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La embajada de Italia rompió todos los esquemas.

Inés Muñoz Aguirre

Los integrantes de la orquesta se abrieron paso. Caminaban hacia sus puestos asignados en el escenario. Seguramente sus corazones palpitaban más fuertes que los nuestros que veíamos cargados de expectativas aquellas sillas vacías que comenzaban a llenarse de jóvenes músicos pertenecientes al Sistema de Orquestas. Todo un engranaje que nació en 1975 y que demuestra  que contra la calidad nada ni nadie puede.  Los trajes negros que portan los interpretes buscan no restar protagonismo al instrumento que se rinde ante la caricia de quien los ejecuta. Las palabras de Plácido Vigo quien está al frente de la Embajada de Italia en Venezuela abren paso hacia la magia de la música. Celebramos el 76 aniversario de la República Italiana. Sobre el escenario la Orquesta Sinfónica Juan José Landaeta, con la participación en el piano de Arnaldo Pizzolante y bajo la dirección de Jesús Eduardo Uzcátegui. Investido de la luz de los dioses del Olimpo.

Un silencio sepulcral colma un teatro repleto para dar paso al Himno Nacional: “Gloria al bravo pueblo”. Los instrumentos en manos de sus interpretes se acoplan de manera perfecta. Inevitable las lágrimas que se acumulan en la garganta y se piensa, ¿de qué se trata esto de la nacionalidad?, ¿de qué se trata el amor a la tierra?, esa conexión inexplicable, ancestral que nadie debe profanar. 

Estamos todos de pie frente al escenario y delante de los asientos diseñados por el Maestro Cruz Diez para esta sala que no tiene nada que envidiar a cualquier sala de las grandes ciudades del mundo. Respetando lo que nos enseñaron de pequeños: “el himno nacional se escucha de pie”. Descubres en los instrumentos de percusión la urgencia,  una sensación de estar en permanente movimiento, una angustia que nos recorre el cuerpo y estalla en los platillos y el tambor. 

Después llegaría la calma, la majestuosidad del himno de Italia, cuya música es de Michele Novarro. No menciono a los autores de las letras porque la música se robó el protagonismo.  Nos trasladamos entonces, a los grandes salones de la vieja Europa, la Italia de 1847 que ve nacer esta composición que nos enreda el alma y la conduce hacia la majestuosidad, los pergaminos, oleos y dorados.

En esta introducción que tiene que ver con la ciudadanía, con el ejercicio de la vida y sus raíces surgió también y como tercera interpretación rompiéndonos el alma, el Himno a la alegría de  Ludwig van Beethoven. Música que hoy  en día se considera el himno que une las permanentes aspiraciones de Europa: la libertad.

Y sientes que son de nuevo ellos, los de la vieja Europa quienes nos colocan el espejo frente a nuestros ojos para que volvamos a vernos, a encontrarnos, a redescubrirnos en la maravilla que significa la mezcla de unos y otros. Que han trabajado todos estos años por defender el lenguaje incluyente que tanta falta nos hace para sanear nuestro espíritu porque abandonamos los espejos y no nos vimos más. Entre tanto el tiempo pasaba y aunque algunos se consumían en sus propios caldos, esos jóvenes que hoy están sobre los escenarios, estudiaban, se preparaban para doblegar su instrumento hacia la calidad interpretativa. Hacia la libertad que todos pregonamos acertada o equivocadamente. Libertad al fin. Las alas de cada uno tienen la dimensión necesaria para alcanzar el tránsito del vuelo que ha soñado.

Después vendría el gran concierto, la caricia al espíritu, la batuta del director ejerciendo como bisturí para diseccionar nuestras almas. Ella se forma de hilos que contienen nuestras emociones tal cual como sucede en una película.  Por eso la decisión de rendir homenaje a los grandes músicos de la cinematografía italiana: Ennio Morricone, Nino Rota y Piero Piccioni no podía ser más acertada. Celebración emocional. Celebración creativa.  La pantalla al fondo del escenario mostraba las imágenes que inspiraron la música. El cine es un sueño que nos envuelve a todos. Como un bisturí la batuta del director  diseccionaba el espíritu de los presentes hasta lograr que las emociones se nos volvieran pentagrama. Y mientras la música sonaba en ese escenario majestuoso con un concierto dedicado a las bandas sonoras del cinema italiano, también nos queda claro que una buena orquesta, una buena interpretación es una sumatoria, un gran rompecabezas en el cual se necesita que todas las piezas encajen. Tal cual como tiene que suceder para el desarrollo de un país. Los seis jóvenes que abrazaban sus contrabajos, quienes lograban casi hipnotizarnos con el movimiento de sus arcos y sus manos sobre las cuerdas del gran instrumento, ejercían de domadores de dragones, porque nuestra vida es eso. Necesitamos la pausa y escucharnos.

Gracias Italia por pasearnos por el país que todos queremos. Que gran celebración esta de la República Italiana en Venezuela.

CREENCIAS, VALORES Y COSTUMBRES

Leonardo Azparren Giménez

            Los individuos y grupos sociales tienen sistemas de creencias, valores y costumbres que dan forma a su identidad individual y social. La libertad, Dios, el bien y el mal, las celebraciones personales y sociales, por ejemplo, constituyen creencias, valores y costumbres arraigados en el ser individual y social, y con las que se relacionan entre sí y con el mundo. Ellas le dan identidad a las naciones a lo largo de la historia. Las guerras de invasión, por ejemplo, son la peor amenaza, así como la imposición de leyes que invaden la privacidad de las personas.

Sin embargo, tarde o temprano la historia de las naciones retoma su camino; por eso el conflicto entre civilizaciones, siendo una terrible amenaza, fracasa en los procesos históricos. Cuando un país lucha por su independencia, lucha por su sistema de creencias, valores y costumbres, Los pueblos se aferran a su tierra, porque ella es de los ancestros que a lo largo de la historia crearon su sistema de creencias, valores y costumbres.

Son variados los casos que intentan cambiar y hasta hacer olvidar el sistema de una nación. Cambios de nombres, cambios de fechas e imposición de nuevas, construcción política de héroes, imponer una sola interpretación de la historia; en fin, intentar borrar la memoria colectiva para imponer otra. Son intentos inspirados y guiados por ideologías cerradas, como la del “hombre nuevo”.

Ese fue el fracaso de Rusia guiada por Lenin y Stalin cuando inventaron una organización social soviética, y la impusieron por algunos años a sus países vecinos. Al más importante bulevar de Budapest le impusieron el nombre de Lenin; pero en la primera oportunidad recuperó su nombre húngaro.

La civilización occidental, es decir la nuestra, comenzó con una decisión de libertad que ha costado mucha sangre a lo largo de dos milenios y medio; está arraigada de tal manera que define a nuestra civilización; una civilización que en la diversidad comparte ese valor.

El siglo veinte venezolano fue, en varios sentidos, la persecución y defensa de ese y otros valores, en varios ámbitos de nuestra vida no solo el político. Un modo de vida alimentado de creencias, valores y costumbres presentes aun en circunstancias difíciles o de interrupción. Creencias valores, y costumbres sociales, familiares y personales indispensables para tener una identidad social, familiar y personal más allá de las coacciones que cualquier poder intente imponer.

Por ejemplo las costumbres relacionadas con las fechas patrias fundacionales son sagradas; en el caso venezolano iniciativa y obra de la sociedad civil.

Los venezolanos no somos muy fieles a algunas creencias, valores y costumbres. La obsesión por el progreso y ser una sociedad up-to-day nos ha impulsado a borrar mucho de nuestro pasado, es decir de nuestra herencia colectiva, razón por la cual el complejo de Adán se ha hecho presente algunas veces. Siempre alguien anuncia un nuevo comienzo, prometedor y esplendoroso, por lo que carecemos como sociedad e individuos de un un pasado que nos dé soporte.

Obviar o anular creencias, valores y costumbres empobrece; reduce a nada valiosas experiencias para caldo de cultivo de algún recién llegado. Con su anulación se busca hacer perder una identidad social y personal. La civilización occidental ha podido sobrevivir y crecer en más de dos milenios por la fortaleza de sus raíces de creencias, valores y costumbres. También otras civilizaciones, por lo que se habla y se experimentan conflictos entre civilizaciones, sangrientos o no, de pretensiones hegemónicas o no.

Las creencias, valores y costumbres no se imponen; surgen y crecen con la historia de las sociedades. El grave error de algunos políticos es querer imponerlas con decisiones políticas. Los pueblos, sabios, esperan. Son varios los ejemplos en los que retoman su curso histórico para recuperar sus creencias, valores y costumbres.

LA LIBERTAD

Leonardo Azparren Giménez

Alguna vez oí decir o leí que el hombre es el escándalo de la Creación porque es libre mientras el resto de la Naturaleza está sujeto a normas necesarias. Es libre, incluso, para negar la Creación y a sí mismo. La libertad constituye, desde este punto de vista, su cualidad metafísica esencial, porque es imposible que el ser humano carezca de conciencia de sí, ámbito donde reside la libertad. Podrá restringirla, sin duda, pero al hacerlo reconoce su cualidad metafísica imposible de extirpar. La libertad no es anarquía ni anomia porque la libertad de cada quien no puede –debe- invadir la del otro. Por eso, la libertad es también un aprendizaje de humanidad. Cada quien es libre porque el otro lo es; en consecuencia, cada quien tiene conciencia de su esencia libre.

Ha tardado tiempo el hombre para saber y tener conciencia de su libertad, aunque siempre la ejerció libérrimamente. Podría decirse que la historia de la humanidad es la historia del ejercicio de la libertad y del esfuerzo humano para conservarla ante cualquier ataque. Por ejemplo, la libertad de los griegos ante la amenaza de los persas, quienes querían someterlos y destruirlos. La libertad de los judíos ante sus cautiverios babilónicos. La libertad de los aborígenes ante sus conquistadores. La libertad se mide en relación con la conciencia del Yo de cada quien y de cada comunidad: familia y/o nación.

Bien puede decirse que el teatro es el arte privilegiado de la libertad. Sus conflictos son el contrapunteo entre dos visiones de la realidad. Pío Miranda, el personaje de José Ignacio Cabrujas en El día que me quieras, inventa la mentira de una vida feliz y libre de contratiempos en la Ucrania soviética. Cabrujas representó su fracaso diez años antes de la caída del muro de Berlín. Los casos son muchos y diversos. Es así porque el teatro representa respuestas simbólicas de la vida.

A pesar de la esencia común del género humano, somos heterogéneos por circunstancias históricas; digamos, todos somos mestizos; por tanto, valoramos la libertad de diferente manera. Por ejemplo, cuando se la quiere someter a proyectos masificadores y/o mesiánicos en los que se desdibuja la conciencia individual para imponer una informe conciencia colectiva que conllevaría alguna felicidad no alienada; o cuando se intenta imponer un sentido étnico de nación.

Libertad para crear, crear en cada instante de la existencia y, así, construir la vida y su historia. Cada instante, cada presente, es la constatación del misterio de la libertad, que el ser humano ejerce muchas veces sin tener conciencia de ella, tal es su cotidianidad. Pero en situaciones excepcionales (colonización, guerras…) toma plena conciencia de la libertad.

La libertad es base y fundamento filosófico de los regímenes denominados democráticos; así es desde Clístenes en el 510 a.C. Son regímenes concebidos para realizar la libertad de todos para todos. Y de todos para todos significa una vida en conjunto, llamada comúnmente social. Por eso Aristóteles (siempre él) dijo que el hombre es un animal político. No en el sentido que “político” tiene hoy en día; sino en significado derivado de pólis. El hombre es humano en la medida en que vive en comunidad, ejerciendo y realizando su libertad.

Los oligarcas quisieron expulsar a Sócrates de Atenas y transformarlo en un apátrida. El optó, libremente, por el suicidio y permaneció en Atenas. Manera muy dramática de ejercer la libertad y no perder la condición de ciudadano, de ser humano.

El poder, cualquier poder, no respeta parcial o plenamente la libertad. El poder, cualquier poder, es sinónimo de norma. Para proteger la convivencia humana. Para imponer un tipo de convivencia humana. Siempre la libertad está en el centro de cualquier discusión. Cuando los griegos enfrentaron a los persas en Salamina, Temístocles solicitó a los dioses “protección y defensa contra los bárbaros en bien de la patria”. Y sentenció:

“Los tesoreros y las sacerdotisas deben permanecer en la Acrópolis, guardando las posesiones de los dioses. Todo el resto de los Atenienses y de los extranjeros que hayan llegado a la edad militar deben embarcar en los doscientos barcos preparados y luchar contra los bárbaros por la libertad de sí mismos y de los demás griegos.”

Fue la salvación de la civilización occidental que en esos mismos años echaba sus raíces.

OCCIDENTE = CIVILIZACIÓN OCCIDENTAL

Leonardo Azparren Giménez

Recientemente el término “Occidente” ha adquirido, por vía negativa, un rol protagónico en la opinión pública mundial. Es un término que, en primer lugar, remite a una zona geográfica, aunque sus características esenciales no son, precisamente, geográficas; el término connota un modo o modelo de civilización. “Occidente” es, ciertamente, Europa y América en su conjunto. Quienes no pertenecen a esas áreas geográficas emplean el término para referirse al otro. Se deduce que Oriente es una zona geográfica distinta; pero también es un modelo civilizatorio distinto. Es una diferencia geográfica con implicaciones más profundas de las que privan en la superficie. Se la puede considerar maniquea y simplista: Occidente-Oriente, porque excluye otras zonas: por ejemplo el Sur en su inmensidad. Sin embargo, algo de realidad hay en esa diferencia binaria, porque connota dos modelos civilizatorios.

No en términos políticos sino históricos y culturales, ¿qué es Occidente o la civilización occidental? Es interesante e importante considerarlo, porque la visión política reduce su significado, por ejemplo a relaciones de poder político y económico. Occidente y Oriente son mucho más. La historia de Occidente ha sido la afirmación y permanente discusión y desarrollo de sus raíces greco-latinas y judeo-cristianas, sin pensar en renunciar a ellas. Las raíces de Occidente dan unidad a quienes se consideran integrantes de la cultura occidental. Muy distinto con Oriente, por las diferencias marcadas entre la vasta zona del Medio Oriente e India y China, países hegemónicos en el Extremo Oriente. Occidente es, en suma, un modelo de civilización.

La civilización occidental tiene una historia de crisis y superación desde su origen, por allá en Grecia en el siglo VII a. C.; por eso algunas veces se emplean las palabras proceso y progreso. En su trasfondo está un postulado, un a priori, una premisa, no siempre compartida por otras zonas del mundo: la libertad del ser humano. Las crisis de la civilización occidental han sido superadas, en estricto sentido, mediante sacudidas para perfeccionar y desarrollar la libertad. Un conflicto milenario es el intento de otras civilizaciones para estar o penetrar en los territorios de la civilización occidental. Los persas derrotados por los griegos, los musulmanes detenidos entre Budapest y Viena, por ejemplo. Europa, territorio padre-y-madre de esta civilización ha sido quien más ha padecido esos intentos y parece condenada a padecerlos. No se puede negar que la civilización occidental, Occidente, ha pecado de exclusivista y ha sido reacia a algunos procesos de integración aunque no a todos. El mestizaje en América es una prueba. En este mismo sentido, ha sido consecuente con sus orígenes grecos-latinos y judeo-cristianos.

