confinadas

Un trece de marzo comenzaba la historia. Ahora recuerdo que ese día escuché  el Aleluya de Leonard Cohen. Afuera de mis cuatro paredes había un mundo herido que seguía girando. Al igual que todos los días en cada instante alguien exhalaba y exhala su último suspiro, pero no tomábamos conciencia de  ello, quizá la carrera de la vida nos impedía ver hechos tan elementales, que forman parte de la realidad. 

Tomamos conciencia de nuestra fragilidad. Escarbamos en los titulares.  Cercana la Semana Santa escribí: ¿A dónde se fue el hijo de la Virgen?, se preguntarán muchos. Y comencé a escribir las respuestas que llegaban desde mi espíritu a regalarme la calma : Creo que se fue a la cama de los hospitales, a las manos de todo el personal médico que está trabajando sin parar. Al consuelo de quienes pierden sus familiares. Al despacho de los políticos para llamar su atención. A los negocios cerrados que representan la economía familiar. Dios no está en cuarentena, aunque su casa haya quedado vacía de feligreses.

Mi propio texto me abrió los ojos sobre lo que significa vivir una experiencia sin precedentes. Desde allí me fui acomodando en mis rincones, compartiendo un breve diario con mis lectores en las “redes sociales”. Disfrutando cada una de mis ventanas, las reales y las emocionales. Hice ejercicios de conexión con la letra de algunas canciones y disfruté el encuentro con cada uno de los que escribía un comentario.

Del interés por saber como estaban viviendo otros esta experiencia inédita, surgió el taller que denominamos “Diario en confinamiento”. Resultó todo un reto. ¿Desahogarse o escribir? ¿Contar o recrearnos en el dolor? ¿Recibir atención especial o compartir entre iguales? ¿Convertirme en protagonista o amoldarme a una dinámica? Todas estas preguntas no son más que la ejemplificación de los vaivenes que se producían y en la que no tenía otra opción que trabajar como contenedor y guía contundente.

El taller se hizo punto de confluencia y de trabajo.  Se hizo espejo, página en blanco, página intervenida, frase reestructurada, tristeza y alegría, consuelo y acompañamiento. Una vez que están aquí todos estos textos reunidos, cargados de emociones, de experiencias vividas y de sinceridad absoluta,  entiendo la importancia de haber sido “el cable a tierra cuando era necesario”. Cada tuerca que me correspondió ajustar en el engranaje fue la tuerca correcta, y las volvería a ajustar para obtener este valioso registro que sin duda alguna en un futuro será el pergamino de lo que nos ha tocado vivir.

Las directrices sirvieron para que cada una de estas once valiosas mujeres se pelearan con sus miedos, se pasearan por la necesidad de ajustar los detalles del oficio de escribir y parieran las banderas que se enarbolan en estas páginas.

Incluyéndome en el punto de confluencia, en el indagar y construir,  caminamos juntas como doce apóstoles que regalan a otros sus vivencias para tender un puente de encuentro. Que en estos tiempos de tantas sombras esta propuesta sea un rayito de luz para todo el que se acerque a estas páginas, será el milagro que ofrecemos desde el corazón.

Inés Muñoz Aguirre

Inés Muñoz Aguirre.

Sobre “Confinadas” (coordinado por Inés Muñoz Aguirre.)

Viernes 27 de noviembre de 2020, vía Zoom

Comienzo por declararme fan antigua de la historia con H mayúscula pero más de las historias con h pequeña, esas que sólo podemos leer en los diarios, cartas, entrevistas, biografías y autobiografías. Tengo una importante colección de estos textos y esta afición, pensándolo bien, tiene mucho que ver con la elección que un día hice de hacerme psicoanalista. Ya antes de ser psicoanalista hacía entrevistas y crónicas sobre personas interesantes para mí o para la gente en cierto momento; y nunca he dejado de mantener actualizada la historia de las feministas venezolanas organizadas desde 1936 hasta hoy. También he escrito dos diarios: el primero lo publiqué por entregas, como los folletines del siglo XIX, en un sitio web que creé para tal fin y que luego cerré; ese primer diario se titula “Diario de una neurótica de fin de siglo”. El segundo está en progreso y se llama “Botella al mar” porque no sé si cuando me detenga alguien lo encontrará algún día en la costa.

