edición especial

                                                                      Entrevista Especial Pasión País

Clara Rodríguez: “Es la hora de los músicos venezolanos en todo el mundo”

Una de nuestras más importantes pianistas, poseedora de una sólida reputación internacional, nos habla del proceso de migración de los músicos venezolanos, de su linaje pianístico y de cómo sigue seduciendo en Europa con su constante pasión por el repertorio latinoamericano y venezolano. Hay que escuchar su madurez musical, este sábado 3 de septiembre, a las 4.00 p.m. en la Sala José́ Félix Ribas del Teatro Teresa Carreño

CHEFI BORZACCHINI. Fotos: Cortesía de la Artista

Para Clara Rodríguez cinco años sin tocar en Venezuela, fue como mucho. “Ya le picaban los pies”, como decimos en buen criollo. Las teclas del piano ya reclamaban los escenarios caraqueños para escucharla interpretar con su encanto de siempre, obras de compositores de este lado del mundo que con tanto fervor y constancia ella ha difundido en toda Europa, por lo que justamente se ha ganado el título de “Embajadora de la música pianística latinoamericana y venezolana”.  

Y es que, desde que tenía 16 años, cuando estudiaba su octavo año en el Conservatorio Juan José Landaeta y debutaba con la Orquesta Nacional Juvenil Simón Bolívar, dirigida por el Maestro José Antonio Abreu, y se ganó una beca para estudiar en el Royal College of Música, Londres, Clara Rodríguez se propuso regresar constantemente a su Venezuela natal para ofrecer conciertos, estrenar nuevas piezas o bien generar emprendimientos musicales con sus colegas de aquí. 

De la difusión de nuestra música popular y clásica, de la migración y éxito de los músicos venezolanos, y de su propia evolución artística, nos habla Clara Rodríguez en esta entrevista antes de presentarse este sábado 3 de septiembre, interpretando en la primera parte del concierto Tríptico Tropical, de Federico Ruiz; el Danzón N° 2, de Arturo Márquez (en versión para piano solo) y Noche de Luna en Altamira, de la venezolana María Luisa Escobar. En la segunda parte, sonará lo popular venezolano con mucha exquisitez.

MIGRACIÓN MUSICAL

– ¿Cómo han sido esos regresos a Venezuela de una artista que migró hace más de 35 años, siendo muy joven y que pese a que sigue residenciada en Londres y desarrolla una labor pedagógica allá siempre vuelve y vuelve a su ciudad natal?

-Bueno, yo venía y sigo viniendo siempre con varios conciertos o actividades bajo el brazo. Con mucha emoción. Cuando era joven y ya estudiaba en Londres, yo tocaba muchas puertas y venía a Caracas con varias propuestas. Le decía a la gente: acabo de tocar allá en tal teatro, o acabo de hacer un concierto en tal sala, y así un concierto me llevaba al otro. Tocaba mucho en Maracaibo, en Caracas y en otras ciudades. Ahora yo me doy cuenta de que para los jóvenes también este tiempo es muy difícil, complicado para que les abran las puertas, pero también aprecio que no desmayan y vuelven y vuelven a tocar las puertas. En los años de 1980 y los 1990, también la situación era muy cerrada, pero yo me las arreglaba y siempre he tenido apoyo.

– ¿Te consideras una pianista emprendedora?

– Es que cuando tú quieres hacer algo y estás preparado, nadie te puede parar. Cuando algo te apasiona, no hay nadie quién te detenga. Por más que aparezcan obstáculos, alguna puerta se abre.

– ¿Cómo ves el proceso de migración de tantos músicos venezolanos?

– Veo esto como algo maravilloso. Me gusta mucho y me siento muy orgullosa de que ahora hay muchos músicos venezolanos en todo el mundo, dejando en alto el nombre de Venezuela. Por supuesto, muchos son de El Sistema de Orquestas y Coros, quienes son las estrellas del momento, han alcanzado niveles muy altos, y tienen los mejores puestos en el mundo. Me gustaría ver – sin ser feminista – muchas más mujeres. Y eso sí: quisiera que se interpretaran muchas más obras y conciertos de compositores venezolanos. 

