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caleidoscopio

CREENCIAS, VALORES Y COSTUMBRES

Leonardo Azparren Giménez

            Los individuos y grupos sociales tienen sistemas de creencias, valores y costumbres que dan forma a su identidad individual y social. La libertad, Dios, el bien y el mal, las celebraciones personales y sociales, por ejemplo, constituyen creencias, valores y costumbres arraigados en el ser individual y social, y con las que se relacionan entre sí y con el mundo. Ellas le dan identidad a las naciones a lo largo de la historia. Las guerras de invasión, por ejemplo, son la peor amenaza, así como la imposición de leyes que invaden la privacidad de las personas.

Sin embargo, tarde o temprano la historia de las naciones retoma su camino; por eso el conflicto entre civilizaciones, siendo una terrible amenaza, fracasa en los procesos históricos. Cuando un país lucha por su independencia, lucha por su sistema de creencias, valores y costumbres, Los pueblos se aferran a su tierra, porque ella es de los ancestros que a lo largo de la historia crearon su sistema de creencias, valores y costumbres.

Son variados los casos que intentan cambiar y hasta hacer olvidar el sistema de una nación. Cambios de nombres, cambios de fechas e imposición de nuevas, construcción política de héroes, imponer una sola interpretación de la historia; en fin, intentar borrar la memoria colectiva para imponer otra. Son intentos inspirados y guiados por ideologías cerradas, como la del “hombre nuevo”.

Ese fue el fracaso de Rusia guiada por Lenin y Stalin cuando inventaron una organización social soviética, y la impusieron por algunos años a sus países vecinos. Al más importante bulevar de Budapest le impusieron el nombre de Lenin; pero en la primera oportunidad recuperó su nombre húngaro.

La civilización occidental, es decir la nuestra, comenzó con una decisión de libertad que ha costado mucha sangre a lo largo de dos milenios y medio; está arraigada de tal manera que define a nuestra civilización; una civilización que en la diversidad comparte ese valor.

El siglo veinte venezolano fue, en varios sentidos, la persecución y defensa de ese y otros valores, en varios ámbitos de nuestra vida no solo el político. Un modo de vida alimentado de creencias, valores y costumbres presentes aun en circunstancias difíciles o de interrupción. Creencias valores, y costumbres sociales, familiares y personales indispensables para tener una identidad social, familiar y personal más allá de las coacciones que cualquier poder intente imponer.

Por ejemplo las costumbres relacionadas con las fechas patrias fundacionales son sagradas; en el caso venezolano iniciativa y obra de la sociedad civil.

Los venezolanos no somos muy fieles a algunas creencias, valores y costumbres. La obsesión por el progreso y ser una sociedad up-to-day nos ha impulsado a borrar mucho de nuestro pasado, es decir de nuestra herencia colectiva, razón por la cual el complejo de Adán se ha hecho presente algunas veces. Siempre alguien anuncia un nuevo comienzo, prometedor y esplendoroso, por lo que carecemos como sociedad e individuos de un un pasado que nos dé soporte.

Obviar o anular creencias, valores y costumbres empobrece; reduce a nada valiosas experiencias para caldo de cultivo de algún recién llegado. Con su anulación se busca hacer perder una identidad social y personal. La civilización occidental ha podido sobrevivir y crecer en más de dos milenios por la fortaleza de sus raíces de creencias, valores y costumbres. También otras civilizaciones, por lo que se habla y se experimentan conflictos entre civilizaciones, sangrientos o no, de pretensiones hegemónicas o no.

Las creencias, valores y costumbres no se imponen; surgen y crecen con la historia de las sociedades. El grave error de algunos políticos es querer imponerlas con decisiones políticas. Los pueblos, sabios, esperan. Son varios los ejemplos en los que retoman su curso histórico para recuperar sus creencias, valores y costumbres.

LA LIBERTAD

Leonardo Azparren Giménez

Alguna vez oí decir o leí que el hombre es el escándalo de la Creación porque es libre mientras el resto de la Naturaleza está sujeto a normas necesarias. Es libre, incluso, para negar la Creación y a sí mismo. La libertad constituye, desde este punto de vista, su cualidad metafísica esencial, porque es imposible que el ser humano carezca de conciencia de sí, ámbito donde reside la libertad. Podrá restringirla, sin duda, pero al hacerlo reconoce su cualidad metafísica imposible de extirpar. La libertad no es anarquía ni anomia porque la libertad de cada quien no puede –debe- invadir la del otro. Por eso, la libertad es también un aprendizaje de humanidad. Cada quien es libre porque el otro lo es; en consecuencia, cada quien tiene conciencia de su esencia libre.