Así, pues, declaro mi simpatía por el trabajo que estamos celebrando hoy, fruto del esfuerzo de Inés Muñoz Aguirre y Mariam Krasner, inventoras y sostenedoras de esa empresa que va contra viento, marea y covid 19 llamada “Pasión País”. 

Encierro, miedo, soledad, pesadilla, rebeldía, mirar hacia adentro, tiempo e incertidumbre fueron las preguntas que 12 mujeres venezolanas en distintas partes del mundo se hicieron en un taller on line. Hay  escritoras  a las que se les nota mucho el oficio y no escritoras de oficio a las que claramente se les da muy bien escribir.  Hay una revelación para mí: Mariam Krassner, a quien conocí hace años como fotógrafa. El hilo de sus 8 textos es la taza de café que cuela y se toma a horas imposibles para personas  cardiopáticas o de la tercera edad, como yo misma. Por cierto Mariam: no eres la única que se pinta los labios y se perfuma para una reunión on line y a la prueba me remito.

Hablando de cardiopatías, Ileana Hernández sufrió un infarto que declara 4 meses después en su primer texto y añade que está leyendo “Fuera de tiesto”, de Armando Rojas Guardia, porque así estamos, sin saber si volveremos al viejo ni cómo será el próximo tiesto ya que se quebró el viejo. También María Gómez (la mujer que nos trajo a Serrat a Caracas y a la que Rocío Jurado cantó una canción que ahora recuerda encerrada), sufrió un infarto, pero hace casi 20 años: entre fin del año 2000 y comienzos del 2001: un infarto que le mostró que “no todo dependía” de ella.

Miedo por no saber lo que está pasando con el virus que se repone en cada ola, incertidumbre por los efectos individuales y sociales que está y seguirá trayendo. Este es el sentimiento más confesado por las talleristas. “Miedo al miedo” dice Gloria Stolk.

A Irmina Ospino, que le lleva el ISR a sus clientes de enero a marzo, le robaron su abril de playa y farra ¿Recobrará abril 2021? Según la OMS es poco probable, aunque, como dice con mucha gracia en otro texto, cualquier día se va a rebelar al confinamiento, por lo que de una vez deja un último deseo por si muere: que la entierren cerca de Miraflores para “liderar una rebelión fantasmal”.

Jenny de Meinhardt se pregunta si esto es la tercera guerra mundial. Y  mientras la leo respondo que no lo es, aunque a ello podría conducirnos el abuso de todas las potencias con los recursos naturales del planeta. El covid no es nuevo, es apenas la última versión de un virus de la misma familia mortífera del que el poder médico científico sabía mucho antes de Wuham, como ha dicho hasta el cansancio nada más y nada menos que el magnate Bill Gates, quien ahora invierte en la vacuna. Sor Jenny, como dice que la llaman algunas amigas, siente pena por el encierro de sus adolescentes, aunque ya les ha permitido reunioncitas con pernocta (por el tema gasolina), con todas las reservas del caso. Ella tiene una contra para el confinamiento: la oración aferrada a su rosario que huele a rosas. Sólo muere los domingos, dice, pero el lunes resucita.

Otras talleristas también hablan de cómo afrontan este confinamiento que el próximo 13 de diciembre cumplirá 9 meses. María Gómez sigue acompañada por su mascota, preguntándose por el futuro ¿quedarse, volver? A Corina Rivera la acompaña la Rana Ramona (Cagona) que cuando reaparece le enseña que la vida “es hacia adelante pase lo que pase” (“la vida es pa´ ya”, en buen caraqueño). Ileana Hernández lee y escribe y más que el peligroso mirar hacia adentro prefiere aferrarse a su casa protectora, donde todo es suyo, los libros y los cuadros que pinta. Raquel Hernández opina que frente al miedo, la incertidumbre y la soledad tendríamos que recordar la infancia, cuando todas tuvimos que superar miedos para avanzar.

 Francia Ortiz ha pensado en que todos deberíamos dejar de hacer las cosas por beneficio propio y pensar en los demás “para no hundirnos”.  Carolina Maya confiesa: “vivo en gratitud, esa es la razón de mi paz”. Irmina Ospino es de nuevo tajante: “para no morir, escribo”. A María Dolores Ara le encanta y disfruta la soledad, de manera que no la ha sentido como un castigo; coincido con ella en su disfrute de la soledad, siempre y cuando las dos estemos hablando de la soledad elegida y no la impuesta por cualquier razón.