La frontera oriental de Occidente siempre ha sido un territorio flexible, por no decir ambiguo e inestable. ¿Dónde termina el territorio occidental y dónde comienza otro? Las tribus bárbaras al final del Imperio Romano invadieron lo que hoy es Europa. El encuentro de Atila con el Papa León I le hizo desistir de conquistar Roma, el Occidente de entonces. Podríamos decir, sin exagerar, que Occidente siempre ha sido apetecible.

Una gran incógnita ha sido determinar si Rusia es o no parte de Europa; es decir, de Occidente. Rusia tuvo gran participación en el destino de los países pequeños con los que tiene frontera, desde Estonia hasta el mar negro; pero no está clara su naturaleza occidental. Iván el Terrible (1530-1584), el primer zar, optó por conquistar Siberia y algunos dominios tártaros, y orientalizó a su país mientras Occidente vivía el Renacimiento. Pedro el Grande (1672-1725) comenzó a europeizar a su país, y lo culminó Catalina la Grande (1729-1796) cuando importó la filosofía jurídica, la medicina, las artes, la cultura y la educación occidentales; en su corte se hablaba francés. El peso de Asia siempre ha sido muy grande.

En fin, la Civilización Occidental ha profundizado en su perfil, sin abandonar sus raíces, y algunas veces ha querido imponerse en otras regiones con poco o ningún éxito: también ha contenido los esfuerzos de otros por imponerse y distorsionarle su perfil. Así ha sido con la consolidación de sus regímenes políticos democráticos; es decir, conscientes de la libertad del hombre. Occidente no es una quimera ni una utopía; es un momento de consolidación de un modelo civilizatorio milenario.

Somos occidentales, nos guste o no. La caída de Constantinopla en 1453 y su conversión en Estambul consagró la diferenciación entre Occidente y Oriente.

La embajada de Italia rompió todos los esquemas.

Inés Muñoz Aguirre

Los integrantes de la orquesta se abrieron paso. Caminaban hacia sus puestos asignados en el escenario. Seguramente sus corazones palpitaban más fuertes que los nuestros que veíamos cargados de expectativas aquellas sillas vacías que comenzaban a llenarse de jóvenes músicos pertenecientes al Sistema de Orquestas. Todo un engranaje que nació en 1975 y que demuestra  que contra la calidad nada ni nadie puede.  Los trajes negros que portan los interpretes buscan no restar protagonismo al instrumento que se rinde ante la caricia de quien los ejecuta. Las palabras de Plácido Vigo quien está al frente de la Embajada de Italia en Venezuela abren paso hacia la magia de la música. Celebramos el 76 aniversario de la República Italiana. Sobre el escenario la Orquesta Sinfónica Juan José Landaeta, con la participación en el piano de Arnaldo Pizzolante y bajo la dirección de Jesús Eduardo Uzcátegui. Investido de la luz de los dioses del Olimpo.

Un silencio sepulcral colma un teatro repleto para dar paso al Himno Nacional: “Gloria al bravo pueblo”. Los instrumentos en manos de sus interpretes se acoplan de manera perfecta. Inevitable las lágrimas que se acumulan en la garganta y se piensa, ¿de qué se trata esto de la nacionalidad?, ¿de qué se trata el amor a la tierra?, esa conexión inexplicable, ancestral que nadie debe profanar. 

Estamos todos de pie frente al escenario y delante de los asientos diseñados por el Maestro Cruz Diez para esta sala que no tiene nada que envidiar a cualquier sala de las grandes ciudades del mundo. Respetando lo que nos enseñaron de pequeños: “el himno nacional se escucha de pie”. Descubres en los instrumentos de percusión la urgencia,  una sensación de estar en permanente movimiento, una angustia que nos recorre el cuerpo y estalla en los platillos y el tambor. 

Después llegaría la calma, la majestuosidad del himno de Italia, cuya música es de Michele Novarro. No menciono a los autores de las letras porque la música se robó el protagonismo.  Nos trasladamos entonces, a los grandes salones de la vieja Europa, la Italia de 1847 que ve nacer esta composición que nos enreda el alma y la conduce hacia la majestuosidad, los pergaminos, oleos y dorados.

En esta introducción que tiene que ver con la ciudadanía, con el ejercicio de la vida y sus raíces surgió también y como tercera interpretación rompiéndonos el alma, el Himno a la alegría de  Ludwig van Beethoven. Música que hoy  en día se considera el himno que une las permanentes aspiraciones de Europa: la libertad.

Y sientes que son de nuevo ellos, los de la vieja Europa quienes nos colocan el espejo frente a nuestros ojos para que volvamos a vernos, a encontrarnos, a redescubrirnos en la maravilla que significa la mezcla de unos y otros. Que han trabajado todos estos años por defender el lenguaje incluyente que tanta falta nos hace para sanear nuestro espíritu porque abandonamos los espejos y no nos vimos más. Entre tanto el tiempo pasaba y aunque algunos se consumían en sus propios caldos, esos jóvenes que hoy están sobre los escenarios, estudiaban, se preparaban para doblegar su instrumento hacia la calidad interpretativa. Hacia la libertad que todos pregonamos acertada o equivocadamente. Libertad al fin. Las alas de cada uno tienen la dimensión necesaria para alcanzar el tránsito del vuelo que ha soñado.

Después vendría el gran concierto, la caricia al espíritu, la batuta del director ejerciendo como bisturí para diseccionar nuestras almas. Ella se forma de hilos que contienen nuestras emociones tal cual como sucede en una película.  Por eso la decisión de rendir homenaje a los grandes músicos de la cinematografía italiana: Ennio Morricone, Nino Rota y Piero Piccioni no podía ser más acertada. Celebración emocional. Celebración creativa.  La pantalla al fondo del escenario mostraba las imágenes que inspiraron la música. El cine es un sueño que nos envuelve a todos. Como un bisturí la batuta del director  diseccionaba el espíritu de los presentes hasta lograr que las emociones se nos volvieran pentagrama. Y mientras la música sonaba en ese escenario majestuoso con un concierto dedicado a las bandas sonoras del cinema italiano, también nos queda claro que una buena orquesta, una buena interpretación es una sumatoria, un gran rompecabezas en el cual se necesita que todas las piezas encajen. Tal cual como tiene que suceder para el desarrollo de un país. Los seis jóvenes que abrazaban sus contrabajos, quienes lograban casi hipnotizarnos con el movimiento de sus arcos y sus manos sobre las cuerdas del gran instrumento, ejercían de domadores de dragones, porque nuestra vida es eso. Necesitamos la pausa y escucharnos.

Gracias Italia por pasearnos por el país que todos queremos. Que gran celebración esta de la República Italiana en Venezuela. 

Los limones milagrosos marcaron la ruta del Nazareno de San Pablo

Inés Muñoz Aguirre

Un limón, otro, tras otro. Caían sobre las piedras del camino. La procesión se detuvo y los creyentes guardaron silencio. La oración seguía dando tumbos en medio del momento en el que solo El Nazareno era el protagonista. Otro limón se desgajó, el piso cubierto parecía una alfombra. La luz retocaba con sus pincelazos la sorpresiva escena, mientras los hombres que portaban la imagen del Cristo desde iniciada la procesión, luchaban por desenredar la corona y la cruz de las ramas de aquel limonero, pero mientras más insistente la lucha, más frutos caían al suelo. 

Ese es el momento, la acción concreta de la que se tienen referencias aunque como ocurre con el paso del tiempo las distintas versiones se van imponiendo. Hay quienes hablan de la peste que ocurría en el año 1697. Un barco llegó a La Guaira y en su vientre traía la terrible enfermedad conocida como vómito negro, la cual se espació rápidamente. 

La gente caminaba apresurada por las calles. Cabeza baja. Los rostros casi cubiertos. Daba miedo respirar.  Todos los transeúntes se movían como sombras. El vomito negro hacía estragos. No era de extrañar que en cada casa hubiera un cuerpo clamando por sepultura. 

Llegado el Miércoles Santo los creyentes que vencieron el miedo decidieron cumplir con sus ritos religiosos. Salieron. Buscaban cargados de fe las puertas del templo que servía de abrigo al Nazareno que superaba con creces la media de la estatura de muchos porque la imagen tallada en madera de pino flandes de Sevilla, España, mide 1,74 metros. Reunidos y preparados para salir en procesión comenzaron los rezos que imploraban salud.

El negro cubría las cabezas en duelo, el morado como ofrenda acompañaba la súplica.  El Nazareno de San Pablo salió a la calle sobre los hombros de los caraqueños que imploraban a aquella figura tallada por Felipe de Ribas que trajera la pronta curación a sus devotos. 

La procesión avanzaba entre el camino que atravesaba las siembras.  Llegado a un punto en el que las ramas saltaban las tapias,  la corona que se encontraba en la cabeza del santo se enredó entre las ramas de una mata de limón, que también atrapó la cruz.  A un lado el tabique sobre la cual se descolgaban los racimos. Al otro lado la calle sobre la que se escuchaba el rumor de la plegaria. Cayó un limón, luego otro, y otro, siguieron cayendo. La sorpresa se apoderó de la procesión y en el movimiento por sacar al santo del lugar, los limones pintaban de verde y amarillo las piedras oscurecidas del lugar. 

Los caminantes asumieron el momento como una señal y comenzaron a recoger las frutas del suelo, mientras alguien gritaba que aquella acción no era otra cosa que un milagro, la respuesta de San Pablo a tanto ruego y penitencia. 

En cada casa, tras cada puerta, casi a una misma hora, las manos de tanta gente desesperada exprimían el regalo del Limonero del Señor, para dar su jugo a los enfermos. 

Un limón, otro, tras otro. Nunca se habló de cuántos cayeron y en que momento se detuvo aquella lluvia. Tampoco se detuvo el reloj y al amanecer del nuevo día la fiebre había desaparecido en los habitantes de la ciudad.

Milagro. Milagro es la palabra que se ha seguido repitiendo desde hace 325 años. Cada Semana Santa, los caraqueños repetimos esta historia, mientras llegan los feligreses desde distintas partes del país para venerar a nuestro Santo quien espera siempre paciente y protector en la Basílica de Santa Teresa en Caracas. Ya no caen los limones milagrosos en el centro de la ciudad, pero siguen floreciendo las oraciones de los devotos en forma de orquídeas cada miércoles Santo. 

“EL arte dentro del marco y el aforismo frente al espejo”

Inés Muñoz Aguirre

Comienzo por dar las gracias a Víctor Guédez y a OT editores por esta invitación, la cual me honra.  Como profesional de la comunicación, toda mi vida he escuchado hablar de Víctor Guédez.  Siempre presente en los análisis, la docencia, la gerencia y esos temas de distintos bemoles que tienen que ver con la Responsabilidad Social Empresarial.  Muchas veces nos hemos cruzado porque Víctor es de esos seres que uno sabe que siempre están allí. Te lo encuentras tras la taza de café, en una librería, en un escenario desde donde expone, o frente al pupitre de los alumnos.  En algunas oportunidades le he acompañado a la presentación de algunos de sus libros y en muchas ocasiones, por aquello de las coincidencias temáticas, estoy segura de que hemos buscado ideas tras una misma frase. 

Ahora el encuentro se produce teniendo de por medio la responsabilidad de presentar junto a Ricardo, un libro que ha generado interesantes reflexiones en distintos medios de comunicación. Hemos leído al prologuista Luis Pérez Oramas, a Nelson Rivera, a Rodolfo Izaguirre por nombrar algunos de los que nos han recreado hurgando en sus páginas y en la de otros autores que han escrito aforismos o que se han ocupado de estudiar sus influencias y los caminos recorridos. 

En este caso nos encontramos en medio de un espacio en el que el arte es el protagonista. Son muchos los artistas que han hecho vida aquí en estos salones de la Galería Freites a través de más de 140 exposiciones. Encuentro y espacio que ahora son el camino para contarle a él y a ustedes las reflexiones que me ha provocado la lectura de un libro que en principio entiendo como un testimonio de una forma de vida, de ver lo que ocurre a su alrededor, pero con mucho más valor como la forma de entender lo que ocurre a Víctor Guédez  en sus propias venas de hombre,  mas que en las del autor. 

Recibí el libro de Víctor “EL arte dentro del marco y el aforismo frente al espejo”, editado por Oscar Todtmann editores, lo desempaqué y corrí hacia mi sofá blanco, en el que me recosté dominada por la curiosidad frente al contenido de sus páginas. 

Su cubierta de fondo vino tinto ya me adelantaba la intensión. No podemos ignorar ese color asociado a la vida, por su relación con el rojo de la sangre, un color acompañado de una simbología que se amarra por igual al aletear de la respiración inquieta como a la de los pasivos. Un color que ha a vestido tanto a reyes como a prostitutas, a mandatarios y a mendigos, a creadores y destructores. Este color bermellón devenido en vino tinto ha tapizado las habitaciones de los grandes palacios, de los templos, de los espacios privados y una que otra vez, más de las veces que nos hubieran gustado, se ha deformado en rojo encendido para servir de plataforma a mítines, arengas, y promesas incumplidas.

También  nos habla del paseo, la reflexión, la introspección casi sagrada que propicia la bebida que hace homenaje a Baco y esa solemne eternidad conque soñamos todos, aunque sepamos que la eternidad no existe,  conocimiento que nos hace más frágiles de lo que ya somos, ante nosotros mismos. Conocimiento que a veces disfrazamos o pretendemos olvidar. He allí un primer marco que arropa toda esta reflexión sobre los aforismos. Una inquietud que no es nueva en el escritor que hoy nos ocupa. Un hombre que busca respuestas, en muchos casos sobre temas que ya conoce, pero en los que les es necesario ahondar y que le han ocupado parte de la vida. Víctor siempre ha buscado el conocimiento para luego compartir ese conocimiento con los demás

Mientras hojeaba el libro en nuestro primer encuentro,  tomaba su peso, y me dejaba embriagar por el inconfundible olor del papel que ha sido conquistado por la tinta.  Acaricié su portada. Aun cuando no es poco ese manto sagrado que son las portadas de los libros, esta del libro de Víctor en la que también está la mano creativa de sus editores, se recrea en la Venus del espejo, pintada por Velásquez. Un cuadro que se planta en todo el centro. Entonces entiendes la voz que reclama el marco. La voz que pide a gritos que lo pongan porque está allí como un punto de contención que nos sujeta la mirada sobre tal pintura, sin embargo a pesar de los ruegos, porque siempre existe la constante necesaria de que algo nos sujete, está claro que no puede detener nuestra imaginación. 

