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letras y libros

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HAMNET de Maggie O´Farrell . ¿ Cómo nos las arreglamos para ser inmortales? 

María Dolores Ara

Este ha sido el mejor libro del 2021 , según el diario El PAÍS de España; según cualquier criterio que busque placer y conocimiento en la lectura  ( citando a Javier Cercas en reciente entrevista)  , es una novela extraordinaria.  Asombro y maravilla en una historia sobre la devastación que deja el paso de la muerte a destiempo. Una historia sobre una mujer que aquí es la de Shakespeare, pero pudo no serlo y que acapara el protagonismo con su carga telúrica, llena de magia y fuerza. Una novela contada desde un narrador supra-omnisciente que ve el futuro sucediéndose en una dimensión oculta del presente. Un Shakespeare que es sombra engañosa donde parece ausente : anónimo que, al final, derrama luz desde su obra y logra convertir en sustancia inmortal al hijo perdido. 

Agnes, la protagonista , copa la escena narrativa con su poder descomunal: misteriosa y dulce, compasiva y enérgica; esposa enamorada y madre suprema. Conoce los misterios de la naturaleza , desde el don de la adivinación hasta la cura con hierbas. Eleva lo que toca, penetra en los misterios, da a luz en la intemperie, se rebela contra todos sin escándalo y sin furia.  La figura de Agnes se construye en firme desafío a todo encasillamiento de género y fuera de cualquier límite de época: casi podríamos decir que la autora rescata en ella el valor esencial de lo femenino que contiene lo suave y lo terrible, lo desaforado y lo sereno, la naturaleza vital que sostiene y arrasa. 

Y su primer sujeto a sostener es a ese marido cuyo talento está lejos del oficio artesanal que fabrica guantes, ese marido que escribe obras de teatro que ella no lee, ese marido que marcha a Londres -empujado por la intuición certera de ella- a buscar su destino en las tablas , entreteniendo a multitudes de toda condición. Y de allí, los hijos : el amor incondicional e inmenso, el cuidado atento, la entrega absoluta, la presencia de él en ellos, la representación de la unión en ellos. 

Por eso, precisamente por eso , la alevosía de la muerte que se encapricha con el gemelo , el único varón, el que hereda los poderes de la madre y logra que lo sobrenatural cambie el destino (y se lo lleve a él a la morada desconocida de la que no se vuelve y deje a su hermanita viva) , se hace insoportable para Agnes: no resiste el giro inesperado de un acontecimiento que debió prever y se hunde en una desesperación que está narrada desde el desgarro más hiriente, dejándonos heridos también. 

Se representa en la novela la otra tragedia, la doméstica, la que la historia no registra , la que no aparecerá en ningún drama : la del dolor inconmensurable frente a la pérdida injusta del hijo niño y el vacío que nada podrá llenar nunca. Y  el marido , ese cuyo nombre nunca se revela en la lectura ,  que anida en el oropel del teatro, y en ese marido y padre , la novela vacía todo su sentido en una apoteosis final que nos sacude. 

El marido ha escrito una obra que lleva el nombre del hijo fallecido y es imperdonable que lo reduzca a un papel de comedia. Ella se traslada a Londres a reclamarle la ofensa y descubre quién es su marido realmente y cómo lo ha dejado fijo para toda la eternidad en escenas donde se comunican muerte y vida , donde es posible revivir al que no está , y allí, en el guión , Hamnet vivirá para siempre. Agnes descubre deslumbrada que el padre ha hecho un duelo reconstruyendo al hijo con su pluma , que es el padre, el marido el que ha logrado traerlo de vuelta a la vida y dejarlo en ella gracias a su trabajo poético. 

Así que, finalmente, nos encontramos con un homenaje al teatro, a su magia , a la alquimia que se verifica en la puesta en escena para hacer posible lo imposible; a ese pacto que establecemos con todo el arte para creer en lo que nos propone y hacer verdad por instantes lo que la vida se empeña en afirmar que es mentira. 

La biografía imprecisa de Shakespeare permite fabular con acierto cada vez que su figura , precisamente inmortal, requiere renovada atención. En este caso, el acento mítico recae en la invención de una esposa que no está a la sombra del genio , lo potencia y moldea haciendo que sea el mago que usa  su pluma como varita mágica que exorciza el sufrimiento y reta a la muerte, venciéndola.  Aun así, el personaje todopoderoso es ella : homenaje a las mujeres que han sido , son y serán poderes innegables de la historia pequeña y grande. 

Merece mención especial el avasallante pasaje sobre el viaje del virus de la peste que va trasladándose por el mundo, desde el pelaje de un mono  y mata lo que encuentra a su paso sin detenerse. Es un momento cumbre por el vértigo de la descripción bajo la mirada de un narrador –Dios que ve como el virus pasa entre mares, ciudades, continentes, cuerpos hasta llegar a casa de Agnes. Impresionante.

Vayan tras el placer y el conocimiento, vayan tras esas líneas perdidas en un libro que esperan por nosotros para responder preguntas que ni siquiera sabemos que nos hacemos. Vayan tras respuestas. A este libro, le sobran. 

PARA LEERTE MEJOR

María Dolores Ara 

Desde hace bastante tiempo la lectura ha perdido significado como valor cultural. Lejos quedan los días en que ser culto suponía un valor social, personal y hasta moral. La base para tener ese valor venía en los libros: en el bagaje de conocimientos, posturas y visiones del mundo que se adquirían gracias a ellos. 

Hoy nos aqueja un mal que conocemos como “analfabetismo funcional”:se lee operativamente, pero no se comprende lo que se lee, no se sabe argumentar sobre ello, no se generan ideas sobre otras ideas, no se identifica la idea principal de un  escrito, no se conoce el significado de las palabras que lo componen, no se establecen asociaciones con otras ideas, no se sabe resumir lo que se lee, no se distingue ente una opinión y un análisis.

Leer ya no es un valor. Estamos en la era de la imagen. Pero, paradójicamente,  se estudia leyendo, se aprende leyendo, nos informamos leyendo……y no hay ninguna posibilidad de tener éxito en la vida ( profesional o emocional: ¿alguien se ha consolado de alguna pena de amor resolviendo una fórmula?) si no se domina la lectura como vía de acceso al saber. El reto que supone leer consiste en recuperar el sentido de la lectura como parte del sentido del mundo que ella resume y muestra. 

El lector comprende un texto cuando es capaz de extraer el significado que el mismo texto le ofrece. Esto implica reconocer que el sentido del texto, su misterio,  está en las palabras que lo componen, en la forma de organizarlas y que el rol del lector consiste en descubrirlo. 

