensar que como es familia somos cercanos y podemos tener interacción.  Lo mismo sucede con los vecinos. Creemos que como vive en la casa de al lado estamos cerca y podemos visitarnos.  El tema es que al vivir en casas diferentes y tener actividades distintas y contacto con personas diversas que no sabemos con quienes tienen o han tenido interacción, necesitamos tomar precauciones para evitar el contagio.  En este caso, el distanciamiento es una muestra de consideración y amor hacia el otro.

El aislamiento consiste en una separación física de las personas contagiadas de aquellas que están sanas.  Puede ser dentro de la misma casa o en alguna institución de salud.  La persona que está aislada se puede sentir sola, con miedo, con ansiedad, con rabia. El apoyo de la familia y personas cercanas en este caso es fundamental.  En un próximo artículo compartiré con ustedes algunas experiencias de personas que vivieron el aislamiento y de familiares que vivieron la experiencia de apoyar a su familiar con Covid.

El confinamiento por su parte es una combinación de estrategias para reducir las interacciones sociales, que pueden incluir el distanciamiento social, el uso obligatorio de mascarillas, la restricción de horarios de circulación, la suspensión del transporte, cierre de fronteras y otras que se consideren necesarias.  Estas estrategias resultan duras económicamente, emocionalmente y para la logística de nuestra vida cotidiana y puede llegar un momento en el que nos sintamos solos y aislados, pero es una forma de protegernos para no contagiarnos y tener que vivir el aislamiento.

El confinamiento además nos ha mostrado otra dimensión de nuestro funcionamiento en pareja y en familia.  El hecho de tener que convivir con nuestra pareja y con nuestra familia las 24 horas del día, los 7 días de la semana, nos ha puesto a prueba ya que en circunstancias “normales” salimos a nuestros correspondientes trabajos y colegios y universidades (en el caso de los hijos) y el tiempo en el que estamos juntos bajo el mismo techo es mucho más reducido.  Puede que hayamos descubierto a medida que han pasado los meses de confinamiento que sentimos que no tenemos privacidad, que nos hace falta espacio individual, que nos hacen falta las personas con las que solíamos tener interacción cotidiana, como nuestros compañeros de trabajo o nuestros clientes, o proveedores de nuestro negocio o nuestros amigos.  Esta situación nos puede hacer sentir solos emocionalmente, aunque estemos rodeados de nuestra familia.   Lo que se puede hacer en estos casos es establecer espacios físicos y de tiempo individuales en los cuales cada uno pueda interactuar con otras personas como amigos, compañeros de trabajo o personas con las cuales tienen gustos en común y realizar actividades que le gusten.  De esa manera, En la medida de las posibilidades de cada quien, pueden organizar espacios dentro de la casa para funcionar como el lugar de trabajo de cada uno, ya sea laboral o para recibir clases en línea los niños y hacer tareas.  

Por otro lado, hay personas que viven solas físicamente.  Algunas lo manejan sin problema quizá porque su nivel de interacción social era reducido antes de la pandemia, y otras extrañan las interacciones con otras personas con las cuales se relacionaban en el día a día fuera de casa y se sienten solas.  En este caso pueden ponerse de acuerdo con algún amigo o amiga cercana.  Incluso está la opción de crear o incorporarte a algún grupo de WhatsApp, Facebook, o Telegram de personas que tienen cosas en común.  Puede ser un grupo de meditación, o de arte o de lectura, en fin, del área que sea de tu interés. Yo, por ejemplo, a raíz de la pandemia empecé a formar parte de un grupo de meditación con mantras a nivel global y no te puedes imaginar el apoyo que nos brindamos mutuamente.  A veces la solidaridad la podemos encontrar en el otro lado del mundo.  No necesariamente las personas más cercanas físicamente a nosotros serán las más solidarias.  En estos casos, como con todo, tenemos opciones: podemos echarnos a morir o quedarnos atascados en la rabia o podemos aceptar la situación y buscar opciones de conexión con otras personas afines y solidarias que, aunque no estén cerca físicamente, sí lo están de corazón. 

El confinamiento nos está mostrando con lupa nuestra vida emocional, nuestro nivel de solidaridad y nuestras redes de apoyo.  No me refiero a las redes sociales sino a las redes humanas de interacción, con las cuales contamos. Las redes de apoyo se construyen a lo largo del tiempo y dependen en gran medida de cómo seamos con los demás y de nuestro nivel de solidaridad.  Esta es una oportunidad para agradecer nuestra red de apoyo o en caso contrario si nos encontramos que nuestra red de apoyo es débil o inexistente, podemos comenzar a ampliar nuestra visión y ayudar a otros, aunque sea a distancia, por Internet.  Si sabemos, por ejemplo, que un vecino tiene algún problema o se siente solo, podemos contactarlo y apoyarlo preguntando cómo se siente y dedicando nuestro tiempo a escucharlo y mejorar de alguna manera su bienestar emocional.  Es importante si hacemos esto, que sea sin de manera desinteresada.  Como dice el Dalai Lama, una de las claves de la felicidad consiste en “tratar de servir en algo a los demás”. Si puedes ayudar a los demás, “sin importar la situación del entorno, podrás conservar la confianza en ti mismo y tu felicidad”.  Así que, aunque el confinamiento nos plantee situaciones emocionales difíciles, también nos está mostrando oportunidades para ampliar y profundizar nuestra conexión emocional desde el corazón.


Renuncia, Esfuerzo y Transformación

No cuentes el tiempo sino tus transformaciones.”  Alejandro Jodorowsky

 Leonor Andrade Castillo

A medida que pasan los meses y seguimos viviendo en pandemia, cada día es más visible lo que ya no tenemos.  

En algunos casos ya podemos ver lo nuevo que ha surgido en nuestra vida y en otros aún sentimos el vacío por lo que hemos perdido sin poder visualizar lo que está por venir. 

Han sido meses de pérdidas y también de renuncias.  Y no me refiero sólo a pérdidas por fallecimiento de seres queridos sino a pérdida de empleo, quiebra de negocios, cambio en la naturaleza del trabajo que hacemos, cambio de ramo de negocios, cambio en la forma en la que nos relacionamos con los demás, cambio en las relaciones de pareja, cambio en la manera de aprender y de asistir a clases, cambio en la forma en la que nos comunicamos, cambio en la forma en la que nos vemos y nos relacionamos con nosotros mismos, cambio en nuestros gustos y hobbies, cambio en la manera de hacer ejercicios, cambio en la forma de relacionarnos con nuestros vecinos y muchos más que en este momento no me vienen a la mente, pero que seguramente tú podrás añadir por tu propia experiencia.

Hace unos meses, el 31 de diciembre para ser exactos, una persona cercana me decía que lo que quería para el 2021 era que “el 2021 nos devuelva todo lo que el 2020 nos quitó.”  Hace pocos días conversaba con una amiga muy querida y ella también me decía que había tenido muchas pérdidas y agregaba: “Esto es igual que una guerra mundial pero sin disparar un solo tiro.  La recesión, el desempleo, las ayudas prometidas que nunca llegaron, un sinfín de cosas (…) Todos los esquemas han cambiado.”  

Efectivamente, como comenta mi amiga, todos los esquemas han cambiado.  

Y me pregunto: 

  • ¿Son sólo los esquemas los que han cambiado, o también hemos cambiado como personas?   
  • ¿Eres el mismo o la misma que eras hace un año, antes de la pandemia, incluso eres el mismo de hace dos meses, un mes, una semana, ayer?  
  • ¿Sientes igual?  ¿Reaccionas igual?  
  • ¿Resuelves las situaciones que se te presentan de la misma manera?  
  • ¿Te relacionas contigo mismo y con los demás de la misma manera? 

Si la respuesta a la mayoría de estas preguntas es No, entonces como dice Alicia en el cuento Alicia en el País de las Maravillas, de Lewis Carrol, “No sirve de nada volver a ayer, porque entonces eras una persona diferente.”  

La transformación no es un acto de una sola vez.  La transformación es un proceso. Cada uno tiene su ritmo y esto es muy importante y lo que vivimos en el proceso, incluso el dolor y la pérdida, el esfuerzo, nos fortalecen y nos preparan para la nueva etapa que estamos por vivir, nos preparan para asumir los cambios en nuestro negocio o en nuestro empleo, nos preparan para relacionarnos con los demás de forma distinta desde este nuevo ser en el que nos estamos convirtiendo. 

Pasará un tiempo en el que parecerá que no pasa nada, que nada ha cambiado.  Estamos como la oruga/mariposa en la crisálida:  sufriendo una metamorfosis y cuando llega el momento de salir y afrontar el mundo, necesitamos hacerlo solos.  Como bien dice Jorge Bucay en una entrevista: “Las mariposas necesitan de ese terrible esfuerzo que les significa romper su prisión para poder vivir, porque durante esos instantes, (…) el corazón late con muchísima fuerza y la presión que se genera en su primitivo árbol circulatorio inyecta la sangre en las alas, que así se expanden y la capacitan para volar.”

Estamos en pleno proceso de transformación, y para ello es necesario estar dispuesto a renunciar a lo que hemos sido hasta ahora para, con nuestro esfuerzo, convertirnos en mariposa. Como dice la autora norteamericana Trina Paulus: Debes querer volar tanto que estés dispuesto a renunciar a ser una oruga.”

11 de Abril 2021


La Despedida en Tiempos de Pandemia

Leonor Andrade Castillo/ +584146387298

En esta situación que estamos viviendo con la pandemia, y en especial en este momento que estamos pasando por un repunte de casos bastante notorio, sin que se pueda ver en el corto plazo una vacunación masiva que frene los contagios y proteja a la población, la muerte y la despedida de personas cercanas, ya sean familiares o amigos, por Covid-19, se ha convertido en una situación muy difícil de manejar debido a los protocolos de bioseguridad tanto en hospitales, clínicas, funerarias y cementerios.   

¿Cómo podemos manejar la muerte de un ser querido por Covid-19? 

Ante la noticia de que un ser querido tiene Covid-19 se nos prenden las alarmas, no solamente por lo que pueda ocurrirle sino por nuestro propio riesgo al contagio si hemos tenido contacto con él. En muchos casos la enfermedad evoluciona y la persona la supera.  En aquellos casos en los cuales nuestro ser querido se complica, podemos estar a la disposición para apoyar y buscar medicamentos o lo que se requiera para su mejoramiento.  Esto ayudará a tu ser querido y a ti también ya que independientemente del resultado final, habrás contribuido de una manera positiva con tu ser querido y te sentirás tranquilo contigo mismo.  Si se nos informa que es posible que fallezca, es importante mantener la calma para poder manejar el proceso emocional de ambos de la mejor manera posible.  

Si nuestro familiar o amigo está en una institución sanitaria, es probable, por los protocolos de bioseguridad, que no tengamos acceso a la persona antes de su fallecimiento para poder despedirnos de manera presencial, y de esa manera contribuir a que se vaya en paz y nosotros también podamos hacer un cierre que nos ayude con el proceso de duelo.   En algunos casos los médicos de la unidad de terapia intensiva correspondiente, le facilitan al enfermo la posibilidad de poder despedirse de sus personas queridas más cercanas mediante video-llamada.  En caso de que ello no sea posible podemos prepararnos para despedirnos de otra forma. 

Es importante tomarnos un tiempo en silencio para contactar con nuestras emociones, con lo que sentimos por nuestro ser querido. En caso de que nos sintamos culpables o sentimos algún rencor hacia nuestro ser querido, identificar qué nos hace sentir así y si estamos en la disposición de pedir perdón a nuestro ser querido.  Es importante, estar claro que el perdón es un proceso que puede llevarse un tiempo y que éste será un primer paso que contribuirá a dar paso a un sentimiento de paz para nuestro ser querido y también para nosotros.   Podemos escribirle una carta a esa persona, en la cual le expresamos cuánto la amamos, lo importante que ha sido en nuestra vida y también le podemos expresar que se puede ir en paz, que todo va a estar bien.   Esta carta la podemos entregar al personal de la unidad de terapia intensiva por escrito para que se la lean a nuestro ser querido o la podemos grabar para que la escuche.  Podemos ver fotos de nuestro ser querido y contactar con los momentos que compartimos juntos y despedirnos a medida que vamos viendo las fotosPodemos orar por nuestro ser querido, de acuerdo con nuestra correspondiente creencia religiosa.   Esto lo podemos hacer de manera individual o en grupo si estamos acompañados en familia en ese momento.  En el caso de que estén físicamente distantes, pueden orar juntos a distancia, haciendo uso de la tecnología.  Si no tienes familiares con los cuales puedas compartir esta experiencia, lo puedes hacer con algún amigo o con algún grupo de apoyo espiritual.  

Una vez pasada la situación inicial, es importante que te apoyes con tus familiares y amigos para el manejo del duelo, ya sea presencialmente porque vivan juntos o mediante la tecnología si están distantes.   Y si sientes que requieres apoyo profesional, puedes acudir a un especialista que te acompañe en tu proceso.

Como expresa el psicólogo especialista en duelos, Robert Niemeyer “Aunque todos debemos intentar encontrar sentido a nuestras pérdidas y a la vida que llevamos después de sufrirlas, no hay ningún motivo para que tengamos que hacerlo de manera heroica, sin el apoyo, los consejos y las ayudas concretas de los demás”.



Observa tus emociones para que las puedas transformar

Leonor Andrade Castillo

El viernes se produjo un evento que disparó mi emoción.  

Llegué a casa, luego de mi periplo de ir al automercado y la farmacia.  Había sentido mucha tensión en la calle y por un rato estuve incomunicada.  Apenas llegué a casa, a eso de las 3:30pm mi teléfono explotó en noticias y en comentarios por las redes.  Comencé a mirar y una noticia por las distintas redes capturó mi atención: Violencia en el túnel El Paraíso, en la Redoma de la India en la entrada hacia la Cota 905, en la Av. Páez.  Veo un video en la entrada del Túnel El Paraíso en el que atacan a un motorizado y le quitan la moto y lo apuntan con un arma larga y éste dice: Soy médico. Te lo juro, te lo juro…. Mi primera reacción fue de miedo, de impotencia, de necesidad de contactar a la cuidadora de mi mamá para saber si estaban bien ya que están en Montalbán, y alertarla a ella ya que su familia vive en La Vega para que se mantuvieran a buen resguardo.   

Una vez segura que todo estaba “bien” con mi mamá, me tomé un tiempo, tranquila, para identificar lo que estaba sintiendo.  

Comencé a inhalar y exhalar, lentamente, para conectarme conmigo misma. Lo primero que observé fue la sensación de pesadez en mi pecho, en el corazón y en general una lentitud en todo mi cuerpo. Me di cuenta al cabo de un rato observando mis sensaciones, que tenía ganas de llorar.  Dejé que mis lágrimas salieran aún sin saber cuál era la emoción que las estaba provocando.  Comencé a llorar de una forma suave, las lágrimas corrían por mis cachetes y de pronto sentí una explosión de sentimiento y comencé a llorar como cuando era niña, con lamentos y expresiones con mi voz…. Aaaaaaaaaay.  Entonces me di cuenta: es tristeza. Seguí llorando unos minutos, consciente ahora de mi tristeza.  Me quedé conmigo misma.  Observando cómo poco a poco iba disminuyendo la intensidad de mi emoción, aunque no había desaparecido.  Sentí el deseo de expresar lo que estaba sintiendo y tomé un cuaderno y escribí…  “El silencio me aturde y me rodea. Los disparos de mi soledad están a la vuelta de la esquina, mientras la tanqueta entra en un túnel que pareciera El Paraíso, sin salida. Prendo la vela de mi corazón y procuro iluminar el camino por momentos ciego y me rindo. Ruego a Dios por mí, por los míos que son todos, por mi país y sigo en el fogón de cada fin de semana. ¿Será que me alcance la vida para verte en paz, Venezuela?”  

No me quedaba nada más por decir.  Lo leí.  Comencé a llorar de nuevo. Pude identificar qué era lo que me estaba haciendo sentir triste: que tal vez no logre ver a Venezuela libre y en paz de nuevo.  Darme cuenta de esto me permitió observar de nuevo, sin el velo de la tristeza.  Leí distintas noticias, como la de las negociaciones para que entren vacunas al país… Esto me conectó con una sensación de alivio y con la conciencia de que hay una puerta que se está abriendo en pro del bienestar de nuestro país, más allá de las confrontaciones.  Cambió la imagen que veía frente a mis ojos de un país cada vez más destruido por una imagen en la que lentamente la gente va saliendo de sus casas a trabajar y los niños van al colegio.  Agradecí que mi mamá estuviera bien y me vi visitando y cuidando a mi mamá con libertad y tranquilidad. Llamé de nuevo a Teresa y ésta me confirmó que su familia estaba bien, y eso me llevó a cambiar la imagen y lograr imaginarme a Teresa viviendo en su propia casa con sus hijos.  Y pude pensar con claridad en cuanto a mi ida al ancianato el domingo: en lugar de irme por los túneles y arriesgarme sin necesidad y hacer la ruta desde el miedo, me iré por otra ruta para llegar al ancianato calmada y poder atender a mi mamá en paz. 

Como dice el Dalai Lama:  

“No Ignores la tristeza

Ábrele espacio para que respire.

La tristeza es un hueco en el amor.

Una fuga transitoria de energía.

Un camino hacia uno mismo.

La revisión profunda de algún espacio roto.

No ignores la tristeza.

Pues toda emoción es necesaria y conveniente.”


Como decía Charlie Chaplin: “Más que inteligencia, necesitamos amabilidad y gentileza.”


Ser Compasivo en el Contexto de la Pandemia por el Covid-19 

Leonor Andrade Castillo

Es innegable la complejidad y dificultad que estamos viviendo a nivel mundial como consecuencia de la pandemia por el Covid-19.  Y también es innegable que, en nuestro país, Venezuela, la situación es aún más grave porque estamos viviendo una situación de crisis económica, alimentaria, política, social e incluso espiritual, previa a la pandemia.  El Covid-19 y en el caso nuestro, la crisis generalizada, nos brinda la oportunidad de observarnos a nosotros mismos, a nivel individual y luego como colectividad. Es indispensable para que se produzca un cambio a nivel colectivo, que primero se dé a nivel individual.  En este contexto, a nivel individual y por extensión a nivel colectivo en las comunidades, tenemos la oportunidad de decidir si deseamos ser compasivos o no.

Cambiar implica una decisión.  Soy yo el que decido si quiero cambiar, si estoy dispuesto a asumir el compromiso de cambiar, con todos los beneficios y, también con todo esfuerzo que pueda requerir.  Y en esta decisión es importante no perder de vista, como lo repite el Dalai Lama, que “el problema humano básico es la falta de compasión. Mientras este problema subsista, subsistirán los demás problemas. Si se resuelve, podemos esperar días más felices.”

Imposición o Decisión: Depende de Mí

Partiendo de aquí quisiera referirme a la diferencia que existe entre asumir una acción como una obligación y asumirla como una decisión personal en pro de mi bienestar y el de los que me rodean.

Tomemos como ejemplo el uso de la mascarilla y el distanciamiento social.  Si lo asumo como una obligación, seguramente me voy a sentir molesta, rabiosa, de mal humor, no solamente por la incomodidad que acarrea el uso de la mascarilla y el malestar que produce la disminución o ausencia de contacto social, sino también por la sensación de falta de libertad.  No obstante, si esta misma acción de usar la mascarilla, la asumo como una decisión personal en la cual me estoy cuidando primero yo a nivel individual y por extensión a mis familiares, amigos, vecinos y todos aquéllos con los cuales me relaciono, la sensación es completamente diferente porque está fundamentada en el deseo de bienestar propio y por los demás.   Esto sería un ejemplo de compasión por mí y por los demás.

Y te puedes estar preguntando cómo el uso de la mascarilla puede considerarse un acto de compasión.  Quizá aquí toca detenernos a mirar qué es y qué no es la compasión, porque con mucha frecuencia confundimos la compasión con la empatía y con la lástima.

Lástima, Empatía y Compasión

La lástima implica mirar el sufrimiento del otro sin tomar ninguna acción y además implica asumir una posición en la cual miramos al otro desde una posición en la que nos sentimos superiores. Desde la lástima estoy mirando al otro asumiendo que no puede.  También necesitamos hacer una diferenciación entre la empatía y la compasión.  Cuando somos empáticos nos ponemos en el lugar del otro, sentimos su sufrimiento como si fuera nuestro, sin superioridad, pero nos quedamos en el sentir, en la identificación sin tomar acción. En la compasión, en cambio, observamos y sentimos el sufrimiento de la otra persona de igual a igual y tomamos una acción en pro de su bienestar sin esperar nada a cambio.  

Por ejemplo, si llegas a un sitio público y observas una persona sin mascarilla a la que no se permite el acceso, puedes tomar el camino de la lástima y pensar: “pobrecita o pobrecito” y seguir tu camino. También puedes ponerte en su lugar y sentir su impotencia, imaginarte que pudieras ser tú (ser empática). Pudieras tomar un paso adicional y preguntarte qué acción quieres tomar (ser compasiva) para aliviar su sufrimiento.  Pudieras preguntarle qué le sucede, tomando las medidas de distanciamiento social requeridas con tu mascarilla puesta.  Esta acción de acercamiento puede por sí misma servir de apoyo a esta persona y puede servirte a ti como información adicional que te permita tomar una decisión en cuanto a si deseas tomar una acción adicional como por ejemplo ofrecerle una mascarilla que le permita acceder al sitio público.  Si la persona acepta, porque también pudiera decir que no, le das la mascarilla, te despides y sigues con tu día, consciente de tu decisión de actuar en pro del bienestar del otro sin esperar nada a cambio.

Si bien todos podemos ser compasivos, no todos asumimos esta decisión.  Y aquí quisiera detenerme de nuevo en relación a la empatía y los límites en cuanto a la forma de asumir el sufrimiento del otro. Si yo por ejemplo observo cómo la otra persona está sufriendo y me dejo invadir todo mi ser por este sufrimiento, voy a estar tan inmersa en la emoción de sufrimiento que me puedo llegar a sentir abrumada y no voy a poder tomar ninguna acción. 

Por ello, es necesario estar claro en que en la identificación con el otro necesito poner un límite en cuanto al sentimiento de sufrimiento, de manera que la intensidad de la sensación no constituya un obstáculo para la acción compasiva.  La compasión entonces la podemos definir como un sentimiento que surge cuando una persona se da cuenta del sufrimiento de otra persona, siente empatía por esa persona, y toma acciones para aliviar ese sufrimiento, desde la gentileza y sin esperar nada a cambio. 

En resumen, podríamos decir que la compasión implica cuatro pasos1.- Estar abiertos a observar el sufrimiento propio y ajeno. 2.- Observar sin juicio. 3.- Sentir la emoción del otro en toda su plenitud.   4.- Tomar acción.

Aprender a Ser Compasivo

La compasión se puede aprender y desarrollar.  Hay una herramienta que en lo particular me ha resultado muy útil para aprender a ser compasiva desde la práctica. Puedes comenzar por observar acciones compasivas que toman otras personas a tu alrededor.  Luego puedes comenzar a tomar una acción compasiva amorosa a la semana y anotarla.  Todos los días por la noche puedes preguntarte si tomaste alguna acción compasiva y en caso de ser positiva la respuesta la vas a anotar en dos o tres párrafos la acción que tomaste y porqué consideras que es una expresión de amor compasivo.  