Mariam Krasner se defiende con una permanente taza de café en las manos pero no inactiva porque por las redes sociales sabemos de su cotidiano trabajo en “Pasión País” que estos meses de pandemia ha producido más que nunca. En su último texto y mientras oye un terrorífico parte del covid en el mundo a las 11.15 pm se toma otro café pero después… saca una botella de vodka y se echa un palo a fondo blanco. Seguro que esa noche durmió mejor ¡Salud por Mariam y las otras 10 talleristas!


Palabras de arena para presentar Confinadas.

Yoyiana Ahumada Licea

Textos de 11 mujeres confinadas, resultado del taller impartido por Pasión País, conducido por la escritora Ines Muñoz Aguirre

Kobo Aabe es un escritor japonés nacido en 1924.  Es escritor, dramaturgo y guionista y ha su  obra quizá poco conocida por estas antípodas, está considerada como un clásico a la manera de Frank Kafka. En 1962 escribió una novela llamada La Mujer de Arena, cuyo argumento es el siguiente: la historia narra la travesía de un científico que se va detrás de un insecto al que quiere sumar a su colección de entomólogo. Queda preso en el lugar donde va, me hizo pensar en esta nueva pandemia que estamos viviendo y que ha transformado el mundo para siempre. 

Pensar en obras que se acercan al tema del confinamiento nos lleva a la novela Don Quijote, escrita por Miguel de Cervantes y Saavedra en Sevilla, en una prisión.  Sin ir más lejos Shakespeare escribió Macbeth y El Rey Lear en confinamiento durante la peste. Raquel, Ileana, Maria Dolores, Corina, Mariam, Gloria, Maria, Jenny, Carolina, Francia e Irmina – sin orden de aparición con esta nueva publicación Confinadas, vienen a sumarse a esa tradición. Sabemos que este libro coral nace de un taller que siempre es un viaje para vencer a los monstruos y regresar sano y salvo a casa. Esta vez el viaje implicaba un desplazamiento físico de sala al comedor y psíquico hacia el fondo de si mismas. A través de una serie de tópicos que se identifican como las estaciones de ese viaje, doce mujeres dan cuenta de su mirada al miedo, la soledad, el tiempo, la pesadilla, la incertidumbre, la rebeldia y  el mirar hacia adentro. 

Son textos confesionales y no, textos que salen como disparos al corazón. Testimonios de un tiempo sin tiempo. De un nuevo mundo que aun no se vislumbra en medio de unos cambios que no sabemos hacia donde nos llevará, pero que desde ya avisa que tanto a la fuerza de la economía, como al poder que estructura las sociedades, resulta conveniente una masa trabajando en casa sin juntarse para organizar huelgas y pliego de peticiones, sin horario laboral. Especulaciones que se producen desde el vivir en el encierro. 

Me gusta una de las tantas frases felices de este libro que ofrenda Ileana Hernández: convertir la laxitud en creación.

Hay aquí ën Confinadas, doce maneras de desnudarse y de pensar en voz alta. Como si el pasar del pensamiento al papel – a la superficie digital- fuera una misma cosa. Un solo impulso. 

Estas doce voces dejan su estar frente a si en estos extraños tiempos. Se convierten en el ojo observante de un mundo exterior que ha sido clausurado hasta nuevo aviso, en un sueño de la razón lleno de ciclopes, hidras, pterodáctilos y amenazas silentes que parecen no tener fin.

Como en la historia de Koobe en la que el doctor acepta la invitación a quedarse en el pueblo en una extraña casa envuelta en las dunas. a la que se acceder por una escalera que desparece misteriosamente, la arena cae sobre nosotros. Como el doctor. nos empeñamos en que la arena no nos empañe la vista del viaje que hemos emprendido hacia el fondo abisal de nosotros mismos. 

Textos amorosos, honestos, casi a manera de un diario o de correspondencia del otro que desde hace ocho meses habla con fuerzas desde nuestro más profundo centro del miedo pero tambien de una esperanza que late desnuda al fondo de la caja de Pandora abierta en Wuhan. Escribir es sanar y dejar constancia del paso por el mundo, aunque la huella sea de arena.  

Caracas 26 de Noviembre de 2020

Gioconda Espina