En su centro está la Venus desnuda, curvilínea, casi mostrando algunos músculos en su cuerpo, lo que no era común para aquel entonces. Ella se observa ante el espejo que sostiene un ángel, no cualquiera,  porque ese ángel es cupido. Quienes han estudiado esta pintura de Diego Rodríguez de Silva y Velázquez dicen que Venus no se ve a si misma en el espejo, si no que a través de el,  ve al espectador. Y pienso en Víctor como protagonista del gesto, tratando de verse a través de su estudio de los aforismos, pero sobre todo tratando de vernos a nosotros lectores, espectadores, curiosos, a través de ellos. 

Siempre el como autor, más desvestido de banalidades que muchos de nosotros. No en balde cita, ordena, muestra aforismos de escritores, de quienes no lo son tanto, de periodistas, de sabios, filósofos, inquietos, vivos, muertos, estudiosos, irreverentes, una pléyade que no cabe en una sola mirada, ni en un solo espejo, pero que ha encontrado aposento en las páginas de su libro.  Autores que han quedado confinados en esta habitación propia que el investigador ha decidido fabricar para convertirla en una habitación pública, en un aforo en el que se albergaran de aquí en tanto, invitándonos como lo hace su compilador a fijarnos en lo que cada uno de ellos ha dicho. Seduciéndonos quizá a que descubramos al ser humano que hay detrás de cada una de esas frases, contundentes, o débiles, sinuosas, rectas, blancas, negras y de distintos matices. 

Continuo entonces el proceso de lectura, después de esta primera indagación, de la conquista, como que si hubiera coqueteado con esa aventura que Víctor hizo llegar a mis manos. Voy página a página. Me detengo, pienso en el término  confinamiento y me doy cuenta de que el que yo lo use en esta presentación no es capricho, ni mera casualidad. Cuando leo las cuatrocientas páginas que reúnen el extenso trabajo del autor, yo que vengo de estar tan confinada como ustedes,  me imagino a Víctor indagando, ordenando, escribiendo. Me imagino a Víctor colgado como un murciélago en una esquina de su estudio cazando las señales que da la luz, o convertido en una polilla hambrienta que se devoraba las páginas de los libros, contando horas, tejiendo preguntas, cincelando respuestas.

Entonces asumo que además de consecuencia de toda una vida, de una vocación en constante crecimiento, este libro también es hijo de la pandemia porque un hombre como Víctor Guédez, después de ser aguijoneado por los aforismos durante toda la vida, al punto de haberles dedicado dos libros anteriores, no podía ignorar que la pandemia nos llevó a  la síntesis que significa y que representa lo que ha ocurrido en cada uno de nosotros durante estos últimos dos años. ¿O habrá quien aun no se haya dado cuenta que la pandemia nos colocó frente al espejo, el mismo de la Venus, para conducirnos de la opulencia a la sencillez. Un minimalismo emocional, físico e incluso utilitario. Nos convirtió a cada uno en un aforismo de nosotros mismos y estoy segura de que él lo estuvo observando así ¿Quién no pasó de abrir el closet y no saber que escoger entre diversas prendas, a vestir solo un pijama sin importar el día y la hora? ¿Quién no pasó de viajar, ir de un lugar a otro, escaparse con frecuencia de la rutina a estar limitado por las paredes de su lugar de habitación? ¿Quién no pasó de asumirse cargado de preguntas, sin respuesta? 

Esta referencia está hecha en las primeras líneas de la introducción escrita por Víctor para su libro, y cobra fuerza, cuando nuestro autor se refiere a que Vilas-Mata dijo en alguna oportunidad que el se llevaría a “una isla de confinamiento” un libro de aforismos que le permitiera leer uno diario, para meditarlo todo el día. Allí confirmo mi inquietud y mi teoría, me empeño en imaginar a este hombre tan nuestro escudándose en el nombre de otro autor, para hablarnos sin que suene a arenga de la importancia que tiene en la vida la reflexión profunda.  En algún momento se refiere a los aforismos como un océano y vuelve a tener la razón porque para apreciarlos en su justo término debemos desvestirnos ante ellos, sumergirnos y a veces hasta aguantar la respiración para que no terminen ahogándonos. 

Claro, no siempre es así, no todos se detienen ante un aforismo impregnados de su voz analítica, habrá quien lea esas dos fastidiosas líneas de texto y no le encuentren la gracia.

Por ello bien vale la insistencia de Víctor en estos tiempos que corren,  cuando queda en evidencia que solo las personas inteligentes, y reflexivas, son las que se hacen preguntas. Las que buscan respuesta bajo las piedras si es necesario. El y  Vilas Matas muestran a través de lo que dicen la pretensión permanente de crecer internamente y despojarse de lo superfluo. Por eso  pueden sacar partido al confinamiento. Solo estos seres no tan comunes como quisiéramos, como él, como Víctor, son capaces de leer un aforismo y hacerlo el eje transversal de su vida diaria.

El encierro es también un espejo.  En el nos miramos,  nos descubrimos solos. Cuando nada te importa o cuando todo nos importa demasiado la vida nos obliga a miramos hacia adentro y es allí cuando un aforismo puede hacer de puente entre lo externo y lo interno, porque a diferencia de  Venus, no puedes ver lo que ocurre fuera de ese espejo que te ha sido colocado al frente. Así que se entiende con claridad el llamado de Víctor quien en esos tiempos  del desvestirse pasó también por una pérdida.  Pérdida que acentúa el tema de la soledad y aunque Carmen Blanca brote de cada página del libro como dice él, su ausencia contribuyó al silencio que insiste en la reflexión. Es este también el momento para nosotros de entender que quienes vociferan más de la cuenta nunca tienen la razón y que hombres como Víctor, en medio del silencio y la soledad se hacen más sabios.

La vida es un viaje constante que el ha logrado reunir en las páginas de su libro. De todo este viaje que nos muestra el libro “El arte dentro del marco y el aforismo frente al espejo”, me atrevo a sugerir que su titulo también nos habla de que cada cosa tiene su lugar y que cada experiencia tiene su momento por eso al aceptar ciertas teorías sobre el enlace de los aforismos con la filosofía y la teología estamos aceptado que además de la relación que establecemos con ellos, esa relación siempre se construirá signada por la flecha que disparará cupido para llamar nuestra atención. Aunque a veces no nos demos por enterados. 

Víctor nunca ha dejado pasar las señales, las que se tienen de hijo único, de esposo amante, de padre, de abuelo, de profesor, investigador, de amigo, compañero y  sobre todo de docente, porque el verdadero docente no solo vive en las aulas. Tiene un espíritu herido por el flechazo eternamente y se entrega rendido, postrado, hambriento a su oficio, a su forma de ver la vida, a hacer de ello casi un apostolado. Esta es la causa que en realidad genera este libro que nos ofrece después del encierro. Hoy Víctor nos presenta un nuevo hijo en homenaje al hijo de su carne y de su sangre que también ha despedido.

 Llego entonces al punto en el que como digo siempre que me preguntan por el detonante  para la dramaturgia, la poesía o la narrativa, la vida para el creador jamás se detiene. Mientras caminas por una acera aparentemente huérfana, comienzas a recibir señales de la ventana que se abre en el edificio del frente. O de la pequeña rama con una sola hojita verde que sale en medio de una grieta, o del crujir de la arenilla bajo la suela de los zapatos, o de la imagen contundente del hombre que escarba en el basurero,  come de la basura como quien sostiene un tesoro en su mano abierta. Da cabida al bocado en medio de los dedos que parecen garranchos. Escribir siempre debería ser un apostolado que no te deje caminar indiferente. 

Es demasiado en estos tiempos el impacto diario de las perdidas individuales, de las propiciadas por la pandemia, de las redes sociales, de la falsedad de la información. Cuando nuestro autor vuelve a ser tocado por la perdida nace su libro para recordarnos que desde la grieta más profunda puede surgir una flor. Quizá Víctor Guédez en medio de su sabiduría se anticipó a su propia necesidad de introspección, también se anticipó al ordenar en este libro  la nuestra. Cuando al otro lado del planeta resuenan las bombas, nosotros nos preparamos a colocar este libro en nuestra mesa de noche, ojalá sea para leer cada día al despertarnos, un aforismo al cual nos sujetemos.

El arte dentro del marco y el aforismo frente al espejo, es la invitación a refugiarnos en él, a que hagamos de sus páginas la cueva donde quizá podamos reconstruir nuestra animalidad herida. Estamos en el punto como seres humanos en el que el cansancio nos conduce a la síntesis, pero la reflexión tranquila también lo hace. Buscar en esa síntesis lo que puede resumirse en dos líneas puede ser la clave para seguir adelante. La vida toda se ha vuelto un aforismo de sí misma. 

En una oportunidad Víctor expresó: Lo peor de la peste no es que mata los cuerpos sino que desnuda las almas, y ese espectáculo suele ser horroroso”, si, es verdad, pero reconocemos Víctor, que en las páginas de tu libro está la oportunidad de conseguir el vestuario adecuado para que el espectáculo adquiera dignidad. Te estamos agradecidos por hacer un llamado a nuestra inteligencia. 

El intertexto y la soledad en El Bramido de Düsseldorf

Por Oscar Villanueva

El Bramido de Düsseldorf de Sergio Blanco es la nueva apuesta del grupo venezolano Deus Ex Machina. Esta obra narra la agonía y muerte del padre de Sergio Blanco en una clínica de Düsseldorf, ciudad a la cual el dramaturgo viaja con su progenitor para sacar adelante un proyecto que nunca sabremos con certeza o exactitud cuál es. A medida que se desarrolla la historia, surgen tres posibilidades: asistir a una exposición sobre el asesino en serie Peter Kürten, introducirse en la industria del porno o convertirse al judaísmo. Cabe destacar, que el dramaturgo denomina esta obra como una autoficción, por poseer vestigios de su realidad y ficcionales.

Por esa razón, podemos reconocer otra tríada en la pieza: los tres planos de realidad que presenta el dramaturgo en su propuesta. El primero es su propia realidad, la de Sergio Blanco tratando de redactar una historia que pueda llevarse a escena; el segundo refiere a la realidad virtual que se representa, en la que el espectador venezolano viaja a Alemania y acepta el mundo de un personaje ficcional; y el tercer plano es el de la representación en sí misma, en el que los actores se reconocen como intérpretes que llevan a cabo un montaje escénico. En dicho montaje Elvis Chaveinte interpreta a El Hijo (Sergio Blanco), siendo así el encargado de ser el hilo conductor de todo el montaje y de diferenciar cada cambio escénico de la obra. Por otro lado, se encuentra Djamil Jassir quien le da vida a un personaje prosopopeya: un padre que le gusta bailar y que se caracteriza por su manera irónica de recordar la historia de su muerte; y, por último, tenemos a Carolina Torres quien asume a distintos personajes con una diferenciación muy marcada a partir de pequeños detalles. En cuanto a la dirección, Rossana Hernández demostró nuevamente que le funciona en gran medida ser minuciosa al dirigir, precisamente por darle la importancia que merece a cada pormenor del montaje. 

Una vez entendidos los tres planos, junto con las tres realidades y el trabajo de los tres intérpretes, podemos profundizar en un elemento destacado en esta pieza desde la dramaturgia y la dirección: el intertexto. Este es definido por Patrice Pavis (2012) en su Tesis para el análisis del texto dramático como “(…) la suma de alusiones o de fuentes de otros textos que el lector está en condiciones de identificar. No es solamente lingüístico o literario, es también visual, gestual, mediático o cultural”. El intertexto más evidente en esta obra es La ira de Narciso, del mismo dramaturgo, quien lo utiliza como un elemento constante durante el desarrollo de la trama. Allí es donde se nota la inteligencia de la dirección de Hernández, gracias a que ella llevó a escena ese texto en el año 2019 y utiliza una propuesta de puesta en escena semejante a su antiguo montaje. Este recurso permite que el imaginario del espectador vincule un montaje con el otro. 

Igualmente, el intertexto se reconoce con la presentación de Bambi (1942), la película de Disney dirigida por David Hand y la película de Fritz Lang acerca del Vampiro de Düsseldorf titulada M, el maldito (1931). Todas estas referencias, guían al espectador a partir de imágenes simbólicas para entender la temática principal de la obra: la soledad. Es decir, Bambi es un personaje que se queda sin madre, por lo que tiene una vida solitaria; y la verdadera identidad del Vampiro de Düsseldorf es desconocida por su esposa, por lo que es un incomprendido social. En la trama pornográfica de la obra también podemos reconocer este tema gracias a que estos videos son hechos principalmente para que un individuo pueda sentir placer en su soledad.  El conflicto acá es que el hijo se queda solo y reconstruye cómo ocurrió la muerte de su padre para sobrellevar esa pérdida. No obstante, el verdadero problema de El Hijo es que su soledad es buscada. Tal vez, esa es la razón por la que no permite que sus hermanas viajen para despedir a su padre. Lo que demuestra el mismo nivel de egocentrismo que poseía el protagonista de La Ira de Narciso.  

Definitivamente, El Bramido de Düsseldorf es una obra que no se debe perder el público amante del teatro en Caracas. La misma se estará presentando los viernes, sábados y domingos en el Espacio Plural del Trasnocho Cultural a las 4:30 pm. 


Sin Título: un proceso creativo democrático


Por Oscar Villanueva

Hacer teatro en Venezuela no es fácil, y en medio de la pandemia del Covid-19 las dificultades aumentaron considerablemente. En enero de este año, Camila Rodríguez (directora de teatro) y yo, nos propusimos dirigir una obra para la edición especial del Festival Teatral de Universitarios (FESTEUS) gracias a un empujón que nos dio el productor Douglas Palumbo la semana que anunciaron la reapertura de los teatros – con todas las medias de bioseguridad−. A continuación, les contaré cómo fue llevado a cabo este proceso teatral.

Sin Título es una compilación de tres textos teatrales del absurdo: Los saludos Escena para cuatro personajes de Eugène Ionesco, y Acto sin palabras de Samuel Beckett. Estos textos llegaron a nosotros en medio de una búsqueda amplia que pretendía encontrar una obra que pudiera ser posible en estas condiciones, interpretada por estudiantes universitarios y que hablara de cómo nos sentimos los seres humanos en este momento; y digo seres humanos, porque considero que el sinsentido se volvió universal por la aparición del virus. Camila estuvo encantada con la selección de las obras por su indagación personal en el teatro del absurdo, y yo estuve fascinado porque eran obras totalmente distintas para mí y veía en ellas grandes posibilidades. 

Cuando estuvimos de acuerdo, tuvimos que decidir quién iba a dirigir el espectáculo. Allí se presentó el primer vestigio democrático de este proceso. Gracias a que ambos teníamos una necesidad de llevar estas obras a escena, conversamos sobre la posibilidad de dirigir en conjunto. Este hecho es poco usual, ya que si es difícil realizar un montaje con un solo director, teniendo dos podría haber un gran problema para llegar a un consenso estético y conceptual. Sin embargo, optamos por esa última opción, teniendo en cuenta las dificultades que implicaba. De allí, hicimos nuestro primer acto de dirección conjunta: buscar actores.