Puedes llevar un diario de acciones compasivas o puedes anotar cada acción compasiva en un papel y tener un frasco de compasión, que vayas alimentando con todos los papeles de acciones compasivas que vayas tomando y anotando.  

A medida que vayas practicando puedes ir aumentando la frecuencia de tus acciones compasivas de una a la semana a dos a la semana, tres a la semana hasta llegar a hacer una diaria y luego dos diarias hasta que se convierta en tu forma de vivir, que contribuya desde tu propia acción, a hacer de tu comunidad una comunidad compasiva y de esa manera convertirte, como decía Gandhi en el cambio que deseas ver en el mundo. 


En Camino hacia Nosotros

Leonor Andrade Castillo

– ¿Cómo le fue Sra. Teresa?  

– Nada bien Sra. Leonor.  

– ¿Y cómo es eso? 

– Me dijeron que si no hago vida en el refugio me van a desalojar.  Les expliqué que no puedo hacer vida allí porque por la pandemia, en el ancianato donde trabajo me exigen pernoctar.  Ante eso me dijo que en el ancianato tenía techo por lo que no necesitaba el cubículo en el refugio.  Insistí señora Leonor y le decía que esa no era mi casa y que en cuanto terminara la pandemia volvería a mi rutina de salir todos los días en la tarde para mi casa y si le quitan el refugio no tendría a dónde ir.  No puedo dejar mi trabajo.  ¿Cómo le doy de comer a mis hijos?

La respuesta de la funcionaria fue: “¡Ah!  ¿Entonces usted le está dando más importancia a su trabajo que a la posibilidad de tener una vivienda?” 

-Me dijeron que llevarán mi caso al director y si dice que no puedo seguir allí, me sacarán con los pocos corotos que tengo.  Señora Leonor no sé qué hacer.  ¿A dónde voy a ir?  ¿Señora Leonor a dónde voy a ir?   Yo no tengo nada.  No tengo a dónde ir.   

La escucho. Siento sus lágrimas luchando por salir en su voz.  Siento su carga de angustia. Es una mujer fuerte.  De las más fuertes que he conocido en mi vida.  Y me repite una y otra vez:  Yo no tengo dónde ir.  Yo no tengo nada.  Señora Leonor no puedo hacer nada.  No tengo nada.  Sigo acompañándola y escuchando sin decir palabra.  Siento un río de miedo y lamento saliendo por su voz en una repetición de impotencia. Luego de un rato, le digo: “Teresa usted es una mujer fuerte.  Una mujer que ha vivido situaciones difíciles y ha salido airosa, una mujer que tiene un año aquí conmigo en toda esta pandemia, en el ancianato cuidando a mi mamá y hemos entre las dos, cada una en lo suyo, superado un montón de situaciones y hemos salido airosas.”   Escuchaba su voz del otro lado del teléfono como murmurando y se decía a sí misma: Es cierto.  Soy fuerte.  Es cierto.  Sí puedo. 

Continúo: “Estamos vivas, los nuestros están vivos, tiene una actividad laboral que le da el sustento, tiene una familia y se apoyan.”  Cuando dije familia, Teresa pensativa me dice: “Señora Leonor, hay una señora que es familia de mi hermana la que está en Ecuador.  Ella dejó su casa vacía por aquí cerca de donde vive mi hijo y me han propuesto varias veces que me mude para allá sin pagar y a cambio le cuide la casa.  Yo no he querido hacerlo porque señora Leonor yo tengo mi dignidad.  

¿Dignidad?  ¿Cómo es eso Teresa? 

¿Cómo voy a vivir en una casa sin pagar nada?

En cuestión de segundos me vino mi historia y la de tantos otros amigos que están viviendo en casa de otros amigos cuidándole la casa para no perderla.  Comparto con ella las historias de mis amigos que ante una situación de emergencia en algunos casos han acudido a amigos que se han ido y les han propuesto vivir en su casa sin pagar alquiler a cambio de cuidarla. Compartí con ella que vivo una situación similar. La dueña de la casa en la que vivo desde hace 24 años, me propuso seguir viviendo aquí sin pagar alquiler y a cambio cuidarle la casa.  Le pregunto a Teresa: “¿Le parece que el dueño de la casa no tiene dignidad teniendo que pedir ayuda para no perder su casa?”

Su respuesta fue: “Voy a llamar a mi hijo para que llame a mi hermana.  Y continuó: ¿Se acuerda señora Leonor que hace más de un año me anoté en una lista para unos edificios que van a construir en unos terrenos por aquí cerca?  Sí le digo.  Bueno esta semana nos dijeron que ya están comenzando los trabajos de movimiento de tierra… Podría vivir en esa casa mientras sale lo de este apartamento.  Tengo esta opción.  Me siento mucho mejor.”

Otra Historia o tal vez la Misma

Son Bs56.784.860… Mi mente se apaga y no logro entender nada.  Siento una presión en el pecho y sólo escucho un ruido, sin lograr captar lo que me está diciendo la muchacha.  Atisbo a decir: “¿Cómo?  ¿De 16.800.000 por 5 meses pasaron a 56 millones?”   

No, me responde.  Son 56.140.860 por un mes del alquiler de la cama clínica. 

¿Cómo?  Me quedo en blanco. No comprendo.  Los números no me cuadran.  Siento una presión en el pecho que se amuñuña en la garganta. Las palabras no me salen y siento las lágrimas agolpadas en el borde del corazón. Me quedo allí de pie y me sostengo con una mano del escritorio como para no caer.  Repito una y otra vez:  No puede ser.  No puede ser.  ¿Será que te equivocaste en la cuenta?  

Señora lo siento, pero no hay nada que pueda hacer.  Esa es la cifra por un mes de alquiler de la cama clínica.

Sólo tengo 45 millones en este momento.  Eso no alcanza ni para un mes. ¿Cómo pasaron de 2.800.000 al mes a 56 millones?

Sigo allí, dándome cuenta de mi impotencia, como la de Teresa el día anterior.  Pienso: “No puedo dejar a mi mamá sin cama clínica”.  La muchacha me pregunta si cancela la factura.  No atisbo a responder.  Me doy cuenta en medio de mi parálisis que allí en ese momento no hay mucho que pueda hacer.  Me sentí, como pocas veces en mi vida, desvalida.  

La muchacha, como para ayudarme, me dice que procure pagar ese día porque el lunes amanecerá una nueva tarifa.  Decido marcharme.  Me monto en el carro y a la vuelta de una cuadra me doy cuenta que necesito preguntar el monto en divisas.  Me devuelvo.  Pregunto el monto en divisas: 30$ el mes. Voy a mi carro y me quedó allí sentada respirando, consciente de mi sensación de impotencia y al mismo tiempo desde algún rincón de mi ser, buscando opciones.  Poco a poco voy recuperando la calma. Miro la hora.  Son las 2:48 de la tarde. Tengo tiempo para resolver.  Llego a casa y comienzo a sacar cuentas.  Me doy cuenta que mi mejor opción es pagar una parte en bs con lo que tengo y el resto en divisas.  Me voy de vuelta. Resuelvo. Aunque mi corazón está tranquilo sigo con una sensación de dolor.  

En la noche comparto con mi tío mi experiencia. Lloro las lágrimas que tenía amuñuñadas en la garganta desde la tarde.  Después de escucharme, me dice: Lo peor es que esto le está pasando a millones de personas y no nos damos cuenta. Aún no somos un nosotros

Estuvimos hablando un largo rato, al igual que el día anterior Teresa y yo.  Aunque tiene razón en que aún no somos un nosotros como un ser indivisible y único que nos permita encontrar la manera de salir juntos de esta mega crisis, sí somos ya un nosotroscuando nos acompañamos los unos a los otros, sí somos ya un nosotros cuando compartimos nuestra emoción, si somos ya un nosotros cuando nos escuchamos y logramos reconocernos en el otro y encontrar puntos comunes en nuestros panoramas individuales, y cuando nos apoyamos para visualizar opciones y desde esos nosotros seguiremos adelante en el camino del nacimiento de un nosotros como ser indivisible y único, indispensable para construir un país compasivo.


Confinamiento, Decisión y Libertad

Leonor Andrade Castillo

Me siento por momentos ansiosa.  Presa entre cuatro paredes del ancianato donde vive mi mamá y en el que permanezco varios días de la semana para cuidarla. En esos momentos me asaltan las ganas de salir, irme de tiendas, aunque no tenga nada qué comprar y conversar de cerquita con el vendedor. Siento ganas de visitar a todos mis amigos en un solo día y comer juntos y ponernos al día y sentir su cercanía, sus voces, su calor.  Me dan ganas de ir corriendo a mi consultorio y hacer sesiones a puertas abiertas con todo aquel que en este último año me ha insistido que quiere que hagamos sesiones presenciales.  Estoy consciente de que cuando esto sucede en realidad me siento presa no tanto del Covid-19 como de la represión, de los mandatos, de las limitaciones de movimiento, de sentir que no puedo hacer lo que quiero. 

Para mí la libertad ha sido un tema desde que me acuerdo.  Era niña, realmente pequeña y cuando mi mamá me ponía alguna restricción o me decía que no me daba permiso para hacer algo, yo siempre replicaba y preguntaba el por qué.  Recuerdo que mi mamá me inscribió en clases de ballet.  Tenía como 10 años.  Las clases eran una vez a la semana, en las tardes, en el colegio.  Yo no quería esas clases.  No me gustaba el ballet y por más que mi mamá alababa los beneficios del ballet yo sentía cada vez más rechazo.  Llegó el día y fui a mi primera clase y luego a la segunda y la tercera y no me gustaban.  Un día, en lugar de irme a la clase de ballet decidí irme caminando hasta el parque y descubrí que daban unas clases de tenis.  Me quedé esa tarde y disfruté un montón. A la semana siguiente decidí volver y así durante varias semanas y la verdad en ese rato se me olvidaba el tema de las clases de ballet, hasta que llegaba a la casa y mi mamá me preguntaba cómo me había ido.  Le mostraba vueltas y pasos que me inventaba al momento y así me mantuve hasta que del colegio llamaron a mi mamá para preguntarle qué pasaba que no había vuelto a las clases.  Ese día cuando llegué de la clase de tenis, mi mamá como de costumbre, me preguntó cómo me había ido en el ballet y yo, también como siempre, le mostré todo lo que había aprendido.  Ella me miró y me dijo: Has aprendido mucho considerando que no has ido más a las clases.  Se imaginarán mi cara de sorpresa: ¿Cómo que no he ido mami?  Ella sólo me miró y luego escuché, como en cámara lenta, que habían llamado del colegio para decir que no había vuelto a las clases.  ¿Dónde has estado todo este tiempo?  ¿Tienes conciencia del peligro?   Le conté lo que había estado haciendo y le repetí que no quería ir a clases de ballet y que había decidido irme a las clases de tenis porque no me había querido escuchar.  Hablamos y quedamos en que ella iría conmigo al parque a ver cómo eran las clases y que hablaría con el profesor de tenis y que no volvería a las clases de ballet.   Continué con las clases de tenis, esta vez sin hacerlo a escondidas. 

Rescato de esta historia que ante una situación que no me agradaba tomé una decisión.  Las clases de ballet seguían allí, pero ante lo que sentí como una imposición tomé la decisión de buscar otra opción que si me gustara.   

Decisión. Esa es la palabra clave aquí.  Qué es lo que decido ante lo que se me está presentando en el entorno.  Qué decido frente a las restricciones.  Y ojo que no decidir nada también es una decisión.  Frente a las restricciones, sean las que sean, al final, tengo la potestad de decidir cómo manejarlas y cómo manejarme.  Y es que entonces estamos hablando de dos dimensiones de la libertad: la libertad externa y la libertad interior.  

Si yo por ejemplo me lleno de ira, de miedo frente a las restricciones, no voy a poder decidir libremente, no por lo que esté sucediendo fuera sino por mi ira y mi miedo.  Tengo la opción de mirar mi ira, darme cuenta de ella, sentirla, identificar qué es lo que me da ira o qué es lo que me da miedo, cómo se manifiestan, qué cosas me dicen en mi pensamiento, cómo los siento en el cuerpo… al observarlos, al darme cuenta de cómo son, puedo decidir cómo manejarlos para luego, libre ya de ellos, poder mirar hacia afuera, identificar qué es lo que realmente quiero y cómo puedo hacer para lograrlo, tomando en cuenta la situación de mi entorno, y consciente de las consecuencias que puedan tener mis decisiones. Thich Nhat Hanh plantea que la manera de manejar nuestra ira o nuestro miedo es mediante la respiración consciente, mediante la meditación (mindfulness).

Al final la libertad y la responsabilidad van de la mano y en último término sean cuales sean las circunstancias, siempre tenemos la opción de elegir cómo queremos asumir la situación, elegir la actitud con la cual vivir el confinamiento. 

Viktor Frankl, psiquiatra que vivió confinado en un campo de concentración, se refiere a la libertad interior y nos dice que “al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades -la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino- para decidir su propio camino.”  

En cada decisión de ese nuestro propio camino vamos descubriendo el sentido de nuestra vida que entonces va dándole fuerza a cada paso y nos va conectando con una visión interna y espiritual que va mucho más allá de lo que vemos en lo inmediato, nos conecta con el amor.  “Entonces percibí en toda su hondura el significado del mayor secreto que la poesía, el pensamiento y las creencias humanas intentan comunicarnos: la salvación del hombre sólo es posible en el amor y a través del amor. Intuí cómo un hombre, despojado de todo, puede saborear la felicidad sin contempla el rostro de su ser querido”.   Esto me conecta con lo difícil que ha sido para todos aquéllos (parejas, padres e hijos, abuelo y nietos, amigos) que por las restricciones de movimiento por el Covid-19 tienen ya un año lejos físicamente… Frankl nos dice: “Que esté o no presente esa persona, que continúe viva o no, de algún modo pierde su importancia. Ignoraba si mi mujer vivía y carecía de medios para averiguarlo (…). No sentía ninguna necesidad de comprobarlo: nada podía afectar la fuerza de mi amor, de mis pensamientos o la mirada amorosa de su figura espiritualizada.”  

Siempre tenemos la opción de elegir.  Elegir si queremos seguir mirando hacia afuera dejándonos llevar por lo que otros decidan o decidir mirarme, observar mis emociones para poder sentirlas y manejarlas de manera consciente y poder decidir y descubrir una dimensión más profunda de mi vida, de la cual soy el único dueño. 

21 de Febrero 2021


De Mí Para Mí

Leonor Andrade Castillo

Hoy es Día de los Enamorados, en pleno Carnaval y estoy escribiendo estas líneas.  Nunca he sido una fanática de este día.  No voy a entrar en el tema de que se haya convertido en una celebración en alto grado comercial por lo trillado del asunto, y además porque en este momento, después de un año de pandemia del Covid-19, hasta el hecho comercial cambia de dimensión ya que, como todos, los comerciantes también han sentido el latigazo económico y desde esa perspectiva, siendo compasivos, pues que Viva el Día de los Enamorados.

Seguramente compartiste este Día de alguna manera con tu pareja, que es la más común de las celebraciones, o tal vez le enviaste algún mensaje a un amigo o amiga, lo compartiste con tus hijos y es probable que te hayan hecho alguna tarjeta.  

Aquí en nuestro país, Venezuela, este año el Día de San Valentín coincidió con el Carnaval y es probable que algunos hayan aprovechado que se decretó “flexibilización de la cuarentena” y salieron para compartir en familia en playas y otros sitios.  

Ha sido un año retador desde todo punto de vista para todos, en todas partes del mundo: económica, emocional, espiritual y  físicamente. 

La vida ha cobrado una nueva dimensión y nos está ofreciendo la oportunidad de mirarnos, de descubrirnos y de encontrar una forma diferente de asumirla, no solamente desde el punto de vista laboral: la mayoría de nosotros estamos trabajando en línea, otros han tenido que reinventar su negocio o empezar a trabajar en otra cosa distinta a lo que hacían antes de la pandemia, sino también a nivel emocional ya que nos ha tocado encontrar las maneras de conectarnos con nuestros seres queridos, no solamente con los que están lejos sino también con los que en estos meses hemos estado compartiendo 24/7, que nos ha mostrado cómo aun cuando vivíamos en la misma casa quizá estábamos más desconectados que con aquéllos que están lejos. Descubrimos la relatividad de la distancia y la cercanía. Espiritualmente tenemos la oportunidad de conectarnos con nuestro corazón y desde allí con el corazón de otros. 

Estoy escribiendo y tomo conciencia de que estoy viva.  Siento ganas de abrazarme, de agradecerme y me escribo esta carta: 

“Querida Leonor: 

Este último año realmente te has aplicado, has asumido todos los retos que se te han presentado a raíz del Covid-19 y más…  

Te has convertido en una mujer flexible, capaz de adaptarte a lo que requiere la situación, te atreviste a mirar y reconocer tus resentimientos y tomaste la decisión de perdonar; has tomado conciencia de que el perdón es un proceso y te estás dando el tiempo y el espacio para hacerlo, no solamente hacia otros sino hacia ti misma.  

Estás aprendiendo a ser compasiva contigo:  Te estás dando tiempo para ti, en medio de las exigencias que tiene el cuidado de tu mamá y la atención de la consulta de psicoterapia.   Te has dado el tiempo para meditar cantando mantras todos los días y en ese proceso te abriste a ser parte de una sangha global y te has abierto a dar y también recibir apoyo.  Comenzaste a aprender a tocar tambor, y ahora estás trabajando el movimiento de tu cuerpo, conectándote con el ritmo, sintiéndolo en tu cuerpo.    Te diste el tiempo para hacer el curso sobre el Amor Compasivo como Fuerza de Cambio Social y te cambió la visión: ahora estás aprendiendo a pedir lo que necesitas y también lo que quieres y a recibirlo. Estás aprendiendo a dejar el orgullo de lado y eso te ha hecho más flexible y comprensiva. Estás descubriendo que puedes mostrarte vulnerable y que está bien: no corres ningún riesgo y no eres débil por eso, al contrario.  Te estás asumiendo valiente, muy valiente; aunque te ha dado miedo, lo has mirado y has encontrado las maneras de “echar pá´lante”, te atreviste a cambiar los interruptores de luz del cuarto en el ancianato y las luces prenden y no te pasó nada: pudiste con todas tus fantasías catastróficas de que te podías quedar pegada o que iba a haber un cortocircuito y se iba a quemar toda la electricidad del ancianato.   Aprendiste nuevas formas de movilizar a tu mama para que sea más llevadero para ella y para ti también.   Has mejorado notoriamente tu voz al cantar y por ende ahora te atreves a decir tu verdad.  

Has aprendido a confiar en esa fuerza superior que todo lo mueve, Dios, que tiene una visión completa que no tienes y que me ha sostenido sana, viva todo este tiempo.  Definitivamente has mejorado tu conexión con Dios y eso te ha dado una tranquilidad como nunca la había sentido antes.  Esta conexión con el mayor de los amores te está enseñando a amarte a ti misma para poder amar a los demás.  

Así que querida Leonor te amo, te doy las gracias y celebro contigo tu Día de los Enamorados.  Leonor.”

Si lo deseas puedes hacerte este regalo y escribirte una carta a ti mismo.  ¿Cómo?  Busca un lugar tranquilo en el que puedas dedicarte un tiempo para conectarte contigo.  Escribe la carta como si fuera para tu mejor amigo. Ve identificando lo que quieras decirte y agradecerte. Recuerda tu primer amor eres tú y para poder estar disponible para amar a otros, primero quieres amarte tú.

14 de Febrero, 2021


Cómo Manejar la Ansiedad en Tiempos de Cuarentena Preventiva por Covid-19

Leonor Andrade Castillo

El aislamiento y la dificultad para tener contacto con nuestros seres queridos, haber perdido el empleo o la fuente de sustento económico o el temor a perderlo, el miedo a contraer el Covid-19, el fallecimiento de familiares, amigos y/o vecinos de la comunidad por Covid-19, y muchos otros factores estresantes pueden ocasionar que las personas presenten síntomas de ansiedad.  No obstante, es necesario tener presente que la pandemia es una oportunidad para mirarnos y darnos cuenta de lo que sentimos.  La pandemia y la cuarentena son un amplificador de lo que sentimos y de cómo asumimos las situaciones.  Está en cada uno si desea escuchar lo que se nos está presentando o si preferimos evadir el mensaje incluso amplificado.

Si bien las reacciones a eventos estresantes son una experiencia humana normal, las situaciones muy estresantes, como la actual pandemia de COVID-19, pueden ocasionar sentimientos de ansiedad, que pueden ser angustiantes e incluso incapacitantes.  

Cada persona experimenta la ansiedad de manera diferente. Algunas personas sienten ansiedad y describen síntomas principalmente físicos, como dificultad para respirar o el corazón acelerado, sudoración fría, manos frías, temblor y dificultades para concentrarse y dormir. Otras personas describen reacciones principalmente emocionales, como nerviosismo, preocupación, pensamientos catastróficos recurrentes o miedo. 

¿Cómo puedo manejar la ansiedad?

Algunos síntomas de la ansiedad, como la dificultad para respirar, pueden ser un disparador para que la ansiedad aumente ya que con el Covid-19 también tenemos dificultad para respirar.  Eso puede activar nuestros pensamientos catastróficos y aumentar nuestro miedo a haber sido contagiado.  

En este caso te sugiero un ejercicio de mindfulness centrado en la conciencia de la respiración, muy sencillo que aprendí del maestro Thich Nhat Hahn:  

Centra tu atención en tu respiración.  Al inhalar, di en tu mente: En este momento estoy inhalando.  Al exhalar, di en tu mente: En este momento estoy exhalando.  Esto lo repites una y otra vez por aproximadamente 5 minutos o el tiempo que sea necesario hasta que te sientas totalmente calmado.  En la medida que centras tu atención en tu respiración y te vas calmando, también va desapareciendo la dificultad para respirar. Este ejercicio es muy potente para conectar ambos cuerpo y mente ya que al ambos estar centrados en la misma actividad de respiración desaparecen los pensamientos de miedo y por ende la dificultad para respirar.  

Adicionalmente, en cuanto hayas terminado el ejercicio y te sientas calmado, le puedes decir a tu parte ansiosa, que le encantan los datos y la información: La dificultad para respirar por ansiedad desaparece con el ejercicio de relajación.  La dificultad para respirar por Covid-19 no desaparece con ejercicios de respiración por lo tanto te puedes quedar tranquila que estamos sanos. 

También puedes realizar otras actividades como por ejemplo pintar o colorear Mandalas, leer un buen libro, sembrar y cuidar tus matas, jugar con tu mascota, ver alguna película, escuchar música o danzar y mover el cuerpo.  Es una buena oportunidad para conectarte con aquellas actividades que te agradan.

Hay un ejercicio muy bueno que consiste en mover y sacudir el cuerpo. 