Ha tardado tiempo el hombre para saber y tener conciencia de su libertad, aunque siempre la ejerció libérrimamente. Podría decirse que la historia de la humanidad es la historia del ejercicio de la libertad y del esfuerzo humano para conservarla ante cualquier ataque. Por ejemplo, la libertad de los griegos ante la amenaza de los persas, quienes querían someterlos y destruirlos. La libertad de los judíos ante sus cautiverios babilónicos. La libertad de los aborígenes ante sus conquistadores. La libertad se mide en relación con la conciencia del Yo de cada quien y de cada comunidad: familia y/o nación.

Bien puede decirse que el teatro es el arte privilegiado de la libertad. Sus conflictos son el contrapunteo entre dos visiones de la realidad. Pío Miranda, el personaje de José Ignacio Cabrujas en El día que me quieras, inventa la mentira de una vida feliz y libre de contratiempos en la Ucrania soviética. Cabrujas representó su fracaso diez años antes de la caída del muro de Berlín. Los casos son muchos y diversos. Es así porque el teatro representa respuestas simbólicas de la vida.

A pesar de la esencia común del género humano, somos heterogéneos por circunstancias históricas; digamos, todos somos mestizos; por tanto, valoramos la libertad de diferente manera. Por ejemplo, cuando se la quiere someter a proyectos masificadores y/o mesiánicos en los que se desdibuja la conciencia individual para imponer una informe conciencia colectiva que conllevaría alguna felicidad no alienada; o cuando se intenta imponer un sentido étnico de nación.

Libertad para crear, crear en cada instante de la existencia y, así, construir la vida y su historia. Cada instante, cada presente, es la constatación del misterio de la libertad, que el ser humano ejerce muchas veces sin tener conciencia de ella, tal es su cotidianidad. Pero en situaciones excepcionales (colonización, guerras…) toma plena conciencia de la libertad.

La libertad es base y fundamento filosófico de los regímenes denominados democráticos; así es desde Clístenes en el 510 a.C. Son regímenes concebidos para realizar la libertad de todos para todos. Y de todos para todos significa una vida en conjunto, llamada comúnmente social. Por eso Aristóteles (siempre él) dijo que el hombre es un animal político. No en el sentido que “político” tiene hoy en día; sino en significado derivado de pólis. El hombre es humano en la medida en que vive en comunidad, ejerciendo y realizando su libertad.

Los oligarcas quisieron expulsar a Sócrates de Atenas y transformarlo en un apátrida. El optó, libremente, por el suicidio y permaneció en Atenas. Manera muy dramática de ejercer la libertad y no perder la condición de ciudadano, de ser humano.

El poder, cualquier poder, no respeta parcial o plenamente la libertad. El poder, cualquier poder, es sinónimo de norma. Para proteger la convivencia humana. Para imponer un tipo de convivencia humana. Siempre la libertad está en el centro de cualquier discusión. Cuando los griegos enfrentaron a los persas en Salamina, Temístocles solicitó a los dioses “protección y defensa contra los bárbaros en bien de la patria”. Y sentenció:

“Los tesoreros y las sacerdotisas deben permanecer en la Acrópolis, guardando las posesiones de los dioses. Todo el resto de los Atenienses y de los extranjeros que hayan llegado a la edad militar deben embarcar en los doscientos barcos preparados y luchar contra los bárbaros por la libertad de sí mismos y de los demás griegos.”

Fue la salvación de la civilización occidental que en esos mismos años echaba sus raíces.

OCCIDENTE = CIVILIZACIÓN OCCIDENTAL

Leonardo Azparren Giménez

Recientemente el término “Occidente” ha adquirido, por vía negativa, un rol protagónico en la opinión pública mundial. Es un término que, en primer lugar, remite a una zona geográfica, aunque sus características esenciales no son, precisamente, geográficas; el término connota un modo o modelo de civilización. “Occidente” es, ciertamente, Europa y América en su conjunto. Quienes no pertenecen a esas áreas geográficas emplean el término para referirse al otro. Se deduce que Oriente es una zona geográfica distinta; pero también es un modelo civilizatorio distinto. Es una diferencia geográfica con implicaciones más profundas de las que privan en la superficie. Se la puede considerar maniquea y simplista: Occidente-Oriente, porque excluye otras zonas: por ejemplo el Sur en su inmensidad. Sin embargo, algo de realidad hay en esa diferencia binaria, porque connota dos modelos civilizatorios.

