ciudad en tres tiempos/pasión país

Espacio Público y tiempos de Pandemia

*María Teresa Novoa  mtnovoac@gmail.com

El espacio público es un buen termómetro para medir la salud de una ciudad: en él se manifiesta claramente su vigencia, su obsolescencia, su apoteosis o su ruina. Es el espacio de todos.  El espacio público es el ámbito natural de los ciudadanos, atesora su memoria, vivencias e identidad; es el lugar para tentar las casualidades, para hacer amigos fortuitos, para descubrir secretos urbanos o para pasar largos ratos distrayendo las preocupaciones. Es intrínseco a la vida urbana, en él se da curso libre a la vida civil en colectivo que no sabe de toque de queda. Meses atrás, no más iniciado el 2020, ¿cómo imaginar los espacios públicos de la ciudad completamente vacios en aquellas horas cuando el gentío los reboza de bulla? Si alguien lo hubiera predicho, aun cuando en Caracas hace un rato largo las actividades sociales de calle han ido notoriamente aminorándose,  no estarían tan incrédulos nuestros ojos: calles despobladas como si se tratara de una perspectiva de utilería para una película de ciencia ficción.

Cuando lo nombramos espacio a cielo abierto, bajo la poética del cielo azul o del encapotado gris, encontraríamos: las calles, plazas, alamedas, parques, terrazas o miradores urbanos, avenidas y autopistas, todos estos espacios hallaban poblados del hormigueante y colorido estar de los ciudadanos: mientras más concurridos estos espacios más fuertes eran sus signos vitales. Pero lo extraño llegó, se instalo la soledad impertinente también en medio del dialogo entre la poética del espacio público y los edificios patrimoniales o museos, e intercepto el alegre bullicio de sus visitantes.

 La condición del espacio público la acompaña una cualidad de gracia que, por principio, le dispensa de regirse por un uso horario determinado. Sin embargo, Caracas se ha vuelto una ciudad matinal aun antes de la pandemia,  ha sido vedada a otro horario vivencial. Caminarla envueltos en el frescor de noches de luna llena es una actividad nada recomendable, queda de usted sufrir los riesgos: es su absoluta responsabilidad.

El espacio público siempre ha sido exigente, pero no le atienden, es una deuda que ha ido en aumento afectando molestosamente a todos: niños, adolescentes, adultos, ancianos y a la biodiversidad; requiere estar bien equipado con bancas, papeleras, señalética, luminarias, jardines, juegos, arboladas y un piso o aceras en buen estado para que los transeúntes con pisada distraída e inquieta no tropiecen y caigan al paso. Cuales sean las circunstancias de uso debe estar muy bien iluminado, ya no solo para que disipe la nostalgia de la luz mermada de viejas farolas estoicas, sino porque se debe garantizar la seguridad ciudadana en tono imperativo.

La “nueva realidad” que vivimos, como recién se la llama, adiciona un rayado de “distancias convenientes” para estar en algún recinto, “alcabalas y salvoconductos” para acceder de una Parroquia a otra y, si se quiere estar en un parque “círculos equidistantes” para poder compartir estando dentro de ellos, claro está todo esto, siempre que lo permitan las autoridades y no se trate del día de confinamiento radical.

El confinamiento domestico, que alguna dosis de voluntario tiene para todos, en este tiempo de pandemia nos muestra a una sociedad más segregada. Las salidas o actividades de “nuevo cuño” ocurren en un espacio público virtual, pero sólo para aquellos que tengan conexión estable en internet: los individuos o comunidades sin recursos tecnológicos cada vez más quedaran excluidos. La vida en sociedad está controlada y en pausa, la forma como nos movemos y ocupamos los espacios públicos ha cambiado significativamente. La sociedad muestra una cara aparentemente paciente en medio de una gran incertidumbre, sin embargo todos estamos al borde de un ataque de nervios.

Hay sectores  de la ciudad, centralidades urbanas, que siempre han estado allí y, en medio de estas circunstancias, vivir en ellas ha hecho la vida más amable ¿porqué?, porque permiten llevar una vida más local, desplazarse a pie durante unos cuantos minutos puede ser una experiencia urbana grata; eso lo agradecen  los vecinos del casco de Petare Chacao, Sabana Grande, La Candelaria, el Hatillo, Antimano, San José, San Juan o Pérez Bonalde, por ejemplo. “La ciudad de los pasos cortos” nos está revelando sus ventajas en las calles ricas de posibilidades con usos complementarios y diversos, se muestra como un factor de resiliencia en contraste con el imperativo uso vehicular en sectores carentes de servicios.

Es el momento ideal de repensar, revisar y observar las potencialidades versus los desmanes,  exclusiones e inconvenientes de la planificación urbana de usos segregados, es una gran oportunidad para generar nuevas formas de trabajo y nuevos espacios desde una perspectiva centrada en las personas y las cuotas de participación ciudadana en el proceso de planificación.

Hay muchas nociones a reaprender, revalorizar o recordar del sentido social del espacio público y la experiencia vital urbana. Se necesitan: más espacios públicos interconectados en toda la ciudad con una programación cultural y económica coordinada incluyendo las actividades de comercio informal,  más áreas de juego en las calles, aceras amplias, un buen sistema público de transporte que aminore la dependencia al vehículo particular, y unos servicios públicos en buen estado.

¿En qué tipología de ciudad vivíamos, y cual tipología queremos? Estamos en un gran momento, la “nueva realidad” post Covid nos permite vislumbrar cambios e innovar con mejoras al espacio público, ¿podremos hacer el viraje que conduzca a unos espacios públicos más humanos, incluyentes, y hermosos?,  estamos a tiempo…pensemos y trabajemos en ello!

En Caracas el 24 de julio de 2020, tiempos de pandemia a los 453 años de su fundación

*María Teresa Novoa Arquitecto FAU-UCV. Coordina línea de investigación “Espacio público, arquitectura y ciudad” en Centro investigaciones Post Doctorales (CIPOST-UCV)