culturales

  EL  CHILENO MARTÍN  BALMACEDA DIRIGE   AQUERÓN,  EL RÍO DE LA TRAGEDIA

«Aquerón, el río de la tragedia” regresa a Nueva York como invitados  especiales en la edición 29 del Festival Anual de la Fábrica de Hielo (Ice Factory) del New Ohio Theatre,  con cuatro funciones los días Miércoles 27, Jueves 28, Viernes 29 y Sábado 30 de Julio,  a las 7:00 pm en la sede del New Ohio Theatre (154 Christopher St.) ubicada en el histórico Edificio del Archivo de West Village, en la ciudad de Nueva York.

Leonardo el personaje cetral, sueña con cruzar el río Aquerón para vivir el Sueño de la Muerte.   Pero sus deseos se ven frustrados cuando un misterioso migra (agente de inmigración) le impide cruzar y se convierte, en diferentes momentos, en su amigo, enemigo, guardián, transgresor e incluso su víctima.   Una hermosa meditación poética y dramática sobre la identidad, la migración y la idea de «extranjero» en la frontera entre México y Estados Unidos.   Interpretado en español con supertítulos en inglés.

La escenificación de la marginación y la identidad trasciende fronteras para dejar construir muros y generar puentes artísticos culturales entre naciones.   Una historia presente  en la historia de la humanidad,  que encontramos en la mitología  griega;   así como  en el Infierno de La divina comedia de Dante,  donde el río Aquerón constituye el borde del infierno, en el Ante-Inferno.

El montaje indaga en  la noción del subalterno desde la mirada del que oye, mira, siente y juzga para subrayar al que es ajeno y parte del otro lado de la frontera en un territorio que nos divide de una forma fría, dura y áspera. En Aquerón, el río de la tragedia, el muro fronterizo se transforma por la soledad, el temor persistente, la lucha por el poder y el narcotráfico, en un paisaje onírico donde un río profundo divide no solo el territorio en que habitamos, sino también el paso entre la vida y la muerte.

XIPE Colectivo Escénico tiene como objetivo crear producciones que fomenten el encuentro de diversas disciplinas permitiendo la expansión de artistas cuyas visiones nos inspiran, desafían y conmueven. Son un grupo de creadores de teatro radicados en México-Estados Unidos cuya obra articula movimiento y texto con diferentes niveles de compromiso físico y emocional.

El director Martín Balmaceda dice sobre este trabajo “hemos investigado las acciones del cuerpo en la escena, de manera que éste se utiliza como herramienta plástica y sonora para manifestar el imaginario, el ritmo del impulso energético de la obra. Todo esto a partir de cómo se generan las contradicciones sociales en la mente y cuerpo del ser humano”.

El elenco está integrado por Aline Lemus Bernal y  Cinthia Pérez Navarro con una amplia experiencia en las artes escénicas  e integrantes de Xipe, Colectivo Escénico  quienes trabajan convencidos de que el arte puede erradicar fronteras de clase y cultura;  fundamental para mantener la capacidad  de conectarse, comprometerse y contribuir al aquí y ahora.

El @ New Ohio Theatre, está ubicado en  154 Christopher Street, New York, NY 10014. Para más información y boletos: https://newohiotheatre.org/

La Embajada de Francia en Caracas volvió a celebrar con un evento presencial

El Embajador de Francia en Venezuela, Sr. Romain Nadal, ofreció una amena recepción con motivo del día nacional de Francia, que se celebra cada 14 de julio. La Residencia abrió sus puertas nuevamente (no se realizaban eventos de gran tamaño desde el 2019), para recibir a un nutrido grupo de invitados que celebró la libertad, la igualdad y la fraternidad con música y artes plásticas. La agenda incluyó la develación de una obra de arte del autor Iván Salgrero Curiel, la participación de la fundación Orquesta Sinfónica Coro infantil y juvenil indígena Kanaimö y la banda AH Sinfónico (Anibal Hamilton Sinfónico). 

