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ESQUINA DE CARMELITAS

En 1725, en una casona situada al sur de la iglesia de Altagracia, vivía doña Melchora Josefa de Ponte y Aguirre, quien solicitó y logró del Rey,  convertir su casa en un convento dedicado  a las  “Carmelitas Descalzas de Santa Teresa”.  Pasaron siete años para que llegaran de México el primer grupo de religiosas. Cuenta la historia que apenas instaladas comenzaron a sentir un terror misterioso que nada les calmaba, producto de extrañas apariciones y ruidos fantasmales. Tal fue el escándalo que el cura de la Catedral tuvo que escribirle a Rey antes las dificultades para fundar el convento. En 1732 el monarca suspendió la fundación del convento y ordenó el regreso inmediato de las religiosas a México.  Sin embargo, la subpriora se ofreció a continuar la obra y el Rey en 1736 consintió que las Carmelitas se instalaran en la esquina que hoy conocemos como Carmelita.  En 1967, el antiguo solar de Doña Melchora y de las monjas Carmelitas fue convertido en sede del Banco Central de Venezuela, obra del arquitecto Tomás José Sanabria.

ESQUINA LA BOLSA

Entre los cronistas de Caracas existen distintas versiones en relación con el origen del nombre de esta esquina, situada en el Bulevar Este del Capitolio en la parroquia Catedral. Una de las versiones nos cuenta que en esa esquina tenia su casa la bisnieta de Don Diego de Boiza. Conocido como un hombre de malos instintos, famoso caballero de la Orden de Cristo, quien llegó a ser encargado de la Gobernación de la Provincia de Venezuela en el año 1542. 

Otra versión, dice que en ese lugar estaba la mansión de Garcí-González de Silva, donde el gobierno descubrió la acuñación de monedas de plata, denominadas “Fable”, siendo esta la primera casa de la moneda que tuvo Venezuela.

También se cuenta que más tarde en aquel punto de la ciudad se estableció el Barón de Corvaia, dedicado al negocio de préstamo de dinero siendo tan famoso que allí asistían generales, clérigos, literatos, ministros y hasta el propio presidente Guzmán le visitaba para sus operaciones bursátiles. Esta oficina obtuvo entonces el nombre de la “Bolsa de Caracas”. Esta oficina de prestamos cobró tal importancia que el movimiento económico de la ciudad se regulaba desde La Bolsa.

ESQUINA DE CANÓNIGOS

En 1698 el Obispado de Caracas decidió que los cementerios se establecieran junto a las iglesias parroquiales. De esta forma los conventos destinaban un camposanto para los integrantes de sus órdenes religiosas y a personajes cuyos deudos pagaban la bóveda.  El primer cementerio público de la ciudad fue el que existió en el extremo oeste de la hoy avenida San Martín, donde fueron sepultados las victimas del terremoto de 1812.

El nombre de la esquina de Canónigos se remonta a un pequeño cementerio para eclesiásticos fundado por los hermanos de la Cofradia de San Pedro a principio del siglo XIX.  Los canónigos son miembros del Cabildo Catedral que velan por los “sagrados cánones” y demás disposiciones eclesiásticas. La “Cofradía de San Pedro”, estaba  conformada por los canónigos de la Catedral. 

La historia nos cuenta que el pequeño cementerio de los Canónigos ocupó el lugar donde en 1637 se plantaron las primeras rosas traídas a Caracas. La primera piedra fue colocada el 2 de noviembre de 1855  -día de los Difuntos- y junto a ella, un envase de cristal con documentos relativos a la obra. Debido a la construcción del nuevo cementerio general de Caracas los camposantos como el de Canónigos fueron clausurados. Este camposanto fue demolido en 1951 para edificar la urbanización “Diego de Losada” de la parroquia Altagracia.