– Vienes de un linaje de excelentes ejecutantes del piano, de Teresa Carreño para acá hemos tenido en Venezuela pianistas de gran nombre. ¿Ese linaje tiene que ver con este momento de esplendor para los músicos venezolanos?

– Sí, definitivamente es así. Es la hora de los músicos venezolanos en el mundo, por eso mismo no hay que olvidar esa herencia musical que tenemos. Este boom que estamos viviendo no ha salido de la nada. Los venezolanos han desplazado a los europeos y a los norteamericanos en el ámbito musical, pero eso tiene su origen y viene de dos siglos atrás de buena educación musical, de entrenamiento, de disciplina, de estudio, de maestro exigentes. El músico venezolano de orquesta es puntual, tiene buena imagen, llega media hora o 15 minutos antes del ensayo, y cuando el director alza la batuta, así sean las 7 de la mañana, nuestros músicos están afinadísimos y listos.

“Yo he tocado con varias orquestas del país, pero sobre todo hablo de las de El Sistema. Cuando hace 5 o 6 años la cosa estaba muy difícil aquí, cuando era complicado conseguir comida y medicinas, mucho menos una camionetica que trasladara a los muchachos al ensayo, pues yo no sé cómo esos músicos llegaban a su ensayo puntuales. Inclusive los pequeñitos de las agrupaciones, llegaban perfectamente trajeados, con sus instrumentos listos. Esa es una gran diferencia con respecto a los músicos de otros países.  

REPERTORIO GIGANTESCO

Esta venezolana se ha labrado una prestigiosa carrera de concertista internacional, tocando el repertorio europeo del piano – Mozart, Beethoven, Chopin-. Pero gran parte de esa trayectoria ha sido su apuesta interpretativa de la música latinoamericana y venezolana, lo que le dado el gran plus a sus presentaciones en importantes escenarios como el Southbank Centre, St. Martin, St James’s Piccadilly, Wigmore Hall, y en países como Finlandia, Francia, Egipto, Italia, Siria, Túnez, España, Dinamarca, Bélgica, India o Estados Unidos. 

– En tu conexión con el país a través de tu repertorio y de tus grabaciones ¿cómo ha sido ese “nadar” y profundizar en la música venezolana?

– Ha sido un aprendizaje constante que no termina, porque nuestro repertorio es gigantesco. Comencé realmente a descubrir la música venezolana cuando la escuchaba de niña con mi maestra Guiomar Narváez -quien ha sido una abandera y difusora de nuestra música-. Cuando era joven lo mío era Chopin, Mozart, Bach, pero empecé poco a poco a descubrir y a acercarme al lenguaje musical venezolano, que es muy especial, muy fino, muy de filigrana, de muchas tonalidades y riqueza rítmica. Gracias a Federico Ruiz, con quien he estado trabajando en colaboración, comencé a conocer, a estudiar, a entender los lenguajes y diferentes joropos; también tocando con El Cuarteto, con Miguel Delgado Estévez, con Edwin Arellano, entre otros. 

-También a través de tus grabaciones y CD monográficos que incluyen música de Federico Ruiz, Moisés Moleiro, Teresa Carreño, María Luisa Escobar, álbumes como Venezuela, o El Cuarteto con Clara Rodríguez en vivo, que son frecuentemente oídas por radios culturales de Europa, Australia o América sigues en esa línea de interpretar música venezolana. ¿Es por amor o por convicción?

-Las dos cosas. Te cuento que cuando yo pensé por primera vez en grabar discos, tenía una lista larga con varios nombres de nuestros compositores. Me sorprendí cuando los ingleses me hicieron ver que era importante grabar a Moisés Moleiro, por ejemplo. Y ejecutar a esos compositores en concierto ya era casi como una provocación política, pero la gente empezaba a abrirse a esa música.