Los invitados se reunieron en horas del mediodía y, luego de escuchar los himnos nacionales de Francia y Venezuela, a cargo de la cantante venezolana Beatriz Occéas, tuvo lugar el discurso del Embajador. El Sr Romain Nadal destacó, “si bien la pandemia ha dificultado nuestro trabajo, la Embajada y su equipo no ha dejado de trabajar a lo largo de los últimos 3 años… más que nunca hemos estado al lado de nuestras amigas y de nuestros amigos venezolanos, sobre todo en el ámbito de la cultura y de la cooperación, con la sociedad civil a través de numerosas organizaciones y fundaciones venezolanas”.

El arte tuvo un papel importante en la celebración. El artista venezolano Iván Salgrero Curiel, donó la pieza Ávila y Caracas, una escultura en hierro. Salgrero ha dedicado las últimas dos décadas a trabajar paisajes icónicos de Venezuela, como el Salto Ángel y Roraima. El artista siente profunda admiración por Francia y quiso donar su obra como una muestra de agradecimiento a la increíble labor del embajador Romain Nadal, a favor del desarrollo de las artes plásticas. 

Un momento emotivo del día tuvo lugar cuando sonó el himno de Ucrania (a cargo de AH Sinfónico) y el Hymne à l’amour de Edith Piaf, interpretado por Beatriz Occéas, esto como un mensaje de apoyo a la resistencia ucraniana. “Francia y la Unión Europea se han movilizado en todos los frentes para apoyar a Ucrania en materia política, financiera y de armamento….estos esfuerzos continuarán mientras sean necesarios, es decir hasta que se pueda contemplar una solución política por la vía del diálogo”, comentó el Embajador Nadal en su discurso.

El evento también contó con la aplaudida participación de la Orquesta Sinfónica Coro infantil y juvenil indígena Kanaimö. Traídos por la Embajada de Francia especialmente para la ocasión, darán otros conciertos en Caracas. Esta orquesta fue creada en el 2018 y ha contado con el apoyo de los campamentos turísticos  de la zona. Los pemones deleitaron al público con un repertorio de música venezolana, interpretada con canto e instrumentos de cuerda. 

El Embajador Romain Nadal expresó en su discurso, su profundo agradecimiento a todas las empresas venezolanas y francesas que apoyaron la realización de este evento, sin el cual no habría sido posible. 

La banda AH Sinfónico estuvo a cargo del cierre, animó a todos con su impresionante energía en escena y con ese ritmo, se despidieron los invitados hasta el año que viene.

La danza, la vida y el alma

Por Rosa María Rappa

Lo escribo así, sin vergüenza alguna: cada vez que me siento en la butaca a ver un espectáculo de danza comprendo porque para mí ella representa la vida. Gracias a mi sempiterno amigo Carlos Paolillo, tuve la oportunidad de entrar nuevamente a la Sala Ríos Reyna del Teatro Teresa Carreño para ver la función de Siempre Nebrada. Sobre el renacer del teatro no les hablaré, porque creo que ya muchos lo han hecho en los últimos días. Sí que me alegra haberlo visto bien. Lo que no quiero que se me pase es la dulce percepción de cuánta danza le hacía falta a mis días y, en especial, cuánto Nebreda (para mí siempre con “e”) añoraba mis memorias.

Coreografía Alma de Inés Rojas. Fotografía: Ramsés Romero

El Ballet Teresa Carreño presentó un programa que hizo honor a la existencia del gran coreógrafo venezolano Vicente Nebrada (Caracas, 1930-2002), a 20 años de su desaparición física, con un conjunto de jóvenes bailarines que pueden solo haber tenido una referencia secundaria, pero con la excelente conducción de los maestros repertoristas Adriana Estrada, Javier Solano y Martha Ildiko lograron bailar la esencia de un lenguaje que siempre me pareció similar a la poesía, por aquello de tocar el alma con gestos y movimientos esenciales.

Creo que comenzar ese homenaje con una coreografía actual, precisamente titulada Alma, fue un acierto honorable que me late se le ocurrió al coordinador del BTC, el gran gestor cultural Carlos Paolillo. Poner esa responsabilidad en alguien como Inés Rojas, una bailarina y creadora formada en el lenguaje clásico, pero con muchos años de vivencias en la danza más contemporánea y postmoderna, resultó una apuesta genial, de la que era poco probable que no saliera una extraordinaria obra coreográfica. Y así ocurrió.

