orientación emocional

El Temor que se Esconde Detrás

Leonor Andrade Castillo

Me asusta cuando mi mamá tiene algún malestar. Siento que se me acelera el corazón y se me revuelve el estómago. 

Un susto recorre mi cuerpo, a veces como un frío, otras como una corriente que no me deja ni pensar.

Hemos estado viviendo un año duro, que no estaba en ninguno de nuestras imaginaciones y predicciones, lleno de incertidumbre. 

Estoy escribiendo esto y tú me estás leyendo.  Es finales de noviembre 2020.

Eso significa que a pesar del Covid-19, a pesar de la hiperinflación, a pesar de la falta de gasolina y de gas y de agua y de luz y de Internet y de alimentos… de alguna manera hemos logrado estar vivos. 

Por momentos me siento contenta, disfruto y trato de mantenerme sin pensar mucho en lo que está ocurriendo, ya sea compartiendo en las redes sociales, contactando algún amigo o meditando con los mantras o tocando tambor o leyendo o jugando con mi perrita Lucía.

Aun así, pareciera como que, a pesar de mis esfuerzos, detrás de ese disfrute, sigue estando un temor.  El temor que está detrás del corazón acelerado y el frío: el temor a que se enferme mi mamá o algún otro familiar cercano o peor aún, que muera.  Y la realidad es que, aunque trate de no pensar en eso o trate de esconderlo, ese temor no desaparece y el malestar sigue estando allí. 

Hace un mes más o menos le dio malestar de gripe a un tío.  A medida que me iba diciendo los síntomas sentía cómo el miedo recorría mi cuerpo.  No dije nada.  El tampoco.  Pero ambos sabíamos que estábamos asustados de que estuviera contagiado.  Lo mismo ocurrió unas semanas después con un primo y su esposa.  Ambos se contagiaron y él terminó en el hospital.  Días de susto, de incertidumbre, de impotencia en los que sientes que no hay nada que puedas hacer.  Se mejoró y todos esos pensamientos catastróficos desaparecieron, pero quedó el agotamiento y el desgaste que produce el miedo.

Debo confesar que en estos meses han sido muchas las veces que he sentido miedo de que mi mamá se hubiese contagiado.  Cada vez que tose o se le tapa la nariz, de inmediato se me activan los pensamientos de miedo.  Es como un monstruo que dice saberse todos los síntomas, parece un reporte en mi cabeza de lo que he leído y otras cosas que me imagino se inventa para meterme miedo.  Por momentos no alcanzo a escucharlos todos de lo rápido que es…

Es tanto que me insta a buscar de nuevo información en Internet sobre los síntomas y los remedios y lo que dicen los diferentes médicos… Y mientras eso sucede en mi cabeza, estoy totalmente desconectada de lo que en enfrente de mí está sucediendo, como por ejemplo el hecho de que mi mamá no tiene fiebre o no tiene dolor de garganta ni otros síntomas relacionados con la enfermedad…

El miedo, al no verlo logra desconectarme de la realidad y mantenerme en la cabeza, sólo escuchándolo a él.  Hace lo imposible para que no lo vea.

La cosa es que ahora estoy alerta con mis sensaciones, observo mis pensamientos y mi emoción y se lo hago saber.  Le digo: Ya sé que eres tú.  Y una vez que se sabe descubierto, la cosa cambia. No es que se rinda.  Trata de todas las formas posibles de pasar desapercibido, de buscar nuevas formas para que no lo vea.  

Por supuesto que hace lo imposible por engañarme, pero ahora, en ese momento sintiendo aún mi corazón acelerado o el vacío en el estómago, centro mi atención en mi respiración y hago un ejercicio de respiración que aprendí del maestro Thich Nhat Hanh, que me ha resultado muy útil.   Es así: Inhalo y al hacerlo me digo mentalmente:  Estoy consciente de que en este momento estoy inhalando y siento como entra el aire a mi cuerpo.  Exhalo y al exhalar me digo mentalmente:  Estoy consciente de que en este momento estoy exhalando y siento la relajación en mi cuerpo a medida que voy botando el aire.  Este ejercicio me permite darme cuenta de mi desconexión y reconectarme con mi cuerpo, estar presente en el aquí y en el ahora y poder ver, desde la tranquilidad, lo que realmente está sucediendo, observar cada vez mejor mi miedo y manejar la situación tomando decisiones centrada en el presente y no en la fantasía de mi mente.

Consciente de mi miedo, observándolo, he podido decidir vivir en bienestar, consciente de la situación que me rodea y hoy 25 de noviembre, te estoy contando esto que estás leyendo tú que también estás vivo.