-Hablemos de tu madurez como pianista. Siempre consigues críticas muy positivas. Por ejemplo, la de Jeremy Nicolas, de Gramophone, que dice: “Clara Rodríguez ofrece actuaciones de seductora vivacidad aliadas a ese más esencial de los requisitos: el encanto”. ¿A la hora de tocar, cuál crees que es la clave para que se produzca ese encanto? 

-Ese encanto son como pequeñas sorpresas de lo que uno puede hacer frente al piano, en términos de dinámicas. 

– Ha sido un proceso de madurez y de crecimiento.

– Sí. Es un proceso muy largo. Es como alguien que está puliendo y puliendo. Con el piano hay que hacer la diferencia, porque es un instrumento de percusión y nosotros queremos hacerlo sonar como un violín, una cosa que no es. La producción del sonido y de los colores musicales es muy importante, pensar en qué voz vas a sacar del piano; pensar en que el bajo tiene que darle bastante apoyo a la parte de arriba para hacer cantar al piano, lo que llamamos el cantábile. Son detalles que parecen minúsculos, pero son parte de un todo. 

-Por fortuna he tenido dos profesoras que se han ocupado de enseñarme mucho esos detalles científicos y técnicos: cómo colocar la mano; cómo debe ser el movimiento de la muñeca; el peso de los dedos y la velocidad con la que tocas las teclas; si apoyas muy fuerte, si lo haces de una manera muy violenta…, puedes matar el sonido. 

– ¿En qué momento consideras que te encuentras como pianista?

– Yo estuve muchos años muy tensa y nerviosa tratando de conseguir muchos conciertos, ese trabajo de gestora que es muy estresante; ahora estoy muy tranquila, creo que hay un renacer en todos los sentidos.

– ¿Ahora qué es lo que más pesa a la hora de tocar: la perfección técnica o el sentimiento y la emoción? 

-Ambas. La perfección llega con las búsquedas. Uno se va formando, a veces hay un paréntesis, como el que tuve yo hace dos años, y físicamente tuve que volver a conseguir la energía y ahora que esa energía ha vuelto estoy muy contenta.

– ¿Qué representó la música en ese proceso de recuperación física?

-Representó todo. Demasiado. A mí me ponían una quimio y al día siguiente yo intentaba tocar Bach, Mozart, Chopin, no mucho, pero sin ni siquiera usar el pedal porque no tenía fuerzas. Pero lo hacía porque lo necesitaba. Uno tiene que conquistar el Everest otra vez. 

Y a esta Clara Rodríguez madura y renacida, la podremos escuchar acompañada por músicos de la talla de Miguel Delgado Estévez en la guitarra, Federico Ruiz en el acordeón y Eduardo Ramírez en el cuatro, quienes, en la segunda parte del concierto de este sábado, interpretarán piezas que van desde el Zumba que zumba, de Ruiz; Pajarillo, de Paesano; la milonga Taquito militar, de Mores, y una versión libre hecha por Federico Ruiz de la famosa canción de Violeta Parra, Gracias a la vida.

    En la cuna de Rossini el venezolano fascinó con su enérgica batuta

Diego Matheuz: mi búsqueda es hacer mejor música para el maravilloso arte de la ópera 

 Aplaudido por su “vibrante” dirección musical en El Conde de Ory, que inauguró la 43 edición del Festival Rossini, el director larense se despide este viernes 19 del público italiano para volar a Francia y preparar su debut en la Ópera de París, a finales de septiembre, con La Cenicienta, el tercer título del compositor de Pésaro que dirige este año

Definitivamente este podría calificarse como “el año Rossini” para Diego Matheuz: apenas inició 2022, dirigió cinco presentaciones de El Barbero de Sevilla, en la Staatsoper de Berlín; hace una semana abrió la 43 edición del Festival Rossini, en la ciudad italiana de Pésaro, con El Conde de Ory, y le esperan diez presentaciones, a finales de septiembre y principios de octubre, de La Cenicienta, en la Ópera de París.

Este viernes 19 de agosto, Matheuz cumplirá sus cinco presentaciones de El Conde de Ory, un drama lúdico escrito por Rossini en 1828. Con un cartel estelar encabezado por el tenor peruano Juan Diego Flórez, en el Vitrifigo Arena nuestro director nuevamente recibió el favoritismo de la audiencia italiana, esta vez al frente de la Orquesta Sinfónica Nacional de la Rai.