Puedes poner música que tenga un ritmo un poco rápido (no demasiado).  Ponerte de pie (si no puedes hacerlo de pie, también puedes hacer el ejercicio sentado o acostado), con las piernas separadas a la altura de los hombros y las rodillas levemente flexionadas, y sentir el ritmo de la música y sentir como tu cuerpo se va moviendo, vibrando, sacudiendo al ritmo de la música.  Siente cómo sube la energía por tus pies, tus piernas, tu cadera, tus brazos, tus manos, tus hombros, tu cabeza.  Sacude todo aquello que no te sirva.  Pueden ser miedos, rabias, tristezas.  Sacude tus manos y deja salir esas emociones que no te gustan y te cargan. Sé consciente de tu respiración.  Con tu respiración mientras te sacudes también puedes botar lo que te produzca desagrado… Al exhalar puedes hacer un sonido y liberar lo que no te sirva, aunque no sepas realmente qué es.  Si durante el ejercicio salen lágrimas o te provoca emitir sonidos o gritar, está bien.  Déjalo salir. En la medida que vayas sacudiendo y liberando y de acuerdo al ritmo de la canción, cuando vayas llegando al final de la canción, ve sacudiéndote más lentamente hasta que te detengas.  Mantente allí sintiendo cómo aún se mueve la energía en tu cuerpo. Mantente en silencio contigo mismo disfrutando tu liviandad y tranquilidad. Este ejercicio puede durar unos 5, 10 o 15 minutos.  

Procura mantener una rutina diaria: Levántate temprano.   Báñate y cámbiate de ropa.  No permanezcas en pijama.  Si estás trabajando desde casa, ponte un horario para trabajar.  Come tres veces al día a tus horas regulares. Haz ejercicio ya sea en tu propia casa o al aire libre debidamente protegido.  Si tienes hijos, organiza tu horario laboral de manera que puedas también compartir con tus hijos. 

Otra opción que nos ayuda a disminuir la ansiedad es mantenernos conectados con nuestros amigos, con nuestros familiares.  Procura hablar todos los días por teléfono o video llamada o mensajes de texto con amigos, familiares, o vecinos y otras personas con las cuales te sientas afín, como por ejemplo amigos de grupos de lectura, o grupos de apoyo o grupos de meditación o de pintura o música o cualquier otra actividad que disfrutes. En estos grupos puedes compartir tu sentir y también escuchar el sentir de otros y brindarles apoyo.  Ayudar a otros en la medida de tus posibilidades y conocimiento, como amigo, también ayuda a bajar los niveles de ansiedad y también ayuda a la otra persona.  

Si en algún momento sientes que la situación te sobrepasa, te sugiero que busques ayuda profesional.  La psicoterapia es una excelente opción para el manejo de la ansiedad.

31 de Enero 2021


El Perdón es un Proceso no un Evento de una Sola Vez

Leonor Andrade Castillo

¿Cuántas veces te has sentido atrapado en pensamientos recurrentes agotadores sobre el dolor que te causó una persona importante para ti?  ¿Cuántas veces una persona te ha herido y decides que está muerta para ti?   ¿Te ha pasado que un familiar o amigo cercano no estuvo para ti cuando más lo necesitabas y no lo puedes perdonar y cuando necesitan de ti, tampoco estás disponible para que viva en carne propia lo mismo que tú sufriste?   ¿Has querido vengarte o te has vengado de tu pareja, porque te fue infiel y te hirió en lo más profundo de tu corazón?    ¿No hablas con tu mamá o con tu papá porque no les puedes perdonar el daño que te hicieron?   

Un tema recurrente en nuestra vida es la dificultad para perdonar, ya sea a otra persona, a nosotros mismos o a algún ente mayor como un gobierno.  Por ello hoy quiero continuar reflexionando sobre el perdón, ya que la continuación de la cuarentena nos está dando la oportunidad de mirar hacia adentro y al tener menos interacciones sociales podemos darnos cuenta de lo que sentimos por nuestras diferentes relaciones, sean éstas de amistad o familiares, qué sentimos por nosotros mismos y si somos capaces de perdonarnos por algo que en algún momento hayamos hecho mal y haya herido a otra persona.

Según el maestro Thich Nhat Hahn, “no es posible perdonar hasta que nazca la compasión en nuestro corazón.  Aunque queramos perdonar, no podemos perdonar.  Para ser compasivos, tenemos que comprender por qué la otra persona te ha hecho eso a ti y a tu gente.  Tienes que ver que es víctima de su propia confusión, de su manera de ver el mundo, de su dolor, de su propia discriminación, de su falta de comprensión y compasión.”   

Es importante darnos cuenta de que la persona que nos hiere generalmente ha sido herida previamente:  El que hiere está herido.  Según el Dalai Lama es importante recordar que todos estamos interconectados, que somos parte de una gran red y somos espejos unos de otros y cuando se produce un cambio en uno de esos espejos, se refleja en todos los demás.

Perdonar no significa que vamos a eliminar los cargos.  Cuando perdonamos completamente todo y a todos entonces ya no necesitamos perdonar a nadie ni nada porque en lugar de juzgar comprendemos al otro y lo que lo motivó a hacer lo que hizo.  Según Donald En la mente de un maestro el entendimiento reemplaza al perdón y de esa manera nos convertimos en la fuente de amor incondicional. 

Yo he venido trabajando en el perdón desde hace varios años.   No me considero especialmente rencorosa pero sí tengo mi carga de rabia y dolor por cosas que otras personas me han hecho y me han herido.  A lo largo del tiempo he venido perdonando personas y eventos y también he ido aprendiendo a perdonarme a mí misma.  No obstante, hay algunos perdones que me han resultado especialmente duros y aún cuando he hecho esfuerzos considerables utilizando diferentes técnicas, están siendo un hueso duro de roer. 

Hace pocos días asistí a un entrenamiento sobre el perdón facilitado por Vishen Lakhiani en el que compartió un método que me ha parecido poderoso.  El método tiene como objetivo, no solamente que perdonemos, sino que el perdón nos sirva como trampolín para pasar al siguiente nivel de maestría y podemos comprender al otro y así no tener que perdonar. 

El método consiste en una meditación/visualización y consta de los siguientes pasos: Busca un lugar cómodo. Siéntate en una posición cómoda.  Cierra los ojos.  Imagina que te están masajeando la cabeza y te sientes relajado.  Amplia esa sensación hacia tus ojos.  Luego a tu cara en general que sentirás totalmente relajada.  A tu cuello.  Tu pecho.  Tus brazos y cada dedo de tus manos. Continúa ampliando tu sensación de relajación a todo tu cuerpo hasta llegar a tus pies.  

Una vez que te sientas todo tu cuerpo relajado: 1.- Identifica la persona o acto que vas a perdonar.  Visualiza a la persona en frente de ti.  Observa su expresión, la ropa que lleva, su postura, observa qué edad tiene.  Si te vas a perdonar a ti mismo, identifica qué edad tenías cuando cometiste la falta.  Esto es muy importante porque esa es otra versión de ti mismo, previa a quien eres hoy.  Así que identificarás la versión de la persona de X número de años.  .2.- Crea el espacio en el cual vas a conversar.  Escoge un lugar agradable, conocido y seguro para ti.  Puede ser una montaña, un parque, una playa, un parque, un jardín.  3.- Léele los cargos a la persona o a ti mismo, tal como si estuvieras en una Corte.  4.- Siente y deja salir la rabia y el dolor.  Durante 30 segundos a máximo 2 minutos, expresa tu rabia.  Puedes gritar y pegarle a un cojín para expresar tu rabia y tu dolor.  Puedes llorar.  Cuando se haya cumplido el tiempo debes parar.  5.- Piensa lo que has aprendido de ese evento.   Escribe 3 cosas que aprendiste de esta experiencia.  6.-Piensa acerca de cómo la otra persona pudiera haber sido herida en el pasado.  7.- Ve la situación desde su perspectiva, desde la visión de la herida que tiene.  8.- Perdonar para amar.  Imagina que la otra persona se está aproximando a ti y visualízate abrazándola con un abrazo fuerte.  Si no puedes abrazarlo es porque aún no has perdonado y deberás repetir el ejercicio de nuevo al día siguiente y el otro y el otro hasta que lo logres.   Puedes pedir la ayuda de un guía espiritual.  Podría ser un ángel, Jesús o algún personaje que tenga sentido para ti.  Una vez que hayas completado el proceso visualiza a tu Guía Espiritual y pregúntale si considera que has perdonado.  Si la respuesta es Sí es porque ya perdonaste y si es No es porque no has perdonado y debes repetir el ejercicio cuantos días sea necesario.  Una vez que hayas perdonado entonces habrás pasado al siguiente nivel: La Comprensión

Espero que este ejercicio te resulte tan efectivo como a mí.  Y si en algún momento te sientes herido recuerda que como dice Rumi la herida es el lugar por el que entra la luz.

23 01 2021


Cuarentena y Perdón

Leonor Andrade Castillo

Este año, que en marzo parecía que no iba a terminar, sin darnos cuenta fue moviéndose hasta llegar a las puertas del fin de año.  Ha sido un año de pruebas, de retos. También un año de oportunidades para mirarnos a nosotros mismos físicamente, emocionalmente y espiritualmente.

Meses de cuarentena, permaneciendo en casa.  No estar ni compartir presencialmente con algunos de nuestros seres queridos, de manera consciente para cuidarlos y cuidarnos, ha sido una de las mayores muestras de amor hacia nosotros mismos y hacia los demás.   En otros casos, con los que convivimos las 24 horas del día, ha sido una oportunidad para sentirnos y sentir al otro.  Una oportunidad única para descubrirnos y encontrar una forma diferente de relacionarnos, que no nos cause ruido por los roces que tengamos y ante los cuales ya no podíamos poner distancia, ya fuera yéndonos a la oficina o haciendo alguna diligencia en la calle.  Estos meses, para muchos han significado ver de frente los desacuerdos, sin escapatoria. 

En otros casos se han abierto resentimientos viejos que han estado guardados en un baúl en alguna parte de nuestro cuerpo.  El resentimiento duele.  Ante el resentimiento tenemos dos opciones: 1.- Seguir pegados al dolor, continuar sangrando por la herida;  2.- Tomar la decisión de perdonar al otro y a nosotros mismos.

Como nada es casualidad, hoy tempranito en la mañana, una amiga, por el Facebook hizo una pregunta: ¿Has perdonado a alguien si aún sientes dolor?  Esta pregunta me hizo recordar una situación que me ocurrió hace ya bastantes años con mi primera ex pareja. Vivimos juntos durante 8 años.  Algunos de esos años fueron de bienestar y otros realmente fueron duros. El proceso de separación fue largo y tortuoso, básicamente porque no me sentía preparada para separarme.  Ya sin tapujos puedo decir que me montaron cacho.  En el momento fue muy doloroso para mi y durante años sentí un gran resentimiento hacia él. Recuerdo haberlo trabajado durante un largo tiempo en psicoterapia.  No obstante, no terminaba de perdonarlo y el sólo hecho de escuchar el nombre (si por ejemplo alguien mencionaba a cualquier persona que se llamara igual que él) inmediatamente me disparaba el recuerdo y sentía un malestar que se me pegaba en el corazón y en la boca del estómago. 

Años más tarde, seguía yo con mi trabajo conmigo misma y ya como psicoterapeuta, atendiendo parejas en mi consulta, me venían casos una y otra vez sobre infidelidades y resentimientos por esa situación.   Escuchando caso tras caso, me di cuenta de que para poder perdonar es necesario tomar la decisión de perdonar.  Es una decisión consciente. 

Decidí a volver a mirar mi experiencia y a volver a hacer mi propio trabajo.  Recuerdo haber identificado lo que de verdad no le había perdonado: que me engañara y se mantuviera allí, como si nada.  Me pregunté entonces qué sentía: además de esa rabia inmensa que todavía tenía dentro de mi cuerpo, sentía un gran miedo. Me asustaba imaginarme que algún día me lo encontrara en medio de la calle y me dejara llevar por mi debilidad hacia él y me convenciera para volver.  Ahora cuando lo escribo me causa gracia tamaña fantasía, pero así era.  Cuando me di cuenta de mi miedo empecé a trabajar en él. Comencé por hacer una lista de lo que realmente sentía en ese momento hacia él y de los aspectos que me habían gustado de él y los que no, y lo que actualmente sentía al respecto. 

En dos platos: Actualicé la foto.  Una vez que actualicé la foto pude ver que en ese momento de mi vida no sentía ningún tipo de atracción hacia la percepción que de él tenía.   Sentí un alivio en mi corazón como pocas veces he vuelto a sentir en mi vida.  No obstante, aún sentía una molestia. No la tenía clara.  Pasó un tiempo y un día, no recuerdo porqué ni cómo, tomé conciencia de que aún tenía un resentimiento. 

Hurgué hasta que me di cuenta de que en realidad estaba molesta conmigo.  No me perdonaba haber pasado tanto tiempo viviendo con un hombre que me había engañado, que no me quería y por sobre todas las cosas por haberme dejado utilizar.  Había dado en el blanco.  Al fin había logrado ver mi resentimiento hacia mí misma.  Y me hice una sola pregunta: ¿Eres la misma hoy?  Y cuando tomé conciencia de todo el camino que había recorrido y cómo había madurado a raíz de esa misma situación, logré soltarlo, perdonarme, agradecer y celebrar mi aprendizaje.  Estos dos fueron mis dos primeros actos de perdón en mi vida. 

Años después, un día saliendo de un centro comercial, cruzando la calle, me lo topé de frente. Lo saludé y seguí, el me saludó de vuelta y siguió… Y se dibujó una sonrisa en mi cara. No había sentido nada. Y en ese momento me di cuenta que lo había perdonado y me había perdonado a mí… Y ese fue el fin de ese capítulo en mi vida.

En el camino nos encontramos con notas disonantes que tienen que ver con nuestras historias… Con capítulos que aún nos duelen y que en ocasiones se disparan con algún comentario o algún gesto o alguna acción que la otra persona pueda tomar.  La cosa es que no necesariamente, esta historia tiene que ver con la persona que tengo enfrente, con la que estoy conviviendo.  Puede que una palabra o un gesto suyo nos dispare un recuerdo de una situación dolorosa no resuelta con otra persona.  Y aquí es donde se abre la oportunidad para mirarnos sin tapujos, tomar la decisión de perdonar y emprender el camino.

10 de diciembre 2020


La Frustración del Gas

Leonor Andrade Castillo

No tengo gas. Desde septiembre estoy bregando con este tema ya que desde hace ya un tiempo esta gestión no se puede hacer de manera individual sino a través del consejo comunal. 

En septiembre se me terminó el gas de una de mis dos bombonas grandes de 43 kg.  Especifico el tamaño de la bombona porque en este momento es casi un pecado capital tener una bombona grande y el servicio se hace cada vez más difícil de obtener. 

Había hecho la gestión, estaba pendiente y un buen día, mientras estaba haciendo la cola para poner gasolina, veo que ponen un mensaje en el WhatsApp de la calle que decía que el señor del gas iba en camino.  De inmediato me salí de la cola de la gasolina y literalmente me arranqué corriendo de vuelta para mi casa para recibir el gas.  Llamo al del Consejo Comunal para hacerle saber que voy en camino y fue imposible comunicarme.  Al fin atiende la esposa y me dice que él está en la calle gestionando lo del gas pero que ya habían dado todas las bombonas que había llevado el camión.  Casi me da un infarto. Perdí la cola de la gasolina y encima me quedé sin gas. En el camino me encuentro con el camión del gas. Hablamos y me dice que irán la semana siguiente de nuevo.  Me llego hasta la calle de mi casa y encuentro al del consejo comunal.  Me dice lo mismo.  Nunca más volvió el señor del gas, tuve que pagar de nuevo el servicio porque aumentaron el precio y no tenemos gas.

Soy una mujer perseverante y muy paciente y desde septiembre he estado detrás insistiendo en el suministro de gas para las bombonas grandes y no ha habido manera, y como a los demás no se les había terminado el gas, el tema no era importante.  Hasta que hace tres semanas al fin, en una de mis insistencias varias personas manifestaron su necesidad. 

Comienza un “estira y encoge”.  Se hace un listado de las personas que necesitan bombonas grandes y pagamos lo correspondiente al servicio al consejo comunal.  Luego de que pagamos se repite que la prioridad son las bombonas pequeñas y luego nos informan que no hay en la planta transporte disponible para las bombonas grandes. 

Me siento cada vez más molesta.  Increíblemente, una o dos veces por semana con mis propios ojos veo camiones de la planta transportando bombonas grandes en la zona… Lo manifiesto a los demás.  El del consejo comunal dice que lo mejor es contratar un transporte privado para llevar las bombonas vacías a la planta y traerlas de vuelta.  Informa que hay que pagar 1$ por bombona. Luego en conversaciones individuales con él me dice que lo que hay que pagar son 50$ por el viaje, entre el número de bombonas que haya.   De nuevo se arma la de San Quintín. Unos de inmediato dicen que sí y otros que no tienen cómo pagar eso.  Un vecino manifiesta su inconformidad con esa solución y se pone a la orden para hacer una carta solicitando el servicio a la planta, firmado por todos los vecinos y se plantea una lucha de poder entre este vecino y el del consejo comunal.  Y seguimos sin gas. 

Yo por mi parte, manifiesto no estar de acuerdo tampoco con la contratación de un camión privado y decido ofrecerme para identificar la cantidad de bombonas que se necesitan a una por familia para poder llegar con una propuesta clara a la planta para organizar un primer viaje y luego acordar hacer un segundo viaje ya que lo más probable es que en la planta autoricen un solo viaje en este mes.  No ha sido posible llegar a ningún tipo de acuerdo y ninguna de las propuestas ha sido aceptada por el del consejo comunal.  

Me siento absolutamente llena de impotencia.  El silencio por un lado y el “estira y encoge” por otro han sido los protagonistas. Me siento de manos atadas, además, porque no me puedo exponerme al Covid-19 yendo a la planta, ya que hago guardias una vez a la semana en un ancianato y no me puedo exponer ni asumir el riesgo de que pueda resultar contagiada.  Por primera vez siento el peso de mi propia limitación.

Y de pronto recuerdo lo que decía el maestro Osho: Todo es perfecto tal y como es.  Y en ese marco de que todo es perfecto en su imperfección, me pregunto:

¿Cómo has manejado las diferencias con los demás?  ¿Cómo has reaccionado frente a las propuestas con las que no estás de acuerdo? Me doy cuenta de que he hecho todo lo que ha estado en mis manos para llegar a acuerdos buscando términos medios y ofreciendo mi contribución en la solución de la situación.  He mantenido la ecuanimidad y un trato amable y educado para con los vecinos que tienen una posición diferente a la mía. Me estoy dando cuenta de que, aun cuando sigo sin gas, me siento tranquila conmigo misma.

¿Qué sucede conmigo frente al silencio, la apatía e incluso la evasión de los demás?  Si bien soy muy paciente, me doy cuenta de que la falta de respuesta de los demás me molesta.  Siento ansiedad. Me he pillado pendiente del celular en espera de alguna respuesta. Y entonces me pregunto: ¿Vas a ser menos o más dependiendo de su reacción? Y aquí me doy cuenta de mi necesidad de ser tomada en cuenta y de que es una manifestación de una inseguridad mía.  Este malestar nada tiene que ver con el hecho de no tener gas.  Decido entonces observar esta parte mía cada vez que salga y atenderla, y observar las cosas como son, para ser realmente efectiva. 

¿Cómo utilizo mis fortalezas?  En esta situación en particular he utilizo mi habilidad para mediar.  Aunque no ha tenido los resultados que hubiese esperado, sé que no depende de mí.  No puedo decidir por el otro y en este punto, al darme cuenta, lo suelto y acepto lo que suceda. He ofrecido ayuda en la organización de la información y tampoco ha sido aceptada.  Y en este instante me doy cuenta de que no es posible imponer a los demás que acepten mi oferta. Si no es tomada, me toca aceptarlo y seguir adelante, sin dejarme afectar ya que para nada es un tema personal.  Este malestar tampoco tiene nada que ver con el hecho de no tener gas.  Esta parte mía está relacionada con la anterior que espera ser tomada en cuenta.

Y por último me surge la pregunta: ¿Cuál será nuestro aprendizaje como comunidad?  En mi opinión, nos toca dar un paso al frente.  Pasar de querer cada uno resolver su situación individual, a escucharnos y organizarnos como comunidad, pensando más allá de la inmediatez, entre todos, siendo empáticos y compasivos unos con otros, para poder lograr de manera efectiva el objetivo concreto que nos planteemos como en este caso contar con el servicio del gas y de manera amplia, vivir en bienestar como país, en democracia.

Es nuestra decisión y nadie la puede tomar por nosotros.  Y el primer paso es de cada uno, observándose, sin atajos y consciente de que no hay recetas preestablecidas.

2 de diciembre, 2020


El Temor que se Esconde Detrás

Leonor Andrade Castillo

Me asusta cuando mi mamá tiene algún malestar. Siento que se me acelera el corazón y se me revuelve el estómago. 

Un susto recorre mi cuerpo, a veces como un frío, otras como una corriente que no me deja ni pensar.

Hemos estado viviendo un año duro, que no estaba en ninguno de nuestras imaginaciones y predicciones, lleno de incertidumbre. 

Estoy escribiendo esto y tú me estás leyendo.  Es finales de noviembre 2020.

Eso significa que a pesar del Covid-19, a pesar de la hiperinflación, a pesar de la falta de gasolina y de gas y de agua y de luz y de Internet y de alimentos… de alguna manera hemos logrado estar vivos. 

Por momentos me siento contenta, disfruto y trato de mantenerme sin pensar mucho en lo que está ocurriendo, ya sea compartiendo en las redes sociales, contactando algún amigo o meditando con los mantras o tocando tambor o leyendo o jugando con mi perrita Lucía.

Aun así, pareciera como que, a pesar de mis esfuerzos, detrás de ese disfrute, sigue estando un temor.  El temor que está detrás del corazón acelerado y el frío: el temor a que se enferme mi mamá o algún otro familiar cercano o peor aún, que muera.  Y la realidad es que, aunque trate de no pensar en eso o trate de esconderlo, ese temor no desaparece y el malestar sigue estando allí. 

Hace un mes más o menos le dio malestar de gripe a un tío.  A medida que me iba diciendo los síntomas sentía cómo el miedo recorría mi cuerpo.  No dije nada.  El tampoco.  Pero ambos sabíamos que estábamos asustados de que estuviera contagiado.  Lo mismo ocurrió unas semanas después con un primo y su esposa.  Ambos se contagiaron y él terminó en el hospital.  Días de susto, de incertidumbre, de impotencia en los que sientes que no hay nada que puedas hacer.  Se mejoró y todos esos pensamientos catastróficos desaparecieron, pero quedó el agotamiento y el desgaste que produce el miedo.

Debo confesar que en estos meses han sido muchas las veces que he sentido miedo de que mi mamá se hubiese contagiado.  Cada vez que tose o se le tapa la nariz, de inmediato se me activan los pensamientos de miedo.  Es como un monstruo que dice saberse todos los síntomas, parece un reporte en mi cabeza de lo que he leído y otras cosas que me imagino se inventa para meterme miedo.  Por momentos no alcanzo a escucharlos todos de lo rápido que es…

Es tanto que me insta a buscar de nuevo información en Internet sobre los síntomas y los remedios y lo que dicen los diferentes médicos… Y mientras eso sucede en mi cabeza, estoy totalmente desconectada de lo que en enfrente de mí está sucediendo, como por ejemplo el hecho de que mi mamá no tiene fiebre o no tiene dolor de garganta ni otros síntomas relacionados con la enfermedad…

El miedo, al no verlo logra desconectarme de la realidad y mantenerme en la cabeza, sólo escuchándolo a él.  Hace lo imposible para que no lo vea.

La cosa es que ahora estoy alerta con mis sensaciones, observo mis pensamientos y mi emoción y se lo hago saber.  Le digo: Ya sé que eres tú.  Y una vez que se sabe descubierto, la cosa cambia. No es que se rinda.  Trata de todas las formas posibles de pasar desapercibido, de buscar nuevas formas para que no lo vea.  

