Publicado el 3 comentarios

caleidoscopio

LOS APORTES DE USLAR PIETRI 

                                                                                       Enrique Viloria Vera

Son muchos los aportes que nuestro polifacético Arturo Uslar Pietri realizó en diferentes dominios del saber y que aún perduran como referentes para comprender mejor lo que somos y porqué lo somos. En esta oportunidad queremos subrayar los más relevantes, en nuestro criterio: 

El Realismo Mágico: Uslar es un escritor que a temprana edad ya había adquirido resonancia tanto en Venezuela como en Francia, por su novela octogenaria Las Lanzas Coloradas. En Paris, compartió ciudad y oficio con  Alejo Carpentier y Miguel Ángel Asturias, al tiempo que desempolvaba de su inconsciente el término Realismo Mágico para caracterizar a una literatura que revela, descubre y expresa en toda su plenitud inusitada esa realidad casi desconocida y casi alucinatoria que era la de América Latina para penetrar el gran misterio creador del mestizaje cultural.  El propio Uslar señala: “por el final de los años veinte yo había leído un breve estudio del crítico de arte alemán Franz Roh sobre la pintura postexpresionista europea, que llevaba el titulo de Realismo Mágico. Ya no me acordaba del lejano libro, pero algún oscuro mecanismo de la mente me lo hizo surgir espontáneamente en el momento en que trataba de buscar un nombre para aquella nueva forma de narrativa”.

El Mestizaje Americano es otro de los grandes temas en los que Uslar ha dejado su impronta personal .En efecto, el escritor, en muy diversos ensayos y artículos, y desde diferentes perspectivas, aborda el tema del mestizaje americano para insistir en él, una y otra vez, a objeto de explicarlo en sus variadas manifestaciones, y, muy especialmente, en la cultural. Recuerda Uslar que “es sobre la base de este mestizaje fecundo y poderoso donde puede afirmarse la personalidad de la América hispana, su originalidad y su tarea creadora. Con todo lo que le llega del pasado y del presente, puede la América hispana definir un nuevo tiempo, un nuevo rumbo y un nuevo lenguaje para la expresión del hombre, sin adulterar lo más constante y valioso de su ser colectivo, que es su aptitud para el mestizaje viviente y creador.” Uslar resalta las expresiones de ese mestizaje cultural presentes en el Barroco americano, en el modernismo, en el sincretismo religioso y en los movilizadores mitos americanos como el Dorado.  

La Venezolanidad: Venezuela, la identidad del venezolano, la imagen del país, en fin, la Venezolanidad fue un tema constante en las numerosas, diversas y enjundiosas reflexiones que realizó Uslar Pietri durante su larga y fructífera vida intelectual. Para el escritor «esa unidad de tierra, de hombres y de destino ha ido revelándose en distintos tiempos de distinta manera. Ha empezado por sentir su condición y luego ha comenzado a expresarla en confesiones y revelaciones. Ha habido primero una visión exterior de una realidad, de un enigma, ha habido luego una sensación interior de esa realidad, y, al final, ha habido las tentativas de expresión de esa realidad. Esto es lo que podríamos llamar el proceso de invención de Venezuela.» A estos efectos, el escritor estudió los nombres de Venezuela, el rescate del pasado, nuestro irremisible carácter de hispanoamericanos y, por último, el mestizaje como hecho fundamental de la identidad del venezolano, a objeto de entender mejor la venezolanidad.

EL Rentismo Petrolero: Con aguda visión de lo que podía ocurrir en el país si no se diversificaba la economía nacional, en 1936, Uslar acuñó su celebérrima frase “hay que sembrar el petróleo” que aún continúa siendo objeto de críticas y loas, e influenciado las políticas públicas y las discusiones sobre el porvenir del país. Para Uslar “sembrar el petróleo” significaba: “no abandonarnos a la poderosa corriente unilateral que constituye la industria petrolera, sino por el contrario, canalizarla, dirigirla, aprovecharla, para que con su fuerza y riqueza anime y movilice todas las actividades económicas del país”. La reciente realidad nacional le da profunda razón a los viejos temores del escritor cuando además advierte que «una parte de esa gran riqueza se ha invertido en crear un Capitalismo de Estado. Ese Capitalismo de Estado tiene consecuencias graves. Si sigue creciendo ilimitadamente, Venezuela va a llegar a ser un país, no ya de dependientes del petróleo, sino de dependientes del Estado, y ese capitalismo monstruoso del Estado, llegará fatalmente a convertirse en una terrible máquina de tiranizar.»

Los estudios de Economía Venezolana: Uslar Pietri tiene además el mérito de haber contribuido significativamente al inicio de los estudios de la economía nacional, cuando para apoyar su Cátedra de Economía Política en la Facultad de Derecho de la UCV publica lo que se considera el primer texto de economía adaptado a la realidad venezolana. Sumario de Economía Venezolana, para alivio de los estudiantes, mezcla de informe económico, libro de geografía e historia económica.  


