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ESQUINA EL MUERTO

La leyenda del nombre de esta esquina se remonta al siglo XIX, cuando la lucha de clases en Venezuela tuvo como escenario Caracas. Recordemos que en 1830 murió Simón Bolívar y en los años siguientes, se llevaron a cabo rebeliones populares y guerras civiles.

Los enfrentamientos eran comunes en la ciudad, los ejércitos conservadores cuidaban las casas y propiedades de la oligarquía, mientras las guerrillas se acercaban a sus objetivos con sigilo. De ambos bandos se contaban por miles los muertos.  Luego de las batallas, pasaban por las calles camilleros y voluntarios recogiendo los caídos. Un dia en medio de esas jornadas vieron el cuerpo de un soldado centralista tirado y rápidamente lo montaron en su camilla para llevarlo al cementerio. Luego de caminar unos pocos metros, el soldado alzó la cabeza para decir: “No me lleven a enterrar, que todavía estoy vivo”. Los pobres camilleros aterrorizados soltaron todo y salieron corriendo. El cuento corrió como pólvora por toda la ciudad y los caraqueños pasaban señalando la esquina diciendo: “¡Ahí, estaba vivo el muerto!”.  Se cuenta que viajeros y caminantes narran haber visto a un soldado pararse en la esquina, con su uniforme manchado de pólvora y su bayoneta al hombro. El muerto prefiere las noches para pasear y mirar desde el más allá a los transeúntes que crucen la calle. 


ESQUINA PRINCIPAL

En tiempos de la colonia los primeros edificios de la ciudad estaban ubicados en los alrededores de la Plaza Bolívar y en la esquina noroeste, se levantó un pequeño fortín de dos pisos que se llamo el Principal y su misión era defender a la ciudad del ataque de los piratas. 

Dicha esquina también fue conocida debido al funcionamiento durante la Conquista de una prisión y sala de torturas.  Por un tiempo se le llamo la Esquina de La Cárcel o como Cárcel Real. De allí salían las órdenes de las autoridades militares y era también usada como cárcel principal.   

Pero al dejar de funcionar dicha cárcel, en la época de Cipriano Castro fue remodelada y transformada con estilo versallesco y se le dio el nombre de Casa Amarilla. Declarada Monumento Histórico Nacional en el año de 1979 y sirve a la fecha de sede del Ministerio del Poder Popular para las Relaciones Exteriores.

También en esa zona en 1785 se funda el Teatro Principal y es desde entonces cuando es llamada Esquina Principal o Esquina del Principal.


ESQUINA DE LA MARRON

En las calles de la ciudad de Caracas caminaba Lorenzo Marrón, un hombre apacible, dedicado a sus oficios y gran jugador de la pelota vasca. Vivia en un tipica casa del siglo XVIII junto a dos hijas Margarita Petronila y Ana María. Los ventanales de aquella casa, eran el lugar de encuentro de pretendientes quienes dejaban cartas, serenatas y regalos para las Marrones.  Don Lorenzo y Juana Margarita, Reina madre de las jovenes, soñaban con que las niñas se casaran con caballeros de alta alcurnia. 

Pero Don Lorenzo tambien soñaba con el juego de pelota practicado por gente de sociedad y de dinero en un fronton cercano a su casa en la esquina de la Pelota.  El fronton se había arruinado porque las piedras adyacentes se usaron para formar las murallas de Caracas. Don Lorenzo tomó la decisión de ir hasta el Cabildo a pedir la autorización y el apoyo para construir uno nuevo. 

En 1778 se escogieron los terrenos para construir la cancha, la cual se hizo sobre lo que fue la primera carniceria fundada en Caracas.  Al pasar el tiempo, esa cancha se transformó en la Plaza España y es hoy el elevado de la Avenida Fuerzas Armadas.  La leyenda de Lorenzo Marrón crecía en toda la ciudad. Y de esa forma la esquina de Marrón pasó a la historia, junto al recuerdo de la belleza de las Marrones y sus fieles enamorados. 


La esquina de Cipreses.

Esta esquina de Caracas estaba poblada por unos altos y frondosos árboles llamados cipreses. El viento los hacia moverse, dando a todo ese espacio una especie de grandeza y solemnidad. Las sombras de estos arboles abrazaron a grandes caraqueños. Como el padre Sojo quien fundó la primera escuela de música que existió́ en Caracas en su Hacienda Chacao. El Padre Sojo pertenecía a la orden religiosa de los Neristas, una cofradía de monjes a quienes les gustaba el arte y la música. 

Dichos cipreses fueron sembrados para cobijar el cementerio de la cofradía de monjes, semejando un camposanto romano. El fin era darle grandeza a este sitio haciéndolo más parecido a un cementerio del Vaticano. Allí se reunían los monjes a limpiar violines, arreglar partituras y practicar cantos religiosos. 