Por supuesto que hace lo imposible por engañarme, pero ahora, en ese momento sintiendo aún mi corazón acelerado o el vacío en el estómago, centro mi atención en mi respiración y hago un ejercicio de respiración que aprendí del maestro Thich Nhat Hanh, que me ha resultado muy útil.   Es así: Inhalo y al hacerlo me digo mentalmente:  Estoy consciente de que en este momento estoy inhalando y siento como entra el aire a mi cuerpo.  Exhalo y al exhalar me digo mentalmente:  Estoy consciente de que en este momento estoy exhalando y siento la relajación en mi cuerpo a medida que voy botando el aire.  Este ejercicio me permite darme cuenta de mi desconexión y reconectarme con mi cuerpo, estar presente en el aquí y en el ahora y poder ver, desde la tranquilidad, lo que realmente está sucediendo, observar cada vez mejor mi miedo y manejar la situación tomando decisiones centrada en el presente y no en la fantasía de mi mente.

Consciente de mi miedo, observándolo, he podido decidir vivir en bienestar, consciente de la situación que me rodea y hoy 25 de noviembre, te estoy contando esto que estás leyendo tú que también estás vivo.

25 de noviembre 2020


Entre el bien y el mal para poner gasolina

Leonor Andrade Castillo

Pasé casi 4 horas en la cola para poner gasolina. Había dos colas: la interior para gas y la exterior para gasolina. La cola para poner gasolina estuvo detenida como 45 minutos. De repente, comenzó a moverse rápido. Cuando estábamos bastante cerca de la entrada a la estación de servicio, un tipo con una camioneta se coleó justo en frente de mí.

Adelante había una persona organizando las colas que lo vio y le dijo que se devolviera a su lugar en la otra cola o se fuera. El de la camioneta comenzó a discutir e ignoró lo que le decía el coordinador y siguió adelante.

Cuando le pregunté al coordinador por qué le había dejado continuar, empezó a gritarme.

En ese momento sucedió algo dentro de mí … Fue como si el tiempo se hubiera detenido. Sentí un silencio interior total y pude ver todo con total claridad. Estaba tranquila: una voz interior me dijo: Enfócate. Él no es el problema. Avancé y cuando la cola dejó de moverse me bajé de mi carro y fui a hablar con el tipo que se había coleado. Abrió su puerta y le dije gentilmente que por favor saliera de la cola porque se había coleado y yo tenía casi 4 horas allí … Dijo que no se iba a ir porque estaba en la otra fila y su carro tenía la opción de llenar gasolina o gas … Le dije que estaba mal ponerse en la cola de gas que estaba más corta para luego colearse en la de la gasolina, justo cuando estábamos cerca de la entrada a la bomba de gasolina … Me dejó hablando y cerró la puerta de su camioneta.

Respiré, manteniéndome en calma.

Observé todo mi entorno y vi que en la entrada de la bomba había una guardia nacional. Tuve una discusión interna ya que no me gustan los militares. Además, pensaba que como mujer tenía las de perder. Nuevamente mi voz interior me dijo: Concéntrate. Eso no es el problema en este momento. Me quedé observando un rato, en mi lucha interna. Decidí hablar con el señor del carro que originalmente estaba delante de mí para pedirle ayuda y no hizo nada. Se quedó allí hablando por el celular. Percibí que no quería involucrarse.  No insistí.

Respiré y permanecí conectada con mi corazón, tanto que lo podía escuchar. Me sorprendió lo tranquila que me sentía. Volví a mirar a la guardia nacional. Era una mujer. Decidí ir a hablar con ella y pedirle ayuda. Cuando caminaba hacia ella, el señor al que le pedí ayuda dijo: “Si vienes con la Guardia Nacional, te apoyaré.”

Hablé con ella y le expliqué la situación. Ella fue conmigo.  El señor del carro le dijo a la guardia que el de la camioneta se había coleado.  La oficial se acercó a la camioneta y tocó el vidrio.  Le abrió y ella le explicó que había recibido unas quejas de que él se había coleado y le pidió que se saliera de la cola ya que lo que lo que había hecho estaba mal. La guardia fue amable y tranquila. El tipo empezó a hablar fuerte y no se movió. Yo me mantuve en todo momento apartada hacia un lado. La Guardia Nacional llamó a su sargento y él vino y le dijo lo mismo de manera educada y en un tono como de pana. El de la camioneta no quiso escuchar.

Yo estaba observando el panorama. La cola había avanzado bastante y escuché de nuevo mi voz interior: Concéntrate … ¿Cuál es tu objetivo? … ¿Mantenerte allí parada o llenar tu carro con gasolina sin que el tipo se coleé?

Entonces le pregunté a la Guardia Nacional si podía avanzar y ella dijo que sí … Todos los carros avanzaron detrás de mí y los militares dejaron al tipo de la camioneta ahí sin avanzar con todos rodeándolo para seguir adelante y poner gasolina… No llegó a la gasolinera mientras yo estaba allí y antes de irme fui a la Guardia Nacional y le di las gracias.

Aprendí que mis pensamientos acerca de que todos los militares son malos, violentos y corruptos no se ajustaban a la realidad del momento. Tuve que superar esa creencia para poder acercarme con amabilidad a la Guardia Nacional y poder resolver la situación. También aprendí que de cuando en vez me surge ese pensamiento de que no podré hacer nada por ser mujer.  Tuve que mirarlo para poder ponerlo a un lado y moverme.

Lo que percibo como mi “enemigo” no es necesariamente cierto ni real. Muchas veces el “enemigo” no está afuera sino dentro de mí y me toca mirarlo para poder escucharme, darme cuenta de lo que siento y poder resolver desde la calma y la amabilidad.

14 de Noviembre 2020

Sobrellevar el Dolor por la Pérdida

Leonor Andrade Castillo

Es sábado cuando escribo este artículo.  Hace cinco días que mi perruna Lucía, mi compañera de vida desde hacía 13 años, dejó su cuerpo. Han sido unos días duros, muy tristes para mí.  

Siento el vacío que ha quedado en la casa, en mi corazón cada vez que voy a hacer algo y no está (aunque siento su energía y su mirada como si estuviera a mi lado).  Hoy cuando llegué de comprar la comida para Carmencita mi gata, automáticamente miré hacia arriba a la terraza esperando que Lucía asomara su carita por los balaústres. Por supuesto no estaba y sentí un vacío que no me cupo en el cuerpo.

Su ausencia me ha removido el recuerdo de cuando mi papá dejó su cuerpo hace 45 años y dejé de hacer muchas cosas porque no sabía cómo manejar ese vacío.  Recuerdo que pasó un tiempo antes de que pudiera ir a una librería.  Era una actividad que compartía con él y sentía que lo estaba traicionando al ir sola y disfrutar viendo los libros. Yo era muy joven.  Sólo tenía 17 años y era la primera vez en mi vida que me enfrentaba a la pérdida, y además de mi papá, a quien adoraba con locura.  

Ahora cuando veo de nuevo mi película de esa época me doy cuenta de lo que me costó manejar ese dolor tan grande.  

Tomé el camino de la resistencia, de la coraza, del silencio, del mostrarme fuerte.  Era lo único que en ese momento sentía que podía y sabía hacer.  No me di permiso para sentir, no me di permiso para llorar su ausencia, no me di permiso para expresar lo que sentía. Seguí, estudié, trabajé, siempre fuerte. 

Frente al dolor a veces nos cerramos y no nos damos el permiso de ser ni de mostrarnos vulnerables y cuando tomamos ese camino, el dolor, por nuestra resistencia, termina convirtiéndose en sufrimiento.

Hoy a mis 62 he aprendido que hay otra forma: No resistirme, recibir el dolor y sentirlo, y darme el permiso de expresarlo.  Esto no significa que no me permita sentir momentos de alegría. Comparto contigo algunas opciones para ir sobrellevando el dolor, hasta que se transforma en aprendizaje.

Mover el Cuerpo con el Ritmo: Ayer participé en una sesión online de Taketina.  Este es un método de conexión con el ritmo primal a través de la vocalización y el movimiento rítmico del cuerpo.  Estuve moviendo mi cuerpo al ritmo que nos daba su fundador Reinhard Flatischler, y en la medida que fui vocalizando y moviendo el cuerpo, dejándome llevar por el ritmo, sentí alegría.   

Meditar: Otra manera en la que he ido moviéndome ha sido mediante una meditación tibetana que se llama Tonglen.  Esta meditación consiste en inhalar el sufrimiento de los demás seres y exhalar amor y compasión o lo que percibamos que necesitan en ese momento para sentirse mejor.  En mi caso comencé inhalando el dolor de todas las personas que han perdido a su perro.  Inhalé el dolor y exhalé compañía.  Luego expandí un poco más el alcance e inhalé el dolor de todos aquéllos que han perdido a un ser querido y exhalé compasión.  Así vamos ampliando el alcance hasta que llegamos a inhalar todo el sufrimiento de todos los seres vivientes y exhalamos amor y compasión.  Al terminar la meditación me sentí tranquila, en paz.  El planteamiento es que en la medida que dejas de centrarte en tu dolor y enfocas tu atención en brindar compasión a otros, sientes alivio.

Expresar lo que Necesitas a tus Personas más Cercanas: No siempre quiero hablar y mucho menos que me pregunten cómo me siento.  No obstante, cuando me siento en la disposición, hablo con una de mis amigas más cercanas que es buena escucha. Expresar lo que siento y recibir contención, es muy sanador.

Escribir lo que Sientes: Otra forma en la que me he abierto al alivio de mi dolor ha sido escribiendo mi experiencia.  Eso me ha permitido expresarme, con el beneficio añadido de que puede servir de apoyo a otras personas que estén transitando por una situación similar.  Escribir nuestras emociones resulta terapéutico. 

Compartir tu Sentir en un Grupo: Otra opción consiste en abrirte a expresar lo que sientes en un grupo de tu confianza. En mi caso, pertenezco a una Sangha Global del Mantra Gayatri y el apoyo y contención que nos damos es absolutamente sanador y amoroso.  Me siento muy agradecida de pertenecer a este grupo.

Dejando que el dolor se manifieste, observándolo y expresándolo irás sintiéndote mejor.  Espero haberte servido de apoyo y recuerda: si lo reprimes, el dolor se transforma en enfermedad, si lo aceptas y expresas se transforma en aprendizaje Como dice el Buddha: el dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional.

Transformar una Situación Depende de Mí

Leonor Andrade Castillo

Con frecuencia nos enfrentamos a situaciones difíciles de manejar.  Si bien no tenemos control sobre lo que nos pueda pasar, sí tenemos la opción de percibir lo que nos ocurre desde diferentes perspectivas.  

El significado y el impacto que tenga una situación dependerá de la perspectiva con la que lo mires.  Cuando tu perspectiva cambia, también se modifica el significado que tiene para ti, el impacto emocional que tiene, y tu respuesta ante el evento.  Esto quiere decir que la decisión sobre cómo afectara tu vida depende de cómo percibas lo que está ocurriendo.

Se trata de encontrar el enfoque que te permita ver la situación de forma que te beneficie en lugar de perjudicarte.  

Incluso tus “equivocaciones” las puedes convertir en una oportunidad para aprender, y la próxima oportunidad estarás en capacidad de aplicar ese aprendizaje para obtener un resultado positivo.

Esta práctica de escoger la perspectiva con la cual mirar la situación se llama reencuadre. Es una técnica que utilizo con frecuencia en las sesiones de psicoterapia con mis clientes, de manera que puedan ir aprendiendo a observar las situaciones que les afectan de una manera diferente.

De acuerdo con Robert Dilts en su libro El Poder de la Palabra, frente a un evento, si aplicamos el reencuadre, tendremos dos maneras de verlo y por ende reaccionar:  1.- Enfocar mi atención en el problema o 2.- Enfocar mi atención en el objetivo.  Cuando enfoco mi atención en el problema, frente a la situación estaré haciéndome preguntas como éstas: ¿Qué es lo que está mal?; ¿Por qué esto es un problema?; ¿Qué lo causó?; ¿Quién es el culpable de ello?  Cuando enfoco mi atención en el objetivo me podré hacer preguntas como ¿Qué es lo que quiero?; ¿Cómo puedo conseguirlo?; ¿Cuáles son los recursos de los que dispongo?; ¿Qué es lo que puedo aprovechar de esta situación? 

Tomemos un ejemplo de la vida cotidiana.  Hace unas dos semanas aproximadamente, en el marco de los operativos de vacunación masiva, 39 adultos mayores, acudieron a un sitio público en el cual estaban vacunando.  La condición establecida para ser vacunado era estar registrado en el denominado Carnet de la Patria.  Estos adultos mayores no tenían el mencionado carnet.  La primera respuesta que recibieron de los funcionarios fue negativa. Veamos lo que sucedió en el marco de la opción de cambiar la percepción de la situación.  

Si los adultos mayores se hubiesen enfocado en el problema, se habrían preguntado ¿Qué es lo que está mal con el proceso? Seguramente, hubiesen comenzado a criticar lo que estaba sucediendo y a ver todo lo que estaba funcionando mal.  También seguramente se habrían preguntado ¿Por qué es un problema no tener el carnet para vacunarse? Eso los habría llevado quizá a criticar el hecho de la exigencia del carnet y a irse hacia atrás en la historia hasta los inicios cuando crearon el carnet y todo lo que ha implicado.  Adicionalmente hubieran podido preguntarse ¿Qué fue lo que causó que pusieran esa restricción? Es probable que eso disparara pensamientos relacionados con el aspecto ideológico, y por último pudieran haberse preguntado ¿Quién es el culpable de que exista esa restricción? Esto pudiera traernos respuestas inmediatas en cuanto a los que estaban allí, o quizá al funcionario que estableció la restricción o incluso irse hasta el que creó el carnet. De haber tomado este camino, con toda seguridad se les habría disparado la rabia, que no les hubiese permitido ver la situación con claridad, se habrían enfocado en discutir sobre las restricciones y no se habrían vacunado.

Por otro lado, veamos qué ocurrió y qué hizo este grupo de adultos mayores al enfocarse en el objetivo.  Se hicieron preguntas como éstas: ¿Qué es lo que queremos? A lo que se respondieron: Recibir la primera dosis de la vacuna hoy. ¿Cómo podemos conseguirlo? A lo que se respondieron: quedándonos aquí de manera firme y calmada. ¿De cuáles recursos disponemos? A lo que respondieron: de la fuerza que nos da el hecho de ser varios, de nuestra habilidad para mantenernos calmados y firmes y del conocimiento que tenemos de nuestros derechos. Por último, se deben haber preguntado ¿Qué podemos aprovechar de la situación?  Podemos aprovechar que llegamos de primeros, que hay presencia de algunos medios de comunicación y podemos compartir nuestra experiencia con otros. 

Este grupo de adultos mayores supo, frente a una situación difícil escoger enfocarse en el objetivo y no en el problema y todos fueron vacunados ese día, utilizando el reencuadre como herramienta. Esta experiencia confirma que cuando te centras en tu objetivo en lugar de en el problema puedes hacer una diferencia en el resultado, en el significado que le das a la situación y en la emoción positiva final que recibes del resultado. 

Recuerda, siempre tienes la opción de elegir cómo deseas manejar una situación difícil que se te presente en la vida cotidiana, y el reencuadre es una excelente herramienta para transformar un posible resultado y significado negativo, en un resultado y un significado positivo para ti.  Todo depende de ti.

13 de Junio 2021

Enfrentando nuestros pensamientos repetitivos

Leonor Andrade Castillo

Cómo Manejar los Pensamientos Repetitivos

Los pensamientos repetitivos y obsesivos son como una vaca rumiando todo el día.   Están directamente relacionados con el estrés y la ansiedad.  A veces se convierten en un círculo vicioso: la ansiedad puede activar los pensamientos obsesivos y éstos a su vez nos generan más ansiedad.  

¿En qué consiste la ansiedad?

La ansiedad es un proceso en el cual la mente y el cuerpo se desconectan.  Tu mente está enfocada en pensar en el futuro, generalmente de una manera negativa (una larga lista de pensamientos o imágenes de todo lo malo que puede ocurrir), mientras tu cuerpo se mantiene en tu situación actual.  Tu mente en el futuro y tu cuerpo en el presente, solo, se desconectan y ello genera una sensación de incertidumbre constante, impotencia o indefensión.  

¿Qué son los pensamientos obsesivos?

Los pensamientos repetitivos u obsesivos son pensamientos centrados en una única idea, a la que le dan vueltas durante largos periodos de tiempo.  Aparecen de pronto, interrumpen otros hilos de pensamiento y no podemos deshacernos de ellos. Su contenido suele ser intimidante, catastrófico y nos generan miedo. Es importante tener en cuenta que a veces los pensamientos obsesivos son un síntoma de una enfermedad como el Trastorno Obsesivo Compulsivo, en cuyo caso es necesario buscar ayuda profesional. 

Pueden estar relacionados con diferentes aspectos de nuestra vida, como por ejemplo algún tema pendiente en el trabajo.  En este caso puede ocurrir que salgas de tu oficina y en el carro camino a casa o ya en casa comienzas a pensar el tema del trabajo que tienes pendiente una y otra vez.   Incluso puede ocurrir que cuando vas a dormir te acuestas y tu mente comienza a traerte el pensamiento y le das vuelta a lo mismo, con lo cual no puedes descansar y en algunos casos te produce insomnio.

Nuestra primera reacción cuando aparecen los pensamientos obsesivos es querer pararlos, lo cual de antemano te puedo decir que no solamente es imposible, sino que al intentar parar los pensamientos logramos el efecto contrario, nos frustramos, y aumenta nuestra ansiedad… Y entonces el monstruo interno de los pensamientos aprovecha para afianzarse y decirnos algo así como Viste que tengo razón, mira lo que está pasando. A fulano o mengano lo despidieron hoy de su trabajo… Lo mismo te puede pasar a ti… etc. etc. etc. Se retroalimenta de lo que está sucediendo en tu entorno y se fortalece.

Solución a nuestro alcance

Hay algunos ejercicios que podemos poner en práctica para poder gestionar los pensamientos repetitivos y paulatinamente recuperar nuestro bienestar.

Céntrate en los Pensamientos Repetitivos:  Consiste en centrarte en tu pensamiento repetitivo, dejarlo que salga a sus anchas de manera consciente, por un tiempo determinado: 10 o 15 minutos seguidos.  Los vas a repetir de manera consciente una y otra vez. Luego durante la misma cantidad de tiempo, centra tu atención en algún objeto de tu entorno inmediato (una mesa, una silla, el piso, el techo, un adorno). Observa sus detalles: forma, colores, textura, temperatura, tamaño, función, utilidad para ti o los demás. Al pasar los 15 minutos, regresa a los pensamientos repetitivos durante 10 o 15 minutos.  Al terminar ese tiempo, suspéndelos y vuelve a observar algo de tu entorno a durante 10 o 15 minutos.  Esto lo puedes repetir hasta sentir que los pensamientos repetitivos van disminuyendo durante el tiempo que te das para dejarlos a sus anchas.

Ejercicio de Respiración: Bota todo el aire de tu cuerpo sin inhalar.  Luego de vaciar todo el aire espera 5 segundos y luego inhala lenta y profundamente por la nariz y exhala lentamente por la boca. Retén el aire cuando inhales, por lo menos durante 5 segundos antes de exhalar.  Una vez exhalado el aire, quédate vacío durante 5 segundos antes de inhalar de nuevo. Hazlo hasta sentirte relajado. Excelente ejercicio para disminuir el estrés y la ansiedad.

Aprender a Decir que No

Leonor Andrade Castillo

Estás a punto de salir y tu hermana te llama para pedirte que le cuides al bebé.    Te dice: 

-Hermana necesito un favor. ¿Puedes cuidarme al bebé?

-Tú: Sí claro. ¿Cuándo necesitas que lo cuide?

-Ahorita mismo.  Necesitamos ir a firmar unos papeles y no podemos llevarnos al bebé.  Tú eres nuestra salvación. 

-¿De una vez? (En tu mente: Necesito ir al banco, pagar el condominio que se vence hoy, pasar por la farmacia. No quiero dejar de hacer mis diligencias. Por otro lado: si les digo que no, pensarán que soy una mala hermana y una mala tía).  ¿Es corta la diligencia? 

-Sí hermana. No creo que nos tardemos más de dos, máximo tres horas. Estamos aquí en la puerta de tu edificio.  

-Bueno está bien.  Tráemelo. 

Te llevan al bebé y pasan las horas y no han ido a recogerlo.  Ya no tienes chance de hacer ninguna de tus diligencias y te sientes molesta.

Saber decir No parece algo muy sencillo, pero la realidad es que no lo es, y resulta importante para sentirnos bien con nosotros mismos y con los demás.

¿Te has preguntado para qué dices que Sí si en realidad quieres decir que No?  La respuesta a esta pregunta, tanto en mi experiencia personal como en mi experiencia atendiendo clientes es que suelen ser varios los para qué:  Para ayudar al otro.  Para que no haya un conflicto con la otra persona.  Para que vean que soy una buena persona.  Para que no me rechacen.  Para no sentirme culpable. Para que me quieran.

¿Cómo podemos aprender a decir que No?

Esta es una tarea que puede llevarte un tiempo, ya que este patrón implica que estás poniendo a la otra en primer lugar y a ti en segundo lugar.  Pareciera entonces que la otra persona es más importante, a tus ojos, que tú. Esto en ocasiones requiere el apoyo profesional de psicoterapia para manejar los temas relacionados con la autoestima, pero aquí te comparto algunas ideas que pueden servirte de apoyo en una primera instancia.  

Un primer paso para ir aprendiendo a decir que No, pudiera ser identificar las situaciones y las personas con las cuales se te dificulta decir que No.   Puedes hacer una lista de estas situaciones y personas para que las puedas ver cuando se te vuelvan a presentar en tu vida cotidiana.

Puedes identificar las emociones que se te disparan cuando una persona te pide algo y quieres decir que Sí en automático, pero hay una parte tuya que No quiere. Una vez que sepas las emociones que estás sintiendo (miedo, rabia, dolor), identifica en qué parte de tu cuerpo sientes cada una y cuál es la sensación: por ejemplo: pudieras sentir una presión en la boca del estómago o pudiera ser una presión en el pecho.  Atiende la emoción.  Si es miedo pregúntate qué te da miedo y atiéndete hasta que el miedo desaparezca y continúas con tu proceso de decir que no y hacer lo que realmente deseas.  Adicionalmente,identifica cuál es tu prioridad. Viene entonces el cómo lo vas a decir de una manera amable y al mismo tiempo firme, es decir, asertiva. Puedes ponerte en lugar de la otra persona, como el caso de tu hermana cuando te pidió que le cuides al bebé:  Ejemplo: Lamento que no tengas quien te cuide al bebé y me puedo imaginar la angustia que estás sintiendo, pero justo en este momento voy saliendo a hacer unas diligencias que no puedo posponer.  En otro momento, si me avisas con tiempo, con mucho gusto lo cuido.

Espero que estas sugerencias te sirvan de apoyo para aprender a decir que No, haciendo la acotación de que éste es un proceso que requiero tiempo y mucha práctica y en ocasiones ayuda profesional psicoterapéutica.  Si es tu caso puedes contactarme por Whatsapp +58 414 6387298 o por mail leonorandrade29@gmail.com.