“Aplausos al director Diego Matheuz, muy bueno en dirigir el complicado ‘tráfico’ escénico-musical y en no dejar perder el hilo al espectador”, escribió el crítico de Crónica de Il Resto del Carlino. Y Alessandra Massi de Ansa.it, comentó: “Triunfal recibimiento sobre todo para la parte musical (…) La dirección de Diego Matheuz en el podio de la Orquesta Sinfónica Nacional de la Rai es fascinante”.

– ¿Cómo ha sido la experiencia en el Festival Rossini y cuáles son sus impresiones al dirigir este año tres títulos del compositor italiano?

-Sí, este ha sido un año Rossini para mí. No bien presenté El Barbero de Sevilla, en Berlín, me enfoqué en el estudio de El Conde de Ory -entre otros compromisos en Japón e Italia- y en pocos días vuelo a París para iniciar los ensayos de La Cenicienta. Rossini es un compositor muy especial, que parece fácil de interpretar, pero tiene muchos detalles y para descubrirlos hay que buscar y escarbar más y más en sus partituras.

“Tengo la fortuna de estar aquí en el Festival Rossini, que es el lugar donde por tradición, historia y por los grandes cantantes que vienen, se hace lo mejor de Rossini en el mundo. Es un festival de referencia y un trampolín, especialmente para los cantantes, porque viene público de todas partes a escucharlos y a ver las nuevas producciones y puestas en escena”, comenta Matheuz desde la ciudad de Pésaro, a un día de despedirse del público italiano.

Ópera para enriquecer

Seducción y técnica, inspiración y estudio de la ópera, ha sido en gran parte el foco en la trayectoria artística de Diego Matheuz, quien durante cuatro años fue Director Principal del memorable Teatro La Fenice de Venecia. Por ello, no es extraño que se le encargue en un solo año la conducción de tres títulos de Gioachino Rossini, y que su batuta sea solicitada por prestigiosas compañías y teatros de ópera del mundo.

– ¿Qué representa la ópera para un director que también se dedica al género sinfónico?

– La ópera es un género muy importante para un director de orquesta, porque la manera de frasear y de respirar, es primordial, y eso se aprende solo con la ópera. Y luego, poder aplicar esos conocimientos en el sinfónico le da mucha más riqueza a la dirección. La ópera requiere de muchísimo trabajo y hay que profundizar en este lenguaje.

Otro comentario positivo que recibió Matheuz en el Festival Rossini, fue el del crítico Alain Neilson, de OperaWire, quien escribió: “Matheuz provocó una actuación enérgica de la Orquesta Sinfónica Nacional de la Rai, que fue rítmicamente fuerte, vibrante y contenía un agradable impulso que permitió que florecieran las animadas melodías de Rossini, sin dejar de ser sensibles a los giros dramáticos de la trama. (…) El equilibrio entre todas las fuerzas musicales fue excelente”.

Otros públicos y nuevos retos

Espectacular producción de El Conde de Ory, de Rossini

Diego Matheuz, quien a finales de junio pasado fue nombrado Director Principal de la Orquesta de la Academia Seiji Ozawa, en Japón, debutará en su nuevo cargo dirigiendo La Bohéme, de Puccini. En dicha labor trabajará con noveles músicos, como lo hace cada vez que regresa a Venezuela con los jóvenes de El Sistema de Orquestas y Coros donde se formó desde niño, en Barquisimeto, su estado natal.

-Con tantas nuevas variantes y formatos musicales, nuevos géneros musicales en competencia, ¿cómo podrían captarse nuevas audiencias, sobre todo público joven para la ópera? 

– Hay mucha preocupación hoy en día por acercar a los jóvenes a la ópera, y creo que tiene que ser un proceso natural; por supuesto que sería genial tener a nuevo público y a muchos jóvenes en los teatros, pero también   tenemos que preocuparnos por ese público consolidado, que ama la ópera, que viene siempre. Pienso que ese público está siendo un poco olvidado por enforcarnos tanto en llevar a los jóvenes.