Teníamos claro el tipo de persona que queríamos en la obra, así que fue relativamente fácil contactar a los intérpretes. Rohan Montilla fue el primero, un actor cuyo gran fuerte es la improvisación. César Castillo fue el segundo en ser contactado porque Camila lo había visto trabajando conmigo en la versión de Asia y el lejano Oriente de Isaac Chocrón dirigida por Ana Victoria Silva. Isvannis Hernández fue la primera mujer en ser llamada por haber sido mi compañera de formación teatral, y por tener una fuerza en el escenario que necesitaba la obra. Nos faltaba una sola persona y sabíamos que sería una bailarina, pero las actrices que habíamos pensado en primer lugar no tenían la disponibilidad. Por eso, llamamos a María Elena Sánchez, una bailarina que había tenido experiencia actoral previa y que estuvo encantada de trabajar con nosotros. 

Estos cuatro actores fueron una parte fundamental de lo que es la obra hoy en día. Sobre todo, porque gracias a ellos, Camila y yo actuamos en el espectáculo. Además, sus votos fueron importantes para la selección del nombre porque hicimos unas elecciones para ello. Todos los miembros del equipo propusimos distintos nombres para el espectáculo y finalmente, la propuesta ganadora fue dada por mí: Sin título. Ese nombre tuvo mayor impacto para todos por mantener la esencia del absurdo en sí mismo. ¿Cómo es posible que exista una obra de teatro pero que no tenga título? Esa pregunta la hizo ganadora de nuestro proceso electoral. Creímos pertinente mantener la pluralidad de ideas y que el público fuese quien diera el nombre de la obra porque cada quién tiene un viaje particular al verla.

El proceso de montaje fue realizado en la Sala de Teatro La rampa que está a cargo del grupo Igual a Uno Teatro y está ubicada en el sótano de Parque Central. Allí nos abrieron las puertas y pudimos llevar a cabo nuestra creación teatral. Una creación que tuvo muy presente el carácter democrático. Desde el inicio, les aclaramos a los actores que queríamos trabajar con sus propuestas. No está de más resaltar que nosotros ya teníamos una idea clara del montaje metateatral que íbamos a realizar, solo que estábamos conscientes de que los aportes de cada miembro del equipo nutrirían mucho a la obra. Por eso, siempre estuvimos dispuestos a probar, lo peor que podía ocurrir era que no funcionara; y de eso trata el teatro, del ensayo y error.

Camila y yo teníamos reuniones de dirección para definir cada ensayo. Lo bueno de nuestro trayecto era que conocíamos las fortalezas y debilidades del otro; y, los gustos y desagrados. En esas reuniones además de hablar sobre la estética y el concepto de la pieza, asumimos la producción del espectáculo. Éramos dos jóvenes estudiantes hacedores de teatro con ganas de llevar a cabo una obra en un contexto que nos jugaba en contra. Por suerte, las personas nos jugaban a favor. Nuestro gran apoyo fue nuestra asistente de dirección, Isabel Araque, quien estudia conmigo en la Universidad Central de Venezuela (UCV) y empezó su carrera artística en el área musical. Detrás de esta obra hay muchas ayudas, ha sido un proceso colaborativo y lleno de mucho cariño. En él, se reconocen los sueños de sus integrantes y la posibilidad de que todavía se puede crear en Venezuela. Además, nos terminó demostrando lo valioso que es escuchar al otro porque si nos hubiésemos enfocado únicamente en nuestras ideas como directores, lo más probable es que el espectáculo no tuviera la magia que posee.

Después de realizar varias presentaciones, Sin título se volverá a presentar en el espacio plural del Trasnocho Cultural el miércoles 26 de mayo a las 6:00 pm en el marco del Festival Teatral de Universitarios: Edición Especial.

VENEZUELA Y SUS HIJOS

Leonardo Azparren Giménez

            “Venezuela y sus hijos”, es una expresión usada con frecuencia para señalar lo desagradecidos que hemos sido –somos- con ella, nuestra madre, que tanto nos ha dado. Pero, ¿qué es Venezuela además de un territorio lleno de riquezas naturales, mérito de nadie salvo de Dios y de la propia naturaleza? ¿Cómo ponerla diferente delante de nosotros para tener claro su perfil y, en consecuencia, ponderar la deuda que sus hijos tenemos con ella? ¿Y si esa deuda es con nosotros mismos y no con “Venezuela”? Colocarla diferente delante de nosotros, ahí en la otra acera, puede ser una manera de huir. Nosotros somos Venezuela, más nadie, pobladores y habitantes de un territorio en buena y mala horas pródigo en todo. Hemos sido desagradecidos con nosotros.

            Por eso, la expresión “liberar a Venezuela” pierde significado si no se entiende que se trata de liberar a la sociedad venezolana, liberar a los ciudadanos que convivimos en el territorio llamado Venezuela. La economía, la cultura y la ciencia, también las crisis y desastres sociales, no son obra de “Venezuela”; son obra de ciudadanos concretos nacidos en el territorio conocido como Venezuela. Entonces, cuando se emplean términos tales como construcción y reconstrucción aplicados a Venezuela, en realidad se trata de construir y reconstruir a los ciudadanos que habitamos este territorio.

            Los hijos de Venezuela no existen como tales. Hijos desagradecidos con un trozo de geografía. Depredadores. De manera que hemos sido desagradecidos con nosotros, cada quien consigo y con sus prójimos. A tanto hemos llegado en desagradecimientos, que somos una sociedad que ha ensayado el suicidio. Es la cuerda floja que pisamos, mientras Venezuela suena a ratos a abstracción, a slogan turístico. Hace algún tiempo leí un artículo en el que se decía que éramos una sociedad fallida.

            ¿Qué deseamos para Venezuela; es decir, para nosotros? Algo simple: vivir mejor en libertad. Pero qué difícil; primero debemos respetar los semáforos y ver cumplida la Constitución. Nada más, ni nada menos. Venezuela, es decir, los venezolanos, estamos en deuda con nosotros. Debería darnos vergüenza vernos en un espejo. Deberíamos saber reclamarnos.

            La sociedad alemana, toda, fue la responsable del desastre que provocó en el siglo XX, y supo hacer acto de contrición. Cada alemán carga consigo esa responsabilidad, en mayor o menor medida. Lo mismo ocurre en otras sociedades, en las que sus ciudadanos no desplazan sus responsabilidades hacia la acera de enfrente.

            Mientras no sintamos de verdad el dolor de lo que somos, Venezuela no superará su dolor sangrante. Todos los días nos referimos a una economía que sangra por todos lados, pero poco nos preguntamos si también sangran nuestra conciencia y nuestro intelecto. ¿No sería importante aclarar esto para saber por dónde comenzar? ¿O somos suicidas?

            Estamos en un momento incierto. No tenemos claro el tamaño de la responsabilidad para actuar en consecuencia. ¿Qué hacer con “Venezuela” para pagarle lo que le debemos? Es decir, ¿qué hacer con nosotros/Venezuela para devolvernos la esperanza?

Por allá en 1980, José Ignacio Cabrujas dijo: “Yo creo que la transformación de nuestra sociedad es la única tarea digna de ser vivida, y el más honesto intento de transformación estaría en un reconocimiento de lo que se va a transformar y de los valores que vamos a colocar como objetivos”. ¿Se refería a transformar a cada venezolano concreto con nuevos valores, cuáles?

TREINTA AÑOS: 1992-2022

Leonardo Azparren Giménez

            Es un lapso de tiempo con singularidad histórica. Mucha gente nacida después del primero de estos treinta años solo tiene relativas referencias de terceras personas sobre lo ocurrido antes; tienen un conocimiento precario de la historia para comprender y comparar antes y después. Es fácil –y perverso- imponerles una versión acomodaticia de aquel año, hace treinta. Aunque es tarea del historiador contar lo que sucedió, si pensamos un poco como lo cuenta empiezan los problemas. Por ejemplo al etiquetar el pasado.

            Hace treinta años el mundo recordó, celebró, conmemoró y criticó la llegada de los europeos españoles al territorio después mencionado América. El inicio de la globalización. Poco se comenta cómo hubiésemos sido si en vez de los españoles, hubiesen llegado europeos de otros rincones y estas líneas estuviesen en otro idioma. Sí se siguen pasando facturas por algo de lo que ocurrió, facturas escritas en español, sin considerar que solo los europeos eran los capacitados para llegar hasta donde llegaron.

            También hace treinta años caímos en cuenta de que no era cierto que vivíamos y teníamos una Gran Venezuela, imponente e invencible. Hace treinta años desapareció esa ilusión y aparecimos frágiles e inconsistentes, a la orden de cualquier contingencia. El rey estaba desnudo. Nos dijeron que la historia construida en un proceso de progreso democrático no era tal, y creímos ese discurso. Se trataba, por eso, de refundarnos. El complejo de Adán en su cenit. Una consecuencia ha sido la imposición de una iconografía artificial.

            Quienes vivimos suficientes años anteriores al de hace treinta debemos tener memoria de lo que fueron y fuimos antes. Crecimos con un cierto optimismo porque era posible proponer asuntos futuros y verlos hechos realidad, a pesar de la ilusión de la Gran Venezuela que nos llenó de vanidades. En lo que ha sido lo mío, el teatro, llegamos a creer que éramos la capital mundial del teatro, no porque tuviésemos los mejores dramaturgos de la comarca y una profesión consolidada con un público cierto, sino porque hacíamos fiestas deslumbrantes para asombro y envidia de los vecinos. Sin desconocer la profunda renovación de nuestro teatro iniciada con la democracia a partir de 1958, no dejé de ser crítico de la ilusión y el deslumbramiento mundialistas.

            Asentado en los ochenta, los últimos treinta años han sido una experiencia traumática personal y profesional. El teatro venezolano -¿el país?- experimenta una recesión sin semejanzas. Sobrevive por el esfuerzo titánico de quienes a su vocación por el arte teatral suman un deber profesional; pero con poca o ninguna expectativa. Pocos trabajan casi en catacumbas impulsados por el aprendizaje adquirido en los treinta años anteriores a los actuales.

            Buena parte de estos treinta años han sido de una vida ermitaña, acentuada por la pandemia. Tiempo suficiente para, por ejemplo, escribir los recuerdos, testimonio y crónicas de un crítico de teatro, además de algunos textos sobre lo que fue –ha sido- mi vida académica: griega y venezolana, fundamentalmente.

            Pero los alrededores de la vida ermitaña no han sido, precisamente, pacíficos y cordiales. Veinte años -ya no treinta- de convulsiones en los que la violencia se ha empeñado en imponer otro estilo de vida. Y desde la vida ermitaña, expresando el desconcierto. No solo por lo que sucede alrededor todos los días. También por la sensación de ser inédito habida cuenta la recesión editorial. En fin, treinta años para no olvidar e intentar aprender cuál puede ser la manera de retomar un camino, o iniciar otro alentador con un amplio espíritu de libertad y creatividad.

            Los venezolanos vivimos una vida no deseada. Es la verdad. El desagrado es el estado de ánimo más frecuente. Obstinados de una rutina pesada. Algunos han optado por vivir otras vidas al precio de fracturar el tejido familiar y social. Treinta años para no olvidarlos para que no se repitan.

FRASES PRINCIPALES

Leonardo Azparren Giménez

“Todos los hombres desean por naturaleza saber”. ¿Por metafísico, no será Aristóteles demasiado optimista?

“Toda arte y toda investigación, y del mismo modo toda acción y elección, parecen tender a algún bien; por esto se ha dicho con razón que el bien es aquello a que todas las cosas tienden”. El Estagirita es bastante optimista; falta aclarar qué entender por “bien”.

“El hombre es, en efecto, un animal social, y naturalmente formado para la convivencia”. En vulgo: animal político. Verdad catedralicia.

“El mimetizar, en efecto, es connatural al hombre desde la niñez, y se diferencia de los demás animales en que es muy inclinado a la mímesis”. Molière representó con Tartufo como mimetizar el bien para aparentar ser un buen animal social.

“Vemos que toda ciudad es una comunidad y que toda comunidad está constituida en vista de algún bien, porque los hombres siempre actúan mirando a lo que les parece bueno”, incluso los déspotas y los bárbaros.

“Esquilo: ¿Por qué debe admirarse a un poeta? – Eurípides: Por su inteligencia y su consejo, y porque hacemos mejores a los hombres en las ciudades”. ¡Ojalá siempre fuese así!

“Soy juguete de la fortuna”. Lo dijo Romeo antes de cumplir 18. ¿No sacó conclusiones apresuradas? ¿Por qué Shakespeare forzó la marcha?

Podemos llenar libros con frases principales, dichas y escritas por quienes pensaron la existencia humana. Frases comodines empleadas para resolver cualquier situación y quedar bien ante los otros, a pesar de desconocer las circunstancias de su enunciación inicial. El diálogo entre Esquilo y Eurípides lo creo Aristófanes en circunstancias lamentables para su ciudad: a la derrota militar se sumaba que los dramaturgos no valían la pena por lo que se fue al Hades a ver si resucitaba a alguno de los tres grandes.

Los tiempos actuales son tierra fértil para frases principales, incluso las fabricadas fuera de un contexto apropiado, es decir ausentes de alguna consideración sobre la existencia humana. Es el atractivo y el goce de la retórica, el arte/técnica de saber persuadir. Sin frases principales es imposible persuadir. Es el triunfo de un hombre público porque agrada a los otros, los convence con una frase principal. Aunque el contenido sea deleznable, como ocurre con demasiados habladores públicos.

En teatro son muchas. Pasan al uso común aunque el común de la gente ignora sus razones y circunstancias. En el primer año del siglo XVII Shakespeare acuñó “Ser o no ser”. ¿Quién no la ha dicho alguna vez, aunque ignore su significado profundo? En la revolución francesa surgió aquello de “libertad, igualdad y fraternidad” y no pasó demasiado tiempo para que alguien dijera que un fantasma recorría Europa. Y en circunstancias nada envidiables al pueblo inglés le ofrecieron sangre, sudor y lágrimas, y lo mejor es que asumió el riesgo y supo salir adelante. Cada circunstancia pare su frase principal, aunque sea casi un aborto.

Es decir, hay frases principales comprometedoras, retadoras y controversiales. Los políticos son muy dados a ellas; por ejemplo cuando anuncian un cambio social para mañana sin la menor consideración a los procesos históricos. La frase del anuncio puede perdurar, ser impuesta aunque el cambio social no se dé y, last but not lease, convertirse en ideología. Es el fracaso de la retórica vacía.

Las frases principales o son parte de un discurso o son ocasionales, ocurrencias que resultan buenas. “Moral y luces son nuestras primeras necesidades” es una de ellas. También esta: “El buen sentido es la cosa mejor repartida del mundo, pues cada uno piensa estar tan bien provisto de él que aun aquellos que son más difíciles de contentar en todo lo demás, no acostumbran a desear más del que tienen”. Roguemos para que el buen sentido esté, en verdad, bien repartido en el espíritu y acción de todos.