Siempre puedes escoger tu luz

Leonor Andrade Castillo

Estos últimos días han sido particularmente “oscuros”.  Con las lluvias estuve sin electricidad por más de 6 horas con idas y venidas, subidas y bajadas de la intensidad de la luz.  Ayer, para completar el panorama, a mitad del día, mientras cocinaba la comida de la semana de mi mamá, con una cantidad de potes de comida caliente en el mesón esperando que se enfriara un poco para ponerla en la nevera, se fue la luz. Vinieron pensamientos: ¿Qué habrá pasado?  ¿Será sólo aquí?  ¿Será un nuevo apagón? Me vinieron imágenes de los últimos días sin electricidad y sentí un susto en el pecho de imaginarme que toda esa comida se dañara.  

No obstante, decidí esperar un tanto y no dejarme llevar por el pánico.  Esto no me duró mucho porque a los pocos minutos recibí un mensaje y una foto tomada por una de las vecinas que decía: Se cayó un árbol y tumbó el transformador… ¡Qué les puedo decir!  Vi la foto y todas las historias sobre gente que ha pasado por estas situaciones y pasan meses sin transformador y por supuesto sin electricidad. Todas vinieron a mi mente.  

En ese momento, viendo la película catastrófica de mi parte, me detuve y me senté un instante para identificar lo que estaba sintiendo: me di cuenta que sentía miedo y rabia.  Me pregunté: ¿Qué me asusta?  ¿Qué me da rabia?  Me daba miedo que se dañara la comida, que nuevamente se dañara la nevera por la inestabilidad en intensidad de la electricidad.  Y ante la rabia vinieron una serie de pensamientos sobre la ineptitud, sobre el vivir es este país y otra cantidad de pensamientos con los cuales despotricaba.  

En medio de esos pensamientos, me detuve y me miré, y me hice esta pregunta: ¿Tienes control sobre lo que harán o no harán los demás?  La respuesta fue “No”.   ¿Qué puedes hacer que esté en tus manos?  1.- Puedo reportar por Twitter lo ocurrido tanto a la empresa de energía eléctrica como a la alcaldía.  De inmediato envié un mensaje reportando la caída del árbol, la ubicación del transformador caído, el hecho de que no tenemos electricidad y la correspondiente foto. Este mensaje lo envié varias veces con intervalos de tiempo entre uno y otro. Recibí respuesta de una persona de la Alcaldía diciendo que iba a enviar un reporte también. Eso me tranquilizó.  2.- Pensé en alternativas en relación a la comida.  Decidí dejar la comida ya lista en el mesón hasta que se terminara de enfriar y luego de estar fría ponerla en la nevera.  Decidí continuar cocinando lo que faltaba e irla colocando en el mesón para que se enfriara ya que de lo contrario me sentiría más angustiada pensando en todo lo que aún no estaba listo.   3.- Pensé en opciones en caso de que no volviera la luz.  Decidí llevarme todo lo que pudiera (no sólo la de ella sino mía) al día siguiente para la casa de mi mamá y ponerlo en su nevera.  De esa forma se dañaría menos comida.  4.- Decidí si no volvía la luz, dejar la nevera desconectada y en cuanto informaran que la luz la habían repuesto, vendría a la casa y la reconectaría.  De esa forma no tendría el temor de que por la inestabilidad se volviera a dañar la nevera. 

Continué cocinando, y con una estrategia en mente, me sentí tranquila.   Al terminar de cocinar aún no había llegado la luz y se estaba poniendo oscuro.  Saqué las velas y las puse en sitios estratégicos. Me di cuenta de que me sentía un tanto ansiosa, así que me senté y comencé a respirar, inhalando y exhalando lentamente, consciente de las sensaciones de mi cuerpo.  Me fui sintiendo cada vez más tranquila y al abrir los ojos pude ver a través de la ventana los rosados y naranjas del atardecer y disfrutarlos.  Absorbí esa luz y sentí una paz interna.  A los pocos minutos reconectaron la electricidad.  Esperé un poco para asegurarme de que estaba estable y luego conecté la nevera y guardé toda la comida ya lista.  Envié un Twitter tanto a la empresa de energía eléctrica como a la alcaldía informando que ya había reconectado la electricidad y dando las gracias.

Siempre tienes la opción de escoger ante situaciones adversas, cómo quieres transitarlas. Lo primero es observarte, identificar tus emociones. Identificar aquellos aspectos sobre los que tienes la opción de actuar, establecer una estrategia y llevar las acciones a cabo. Estar pendiente de tus emociones y utilizar herramientas como la respiración consciente para mantener la calma y por último dar las gracias una vez que la situación está resuelta.

Espero que estas ideas y sugerencias te sirvan de apoyo. Todo proceso requiere tiempo y mucha práctica y en ocasiones se requiere de ayuda profesional psicoterapéutica.  Si necesitas ayuda profesional puedes contactarme por Whatsapp +58 414 6387298 o por mail leonorandrade29@gmail.com.

Apoyar a un Amigo con Cáncer

Leonor Andrade Castillo

Hace pocos días me enteré que un amigo de muchos años tiene cáncer.  Recibir la noticia de que un amigo tiene cáncer es una información difícil de procesar, y si es en Venezuela, es aún más duro porque de inmediato pensamos en las situaciones adicionales que se suman a la enfermedad, tales como la dificultad económica para afrontar los gastos médicos, la escasez de los tratamientos, el deterioro de los servicios sanitarios, la ausencia de muchos amigos y familiares que han migrado.  Además, está el shock emocional de sentir que nuestro amigo tiene un problema de salud, y el miedo que nos da el sólo pensar que pueda fallecer.  

A medida que escribo, me doy cuenta de que aún siento escalofríos en todo el cuerpo, siento un tarugo en el pecho y en la garganta y muchos deseos de llorar.  Tengo una mezcla de emociones: por una parte, me siento triste y me pregunto ¿por qué a él? y me vienen muchas imágenes de momentos que hemos compartido y se me pone el corazón chiquitico. Por otra parte, mi parte activa me dice que es necesario ser positiva y activarme para contribuir con la recolección de fondos que lo apoyen para afrontar todos los gastos y apoyar enviando energía de sanación y oraciones que contribuyan con su recuperación.   Con ese ánimo de apoyo activo, comparto contigo algunas ideas sobre cómo puedes apoyar si tienes un amigo con cáncer.

Identifica lo que estás sintiendo y exprésalo. Esto te va ayudar a manejar tus emociones y así poder estar disponible para tu amigo.  No hay recetas que te pueda dar sobre cómo manejar la situación.  Esto depende de cómo sea la relación con tu amigo, de cuáles sean tus fortalezas de carácter, de cuál sea tu disponibilidad de recursos tanto económicos como de apoyo de otro tipo, de cómo sea tu forma de ser y a de tu amigo, de lo que tu amigo vaya expresando que necesita en cada momento del proceso.  

Mantente conectado con tu corazón y escúchalo.  Eso te va a permitir identificar lo que en cada momento puedes hacer para apoyar.  A veces, el sólo hecho de estar disponible para escuchar a tu amigo es una ayuda invaluable. Los “pequeños gestos” son más valiosos de lo que te puedas imaginar.  

No te preocupes por lo que no puedes hacer. No te juzgues. Céntrate en lo que sí puedes aportar. Por ejemplo, si en este momento no tienes la posibilidad de apoyar económicamente, está bien.  Puedes encontrar otras formas de ser de ayuda y de ser solidario, que serán igualmente valoradas.  Hay muchas formas de apoyar.  

Ofrece tu ayuda. A veces a las personas les cuesta pedir ayuda, por lo que será altamente valorado que ofrezcas tu apoyo con actividades concretas.  Por ejemplo, si tienes vehículo y tu amigo necesita en algún momento que lo lleven a recibir tratamiento, puedes hacerlo (tomando todas las precauciones biosanitarias ya que la personas con cáncer son especialmente vulnerables a contagiarse con Covid-19).  Si necesita apoyo con el cuidado de algún familiar (hijos pequeños o de pronto algún adulto mayor) y tienes la disponibilidad de tiempo, puedes ofrecer cuidarlos en espacios de tiempo que puedas disponer para ello.  Puedes apoyar paseando a su mascota si la tiene, o poniéndole la comida en algún momento que tu amigo no sienta las fuerzas para ello. Puedes mantenerte en contacto regular con tu amigo, escucharlo y conversar incluso sobre temas que no tengan que ver con la enfermedad. En un momento dado puede ser de gran ayuda conversar de otros temas para despejar la mente y mantenerse positivo.   Si no lo ves de manera regular puedes llamarlo telefónicamente o enviarle un WhatsApp o puedes hacerlo mediante videollamada.  Si en algún momento tu amigo no responde o no está disponible, está bien. Hazle saber que estás disponible para él.  

Sé compasivo con tu amigo, ponte en su lugar y luego toma alguna acción que contribuya de alguna manera a su bienestar. Y algo muy importante: trátalo, en lo posible, de la misma manera en que lo has hecho siempre.

El amor y la amistad marcan una diferencia en el proceso de sanación. Cada amigo aporta su granito de arena, y cada granito cuenta.

Espero que estas sugerencias prácticas te faciliten de alguna manera apoyar a tu amigo. Todo proceso requiere tiempo y en ocasiones la ayuda profesional psicoterapéutica. Si necesitas apoyo puedes contactarme por WhatsApp +58 4146387298 o por mail a leonorandrade29@gmail.com

La Paz es un Camino

Leonor Andrade Castillo

En las últimas tres semanas he venido participando en un entrenamiento facilitado por las Escuelas del Perdón y la Reconciliación (ESPERE).  Es un curso interactivo y lúdico organizado en 12 módulos: 6 de perdón y 6 de reconciliación.  

Actualmente se desarrolla en 19 países y ha trabajado con más de 2.200.000 personas.  Participar en el entrenamiento es una decisión individual y la información sobre el acceso al entrenamiento funciona boca a boca.  A mí me había llegado la invitación de una amiga que lo acababa de hacer y se lo agradezco desde lo más profundo del corazón.

En este momento las clases son virtuales (debido al Covid-19) y se impartieron en semanas de cuarentena radical. 

Para nada es casual que entre una semana y la otra de clases se dio justamente el recrudecimiento del enfrentamiento armado en la Cota 905, La Vega y El Cementerio y que precisamente ese día (jueves 8 de julio 2021) me hubiese tocado por diferentes circunstancias, hacer una guardia adicional en el ancianato, ubicado justamente en la zona de La Vega/Montalbán.  

No me quiero enfocar en lo aterradora que fue la experiencia sino en cómo esta propuesta de las Escuelas ESPERE en Venezuela está movida justamente por la “necesidad de debilitar y contrarrestar la violencia en cualquiera de sus manifestaciones (política, económica, social, etc.).” (https://justiciatransicional.org.ve/escuelas-de-perdon-y-reconciliacion-version-digital-formaron-a-50-personas-a-nivel-nacional/ )

Para mí fue una experiencia profunda, sobre todo en lo relacionado con la reconciliación.  He venido trabajando con el perdón ya desde hace un tiempo, tanto a nivel personal como con algunos de mis clientes en mi consulta de psicoterapia, pero no estaba consciente del proceso de reconciliación como algo separado. Lo veía como un continuum y la verdad es que constituyen dos procesos diferentes y cada uno tiene su camino.  La reconciliación sólo es posible cuando primero hemos transitado el camino del perdón entre el ofendido y el ofensor.  A veces en ese camino aprendemos que las experiencias se solapan y así como hemos sido ofendidos también hemos sido ofensores.  Las heridas, las propias y las del otro, no desaparecen, pero como bien lo expresan los japoneses con el Kintsugi un arte que consiste en restaurar una pieza que se haya roto, observando y e incluso agrandando la fractura para rellenar con oro, plata o platino para darle valor a las cicatrices, cada cicatriz de cada ofensa tiene su historia y un aprendizaje y esto nos hace únicos.  

En el trabajo hacia la reconciliación necesitamos hacer este trabajo de sanación de las heridas que nos ha dejado la ofensa.  Es un trabajo de cuidado para con nosotros mismos, de aceptación, de reconocimiento de nuestra herida, de celebración del aprendizaje que obtuvimos y de cómo ahora después de esa experiencia, somos personas más “fuertes” y conscientes.  ¿Significa esto que una vez sanada la herida estaremos libres de recibir alguna otra ofensa?  Definitivamente puede abrirse una nueva herida.  La diferencia estará en cómo, con este trabajo, aprendemos a asumir las ofensas de manera diferente y a sanarnos de nuevo con compasión.

El trabajo con la reconciliación, como el del perdón, está fundamentado en la auto compasión, para luego poder ser compasivo con el otro.  Esto significa entre otras cosas, ser gentiles con nosotros en el proceso en sí, darnos el permiso de ir a nuestro propio ritmo, sin críticas, sin juicios, aceptando el proceso tal como está siendo, sin expectativas de mayores avances y por extensión sin expectativas en relación a lo que el otro haga… La idea es aprender a observar los pequeños pasos que vamos dando y celebrarlos.  La reconciliación, para que pueda darse, requiere una serie de condiciones sobre las que podemos profundizar en una próxima oportunidad.

Lograr ser compasivos con nosotros mismos, asumir con humildad y alegría el paso que hayamos podido dar en ese momento ya de por sí es un avance en el camino de la paz. 

¿Vivimos violencia en nuestro país? Sí, pero donde hay violencia también hay una oportunidad para la paz y depende de cada uno de nosotros decidir transitar ese camino.    

Espero que estas reflexiones te sirvan de apoyo para observarte y ver tu camino hacia la paz. Todo proceso requiere tiempo, práctica y en ocasiones la ayuda profesional psicoterapéutica. Si necesitas apoyo puedes contactarme por WhatsApp +58 4146387298 o por mail a leonorandrade29@gmail.com

Ataques de Ansiedad y Covid-19

Leonor Andrade Castillo

Ha pasado más de un año desde que comenzó la pandemia de Covid-19.  En un comienzo la gente hablaba de los síntomas físicos que se producen con la enfermedad, tales como la fiebre, la pérdida del olfato y del gusto, dolores de cabeza en algunos casos, y de la debilidad.  A medida que ha ido evolucionando la pandemia, ha surgido como parte de la experiencia, el hecho de que personas reportan haber tenido ataques de pánico y depresión durante la enfermedad o posteriormente después de haberla superado.  

He acompañado a varias personas que se contagiaron del Covid-19 (casos leves de la enfermedad que no han requerido hospitalización) y pude observar cómo desde el mismo momento en el que reciben el diagnóstico, comienza un proceso de miedo ante cómo les pueda afectar la enfermedad: miedo ante la posibilidad de complicarse, de estar solo y aislado y no tener quien los apoye e incluso ante la posibilidad de ser hospitalizado y morir. He acompañado a personas durante todo su proceso, desde que reciben el diagnóstico hasta la recuperación de la enfermedad. 

La Universidad de Oxford realizó un estudio sobre el posible efecto del Covid-19 en los ataques de ansiedad. “…los investigadores revisaron los registros de salud electrónicos de más de 236.000 pacientes de COVID-19, en su mayoría de los Estados Unidos, y encontraron que al 34% se le había diagnosticado una afección psiquiátrica o neurológica en los seis meses posteriores a la infección con el coronavirus. (…) el 17% de los pacientes con COVID-19 fueron diagnosticados con trastornos de ansiedad y el 14% con trastornos del estado de ánimo, incluida la depresión.”  De este estudio el Dr. Harrison, autor principal del estudio expresa: “Nuestros datos realmente llaman la atención sobre la escala del problema… “Esto resalta la idea de que el COVID tiene consecuencias para las personas, incluso si estas no van al hospital”.  (Tomado de: COVID-19 y salud mental: “Nunca antes había tenido ataques de pánico” En: https://www.dw.com/es/covid-19-y-salud-mental-nunca-antes-hab%C3%ADa-tenido-ataques-de-p%C3%A1nico/a-57173378 ).

Cada experiencia es distinta. En algunos casos es conveniente buscar apoyo profesional no solamente del médico sino de un psicoterapeuta y en algunos casos, psiquiátrico (por casos de depresión) para ir manejando la ansiedad, durante el proceso.

Llama la atención que incluso después que la persona supera la enfermedad, se producen ataques de ansiedad.  La reincorporación a las actividades laborales suele ser un aspecto dificultoso ya que una vez que reciben el permiso del médico para reincorporarse al trabajo, aún deben lidiar con niveles de fatiga y ataques de ansiedad relacionados con el miedo a que se pueda volver a contagiar. Es necesario escuchar lo que tu cuerpo te está diciendo en cada momento.  Por ejemplo, si como parte de tu trabajo debes atender reuniones virtuales prolongadas, puedes comenzar paulatinamente y tener primero reuniones cortas, con algunos espacios de tiempo para descansar, y a medida que pasen los días y te vayas sintiendo mejor, puedes prolongar la duración de las reuniones. 

Si bien se ha hablado de que el COVID-19 puede tener efectos sobre la salud mental, de acuerdo con el profesor Harrison, “lidiar con el estrés de saber que tienes COVID, tener que aislarte, preocuparte por tu trabajo, tu futuro, tu salud, es la explicación más probable para esos diagnósticos”.  

¿Cómo podemos hacer para manejar un ataque de ansiedad? Observa tus pensamientos y centra tu atención en tu respiración. Enfócate en garantizar que sigas respirando.  Puedes decirte mentalmente o en voz alta, a medida que respiras:  En este momento estoy inhalando….  En este momento estoy exhalando… Una y otra vez.  De esta manera vas regulando el ritmo de tu respiración y al estar enfocado en el pensamiento sobre la inhalación y la exhalación disminuyen o desaparecen los pensamientos catastróficos que te activan la ansiedad y comienzas a sentirte más relajado.  La mejor medida que podemos tomar sigue siendo la prevención y en caso de que te contagies, te sugiero busques el apoyo no sólo de un médico sino de un psicoterapeuta/psicólogo o psiquiatra que te acompañe en tu proceso.


Todo proceso de recuperación requiere tiempo y en ocasiones la ayuda profesional psicoterapéutica. Si necesitas apoyo puedes contactarme por WhatsApp +58 4146387298 o por mail a leonorandrade29@gmail.com

¿Y Ahora Qué?

Leonor Andrade Castillo

Estoy sentada aquí escribiendo a las 11:30 de la noche, después de pasar 6 horas de tormenta y de estar 7 horas sin servicio eléctrico.  La verdad pensaba que a esta hora estaría dormida, pero la interrupción del servicio eléctrico a las 3 de la tarde cambió todos mis planes.   

Si algo vivimos los venezolanos es la incertidumbre: ¿Vendrá el señor del gas?   ¿Vendrá el de la cisterna?  ¿Pasará el aseo?  ¿Conseguiré el remedio que estoy buscando? ¿Habrá gasolina? ¿Dónde? ¿Tendré luz?  Y cuando se va la luz… ¿Repondrán el servicio eléctrico? ¿Cuándo? Estas son sólo unas cuantas situaciones cotidianas, sin caer en profundidades ni complejidades como una enfermedad.

La incertidumbre se ha convertido en la protagonista principal en nuestra vida. Sentimos que vivimos pendiendo de un hilo, caminando en la cuerda floja sin tener idea de si podremos dar el siguiente paso, e incluso de si habrá una cuerda.  Esto emocionalmente nos genera una sensación de incertidumbre.  

¿A qué nos referimos cuando hablamos de incertidumbre emocional?

La incertidumbre emocional es una sensación de falta de control acerca de lo que ocurrirá en el futuro.  Esta falta de control, a su vez, nos produce miedo, y éste nos causa ansiedad.  Nuestra mente está imaginando un panorama negativo de lo que pueda ocurrir en el futuro, por ejemplo, que no llegue la luz y no tengamos a quien recurrir para llevar la comida que tenemos en la nevera y se dañe la comida, o que cuando llegue la electricidad por las subidas y bajadas de la luz la nevera no encienda. Son pensamientos catastróficos, ante los cuales nos podemos sentir sin recursos para resolver las situaciones imaginadas, y esto nos produce ansiedad.  Nuestro cuerpo físico, sentado en ese momento en la oscuridad, se comienza a preparar para la catástrofe que la mente se está imaginando y se desata una serie de reacciones como que se nos acelera el corazón y nuestra respiración, no nos podemos concentrar, se nos tensan los músculos y luego sentimos cansancio…

¿Cómo podemos vivir la incertidumbre cuando ésta es la protagonista principal en nuestra vida?

  • El primer paso es calmarnos.  Centra tu atención en tu cuerpo. Observa tus sensaciones corporales: tu respiración tal cual es, los puntos de tensión en las distintas partes de tu cuerpo, el ritmo de tu corazón… 
  • Inhala y exhala lentamente y de manera consciente.  Esto hará que el ritmo acelerado de tu corazón disminuya.  Si sientes tensión en alguna parte de tu cuerpo, cuando inhales, envía ese aire a esa parte de tu cuerpo y al exhalar imagina que toda esa tensión se va con ese aire.
  • Escribe los pensamientos catastróficos que se imagina tu mente y ante cada uno al lado identifica y escribe otra posibilidad más amable.
  • Recuerda cómo afrontaste de manera exitosa otras situaciones similares en el pasado.  Esto te conectará con esa parte tuya que cuenta con recursos para resolver.
  • Enfócate en lo que sí puedes hacer en este momento. Pregúntate: ¿Qué acciones concretas puedo hacer yo para resolver?  Identifica algunas acciones inmediatas que puedas tomar, aunque sean pequeñas.  Esto te dará una sensación de seguridad y de control sobre la situación y a medida que vayas tomando estos pequeños pasos podrás ver con más claridad el panorama e resolviendo paso a paso. 

Cuando centras tu atención en lo que sí puedes hacer de manera inmediata, sientes que tu margen de maniobra es mucho mayor, cambia tu percepción, disminuye tu sensación de incertidumbre y puedes hacer los ajustes que necesites hacer en tus planes a corto plazo. Aunque no todo lo puedes controlar, cuentas con los recursos para manejar las situaciones que se te presenten y de no ser así esta es una oportunidad para descubrir nuevos recursos.   Como bien lo expresa Erich Fromm: “La incertidumbre es la condición que impulsa al Hombre a revelar sus poderes.”

Todo proceso requiere tiempo y en ocasiones la ayuda profesional psicoterapéutica. Si necesitas apoyo puedes contactarme por WhatsApp +58 4146387298 o por mail a leonorandrade29@gmail.com

¿Me amo?

¿Te has encontrado en la situación en la que te desvives por alguien?  Tal vez una pareja, un amigo o amiga, o tus padres.  ¿Te cuesta decirle que No a los demás, sobre todo a los más cercanos?   ¿Te gusta complacer a los demás porque “me hace sentir bien”?  ¿O quizá te gusta que todo quede perfecto y al final nada te satisface?  ¿Eres muy exigente contigo? ¿No te sientes conforme con tu apariencia tal vez o con tus habilidades? ¿Te comparas continuamente con los demás y siempre sales perdiendo en la comparación?

Si te sientes identificado con estas situaciones o con alguna de ellas, es posible que tu atención esté centrada en los demás y sientas poco amor por ti mismo.  

Podrías decirme que amas mucho a tus seres queridos y tu mirada se vuelca en ellos.  La cuestión está en que, al hacerlo así, tú quedas en segundo lugar y terminas dándote sólo lo que te sobra. 