En lo personal, percibir como los lenguajes en el tiempo se acariciaban en los cuerpos de bailarines jóvenes, con códigos diversos y distantes como los podrían separar el estilo de Nebrada con el de Rojas misma, ocasionó un llamado de atención activa que me hizo disfrutar la interpretación de principio a fin. Confieso que no siempre me pasa, pues soy dispersa, soñadora y mi mente suele divagar hacia otros territorios de mi propia imaginación.

Sin embargo, Alma es una coreografía que conecta y transita momentos de conjuntos impetuosos, tríos, cuartetos y un par de “bailes a dos” sublimes y fuertes al mismo tiempo, con estructura que podría asumirse como neoclásico y qué, por sorpresa, yo encuentro sustentada sobre gestos y guiños de solturas propios de la danza de improvisación que tan bien domina Inés Rojas en sus composiciones coreográficas. Quizás partió de combinación o tal vez sinergia, no lo sé, pero el efecto fue brutalmente hermoso.

Captar imágenes evocativas del duelo, la muerte y el gozo a partir de la idea que “no se fuerza al alma de las cosas, ella brota” que declara la misma creadora para componer acompañada de Chopin, Alma me resultó una danza del discurso sensible, del que se debe decir del modo que se pueda, de esa emoción que de no expresarse se ahoga en la humanidad del bailarín y del ser humano que se reflexiona como anímico y no solo un cuerpo pensante. El resultado de una composición con tal carga sensorial y reflexiva tuvo en la iluminación creada por el también coreógrafo Rafael González la más atinada expresión, acompañada del ingrávido vestuario de Arais Battle, así como la sustentación melódica y emotiva del Concierto para piano N°1 de Frederic Chopin que tan magistralmente interpretaron el pianista Andrés Roig y la Orquesta Sinfónica Venezuela, con la conducción de Alfonso López Chollet.

La segunda parte de la velada fue el encuentro definitivo con una memoria que yo pensaba ya perdida en mi mente. La coreografía Una danza para ti a partir de la música compuesta para piano por Teresa Carreño, Ramón Delgado Palacios y Jesús María Suárez en el siglo XIX, anunciaba el retorno al placer contemplativo de la esencia creativa de Nebrada, con sus cinco coloridas variaciones y una coda de un elenco que debe ser excepcional para hacer rememorar el planteamiento coreográfico del gran cultor del neoclásico latinoamericano.

Seguido por el emblemático paso a dos de la obra Romeo y Julieta, con la carga de sensualidad e inocencia que el coreógrafo imprimió a su interpretación dramática de la escena del balcón en la obra de Shakespeare, bien logrado en el tiempo y conjugado con tino en la sonoridad orquestal que propuso Segei Prokofiev en 1935 para el Ballet del Leningrado y que Vicente Nebrada acertadamente decidió mantener en su versión. El arte de componer pas de deux, en nuestro amado coreógrafo, se mantiene en el patrimonio dancístico planetario como un recordatorio de que dos bailarines pueden acoplar una idea-movimiento y llevarlo al límite de lo sublime, lo etéreo y terrenal unísono, en una ejecución que siempre va a sorprender, así la recuerdes momento a momento en tu imaginario.

Para el cierre se dejó a Doble corchea. Mejor imposible. La explosión de la alegría de ser jóvenes, de jugar con el lenguaje de la danza y la música hasta hacerlo resonar al infinito. Si de verdad los marcianos nos están vigilando desde sus naves espaciales, espero que hayan posado sus enormes ojos en esta coreografía, porque ella representa no solo el atributo peculiar del lenguaje nebradiano, sino la alegría de deberse a la danza como oficio de revelación y creación divina. Salvaría un poco la mala imagen que debemos tener como raza humanoide y pondría un tantico de esperanza en nuestra especie.

En mi descargo, puedo entregar mis culpas y decir: de lo único que soy responsable es de contemplar y sentir la danza como partículas de la vida misma.