ESQUINA LA TORRE

En el siglo XVI la ciudad de Caracas era un valle abierto por todos sus puntos, asi Diego de Losada señaló el punto para la construcción de una modesta iglesia en honor a Santiago, el santo que protegía a los españoles de los ataques indígenas.  De esta forma comienza la historia de la Torre, que en sus inicios estuvo sosteniendo una enorme campana sobre una construcción de madera, siendo el primer edificio de la ciudad. Al pasar el tiempo aquella iglesia obtuvo el titulo de Catedral de Caracas. La Torre ha sido testigo de muchos eventos, como los sucesos de 1810, cuando Francisco Salias le arrebata el bastón de mando al gobernador colonial Vicente de Emparan. 

El terremoto de 1641, provoco que la Torre se derrumbara y a mediados de 1660, se decidió construir la nueva Torre. Pero nuevamente, en 1766 un terremoto la volvio a derribar. La volvieron a construir y adivinen, sufrió otro sacudon en el terremoto de 1812 y se partió en su parte superior. Durante la administración del presidente Juan Pablo Rojas Paúl entre 1888 y 1890 el reloj de la torre fue puesto en su sitio.  A pesar de todos los embates de la naturaleza, esta es una de las esquinas mas famosas de Caracas y desde su origen fue el punto más activo y de encuentro de la capital.  A su alrededor se hicieron hoteles, negocios y cafés, todos de gran fama y animación.

ESQUINA DE SAN PABLO 

Durante la epidemia de viruela en Caracas en 1580, se erigió por voto de la ciudad el primer templo de San Pablo el Ermitaño. San Pablo era un gran templo en la época de la Colonia, no por su tamaño, sino por poseer la imagen del Nazareno de San Pablo. La fe en la religión católica se siente en esta esquina, especialmente en los tiempos de Semana Santa. Este Nazareno fue tallado en madera de pino y traído de Sevilla, España.  Cuenta la leyenda que el Nazareno le preguntó a su creador: “¿Dónde me has visto que me has hecho tan perfecto?”. Y el escultor, Felipe de Ribas, estuvo a punto de enloquecer.  

En esa esquina ocurrió el famoso milagro de sanación del Nazareno de San Pablo, a través del limonero que se encontraba en el huerto del templo. Corria el siglo XVII cuando Caracas sufrio una epidemia de vomito negro, durante la procesion la corona del Nazareno se enredó en una rama y varios limones cayeron del cielo, los creyentes comenzaron a hacer limonadas y la epidemia desapareció. En 1880 Antonio Guzmán Blanco tumbó el templo para levantar en el mismo sitio al gran teatro de ópera, hoy Teatro Municipal. Asi esta esquina comenzo a ser llamada la Esquina de Municipal. Hoy el Nazareno se encuentra a solo pocos metros en la Iglesia de Santa Teresa.

Esquina de Padre Sierra

Es una de las pocas esquinas de Caracas que conserva su nombre original. En dicha esquina en 1766 tenia su casa Don Joseph de Sierra quien era el capellán de las monjas Concepciones. Las crónicas cuentan que el Padre Sierra ejerció labores humanitarias en ese lugar y durante la epidemia de 1766 realizó un gran trabajo ayudando a curar a los enfermos poniendo en riesgo su propia vida. El 21 de octubre de ese año, un gran terremoto sacudió a la ciudad de Caracas y el Padre Sierra ayudó a socorrer a las víctimas de dicho terremoto. El Padre Sierra murió víctima de la epidemia, enfermedad que contrajo cuando se dedicaba a curar y proteger a los enfermos. Durante el pasar de los años su compromiso humanitario era recordado por los feligreses, quedando identificada como la Esquina de Padre Sierra.

También en la Esquina de Padre Sierra, las crónicas nos remontan al año de 1762, cuando Don Sebastián de Miranda, adquiere una casa en ese lugar, acondicionándola para establecer su tienda de amasijos y mercería. En dicha casa vivió su infancia y juventud el Generalísimo Francisco de Miranda, antes de partir a España a los 21 años y a finales del siglo XVIII la casa fue vendida por su padre. Siendo utilizada como posada y como almacén de comercio al por mayor de café y cacao, hasta que fue demolida para construir un edificio que se llamaría Padre Sierra.  En esta esquina del Padre Sierra; funciono en la época del presidente Guzmán Blanco la imprenta de “El Venezolano”.