El amor implica un equilibrio entre dar y recibir.  Sólo dar no es amor (algo falta, quizá la experiencia de recibir).  Sólo recibir no es amor (algo falta, quizá la experiencia de dar).  Puede ser otra cosa, pero no amor como tal.  Si no sabes cómo darte amor y recibir el amor que te das, tampoco sabrás cómo recibir el amor que te pueda dar otra persona y termines sintiendo que nadie te quiere, y en tu afán por buscar que te quieran decidas dar aún más y paradójicamente mientras más das para que te quieran, menos recibes.  Si uno no se ama, difícilmente puede amar a los otros de una forma sana.  

Quizá podamos empezar por mirar entonces lo que no es amor propio para quitar algunas dudas del camino.  Amor propio no es ser prepotente, no es creerse la última Coca Cola del desierto ni la mamá de Tarzán.  Amor propio no implica sólo pensar en ti y no ver para los lados, ver la persona que tienes cerca y sus posibles deseos o necesidades.  Amor propio no es ser el centro del mundo y esperar que los demás te adoren y te rindan pleitesía.

El amor propio o autoestima es sentirte a gusto contigo mismo, valorarte, estimarte en el concepto que tienes de ti mismo y en la atención y cuidado que te das en tu día a día.   La autoestima implica tener una visión positiva realista de ti mismo a todo nivel: tu apariencia física (te gusta lo que ves en el espejo), tus conocimientos y habilidades, tu emoción y tu relación social con los demás.   Amarte a ti mismo es saber qué es lo que necesitas, respetando al otro y a ti mismo.  Amarte a ti mismo implica relacionarte con equidad sin ponerte por encima de los demás y tampoco poniendo a los demás por encima de ti.  Cuando te amas a ti mismo encuentras el equilibrio (el equilibrio es algo dinámico y requiere hacer ajustes continuamente).  

Amarte a ti mismo es un proceso que podemos recorrer con el acompañamiento de un psicoterapeuta.  Según Fritz Perls, creador de la psicoterapia Gestalt, “la terapia consiste en pasar de la necesidad de apoyarse en otro a la capacidad de apoyar en sí mismo.”  Y ése es precisamente el camino para aprender a amarnos a nosotros mismos.   

Son muchos los ejercicios que podemos hacer en psicoterapia para mejorar nuestra autoestima.  Voy a compartir uno contigo.  Si te gusta complacer a los demás y deseas hacer algo por esa otra persona (puede ser tu pareja) aunque ni siquiera te lo haya pedido, puedes detenerte un momento, chequear cómo te sientes a nivel corporal (si hay alguna tensión en tu cuerpo y cómo te sientes emocionalmente) y luego preguntarte qué puedes hacer por ti para sentirte a gusto.  Una vez que te sientas a gusto y te hayas dado la oportunidad de atenderte a ti, entonces te puedes preguntar si aún deseas complacer a la otra persona. Este ejercicio te permite ir ejercitando tu capacidad para atenderte a ti mismo y recibir esa atención.  De esta manera vas ejercitando tu capacidad para recibir. Adicionalmente, es muy posible que en el fondo de esa necesidad de complacer al otro (para que tenga buen concepto de ti y te quiera) lo que haya sea una necesidad de atenderte a ti mismo (quererte a ti mismo).

El proceso de amarte a ti mismo puede llevar tiempo.  Sé gentil, paciente y compasivo contigo mismo.  Como decía Oscar Wilde, “el amor a uno mismo es el comienzo de un romance que dura toda la vida.”

Todo proceso requiere tiempo y en ocasiones la ayuda profesional psicoterapéutica. Si necesitas apoyo puedes contactarme por WhatsApp +58 4146387298 o por mail a leonorandrade29@gmail.com

Espejos y Sombras

Leonor Andrade Castillo

¿Has caminado alguna vez bajo el sol y observado cerca de ti una silueta oscura, a veces mucho más grande que tú?  Es tu sombra.  

¿Has escuchado la expresión “el espejo no miente”?  La misión del espejo es proyectar lo que está frente a él, luces y sombras.  Un espejo no escoge lo que va a proyectar.  El espejo es un medio para mostrarnos de frente lo que está frente a él, luces y también sombras. 

El espejo puede ser un espejo en sentido literal o también puede ser una persona o una situación que nos está reflejando alguna característica nuestra que no vemos y la proyectamos (es decir la vemos en la otra persona).  

Lo que no vemos, la sombra, no necesariamente tiene que ser un aspecto negativo.  También puede ser una característica positiva, una habilidad que admiramos en la otra persona, sin darnos cuenta de que también forma parte de nosotros.  

El espejo proyecta tanto mi luz (lo que veo) como mi sombra (lo que está oculto para mí).  Cuando mi sombra es muy amenazante, la proyecto en las demás personas y cuando se manifiesta en su comportamiento, me molesta muchísimo, de una forma exagerada.  Cuando esto ocurre toca sospechar de mí misma y comenzar a buscar en mí eso que tanto me molesta del que tengo enfrente. Es mucho más fácil ver la sombra en otro que en mí. 

Si la misión del espejo es mostrarme tal cual soy, ¿Cuál es la misión de la sombra?  

Somos humanos y ello implica que somos duales. Somos luz y también oscuridad. Tenemos ambos extremos: el positivo y el “negativo” y ambos son necesarios para alcanzar la totalidad.  Como una batería de un carro: tiene un polo positivo y un polo negativo y ambos son indispensables para que la batería pueda transmitir la chispa y el carro pueda encender. 

Cuando logro ver la sombra, el primer paso es aceptar que la tengo, para luego poder integrar dentro de mí ese aspecto que hasta el momento he estado viendo solamente afuera en las demás personas.  

En ocasiones se producen situaciones duras y difíciles en nuestra vida y podemos caer en la tentación de salir corriendo y alejarnos para evitar el dolor y el sufrimiento. Si bien ésa es una opción, estarás desaprovechando la oportunidad para mirar de cerca lo que ese espejo te está reflejando de ti e integrarlo.  

¿Hay alguna otra forma de identificar mi sombra aparte verla proyectada en los demás? Comparto contigo un ejercicio que te puede ayudar a identificar algunos aspectos de tu sombra.  Toma una hoja de papel y traza una línea vertical en la mitad de la hoja.  En el lado izquierdo anota todos esos aspectos que te agradan de ti.  En la columna de la derecha al lado de cada uno de las características que te gustan de ti vas a escribir su opuesto.   Por ejemplo: Soy cálida y el opuesto puede ser Soy fría.  Una vez que hayas completado tu lista, léela lentamente y sobre todo lee atentamente la columna de los opuestos porque allí se encuentra tu sombra.  A modo de práctica escoge uno de esos aspectos y comienza a observarlo en tu vida cotidiana.  Primero obsérvalo en los demás y luego comienza a observarlo en ti.  Poco a poco podrás ir identificando este aspecto tuyo hasta que lo reconozcas como parte de ti.  En este proceso es muy probable que descubras que la incorporación de este aspecto en tu vida te trae algunos beneficios que antes no podías ver.

¿Cómo puedo saber que efectivamente ya integré dentro de mí, ese aspecto que estaba viendo en otros? 

Una manera es observar cómo reaccionas.  Si una persona proyecta su sombra frente a ti y ya no te molestas o no reaccionas de manera negativa, y tu cuerpo se mantiene relajado, es muy probable que ya hayas integrado ese aspecto tuyo.  Como dice Jung: “lo que resistes persiste lo que aceptas te transforma.”

Todo proceso requiere tiempo y en ocasiones la ayuda profesional psicoterapéutica. Si necesitas apoyo puedes contactarme por WhatsApp +58 4146387298 o por mail a leonorandrade29@gmail.com

Me decepcionaste 

Leonor Andrade Castillo.

De pronto sientes un hueco en el estómago.  No entiendes nada y te sientes aturdido.  En un primer momento puedes hasta dudar de que sea verdad lo que te están diciendo sobre esa persona. 

La decepción es como una caída abrupta, como si de repente te hubiesen quitado el piso y te hubieses quedado en el aire.  Es un retorno doloroso a una realidad muy alejada de tus expectativas.  En ocasiones, la decepción puede ser hacia ti mismo, en otras, la decepción puede ser hacia otra persona, institución o colectividad. A veces puede ser individual, es decir que sólo te afecta a ti, y a veces puede ser una decepción colectiva, es decir que todo un grupo se siente decepcionado frente a algo o alguien que de alguna manera está relacionado con ellos.

Son múltiples las reacciones frente a la decepción.  Puedes sentir rabia, dolor, tristeza y hasta depresión.  Algunas personas no logran salir del torbellino de emociones y se van sintiendo cada vez peor, sin poder dejar ir lo que sucedió. No obstante, otras personas pueden manejar la decepción de manera que al final del proceso aprenden y salen fortalecidas de la situación.  

Lo que ocurre cuando te decepcionas es que hay una brecha (unas veces más grande que otras) entre tu expectativa hacia la otra persona y la realidad.  Dependiendo del tamaño de la brecha, será el tamaño de la caída.  Mientras más hayas idealizado a la otra persona, mayor será la decepción.  A veces la decepción está relacionada con el deseo de algo.  Por ejemplo, puedes luchar con todas tus fuerzas para lograr una posición en tu empleo y una vez que la obtienes te das cuenta de que lo que sientes no se corresponde con la felicidad que habías imaginado que sentirías mientras luchabas por conseguirlo y por ende te sientes decepcionado.  

Hay decepciones tan fuertes que pueden cambiar el curso de tu vida, como una decepción con tu pareja (por ejemplo, una infidelidad) que puede significar que decidas terminar la relación. A veces puedes culparte por no haberte dado cuenta de la realidad, por no haber visto las señales que indicaban que esa persona no era como te la imaginabas, y te sientes culpable y decepcionado de ti mismo. 

Ante estas situaciones y para evitar la decepción, algunos colocan sus expectativas hacia sí mismos y hacia los demás, en un nivel tan bajo que no esperan nada y la vida se convierte en un camino de logros al mínimo y paradójicamente mientras más se protegen para evitar la decepción, más decepcionados se sienten.  Otros, por el contrario, colocan la barra tan alta que resulta inalcanzable y también terminan sintiéndose decepcionados de sí mismos y de los demás. 

Manejar la decepción adecuadamente te puede llevar a un proceso de aprendizaje. El primer paso es comprender lo que en realidad sucedió, identificar si estaba en tus manos o si por el contrario no tenías control sobre lo que pasó.  Esto te puede ayudar a manejar la frustración que causa querer controlar la situación y no poder hacerlo, al tomar conciencia de que en realidad escapaba de tus manos.  Luego puedes observar cómo eran tus expectativas en relación a la persona que te decepcionó. 

Al respecto de las expectativas el Dalai Lama habla de la relación entre la decepción y la compasión y distingue entre la Compasión Parcial y la Compasión Imparcial.  La Compasión Parcial según el Dalai Lama es “el sentimiento de preocupación por el bienestar de nuestros amigos, la gente que realmente se comporta de una forma positiva con nosotros (…) el afecto parcial está orientado principalmente según las acciones de los demás: si la acción hacia mí es positiva, amistosa, entonces los amo. Si estas personas me perjudican, si se comportan de modo negativo conmigo, entonces en vez de afecto, siento enfado.” El Dalai Lama sugiere desarrollar la Compasión Imparcial, centrada no en las acciones de los demás sino en la conciencia de que “simplemente los otros son también seres humanos: ellos quieren también la felicidad y tienen también todo el derecho de superar el sufrimiento.” (En: https://www.youtube.com/watch?v=6eHafBUFyOY&t=145s ).  Esto te permite ver a la otra persona más allá de sus acciones, en su camino para aprender y superar el sufrimiento, igual que tú.

Si te encuentras atascado en la decepción pudieras requerir ayuda profesional psicoterapéutica. Puedes contactarme por WhatsApp +58 4146387298 o por mail a leonorandrade29@gmail.com

Sí, Gracias

Leonor Andrade Castillo

Solemos conectarnos con el agradecimiento cuando nos sucede algo agradable y queremos celebrarlo.  La cuestión está en que el agradecimiento va mucho más allá de la celebración por lo positivo.  Agradecer es una energía que influye de manera positiva en las emociones y en la calidad de nuestras relaciones con los demás, entre otras cosas porque nos abre la puerta para el reconocimiento propio y de la otra persona, independientemente de la situación.  El Dalai Lama hace referencia a que podemos sentirnos agradecidos con nuestros enemigos.  Y es que aún en las situaciones “negativas” podemos encontrar algo qué agradecer, ya que esas situaciones nos traen entre otras cosas, aprendizaje.

No basta con decir gracias, por educación.  Ser agradecido va mucho más allá para poder conseguir realmente un bienestar emocional.  Se ha demostrado mediante diversos estudios que cultivar la gratitud nos fortalece en tiempos de adversidad y agitación emocional, y nos mayor capacidad para recuperarnos y a conectarnos con la felicidad.   Los autores de un estudio denominado «Gratitud y Bienestar: Los Beneficios de la Apreciación» se refieren a la gratitud como “la apreciación de lo que es valioso y significativo para uno mismo…” Expresan que la gratitud es tanto un estado como un rasgo.  Las personas que practican el agradecimiento tienden a ver con mayor facilidad los aspectos positivos en las situaciones. Es importante darnos cuenta de que ser agradecido y practicar el agradecimiento no es una evasión. Al contrario, a medida que la practicamos vamos aprendiendo a ampliar nuestra perspectiva y podemos ver más allá de lo obvio, algunos otros aspectos por los cuales sentirnos agradecidos. Este es uno de esos temas en los cuales se encuentran tanto la ciencia como espiritualidad.  El Gurú Mooji habla del agradecimiento y nos dice: “Mantén un corazón de gratitud por todo lo que la vida te trae.  Todo está en servicio a tu despertar de este largo sueño de ilusión a tu Ser real tan lleno de vida y amor.  Agradece a la vida.  Agradece a Dios.  Agradece a tu más íntimo ser. Incluso si no puedes ver ahora lo que digo que agradezcas, sigue agradeciendo. Esto cambiará la vibración dentro y te hará luminoso, abierto y lleno de amor, perdón y gozo.  Al final de todas las cosas: No te preocupes.  Todo está en las manos de Dios. Todo es bueno.” 

¿Cómo podemos aprender a ser agradecidos y practicar el agradecimiento en nuestra vida cotidiana?   Hay un ejercicio muy bueno que aprendí de Martin Seligman, creador de la psicología positiva, que consiste en llevar un Diario de Agradecimiento y escribir diariamente, al final del día, tres cosas por las cuales te sientas agradecido. Te harás dos preguntas: 1.- ¿Qué agradezco hoy?  2.- ¿Cómo contribuí para que sucediera?  Por ejemplo, yo puedo ir a buscar un producto en una tienda y luego de encontrarlo decido ver el pasillo de al lado. Allí encuentro otra cosa que quería desde hacía mucho tiempo y no había encontrado. Agradezco haber conseguido esa cosa que había estado buscando desde hace tiempo, y además, tomo conciencia de haber estado abierta a explorar más allá, luego de haber conseguido lo que originalmente me llevó a esa tienda. Otra forma de practicar el agradecimiento consiste en hacer una Meditación para Dar Gracias.  Esta meditación la aprendí de Mooji. Consiste en sentarnos con los ojos cerrados, poner nuestras dos manos juntas como si fuéramos a orar y comenzar a decir Gracias.  Gracias.  Gracias.  No importa si en ese momento sientes que no tienes nada qué agradecer.  Sólo repítelo.  Gracias.  Gracias. Gracias.  A medida que lo vayas haciendo desde tu corazón, empezarás a sentir que sí hay algo qué agradecer y entonces continúa diciendo Gracias por mi vida, Gracias por el aire (lo que sea por lo que te sientas agradecido). Continúa haciendo esto por unos cinco minutos y luego quédate en silencio, sintiendo. Toma tres respiraciones profundas, mueve los dedos de tus pies, de tus manos y toma conciencia del lugar donde estás y cuando te sientas listo, abre los ojos. Si lo deseas puedes ver a Mooji haciendo la meditación (https://www.youtube.com/watch?v=8sOFaT3UOg8&t=537s ).

La gratitud es una decisión propia.  Es como una espiral que va ampliando la energía.  Mientras más la practicamos y más centramos nuestra atención en los aspectos positivos de todas las situaciones, vamos generando una sensación de confianza tanto propia como en el otro, al cual damos reconocimiento y valor, lo que genera una energía positiva que crece con cada nueva acción de agradecimiento.

Si te cuesta conectarte con el agradecimiento pudieras requerir ayuda profesional psicoterapéutica. Puedes contactarme por WhatsApp +58 4146387298 o por mail a leonorandrade29@gmail.com

El Impacto del Alzheimer en la Familia

Hace varios años cuido a mi mamá.  Tiene Alzheimer.  Puedo decir sin temor a equivocarme, que es la experiencia más dura y al mismo tiempo la más enriquecedora que me ha tocado vivir. Siento a veces que esta enfermedad es como una muerte en cámara lenta.

La aparición del Alzheimer en un familiar, crea una situación crítica en la familia, y requiere una reorganización, que debe ir ajustándose a medida que va avanzando la enfermedad. En familias numerosas en las cuales hay varios hermanos y hermanas, tíos y tías, incluso en ocasiones nietos, dispuestos a contribuir, la atención es más llevadera ya que las responsabilidades se distribuyen entre varios de los miembros de la familia. En familias pequeñas, suele ocurrir que toda la carga recae con frecuencia, en una sola de ellas.  En una familia ideal, las actividades de atención al familiar enfermo, se distribuirían de manera equitativa y de acuerdo a las habilidades de cada uno, el tiempo disponible y la disposición emocional y económica.  La realidad dista mucho de ser así y lo que solemos encontrarnos en la vida real, incluso en familias numerosas, es que una sola persona de la familia es la que asume la mayor parte de la carga que implica atender a una persona que cada día requiere mayores cuidados.  

La persona cuidadora asiste, en primera fila, a la pérdida de identidad, memoria y autonomía que su ser querido con un proceso de deterioro cognitivo va experimentando, y esto le afecta física y emocionalmente, aunque con frecuencia no se dé cuenta sino cuando ya los malestares son muy pronunciados. 

Estamos frente a una película no una foto estática.  La enfermedad va cambiando y nos va cambiando, y además del aspecto emocional también va requiriendo mayor dedicación e incluso más inversión económica.  Exige de nosotros aprender nuevas habilidades, y cada día mantener abierto nuestro canal de comunicación con la persona que estamos cuidando, ya que progresivamente va perdiendo la habilidad para expresarse verbalmente.  Se mantiene la conexión emocional y de esa manera podemos sentir y percibir lo que en un momento dado la otra persona está queriendo o necesitando, aunque no pueda expresarlo en palabras. 

Lo que suele compartirse con mayor frecuencia es el impacto físico y emocional sobre el cuidador familiar principal pero el impacto económico es una fuente de estrés de la que poco se habla.  En Venezuela éste es un aspecto importante debido a la hiperinflación, a la falta de una infraestructura sanitaria, a la dificultad para conseguir medicamentos y alimentos, y desde hace año y medio se suma a la lista la pandemia por el Covid-19, que ha agregado una gran fuente de estrés y exigencia a todo el cóctel del cuidador familiar, que en esta situación se convirtió en un protagonista de atención sanitaria en primera línea.  

¿Qué podemos hacer entonces?  Recordé al maestro Thich Nhat Hahn y su libro “True Love” (Verdadero Amor) en el que habla de la práctica de cuatro mantras para desarrollar el verdadero amor. En este caso lo voy a aplicar a nuestra relación con nuestros familiares: Sé que estás aquí y eso me hace muy feliz. Podemos como cuidadores reconocer a nuestros familiares y el apoyo que dan en la actualidad. Estoy aquí para ti. Podemos expresar que estamos disponibles para nuestros familiares para escucharlos. Sé que estás sufriendo y puedes contar conmigo.  Esto no quiere decir que vamos a añadir más cargas a nuestra ya pesada carreta. Lo que quiere decir es que podemos ser empáticos en relación al sufrimiento que le pueda causar a nuestro familiar ver el deterioro de nuestro ser querido en común y por ello limitar su participación. Estoy sufriendo y necesito tu ayuda.  Este mantra es el más difícil, aunque suene sencillo.  Implica expresar a nuestro(s) familiar(es) el sufrimiento que nos causa su falta de apoyo o apoyo insuficiente y pedir su ayuda para comprender lo que le está sucediéndole y encontrar juntos una solución. Implica superar el orgullo que sentimos para pedir ayuda.  Esto abre la puerta para que ambos puedan expresar su sentir y evitar malos entendidos, o presunciones que nos pueden llevar a una situación aún más dolorosa.  

Cada vez que sientas que tu sufrimiento está causado por otra persona recuerda este cuarto mantra y chequea con la otra persona lo que está ocurriendo y simplemente dile “Querido(a) estoy sufriendo, ayúdame por favor.”

Si requieres apoyo profesional psicoterapéutico como cuidador, puedes contactarme por WhatsApp +58 4146387298 o por mail a leonorandrade29@gmail.com

Para amar necesitamos estar presentes

Leonor Andrade Castillo

Las crisis son una oportunidad para mirarnos, observar lo que nos gusta y lo que nos disgusta de nosotros y de nuestra relación de pareja, asentirnos tal como somos, y desde esa conciencia, transformarnos y transformar nuestra forma de vivir en pareja, de manera que nos brinde bienestar.  Ni vamos a ser los mismos de antes, ni va a ser igual que antes.  No sabemos cómo va a ser.  

Escucho con mucha frecuencia en consulta “quiero que seamos como antes”.  Y la verdad es que ser “como éramos antes”, primero no es posible y segundo no es deseable, ya que ser “como éramos antes”, fue lo que los trajo hasta donde están ahora.

¿Qué eso que llamamos amor?   Para mí el amor es posible cuando soy capaz de liberarme del juicio, de observar a la otra persona tal como es en su totalidad.  Eso me permite asentir a la otra persona en todas sus dimensiones y lograr dar y recibir en plenitud y en equilibrio como bien lo establece el maestro Bert Hellinger.  

Al respecto, el psiquiatra y psicoterapeuta Gestalt, Dr. Guillermo Feo expresa que “Para amar en sanidad debemos entender que el amor no está fuera de nosotros, en las otras personas o cosas. Nace dentro de nosotros, enmarcado por lo que hemos vivido y está condicionado definitivamente por nuestras experiencias…. La capacidad de amar conlleva, inevitablemente, al amor.”

Lo que veo en consulta es que hay “amores” que están fundamentados en la necesidad, en la dependencia hacia el otro. Por ejemplo, si tengo problemas de autoestima, es probable que quiera o tenga una pareja que espero que me reconozca, que me valore, que me diga que soy bonita o inteligente… Es decir que estoy esperando que el otro llene mis deficiencias, estoy viviendo el amor desde la visión de la media naranja que completa mi media naranja… 

Ahora imagínate que estoy esperando sentirme bien y a gusto conmigo dependiendo de que mi pareja me valore, me dé reconocimiento, se ocupe de mirarme, esté todo el tiempo haciéndome cariñitos… Si no lo hace empiezo a pensar que ya no me quiere, que seguramente hice algo malo… ¡Y qué carga para mi pareja!… Eso en realidad no es amor. Es dependencia. Lo amo porque lo necesito. 

De acuerdo con el maestro Thich Nhat Hahn, el mejor regalo, la cosa más preciosa que podemos dar a nuestra pareja, es nuestra verdadera presencia, estar allí para escucharla, estar realmente presente con todos nuestros sentidos y toda nuestra atención.  