“La ópera es un género muy actual, que permite innovar y siempre crecer. En ese sentido, es atractiva para audiencias de todas las edades. Creo que compositores tan geniales como Mozart, Puccini, Verdi, que crearon esas obras maestras, no sabían que serían tan actuales. Por eso los teatros se llenan para ver, por ejemplo, una Traviata, con público que ya la ha visto varias veces, pero vuelven para disfrutar de una puesta en escena nueva o para escuchar a un nuevo cantante. Porque la ópera y la música, ya se sabe, siempre pueden ser mejor. Mi búsqueda es: hacer mejor música para el maravilloso arte de la ópera”, acota Matheuz.

(PRENSA DIEGO MATHEUZ. FOTOS: Cortesía)

Una venezolana apasionada reina en la producción de musicales

Claudia Salazar:  Venezuela y la cultura son mis motores de vida

Para una adaptación de Hamlet en femenino, que se presenta con éxito hasta este domingo 12 en el Teresa Carreño, no podría faltar en la producción general y ejecutiva una mujer. Aunque no feminista y sí humanista, esta joven caraqueña es una líder en el exigente arte de materializar en los escenarios lo mucho que directores, actores y una tropa de artistas requieren para que levante el telón

Chefi Borzacchini

“Es un honor y una responsabilidad llevar esta carrera sobre los hombros, pero mi pasión por la cultura y por Venezuela son los dos motores que impulsan lo que hago y por eso coexisten en mi vida y en mis esfuerzos día a día”.

CLAUDIA SALAZAR FUNDADORA DIRECTORA DE CLASS PRODUCCIONES. FOTO DE: Hiram Vergani

Quien así se expresa es una joven caraqueña quien, con apenas 36 años, ha forjado una trayectoria cada vez más ascendente. Su historia en los escenarios comenzó cuando estudiaba la primaria; luego fue pasante en compañías profesionales, y desde hace 10 años es la fundadora y directora de su propia empresa: Clas Producciones, una de las más solicitadas en Venezuela, especialmente en el género de los musicales teatrales.

Hablamos de Claudia Salazar Gómez, la misma que llevó el liderazgo en producciones como Jesucristo SuperestrellaEl Violinista Sobre el TejadoActos Indecentes. Luego emprende en solitario y produce La Novicia RebeldeGodspellCasi Normal, el proyecto infantil Diario de Una Bruja Enamorada, amén de sus recientes éxitos con Los Miserables y Piaf, Voz y Delirio. Extrovertida y con la pasión a flor de labios, conversamos con ella.

 DE HAMLET EN FEMENINO

Cuales han sido las exigencias de la producción de Hamlet, con una versión bastante novedosa, curiosa, criollita y también con mucha dosis de energía femenina.

– La verdad, nunca he tenido un discurso feminista o eso que exclaman como “las mujeres al poder”. Me siento poderosa como mujer, pero sobre todo me siento más poderosa como ser humano. Mi bandera no es que soy una mujer productora, mi bandera es que soy un ser humano sensible y una venezolana trabajadora. Para mí eso es importante, porque creo que justamente no hacer esa distinción es lo que me otorga la igualdad como productora. Capaz el ser mujer define un poco la manera de producir, pero no define las capacidades ni la eficacia del logro. En no hacer esa distinción está la fortaleza.

-Sin embargo, como productora debe haber un plus de esa energía femenina en el arte de la producción de musicales teatrales.

-El plus de ser mujer es que uno tiene la capacidad de producir, de hablar, de trabajar, de comunicar, desde un espacio y emoción más sensible a la hora del trato con los demás. No busco imponer mis fortalezas en un equipo; lo que busco es inyectar en los otros la pasión que yo siento a la hora de trabajar.