Es necesario adquirir competencias para sacarle el mayor provecho posible a la lectura llegando a un nivel tal que seamos capaces de realizar,  con facilidad,  la lectura crítica e interpretativa de un texto y no sólo su lectura literal y correcta. 

Toda lectura es de algún modo “revelación”. Revelación del mundo, de la naturaleza humana, de lo que somos y queremos ser. La lectura profunda nos brinda la oportunidad de conocer el sentido de la vida, ése que buscamos incesantemente y se nos escapa  y que  -al decir de Borges- está escondido en la propia búsqueda . Si no hay búsqueda, desde luego, no hay sentido. 

La lectura también nos construye: fabricamos  nuestra propia estructura interior a partir de lo que leemos. ¿En qué creo? , ¿qué defiendo?,  ¿quién soy?  son preguntas complejas que cuesta hacerse y que un libro bien leído contribuye a contestar de manera más clara que cuando nos miramos para adentro asustados y perplejos. 

La lectura forma valores, ideas y conceptos sobre la realidad. Es una vía para palparla, para vivirla, para expresarla y experimentarla. En el devenir cotidiano tenemos contacto apenas con una realidad fragmentada, hecha de trozos aislados de experiencia que nos dejan el sabor de lo incompleto, de lo carente o de lo confuso. La lectura sabia nos deja armar el rompecabezas de la vida de una manera más plena. Ella admite infinitos puntos de vista que contrastan o armonizan con el nuestro, que lo amplían, lo cuestionan o lo modifican. La lectura siempre va a más: nunca reduce, o simplifica nuestra visión del mundo. 

No queda mucho por decir. Bastaría con afirmar que leer nos hace mejores humanos. Y de eso se trata, no?

¿Cuál cultura? ¿Cuál literatura?

María Dolores Ara

Pretender trazar un panorama  de lo que ha sido y es nuestra relación como sociedad con la literatura sería deshonesto por excesivo y arrogante. Lo primero, entonces, es trazar límites sensatos a esta indagación que quisiera vincular las relaciones de los venezolanos con la cultura literaria. Esto obliga a añadir una pregunta más a las que abren este escrito: ¿cuáles venezolanos?

Empecemos por ellos. ¿Quiénes leen en Venezuela?¿qué alcance y dimensión tiene nuestro gusto por la lectura? Parece que poco. Muy poco. En términos cuantitativos, en el 2007 ,  Adriano González León , en una entrevista publicada en El Universal,  declaraba que “ El venezolano lo único que lee es la Gaceta Hípica”. La queja porque en Venezuela no se lee es antigua y casi aburrida. Se lee poco, se lee mal, y cuando se lee bien en cantidad y calidad, se hace en cenáculos que no dan cuenta de un país que lee, sino de grupos que leen, al parecer, más guiados por simpatías, afinidades ideológicas, modas o cualquier clase de criterio personalista, que por  una inclinación descubridora o siquiera indagadora de la realidad , hecha con rigor metodológico y enfoque significativo.

Desde la perspectiva de una  profesora de lenguaje y literatura, la respuesta a la primera pregunta es frustrante. Los alumnos que ingresan en la Universidad traen un bagaje que más bien es una maleta vacía…, si hay maleta. Casi no han leído nada y lo que han leído les parece detestable, por lo que es difícil seducirlos para el placer de leer y tenemos que remontar una cuesta infame que apenas logra que bajen la guardia y se rindan, al menos, a lo que les sugerimos  de forma casi suplicante.

No se puede hablar de “cultura” si ésta no abarca amplios modelos de comportamiento. No es cultura lo que no incluye a la generalidad, sino a la excepción. No es cultura lo que no arropa una relación de la sociedad con un elemento concreto. Así que casi podríamos hablar de nuestra “in-cultura” literaria, pero se nos hace tan desesperado y casi apocalíptico que preferimos dejarlo en esta nota aclaratoria, cuyo corolario descarnado es la frase de González León, (y que sirva de homenaje póstumo).

Así hemos matado dos pájaros de un tiro: cultura y lectores. Saltemos a ¿cuál literatura? A la aseveración de que se lee poco y mal, hay que sumarle que se lee lo que se impone desde algún centro emisor que decide quién vale y quién no de acuerdo a parámetros que tienen más que ver con las coyunturas emocionales, afectivas y/ o políticas (perdón por la redundancia)  ,  que con el análisis serio y fundado de la producción literaria. Démosle un repaso a la historia de los programas de literatura de nuestro bachillerato y la evidencia nos desmoronará. Preguntemos al azar qué se conoce de literatura venezolana y encontraremos lo mismo de siempre pero menos claro, menos afianzado, y menos leído de primera mano. Veamos las promociones de lo que se edita “al giorno”  y aparecen nombres nuevos que,  efímeros como cometas,  pasan por nuestro firmamento literario sin dejar huella. Los nuevos nombres son todavía más oscuros que la tradición,…que ya es decir.

No están  todos los que son, ni son todos los que están,  es una frase trillada, pero en ningún ámbito es tan perfectamente definitoria de nuestra cultura como en el caso literario. Acudamos a un clásico: Manuel Vicente Romerogarcía, quien en 1896 nos legó aquello de “Venezuela es el país de las nulidades engreídas y las reputaciones consagradas”. Quizás una revisión de nuestra cultura literaria podría iniciarse por dejar tranquilas a las nulidades engreídas que ya han disfrutado de mucho más que su cuarto de hora de gloria, y darle su oportunidad a los que no les ha llegado oficialmente el papel protagónico que merecen.

Debemos hacer dos aclaratorias. Nuestra perspectiva sobre este tema se construye a partir de nuestra experiencia profesional. Ser profesora crea  una buena base  para comentar acerca del conjunto de relaciones amistosas -o no-  que establecemos con la literatura nacional desde el sujeto que lee. No desde la intelectualidad que lee. No desde la crítica que juzga lo que es leíble o no leíble, y que opera en un circuito mínimo del cual prescinde el sujeto que debería leer y no lee.

La segunda. Vamos a hablar sólo de narrativa. El cuento y la novela son los protagonistas de la cultura literaria. Poesía y ensayo son todavía más extraños a nuestra cultura (aunque parezca desmentirlo el hecho de que entre amigos y  en ciertas relaciones haya privado en cierta época  el apelativo de “poeta”). Si leer cuesta, al menos la narrativa apela a la estructura curiosa de la mente que quiere siempre saber qué pasa o qué va a pasar. Ese terreno del suspenso y el asomo a otra vida, siempre más interesante que la nuestra, es del dominio de la historia de ficción,  como bien sabía Scherezade. Y nuestra cultura sí que  está ligada a la intriga y a los cuentos . ¡Cómo nos gustan los cuentos! Sin embargo, el ensayo histórico, el análisis de la realidad política propia o ajena, ha ido incrementando su posición entre las preferencias de los lectores, y hoy en día es posible que sea  el género que más se lee. Probablemente porque la realidad contante y sonante se ha hecho tan incomprensible que necesitamos un manual para entender qué pasa aquí y fuera de aquí.