25 de noviembre 2020


Entre el bien y el mal para poner gasolina

Leonor Andrade Castillo

Pasé casi 4 horas en la cola para poner gasolina. Había dos colas: la interior para gas y la exterior para gasolina. La cola para poner gasolina estuvo detenida como 45 minutos. De repente, comenzó a moverse rápido. Cuando estábamos bastante cerca de la entrada a la estación de servicio, un tipo con una camioneta se coleó justo en frente de mí.

Adelante había una persona organizando las colas que lo vio y le dijo que se devolviera a su lugar en la otra cola o se fuera. El de la camioneta comenzó a discutir e ignoró lo que le decía el coordinador y siguió adelante.

Cuando le pregunté al coordinador por qué le había dejado continuar, empezó a gritarme.

En ese momento sucedió algo dentro de mí … Fue como si el tiempo se hubiera detenido. Sentí un silencio interior total y pude ver todo con total claridad. Estaba tranquila: una voz interior me dijo: Enfócate. Él no es el problema. Avancé y cuando la cola dejó de moverse me bajé de mi carro y fui a hablar con el tipo que se había coleado. Abrió su puerta y le dije gentilmente que por favor saliera de la cola porque se había coleado y yo tenía casi 4 horas allí … Dijo que no se iba a ir porque estaba en la otra fila y su carro tenía la opción de llenar gasolina o gas … Le dije que estaba mal ponerse en la cola de gas que estaba más corta para luego colearse en la de la gasolina, justo cuando estábamos cerca de la entrada a la bomba de gasolina … Me dejó hablando y cerró la puerta de su camioneta.

Respiré, manteniéndome en calma.

Observé todo mi entorno y vi que en la entrada de la bomba había una guardia nacional. Tuve una discusión interna ya que no me gustan los militares. Además, pensaba que como mujer tenía las de perder. Nuevamente mi voz interior me dijo: Concéntrate. Eso no es el problema en este momento. Me quedé observando un rato, en mi lucha interna. Decidí hablar con el señor del carro que originalmente estaba delante de mí para pedirle ayuda y no hizo nada. Se quedó allí hablando por el celular. Percibí que no quería involucrarse.  No insistí.

Respiré y permanecí conectada con mi corazón, tanto que lo podía escuchar. Me sorprendió lo tranquila que me sentía. Volví a mirar a la guardia nacional. Era una mujer. Decidí ir a hablar con ella y pedirle ayuda. Cuando caminaba hacia ella, el señor al que le pedí ayuda dijo: «Si vienes con la Guardia Nacional, te apoyaré.”

Hablé con ella y le expliqué la situación. Ella fue conmigo.  El señor del carro le dijo a la guardia que el de la camioneta se había coleado.  La oficial se acercó a la camioneta y tocó el vidrio.  Le abrió y ella le explicó que había recibido unas quejas de que él se había coleado y le pidió que se saliera de la cola ya que lo que lo que había hecho estaba mal. La guardia fue amable y tranquila. El tipo empezó a hablar fuerte y no se movió. Yo me mantuve en todo momento apartada hacia un lado. La Guardia Nacional llamó a su sargento y él vino y le dijo lo mismo de manera educada y en un tono como de pana. El de la camioneta no quiso escuchar.

Yo estaba observando el panorama. La cola había avanzado bastante y escuché de nuevo mi voz interior: Concéntrate … ¿Cuál es tu objetivo? … ¿Mantenerte allí parada o llenar tu carro con gasolina sin que el tipo se coleé?

Entonces le pregunté a la Guardia Nacional si podía avanzar y ella dijo que sí … Todos los carros avanzaron detrás de mí y los militares dejaron al tipo de la camioneta ahí sin avanzar con todos rodeándolo para seguir adelante y poner gasolina… No llegó a la gasolinera mientras yo estaba allí y antes de irme fui a la Guardia Nacional y le di las gracias.

Aprendí que mis pensamientos acerca de que todos los militares son malos, violentos y corruptos no se ajustaban a la realidad del momento. Tuve que superar esa creencia para poder acercarme con amabilidad a la Guardia Nacional y poder resolver la situación. También aprendí que de cuando en vez me surge ese pensamiento de que no podré hacer nada por ser mujer.  Tuve que mirarlo para poder ponerlo a un lado y moverme.

Lo que percibo como mi “enemigo” no es necesariamente cierto ni real. Muchas veces el “enemigo” no está afuera sino dentro de mí y me toca mirarlo para poder escucharme, darme cuenta de lo que siento y poder resolver desde la calma y la amabilidad.

14 de Noviembre 2020