economía creativa

CREACIÓN DE CONTENIDOS, INFLUENCERS Y ÉTICA

Samuel Salazar Morales *

Es innegable que estamos en una Venezuela marcada por la desigualdad. De acuerdo a la Encuesta Nacional sobre Condiciones de Vida en Venezuela (ENCOVI) 2021, un 94,5% de los venezolanos viven en condiciones de pobreza por ingresos, con 76,7% en condiciones de pobreza extrema. En la investigación Encuesta Nacional de Juventud (ENJUVE) 2021, también de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), el porcentaje de los encuestados con una titulación universitaria o técnica cayó de 30% a 19% entre 2013 y 2021, con solo entre 15 y 20% de los jóvenes entre 18 y 24 años inscritos en un centro educativo; 37% de los jóvenes sufre de doble exclusión, al no estudiar ni trabajar. Sumemos a ello una calidad cuestionable de la educación, con un deserción docente de alrededor del 50% en la educación básica.

Si bien es una situación que no podemos resolver por completo desde el sector privado, incluso cuando abre un escenario lleno de oportunidades compartidas alrededor de la formación en oficios (potencial tema para otro número de esta columna), es también una realidad latente en la que la comunicación de nuestras marcas puede influir, tanto de manera positiva como negativa.

A raíz del primer número de esta columna, en una entrevista radial con Gladys Rodríguez y Humberto Sánchez Amaya surgió la pregunta alrededor de los YouTubers y los creadores de contenido, que en efecto pueden considerarse una parte de nuestra Economía Creativa. Y en una parte que hoy es esencial cuando hablamos de la comunicación de las marcas, frente a la omnicanalidad, el auge del streaming y la necesaria reinvención de los medios de comunicación tradicionales. Los YouTubers, streamers de Twitch, Instagrammers y TikTokers son marcas personales, que partiendo de su creatividad crean contenidos específicos para sus redes sociales. Algunas veces porque así lo buscaban y otras tantas porque así ocurrió, se convierten en referentes para sus audiencias, pudiendo incluso influenciar en sus decisiones a la hora de comprar un producto o servicio. Si, se vuelven “influencers”, incluso con sus propios modelos de negocio a la hora de ofrecer sus servicios para conectar a marcas de todos los tamaños y sectores con sus seguidores.

Pero lo clave en una realidad como la venezolana, es que además de medios de comunicación en sí mismos, esos influencers son personas que se vuelven REFERENTES sociales, que se ven validados cuando nuestras marcas deciden trabajar con ellos y construir alrededor de su imagen realidades aspiracionales. Su éxito los convierte en modelos a seguir para esas generaciones de jóvenes millennials y centennials que se entretienen con ellos a través de las redes sociales, que muchas veces no cuentan con las oportunidades de educación y empleo mínimas deseables, que luchan día tras día para alcanzar bienestar y oportunidades para sí mismos y sus familias.

Tener una óptica verdaderamente sostenible cuando gestionamos nuestras empresas y marcas, implica tener ética y responsabilidad con los impactos ambientales, económicos y sociales que causamos en cada paso de nuestras Cadenas de Valor, incluida la comunicación. Y si me preguntan, considero que en una situación como la que vive Venezuela, y que en cierto grado se repite en muchos países de América Latina, el impacto social debería ser la prioridad para nuestras marcas. Aunque vivir en el vertiginoso mundo de hoy nos haga olvidarlo, cuando elegimos un influencer para nuestra marca, podemos estar causando un impacto social más importante del que concientizamos, con consecuencias que van mucho más allá de nuestras ventas. Aunque sería maniqueo reducirlo a una dicotomía, la próxima vez que estés seleccionando un influencer para tu campaña o para invitar a tu evento, podrías estar decidiendo si conectar con tu cliente potencial desde un entretenimiento que parta del talento, el esfuerzo honesto, la empatía e incluso un estímulo intelectual, tan necesario en la Venezuela de hoy, o si hacerlo desde un humor de “toallas en la cabeza”, vacío, fácil, prejuicioso, soez. Eso también es parte de que tengamos marcas “socialmente responsables”.

Al trabajar con un influencer, estaremos enviando otros mensajes además de nuestro producto o servicio, un subtexto que podría ser determinante. Las narrativas que construimos desde las marcas siguen jugando un papel importante sobre lo que la sociedad aspira, lo que se considera correcto, deseable o no. Te invito a que esos mensajes inspiren a tu cliente potencial a ser mejor persona, a aumentar su cultura, a aspirar a más desde la formación y el trabajo honesto. ¿Trasciendes con tu marca en medio de tanto humor fácil? ¿Lo reflexionas y me cuentas? 

*«Asesor de Marca, especializado en Moda, Estilos de Vida e Industrias Creativas»

La economía creativa marca, reseña y destaca una nueva forma de ver el mundo.

Samuel Salazar Morales *

*«Asesor de Marca, especializado en Moda, Estilos de Vida e Industrias Creativas»

Diseñadora Nabel Martins con su equipo de confección

Tenemos una conversación pendiente: Ampliar una discusión seria y transdisciplinaria sobre el inmenso potencial que tienen las Industrias Creativas de contribuir con el desarrollo y bienestar de la Venezuela del futuro. Esta columna que hoy comienza busca estimular esa conversación, con reflexiones para que seamos más críticos y exigentes con los distintos sectores de la economía creativa venezolana, llevando además la discusión a cada vez más círculos. Debemos partir de las propias PyMES y Emprendedores de nuestros sectores, pero sumando a gremios y asociaciones tradicionales, instituciones educativas, profesionales de áreas conexas, medios de comunicación y a la ciudadanía en general.