Dividimos nuestro escrito por épocas y nos centramos en autores y libros que son para nosotros emblema de nuestra cultura literaria, por estar -o no estar-entre las luminarias. Como la extensión del artículo es agradecidamente breve, hubo que elegir. Así que nos sumamos a las carencias, omisiones y errores de todo lo que se ha hecho y se seguirá haciendo sobre este tema.

“Tierra desacostumbrada” 

María Dolores Ara

“Los errores nunca se equivocan”( Graffiti en un muro)

La escritora de origen bengalí, de nacionalidad inglesa y residenciada en Norteamérica, Jhumpa Lahiri, nos regala en este conjunto de historias un manual invalorable de la vocación de ciertos humanos por la infelicidad. Estas joyas narrativas, conmovedoras y certeras, cuentan el momento exacto donde las personas se traicionan, el instante en que una oportunidad se desaprovecha, las consecuencias de dejarla pasar. Estamos ante la fotografía de los secretos íntimos que habitan lo doméstico y corren como ríos subterráneos de corriente paralela a la vida que se ve. Conocemos a personajes desfigurados emocionalmente. Quebrados por dentro y enteros por fuera. Que siguen adelante a pesar del peso gigante de lo que no es o no pudo ser.

Planteada sin drama, sin melodrama, sin truculencia esta saga mínima, elegante, de los bengalíes emigrados a Inglaterra y USA nos dice que la vida es así, es esto: decepción, error, caída, incomprensión; sin aspavientos. La pluma discreta y fina de Jhumpa Lahiri se detiene con ternura en los instantes decisivos donde se hacen elecciones de vida o muerte sin darnos cuenta de lo crucial de ellas porque lo cotidiano no nos deja ver su trascendencia. Aferrados a la norma, a la rutina, al deber ser como refugio,  los personajes de estas historias no ven o no quieren ver la demanda de salto que la vida les pide. Saben que viven tras una cortina que les obstaculiza la libre expresión de sus emociones, o el abandono de sus tradiciones. Intentar superar esos impedimentos les trae un sufrimiento mayor que el del encierro en sus rígidos patrones, así que siguen actuando con convicción, coraje y buena fe: apuestan a que la aceptación limpia de su destino truncado sea su mayor victoria. Sin amargura, ni rabia, ni resentimiento.

Las mujeres y las figuras parentales ocupan un lugar poderosamente significativo en estas historias. Ellas son dulces, hogareñas, humildes y sabias en la aceptación de sus frustraciones. Llevan la tensión entre sus deseos y sus logros con una natural inteligencia sosegada. Nadie revienta: a pesar de involucrarse en matrimonios forzados, desiguales, o bajo la presión de sus propias ganas de abrirse a la cultura que las hospeda, son relaciones fallidas ante las que terminan rindiéndose. Ni ángeles, ni víctimas. La autora expone un modelo que no recurre ni a lo ejemplar, ni a lo sufrido. Como toda norma tiene su excepción, en algunos cuentos es el hombre el que se siente asfixiado por su cultura y trata de desapegarse sin conseguirlo del todo, o consiguiéndolo a medias.

Los padres se representan como estructuras altamente demandantes, ante las cuales se sacrifican los verdaderos sentimientos y los actos espontáneos. La rebelión que los extermina no es posible en culturas de tal arraigo familiar. Son como dioses exigentes pero sin gestos violentos, sin  sangre derramada, sin castigos aterradores. Se admite un cierto grado de oposición pero sin transgresiones lacerantes. Son columnas que influyen decisivamente en las vidas de su progenie. El fracaso viene de la mano, justamente, de la desobediencia. La mayoría de los personajes termina regresando al seno cultural que lo vio nacer. Es un refugio seguro aunque indeseado. Es la manera de no sentirse tan solo en una tierra sin costumbres que abrazar.

Tierra desacostumbrada habla de la emigración exterior e interior. De ese territorio al que hay que mudarse por necesidad y que exige del exiliado una adaptación casi imposible. La tierra del alma, la de los afectos sufre también la conmoción de los tránsfugas: la naturaleza humana se agota de tanto equivocarse, se repite en sus errores hasta el aburrimiento, se disfraza para huir de ellos sin éxito. Da lo mismo si estamos en La India y nos escapamos a Europa, o si los mexicanos se intentan mimetizar en USA ( por no hablar de la diáspora nacional, que saca tanta roncha) , aun no moviéndonos de nuestro terruño hay mucho éxodo en cada circunstancia vital, mucha frontera que traspasar dentro de cada quién. La tierra a la que no nos acostumbramos y que no se acostumbra a nosotros, la tierra extraña no siempre está afuera. A veces, muchas, somos extraños dentro de la costumbre que nos explica. Y de eso se tratan estas historias contadas en tono de confidencia amable, como conversaciones de buenos amigos que necesitan decir lo que nadie sabe: no todo está dicho sobre nosotros, nadie sabe en el fondo nuestra historia. En algún momento, para nuestro bien, lo que ocultamos debe descubrirse ante un oído comprensivo que no juzgue. Finalmente se es extraño hasta para sí mismo y terminar por ser costumbre para sí, es una hazaña mayúscula.

El cuento que da título a la colección, “Tierra desacostumbrada” desarrolla la relación incomunicada entre Ruma y su padre, luego de fallecer la madre, centro de la energía afectiva de la familia india que lleva tiempo viviendo en el extranjero. De hecho, Ruma está casada con un norteamericano y ya tiene un hijo mezclado. La nueva pareja del padre es un secreto que se interpone entre ambos. Un peso que los separa, pues Ruma sigue honrando a su madre y piensa que su padre aún no ha superado su muerte, porque esos sentimientos de apego y honra son los que prescribe la tradición que la sostiene por dentro. Sobreproteger a su padre significa cultivar sus raíces o lo que queda de ellas y defenderlas del acoso de la nueva tierra donde se ve sometida a presiones profesionales, culturales y sociales completamente distintas. Cuando Ruma encuentra la tarjeta postal extraviada que evidencia que el padre tiene un nuevo amor su mundo se derrumba, es la evidencia que demuestra que su madre ya no existe, y su ausencia es la ausencia de referentes, de raíces, de sentido. Ante la prueba contundente de su desarraigo, anunciado a sus sordos oídos por la incomprensión del marido occidental, la crianza del hijo que ya es de otro continente, por la distancia afectiva del padre, y por su propia voz que se contradice, Ruma elige , en un gesto muy puro, enviar la postal a su destinataria. Al hacerlo se despide de su origen, pierde una batalla pero gana otra. Con madurez, encaje y respeto, Ruma elige hacer lo correcto, lo que corresponde. Ya habrá tiempo de recoger lo que se ha roto en su interior.