Daniela Alvarado. Foto de Hiram Vergani

“Otro plus es que las mujeres productoras podemos abordar los proyectos desde el ámbito del acercamiento a los técnicos, a los directores, al equipo, con una actitud más maternal, más cariñosa, porque tenemos ese permiso de ser así. Y el otro plus es que científicamente tenemos la habilidad de atender varias tareas a la vez, y  eso en producción ayuda mucho, el tener más de un canal abierto para comunicar y escuchar. 

-¿Cuál fue el reto de esta adaptación del Hamlet, de Shakespeare, con un elenco de 60 personas en escena, que te planteó José Manuel Suárez?

-Pese a que sé que tengo visión y creatividad, en el caso de Hamlet, de la obra que se han hecho miles de versiones en el mundo y muchas en Venezuela, al principio, cuando José Manuel Suárez me la planteó y me la dibujó, me costó visualizar lo que iba a suceder en el escenario. Por ejemplo, con Los Miserablesyo ya había visto más de siete versiones y montajes en distintas ciudades del mundo. Y sabía un poco cómo se iba a ver sobre el escenario. En este caso, José Manuel se ha dado muchas licencias creativas.

– ¿Qué le dirías a un joven que tenga el sueño de ser productor de espectáculos, algo así como 5 consejos?

-Lo primero es la capacidad de organización; segundo, la capacidad de delegar el trabajo y supervisarlo; tercero rodearse de grandes líderes y de talento; cuarto, la absoluta confianza en cada una de esas personas que te rodean, porque eso te permite delegar y producir en paz y lograr la excelencia en cada uno de los rubros. Lo otro que creo que es importantísimo es lo espiritual: la fe y la pasión de las órdenes que das.  Eso produce logros tan impecables como quieres que sean.

-¿Te consideras una líder y qué estilo de liderazgo ejerces?

-Completamente me siento líder. Me había costado ponerme ese título porque capaz es pretencioso, pero uno tiene que asumirlo y entenderlo y llevarlo con mucho orgullo para saber la responsabilidad que implica. Me considero una líder con mucha fortaleza, pero desde la empatía y respeto. Desde la comprensión de lo que cada uno está haciendo. No soy una productora lejana a nadie, igual cuando no estoy en un lugar dejo algo para que sepan que no están solos. Que no nos sintamos solos a la hora de enfrentar los procesos. Trabajo mucho desde la fortaleza de lo espiritual.

Foto de Hiram Vergani

DE VENEZUELA PARA AFUERA

Junto a Clas Producciones, Claudia Salazar es representante oficial de GOBroadway en Venezuela y de la agrupación Improvisto que cuenta con 15 años de trayectoria en Venezuela. 

-¿Cómo observas el medio artístico venezolano, luego de la pandemia? Los teatros queriendo hacer mucha aventura creativa, poco a poco reactivándose la oferta cultural y la audiencia respondiendo, queriendo ir a todo.

-Lo veo grandioso, lo veo con un potencial gigante. Los dos años de pandemia no enseñaron lo necesario que son los artistas y el arte para que el mudo camine mejor. Si algo nos mostró la pandemia es que teníamos la necesidad del espacio en colectivo. Nos dimos cuenta de lo esencial que es la cultura para nuestras existencias y esos espacios inspiracionales y privilegiados. Cuando uno compra una entrada es como darse un regalo. Nos dimos cuenta que la cultura y el arte son alimento para el alma, sin eso no somos nada.

-Eso es aquí. ¿Ahora cómo observas el proceso de migración de los artistas venezolanos?

-Muy bueno. Y te cuento muy experiencia personal, porque artísticamente tuve el privilegio de poder medirme afuera con Piaf, Voz y Delirio; me impresionó y se me infló el pecho y me di una palmadita en la espalda, encontrarme con lo preparado que estamos. Yo iba con mucha humildad a esos teatros y uno como que se menosprecia y siempre dije qué miedo enfrentarse a aquellos productores de países que tienen una actividad cultural más intensa que la nuestra. Pero la verdad, tenemos más herramientas de lo que nosotros creemos. Capaz porque nos ha tocado mucho más difícil. Capaz y que uno lo desea más, y tenemos más hambre de éxito, somos más apasionados. Cuando estuvimos en Miami, vimos equipos que trabajan mucho más mecánico. Tienen pasión, pero nosotros lo que tenemos es fuego por dentro. Piaf fue increíble en Miami, en Madrid y en México.