Ideología e incompetencia

Leonardo Azparren Giménez

Ideología es un término desacreditado por la versión que algunos tienen de él y su uso político. Se le considera la expresión de una visión cerrada del mundo y de la sociedad que, además, orienta al poder para imponer el control social. Con la posmodernidad algunos han hablado del fin de las ideologías; otros consideran que algunos regímenes actúan con base en ideologías periclitadas. La palabra no pudo tener otro origen sino el siglo de las luces (XVIII). Según André Lalande, es el “análisis o discusión vacías de ideas abstractas, que no corresponden a hechos reales”, por lo que conlleva un divorcio entre ideas y realidades. También puede ser considerada la teoría o visión del mundo y de la sociedad que da soporte a un proyecto particular que aspira realizarse mediante la acción.

Ciertamente, es imposible relacionarnos con los otros sin una visión general del mundo y de la sociedad, con la cual ponderar y valorar esas relaciones, y esa visión se construye con ideas, valores y creencias. Ahora bien, una cosa es la visión particular de cada quien y otra querer imponer –hasta a sangre y fuego- las ideas, valores y creencias de las clases gobernantes. Teun A. van Dijk la define como la base de las representaciones sociales compartidas por los miembros de un grupo.

Van Dijk recuerda que según Marx y Engels una ideología dominante es la que esgrimen las clases gobernantes, aunque se debate si controla o no las mentes de individuos y grupos sociales. En Venezuela tenemos una ideología nacional: la bolivariana. Bolívar pensó en todo y es la summa del ser nacional, es insolente que algún venezolano pretenda ser superior a él. En consecuencia, él le da perfil a la nacionalidad. En su palabra está la explicación de todo. Que la ideología bolivariana haya servido y sirva para justificar y dar legitimidad a intereses particulares y políticos es evidente.

Los problemas surgen cuando alguien quiere imponerle una ideología a la realidad para que sea según ella; es decir, cambiar la historia a fuerza de imposiciones políticas. Los ideólogos se revisten de retórica, exprimen argumentos, sofismas, que imponen en mentes débiles con la intención de dar forma a una situación en la que predomine un discurso poco o nada correlacionado con la realidad, pero necesario desde el poder. Esta situación termina por dar forma a figuras sociales que son máscaras que esconden sus incompetencias. El colmo de una ideología es proponer un hombre nuevo despojado de las imperfecciones del sistema vigente, como si fuese posible borrar el pasado de la historia y ser un nuevo Adán. Es un colmo porque tal proposición, tan absoluta, es hecha cuando se carece del menor sentido de la historia y sus procesos. Los ideólogos pecan del complejo de Adán.

Proponer o querer imponer un hombre nuevo desde el poder, modelado por una ideología, es un acto de incompetencia humana, aunque pueda tener eficacia política transitoria. Esa incompetencia se manifiesta, por ejemplo, en la imposición de nombres como si los nuevos cambiasen la realidad. Viví cinco años y medio en la República Popular de Hungría en la década de los setenta del siglo pasado. Una excelente experiencia humana. Regresé de visita en 2008 y me sentí desorientado porque plazas y calles no se llamaban como las conocía: habían recuperado sus nombres anteriores a las imposiciones rusas. Recuerdo que en las escuelas se enseñaba ruso como segundo idioma, pero nadie lo hablaba. Las ideologías no pueden con las creencias nacionales.

La pasajera hegemonía política de una ideología está en correlación inversa con su fracaso histórico, tárdese o no; los ejemplos sobran aunque haya quienes no aprendan. El marxismo soviético había perdido su razón de ser cuando murió la URSS. La ideología bolivariana enarbolada desde el poder por varios regímenes venezolanos no ha hecho que los venezolanos nos sintamos y declaremos bolivarianos. Son ideas incompetentes. Poco después del colapso de la Unión Soviética, la iglesia ortodoxa rusa reivindicó al último zar, y la historia retomó su cauce.

Para imponer su ideología, el poder comienza por controlar las instituciones del Estado, sociales y privadas para impedir el pensamiento crítico. De ahí que la ideología, a pesar de las ideas vacías que la forman, se empeñe en ser realidad, tarea en la que el poder pone en evidencia su incompetencia histórica. El ideólogo pretende que su ideología tenga validez universal.

Herbert Marcuse afirma en uno de sus libros que Marx y Engels consideraron a la ideología una ilusión necesaria que se presenta objetiva e independiente. Atrae, sin duda, en sus primeros momentos; pero cuando se evidencia su alejamiento de la realidad, su incompetencia para contribuir con el desarrollo y el progreso de la vida social, no puede ocultar ser una camisa de fuerza, un mecanismo de control de la mente.

En concreto, las ideologías actúan contra la libertad individual y social. Muy al contrario de los sistemas de valores y creencias de los grupos sociales, que cabalgan en la historia y les dan forma al perfil con el que trascienden las más diversas situaciones políticas.

LA DERROTA DEL HÉROE

Leonardo Azparren Giménez

            Según Aristóteles la tragedia perfecta es aquella cuya acción va de la dicha a la desdicha. Sin embargo, en la tragedia griega no reina el pesimismo ni la visión negativa del ser humano. El tránsito que marca el Estagirita se da en situaciones concretas en las que el héroe trasgrede una norma y padece las consecuencias; es decir, es responsable de sus actos. Algo más de un siglo antes, al referirse a la saga de los Atridas, Esquilo acuñó: “Por el dolor a la sabiduría”, expresión de una fe en la condición humana y la solución de sus incertidumbres. Medea, Hipólito y Fedra son salvados por valores superiores; incluso, el anciano Edipo es santificado. En la tragedia griega no hay héroes derrotados; sí sancionados.

            Otra cosa ocurre con el héroe moderno que surge a partir del siglo XVI, carente de piso sólido que lo sostenga y permita avanzar. En más de un caso, lo único cierto que tiene el héroe moderno es la muerte vacía acompañada de la desesperanza y sin trascendencia. Cuando Inglaterra comenzaba a ser la potencia que fue, avanzando en la modernidad sus héroes dudan de sus existencias con gran pesimismo. Romeo a sus escasos 16-18 años se considera “un juguete de la fortuna”. Innecesario repetir las palabras de Hamlet cuando en 1601 duda. Para Segismundo la vida es sueño. Cuando Estados Unidos emergió potencia universal y absoluta en 1945, sus dramaturgos produjeron las tragedias del fracaso: La muerte de un viajante y Un tranvía llamado deseo. Los europeos no se quedaron atrás después de la desoladora y brutal experiencia de la guerra: A puertas cerradas y El malentendido, por ejemplo.

Shakespeare, ingenioso, aprovecha las incertidumbres de su época para jugar con las identidades de sus personajes, para hacerlos fracasar y darle forma a sus intrigas. Hamlet decide hacerse el loco para ver cómo vengar la muerte de su padre; más o menos igual Yago (“No soy lo que soy”) para vengarse de Otelo. Romeo y Julieta, jovencísimos, se suicidan. Varios equívocos matan a Hamlet. Otelo asesina a su amor y se suicida. ¿Por qué los héroes modernos shakesperianos son así? En el monumento dramático del siglo XX, Vladimir y Estragón tienen más de medio siglo esperando a Godot, sin límite de tiempo.

            El caso inglés tiene raíces concretas, por lo menos es la conclusión a la que he llegado después de algunas observaciones. En la reforma anglicana de los Tudor el cierre de los monasterios y la supresión del culto católico fueron irreversibles. También la destrucción de su literatura y arte. En el breve reinado de Eduardo IV (1547-1553) fueron destruidos los ornamentos de la Iglesia: estatuas, pinturas murales, vitrales, manuscritos y vasos sagrados. También fue reemplazada la misa católica en latín y eliminado el culto a los santos. La memoria personal y colectiva fue borrada.

En 1559 por mandato real se eliminaron las imágenes religiosas por ser símbolos de superstición. Un decreto de 1581, Act of Persuasions, calificó de crimen aceptar la religión católica, y se dio inicio a la inquisición anglicana. En 1583 el embajador español, de nombre Mendoza, refirió la cantidad de once mil católicos encarcelados. En 1585 fue prohibida definitivamente la misa y expulsados los sacerdotes. En una década fueron ejecutados varios centenares de católicos.

            Ser inglés era ser anglicano y viceversa. Ser católico era no ser inglés. La nueva realidad social y política significó un nuevo nacionalismo, la pérdida de una identidad milenaria y algunas razones para dudar. Borrar tantos siglos de costumbres y creencias significó la ruptura con la Europa latina y católica.

Fueron los años en los que creció y se formó William Shakespeare, hijo de católico. Algunos críticos han visto en sus obras cierto pesimismo, ¿respecto a qué? La desolación de Lear no solo conmueve, aterra. Ha perdido todo, carece de la más mínima sustentación ante un horizonte incierto. Lear es el fracaso absoluto. Ibsen es prudente y no describe la libertad que quiere Nora; ella se va nadie sabe hacia dónde. El teatro político también reconoce el fracaso del héroe: los dioses abandonan a Shen-te para que sola solucione su crisis.

El héroe moderno nació enfrentado y confrontado con su subjetividad, como única certeza. Esa relación binaria le resultó estrecha, tanto así que sólo la muerte le fue una certeza, mientras la vida se le disolvía en las manos.

CIVILIZACIÓN Y PERÍODOS HISTÓRICOS

Leonardo Azparren Giménez

    Civilización, período histórico, sistema de costumbres, valores y creencias y sistema socio económico son, me parece, expresiones y conceptos distintos y complementarios. Tal el caso de la civilización occidental, la nuestra, y su actual período capitalista con sus sistemas socio económicos: feudal, preindustrial, industrial, posindustrial, republicano, monárquico, democrático, dictatorial y, ahora, casi robótico. Además, nuestra civilización está configurada por un sistema de costumbres, valores y creencias cuyas raíces son grecolatinas y judeocristianas, con independencia de los sucesivos períodos y sistemas socio económicos. Rusia y China retomaron y consolidan el período histórico capitalista interrumpido por sus revoluciones. El hombre nuevo de esas revoluciones se esfumó sin dejar rastro. Algunos países que niegan el capitalismo parecen necesitarlo para florecer. A dónde nos lleva esto, no sé. Y desconfío de los futurólogos.

    Las costumbres, creencias y valores grecolatinos y judeocristianos de nuestra civilización han pervivido por más de dos mil años con varios períodos y sistemas socio-económicos: greco-latino, incierto en los primeros siglos después de Cristo, feudal, moderno o capitalista. Después del derrumbe y disolución de la Antigüedad, Europa apeló, en medio de su confusión, a la herencia de aquel período y le sumó los aportes judeocristianos para, paso a paso, renacer y consolidar hasta hoy a la civilización occidental.

    Los barones ingleses que enviaron una carta al rey Juan con demantas económicas, sociales, políticas y jurídicas, establecidas y reconocidas en la Carta Magna de 1215, fueron los primeros en defender los derechos privados de producir y comerciar libremente. Han pasado casi diez siglos y, según parece, esos derechos siguen vigentes. Es un momento histórico claro de los primeros tiempos del período capitalista.

    La revolución inglesa de 1642 y la francesa de 1789 cambiaron regímenes políticos y contribuyeron a consolidar el joven período capitalista de la civilización europea y occidental. La revolución industrial europea del siglo XIX y los cambios científicos y tecnológicos del XX consolidaron aún más el período histórico que tiene en los barones ingleses a algunos de sus iniciadores.

    Surgen muchas interrogantes. ¿Puede la acción política cambiar una civilización y un período histórico por otros? ¿Ha ocurrido en el pasado? El paso del período clásico conocido como Antigüedad al mal llamado Edad Media no fue así. Y tengo la impresión de que la conciencia del ingreso a la Edad Moderna en el siglo XVII no fue por algún proyecto político, sino por la dinámica de la historia que le dio forma y consistencia. Cambiar monarquía por república no supone pasar de un período histórico a otro. Los rusos lo intentaron a comienzos del siglo XX y a finales del mismo siglo la historia rusa retomó su curso. Alguna vez José Ignacio Cabrujas comentó que el sistema soviético no había producido un folletín como Crimen y Castigo de Dostoievski. Ahora un zar republicano rige ese país.

    Ha habido intentos de cambiar el sistema de propiedad privada de los medios de producción y, así, la historia. No sé si los teóricos y ejecutores del cambio consideran que ese sistema de producción tiene más de un milenio de gestación, desarrollo y organización, para querer cambiarlo con decisiones puntuales políticas y económicas. Por supuesto, esto no quiere decir que ese sistema de propiedad privada de los medios de producción sea casto y puro. Pero lo cierto es que a lo largo de un milenio ha dado identidad a un período histórico en el que la humanidad ha vivido, para bien y para mal, con asombrosos descubrimientos, adelantos y horrores de toda índole. 

    La pregunta es saber de manera práctica, no teórica, cómo en una civilización es el paso de un período histórico a otro, qué condiciones deben darse para ese paso, saber si puede ser provocado o no, si se tiene claro cómo será el siguiente período histórico que se aspira y/o propone. O si las civilizaciones cambian cuando cambian sus períodos históricos y los sistemas de valores, costumbres y creencias de los seres humanos. Con el ADN metafísico del hombre en el fondo: su libertad.

ALIENACIÓN, ANGUSTIA, SALUD

Leonardo Azparren Giménez

    Los científicos sociales tienen ante sí tareas inmensas para una comprensión orgánica de la sociedad venezolana en estas primeras décadas del siglo XXI, requisito indispensable para iniciar cualquier proceso de reconstrucción o, mejor dicho, de construcción de un nuevo tejido social. Una sociedad que no puede ser considerada en abstracto, es decir como simple objeto de estudio académico, sino como un conglomerado de individuos cuya subjetividad colectiva e individual está dañada, desquiciada, alienada. No es un problema solo social, político y/o económico; es un asunto humano en el sentido más prístino de la palabra.

    En la sociedad venezolana lo urgente suplanta lo importante; lo inmediato se impone sobre cualquier visión de futuro. Entre otros aspectos, significa pérdida del sentido de la historia al ser considerada subalterna de la política, por ejemplo. Es decir, la sociedad venezolana está pendiente de hoy y no percibe bien aquello que se logra a mediano y largo plazo, o es incapaz de proponérselo. En otras palabras, no tiene paciencia para actuar y obtener logros perdurables. En otras palabras, tiene una percepción equivocada de la realidad; está alienada. Perdió lo que pudo tener de sabiduría práctica.

    Cuando empleo realidad me refiero a la situación concreta en la que estamos, a la que le han impuesto un discurso que tiende a esconder la situación concreta a cambio de la del discurso. Es el conflicto entre realidad e ideología; es el divorcio entre la realidad y la subjetividad de los ciudadanos. Por eso, la sensación de no saber qué hacer como sociedad e individuos, perdidos en la maraña de un discurso ajeno de la situación concreta en la que están sociedad e individuo. De ahí la imposibilidad de una acción política clara que produce angustia por su impotencia.

