orientación emocional

En Camino hacia Nosotros

Leonor Andrade Castillo

– ¿Cómo le fue Sra. Teresa?  

– Nada bien Sra. Leonor.  

– ¿Y cómo es eso? 

– Me dijeron que si no hago vida en el refugio me van a desalojar.  Les expliqué que no puedo hacer vida allí porque por la pandemia, en el ancianato donde trabajo me exigen pernoctar.  Ante eso me dijo que en el ancianato tenía techo por lo que no necesitaba el cubículo en el refugio.  Insistí señora Leonor y le decía que esa no era mi casa y que en cuanto terminara la pandemia volvería a mi rutina de salir todos los días en la tarde para mi casa y si le quitan el refugio no tendría a dónde ir.  No puedo dejar mi trabajo.  ¿Cómo le doy de comer a mis hijos?

La respuesta de la funcionaria fue: “¡Ah!  ¿Entonces usted le está dando más importancia a su trabajo que a la posibilidad de tener una vivienda?” 

-Me dijeron que llevarán mi caso al director y si dice que no puedo seguir allí, me sacarán con los pocos corotos que tengo.  Señora Leonor no sé qué hacer.  ¿A dónde voy a ir?  ¿Señora Leonor a dónde voy a ir?   Yo no tengo nada.  No tengo a dónde ir.   

La escucho. Siento sus lágrimas luchando por salir en su voz.  Siento su carga de angustia. Es una mujer fuerte.  De las más fuertes que he conocido en mi vida.  Y me repite una y otra vez:  Yo no tengo dónde ir.  Yo no tengo nada.  Señora Leonor no puedo hacer nada.  No tengo nada.  Sigo acompañándola y escuchando sin decir palabra.  Siento un río de miedo y lamento saliendo por su voz en una repetición de impotencia. Luego de un rato, le digo: “Teresa usted es una mujer fuerte.  Una mujer que ha vivido situaciones difíciles y ha salido airosa, una mujer que tiene un año aquí conmigo en toda esta pandemia, en el ancianato cuidando a mi mamá y hemos entre las dos, cada una en lo suyo, superado un montón de situaciones y hemos salido airosas.”   Escuchaba su voz del otro lado del teléfono como murmurando y se decía a sí misma: Es cierto.  Soy fuerte.  Es cierto.  Sí puedo. 

Continúo: “Estamos vivas, los nuestros están vivos, tiene una actividad laboral que le da el sustento, tiene una familia y se apoyan.”  Cuando dije familia, Teresa pensativa me dice: “Señora Leonor, hay una señora que es familia de mi hermana la que está en Ecuador.  Ella dejó su casa vacía por aquí cerca de donde vive mi hijo y me han propuesto varias veces que me mude para allá sin pagar y a cambio le cuide la casa.  Yo no he querido hacerlo porque señora Leonor yo tengo mi dignidad.  

¿Dignidad?  ¿Cómo es eso Teresa? 

¿Cómo voy a vivir en una casa sin pagar nada?

En cuestión de segundos me vino mi historia y la de tantos otros amigos que están viviendo en casa de otros amigos cuidándole la casa para no perderla.  Comparto con ella las historias de mis amigos que ante una situación de emergencia en algunos casos han acudido a amigos que se han ido y les han propuesto vivir en su casa sin pagar alquiler a cambio de cuidarla. Compartí con ella que vivo una situación similar. La dueña de la casa en la que vivo desde hace 24 años, me propuso seguir viviendo aquí sin pagar alquiler y a cambio cuidarle la casa.  Le pregunto a Teresa: “¿Le parece que el dueño de la casa no tiene dignidad teniendo que pedir ayuda para no perder su casa?”

Su respuesta fue: “Voy a llamar a mi hijo para que llame a mi hermana.  Y continuó: ¿Se acuerda señora Leonor que hace más de un año me anoté en una lista para unos edificios que van a construir en unos terrenos por aquí cerca?  Sí le digo.  Bueno esta semana nos dijeron que ya están comenzando los trabajos de movimiento de tierra… Podría vivir en esa casa mientras sale lo de este apartamento.  Tengo esta opción.  Me siento mucho mejor.”