¿Cómo podemos amar si no estamos allí?  Con frecuencia, está nuestro cuerpo allí y nuestra mente está en otro lado, pensando en el trabajo, o en cómo resolver algún problema o incluso pensando que en el otro no me quiere o que no está allí para mí.  De esa forma puede ocurrir que ninguno de los dos esté realmente presente. Nuestro cuerpos están allí y nuestras mentes está en otra parte, elucubrando.

¿Cómo podemos hacer para estar allí para nuestra pareja?  

Esto que suena tan sencillo requiere práctica de nuestra parte.  Es necesario estar claros: para poder estar disponibles para el otro, primero necesito estar disponible para mí.  Para ello, precisamos observarnos y si nos capturamos sentados al lado de nuestra pareja y nos está contando cómo le fue en su día y nos damos cuenta de que estamos pensando en la entrevista que tendremos al día siguiente, en ese instante debemos centrar nuestra atención en nuestra respiración (podemos hacer tres inhalaciones y exhalaciones de manera consciente) para que nuestra mente aterrice de nuevo allí y estemos juntos, cuerpo y mente, alineados, y así estar presentes para nosotros mismos y para nuestra pareja.  

Amar es estar presente y ello requiere práctica todos los días desde la autoobservación y la respiración consciente para estar presente en cuerpo, mente y alma, y literalmente abrir el camino para amarme a mí y a mi pareja con cada respiro.

Si deseas hacer terapia con tu pareja y encontrar su forma de estar presentes y vivir en bienestar puedes contactarme por WhatsApp +58 414-6387297 o por mail leonorandrade29@gmail.com

Ser Solidarios

Leonor Andrade Castillo

La solidaridad es un valor.  Consiste en apoyar a otra persona o personas sin ningún interés y sin esperar nada a cambio.  No estamos obligados a ser solidarios.  Ser solidarios es una decisión.  Diría incluso que es una forma de vivir.  Una persona solidaria es aquélla que brinda su apoyo a otra, sólo por compasión.  A veces pensamos que para ser solidarios es necesario tener dinero y la verdad es que en el día a día hay muchas formas en las cuales podemos ser solidarios con otra u otras personas, sin que implique gastar dinero.  

Una forma de ser solidario es dar tu tiempo a ayudar a otros, como por ejemplo en alguna institución que apoye a personas con cáncer, o en algún ancianato al que asistas para apoyar con las actividades de cuidado de los abuelitos (por ejemplo en el ancianato de las hermanitas de los pobres siempre hay oportunidad de contribuir de acuerdo con tus habilidades y disponibilidad de tiempo, con actividades como ayudar a dar de comer a alguna abuelita o abuelito, servir la comida, hacer alguna actividad de recreación como juegos de mesa, pintar y otros), o también puedes ser voluntario en alguna institución que trabaje con la reinserción de personas en situación de calle o con personas con problemas de adicción, podrías contribuir con alguna institución que tenga servicio de comedor solidario y prestar apoyo sirviendo la comida o incluso cocinando.  Estas son formas de ayudar que puedes hacer de manera presencial en la ciudad donde vives, cumpliendo siempre con las medidas de bioseguridad que se requieren para protegerte y por supuesto proteger a aquéllos a quienes apoyas.  

Acá en nuestro país en el que han quedado atrás tantas personas de la tercera edad que ahora han quedado solos, con ninguna o muy poca familia, una forma de ser solidarios es estar pendiente de ellos, por supuesto tomando todas las medidas de bioseguridad para prevenir contagios de Covid-19.  Por ejemplo, si en tu edificio vive alguna persona mayor que viva sola, podrías llamarla por teléfono para saber cómo está, preguntarle si necesita ayuda para hacer alguna diligencia, escuchar cómo se siente. Aunque no lo creas, escuchar es una forma de ser solidarios también.  Si es tu familiar el que se quedó y tú tomaste la decisión de migrar, puedes dedicar un tiempo una por semana a llamar a tu familiar y escucharlo.  La alegría que le darás y la sensación de sentir que le importas no tiene precio.  Otra forma de ser solidarios es donar sangre.  Esto tiene sus condiciones en cuanto a edad y salud personal… y que superes tu miedo a las agujas (jejejeje).  Esto lo puedes hacer por alguna persona específica que lo requiera o puedes ir a alguna clínica local o a la Cruz Roja local y ellos dispondrán de tu sangre para los que la necesiten.

La acción solidaria no necesariamente es con personas que están cerca de ti geográficamente. Por ejemplo, ahora en Navidad, hay una manera de apoyar a las víctimas de la explosión del Volcán en isla de La Palma en España.  Si quieres colaborar puedes mirar y compartir un video que preparó la organización Attendis.  La campaña que están haciendo se llama “Es por ti la Navidad”. Los colegios del Grupo Attendis realizaron un vídeo cuyo objetivo es recaudar fondos para las familias de La Palma. Está compuesto por personal de los colegios, cantado por alumnos y alumnas y con la participación especial del rapero Grílex.  La campaña comenzó el 2 de diciembre y hay varias formas de participar.  Puedes donar dinero y también puedes ver el video de los niños cantando y compartirlo para que otros también lo vean. Attendis donará 1.000€ por cada 10.000 visualizaciones que tenga el vídeo «Es por Ti la Navidad» en el siguiente enlace: https://www.youtube.com/watch?v=cLb0kfLjUPc .  

Hoy día existen aplicaciones que donan dinero, por ejemplo, con los kilómetros que registras allí que caminas o corres.  Algunas de ellas son Iwopi (tanto para Android como para Apple).  La manera en que esto funciona, es que marcas deportivas conocidas lanzan un reto de que al alcanzar una cantidad X de kilómetros harán una donación a alguna institución benéfica o de salud y entre todas las personas que participan van sumando los kilómetros hasta que se llega a la meta y la marca hace la donación en dinero. 

Son muchas las maneras en que podemos ser solidarios, y hay para todas las formas de vida.  Anímate. Comienza hoy a vivir tu vida de manera solidaria y haciendo a otro feliz de retruque tú también lo serás.  

Si deseas vivir en bienestar puedes contactarme por WhatsApp +58 414-6387298 o por mail leonorandrade29@gmail.com


Alegres aún en Tiempos Difíciles

Leonor Andrade Castillo.

Queremos que el país cambie, que el mundo cambie y no nos damos cuenta cómo cada uno de nosotros tiene sembrada esa forma de hacer las cosas, de tratarnos, de vivir desconectados de nosotros mismos, y por ende, del otro. Nos excluimos: A veces nos excluyen y otras nosotros también excluimos a alguien, a veces incluso al que tenemos al frente, ya sea un amigo o a veces hasta un familiar cercano. Nos quedamos con frecuencia a la espera de que las condiciones cambien para vivir mejor, para ser felices.  

El Dalai Lama expresa que para que el mundo cambie tenemos que hacer un trabajo en la familia, en la pareja y en último término a nivel individual.   La mayoría vive con la creencia de que la felicidad tiene que ver con lo que tenemos, con lo que logramos y cuando estamos viviendo situaciones difíciles nos podemos sumir en el sufrimiento.  ¿Cómo podemos encontrar la alegría mientras afrontamos el sufrimiento en nuestra vida?

Son innumerables las situaciones en las que me he sentido sumida en el sufrimiento.  Cuando falleció mi papá, cuando me siento abrumada con los cuidados que requiere mi mamá por el deterioro que produce el Alzheimer, cuando estoy batallando para conseguir el dinero para la comida y los medicamentos de mi mamá, cuando me cuesta moverla en la cama, cuando le estoy dando de comer con una cucharita de bebé y necesito aún más paciencia.  

He aprendido en esos momentos a quedarme quieta, a retirarme un tanto y sentarme a respirar para poder hacer un ajuste en mi mirada y en otras ocasiones me mantengo en el mismo lugar y centro mi atención en cantar el mantra Namasté, Chidanandha Rupeh (para el reconocimiento de nuestro ser interior y el de la otra persona). Ello me abre la puerta al reconocimiento mutuo y puedo retomar lo que estoy haciendo con una nueva disposición.  Por ejemplo, cuando estoy abrumada con los cuidados para bañarla y con el peso para poder voltearla, tomo conciencia de lo afortunada que soy de poder no sólo visitar a mi mamá sino permanecer con ella varios días de cada semana, en medio de una situación de restricción de todas las visitas desde que comenzó la pandemia. Ese agradecimiento cambia mi energía y por ende mi forma de llevar y asumir la actividad de bañar y mover a mi mamá. Cuando hago este cambio en mi mirada, inmediatamente siento cómo mi cuerpo se relaja y mi emoción cambia y poco a poco voy sintiéndome agradecida y contenta, dispuesta a cuidar a mi mamá, desde la gentileza y el agradecimiento.  

Bien lo dice el Dalai Lama, la alegría es un proceso y se aprende. Lo más importante no es el resultado final sino cómo vivimos el camino. Y si la forma en que lo hacemos hoy no nos funciona, mañana tendremos una nueva oportunidad para empezar de nuevo y encontrar una manera que nos brinde bienestar a nosotros mismos y por extensión a la otra persona.  No apurarnos, no forzar para que suceda lo que queremos.Agradecer todo, hasta lo más pequeño, o lo que no nos gusta, en lugar de desperdiciar nuestro tiempo pensando acerca de lo que no tenemos, hace nuestra vida más alegre. 

La alegría de acuerdo con el arzobispo Desmond Tutu, “es mucho más grande que la felicidad. Solemos percibir la felicidad como algo estrechamente vinculado a las circunstancias externas, mientras que la alegría es independiente.”, viene de adentro, como dice el Dalai Lama.

Desmond Tutu nos recuerda que la alegría es un músculo que necesitamos ejercitar todos los días para que se pueda fortalecer.  En aras de fortalecer nuestro músculo de la alegría estoy participando en el proyecto “Big Joy” (Gran Alegría), realizado por la Universidad de Berkeley, que consiste en compartir en línea todos los días, durante 7 días: 1.- Cómo te sientes, mediante caritas; 2.- Hacer una lista con 8 cosas por las cuales te sientes agradecido(a) ese día; 3.- Escribir un breve texto sobre cómo distintas personas cercanas físicamente o lejanas físicamente contribuyeron para que te sientas agradecido(a).  Cuando termino de hacer los ejercicios, me siento contenta.  

Cada día se nos presentan situaciones retadoras a nosotros y a personas a nuestro alrededor. Otra forma de vivir la alegría es ayudar a otra persona. Ambos, Desmond Tutu y el Dalai Lama coinciden en la potencia que tiene ayudar a otros. Como dice Desmond Tutu, “Si recuerdas los momentos más felices de tu vida, todos son de cuando hacías algo por otra persona.” 

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De la Frustración al Agradecimiento

Leonor Andrade Castillo

Vivir en la Venezuela de hoy no es cualquier cosa y las oportunidades para sentirnos frustrados, rabiosos, tristes, con impotencia y hasta resentidos están a la vuelta de cada esquina.  

Hace apenas unos días tuvimos la oportunidad de expresar nuestra opinión en las elecciones regionales y municipales. Todo un reto. Yo, por ejemplo, decidí votar.  Me tocó organizarme ya que mi guardia en el ancianato comienza el domingo.  Decidí ir a votar y luego irme al ancianato.  Llegué al centro de votación como a las 9:30am.  Aún no habían abierto el centro porque faltaban testigos para instalar dos de las cuatro mesas.  En vista de que parecía que no iban a abrir en el corto plazo decidí cambiar de estrategia.  Regresé a la casa a buscar las cosas e irme al ancianato y luego de atender a mi mamá, volver al centro a votar. Cargué todo en el carro y salí vía ancianato.  Cuando iba a tomar los túneles, una vocecita me dijo: Si te vas al ancianato, sin votar, luego no lo vas a hacer.  Fue tan contundente que, literalmente, le di un vuelco al volante y seguí hacia el centro de votación.  Ya habían abierto.  Entré sin dificultad y fui a la mesa que me correspondía.  Había cola.  Esperé. Cuando habían pasado como 20 minutos veía que poco avanzaba, decidí acercarme a una de los miembros de la mesa y plantearle mi situación de guardia en el ancianato.  La presidenta de la mesa me escuchó y fue muy amable y me dijo que podía ubicarme de segunda.  Le di las gracias. La señora que estaba delante de mí me miró y me dijo: pase usted primero. Se lo agradecí infinitamente. Voté y seguí mi camino al ancianato. Luego vino el tema de los resultados con la falta de información, con las amenazas y represión hacia algunos de los que ganaron de la oposición y las críticas entre las distintas alas de la oposición. Frustrante. No obstante, en medio de esa situación que aún perdura mientras escribo, decidí hacer un ajuste en mi mirada, e identificar aquellas situaciones por las cuales me siento agradecida.

Para mí la gratitud ha sido una experiencia de aprendizaje.  Cuando reviso en mi memoria, puedo encontrar cantidad de cosas que daba por sentadas hace apenas un suspiro: la salud, por ejemplo, comida, un empleo o actividad laboral productiva, la posibilidad de transitar libremente.  

Comencé a mirar mi película en relación a la votación con mirada de agradecimiento.  Empecé por lo obvio. Esto fue lo que vi: Agradezco haberme podido trasladar con facilidad al centro de votación. Agradezco haber podido votar; Agradezco que me hubiesen permitido pasar primero en vista de mi guardia; Agradezco a todos aquellos que participaron como miembros y testigos en las mesas que hayan estado disponibles y hayan dado su tiempo para que pudiéramos votar; Agradezco a cada uno de los observadores internacionales que vinieron a Venezuela para presenciar el proceso de la elección de primera mano, elaborar un informe y compartir la situación que estamos viviendo, con otros países; Agradezco a todos los que decidieron salir a ejercer su derecho, en ocasiones en condiciones difíciles;  Agradezco a todos aquellos periodistas y medios independientes que lograron en medio de situaciones adversas de represión, transmitir algo de lo que está ocurriendo en relación a los resultados;  Agradezco a los políticos que en las condiciones más adversas decidieron dar un paso hacia adelante;   Agradezco a los que decidieron no participar porque tuvieron la oportunidad de manifestar su parecer;    Agradezco a las ONG que han estado presentes durante todo el proceso, contribuyendo para que los ciudadanos pudiéramos ejercer nuestro derecho y a las que posteriormente han estado trabajando para que se conozcan los resultados y se proclamen todos los que ganaron en buena lid. 

Hace unos días vi un video de Sadhvi Bhagawati Saraswati en el que habla de ser agradecidos cuando estamos viviendo tiempos difíciles y hacía hincapié en que cuando estamos atravesando tiempos duros es cuando más agradecidos debemos ser con lo que sí tenemos. Y esto me conectó con un artículo de Raimón Samsó en el diario El País en el que plantea que “Hay dos clases de gratitud: la condicional y la incondicional. La primera consiste en sentirse bien cuando las cosas salen como uno espera. La segunda consiste en una actitud y un hábito de vida, sentirse bien sin que haya ocurrido nada especial. (https://elpais.com/elpais/2014/04/25/eps/1398421625_433152.html)

Luego de agradecer, me siento en paz y con una visión amplia y positiva. Esta energía de gratitud de alguna manera contribuye a elevar el campo energético de Venezuela, para así continuar nuestro camino hacia ser un país en bienestar, libertad, alegría y amor.  Agradecer es una forma de vivir y se puede aprender y lo mejor es que depende de ti. 

Si deseas vivir en bienestar puedes contactarme por WhatsApp +58 414-6387297 o por mail leonorandrade29@gmail.com


Renuncia, Esfuerzo y Transformación

No cuentes el tiempo sino tus transformaciones.”  Alejandro Jodorowsky

 Leonor Andrade Castillo

A medida que pasan los meses y seguimos viviendo en pandemia, cada día es más visible lo que ya no tenemos.  

En algunos casos ya podemos ver lo nuevo que ha surgido en nuestra vida y en otros aún sentimos el vacío por lo que hemos perdido sin poder visualizar lo que está por venir. 

Han sido meses de pérdidas y también de renuncias.  Y no me refiero sólo a pérdidas por fallecimiento de seres queridos sino a pérdida de empleo, quiebra de negocios, cambio en la naturaleza del trabajo que hacemos, cambio de ramo de negocios, cambio en la forma en la que nos relacionamos con los demás, cambio en las relaciones de pareja, cambio en la manera de aprender y de asistir a clases, cambio en la forma en la que nos comunicamos, cambio en la forma en la que nos vemos y nos relacionamos con nosotros mismos, cambio en nuestros gustos y hobbies, cambio en la manera de hacer ejercicios, cambio en la forma de relacionarnos con nuestros vecinos y muchos más que en este momento no me vienen a la mente, pero que seguramente tú podrás añadir por tu propia experiencia.

Efectivamente, como comenta mi amiga, todos los esquemas han cambiado.  

Y me pregunto: 

•          ¿Son sólo los esquemas los que han cambiado, o también hemos cambiado como personas?   

•          ¿Eres el mismo o la misma que eras hace un año, antes de la pandemia, incluso eres el mismo de hace dos meses, un mes, una semana, ayer?  

•          ¿Sientes igual?  ¿Reaccionas igual?  

•          ¿Resuelves las situaciones que se te presentan de la misma manera?  

•          ¿Te relacionas contigo mismo y con los demás de la misma manera? 

Si la respuesta a la mayoría de estas preguntas es No, entonces como dice Alicia en el cuento Alicia en el País de las Maravillas, de Lewis Carrol, “No sirve de nada volver a ayer, porque entonces eras una persona diferente.”  

La transformación no es un acto de una sola vez.  La transformación es un proceso. Cada uno tiene su ritmo y esto es muy importante y lo que vivimos en el proceso, incluso el dolor y la pérdida, el esfuerzo, nos fortalecen y nos preparan para la nueva etapa que estamos por vivir, nos preparan para asumir los cambios en nuestro negocio o en nuestro empleo, nos preparan para relacionarnos con los demás de forma distinta desde este nuevo ser en el que nos estamos convirtiendo.

Pasará un tiempo en el que parecerá que no pasa nada, que nada ha cambiado.  Estamos como la oruga/mariposa en la crisálida:  sufriendo una metamorfosis y cuando llega el momento de salir y afrontar el mundo, necesitamos hacerlo solos.  Como bien dice Jorge Bucay en una entrevista: “Las mariposas necesitan de ese terrible esfuerzo que les significa romper su prisión para poder vivir, porque durante esos instantes, (…) el corazón late con muchísima fuerza y la presión que se genera en su primitivo árbol circulatorio inyecta la sangre en las alas, que así se expanden y la capacitan para volar.”

Estamos en pleno proceso de transformación, y para ello es necesario estar dispuesto a renunciar a lo que hemos sido hasta ahora para, con nuestro esfuerzo, convertirnos en mariposa. Como dice la autora norteamericana Trina Paulus: Debes querer volar tanto que estés dispuesto a renunciar a ser una oruga.”


Cuando el Amor se Vuelve Monótono

Por Leonor Andrade Castillo

En realidad, el amor no se vuelve rutina, somos nosotros que nos apoltronamos y dejamos de ser creativos, nos dejamos llevar por el temor al rechazo cuando tenemos una idea de algo nuevo que queremos con nuestra pareja, y sencillamente nos la callamos, y seguimos en lo mismo. 

Cuando estamos en una relación de pareja y la hacemos rutinaria, el amor se va derritiendo y ésta es una de las causas más importantes por las que el amor empieza a apagarse. Tener variedad, hará que el amor esté mucho más activo y disfrutable.  Una vez le escuché a la Dra. María Gabriela Santini decir que una de las cosas que es necesario mantener en una pareja para que perdure es la SORPRESA… Sorprender a tu pareja invitándolo a una actividad nueva que a ambos les guste, invitarla a un hotel que ambos disfruten, probar posturas nuevas que a los dos les agrade…

En estos tiempos de pandemia en los que hemos estado pasando mucho más tiempo compartiendo el mismo espacio y en los que las opciones para el esparcimiento han estado limitadas, la rutina y la monotonía han encontrado el caldo de cultivo perfecto para hacerse la dueña de la relación.

Le echamos la culpa de nuestro malestar con nuestra pareja a la rutina. No obstante, ¿son la misma cosa la rutina y la monotonía?  Pudiera parecer que son lo mismo, pero en realidad hay una diferencia. 

La rutina es lo que hacemos.  Por ejemplo: Me levanto, me cepillo los dientes, me desayuno, voy a trabajar, regreso a casa, hago los quehaceres de la casa con mi pareja, vemos algo en la tele y me acuesto a dormir hasta el día siguiente cuando repito las mismas actividades.  La monotonía tiene que ver con el cómo lo hacemos. Por ejemplo, yo puedo trasladarme todos los días a mi trabajo, ésa sería la rutina… si todos los días me voy siguiendo la misma ruta, ésa sería la monotonía.  O, por ejemplo, podemos tener intimidad con nuestra pareja con una frecuencia semanal, esa sería la rutina y todas las veces seguimos una especie patrón o forma de compartir con mi pareja sin incluir ninguna novedad… Ésa es la monotonía.  Y la monotonía aburre.

La buena noticia es que no necesariamente lo que tenemos que cambiar es la rutina, sino la forma en la que cumplimos con nuestra rutina.  No es la frecuencia necesariamente lo que no funciona en nuestra relación íntima sino repetir la misma forma de acariciarnos, repetir el mismo diálogo, repetir la misma posición…  Podemos hacer pequeños cambios en nuestra forma de tener intimidad y eso traería un cambio.  Aquí toca detenernos un tanto porque pareciera como que aprieto una tuerca aquí y aflojo un tornillo por allá y listo.  El reto de cambiar la monotonía es que si estamos invadidos por ella podemos sentir temor de cambiar o podemos no querer soltar nuestra zona de comodidad.  En ese caso toca observar nuestra parte monótona, apoltronada y observar cómo es, qué dice en nuestro pensamiento, cómo la siento en mi cuerpo cuando está activa.  De esta manera la voy conociendo y voy aprendiendo a identificarla en mi vida cotidiana, y de esa forma puedo entonces elegir de manera consciente, hacer algo diferente y no dejarme llevar por mi parte monótona, como un robot. 

Lo primero es darte cuenta. Luego puedes comenzar a hacer pequeños ajustes, como por ejemplo salir un poco antes de tu oficina y tomar rutas diferentes, o poner tu celular en silencio cuando estás con tu pareja, o escuchar a tu pareja cómo le fue en su día, en lugar de sólo hablar de ti, invitar a tu pareja a compartir una actividad que les guste a los dos o probar una posición distinta que a ambos les agrade, en la intimidad.

Es importante darnos cuenta de que no toda rutina ni toda monotonía es mala por sí misma.  Necesitamos observar cómo nos sentimos y hablarlo con nuestra pareja para entonces poder hacer juntos los ajustes en nuestra forma de hacer las cosas y estar conscientes de que esto no es una actividad de una sola vez.  Podemos con el tiempo y con nuestra propia evolución como personas y como pareja, sentir que estamos de nuevo en monotonía, con lo que tenemos una nueva oportunidad para avivar nuestra relación y elegir cada día a nuestra pareja como la persona a la que amamos y con la queremos continuar compartiendo nuestra vida. No hay recetas. Confío en que juntos encontrarán formas distintas de compartir su rutina y así superar la monotonía y en caso de no ser así, pueden buscar ayuda de un profesional de la psicoterapia.