LAS LANZAS COLORADAS: una novela de la guerra

                                                                                        Enrique Viloria Vera

                                                                              «La guerra, Inés, es algo terrible.»  A.U.P.   

                                                                                                                                                                                                                                        

En París, un mozo de nombre Arturo y de apellidos Uslar Pietri, escribió una novela pionera –  Las Lanzas Coloradas – que fue prontamente  publicada en el año 1931 en España, concitando de inmediato el interés del mundo literario hispánico. La novela –  concebida originalmente como un guión cinematográfico – constituye al decir de Domingo Miliani: “un modo de ir a los orígenes de la conciencia nacional en agraz, en el período emancipador, sin caer en los esquemas de la novela histórica galdosiana”.

 La obra del joven Uslar es a todas luces una novela de la guerra, de las muchas y muy disímiles guerras que enfrentan sus contradictorios personajes. El escritor, sin ambages, afirma: “El mundo no ha sido hecho, Inés, para lo mejor (…) la guerra está en él, y nadie la ha traído, ni nadie podrá quitarla”. 

Variadas son pues las guerras, los conflictos, las beligerancias, que los distintos protagonistas uslarianos están llamados a cumplir en un estrenado siglo XIX en que se ponían en juego las nociones  de derechos humanos, de libertad y de justicia. Corrían los tiempos iniciales de una larga guerra emancipadora que trastocó vidas, instituciones y conceptos para dejar, a la larga, una secuela de innúmeras muertes ofrendadas en nombre de una patria nueva, de una Venezuela posible. 

Esas profusas guerras asumen características distintas, dependiendo del personaje que la libra.

Presentación Campos, “un pardo grande, fuerte, pretencioso”, asume desde muy temprano su propia y ansiada guerra: aquella que lo hará ganar real para salir de la pobreza y la esclavitud. Se encabrita el mulato en la hacienda “El Altar” para acabar con la inocente virginidad de la Niña Inés y destruir a fuego vivo,  el patrimonio familiar que con mucho esfuerzo construyeron los Arcedo y los Fonta. Es que Presentación Campos: “despreciaba al amo. Su instinto lo rechazaba, lo sabía indeciso y tímido (…) “¿Vamos a la guerra?” “No” ¿A la guerra?… ¡Tenía miedo y tan linda cosa como era la guerra!…Un buen caballo, una buena lanza, un buen campo y gente por delante!…”

Es que ciertamente el amo Ferrando era un verdadero pusilánime, un niño de papá, un melindroso, que no sabía a que dedicar su mullida vida, si a los libros o más bien a Dios: “El pensamiento era como una tentación. Como una provocación a someter la vida a un principio, a una ordenación, a una regla: Al fin, habría de decidirse, y decidirse era prescindir de otras muchas cosas igualmente posibles y deseables. Escoger era renunciar.” Y para contribuir con su incertidumbre y  debilidad, su amigo Bernardo lo invitó a uno de los secretos cenáculos donde los mantuanos caraqueños hablaban de Miranda y de Rousseau, de un contrato social, de una bandera tricolor, de utopía, democracia, justicia y libertad.  A la salida del encierro, más confundido aún, el vacilante Fernando le rezaba a Dios trémulamente: “Padre nuestro, te ruego que hagas nacer la patria; que la hagas nacer fuerte y buena. Te ruego, Padre nuestro, por todos los hombres que la van a hacer, por todos esos hombres que están lejos, que no conozco y que son para siempre mis hermanos. Padre nuestro que estás en los cielos…”

Por su parte, el Capitán David llegó de Inglaterra para participar en una guerra que no era suya, le entusiasmaba alejarse por un tiempo de la vieja y dulce Albión para ver como se construía la libertad al otro lado del Atlántico. Llegó súbito para morir también súbitamente, rememorando lejanas batallas que parecían una ordenada formación de soldaditos de plomo que desconocían lo que era una montonera dirigida por un tal Boves: un hombre desconocido, al que llamaban el Diablo: “por donde pasa, mata, roba, incendia. Es como una peste”. El romántico Capitán David, al oír la descripción del Azote de Dios exclamó: “Es curioso…Parece ser prodigiosamente valiente y atrevido. Me gustaría conocerlo”.

Ni Fernando, ni Bernardo, ni el Capitán David, ni muchos otros patriotas, lo conocieron, murieron en la batalla de La Victoria, haciéndole honor a la juventud, intentando todos construir patrias propias y ajenas. ¡Era tan fácil morir en aquellos días!

Inés, la niña bonita y bien, el ama de “El Altar”, desflorada, desfigurado su rostro hasta el asco por el incendio provocado por el sanguinario Presentación, continúo persiguiendo su venganza por caminos equivocados, donde siguieron blandiéndose las lanzas coloradas con su mensaje de sangre y muerte.

La única que vivió feliz para contarlo fue La Carvajala, que cabalgando junto al alzado Presentación Campos, llegó una noche a Garabato, donde “el Coronel Zambrano la había saludado con respeto, y todos los hombres la habían visto con humildad, los soldados ebrios, los negros lascivos, los hombres acostumbrados a violar las mujeres; todo porque ella era la mujer de un jefe”.  