“Cielo e infierno” es la historia de la complicidad tierna y amorosa entre la madre de la narradora, casada ( la madre) en un matrimonio concertado con un hombre con el que no tiene mucho en común, y un compatriota bengalí que llega de huésped a su hogar, en sus primeros años de exilio en USA. Entre ambos se da una relación placentera, divertida y cariñosa que logra sacarla a ella de la amargura de una vida gris. Es un amor sin concreciones físicas, sin promesas, sin revelaciones. Paralelamente,  la hija del matrimonio que da acogida a Pranab y cuya madre se enamora de él, sostiene una rivalidad abierta con su progenitora, la desafía y se comporta violentamente. Por ello es la primera en alegrarse cuando Pranab se casa con una norteamericana, en rebelión flagrante a las leyes de su cultura, y rompiéndole el corazón a quien esperaba, ilusamente, que toda la vida continuara el espejismo de quererse sin definirse. Desgarrada, va recuperándose del desamor y consigue, con el tiempo, acercarse con dulzura al marido y tener un matrimonio bonito. Su máximo triunfo es convertirse en cómplice de la hija díscola, al madurar, y contarle, mucho después, que intentó suicidarse a lo “bonzo” cuando Pranab se casó, y la detuvo un vecino que logró verla antes de que encendiera el fósforo fatal.

“Una elección de alojamiento” nos presenta el matrimonio mixto de Megan y Amit, quienes han dejado a sus dos hijas con los padres de ella para asistir a la boda de una excompañera de colegio de él. Megan es médico, 5 años mayor que él, norteamericana , de inferior clase social. Amit es un indio que no terminó los estudios de Medicina, de familia pudiente que lo envió a estudiar a USA desde muy joven, separándolo contra su voluntad, de sus orígenes. La boda es una prueba social y emocional para ambos: se efectúa en el colegio donde Amit estudió separado de su familia y su tierra, donde creció como extranjero y experimentó el desarraigo inevitable. La chica que se casa le gustaba. Para Megan significa enfrentar el pasado de Amit, a una rival fantasiosa más joven, acaudalada y dueña de los recuerdos juveniles de su esposo. El matrimonio de ambos ha entrado en decadencia, al igual que la falda quemada, tiene un agujero que tapar. Una falsa euforia conduce su conducta, ella coquetea con un viejo conocido de Amit, él se emborracha y se pierde cuando va a llamar por teléfono para saber de las niñas. No vuelve a la fiesta. Megan se angustia hasta encontrarlo tendido en la cama del hotel, durmiendo. A la mañana siguiente el agujero por el que se les escapa la felicidad ha aumentado de tamaño. Van a despedirse de los demás pero no encuentran a nadie en la residencia de estudiantes que albergaba a los invitados. En un acto desesperado, hacen el amor furtivamente, en una de las habitaciones de la residencia. Amargados y resentidos, parece ser su última vez, o quizás sea  la forma de remendar el agujero negro que señala sus diferencias.

“No es asunto de nadie” nos presenta a Sang, una india soltera a la que llaman muchos compatriotas para concertar un matrimonio arreglado a la vieja usanza, mientras ella sostiene un noviazgo tormentoso con un individuo que la engaña, le es infiel y con el que termina rompiendo malamente, cuando se hace evidente el maltrato al que la somete y que ella se resiste a admitir, hasta el último minuto. La derrota final de sus aspiraciones nos hace suponer que Sang terminará casándose con alguno de los pretendientes de su misma nacionalidad y religión, con tal de  que no se repita la historia. Por donde se mire, el barco hace aguas: o se somete a la ley implacable de su  gente o se somete al escarnio de estas otras leyes, más veladas, pero igual de subestimantes y despreciativas. No lo tenemos fácil en ninguna latitud.

“Hema y Kaushik” es el último cuento y el más largo. Está compuesto por tres apartados que hacen de la narración una novela breve e intensa.  Habla de la historia de los protagonistas desde que se conocen en la infancia, comparten pocos momentos, hasta que se hacen amantes a los 30 años. Él , marcado por la muerte de la madre y el siguiente matrimonio del padre al que no perdona nunca. Ella, herida por la larga relación con un hombre casado, y luego por el compromiso con un hombre al que no ama y que le es destinado como señalan las leyes de su cultura. Llenos de deudas afectivas, ambos se encuentran en un espacio de hambre sentimental al que no logran dar una sana salida. La pasión que surge entre los dos no construye bases lo suficientemente sólidas para que él se despida de la madre muerta y se abrace al padre “traidor”. Para que ella no le cobre sus fracasos amorosos anteriores. Cuando el tsunami le arrebata la vida a Kaushik,  la muerte juega su última baza y, como siempre, resuelve lo que los hombres dejan sin terminar. Hema guardará en secreto la historia portadora de su verdad, se casará y llevará una existencia,  como la de todas sus predecesoras ( y quién sabe si sus sucesoras) , donde nadie sabrá nunca lo que pasó, a menos que…lea alguna de estas historias en el libro que las saca a la luz.

El pez dorado de J.M.G. Le Clezio

María Dolores Ara

El pez dorado es una novela que retrata el problema central de Europa en este nuevo milenio tan duro y tormentoso: la  imposible convivencia de sociedades multiétnicas y pluriculturales en el espacio que gestó la civilización occidental con todas sus luces y sus sombras.

Inclinado mucho más a enfocar las sombras de una Europa carcomida por la mala conciencia a la que le cuesta mucho aceptar sus propios horrores , Le Clezio elige contar la peripecia del desarraigo migratorio desde lo que se conoce como la novela de iniciación o aprendizaje. Se trata de un subgénero que cuenta el viaje del héroe protagónico como una trayectoria  de transformación que se opera al cruzar un umbral de índole psicológico, emocional,  o físico. Las novelas de iniciación tradicionales funcionan , generalmente, en el circuito cronológico que marca el paso de la infancia a la pubertad o de la juventud a la madurez, y se encargan de mostrar las duras pruebas que supone traspasar los límites de cada edad para situarse en la siguiente etapa sin morir en el intento.