Para ello, los miércoles de cada 15 días compartiré contigo novedades que demuestran que la Economía Creativa en Venezuela está generando un impacto y buscando generar más, así como mis análisis de buenas prácticas e innovaciones surgidas en el resto del mundo, de las que podemos aprender desde nuestro país. Esta columna buscará ser un espacio para hacer reflexionar e impulsar a negocios que se construyan en Venezuela, con talento venezolano y creando empleo en el país. 

Podríamos hablar del mundo desarrollado y examinar cómo en Japón las Industrias Creativas representaron entre un 10 y un 14% del empleo para 2019, o cómo en Alemania representan un 3% del PIB. Sin embargo, en todo el mundo las Industrias Creativas representan 30 millones de empleos y el 3% del PIB total, mientras en países de nuestra propia región la Economía Creativa está teniendo consecuencias positivas: En la vecina Colombia representó un 3% del PIB y US$ 238 millones de exportaciones para 2019, mientras en México este valor alcanzó los US$ 5.200 millones. De acuerdo a la UNESCO, las Industrias Creativas podrían crecer en un 40% para 2030.

Festival Musical Sunset Roll

En Venezuela, los retos para avanzar hacia escenarios similares a los de nuestros países vecinos son múltiples. Un entorno donde por años ni lo más básico ha estado garantizado, parece habernos llevado a concentrarnos en lo más esencial, a pensar nuestras marcas y sus estrategias sobre la marcha, buscando sobrevivir a los retos de lo cotidiano; tener una capacidad de respuesta rápida, no debe excluir el que tengas una visión trascendente al mediano y largo plazo. En muchos círculos, incluidos los medios de comunicación, hablar de moda y de las distintas ramas del diseño, suele entenderse solo desde las tendencias, el lanzamiento de productos y/o colecciones, las Alfombras Rojas y los grandes eventos internacionales. Poco se habla de las grandes ideas que originan esas tendencias, de las realidades de mercado y sus oportunidades que tenemos acá mismo en Venezuela, de innovación, y menos aún, del bienestar que las Industrias Creativas generan cuando crean empleos en condiciones dignas. ¿Y “la sostenibilidad” como concepto? Principalmente la seguimos entendiendo limitada a lo “ecofriendly”, y algunas veces desde marcos de pensamiento trasnochados, prácticamente contrarios a los conceptos económicos más básicos.

Los años de descomposición y de un marco regulatorio francamente asfixiante, también nos han obligado a voltear nuestra atención colectiva hacia las realidades y necesidades de los sectores económicos igualmente esenciales. Pero en paralelo, nuestro pequeño ecosistema de marcas de moda venezolanas se ha seguido renovando, con marcas de mayor trayectoria que han crecido hacia el mundo gracias a modelos de negocio en constante evolución, y con marcas y diseñadores más nóveles, que con propuestas innovadoras y frescas, apuntan a nuevos segmentos de mercado; ni hablar de profesionales conexos como estrategas, fotógrafos, modelos y demás creativos. También en paralelo, en conexión con arquitectos y diseñadores, tenemos un sector del mueble que ha buscado seguir adelante con innovación, invirtiendo en mejorar líneas de producción y en tener personal cada vez mejor capacitado para fabricar en el país, de acuerdo a los estándares que demanda el exigente mercado local e internacional; más allá de las rimbombantes aperturas de tiendas de muebles y cocinas importadas (que también tienen un valor y suplen una necesidad de mercado), hay noticias alrededor del mobiliario bien hecho en Venezuela. Ni qué decir del sector musical, que mientras los titulares se concentran en el retorno de los conciertos de artistas internacionales, está sentando las bases para robustecer las carreras del talento local; ¿alguien se ha preguntado cuánto dinero llevó a la economía de Puerto La Cruz y Lechería el festival musical Sunset Roll, celebrado durante semana santa y con un line-up principalmente de músicos venezolanos? ¿Qué alianzas con marcas de los otros sectores de las Industrias Creativas completarán la experiencia del Cúsica Fest en diciembre?

Diseños de Alberto Willet para su marca ByWillet

Todo eso te da un vistazo de las buenas noticias que siguen ocurriendo, y sin mencionar a otros sectores exitosos de nuestra economía creativa, como la gastronomía.

Aunque los crecientes retos de un entorno perennemente en crisis han desviado nuestra atención del macro, y del macro hacia nosotros, los creativos hemos conseguido en esta dura realidad nuestra gran fortaleza: Incluso disgregados, los creativos venezolanos hemos logrado mucho con poco. Imagina si construimos una mejor sinergia entre nuestro pequeño sector industrial y sus canales de comercialización, permitiendo respuestas más precisas hacia el mercado y en miras a exportar. Imagina si comenzamos uniones sectoriales más fuertes, e incluso clústeres en las principales ciudades. Imagina que la moda, la decoración, la música, la gastronomía y demás sectores de nuestras Industrias Creativas, se convierten en interlocutores de los procesos de reconfiguración socioeconómica que inevitablemente vive el país.

Entonces, ¿comenzamos la conversación?

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