Historias de esquinas: Esquina Las Monjas.

Nos ubicamos en este punto de la ciudad al pararnos en el ángulo suroeste de la Plaza Bolívar. Cuenta la historia que en el siglo XVII, hubo una viuda que dedicó su vida y fortuna a la Iglesia. Su hermosa casa de dos pisos,  previa autorización del régimen colonial se convirtió en 1637 en el Convento de las Monjas Concepciones, pero además la señora Juana de Villela viuda del Capitan Don Lorenzo Martinez, sus cuatro hijas, tres sobrinas y dos criadas tomaron los votos como monjas. Pero aquí no termina la historia.

En este convento no se aceptaban muchachas negras, las aspirantes debían ser blancas y de linaje aristocrático, sus familias debían comprometerse con ayudas para promover la fe y estaba prohibida la lectura. Ademas, se contaba que las paredes del convento encerraban secretos siniestros, y también que las monjas tenian joyas de gran valor, oro y perlas preciosas. 

Descubrimos que una de las mujeres más importantes de nuestra historia estuvo encerrada en aquel lugar, Luisa Cáceres de Arismendi, quien fue recluida en un cuarto de penitencias, vigilada de cerca por las monjas Concepciones que todos los días pedían a la heroína que se arrepintiera de sus pecados.  

Decadas despues de que Venezuela obtuviese su independencia de España, el General Guzman Blanco en el año 1874, ordenó cerrar todos los conventos del país. Las monjas obligadas a desalojar el convento, se resistieron por todos los medios y se enfrentaron a tal decisión. El gobierno para demostrar su poder, desplegó un contingente policial abriendo las puertas del claustro y expulsando a todas las religiosas sin permitirles nisiquiera llevar sus pertenencias.  De las riquezas no se supo nada, la leyenda popular cuenta que antes de abandonar el convento, la última abadesa María Teresa de las Llagas se encargó de esconder las sagradas riquezas. 

El edificio fue demolido y sobre sus ruinas en 1875, Guzman Blanco ordenó construir el Capitolio de la Nación, actual sede de la Asamblea Nacional.

LA ESQUINA DE SANTA CAPILLA 

Debe su nombre a la iglesia de la Santa Capilla, construida en 1883 por Guzmán Blanco en una de las esquinas más conocidas de Caracas y encargada al arquitecto Juan Hurtado Manrique. Guzmán Blanco le dijo al arquitecto: “Quiero una réplica de la SainteChapelle de París”.

Cuenta la historia, que en ese lugar Diego de Losada cuando fundó la ciudad ordenó la construcción de una ermita para San Sebastián quien debía contrarrestar las flechas envenenadas de los indígenas.

Pero en 1600 la ermita se quemó y luego una invasión de langostas hizo que la gente le rezara a San Mauricio para que espantara esos insectos. Como las langostas se fueron los caraqueños cambiaron de patrono y le dieron la ermita a San Mauricio. Pero el mandato le duró poco a San Mauricio cuando en 1641 un terremoto derrumbó la edificación y solo se salvó la imagen del santo. 

En 1667 rehicieron la construcción pero esta vez con ladrillos, cal y madera. Se mantuvo en pie hasta que el terremoto de 1812 la derrumbó completamente. El 5 de Agosto de 1926, su Santidad el  Papa Pío XI designó a la Santa Capilla como Basílica Menor y en 1979 fue declarada Monumento Histórico Nacional.

LA ESQUINA DE MERCADERES

El nombre de esta esquina es tan antiguo que no se tiene registro exacto de su origen.  Sin embargo, los cronistas de Caracas cuentan que esta esquina aparece con ese nombre cuando los frailes Franciscanos del convento, pidieron que les dieran derecho a un chorro de agua, en ese momento indicaron que se podía meter por la “calle que se llama Mercaderes”.