En este caso, Le Clezio, introduce cambios sintomáticos dentro del género para mostrar su postura crítica ante la sociedad urbana occidental que invisibiliza al emigrante refugiado, lo empuja a la periferia cultural y desarrolla contra él una violencia extrema que contradice  las bases programáticas del occidente que enarbola las consabidas banderas de la fraternidad, la igualdad y la libertad.

Aquí encontramos un viaje en círculo , no en línea recta ascendente como dicta el programa de este género. Laila es raptada a los 5 años en una calle desconocida de un lugar que nunca sabrá exactamente cuál fue y  ese inicio cruel marca su camino evolutivo por distintos nombres que nunca serán el verdadero, distintos parajes geográficos y humanos que pocas veces la acogerán , y muchas, la expulsarán del territorio indispensable para sentirse vivo: el de la identidad reconocida, integrada y respetada. El círculo se cierra sobre la supuesta calle original de su desgracia, aquella en la cual una mano oscura la introdujo en un saco y la llevó como un animal más a venderse en un mercado donde su humanidad quedó, para siempre, reducida a la mínima expresión. Volver a ella traza el dibujo nítido del retorno a la paz del reconocimiento, que aumenta su cuota de sentido por cuanto Laila, ahora, está gestando un hijo de la metrópoli central , heredero de lo mejor y lo peor de ambos mundos, portador de la fusión de culturas dispares que han podido citarse,sin sangre,  en el encuentro de los cuerpos . Hubiera sido ideal añadir que esos cuerpos estuvieron enamorados, pero hay muy poco amor en esta historia. De lado y lado. Hay intereses malsanos, ruina, miseria, mezquindad e ignorancia. Y miedo, mucho miedo.

Podemos afirmar que se trata de una picaresca con voz femenina. Lo usual es que el pícaro sea un hombre, un muchacho casi siempre que se dedica a jugar con la vida para engañarse sobre su condición inferior y engañar a esa misma vida que lo desafía a superarse. Laila es una pequeña (y después no tan pequeña ) bribona, consciente de su poder de seducción, encantadora de varias serpientes que se asusta de su propia capacidad de hacer el mal. Mitad víctima, mitad verdugo, sufre todas las vejaciones posibles a lo largo de un periplo despiadado donde casi nadie la mira desde la humanidad que se supone honramos moralmente. Ella tampoco sabe elegir lo mejor para sí porque tendría que haberlo aprendido en alguna esquina de esa vida torturada y no ha podido ser. Traspasar la frontera desde la barbarie no ha dado frutos: en Europa le va todavía peor, es más carne de uso, es más comida para el depredador. Su potencial humano no puede crecer, no sabe crecer. Le queda ese último gesto de mestizaje inverso: llevar al hijo de los supuestos dioses superiores a la tribu primitiva a ver si se produce el milagro; otro modo de vida que deje ser a quien anhela ser y tiene derecho a ser sin que persecuciones atroces lo catapulten fuera de su tierra y pague con sufrimiento su condición de paria involuntario. No va a ser fácil. Posiblemente no va  a ser.

La novela clama por iniciar el contacto vital e intelectual con lo primigenio. Clama por abandonar el rol de Occidente como faro iluminador de valores con los cuales no solo no cumple sino que descaradamente pisotea justo en nombre de esa iluminación. Si Occidente y, principalmente, Europa son fuente y cuna de los más altos valores del espíritu, ¿cómo se comporta con tal grado de insensibilidad, corrupción y salvajismo? ¿Qué pueden esperar, entonces, los verdaderamente aislados de un estado de derecho cabalmente constituido? ¿Si Europa no se porta a la altura de sus ideales, que queda para los demás? ¿Si no somos ejemplo, quién muestra  el camino?

El pez dorado intenta reivindicar la diversidad y acogerla como propia, que sea propio todo lo que se asienta en Europa con la decisión firme de hacer un mundo pleno , seguro y libre. Que Europa comprenda a los otros para que los otros puedan decir que pertenecen. Pertenecen si son entendidos. Pertenecen si ellos también entienden. Y aquí llegamos al nudo gordiano.

La novela pide que vivamos de otro modo y dejemos vivir de otros modos, pero –como bien dice Fernando Savater- se puede vivir de muchos modos, pero hay modos que no dejan vivir. El personaje de Laila y su troupe de maltratados que maltratan se le escapan al escritor y recorren un camino que no estaba trazado en el plan. Vemos a los humillados vivir de espaldas a la ley, no conocer el orden y no estar muy interesados en conocerlo, ser más unos fugitivos que unos refugiados, solicitar derechos con muy poco cumplimiento del deber, ser abusivamente tratados y, a su vez, abusar en la primera ocasión en que el sistema muestra una grieta. Y están a la caza de la grieta. La serpiente se muerde la cola. Y tanto buenos como malos quedan irreconocibles.

La inverosímil erudición de Laila, sus dotes excepcionales para la música, su extraña belleza no le sirven para superar  su condición marginal de la que ella misma es co-responsable. Despojada de voz auténtica no es capaz de construirse y reconstruirse. Teniendo cómo y con qué. La novela la pone a perder sin compasión. Ese final romántico la termina de expulsar del centro social al que aspiraba: más perdida que nunca por negar sus propios dones liberadores, con un bagaje de infamias cometidas y padecidas se sienta a esperar un sentido para su vida en la misma calle que se lo arrebató y a la que le entregará un hijo cuyo destino también está marcado si no ponemos límites claros donde hay que ponerlos. Hay que desenmascarar la doble moral europea que arma a las huestes irredimibles para después llorar sobre los cadáveres que contribuyó a amontonar. Hay que desenmascarar a los adoradores de la muerte que se disfrazan de defensores de falsos ídolos para gozar con los chorros de la sangre enemiga. Y se inventan un enemigo con cualquier excusa. Unos y otros. Y, mientras tanto, el mundo se vuelve una cueva aterradora donde nos agazapamos esperando el zarpazo que nos borrará del mapa. A todos. Y así, los administradores del miedo vuelven, otra vez, a ganar la partida. Déja vu.

NI CIENCIA NI FICCIÓN A PROPÓSITO DE FAHRENHEIT 451

María Dolores Ara

La ciencia ficción es una caja de sorpresas. Envuelta en su halo de fantasía cósmica, suele presentarse como un género riguroso que habla de mundos inventados donde todo es posible para bien o para mal. Pero es solo un disfraz para incautos. El género o sub-género suele encerrar las mejores reflexiones filosóficas sobre la naturaleza de lo humano, sus alcances y limitaciones; sus perversiones y grandezas. Lo que somos y podemos llegar a ser, lo que no nos hemos propuesto alcanzar y lo que sufrimos por quedarnos atrapados en nuestra pequeñez. Se puede leer como una distracción inocente, y funciona. Se puede atrapar el hilo seductor que explica la vida y funciona mejor. Usted elige. 