-Volver al Teresa Carreño, donde hace unos años hiciste la producción de Los Miserables y la Novicia Rebelde, ¿cómo te sientes participando en la reactivación de nuestro máximo teatro?

-Para mí es la responsabilidad que tenemos todos con nuestros espacios culturales. El hecho de que el teatro estaba en ese estado no es culpa solo de los que estaban gerenciándolo, somos corresponsables de esos teatros. A esos espacios solo le damos vida nosotros. Siento que soy responsable también. Si yo no presentó propuestas al TTC pues entonces cómo pretendo que esté activo. Los productores somos justamente los responsables de darle vida a esos espacios. Llego al TTC y siento que llego a mi casa y soy consentida allí, porque aposté desde hace 10 años, humildemente, y fui recibida con los brazos abiertos. 

DE LA EDUCACIÓN CULTURAL 

Claudia Salazar, quien es Comunicadora Social (UCAB), comenzó su carrera como productora profesional haciendo pasantías en Televisa (México) y luego con Cinema Concept (2da temporada de Ya es Mediodía en China). Ingresó al mundo del teatro musical desde muy pequeña en su colegio, en la Escuela Campo Alegre. Desde el colegio supo que su pasión eran los musicales y es cuando se encuentra con la empresa Producciones Palo de Agua en el 2008 que comienza a trabajar en los espectáculos.

– ¿Cómo fue esa experiencia en el colegio y cómo te marcó?

Foto de Hiram Vergani

– Siempre cuento una historia muy romántica. Tuve el privilegio de estudiar en la Escuela Campo Alegre en donde se hacía un musical al año, se hacían las producciones, audiciones, desde el montaje, el vestuario, la escenografía, todo, hasta el afiche, con orquesta en vivo. Comencé a los 11 años a trabajar en los equipos de producción de mi colegio. Yo veía teatro como materia. Ya después, profesionalmente en la UCAB, y luego con mi mamá como socia cuando fundamos Clas Producciones, que el año que viene cumple 10 años.

Bebiste parte de la efervescencia cultural que vivió este país en los años de 1980, 1990 y podríamos decir hasta los primeros 10 años de la década del 2000. ¿Cómo hacer para conectar a las audiencias y a los públicos de hoy día con las ganas de participar en la actividad cultural y de formarse?

-Pienso que el trabajo que hacen ustedes los periodistas es fundamental, y los productores debemos contar nuestro cuento. Debemos mostrar, hagamos partícipe al público de lo que realmente está detrás de todo esto. Cuando la gente entiende todo el mecanismo de producción de un espectáculo, entonces valora más su entrada que adquirió. Tenemos que comunicar. 

-También es un proceso educativo fundamental, desde que somos niños.

-Cuando entendamos que, desde primer grado, y desde pequeños, el arte es importante, seremos otro país. Nosotros aprenderemos a ser mejores seres humanos con la sensibilidad del arte, solo lo podemos lograr desde pequeño en la casa y en la escuela. 

-¿Planes y sueños de Claudia Salazar?

Como planes haré la reposición de Los Miserables y por supuesto celebrar los 10 años de Clas Producciones, quiero recordar lo que hemos hecho, y quiero regalar a los que han sido parte de esto la memoria, porque este país no tiene memoria y decir que hemos transitado estos 10 años con éxito es historia y memoria. Y a largo plazo mi gran sueño es ser corresponsable del Turismo Cultural en Venezuela y de convertir la cultura en un pilar fundamental para la economía de nuestro país.  

“Tenemos potencial para hacer esa industria cultural. Si los es Broadway por qué tiene que ser distinto en Caracas y en Venezuela. Siempre digo que la cultura la llevamos en la sangre, siempre digo que nosotros no hablamos, cantamos, no andamos caminando, sino que bailamos. La cultura es una columna vertebral de este país y sueño con ser partícipe en convertirnos en una potencia cultural y artística.