Marca País

Desde la tierra adentro al borde del otro continente.

Inés Muñoz Aguirre

Artículo publicado en la Revista de Integración Nacional. Universidad Monte Ávila

Somos producto de nuestra historia, el resultado de aquella tierra adentro, casi selvática, de ribetes verdes y dorados a las cuales llegaron expedicionarios y conquistadores.  Un momento que permite la mezcla inicial en la que se funden el ímpetu, la ambición, el espíritu guerrero, la novedad, lo inexplicable, el descubrimiento, lo primitivo, el espíritu indomable, el arraigo a la tierra. Ninguno más fuerte que el otro, si no cada uno distinto al otro.  

De esas diferencias se cocina el mestizaje. Una palabra que además posee muchas cargas a lo largo de su estudio: hay quienes hablan de él como el encuentro biológico y cultural o su ordenamiento entre etnias diferentes. Así como los más rígidos en sus concepciones llegaron a plantear que era un desafío al orden natural. 

Lo cierto es que con ese primer bordado comienza a tejerse un entramado al que se suma la llegada de los negros desde África, o desde las islas circundantes. Muchos cargados también de expectativas ante una tierra descrita como generosa. Ellos hicieron el trabajo duro, el de la labranza.  Después la liberación de la esclavitud formaría parte de nuestras batallas, las rebeliones, las protestas, mientras al margen crecían los indios, los blancos insulares, los blancos criollos, los negros, los mestizos, los zambos, los mulatos.  

Los sucesivos oleajes sociales, nos enfrentarían a los odios desatados siempre bajo el amparo de las palabras: conquista, libertad, independencia, porque hablar de persecuciones, resentimientos o cualquier sentimiento que sea descifrado como producto de cierta debilidad solo se habla por lo “bajo.”

Los años no transcurrirían en vano, para dar paso a la llegada de españoles, italianos, portugueses, alemanes, los judíos que huían de la guerra.

Nuestra sociedad producto de ese vaivén creció rica en diversidad de costumbres, formas de trabajo, creencias, religiones. Así comenzó a construirse una verdadera riqueza, la de la confluencia para señalarnos como una sociedad de amplitudes, de oportunidades y ascenso social. Una sociedad variopinta que nos hizo especiales.

PASION POR VENEZUELA

Venezuela se ve diferente cuando se reconoce a través de la pasión.

Inés Muñoz Aguirre

Artículo publicado en la Revista de Integración Nacional. Universidad Monte Ávila

Con frecuencia escuchamos que somos un país privilegiado.  Estamos ubicados al norte de la América del Sur. Podríamos ser considerados la puerta de entrada a nuestro continente. Y eso es mucho decir. 

Bañadas nuestras costas por el Mar Caribe, lamidas de aguas cálidas, cristalinas, nuestro país se desdibuja en sus bordes con la sensualidad de una mujer. No en balde se llama Venezuela. Sinuosa ella, amparada por las aguas que besaban las bases de los palafitos hasta enamorar los recuerdos que portaba en su memoria el explorador italiano Américo Vespucio. 

La llamó «Venezziola» como quien se entrega a lo que le ofrece la mirada: la pequeña Venecia que habían construido los indígenas en nuestras aguas. Se entregó como quien cae subyugado ante la mezcla originaria entre el pasado y el presente de aquel aventurero soñador que nos regalaba en una palabra su legado.

Venezuela ha generado una carga de pasiones encontradas, ha pasado como ha ocurrido con casi todos los países en el mundo por guerras, persecuciones, emigraciones, inmigraciones, desastres naturales, la luz cegadora de las diferencias y los picos intermitentes de camino al desarrollo y de descenso al subdesarrollo.

Para muchos un país privilegiado en el que se reúnen las mejores condiciones del universo, al punto que somos testigos a través de la presencia de nuestros tepuyes (las formaciones expuestas más antiguas del planeta) de la historia, la evolución y la grandiosidad de la naturaleza.

Venezuela además de ser un bello lugar, es su gente, las tradiciones, la gastronomía, la artesanía, la música, innovación, comunicación, literatura, turismo, emprendimiento, educación, solo por nombrar algunos ejes de acción que son claves de nuestra vida diaria. Toda una gama de gestiones y valores que bien entendidas podrían hacer de nosotros una potencia por lo menos en nuestro continente.