Ray Bradbury es uno de los magos de este prodigio. Narrador, filósofo y poeta autodidacta ha volcado en su escritura un largo camino reflexivo para legarnos ideas cautivadoras sobre nuestra esencia y los conflictos que acarrea defenderla, cuando la propia especie se traiciona a sí misma eligiendo ser lo peor que puede llegar a ser. Meterse en una novela de Bradbury es un compromiso moral que le queda grande a la ciencia ficción simple, si es que existe tal cosa. 

Fahrenheit 451 es uno de sus trabajos más conocidos. Escrita en la década de los 60 y considerada una joya en su género, Fahrenheit se instala en la saga de las distopías pero con una intención mucho más sublime y lírica que sus compañeras de tema. Entre el suspenso policial, la acción trepidante, la angustia existencial, la filosofía humanista y el aliento esperanzado, esta novela termina por ser una guía espiritual para la desorientación moral de los pensantes. Su gran acierto es responder a las preguntas esenciales de los humanos en cuanto tales, y retarnos a vivir según esas respuestas bellas y dolorosas al mismo tiempo. 

Dividida en tres partes, la  obra va tomando cuerpo en la intriga que la sostiene. Nos cuenta el salto prodigioso del bombero Montag, quien va a sufrir la transformación propia del que descubre la verdad a tiempo para salvarse y salvarnos. En una sociedad donde leer es un peligro porque lleva a pensar y a pensar para descubrir certezas y desechar fraudes, los bomberos han trastocado su papel de apaga-fuegos por el de  pirómanos oficiales del poder, que incendian palabras para que no produzcan ideas. En ese mundo de cartón piedra, solo la televisión invasiva es el recurso tecnológico mediante el cual llega el entretenimiento enajenante. En ese mundo de plástico barato está prohibida toda actividad mental profunda. Es un mundo que vacía y anula todo el potencial humano. Potencial que debería pasar de generación en generación a través de las ideas que encierran los libros y que van gestando nuevas ideas para dar vida a la humanidad que se eleva por encima de su estrecho marco físico para volar alto gracias al pensamiento. Los libros aquí son el enemigo. Volar es el pecado mayor. Y se vuela porque se lee, y se piensa sobre lo que se lee  para seguir volando. Por los siglos de los siglos, hasta que los buitres del poder descubren la amenaza y en su infinita estupidez van contra el efecto y no contra la causa. También por los siglos de los siglos. 

Si a ver vamos , Fahrenheit reproduce la eterna batalla entre el Bien y el Mal con un escenario más atractivo que el del sermón oficial. En el bando de los buenos están los aliados del pensamiento libre y poético, liderados por Montag, Faber y la hermosa Clarisse. Son los amantes de la naturaleza, de vida bucólica sin artíficos, de la lectura enriquecedora, de la mente productiva. Son los defensores de la sabiduría obtenida por la capacidad de procesar la vida plena, por no conformarse con la norma, por indagar hasta  alcanzar la verdad trascendente. Esa que dicen que nos hace libres y auténticos. Esa que nos enseña a buscar el Quijote, o la Biblia, o Shakespeare. 

El bando del Mal se dedica a matar la vida. La vida de la alegría natural, la del pensamiento creativo, la del amor a lo que respira claridad. Millie y sus amigas , el capitán Beatty, los bomberos adocenados y el sabueso infernal son los inquisidores del fuego destructivo que arrasa con lo que respira. Sin propósito, sin sentido, huecos e infelices pasan por el infierno creyendo que es el cielo y no se enteran. Sin coraje para vivir plenamente y con absoluto desconocimiento de lo que eso pueda significar se dedican a acabar con lo que los perturba: libros, personas reales, seres libres, naturaleza virgen, posibles descubrimientos sorprendentes sobre sí mismos y sobre el mundo gris en el que a duras penas sobreviven. Entre pantallas que aturden, incendios que aniquilan y pastillas para no saber, ni ser,  persiguen a los que saben por el delito de siempre: buscar la verdad, encontrarla y difundirla. Lo que hacen los libros, exactamente. 

No ganan los buenos, hay que decirlo. No del todo. Pero tampoco se hace apología del mal, como tanto gusta el posmodernismo más reciente. Bradbury consigue el balance justo que da con la clave para la solución del conflicto usando la simbología del fuego. Desde el título que nos habla de la temperatura a la que se quema el papel, hasta la salamandra que usan los bomberos para prender las llamas que consumirán a los libros, pasando por la imagen del Ave Fénix, la estructura profunda de la historia es un canto a lo inextinguible, a lo que permanece inalterable entre contradicciones y riesgos. A la vida perdurable más allá de todo intento de aniquilación. El fuego quema y calienta, mata y da vida. Todo depende de quién controle la llama. 

 Lo que emana del espíritu inmortal que anida en cada criatura humana se hace eterno. No hay fuego que lo extermine, no se consume en la llama, se renueva y cambia constantemente sin principio ni fin. Resurge purificado en cada era, en cada ciclo. Asciende triunfante siempre. Vence enemigos y peligros. Lo que el hombre hace cuando da lo mejor de sí es un poder que nada ni nadie puede destruir y que se impone en todo tiempo a las sombras. Y ese legado supremo está recogido en la sabiduría que los libros atesoran y que solo algunos privilegiados pueden reconocer y heredar. 

La humanidad está en los libros. Seremos más humanos en el tiempo de los libros. Expandiremos nuestra humanidad en la sabiduría que ellos legan. En la que dejan en cada uno de nosotros. En el estímulo que nos otorgan para continuar. Y es preciso continuar porque no ha llegado el tiempo de detenerse, según nos susurra el Eclesiastés. 

LOS DESORIENTADOS de Amin Maalouf

Maria Dolores Ara

También el odio contra la bajeza desfigura las facciones. También la ira contra la injusticia pone ronca la voz.” Bertold Brecht 

En el 2012 , Amin Maalouf, escritor libanés residenciado en París y miembro de la Academia Francesa, escribe esta novela emotiva, entrañable y personal sobre un país desfigurado por emociones violentas que busca su sentido a través de las voces de unos hijos desperdigados , adoloridos y rotos que no consiguen entender ni entenderse. 

