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El intertexto y la soledad en El Bramido de Düsseldorf

Por Oscar Villanueva

El Bramido de Düsseldorf de Sergio Blanco es la nueva apuesta del grupo venezolano Deus Ex Machina. Esta obra narra la agonía y muerte del padre de Sergio Blanco en una clínica de Düsseldorf, ciudad a la cual el dramaturgo viaja con su progenitor para sacar adelante un proyecto que nunca sabremos con certeza o exactitud cuál es. A medida que se desarrolla la historia, surgen tres posibilidades: asistir a una exposición sobre el asesino en serie Peter Kürten, introducirse en la industria del porno o convertirse al judaísmo. Cabe destacar, que el dramaturgo denomina esta obra como una autoficción, por poseer vestigios de su realidad y ficcionales.

Por esa razón, podemos reconocer otra tríada en la pieza: los tres planos de realidad que presenta el dramaturgo en su propuesta. El primero es su propia realidad, la de Sergio Blanco tratando de redactar una historia que pueda llevarse a escena; el segundo refiere a la realidad virtual que se representa, en la que el espectador venezolano viaja a Alemania y acepta el mundo de un personaje ficcional; y el tercer plano es el de la representación en sí misma, en el que los actores se reconocen como intérpretes que llevan a cabo un montaje escénico. En dicho montaje Elvis Chaveinte interpreta a El Hijo (Sergio Blanco), siendo así el encargado de ser el hilo conductor de todo el montaje y de diferenciar cada cambio escénico de la obra. Por otro lado, se encuentra Djamil Jassir quien le da vida a un personaje prosopopeya: un padre que le gusta bailar y que se caracteriza por su manera irónica de recordar la historia de su muerte; y, por último, tenemos a Carolina Torres quien asume a distintos personajes con una diferenciación muy marcada a partir de pequeños detalles. En cuanto a la dirección, Rossana Hernández demostró nuevamente que le funciona en gran medida ser minuciosa al dirigir, precisamente por darle la importancia que merece a cada pormenor del montaje. 

Una vez entendidos los tres planos, junto con las tres realidades y el trabajo de los tres intérpretes, podemos profundizar en un elemento destacado en esta pieza desde la dramaturgia y la dirección: el intertexto. Este es definido por Patrice Pavis (2012) en su Tesis para el análisis del texto dramático como “(…) la suma de alusiones o de fuentes de otros textos que el lector está en condiciones de identificar. No es solamente lingüístico o literario, es también visual, gestual, mediático o cultural”. El intertexto más evidente en esta obra es La ira de Narciso, del mismo dramaturgo, quien lo utiliza como un elemento constante durante el desarrollo de la trama. Allí es donde se nota la inteligencia de la dirección de Hernández, gracias a que ella llevó a escena ese texto en el año 2019 y utiliza una propuesta de puesta en escena semejante a su antiguo montaje. Este recurso permite que el imaginario del espectador vincule un montaje con el otro. 

Igualmente, el intertexto se reconoce con la presentación de Bambi (1942), la película de Disney dirigida por David Hand y la película de Fritz Lang acerca del Vampiro de Düsseldorf titulada M, el maldito (1931). Todas estas referencias, guían al espectador a partir de imágenes simbólicas para entender la temática principal de la obra: la soledad. Es decir, Bambi es un personaje que se queda sin madre, por lo que tiene una vida solitaria; y la verdadera identidad del Vampiro de Düsseldorf es desconocida por su esposa, por lo que es un incomprendido social. En la trama pornográfica de la obra también podemos reconocer este tema gracias a que estos videos son hechos principalmente para que un individuo pueda sentir placer en su soledad.  El conflicto acá es que el hijo se queda solo y reconstruye cómo ocurrió la muerte de su padre para sobrellevar esa pérdida. No obstante, el verdadero problema de El Hijo es que su soledad es buscada. Tal vez, esa es la razón por la que no permite que sus hermanas viajen para despedir a su padre. Lo que demuestra el mismo nivel de egocentrismo que poseía el protagonista de La Ira de Narciso.  

Definitivamente, El Bramido de Düsseldorf es una obra que no se debe perder el público amante del teatro en Caracas. La misma se estará presentando los viernes, sábados y domingos en el Espacio Plural del Trasnocho Cultural a las 4:30 pm. 


Sin Título: un proceso creativo democrático


Por Oscar Villanueva

Hacer teatro en Venezuela no es fácil, y en medio de la pandemia del Covid-19 las dificultades aumentaron considerablemente. En enero de este año, Camila Rodríguez (directora de teatro) y yo, nos propusimos dirigir una obra para la edición especial del Festival Teatral de Universitarios (FESTEUS) gracias a un empujón que nos dio el productor Douglas Palumbo la semana que anunciaron la reapertura de los teatros – con todas las medias de bioseguridad−. A continuación, les contaré cómo fue llevado a cabo este proceso teatral.

Sin Título es una compilación de tres textos teatrales del absurdo: Los saludos Escena para cuatro personajes de Eugène Ionesco, y Acto sin palabras de Samuel Beckett. Estos textos llegaron a nosotros en medio de una búsqueda amplia que pretendía encontrar una obra que pudiera ser posible en estas condiciones, interpretada por estudiantes universitarios y que hablara de cómo nos sentimos los seres humanos en este momento; y digo seres humanos, porque considero que el sinsentido se volvió universal por la aparición del virus. Camila estuvo encantada con la selección de las obras por su indagación personal en el teatro del absurdo, y yo estuve fascinado porque eran obras totalmente distintas para mí y veía en ellas grandes posibilidades. 