    La angustia social no parece ser asunto clínico sino político e histórico. De las acepciones que tiene el diccionario de la RAE, me gusta: “Aflicción, congoja, ansiedad” ¿Qué tipo de terapia puede aplicársele a una sociedad para que supere su aflicción, congoja y ansiedad? El terapeuta necesitará mucha sabiduría práctica, y también la misma sociedad para ser consciente de su estado y actuar en consecuencia.

    Angustia consecuencia de estar alienada, por estar consciente del discurso impuesto contra la realidad padecida, sin poder superar esta última para borrar la irrealidad y sentirse libre. Kierkegaard, no recuerdo dónde, dice que la angustia es la realidad de la libertad como posibilidad antes de la posibilidad. Entonces, una sociedad que padece la libertad como posibilidad vive angustiada porque no la ejerce. En algún diccionario de filosofía leí que “la angustia es, ciertamente, un modo de hundirse en una nada”. Me pregunto si es posible superar la irrealidad discursiva y la realidad padecida para acabar con la angustia  de tener la libertad solo como posibilidad.

    Cito con frecuencia una expresión de Aristófanes en su obra Las ranas. Pone el comediógrafo en boca del personaje Eurípides que la tarea del poeta es hacer mejores a los hombres en las ciudades; es decir, ayudar a la sociedad para que tenga salud social. La ciudad aludida en esa obra estaba en guerra, derrotada y postrada, por lo que el poeta trató de racionalizar su angustia para superarla.

    Si el mundo es un escenario como afirma algún personaje shakespereano y la vida es sueño según Segismundo, el reto de superar alienación y angustia no es tarea fácil. No es un ejercicio discursivo superar esos discursos. Debe ser un accionar concreto y con eficacia histórica.

Se me ocurre especular sobre la posibilidad de tener salud social, no individual. Es un reto único, porque requiere conocer muy bien cómo se es y está. No estaría demás retomar para tal fin algún postulado clásico, como sería la prudencia (phrónesis) aristotélica aunque luzca una exquisitez, porque según Antonio Gómez Robledo en su obra fundamental Ensayo sobre las virtudes intelectuales, “la prudencia verdadera y perfecta, es la que delibera, juzga y ordena rectamente en vista del fin bueno de toda la vida humana”. Si en política se actuara de esa manera, habría salud social y no angustia y alienación sociales.

Curar la angustia social para tener salud social no requiere de medicina ni de diagnósticos clínicos. Son necesarias acciones constatables y eficaces. Cuando al final de El alma buena de Se-chuan el personaje está en una situación contradictoria incapaz de resolver, Bertolt Brecht tuvo la sabiduría de parar la acción ficticia de la obra y colocó al actor ante el espectador para pedirle que sea él quien con acciones reales resuelva el caso para encontrar un buen final social:

         A fin de poner término a estas dudas

         Buscad vosotros mismos algún medio

         Para que un alma buena pueda hallar

         La solución feliz que exige su bondad.

         Amado público, busca tú un buen final,

         Tiene que existir alguno, tiene que existir,

         ¡Tiene que existir!

De la aldea al universo

Leonardo Azparren Giménez

Si no estoy equivocado, le atribuyen a Leon Tolstoi haber afirmado –más o menos- que hablar de la propia aldea implica y significa hablar del universo. Como extensión casual de ese aserto epistemológico, Marshall McLujan habló de la aldea global. Dos polos en tensión o dos asertos complementarios perfectamente aplicables a la realización de la obra de arte. Dos principios, si queremos más, que explican por qué nos identificamos con dos muchachos veroneses que se enamoran y mueren, seres anónimos en cualquier pueblo de su época.

¿Qué sucede si en vez de hablar de la propia aldea, hablamos de nuestro Yo, si escarbamos en las antípodas de la aldea? ¿También se hablará del universo? Tolstoi era artista, no crítico literario, razón por la cual no hay por qué pedirle explicaciones. Una vez a Samuel Beckett le preguntaron qué quiso decir con Esperando a Godot y respondió que si lo supiera lo habría puesto en la obra. Entonces, el salto de la aldea al universo y, eventualmente, a la inversa, luce un imponderable a la vez que una gran verdad.

Vladimir y Estragón no habitan alguna aldea; están a medio camino en la nada, esperan. El bicho de Kafka sigue desconcertando en su metamorfosis. Willie Loman es inmensamente anónimo en su megapolis, al igual que los personajes de Sartre condenados a estar a puertas cerradas. No hay una aldea en la que se relacionen. Tienen ante sí el espejo de sus existencias solitarias. Los habitantes de un país, cuyo nombre no es mencionado, deciden venderlo en Asia y el Lejano Oriente.

En términos históricos puede afirmarse que la diferencia entre aldea y universo consiste, en la visión realista de Tolstoi de la literatura, en correlación con la realidad y las confrontaciones de otro tipo de visiones con otras/nuevas realidades en el transcurso del siglo veinte. Hasta la renuncia de los grandes relatos que caracteriza a eso que llaman posmodernismo. Algo así ha pasado en el teatro venezolano. La aldea ocupó el escenario desde, grosso modo, A falta de pan buenas son tortas de Nicanor Bolet Peraza en 1873, hasta, aproximadamente, La quema de Judas de Román Chalbaud en 1964. El universo apareció poco a poco, tímidamente. ¿Qué entender por tal? ¿Cuál universo? En los años finales de ese período, el universo se fue colando poco a poco; por ejemplo, en El Dios invisible de Arturo Úslar Pietri.

Hablamos de una tensión que no tiene porqué ser preocupación de los artistas, quienes trabajan con su imaginación, incluso cuando representan alguna aldea. Es asunto de los críticos cuando intentan racionalizar lo que produce la imaginación creadora. En teatro los ejemplos son inagotables por la condición anónima de muchos personajes y sus situaciones. Comparado con Luis XIV, Tartufo es un pobre anónimo que Molière sacó de algún barrio pequeño burgués de su época, como también es anónimo en relación con el poder, Guillermo Orosía en el Pejugal que se imaginó Rómulo Gallegos en El motor.

Que tal o cual personaje le hable a la humanidad con un lenguaje en nada aldeano es interpretación subjetiva de cada quien, que así universaliza a su aldea por muy grande que sea. En la Colonia venezolana fueron representadas obras de Lope, Tirso y Calderón; pero cuidadosamente seleccionadas, a tal punto que el repertorio no incluyó Fuenteovejuna ni La vida es sueño. Es que hay aldeas incómodas.

Algunas veces se confunde lo universal con lo abstracto, aunque lo universal de una obra de teatro no deja de ser la elucubración de un crítico pasado de listo. Y a alguien más le gusta esa universalidad para dejar de sentirse aldeano y sí ciudadano del mundo. Por eso, por ejemplo, algunos autores venezolanos nunca han tenido una escena propia, o la tuvieron muy de pasada. Hoy en día, ¿a quién le interesa La casa de Ramón Díaz Sánchez, si es que alguien la conoce o recuerda?

Llegar a ser aldea y aldeano no parece difícil. Imaginemos por un momento que los venezolanos nunca tuvimos petróleo y hierro. ¿Qué seríamos como sociedad? Habríamos sido un conglomerado aldeano en cuerpo y alma; es decir, aldeano con una visión del mundo quién sabe cuál. Es, por supuesto, una especulación porque la historia ha sido otra, y el petróleo nos universalizó (o internacionalizó). Tenemos, entonces, ambas experiencias, un país que de aldea pasó a ser universal.

Entonces surgen algunas preguntas para saber si avanzado el siglo XXI, como ha avanzado, tenemos un teatro de aldea o del universo; si nuestra dramaturgia se ajusta al aserto de Tolstoi. Cuando nos dijeron que éramos la capital mundial del teatro nos sentimos universales ¿sin serlo? Ahora, posmodernos y revolucionarios la pregunta no deja de ser inquietante. Porque el teatro está concebido y destinado a hablarles a los ciudadanos, a dialogar con ellos, y en ese diálogo es interesante saber si les habla de nuestra aldea con aliento universal. O, seamos realistas, les habla de otras cosas.

En fin, elucubraciones ociosas en tiempos de pandemia. 

Elisa Lerner

Leonardo Azparren Giménez

Elisa Lerner (1932) es la más dramaturga de las escritoras venezolanas de su generación; es la primera dramaturga en sentido estricto por el uso de diferentes elementos que configuran un lenguaje teatral propio. Desde La Bella de inteligencia (1960), Lerner evidenció una específica personalidad dramática, fluida y sorpresivamente madura.

Es probable que su larga estadía en Estados Unidos sea determinantes en la construcción de sus universos imaginarios. La madura soledad de Rosie Davis en En el vasto silencio de Manhattan (1963-1964) ha cae vivir en una nostalgia que se enlaza con la de las protagonistas de La Bella y Vida con mamá (1975). Es claro el propósito general que unifica la dramaturgia de Elisa Lerner, y las estrategias para lograr representarlo.

Lerner pertenece a la generación que irrumpe a partir de 1958. En estos años publicó La Bella en la revista Sardio, producto de haberse liberado de la carga de la carrera universitaria e instaurarse la democracia. En esta obra creó a una mujer fina e irónica que habla sin cansancio de sí misma a un periodista mudo todo el tiempo. En el fondo, habla de la Venezuela que comenzaba libremente a protestar, aunque desilusionada porque aquella democracia no hacía las transformaciones que se esperaban de ella. En alguna ocasión, Lerner comentó que la obra era un monólogo porque los venezolanos habían perdido el hábito de dialogar durante la dictadura.

Lo breve de la producción de Lerner ayuda a no perder sus pistas. En La Bella la impresión somática del país y su humor negro dan forma a la situación básica de enunciación. ¿Es La Bella la misma Elisa Lerner? Los escritores de su generación descubrieron la intimidad de su Yo en correlaciones casi traumáticas con el país. En sus otros protagonistas, este testimonio inicial se transforma en la asunción de la nostalgia como patrimonio personal. La protagonista intenta distanciarse de su entorno cuando lo comenta, viéndolo como no debería ser y añorando lo que sí debería ser. El Yo de Lerner transita en su Bell y se pasea por tópicos noticiosos de la época. El personaje es un soma sardiano, un sentido exterior que con humor se apercibe de su contexto sin ocultar su escepticismo e incertidumbres.

En El país odontológico (1976) y La mujer del periódico de la tarde (1976) se respira la misma atmósfera. La primera es un breve diálogo entre una crítica de arte y una joven con pretensiones de escritora o algo parecido. Ambas se ensartan en decires fugaces sobre arte. Igual que en La Bella, es un discurso impregnado de referencias directas sobre el contexto inmediato en el que Lerner escribe. La otra obra es un breve monólogo sobre recuerdos de una mujer que empieza a sentirse otoñal y sola, acompañada del periódico de la tarde.

No es arriesgado decir que En el vasto silencio de Manhattan es una épica sobre la interioridad del Yo, por el marcado tono descriptivo de los diálogos, en los que Rosie Davis habla de su contexto espiritual y material inmediato. Las doce escenas cortas son de una equilibrada síntesis para configurar de forma justa y necesaria la soledad y soltería de Rosie.

Esa soledad está emparentada con la presencia concluyente de la madre y su excesiva función normativa, que anula las iniciativas de su hija. La Madre cumple el rol de norma moral puritana al censurar la amistad de Rosie con una joven, supuestamente de vida desprejuiciada. Es la cima de la frustración de la protagonista. Ella, que adolece de un temor ancestral hacia la vida, se niega irracionalmente a asumir cualquier riesgo, y así lo evidencia en uno de sus monólogos.

Con los condicionantes de la enérgica presencia de su madre y el miedo al riesgo queda configurada la vida de Rosie. Su trabajo de burócrata anónima en una oficina anónima de Nueva York completa su vida. La soledad deviene en fatum y la libido se enerva y la corroe. Anciana y quejumbrosa porque Tom no volverá, con amargura habla de la misma joven quien, sin quererlo, le recordaba que una vez quiso “mantener una intimidad con los labios de un hombre”.

De pasada, Lerner intercala consideraciones sobre la depresión de los años treinta en Estados Unidos, una referencia que no constituye marco contextual motivador y explicativo de la soledad y creciente marchitez del personaje. La condición de Rosie es casi un dato congénito que lleva a los hombres a verla con conmiseración. Sus recuerdos de juventud, por ejemplo Jim y Nilson, aumentan su soledad. Cuando el primero explica las razones de su viaje sin retorno a California, en busca de un futuro mejor, solo logra hacer de su ausencia una causa más para la soledad de Rosie.

Al final, muere en un soliloquio lleno de vientres vacíos envueltos en neblinas, para usar su propia expresión. Posiblemente así morirán La Bella y las mujeres de El país odontológico yLa mujer del periódico de la tarde. Será la muerte que espera a la Hija en Vida con mamá.

Vida con mamá es el texto más vivo y celebrado de la autora, por la ágil teatralidad de sus situaciones y la fluidez de sus diálogos. Es un compendio del mundo de Lerner con la carga consciente de los recuerdos que llenan a La Madre y La Hija. Son dieciocho los recuerdos en los que destacan “El traje de novia”, “La cigüeña” y dos sobre Salvador Allende, el presidente chileno derrocado en 1973 por un golpe militar. El recuerdo cumple la función de un cúmulo opresivo de actos que definen la vida, cuando la única alternativa futura es la muerte.

Si madre e hija transitan un universo similar al de sus antecesoras, también están presentes otras preocupaciones de Lerner. Los recuerdos de Allende permiten retomar el escepticismo vislumbrado en su primera obra, un escepticismo activo y fustigador que no tiene la relevancia que se merece por el peso de la soledad que las embarga.

Los personajes de Elisa Lerner actúan en función de la interioridad del Yo. Referidos en línea paralela al proceso social, los lleva a presentarse en situaciones límite, en las que los bordes son la soledad congénita, la carencia de comunicación con el otro sexo y la inminencia de la muerte.

Rigoberta Bandini la musa milenial Delacroix

Mariana Marchena

Ay mamá! se titula la canción de Paula Ribó González, más conocida por su  nombre artístico Rigoberta Bandini (Barcelona, 1990),cantante pop, actriz de doblaje y dramaturga española; que cantó en el Benidorm Fest para representar a España en Eurovisión. No hablaré del desenlace polémico que tuvo la elección de la canción que sí representará a España, porque no soy experta y en España es un tema delicado todo lo que circunda Eurovisión. Lo que sí quiero es destacar aquí, todo el revuelo que desató la propuesta de Rigoberta Bandini, que ya nos tiene acostumbrados a propuestas artísticas y musicales que son una alquimia de verdades, genialidades  y eclecticismo, pero en especifico el efecto causado por Ay mamá (desde ya pareciera ser un himno para todos), y que haya y esté siendo tan controversial.