Usando cartas y diarios, la narración se erige sobre sentimientos y vivencias íntimas que se concentran en los 16 días que dura el viaje del protagonista, Adam, a su tierra natal, luego de veinte años de ausencia. Esta cita entre el país y el hombre, entre la patria escindida y el renegado se cumple por obra y gracia de la muerte: ha fallecido un antiguo amigo de juventud, Mourad , y esa ausencia convoca  el reencuentro de los antiguos miembros de una pandilla estudiantil, ahora réprobos de una historia local plagada de ausencias. Íntima, confidencial y auto-biográfica, Los desorientados  plantea el drama ciego de los desencuentros ideológicos y la dificultad de encontrarles solución. 

El telón de fondo de la obra es la guerra civil del Líbano ocurrida entre 1975 y 1990, en la que facciones musulmanas, cristianas y seculares se enfrentaron cuando los refugiados palestinos atacaron al estado de Israel desde territorio libanés. Entre guerrilleros, palestinos infiltrados, musulmanes alzados, cristianos armados, israelitas enardecidos el mapa libanés sufre lo indecible y obliga a sus habitantes a tomar partido, a hacer algo, a situarse frente a la confusión. El saldo deja entre 120 y 250 mil muertos, un millón de heridos y un millón de exiliados. En alguno de estos grupos están inscritos los protagonistas de esta crónica que ejercita la memoria y rinde homenaje a todas las víctimas, comprendidas e incomprendidas de una catástrofe absurda. 

Con la excusa de despedir al amigo muerto, once personas se reúnen después de muchos años en el espacio de sus años estudiantiles: época dorada, paraíso inolvidable que explotó con el rugir de los primeros embates de la guerra. Como piezas de un rompecabezas sin armar, van acercándose a sí mismos, al pasado y al ideal de futuro desde el desarraigo, el conflicto y la desesperanza. Sin saber bien quiénes fueron, ni lo que son exactamente ahora, ni mucho menos lo que terminarán siendo en otros países donde viven casi todos;  o en este país, que no se parece al  suyo y que no se sabe qué terminará siendo, se ponen al día con la coartada de una posible reconciliación entre todos ellos. Entre el país y ellos. Entre el mundo y ellos. 

Para armar el rompecabezas hay que conocer cada pieza en fondo y forma. ADAM, el narrador y organizador del póstumo homenaje, es un historiador laico, católico sin exagerar, occidentalista, racional y escéptico. Vive en París, enfrentado a los fanáticos árabes, extremistas, y creyentes que han hecho de la religión un refugio político o viceversa. Su papel de mediador, de brazo vinculante entre los amigos recuperados supone un hilo que intenta rehacer la totalidad fragmentada de lo que queda de ellos.

MOURAD, es ahora un cadáver. Para ADAM es un traidor que pactó con la guerrilla rural por motivos egoístas. Cómplice de la masacre que significó recuperar su casa invadida, termina por aliarse con los bárbaros y convertirse en su vocero gubernamental. Para MOURAD, los que se fueron, los que abandonaron la tierra natal innombrada, son los únicos traidores. MOURAD apuesta a que todos hubieran hecho lo mismo, de quedarse. Expulsado de los afectos, solo y resentido, muere sin haber podido decir todo lo que piensa y siente. Sin haber podido escuchar lo que piensan y sienten los demás. Ha muerto mucho antes de este día; murió cuando no pudo comunicarse, ni comprender. Cuando el odio, el resentimiento, la culpa y la corrupción se apoderaron de su alma. 

TANIA es su esposa. La novia eterna desde los primeros años, le sobrevive con una mezcla de dolor y admiración. Recibe a ADAM con alegría, pero le reclama su postura fría. ADAM ha juzgado a MOURAD y lo ha condenado. No se ha puesto en su lugar. Tania, al haber acompañado a MOURAD en todo se convierte en cómplice de sus actos. A pesar de ello, la relación con los amigos que ahora se verán las caras es amable y cariñosa. El cariño priva y más en momentos presididos por la pérdida.

NAIM es el judío de la partida. Fue el primero en abandonar el país en 1973, escapando a Brasil. Se ha convertido en un gordo tolerante, que disfruta el placer de la paz bien hallada. Sin ortodoxias de ningún tipo revive los años juveniles sin juicios y sin fantasías. A pesar de pertenecer al grupo responsable de sostener el conflicto desde el punto de vista bélico, nadie le reprocha su filiación religiosa porque la ejerce desde el término medio virtuoso y sabio. 

BILAL fue la primera víctima mortal del caos. Muere en un tiroteo, combatiendo por causas fantasiosas que no entendía a cabalidad. Su pasión por los héroes literarios inmolados en batallas de tinta y papel, lo llevan a su destrucción. 

SEMÍRAMIS era su novia y todavía duele el costado vacío donde BILAL no está.  Hoy es dueña de un hotel pequeño en las afueras, que cobija a ADAM en este viaje. Es hija de egipcios y nació en El Cairo. De jovencita, ella y ADAM tuvieron un juego amoroso sin resultados. En esta vuelta a la recuperación del pasado, deciden completar ese episodio maltrecho y tener un romance singular: Semíramis le pide permiso a la pareja actual de ADAM para acostarse con él y cerrar el ciclo. DOLORES se lo concede. 

ALBERT es el más antiguo amigo de ADAM. Estudiaron juntos desde la infancia. Intentó suicidarse de joven y en el intento, terminó secuestrado para canjearlo por otro muchacho, también secuestrado. Sus secuestradores son los padres del otro chico, que muere en la operación. Estos padres desolados deciden adoptar a ALBERT para siempre, y este es más bien quien los adopta ya que no tiene padres. Emigra a USA donde trabaja para el Pentágono. Bajo una artimaña logra llegar al Líbano para la reunión. Es la oportunidad de confesar su homosexualidad y la verdad sobre sus padres ausentes. 

NIDAL es el hermano de BILAL. Fundamentalista, radical y talibán, entabla un duelo de creencias con ADAM centrado en la defensa y ataque de la razón de ser árabe y las violentas relaciones con Occidente.  Desprecia a ADAM y lo emplaza constantemente como símbolo de la cobardía de los árabes que han decidido traicionar su condición. NIDAL representa todo lo que ADAM adversa: el dogmatismo, la irracionalidad, la ceguera mental y la obsesión destructiva. 

RAMZI es hoy en día un monje católico que se hace llamar Fray Basile. En su juventud estudió ingeniería y emigra a Londres con su amigo Ramez, socio también de la exitosa empresa común, de la que se retirará por principios morales irreconciliables para sumergirse en un monasterio y alcanzar una paz desconocida. Ha perdido la relación con sus hijos que instigados por la madre, ya fallecida, se han puesto en su contra y le han hecho la vida imposible. Ramzi es un sosegado ermitaño que ha huido, de otra forma, hacia el interior de sí mismo dándole la espalda al mundo que lo rodea, lleno de ambiciones, y vacío de escrúpulos. 