Guzmán Blanco construyó la iglesia de Santa Teresa sobre el convento de los Neristas y, muy cerca, se encuentra el Teatro Nacional. En el tiempo de los grandes cipreses se cuenta que no cabían los músicos y toda la esquina era una sola melodía.  

Cuando el presidente Antonio Guzmán Blanco ordenó la clausura de todos los cementerios ubicados en el área metropolitana de Caracas, el terreno ocupado por el camposanto fue vaciado y comenzó a emplearse para la actuación de teatros de corral y circos ecuestres. Años después, en 1883, se construyó allí la plaza Washington, un amplio espacio de caminerías peatonales que ostentaba al centro una estatua del prócer estadounidense. El 23 de junio de 1904, el presidente Cipriano Castro decretó la construcción del Teatro Nacional de Caracas, según proyecto del arquitecto Alejandro Chataing. El teatro ocupó la mitad sur de la plaza Washington y años después la estatua central fue trasladada a la avenida 19 de diciembre en El Paraíso, donde permanece actualmente. El resto de la plaza se llamó entonces Plaza Henry Clay, en honor al político y orador estadounidense que propuso ante el congreso de Estados Unidos el reconocimiento de la independencia. 


Esquina Las Monjas 

Nos ubicamos en este punto de la ciudad al pararnos en el ángulo suroeste de la Plaza Bolivar. Cuenta la historia que en el siglo XVII, hubo una viuda que dedicó su vida y fortuna a la Iglesia. Su hermosa casa de dos pisos,  previa autorizacion del regimen colonial se convirtió en 1637 en el Convento de las Monjas Concepciones, pero ademas la señora Juana de Villela viuda del Capitan don Lorenzo Martinez, sus cuatro hijas, tres sobrinas y dos criadas tomaron los votos como monjas. Pero aquí no termina la historia.

En este convento no se aceptaban muchachas negras, las aspirantes debían ser blancas y de linaje aristocrático, sus familias debían comprometerse con ayudas para promover la fe y estaba prohibida la lectura. Ademas, se contaba que las paredes del convento encerraban secretos siniestros, que las monjas tenian joyas de gran valor, oro y perlas preciosas. 

Descubrimos que una de las mujeres más importantes de nuestra historia estuvo encerrada en aquel lugar, Luisa Cáceres de Arismendi, quien fue recluida en un cuarto de penitencias, vigilada de cerca por las monjas Concepciones que todos los días pedían a la heroína que se arrepintiera de sus pecados.  

Decadas despues de que Venezuela obtuviese su independencia de España, el General Guzman Blanco en el año 1874, ordenó cerrar todos los conventos del pais. Las monjas obligadas a desalojar el convento, se resistieron por todos los medios y se enfrentaron a tal decision. El gobierno para demostrar su poder, desplego un contingente policial abriendo las puertas del claustro y expulsando a todas las religiosas sin permitirles nisiquiera llevar sus pertenencias.  De las riquezas no se supo nada, la leyenda popular cuenta que antes de abandonar el convento, la última abadesa María Teresa de las Llagas se encargó de esconder las sagradas riquezas. 

El edificio fue demolido y sobre sus ruinas en 1875, Guzman Blanco ordeno construir el Capitolio de la Nacion, actual sede de la Asamblea Nacional.


Esquina de Angelitos

El plano de caracas de 1843  identifica la conocida esquina de Los Angelitos como Angelitos de Pilita, tal vez por la existencia de una fuente o por la existencia de angelitos o querubines en algún lugar de las paredes que existían en el lugar. Sin embargo, se dice que en aquel sitio de la ciudad para el año de 1830, el General Páez tenía intereses por invadir un predio ajeno, cuyo dueño tenia fama de hombre de pocos amigos y le sobraba el valor para cobrar ofensas en su honor. 

No se trataba de invadir un terreno o una casa. Se trataba de una hermosa mujer que había flechado al Centauro de las Queseras como era conocido el presidente Páez. Ante tanta belleza el miedo no existía y especialmente cuando se contaba con guardias que le cuidaban las espaldas. Así cuando el general iba a visitar a la dama en cuestión, dejaba a la entrada del callejón a sus edecanes, veinte jinetes bien montados y armados con lanzas. Ellos resguardaban su vida y estaban alerta de la posible llegada del marido de la susodicha. La presencia de aquellos guardianes motivó que los bromistas nombraran la esquina con el nombre de “los angelitos”. De ser verdad esta historia, es posible que el humor popular aplicara a estos hombres el nombre que ya tenía la esquina de Los angelitos de la pilita.