La historia de Caracas refiere que en esa calle -que luego se llamó “Calle del Comercio”-, bullía la influencia de público y que tenía un gran movimiento por encontrarse en ella bancos, casas hipotecarias, negocios, comercios de todas clases y alcabala. Se le ha llamado de esa forma tal vez porque en ese lugar, se colocaban personas ofreciendo varios productos pues de allí partían las caravanas y los viajeros que iban camino al puerto de La Guaira.

Plaza de San Jacinto o El Venezolano

La mayoría de los nombres de las esquinas de Caracas están relacionadas con arboles, leyendas urbanas, santos, próceres, historias, mitos, conventos, hermosas damas y hasta cuentos fantasmales.

Y una de esas esquinas es la plaza de San Jacinto uno de los espacios públicos más antiguos de Caracas. Su origen data de 1595.

Allí se  construyó la iglesia y convento del padre dominico, construcción que se hizo gracias a las donaciones que hicieran sus parroquianos, entre ellos Don Simón Bolívar “El Viejo. El conocido como terremoto del jueves Santo que ocurrió en 1812,  causo graves daños al templo. Medio siglo después, uno de los solares de la iglesia se encontraba baldío y los regidores exigieron a los dominicos que no edificasen nada en él, ya que se requería para la construcción de una plaza para el disfrute de los lugareños y embellecimiento a la iglesia. 

Dicho solar fue invadido por los mercaderes, los dominicos protestaron por la situación, pero el ayuntamiento en vista del aumento de la población en Caracas, y aprovechando que ya se hacía insuficiente el mercado en la Plaza Mayor, resolvió habilitar la explanada de San Jacinto para la venta exclusiva de pan, frutas y dulces. 

Por decreto en 1837 fueron suprimidos los conventos de hombres y la edificación fue utilizada como sede de la municipalidad. Una parte fue habilitada como cárcel. En esa cárcel estuvo preso Antonio Leocadio Guzmán,  redactor del “El Venezolano” y condenado a muerte por estar implicado en los hechos de insurrección ocurridos en 1846. 

Al transcurrir los años, bajo el gobierno del General Guzmán Blanco, se cambiaría el nombre de la plaza por el calificativo del periódico fundado por su padre Antonio Leocadio Guzmán, a quien le mandó a levantar una estatua en el lugar.

La Plaza de San Jacinto o “El Venezolano” como hoy es conocida, fue recuperada siendo punto de referencia para quienes visitan la Casa Natal del Libertador.

ESQUINA EL MUERTO

La leyenda del nombre de esta esquina se remonta al siglo XIX, cuando la lucha de clases en Venezuela tuvo como escenario Caracas. Recordemos que en 1830 murió Simón Bolívar y en los años siguientes, se llevaron a cabo rebeliones populares y guerras civiles.

Los enfrentamientos eran comunes en la ciudad, los ejércitos conservadores cuidaban las casas y propiedades de la oligarquía, mientras las guerrillas se acercaban a sus objetivos con sigilo. De ambos bandos se contaban por miles los muertos.  Luego de las batallas, pasaban por las calles camilleros y voluntarios recogiendo los caídos. Un dia en medio de esas jornadas vieron el cuerpo de un soldado centralista tirado y rápidamente lo montaron en su camilla para llevarlo al cementerio. Luego de caminar unos pocos metros, el soldado alzó la cabeza para decir: “No me lleven a enterrar, que todavía estoy vivo”. Los pobres camilleros aterrorizados soltaron todo y salieron corriendo. El cuento corrió como pólvora por toda la ciudad y los caraqueños pasaban señalando la esquina diciendo: “¡Ahí, estaba vivo el muerto!”.  Se cuenta que viajeros y caminantes narran haber visto a un soldado pararse en la esquina, con su uniforme manchado de pólvora y su bayoneta al hombro. El muerto prefiere las noches para pasear y mirar desde el más allá a los transeúntes que crucen la calle. 