RAMEZ era el socio y compañero fraterno de Ramzi. Se hizo millonario con la compañía constructora. Vive en Ammán, felizmente casado, con una familia unida que lo apoya. Dolido por la decisión de Ramzi de abandonar el negocio compartido, lo disculpa y perdona a pesar de todo. Su mujer, DUNIA, es una matrona firme y cariñosa, que va con él a donde sea y como sea. 

Finalmente, llega DOLORES. Pareja actual de ADAM en París,de nacionalidad  argentina, editora de una revista científica. Se presenta para el reencuentro al arrepentirse de haber accedido a que Adam se acostara con Semíramis. Es bienvenida y no se genera conflicto alguno por lo sucedido.

Estas piezas de tan variado olor, sabor y textura deberían haber calzado perfectamente en el dibujo basal del rompecabezas, al sacar a relucir los temas de reflexión a los que la novela quiere conducirnos: la falacia acerca de la indiferencia política, el dilema de los que se van y de los que se quedan cuando hay un territorio en conflicto, la posición de los árabes frente al mundo, la religión convertida en bandera para obtener el poder político, las relaciones de amor-odio entre los bandos en pugna cuando se trata de antiguos camaradas ahora  enfrentados por las vicisitudes de la guerra. La amistad que deriva en rivalidad, el sentido común que deriva en disparate, la conveniencia que deriva en corrupción, las alianzas que terminan en chantajes, la bondad de la vida que deriva en soledad y desconfianza. El mundo sonriente que era tu mundo y ahora es una mueca desconocida y amenazante que causa espanto. 

El accidente fatal donde fallecen Ramzi y el chofer , y donde ADAM queda inconsciente, “en suspenso, como todos nosotros” según sentencia DOLORES, parece destinado a demostrar que la promesa de la recomposición, que la posibilidad esperanzada de un amanecer luminoso donde se instaure el reino de la concordia es, por lo pronto, una quimera. Habrá que esperar mejores tiempos y mejores hombres para homenajear a MOURAD y brindar por los amigos que han sido y son. 

Mientras tanto, suscribo una frase inolvidable del texto: “más vale equivocarse en la esperanza que acertar en la desesperación.” 

«Poemaria», de la venezolana Indira Páez, gana el 25º Premio de Poesía Ciudad de Las Palmas de Gran Canaria 

La obra «Poemaria», de la venezolana Indira Páez, se ha hecho con el 25º Premio de Poesía Ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, una convocatoria del área de Cultura del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria que se presenta en el marco de las Fiestas Fundacionales. 

El jurado, integrado por Naiara Luján, David Cabrera, Zaradat Domínguez, Carolina Medina y Bruno Mesa, todos de reconocido prestigio en el ámbito de la creación poética o la crítica literaria, ha concedido por unanimidad el Premio Internacional de Poesía Ciudad de Las Palmas de Gran Canaria al poemario de Páez por tratarse de «una creación de una voz propia, innovadora y creativa». Asimismo, ha resaltado «su voz femenina de gran intensidad, con transmisión de una fuerte emoción estética a través de la belleza de sus imágenes». Su autora recibirá un premio dotado con 5.000 euros y verá publicado su poemario por Ediciones La Palma, que por cuarta vez se pone al frente de la edición del trabajo ganador. 

La obra premiada ha sido seleccionada entre los 611 trabajos que han sido valorados por el jurado y que fueron remitidos desde numerosas ciudades de la geografía española y de una amplia representación de países de Centroamérica y Sudamérica.

El jurado, igualmente, ha hecho una mención especial al poemario «In girum imus nocte», de Adrián González da Costa, por «seguir la tradición de una poesía entendida como gnosis, con un lenguaje vivo con connotaciones metafísicas».

Indira Páez fue ganadora de un Premio Emmy en 2009 como coescritora de la serie para televisión Gabriel, amor inmortal y Premio Municipal de Teatro de Caracas en 2002 por su obra Crónicas desquiciadas, la escritora y dramaturga venezolana Indira Páez (Puerto Cabello, Venezuela, 1968) destaca asimismo como libretista de telenovelas, obras de teatro y programas televisivos. Actualmente, y desde 2011, trabaja como escritora de telenovelas para Telemundo Studios.

Indira Páez, que vive en Miami, no ha podido acudir a la cita, aunque sí ha enviado un vídeo a la organización agradeciendo el premio. En el mismo, además de trasladar su enorme felicidad por recibir el premio, ha recitado alguno de los versos de «Poemaria», un libro que según ha asegurado, “recoge escritos muy íntimos de la feminidad y de este negocio de ser mujer”.

El jurado ha hecho lectura del fallo en un acto celebrado en el Edificio Miller en el que, además de conocer a la ganadora de las bodas de plata de este certamen, ha hecho un guiño a todos los premiados de las veinticuatro ediciones anteriores; Manuel Padorno, Manuel Díaz Martínez, Alexis Díaz Pimienta, José María Millares Sall, Fernando Gómez Aguilera, Pedro Flores, Francisco Javier García Becerra, Tina Suárez, Marian Suárez, Manuel Moya, Antonio Soto Alcón, Julo César Jiménez, Berbel, Ramón Bascuñana, Silvia García, Manuel Jurado López, Teodoro Santana, Rubén Tejerina, Angélica Morales, Jorge Padrón, José Carlos Gallardo, Patrocino Gil Sánchez, Juan Jesús Hernández y Octavio Escobar.

Dirigido por el dramaturgo y actor Luis O’ Malley y presentado por el también actor Mingo Ruano, además de este recorrido por estos “poemas bellos, imperturbables y mágicos”, el acto ha contado con la intervención de Versonautas, dos artistas escénicos que no solo ponen música a la poesía, sino que la nutren de sonido y de texturas que imbuyen en una atmósfera única e irrepetible. Este dúo valenciano ha sonorizado la creación poética de Manuel Padorno, el poeta, editor y pintor canario que estrenó el pódium del premio literario en 1993 con «Efigie canaria» y del que en 2022 se cumplen veinte años de su fallecimiento. 

Esta ha sido una velada íntima porque “la poesía se tiene que susurrar, aunque sea gritando”, dijo Mingo Ruano en el arranque del acto. “Uno tiene que sentir susurros de amor, susurros de alaridos ahogados, susurros de quererte hasta agotarnos la piel”. Palabras que dieron paso a un encuentro con la poesía impresa, cantada y también leída ya que el conductor de la entrega del premio compartió la lectura de algunos versos de «Manual de hipocondría», poemario del colombiano Octavio Escobar, ganador de la vigésimo cuarta edición de esta convocatoria el pasado año.

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