Boves continúo su lucha hasta entregar su vida en Urica, Bolívar – “el hombre que ha obsesionado toda la tierra de Venezuela” – pasó a lo lejos; Presentación Campos no pudo verlo, en su celda: “suavemente dejó resbalar la mano de la reja, y fue a desplomarse sobre la tierra húmeda, la carne pesada de muerte”. 

TRES VERSIONES VENEZOLANAS DE UNA SOLA EMOCIÓN

                                                                                          Enrique Viloria Vera 

Con especial deleite acepté realizar la presentación de tres poetas venezolanos que, a su manera, representan la buena poesía que crecientemente se escribe en Venezuela. Son además tres poetas de mi afecto, a los que he seguido con especial interés.

De José Pulido puedo afirmar que es uno de los mejores exponentes de la poesía urbana latinoamericana. Su obra es un permanente canto citadino a esa horrible ciudad que es la Caracas de la Revolución Bolivariana. Nuestro poeta es un transeúnte permanente. Como peregrino impenitente y reiterado, anda y desanda las calles y avenidas de su entorno urbano para descubrirse descubriendo, revelando circunstancias inauditamente cotidianas, la presencia, anodina o indeseada, de un conjunto de seres del común, inocuos, irrelevantes para los demás, que pasan por la vida para vivirla biológicamente, sin mayores preocupaciones, como vaya viniendo, tal como se presente día a día. El escritor eleva a la categoría de protagonistas de su feroz y descarnada poesía a unos ciudadanos variopintos que, a su vez, también deambulan, moran, se estacionan, duermen, orinan o defecan en las explanadas, calles o vericuetos de una vecindad, de un barrio, de una urbanización que por más que por voluntad propia, por necesidad, han convertido en pequeña patria. Poema tras poema, van apareciendo inusitados personajes que dejan por instantes sus inveteradas rutinas para obtener unas líneas de gloria en los versos de un poeta que es, él mismo, una gran avenida de la existencia ajena. Ojeroso de insomnios, el poeta implora en cada poema la infinita bondad del Señor, en una plegaria personal que busca salvarlo de su impenitente condición urbana.

Carmen Cristina Wolf va de afuera hacia adentro, incorporando a sus rincones personales un biombo etéreo, una pared arrebatada, que construye con ladrillos de nube, rememorando a sus místicos poetas. La poetisa – como gusta de llamarse – es tributaria de Sor Juana Inés de la Cruz, de Teresa de Ávila o de San Juan de la Cruz. En efecto, nuestra poetisa, es capaz de elaborar un fiel retrato de la bienvenida cotidianidad, cantándole a sus manos que, sin fatiga, han servido para mimar, saludar, arrullar, tejer, doblar, planchar, confortar, fregar y cocinar el pan cotidiano que convoca a la mesa a su acariciada y siempre presente familia. En su celebrado poema que demanda la atención de su amado, expresa a cabalidad las ganas de amar y ser amada. En el poema que antologamos es ahora el viejo caserón de la familia el que apellida querencias y fantasmas, afectos y recuerdos, y sirve de telón a la mística poetisa, quien – levitando – ve, con los ojos del espíritu, la querida casona familiar que permanece física, vigente y actual, aún sin ella que desanda otros vecindarios sin paredes ni techumbres.

José Tomás Angola es difícil de asir en su expresión poética, su obra es urbana e intimista, experiencialista y transgenérica. Va y viene de lo que le ocurre y no, de lo que se imagina y pergeña para que él mismo o alguno de sus otros personajes de su poesía escénica exprese un sentir, una emoción, que puede no ser propia o no ser de nadie.  La poesía de Angola es siempre una apuesta: un gambito: puede que ganemos o perdamos; él estará siempre impertérrito como el gélido crupier de un casino sin propietario que dice tajante e indiferente: no va más.  Hacerse viejo es de gente impaciente, / así que no te creas el desfile de los calendarios. / Siempre mienten, / engañan para hacerse los importantes, / como los malos amantes. / Huye de la arena del reloj…” Y nosotros esperanzados, escurrimos el bulto poético, evitamos la letra evidente, pasamos la mano, quebramos los relojes, y esperamos –  cándidos – creerle al poeta –  a fin de que la puta vida nos acompañe un momento más”. 

3 comentarios en “caleidoscopio

  1. Excelente, Leonardo. Me recuerda a la situación argentina durante los años de la última dictadura (1976-83). Como sabes escribí sobre Teatro Abierto 1981 (se cumplen 40 años) y entre otras causas, la alienación de todo un pueblo… la censura… muchas de las causas que nombras… qué tristeza… Un fuerte abrazo.

    1. Gracias, querido Miguel Ángel.

  2. Muchas gracias por el texto. Es bella tu vinculación primigenia con el teatro, con ese recorte de periódico de tu padre, y como todo se desliza hasta la obra de Samano y Sacristán. Me has dado ganas de volver de nuevo a una sala…

Deja un comentario