La Libertad guiando al pueblo ( La Liberté guidant le peuple) es un cuadro pintado por Eugène Delacroix en 1830 y conservado en el Museo del Louvre

Una de las estrofas de la canción es

 “Mamá, mamá, mamá

Paremos la ciudad. Sacando un pecho fuera al puro estilo Delacroix

Mamá,mamá, mamá”

Haciendo referencia a unos de los cuadros también controvertido del Pintor francés Delacroix. La Libertad guiando al pueblo

Lo que da qué pensar y desde mi punto de vista lo controversial, es que lo sea por  nombrar la palabra “teta” y por la angustia de todos al imaginar que la artista al presentarse mostraría su pecho “al puro estilo  Delacroix”,  al ser en vivo la presentación generaba nervios de que se mostrara un acto “impúdico” en tv. La mayoría de las entrevistas realizadas a la artista tenían un trasfondo amarillista… pocas preguntas enfocadas en su trayectoria creativa, su reciente maternidad, sus futuros proyectos, qué la inspiró a escribir una letra tan poderosa y un largo etc, el foco estaba siempre en la pregunta ¿Mostrarás un pecho durante la presentación?

La hipocresía de la sociedad y de la mayoría de la audiencia es increíble, se “angustian” de que sus hijos vean unos pechos pero no de toda la violencia que hay en las noticias,  o del contenido que puedan acceder a través de las redes sociales, o de que salga un representante de la nación haciendo declaraciones contradictorias a ese bienestar que supuestamente desean por y para los ciudadanos. Me preocuparía más explicarles a mis hijos qué es la inflación, que es la homofobia, que es la xenofobia a qué es una “teta”.

Lo controversial aquí es que sea controversial esta presentación en pleno siglo XXI en un país que se jacta de ser inclusivo, feminista etc.

“No sé por que dan tanto miedo nuestras tetas”

Es sorprendente que casi 2 siglos después el pecho de  Marianne Delacroix  siga siendo igual de “controvertido” Sabemos que el  artista francés presentó el cuadro  “La  libertad guiando al pueblo” en 1831 y fue criticado por ser un reflejo demasiado inmediato de la actualidad y los académicos no querían pinturas pegadas a las noticias. Además, mostraba un pecho desnudo. Así que el cuadro fue censurado y, por temor a más insurrecciones, se mantuvo la pintura oculta hasta 1863, cuando entró en el Museo de Luxemburgo.

En 1874 (40 años después) entró definitivamente en el Louvre y allí, a la luz pública, se convirtió en una referencia también para los conflictos contemporáneos, que se dejaron impactar por la rotundidad de la escena.  Mucho se especula también sobre la figura de Marianne utilizada  como símbolo del feminismo, pues esto sería una lectura muy posterior y moderna, se presume que igual Delacroix utilizó el pecho descubierto para mostrar interés en el cuadro y causar controversia y fama. De esto hay ensayos de críticos de arte que pueden leer e investigar, sin embargo lo que se quiere ahora es reflexionar como declara la cantante en una entrevista “el cuerpo de la mujer es insoportable” y que así como en 1830 el cuadro fue censurado hoy Facebook e IG denuncian y retiran mujeres amamantando o mostrando  parte de su pecho incluso hace unos años una publicidad que mostraba el fulano cuadro fue censurado.  

Reflexionemos sobre cómo dice la letra «No sé por qué dan tanto miedo nuestras tetas, sin ellas no habría humanidad ni habría belleza, y lo sabes bien»!  Y preguntémoslo cuánto hemos avanzado desde 1830… 

Letra Ay Mamá

 Tú que has sangrado tantos meses de tu vida

Perdóname antes de empezar

Soy engreída y lo sabes bien

A ti que tienes siempre caldo en la nevera

Tú que podrías acabar con tantas guerras

Escúchame

Mamá, mamá, mamá

Paremos la ciudad

Sacando un pecho fuera al puro estilo Delacroix

Mamá, mamá, mamá

Por tantas mamamama… mamá

Todas las mamamama… mamá

Tú que amarraste bien tu cuerpo a mi cabeza

Con ganas de llorar pero con fortaleza

Escúchame

Mamá, mamá, mamá

Paremos la ciudad

Sacando un pecho fuera al puro estilo Delacroix

Mamá, mamá, mamá

Por tantas mamamama… mamá

Todas las mamamama… mamá

Mamamamamamama… mamá

Vivan las mamamama… mamá

No sé por qué dan tanto miedo nuestras tetas

Sin ellas no habría humanidad ni habría belleza

Y lo sabes bien

Escúchame

En tiempos convulsos urge el antídoto de la ética y la compasión 

Por Mariana Marchena

En la política se habla la mayoría de las veces de estrategias, territorios, estadísticas, batallas para el bienestar por y para el ser humano; pero la mayoría de las veces se desvirtúa y nos dejamos seducir por el poder. Pero el problema no es el poder si no qué hacemos con él. 

En estos tiempos que corren, como se dice coloquialmente, se nos han visto las costuras. Al principio de esta pandemia por la novedad y miedo nos quedamos en casa e intentamos regresar a lo más básico, a la solidaridad, a los afectos al altruismo, pero al cabo de un año pareciera que esa humanidad quedó de lado. 

No es muy difícil encontrar ejemplos. Basta con mirar la batalla por la creación de vacunas cuyo objetivo final es evidentemente controlar este virus que vino a cambiarnos la vida, pero también está –y no muy de fondo– quién tiene el monopolio de su creación, cuál es más efectiva, cuáles son los protocolos de control más efectivos, éticos y coherentes para la selección de los grupos a vacunar y un gran etc.

Mientras lees esto hay miles de personas muriendo por malas decisiones de aquellos que están en el poder, sea por vía autoritaria o democrática. Familias separadas, niños que mueren en brazos de sus madres bajo condiciones climáticas intensas en una frontera en búsqueda de una vida mejor, seres humanos que simplemente no se salvan por no tener acceso a una vacuna o a una salud de calidad porque no son de un partido o de otro. 

Presos políticos que son violados y violentados día sí y día también, hijos que no pueden dar el último adiós a un padre que marcha a otro plano porque tuvieron que huir del país por no ser adeptos al régimen de turno, bombas que destruyen poblados enteros, manifestantes pacíficos que mueren a manos de las fuerzas policiales que se deben a un pueblo. Mujeres que no son escuchadas en una primera denuncia y son más tarde víctimas mortales de las manos de sus parejas o hijos. 

No soy experta en conflictos bélicos, ni diplomática, ni historiadora, hoy hablo como ser humano, que sufre al ver que no lo estamos haciendo muy bien como humanidad, sin tomar ninguna postura política ante los conflictos, quiero destacar que nos urge la ética, el humanismo y la compasión. Nos diferenciamos de los animales por muchas cosas como que los  animales  son feroces pero no crueles, y es crueldad pura y dura lo que sí se ha evidenciado durante estos últimos siglos. Lamentablemente las guerras han sido una constante en la historia de la humanidad, ahora con más tecnología pero con la misma crueldad.  Pero no debemos simplemente taparnos los ojos y seguir adelante.

La ética el nuevo capital social 

“La ciencia es maravillosa, pero puede usarse para destruir. El mercado es eficacísimo, pero  puede excluir a millones de desgraciados. La democracia es el sistema más perfecto de distribuir el poder. Pero sin un marco ético puede conducir la atrocidad. La ética constituye el núcleo de lo que he denominado en este libro “Capital Social”. Es el mayor recurso entre los mayores recursos del que dispone el ser humano. Es frágil, discutible, vulnerable a las críticas de los listillos, humilde ante los soberbios, a los que afortunadamente hasta ahora ha vencido” Marina. Biografía de la Inhumanidad. 2021. Ariel Pp 241

Ahora mismo en Venezuela, Colombia, Argentina, Brasil, Cuba, Haití, España, Marruecos, Siria… en fin, en el mundo están sucediendo cosas. Pero como dice la canción, «¿quién dice que todo está perdido?». Pienso que este momento histórico es para que no solo aprendamos, si no que nos sensibilicemos y entendamos la IMPORTANCIA de activar políticas integrales que no olviden al ser humano. Que como diría Arendt, no banalicemos el mal. Que es necesaria La Ética y ver más allá. 

Nadie está pidiendo santos, simplemente que pensemos por y para el otro, más allá de un mea culpa lo ideal sería una reflexión contemplativa y activa para evaluar los daños y ver qué podeos aportar para una sociedad más justa, hay que sacarle partido a nuestro ser Moral, desde lo más cercano, nuestro hogar, empleo, comunidad, comercio cercano etc. “Un mundo sin compasión no es habitable para los seres humanos” Cortina. ¿Para qué sirve realmente la Ética? Paidós. 2013. Pp 21

¿Cómo me estoy parando ante la vida?

Por Farah Cisneros

Aprender a vivir con incertidumbre, deshace los nudos de nuestra inteligencia creativa para fluir en la libertad de poder darle sentido al ser, sentir y hacer de estar presente”

Puede que sea suficiente un único instante para que la chispa divina haga presencia en el maravilloso despertar de una mente inquieta y ávida en la búsqueda de respuestas a las interrogantes que cada cierto tiempo se activan por algunos acontecimientos que al gravitarnos son capaces de poner en tela de juicio todo lo aprendido y que conforma el pasaporte de nuestra existencia. En un mundo preñado de tantos paradigmas donde el tizne por lo subjetivo y el placebo momentáneo invaden el razonamiento, cobra fuerza la inminente importancia que reviste iniciar un nuevo camino de aprendizajes donde resetearnos para desaprender una conducta condicionada y aventurarnos en la exploración de campos donde la energía del ser pueda fluir en la plenitud de una consciencia naturalmente sana y dispuesta para el servicio de la vida en equilibrio y plenitud. El amor y la gratitud nos permite saber que estar vivo ya es un milagro obra de la alquimia del presente. ¡Carpe Diem!

El verdadero crecimiento y desarrollo integral que podemos lograr es el resultado de ocuparnos en facilitarnos un buen desempeño en aquellos roles o áreas de nuestro diario vivir. Nos compete en la individualidad que nos habita establecer prioridades en la atención y resolución de las metas. Estas son el marco referencial desde donde nos estaremos inspirando para prepararnos y accionarnos.

En un tema de organizar metas y prioridades conviene sincerar cuales son los recursos o competencias con las que contamos y así paulatinamente desarrollar un plan de objetivos. Hoy por hoy estamos más conscientes que nunca antes de la importancia que reviste contar con buena salud física y mental por lo que alimentarnos adecuadamente bajando el consumo de los azúcares, grasas y carbohidratos de alto índice glicémico, disponer de disciplina para organizar y respetar los horarios de nuestras comidas, realizar alguna actividad física que estimule y ejercite nuestro cuerpo incluyendo el caminar, bailar, reír y regalarnos con mayor frecuencia esos mágicos momentos de recreo para compartir en familia, con amigos, sentarnos a no hacer nada o simplemente respirar con los ojos cerrados para visualizar y pensar en cosas y situaciones gratas, incluir en la Agenda con cierta frecuencia la disposición para realizar algún tipo de servicio social. Estaremos haciendo una valorable inversión de calidad en amor para nosotros y el entorno que habitamos con la inmediata retribución de la prosperidad que aporta vibrar en la coherencia con el sistema del planeta.

No tengas miedo de iniciar todo de nuevo, tu nueva historia podría gustarte más” (El Principito)

Son nuevos tiempos en una nueva tierra que se inventa y reinventa en cambios y movimiento de eje. Todo es transformado en la permanencia del infinito, por ello es una consecuencia natural romper los nudos hechos para fluir en la cadencia del ahora que aparece en cada instante… en cada respiración consciente e inconsciente.

Hoy no es un día cualquiera

Inés Muñoz Aguirre

Los seres humanos solemos recordar las tragedias que han marcado hitos importantes en nuestra historia. Convertimos esas fechas especiales en recordatorios permanentes, sin embargo dichos recuerdos parecieran no tener la fuerza suficiente para contribuir a lograr los cambios necesarios de nuestra conducta, para ayudarnos a ser mejores personas. 

8 de marzo

El 8 de marzo día en que se celebra el Día Internacional de la Mujer en el mundo, llueven las felicitaciones cargadas de rosas, lazitos rosados y muñequitas adornadas para decirnos unas a las otras lo maravillosas que somos. Las organizaciones que abogan por los derechos de igualdad entre hombres y mujeres elevan sus pancartas. Algunas ciudades ven como sus calles se llenan de mujeres, quienes siempre tienen algún tipo de reclamo social que formular, por ejemplo sería muy importante solicitar acciones contundes contra la violencia de género que cada día deja más victimas en el mundo.

Lo cierto es que si volvemos atrás, hay que hacerlo con la fuerza contundente que debe tener el recuerdo para propiciar algún cambio. Los hechos que dieron origen  a esta fecha no les daban tregua a las mujeres participantes de los mismos para reconocerse luchadoras ni maravillosas, mucho menos heroinas en medio de una marcha que por reclamar mejores condiciones laborales, arrojó a sus pies 120 víctimas de la policía, quien demostraba a través de su violencia que el poder mal manejado lo que propicia es la destrucción.

Las mujeres de hoy

Hoy han pasado 145 años de aquellos acontecimientos atroces y no solo seguimos siendo víctimas de las diferencias en la profesión, víctimas del maltrato, sino que somos las grandes protagonistas del poder mal entendido y empleado. Hoy millones de mujeres en medio de la guerra entre Rusia y Ucrania llegan a las fronteras buscando salvación para sus familias, se despiden de sus maridos quienes irán al frente de batalla, lloran por sus hijos los cuales no criaron para que empuñaran un arma, rezan en silencio pidiendo la paz y la cordura como único camino al entendimiento.

Que hoy no sea un día más de cartelitos rosas, con un minuto de importante introspección sobre lo que somos, lo que queremos y como debemos cambiar comenzariamos por ser solidarias con las que abandonaron los tacones y las pinturas de labio en sus casas bombardeadas. Con un minuto de silencio y oración estariamos generando la energía para que todos sintamos el valor de mirar hacia adentro. Con un minuto de conversación con nuestros padres, hermanos e hijos estariamos transmitiendo valores fundamentales para el reconocimiento y respeto. Con un minuto en el que tiendas la mano hacia alguna persona con la que sientas diferencias estarías construyendo un nuevo camino.  Seamos mucho más que recuerdos. Asumamonos realidad a partir de la enseñanza de aquellos momentos que no tendrían por qué seguirse repitiendo. En un minuto vamos a formularnos una pregunta y tratemos de conseguir una respuesta: ¿Qué nos pasa que no aprendemos?