ESQUINA PRINCIPAL

En tiempos de la colonia los primeros edificios de la ciudad estaban ubicados en los alrededores de la Plaza Bolívar y en la esquina noroeste, se levantó un pequeño fortín de dos pisos que se llamo el Principal y su misión era defender a la ciudad del ataque de los piratas. 

Dicha esquina también fue conocida debido al funcionamiento durante la Conquista de una prisión y sala de torturas.  Por un tiempo se le llamo la Esquina de La Cárcel o como Cárcel Real. De allí salían las órdenes de las autoridades militares y era también usada como cárcel principal.   

Pero al dejar de funcionar dicha cárcel, en la época de Cipriano Castro fue remodelada y transformada con estilo versallesco y se le dio el nombre de Casa Amarilla. Declarada Monumento Histórico Nacional en el año de 1979 y sirve a la fecha de sede del Ministerio del Poder Popular para las Relaciones Exteriores.

También en esa zona en 1785 se funda el Teatro Principal y es desde entonces cuando es llamada Esquina Principal o Esquina del Principal.


ESQUINA DE LA MARRON

En las calles de la ciudad de Caracas caminaba Lorenzo Marrón, un hombre apacible, dedicado a sus oficios y gran jugador de la pelota vasca. Vivia en un tipica casa del siglo XVIII junto a dos hijas Margarita Petronila y Ana María. Los ventanales de aquella casa, eran el lugar de encuentro de pretendientes quienes dejaban cartas, serenatas y regalos para las Marrones.  Don Lorenzo y Juana Margarita, Reina madre de las jovenes, soñaban con que las niñas se casaran con caballeros de alta alcurnia. 

Pero Don Lorenzo tambien soñaba con el juego de pelota practicado por gente de sociedad y de dinero en un fronton cercano a su casa en la esquina de la Pelota.  El fronton se había arruinado porque las piedras adyacentes se usaron para formar las murallas de Caracas. Don Lorenzo tomó la decisión de ir hasta el Cabildo a pedir la autorización y el apoyo para construir uno nuevo. 

En 1778 se escogieron los terrenos para construir la cancha, la cual se hizo sobre lo que fue la primera carniceria fundada en Caracas.  Al pasar el tiempo, esa cancha se transformó en la Plaza España y es hoy el elevado de la Avenida Fuerzas Armadas.  La leyenda de Lorenzo Marrón crecía en toda la ciudad. Y de esa forma la esquina de Marrón pasó a la historia, junto al recuerdo de la belleza de las Marrones y sus fieles enamorados. 


La esquina de Cipreses.

Esta esquina de Caracas estaba poblada por unos altos y frondosos árboles llamados cipreses. El viento los hacia moverse, dando a todo ese espacio una especie de grandeza y solemnidad. Las sombras de estos arboles abrazaron a grandes caraqueños. Como el padre Sojo quien fundó la primera escuela de música que existió́ en Caracas en su Hacienda Chacao. El Padre Sojo pertenecía a la orden religiosa de los Neristas, una cofradía de monjes a quienes les gustaba el arte y la música. 

Dichos cipreses fueron sembrados para cobijar el cementerio de la cofradía de monjes, semejando un camposanto romano. El fin era darle grandeza a este sitio haciéndolo más parecido a un cementerio del Vaticano. Allí se reunían los monjes a limpiar violines, arreglar partituras y practicar cantos religiosos. 

Guzmán Blanco construyó la iglesia de Santa Teresa sobre el convento de los Neristas y, muy cerca, se encuentra el Teatro Nacional. En el tiempo de los grandes cipreses se cuenta que no cabían los músicos y toda la esquina era una sola melodía.  