Cuando estuvimos de acuerdo, tuvimos que decidir quién iba a dirigir el espectáculo. Allí se presentó el primer vestigio democrático de este proceso. Gracias a que ambos teníamos una necesidad de llevar estas obras a escena, conversamos sobre la posibilidad de dirigir en conjunto. Este hecho es poco usual, ya que si es difícil realizar un montaje con un solo director, teniendo dos podría haber un gran problema para llegar a un consenso estético y conceptual. Sin embargo, optamos por esa última opción, teniendo en cuenta las dificultades que implicaba. De allí, hicimos nuestro primer acto de dirección conjunta: buscar actores.

Teníamos claro el tipo de persona que queríamos en la obra, así que fue relativamente fácil contactar a los intérpretes. Rohan Montilla fue el primero, un actor cuyo gran fuerte es la improvisación. César Castillo fue el segundo en ser contactado porque Camila lo había visto trabajando conmigo en la versión de Asia y el lejano Oriente de Isaac Chocrón dirigida por Ana Victoria Silva. Isvannis Hernández fue la primera mujer en ser llamada por haber sido mi compañera de formación teatral, y por tener una fuerza en el escenario que necesitaba la obra. Nos faltaba una sola persona y sabíamos que sería una bailarina, pero las actrices que habíamos pensado en primer lugar no tenían la disponibilidad. Por eso, llamamos a María Elena Sánchez, una bailarina que había tenido experiencia actoral previa y que estuvo encantada de trabajar con nosotros. 

Estos cuatro actores fueron una parte fundamental de lo que es la obra hoy en día. Sobre todo, porque gracias a ellos, Camila y yo actuamos en el espectáculo. Además, sus votos fueron importantes para la selección del nombre porque hicimos unas elecciones para ello. Todos los miembros del equipo propusimos distintos nombres para el espectáculo y finalmente, la propuesta ganadora fue dada por mí: Sin título. Ese nombre tuvo mayor impacto para todos por mantener la esencia del absurdo en sí mismo. ¿Cómo es posible que exista una obra de teatro pero que no tenga título? Esa pregunta la hizo ganadora de nuestro proceso electoral. Creímos pertinente mantener la pluralidad de ideas y que el público fuese quien diera el nombre de la obra porque cada quién tiene un viaje particular al verla.

El proceso de montaje fue realizado en la Sala de Teatro La rampa que está a cargo del grupo Igual a Uno Teatro y está ubicada en el sótano de Parque Central. Allí nos abrieron las puertas y pudimos llevar a cabo nuestra creación teatral. Una creación que tuvo muy presente el carácter democrático. Desde el inicio, les aclaramos a los actores que queríamos trabajar con sus propuestas. No está de más resaltar que nosotros ya teníamos una idea clara del montaje metateatral que íbamos a realizar, solo que estábamos conscientes de que los aportes de cada miembro del equipo nutrirían mucho a la obra. Por eso, siempre estuvimos dispuestos a probar, lo peor que podía ocurrir era que no funcionara; y de eso trata el teatro, del ensayo y error.

Camila y yo teníamos reuniones de dirección para definir cada ensayo. Lo bueno de nuestro trayecto era que conocíamos las fortalezas y debilidades del otro; y, los gustos y desagrados. En esas reuniones además de hablar sobre la estética y el concepto de la pieza, asumimos la producción del espectáculo. Éramos dos jóvenes estudiantes hacedores de teatro con ganas de llevar a cabo una obra en un contexto que nos jugaba en contra. Por suerte, las personas nos jugaban a favor. Nuestro gran apoyo fue nuestra asistente de dirección, Isabel Araque, quien estudia conmigo en la Universidad Central de Venezuela (UCV) y empezó su carrera artística en el área musical. Detrás de esta obra hay muchas ayudas, ha sido un proceso colaborativo y lleno de mucho cariño. En él, se reconocen los sueños de sus integrantes y la posibilidad de que todavía se puede crear en Venezuela. Además, nos terminó demostrando lo valioso que es escuchar al otro porque si nos hubiésemos enfocado únicamente en nuestras ideas como directores, lo más probable es que el espectáculo no tuviera la magia que posee.

Después de realizar varias presentaciones, Sin título se volverá a presentar en el espacio plural del Trasnocho Cultural el miércoles 26 de mayo a las 6:00 pm en el marco del Festival Teatral de Universitarios: Edición Especial.

3 comentarios en “caleidoscopio

  1. Excelente, Leonardo. Me recuerda a la situación argentina durante los años de la última dictadura (1976-83). Como sabes escribí sobre Teatro Abierto 1981 (se cumplen 40 años) y entre otras causas, la alienación de todo un pueblo… la censura… muchas de las causas que nombras… qué tristeza… Un fuerte abrazo.

    1. Gracias, querido Miguel Ángel.

  2. Muchas gracias por el texto. Es bella tu vinculación primigenia con el teatro, con ese recorte de periódico de tu padre, y como todo se desliza hasta la obra de Samano y Sacristán. Me has dado ganas de volver de nuevo a una sala…

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