Si deseas hacer terapia con tu pareja y encontrar formas de vivir en bienestar puedes contactarme por WhatsApp +58 414-6387297 o por mail leonorandrade29@gmail.com



Cuidar sin Juicio

Por Leonor Andrade Castillo. 

El proceso de cuidar a un familiar mayor con deterioro cognitivo es una carrera de resistencia con obstáculos, y el punto de llegada es su partida a otro plano.  A diferencia de las carreras tradicionales, ésta es una en la que no queremos llegar a la meta, e incluso hacemos todo lo posible por ir moviéndola un poco más lejos cuando sentimos que nos estamos acercando. 

Tener familia no implica que los relacionados más cercanos (hijos, hermanos, cónyuge) van a contribuir con el cuidado del familiar mayor con deterioro cognitivo o cualquier otra enfermedad que los haya hecho dependientes.   

No todos asumimos ese reto. Es una decisión personal.  Cada quien decide si quiere o puede y hasta dónde está dispuesto a comprometerse.

Cuando nuestros padres y familiares cercanos llegan a mayores y requieren apoyo y cuidado para las actividades de la vida cotidiana, tales como comer, bañarse, caminar, cambiarse de ropa, nos vamos a encontrar con nuestro amor por este familiar y también con algunos cortocircuitos que se activan por la historia que hayamos vivido en la familia:  resentimientos, dolores, miedos, heridas, celos, inseguiridades.  

Cada uno de los miembros de la familia involucrados en el proceso, tiene sus propios cortocircuitos y nos activamos mutuamente. Si, por ejemplo, tienes viejos resentimientos con tus padres y te “toca” cuidarlos, podrías sentir toda clase de resistencias y rabias, que tendrán su efecto inmediato, no sólo en tu emocionalidad y bienestar corporal, sino en el trato y la forma como manejes la situación.

También saldrán todas las desavenencias entre los familiares, cada vez que haya que asumir algún compromiso adicional relacionado con el cuidado.  En el camino, que no va a estar libre de obstáculos a superar, vas a encontrar que las otras personas involucradas en el proceso, también tienen lo suyo.   

A lo largo de este proceso he sufrido varias lesiones físicas y ello me llevó a darme cuenta de mi dificultad para pedir ayuda. Desde que recuerdo, he sido una mujer “todo terreno”.  Si, por ejemplo, te encuentras con un familiar que tiene resentimientos o que no es especialmente solidario, vas a chocar contra una pared.  Por supuesto va a salir tu vocecita de tu “todo terreno” en tu cabeza que te va a decir “Yo te lo dije. Lo mejor es resolver sola.”  Esta es una gran tentación, pero es necesario darte cuenta de esa vocecita, bajar el volumen al “No” que recibiste, y buscar otras opciones y otras personas que sí estén dispuestas a apoyarte en lo que necesitas.                                                                                                                                                    No te voy a caer a embustes. En estos procesos de cuidado, no es que abundan los que quieren apoyar de manera solidaria, pero a veces te llevas sorpresas con personas que surgen de la nada y sí atienden tu llamado o incluso te ofrecen ayuda, a veces, sin que se lo hayas pedido.  

Es muy fácil caer en la tentación del juicio y criticar a la otra persona y ver todos sus defectos e incluso acrecentarlos.  Esto sigue siendo tuyo y no del otro.  Para ser solidarios es necesario ponernos en el lugar del otro. Por ende, si lo juzgo por no estar disponible, tampoco estoy poniéndome en su lugar, y al verme siendo poco empática, tengo la oportunidad de trabajarlo y de esa manera serán menores las posibilidades de que otro me lo tenga que volver a mostrar.  

Ayer, en mi meditación grupal con la Sangha Global del Gayatri, Deva Premal hizo mención a que nadie es perfecto y cuando vemos algo que no nos gusta de una persona, en una situación determinada, es necesario recordar que eso no es más que una foto de un instante.  Puede que hayamos visto una mala foto de esa persona, pero eso no significa que sea sólo eso y por ello es necesario no juzgar.  Es imposible para cada uno de nosotros poder ver toda la película de la otra persona.  Sólo tenemos retazos y no la visión completa de quien es.  Y a eso nos toca añadir la dificultad que tenemos para vernos a nosotros mismos como totalidad.

Por ello, antes de juzgar, piensa que cada uno, comprometido o no con el cuidado de su familiar mayor, al igual que tú, tiene detrás una historia, que activa su forma de ser en ese momento y la foto que estás viendo, la cual también puede activar tus propios demonios, como el del juicio.  

En la medida que cada uno de nosotros vaya trabajando lo suyo, estaremos en el camino de vivir de manera solidaria, aún dentro de una situación difícil como el cuidado de un familiar mayor dependiente, y así poder aplicar lo que Jesús nos dice: “Todo lo que quieras que hagan los demás por ti, hazlo por ellos”. (Mt. 7, 12).


Mi Esposa me Golpea

Por Leonor Andrade Castillo

Cuando hablamos de maltrato en pareja, solemos asumir que el maltrato es hacia la mujer. Cuando nos referimos a violencia de género, a nivel mundial, ésta se refiere a la violencia de los hombres hacia las mujeres.  En Venezuela, no hay suficiente información sobre la violencia o maltrato hacia los hombres por parte de sus parejas.  A diferencia de las mujeres, que desde 2014 cuentan con la Ley de Derechos de la Mujer a una Vida Libre de Violencia, los hombres están totalmente desasistidos.  No existe ninguna ley que los ampare contra la violencia intrafamiliar.  En Venezuela, cuando un hombre va a denunciar una agresión, la misma es procesada como una denuncia de delito común conforme al Código Orgánico Procesal Penal (Copp) y se recibe en el Ministerio Público a través de la Unidad de Atención a la Víctima, o, en el Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc). Cuando los hombres denuncian, en ocasiones terminan siendo tratados como si fueran ellos los perpetradores de la violencia y no las víctimas de sus parejas.

He atendido casos en consulta de psicoterapia en los que la que la mujer es la que insulta a su pareja, le reclama constantemente por todo lo que hace, lo desvaloriza, e incluso llega a la violencia física. Algo que he visto en repetidos casos es que el hombre expresa que mientras ella lo maltrata y le pega, está permanentemente pensando que no puede hacerle daño, que tiene que aguantar. Y cuando le pregunto por qué, me dice que la Ley ampara a las mujeres y que teme que lo denuncie a él y lo metan preso, aunque sea ella la que lo haya maltratado a él. Esto nos lleva a otra de las situaciones cada día más frecuente: Las falsas denuncias de violencia que interponen las mujeres contra los hombres ante los organismos de protección a la mujer.  Ésta es otra cara del maltrato intrafamiliar hacia los hombres. Las mujeres los amenazan con que los van a denunciar si no acceden a sus peticiones, que pueden ir desde exigir que le entreguen todo el dinero que ganó en su trabajo, prohibirle que salga de la casa. Hay casos en los que fingen y hasta se infringen golpes y heridas para ir a la fiscalía y poner una denuncia contra su marido que supuestamente la golpeó. La mujer pone la denuncia y luego chantajea al hombre y le dice que si le da todo lo que le pide le quitará la denuncia. 

¿Qué tienen en común el perpetrado y la perpetradora?

  • Es probable que hayan sido víctimas o testigos de maltrato en su familia cuando eran niños.  
  • Tienen baja autoestima.  Lo que los diferencia es que el maltratador “pretende esconder” su debilidad con actitudes amenazantes que se refuerzan con cada acción violenta; el maltratado manifiesta su baja autoestima siendo complaciente y obediente con su pareja para evitar la violencia, sin saber que cada vez que complace fortalece la parte violenta de su pareja.  
  • Tienen dificultad para expresar lo que sienten. Yo diría, conforme a mi experiencia en consulta, que les cuesta identificar lo que sienten

¿Qué puedo hacer si mi mujer me maltrata?    

Si es la primera vez que ocurre, es importante que te des cuenta de lo que estás sintiendo y le expreses a tu pareja cómo te sientes de manera concreta: Por ejemplo: Me molesta que me grites. También es necesario que le manifiestes tus límites y tu necesidad. Por ejemplo: No voy a aceptar que me insultes, no puedes pegarme, me siento que me desprecias en público y me hace sentir molesto. No voy a aceptar que lo vuelvas a hacer, bajo ninguna circunstancia. 

Si vives una situación de violencia con tu pareja y no te atreves a decirle cómo te sientes y que necesitas que no lo vuelva a hacer, puedes buscar ayuda en algún familiar o amigo o puedes buscar ayuda profesional de psicoterapia para trabajar contigo mismo en tu dificultad para expresarte y decir que No. Si tu pareja está de acuerdo, pueden asistir a terapia de pareja y ambos trabajar sus dificultades. Si aun así, tu pareja continúa maltratándote, tienes la opción de denunciarla mediante los recursos legales disponibles y alejarte, para lo cual necesitas ponerte en contacto con un abogado que te asesore, mientras paralelamente continúas con tu proceso de apoyo psicoterapéutico.

Si estás siendo maltratado por tu pareja y requieres apoyo de psicoterapia, puedes contactarme por Whatsapp +58 4146387298 o por mail leonorandrade29@gmail.com


De la indefensión aprendida a la resiliencia. 

Leonor Andrade Castillo

En las últimas semanas, después de pasar horas al día sin electricidad, sin poder conectarme a Internet, perdiendo comida por la cantidad de horas que la nevera se mantiene apagada. estresada cuando estoy cocinando la comida de la semana para mi mamá y se va la luz, me di cuenta de que me sentía indefensa, cosa no común en mí.  Suelo encontrar la solución para la mayoría de las situaciones que se me presentan, así que se me levantaron las alarmas y comencé a observarme y a mi entorno.  

Me capturé pensando que no hay nada que pueda hacer frente al problema de la electricidad y me di cuenta de que me sentía literalmente indefensa, desprotegida, sola.  De tanto que se ha ido la luz sin siquiera recibir respuesta frente al reporte de las fallas, mi cerebro ha ido creando esta creencia según la cual no hay nada que pueda hacer.  

A esto se le llama desesperanza o indefensión aprendida un término acuñado por el psicólogo Martin Seligman por allá por la década de los 70, que indica que la indefensión aprendida se refiere al aprendizaje de que no somos capaces de hacer nada frente a los problemas, a pesar de que frente a nosotros hay múltiples oportunidades para cambiar la situación. La indefensión aprendida no solamente ocurre cuando se produce un evento traumático grave. Puede producirse después de una serie de situaciones de abuso psicológico o físico o cualquier otra situación en la cual hayas sido rechazado o humillado repetidamente por una persona o posición de autoridad.  

¿Cómo puedo saber si estoy sufriendo de indefensión aprendida?  Hay una serie de señales que te pueden poner en alerta:  1.- Sentirte paralizado repetidamente cuando se te presenta un problema que requiere que respondas rápidamente; 2.- Tener pensamientos repetitivos del tipo “No hay nada qué hacer”, “No puedo resolverlo”; “Nada va a cambiar”; 3.- Aumento en la necesidad de evitar o de huir frente a los problemas o situaciones incómodas; 4.- Sentirte incapaz de ayudarte a ti mismo e incluso 5.- No pedir ayuda porque sientes que no cuentas con nadie que te pueda ayudar.  Esto se va convirtiendo en un círculo vicioso ya que al estar convencido de que no hay nada que puedas hacer ni nadie que te pueda ayudar, las situaciones problemáticas se siguen repitiendo y repitiendo y la sensación de indefensión se va fortaleciendo. La buena noticia es que con sí podemos salir de este círculo vicioso.  La otra cara de la indefensión es la resiliencia y ésta se puede aprender.   La resiliencia es la capacidad de adaptarnos, superar las situaciones adversas y llenas de incertidumbre que se presentan en la vida y en el proceso transformarnos y salir más enriquecidos como personas.  

Según el Dr. Seligman existen dos maneras de explicarnos internamente los acontecimientos de nuestra vida y esto denomina Estilo Explicativo.  Según Seligman existen dos estilos: pesimista y optimista. Estos estilos involucran tres dimensiones: Personalización, Permanencia y Prevalencia. Ante experiencias desfavorables, la persona con Estilo Explicativo Pesimista tiende a explicar los acontecimientos de manera Personal (es mi culpa), Permanente (esto no cambiará) y Prevalencia (esto afectará otras áreas de mi vida).  En cambio, la persona resiliente con Estilo Explicativo Optimista verá la misma situación adversa la verá como Externa (se debe a un factor que no soy yo), Pasajera (esta situación pasará, es pasajera) y Específica (sólo tiene que ver con esta área de mi vida).   

He aquí algunos ejercicios que puedes practicar para contribuir a este cambio:1.-Haz una lluvia de ideas sobre las razones por las cuales pueda haber sucedido y cómo estas razones no son atribuibles a ti.  Esto te llevará a liberarte del pensamiento de que eres el culpable. 2.-Identifica partes de tu vida que no hayan resultado afectadas por la situación. Esto te permitirá darte cuenta de que el alcance es específico y pasajero. 3.-Haz una lista de algunas de tus principales fortalezas e identifica situaciones en las cuales las hayas utilizado para resolver situaciones adversas previas y hayas obtenido resultados positivos. Esto te conectará con una sensación de seguridad y de logro. 4.- Habla y rodéate de personas con un Estilo Explicativo Positivo de manera que te ayuden a centrarte en tus fortalezas y reenfocar el resultado. 5.- Establece metas que te ayuden a mirar hacia el futuro con sentido. 6.-Haz un plan y toma acciones concretas.  Espero que estos ejercicios te sirvan de apoyo para ir transformando tu Estilo Explicativo. Como dice el Dr. Martin Seligman: “Si bien no puedes controlar tus experiencias, puedes controlar tus explicaciones” y de esa manera conectarte con tu sensación de bienestar.

Ser más resiliente requiere tiempo y práctica. Si sientes que no estás progresando, o no sabes por dónde empezar, puedes contactarme por Whatsapp +58 4146387298 o por mail leonorandrade29@gmail.com


Más Allá de la Duda 

Leonor Andrade Castillo

Si algo agradezco de la psicoterapia es haber aprendido a observarme.  Recuerdo hace ya bastantes años, cuando estaba formándome, que mi maestro, el Dr. Guillermo Feo, hacía referencia a una lectura de Fritz Perls en la que decía que llegaba un momento en el proceso de trabajo personal, en el que nuestra vida se convertía en un constante “darse cuenta”, gracias a nuestra auto observación. Es un proceso que requiere su tiempo y compromiso, ya que no estamos entrenados para observar hacia adentro sino hacia afuera. Por ello, en un comienzo, solemos mirar afuera, en los demás, nuestra propia proyección, y nos toma tiempo, darnos cuenta de que eso que estamos viendo en el otro, tiene que ver con nosotros mismos. 

Con la práctica, vamos aprendiendo a observar las señales que nos da nuestro cuerpo frente a algunas experiencias, pensamientos y emociones.  Aprendemos a identificar cómo se manifiestan en nuestro cuerpo esos monstruos que trabajamos en terapia.  Puede ser que estemos trabajando nuestra ira y estemos aprendiendo a observar a esa parte nuestra, a nuestro iracundo.  Podemos entonces comenzar a observar nuestros pensamientos, la emoción de la rabia como tal, podemos observar en qué partes de nuestro cuerpo la sentimos.  Esto aplica para todas esas partes nuestras que estemos conociendo o trabajando, como decimos en lenguaje psicoterapéutico.

Lo que no sabía en ese momento, y durante mucho tiempo, es que ese entrenamiento de auto observación me llevaría cada vez más a estar conectada con mi “corazón”, con mi ser interno, con mi voz interior, con la voz de Dios.  Como somos humanos, aprender a escuchar esta voz interna, esa que llamo la voz de Dios, también requiere práctica y mucha humildad. Requiere además trabajar nuestra duda, esa que se presenta a cada rato, frente a cualquier experiencia de nuestra vida cotidiana. Puede aparecer como un pensamiento, o como una sensación física o como una emoción.  Y esta duda es una gran maestra para aprender que la conexión con nuestro ser interior, depende en gran medida de que logremos superarla, ya que ella entorpece la conexión, como cuando estamos conectados a Internet y la señal está inestable y no podemos ver de manera fluida lo que se nos presenta en la pantalla. 

Hace unas semanas, estuve sin electricidad desde la noche. Eran las 11 de la mañana.  Tenía una persona citada para una sesión de psicoterapia a las 3 de la tarde.  A medida que pasaba el tiempo, y se iba agotando la pila del celular, me fui poniendo nerviosa, así que decidí que si a la 1:30pm no habían repuesto el servicio, me iría al supermercado a cargar la batería del celular.  Llegó la hora y me fui.  A las 2:30pm terminó de cargarse la batería y me vine a casa para mi sesión.  Llegué a las 2:50pm. Me sentía tranquila, orgullosa de mí misma por haber encontrado una solución a la situación, y comencé a preparar todo para tener la sesión con mi cliente. Prendí la computadora, conecté la zona de wifi de mi celular y exactamente a las 2:59pm llegó la electricidad. En medio de mi sensación de alivio, inmediatamente, escuché mi voz interna: ¿Qué te pasó que no confiaste en mí?  Fue como un baño de agua fría. Me di cuenta, por primera vez de forma clara, de mi duda y cómo la Divinidad (yo la llamo Dios) me mostró de manera contundente y hasta dramática, que siempre está allí y que soy yo la que se desconecta.

Hace pocos días, estando en el ancianato con mi mamá, recibí un mensaje de cancelación de una cita que tenía pautada para ese día en la tarde. En ese momento escuché una señal de alerta que me decía: “Abre bien tus ojos. Escucha.” Estaba por terminar mi guardia. Decidí quedarme hasta más tarde en vista de que se había liberado mi agenda. Vino el señor de mantenimiento del ancianato a arreglar luz del cuarto de mi mamá. Terminó en la tarde. Se desató una mega tormenta eléctrica. Decidí irme. Cuando me despedí de mi mama, me tomó de la mano, me miró fijamente y me pidió que me quedara. Recordé mi voz interna que me había dicho que estuviera alerta y decidí quedarme. En ese mismo momento recibí un mensaje de mi vecina: “Se cayó un árbol y no hay paso para venir a casa.” 

No importa cuán difíciles sean las situaciones.  Dios siempre está allí, incluso cuando no escuchamos por nuestra duda. La auto observación que aprendemos en psicoterapia, es un camino en el que nos abrimos a escuchar nuestra voz interior, la voz de Dios.  

Si quieres comenzar un proceso de psicoterapia y conectarte contigo mismo, puedes contactarme por Whatsapp +58 4146387298 o por mail leonorandrade29@gmail.com

La Otra Pandemia: Violencia en Pareja Contra la Mujer 

Leonor Andrade Castillo

De acuerdo con estimaciones mundiales de la Organización Mundial de la Salud (OMS), 1 de cada 3 mujeres sufre o ha sufrido algún tipo de maltrato y abuso a lo largo de su vida y el 27% de las mujeres de 15 a 49 años que han estado en una relación, informan haber sufrido algún tipo de violencia física y /o sexual por parte de su pareja.  En nuestro país, El Observatorio Digital de Femicidios del Centro de Justicia y Paz (Cepaz) documentó 125 femicidios ocurridos en Venezuela en los primeros seis meses de 2021,y en ese mismo período hubo 49 femicidios de mujeres venezolanas en el exterior (En:https://cepaz.org/noticias/de-enero-a-junio-de-2021-hubo-125-femicidios-consumados-en-venezuela/ ).   Para la OMS la violencia en pareja “se refiere a los comportamientos de la pareja o expareja que causan daño físico, sexual o psicológico, incluidas la agresión física, la coacción sexual, el maltrato psicológico y las conductas de control.” (En: https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/violence-against-women). El abuso a nivel de pareja es un proceso. Con frecuencia, la mujer no se da cuenta de que está en una relación abusiva, por cuanto las señales en un comienzo son muy sutiles, pero con el paso del tiempo, y al no tomar ningún tipo de acción en cuanto a límites, las situaciones de abuso y maltrato van incrementándose.  El feminicidio es el resultado final del ciclo de violencia.

Algunas señales de que pudieras estar sufriendo violencia o abuso por parte de tu pareja pudieran ser:  1.-Chequea dónde estás y con quién estás en todo momento. Te puede pedir que le envíes fotos del lugar y de las personas con las que te encuentras. 2.- Intenta impedir que veas a tus amigos, familiares o incluso que vayas al trabajo. 3.- Controla la escogencia de la ropa que te vas a poner cuando vas a salir.  4.- Insiste en que respondas de inmediato a sus mensajes y llamadas. 5.- Te convence para que le compartas tus contraseñas de las redes sociales, mail e incluso la del banco. 6.- Te pudiera acusar constantemente de estarlo engañando. Te puede exigir que le des el celular para chequear todos los mensajes de WhatsApp, en busca de alguna señal de engaño.           7.- Controla cómo gastas el dinero, y en caso de que dependas económicamente de él, te restringirá cada vez más la cantidad de dinero que te da. 8.- Puede insultarte en relación a tu apariencia física, tu inteligencia y habilidades.  En algunos casos puede hacerlo en público.  9.-Puede tener arranques de ira y culparte por sus arranques y amenazarte o agredirte físicamente a ti, o a alguno de los miembros de tu familia, como tus hijos.  10.- Te puede agredir físicamente. Eso incluye golpes, empujones, cachetadas e incluso te puede amenazar con un arma.    Cuando en consulta le pregunto a mujeres víctimas de violencia en pareja si han sufrido violencia física me dicen que no, que únicamente la ha empujado, minimizando la situación.   11.- Puede ser sexualmente abusivo.  Esto incluye violación u otra actividad sexual no aceptada expresamente por ti.  12.- Puede amenazarte y amedrentarte si denuncias el abuso o si te resistes.

¿Qué hacer si estas viviendo una situación de violencia con tu pareja?  Naciones Unidas Mujer da algunas sugerencias sobre cómo puedes buscar ayuda: 1.- Comparte tu situación con una persona de tu confianza, ya sea un familiar, un amigo o un vecino. Creen un plan para pedir ayuda.  Esto puede incluir un código secreto o una serie de palabras clave o frases, gestos, señales o emojis que te faciliten comunicarte de manera más segura con esa persona.  2.- Prepara una estrategia para el caso de que necesites escapar. Identifica diversas situaciones creíbles para salir de la casa en distintos horarios en caso de que necesites escapar. Esto pudiera incluir cosas como decir que necesitas ir a la farmacia o al supermercado y una vez allí, hacer una llamada telefónica pidiendo ayuda.  3.- De ser posible, mantén tu celular siempre cargado y accesible y con acceso rápido a los números a los cuales llamar.  Si sientes que tu vida corre peligro, llama a la policía si consideras que es seguro hacerlo.  4.- Observa e identifica cómo son los patrones de uso de violencia por parte de tu pareja, de manera que puedas identificar momentos de escalada de la violencia.  

La violencia en pareja se puede trabajar en psicoterapia, tanto si es incipiente (suelo trabajar con ambos como terapia de pareja) como si ya la mujer está sufriendo situaciones de violencia física y no sabe cómo manejar o salir de la relación. Incluso poder denunciar requiere hacer un trabajo psicoterapéutico por parte de la mujer que ha sido agredida para poder dar el paso.  Son procesos profundos que requieren trabajar a nivel emocional, mental, físico y espiritual. 

Si identificas que estás en una relación de pareja con situaciones de violencia, la psicoterapia es una opción.  Puedes contactarme por Whatsapp +58 4146387298 o por mail leonorandrade29@gmail.com