Cuando el presidente Antonio Guzmán Blanco ordenó la clausura de todos los cementerios ubicados en el área metropolitana de Caracas, el terreno ocupado por el camposanto fue vaciado y comenzó a emplearse para la actuación de teatros de corral y circos ecuestres. Años después, en 1883, se construyó allí la plaza Washington, un amplio espacio de caminerías peatonales que ostentaba al centro una estatua del prócer estadounidense. El 23 de junio de 1904, el presidente Cipriano Castro decretó la construcción del Teatro Nacional de Caracas, según proyecto del arquitecto Alejandro Chataing. El teatro ocupó la mitad sur de la plaza Washington y años después la estatua central fue trasladada a la avenida 19 de diciembre en El Paraíso, donde permanece actualmente. El resto de la plaza se llamó entonces Plaza Henry Clay, en honor al político y orador estadounidense que propuso ante el congreso de Estados Unidos el reconocimiento de la independencia. 


Esquina Las Monjas 

Nos ubicamos en este punto de la ciudad al pararnos en el ángulo suroeste de la Plaza Bolivar. Cuenta la historia que en el siglo XVII, hubo una viuda que dedicó su vida y fortuna a la Iglesia. Su hermosa casa de dos pisos,  previa autorizacion del regimen colonial se convirtió en 1637 en el Convento de las Monjas Concepciones, pero ademas la señora Juana de Villela viuda del Capitan don Lorenzo Martinez, sus cuatro hijas, tres sobrinas y dos criadas tomaron los votos como monjas. Pero aquí no termina la historia.

En este convento no se aceptaban muchachas negras, las aspirantes debían ser blancas y de linaje aristocrático, sus familias debían comprometerse con ayudas para promover la fe y estaba prohibida la lectura. Ademas, se contaba que las paredes del convento encerraban secretos siniestros, que las monjas tenian joyas de gran valor, oro y perlas preciosas. 

Descubrimos que una de las mujeres más importantes de nuestra historia estuvo encerrada en aquel lugar, Luisa Cáceres de Arismendi, quien fue recluida en un cuarto de penitencias, vigilada de cerca por las monjas Concepciones que todos los días pedían a la heroína que se arrepintiera de sus pecados.  

Decadas despues de que Venezuela obtuviese su independencia de España, el General Guzman Blanco en el año 1874, ordenó cerrar todos los conventos del pais. Las monjas obligadas a desalojar el convento, se resistieron por todos los medios y se enfrentaron a tal decision. El gobierno para demostrar su poder, desplego un contingente policial abriendo las puertas del claustro y expulsando a todas las religiosas sin permitirles nisiquiera llevar sus pertenencias.  De las riquezas no se supo nada, la leyenda popular cuenta que antes de abandonar el convento, la última abadesa María Teresa de las Llagas se encargó de esconder las sagradas riquezas. 

El edificio fue demolido y sobre sus ruinas en 1875, Guzman Blanco ordeno construir el Capitolio de la Nacion, actual sede de la Asamblea Nacional.


Esquina de Angelitos

El plano de caracas de 1843  identifica la conocida esquina de Los Angelitos como Angelitos de Pilita, tal vez por la existencia de una fuente o por la existencia de angelitos o querubines en algún lugar de las paredes que existían en el lugar. Sin embargo, se dice que en aquel sitio de la ciudad para el año de 1830, el General Páez tenía intereses por invadir un predio ajeno, cuyo dueño tenia fama de hombre de pocos amigos y le sobraba el valor para cobrar ofensas en su honor. 

No se trataba de invadir un terreno o una casa. Se trataba de una hermosa mujer que había flechado al Centauro de las Queseras como era conocido el presidente Páez. Ante tanta belleza el miedo no existía y especialmente cuando se contaba con guardias que le cuidaban las espaldas. Así cuando el general iba a visitar a la dama en cuestión, dejaba a la entrada del callejón a sus edecanes, veinte jinetes bien montados y armados con lanzas. Ellos resguardaban su vida y estaban alerta de la posible llegada del marido de la susodicha. La presencia de aquellos guardianes motivó que los bromistas nombraran la esquina con el nombre de “los angelitos”. De ser verdad esta historia, es posible que el humor popular aplicara a estos hombres el nombre que ya tenía la esquina de Los angelitos de la pilita.