No en términos políticos sino históricos y culturales, ¿qué es Occidente o la civilización occidental? Es interesante e importante considerarlo, porque la visión política reduce su significado, por ejemplo a relaciones de poder político y económico. Occidente y Oriente son mucho más. La historia de Occidente ha sido la afirmación y permanente discusión y desarrollo de sus raíces greco-latinas y judeo-cristianas, sin pensar en renunciar a ellas. Las raíces de Occidente dan unidad a quienes se consideran integrantes de la cultura occidental. Muy distinto con Oriente, por las diferencias marcadas entre la vasta zona del Medio Oriente e India y China, países hegemónicos en el Extremo Oriente. Occidente es, en suma, un modelo de civilización.

La civilización occidental tiene una historia de crisis y superación desde su origen, por allá en Grecia en el siglo VII a. C.; por eso algunas veces se emplean las palabras proceso y progreso. En su trasfondo está un postulado, un a priori, una premisa, no siempre compartida por otras zonas del mundo: la libertad del ser humano. Las crisis de la civilización occidental han sido superadas, en estricto sentido, mediante sacudidas para perfeccionar y desarrollar la libertad. Un conflicto milenario es el intento de otras civilizaciones para estar o penetrar en los territorios de la civilización occidental. Los persas derrotados por los griegos, los musulmanes detenidos entre Budapest y Viena, por ejemplo. Europa, territorio padre-y-madre de esta civilización ha sido quien más ha padecido esos intentos y parece condenada a padecerlos. No se puede negar que la civilización occidental, Occidente, ha pecado de exclusivista y ha sido reacia a algunos procesos de integración aunque no a todos. El mestizaje en América es una prueba. En este mismo sentido, ha sido consecuente con sus orígenes grecos-latinos y judeo-cristianos.

La frontera oriental de Occidente siempre ha sido un territorio flexible, por no decir ambiguo e inestable. ¿Dónde termina el territorio occidental y dónde comienza otro? Las tribus bárbaras al final del Imperio Romano invadieron lo que hoy es Europa. El encuentro de Atila con el Papa León I le hizo desistir de conquistar Roma, el Occidente de entonces. Podríamos decir, sin exagerar, que Occidente siempre ha sido apetecible.

Una gran incógnita ha sido determinar si Rusia es o no parte de Europa; es decir, de Occidente. Rusia tuvo gran participación en el destino de los países pequeños con los que tiene frontera, desde Estonia hasta el mar negro; pero no está clara su naturaleza occidental. Iván el Terrible (1530-1584), el primer zar, optó por conquistar Siberia y algunos dominios tártaros, y orientalizó a su país mientras Occidente vivía el Renacimiento. Pedro el Grande (1672-1725) comenzó a europeizar a su país, y lo culminó Catalina la Grande (1729-1796) cuando importó la filosofía jurídica, la medicina, las artes, la cultura y la educación occidentales; en su corte se hablaba francés. El peso de Asia siempre ha sido muy grande.

En fin, la Civilización Occidental ha profundizado en su perfil, sin abandonar sus raíces, y algunas veces ha querido imponerse en otras regiones con poco o ningún éxito: también ha contenido los esfuerzos de otros por imponerse y distorsionarle su perfil. Así ha sido con la consolidación de sus regímenes políticos democráticos; es decir, conscientes de la libertad del hombre. Occidente no es una quimera ni una utopía; es un momento de consolidación de un modelo civilizatorio milenario.

Somos occidentales, nos guste o no. La caída de Constantinopla en 1453 y su conversión en Estambul consagró la diferenciación entre Occidente y Oriente.

3 comentarios en “caleidoscopio

  1. Excelente, Leonardo. Me recuerda a la situación argentina durante los años de la última dictadura (1976-83). Como sabes escribí sobre Teatro Abierto 1981 (se cumplen 40 años) y entre otras causas, la alienación de todo un pueblo… la censura… muchas de las causas que nombras… qué tristeza… Un fuerte abrazo.

    1. Gracias, querido Miguel Ángel.

  2. Muchas gracias por el texto. Es bella tu vinculación primigenia con el teatro, con ese recorte de periódico de tu padre, y como todo se desliza hasta la obra de Samano y Sacristán. Me has dado ganas de volver de nuevo a una sala…

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