LOS APORTES DE USLAR PIETRI 

                                                                                       Enrique Viloria Vera

Son muchos los aportes que nuestro polifacético Arturo Uslar Pietri realizó en diferentes dominios del saber y que aún perduran como referentes para comprender mejor lo que somos y porqué lo somos. En esta oportunidad queremos subrayar los más relevantes, en nuestro criterio: 

El Realismo Mágico: Uslar es un escritor que a temprana edad ya había adquirido resonancia tanto en Venezuela como en Francia, por su novela octogenaria Las Lanzas Coloradas. En Paris, compartió ciudad y oficio con  Alejo Carpentier y Miguel Ángel Asturias, al tiempo que desempolvaba de su inconsciente el término Realismo Mágico para caracterizar a una literatura que revela, descubre y expresa en toda su plenitud inusitada esa realidad casi desconocida y casi alucinatoria que era la de América Latina para penetrar el gran misterio creador del mestizaje cultural.  El propio Uslar señala: “por el final de los años veinte yo había leído un breve estudio del crítico de arte alemán Franz Roh sobre la pintura postexpresionista europea, que llevaba el titulo de Realismo Mágico. Ya no me acordaba del lejano libro, pero algún oscuro mecanismo de la mente me lo hizo surgir espontáneamente en el momento en que trataba de buscar un nombre para aquella nueva forma de narrativa”.

El Mestizaje Americano es otro de los grandes temas en los que Uslar ha dejado su impronta personal .En efecto, el escritor, en muy diversos ensayos y artículos, y desde diferentes perspectivas, aborda el tema del mestizaje americano para insistir en él, una y otra vez, a objeto de explicarlo en sus variadas manifestaciones, y, muy especialmente, en la cultural. Recuerda Uslar que “es sobre la base de este mestizaje fecundo y poderoso donde puede afirmarse la personalidad de la América hispana, su originalidad y su tarea creadora. Con todo lo que le llega del pasado y del presente, puede la América hispana definir un nuevo tiempo, un nuevo rumbo y un nuevo lenguaje para la expresión del hombre, sin adulterar lo más constante y valioso de su ser colectivo, que es su aptitud para el mestizaje viviente y creador.” Uslar resalta las expresiones de ese mestizaje cultural presentes en el Barroco americano, en el modernismo, en el sincretismo religioso y en los movilizadores mitos americanos como el Dorado.  

La Venezolanidad: Venezuela, la identidad del venezolano, la imagen del país, en fin, la Venezolanidad fue un tema constante en las numerosas, diversas y enjundiosas reflexiones que realizó Uslar Pietri durante su larga y fructífera vida intelectual. Para el escritor «esa unidad de tierra, de hombres y de destino ha ido revelándose en distintos tiempos de distinta manera. Ha empezado por sentir su condición y luego ha comenzado a expresarla en confesiones y revelaciones. Ha habido primero una visión exterior de una realidad, de un enigma, ha habido luego una sensación interior de esa realidad, y, al final, ha habido las tentativas de expresión de esa realidad. Esto es lo que podríamos llamar el proceso de invención de Venezuela.» A estos efectos, el escritor estudió los nombres de Venezuela, el rescate del pasado, nuestro irremisible carácter de hispanoamericanos y, por último, el mestizaje como hecho fundamental de la identidad del venezolano, a objeto de entender mejor la venezolanidad.

EL Rentismo Petrolero: Con aguda visión de lo que podía ocurrir en el país si no se diversificaba la economía nacional, en 1936, Uslar acuñó su celebérrima frase “hay que sembrar el petróleo” que aún continúa siendo objeto de críticas y loas, e influenciado las políticas públicas y las discusiones sobre el porvenir del país. Para Uslar “sembrar el petróleo” significaba: “no abandonarnos a la poderosa corriente unilateral que constituye la industria petrolera, sino por el contrario, canalizarla, dirigirla, aprovecharla, para que con su fuerza y riqueza anime y movilice todas las actividades económicas del país”. La reciente realidad nacional le da profunda razón a los viejos temores del escritor cuando además advierte que «una parte de esa gran riqueza se ha invertido en crear un Capitalismo de Estado. Ese Capitalismo de Estado tiene consecuencias graves. Si sigue creciendo ilimitadamente, Venezuela va a llegar a ser un país, no ya de dependientes del petróleo, sino de dependientes del Estado, y ese capitalismo monstruoso del Estado, llegará fatalmente a convertirse en una terrible máquina de tiranizar.»

Los estudios de Economía Venezolana: Uslar Pietri tiene además el mérito de haber contribuido significativamente al inicio de los estudios de la economía nacional, cuando para apoyar su Cátedra de Economía Política en la Facultad de Derecho de la UCV publica lo que se considera el primer texto de economía adaptado a la realidad venezolana. Sumario de Economía Venezolana, para alivio de los estudiantes, mezcla de informe económico, libro de geografía e historia económica.  


LAS LANZAS COLORADAS: una novela de la guerra

                                                                                        Enrique Viloria Vera

                                                                              «La guerra, Inés, es algo terrible.»  A.U.P.   

                                                                                                                                                                                                                                        

En París, un mozo de nombre Arturo y de apellidos Uslar Pietri, escribió una novela pionera –  Las Lanzas Coloradas – que fue prontamente  publicada en el año 1931 en España, concitando de inmediato el interés del mundo literario hispánico. La novela –  concebida originalmente como un guión cinematográfico – constituye al decir de Domingo Miliani: “un modo de ir a los orígenes de la conciencia nacional en agraz, en el período emancipador, sin caer en los esquemas de la novela histórica galdosiana”.

 La obra del joven Uslar es a todas luces una novela de la guerra, de las muchas y muy disímiles guerras que enfrentan sus contradictorios personajes. El escritor, sin ambages, afirma: “El mundo no ha sido hecho, Inés, para lo mejor (…) la guerra está en él, y nadie la ha traído, ni nadie podrá quitarla”. 

Variadas son pues las guerras, los conflictos, las beligerancias, que los distintos protagonistas uslarianos están llamados a cumplir en un estrenado siglo XIX en que se ponían en juego las nociones  de derechos humanos, de libertad y de justicia. Corrían los tiempos iniciales de una larga guerra emancipadora que trastocó vidas, instituciones y conceptos para dejar, a la larga, una secuela de innúmeras muertes ofrendadas en nombre de una patria nueva, de una Venezuela posible. 

Esas profusas guerras asumen características distintas, dependiendo del personaje que la libra.

Presentación Campos, “un pardo grande, fuerte, pretencioso”, asume desde muy temprano su propia y ansiada guerra: aquella que lo hará ganar real para salir de la pobreza y la esclavitud. Se encabrita el mulato en la hacienda “El Altar” para acabar con la inocente virginidad de la Niña Inés y destruir a fuego vivo,  el patrimonio familiar que con mucho esfuerzo construyeron los Arcedo y los Fonta. Es que Presentación Campos: “despreciaba al amo. Su instinto lo rechazaba, lo sabía indeciso y tímido (…) “¿Vamos a la guerra?” “No” ¿A la guerra?… ¡Tenía miedo y tan linda cosa como era la guerra!…Un buen caballo, una buena lanza, un buen campo y gente por delante!…”

Es que ciertamente el amo Ferrando era un verdadero pusilánime, un niño de papá, un melindroso, que no sabía a que dedicar su mullida vida, si a los libros o más bien a Dios: “El pensamiento era como una tentación. Como una provocación a someter la vida a un principio, a una ordenación, a una regla: Al fin, habría de decidirse, y decidirse era prescindir de otras muchas cosas igualmente posibles y deseables. Escoger era renunciar.” Y para contribuir con su incertidumbre y  debilidad, su amigo Bernardo lo invitó a uno de los secretos cenáculos donde los mantuanos caraqueños hablaban de Miranda y de Rousseau, de un contrato social, de una bandera tricolor, de utopía, democracia, justicia y libertad.  A la salida del encierro, más confundido aún, el vacilante Fernando le rezaba a Dios trémulamente: “Padre nuestro, te ruego que hagas nacer la patria; que la hagas nacer fuerte y buena. Te ruego, Padre nuestro, por todos los hombres que la van a hacer, por todos esos hombres que están lejos, que no conozco y que son para siempre mis hermanos. Padre nuestro que estás en los cielos…”

Por su parte, el Capitán David llegó de Inglaterra para participar en una guerra que no era suya, le entusiasmaba alejarse por un tiempo de la vieja y dulce Albión para ver como se construía la libertad al otro lado del Atlántico. Llegó súbito para morir también súbitamente, rememorando lejanas batallas que parecían una ordenada formación de soldaditos de plomo que desconocían lo que era una montonera dirigida por un tal Boves: un hombre desconocido, al que llamaban el Diablo: “por donde pasa, mata, roba, incendia. Es como una peste”. El romántico Capitán David, al oír la descripción del Azote de Dios exclamó: “Es curioso…Parece ser prodigiosamente valiente y atrevido. Me gustaría conocerlo”.

Ni Fernando, ni Bernardo, ni el Capitán David, ni muchos otros patriotas, lo conocieron, murieron en la batalla de La Victoria, haciéndole honor a la juventud, intentando todos construir patrias propias y ajenas. ¡Era tan fácil morir en aquellos días!

Inés, la niña bonita y bien, el ama de “El Altar”, desflorada, desfigurado su rostro hasta el asco por el incendio provocado por el sanguinario Presentación, continúo persiguiendo su venganza por caminos equivocados, donde siguieron blandiéndose las lanzas coloradas con su mensaje de sangre y muerte.

La única que vivió feliz para contarlo fue La Carvajala, que cabalgando junto al alzado Presentación Campos, llegó una noche a Garabato, donde “el Coronel Zambrano la había saludado con respeto, y todos los hombres la habían visto con humildad, los soldados ebrios, los negros lascivos, los hombres acostumbrados a violar las mujeres; todo porque ella era la mujer de un jefe”.  

Boves continúo su lucha hasta entregar su vida en Urica, Bolívar – “el hombre que ha obsesionado toda la tierra de Venezuela” – pasó a lo lejos; Presentación Campos no pudo verlo, en su celda: “suavemente dejó resbalar la mano de la reja, y fue a desplomarse sobre la tierra húmeda, la carne pesada de muerte”. 

TRES VERSIONES VENEZOLANAS DE UNA SOLA EMOCIÓN

                                                                                          Enrique Viloria Vera 

Con especial deleite acepté realizar la presentación de tres poetas venezolanos que, a su manera, representan la buena poesía que crecientemente se escribe en Venezuela. Son además tres poetas de mi afecto, a los que he seguido con especial interés.

De José Pulido puedo afirmar que es uno de los mejores exponentes de la poesía urbana latinoamericana. Su obra es un permanente canto citadino a esa horrible ciudad que es la Caracas de la Revolución Bolivariana. Nuestro poeta es un transeúnte permanente. Como peregrino impenitente y reiterado, anda y desanda las calles y avenidas de su entorno urbano para descubrirse descubriendo, revelando circunstancias inauditamente cotidianas, la presencia, anodina o indeseada, de un conjunto de seres del común, inocuos, irrelevantes para los demás, que pasan por la vida para vivirla biológicamente, sin mayores preocupaciones, como vaya viniendo, tal como se presente día a día. El escritor eleva a la categoría de protagonistas de su feroz y descarnada poesía a unos ciudadanos variopintos que, a su vez, también deambulan, moran, se estacionan, duermen, orinan o defecan en las explanadas, calles o vericuetos de una vecindad, de un barrio, de una urbanización que por más que por voluntad propia, por necesidad, han convertido en pequeña patria. Poema tras poema, van apareciendo inusitados personajes que dejan por instantes sus inveteradas rutinas para obtener unas líneas de gloria en los versos de un poeta que es, él mismo, una gran avenida de la existencia ajena. Ojeroso de insomnios, el poeta implora en cada poema la infinita bondad del Señor, en una plegaria personal que busca salvarlo de su impenitente condición urbana.

Carmen Cristina Wolf va de afuera hacia adentro, incorporando a sus rincones personales un biombo etéreo, una pared arrebatada, que construye con ladrillos de nube, rememorando a sus místicos poetas. La poetisa – como gusta de llamarse – es tributaria de Sor Juana Inés de la Cruz, de Teresa de Ávila o de San Juan de la Cruz. En efecto, nuestra poetisa, es capaz de elaborar un fiel retrato de la bienvenida cotidianidad, cantándole a sus manos que, sin fatiga, han servido para mimar, saludar, arrullar, tejer, doblar, planchar, confortar, fregar y cocinar el pan cotidiano que convoca a la mesa a su acariciada y siempre presente familia. En su celebrado poema que demanda la atención de su amado, expresa a cabalidad las ganas de amar y ser amada. En el poema que antologamos es ahora el viejo caserón de la familia el que apellida querencias y fantasmas, afectos y recuerdos, y sirve de telón a la mística poetisa, quien – levitando – ve, con los ojos del espíritu, la querida casona familiar que permanece física, vigente y actual, aún sin ella que desanda otros vecindarios sin paredes ni techumbres.

José Tomás Angola es difícil de asir en su expresión poética, su obra es urbana e intimista, experiencialista y transgenérica. Va y viene de lo que le ocurre y no, de lo que se imagina y pergeña para que él mismo o alguno de sus otros personajes de su poesía escénica exprese un sentir, una emoción, que puede no ser propia o no ser de nadie.  La poesía de Angola es siempre una apuesta: un gambito: puede que ganemos o perdamos; él estará siempre impertérrito como el gélido crupier de un casino sin propietario que dice tajante e indiferente: no va más.  Hacerse viejo es de gente impaciente, / así que no te creas el desfile de los calendarios. / Siempre mienten, / engañan para hacerse los importantes, / como los malos amantes. / Huye de la arena del reloj…” Y nosotros esperanzados, escurrimos el bulto poético, evitamos la letra evidente, pasamos la mano, quebramos los relojes, y esperamos –  cándidos – creerle al poeta –  a fin de que la puta vida nos acompañe un momento más”. 

GASTÓN BAQUERO: amor sin término 

                                                                                            Enrique Viloria Vera

                                                                                Si tomas entre los dedos la palabra amor /      y la contemplas de derecho a revés / y de arriba a abajo,/verás que está hecha de algodón, / de niebla y de dulzura.

El amor no es unívoco ni uniforme: es plural, diverso, disímil, heterogéneo La poesía de Gastón Baquero es indudablemente de amor, aunque no estrictamente amatoria, en el sentido del amor cortesano, del amor cortés, de la llama doble, tan analizada en la poesía de Occidente por Octavio Paz, es decir, aquel que se incendia cuando:

 “El fuego original y primordial, la sexualidad, levanta la llama roja del erotismo y ésta, a su vez, sostiene y alza otra llama, azul y trémula: la del amor. Erotismo y amor: la llama doble de la vida”. 

Ciertamente el escritor cubano no es un poeta amatorio, cortesano, erótico, en sentido cabal, empero su obra contiene textos que dan buena cuenta del talante amoroso de Baquero: “la llave del corazón está en los ojos” afirma, o bien: “Todas las violetas de la tierra / Para ocultar que existes. // Toda la luz posible de los cielos / Para encontrar que existes. // Toda la canción eterna de la estrella / Para decir que existes”, o en aquel otro poema donde invita a la perpetuidad al ser amado. “Vamos / juntos / a quedarnos / eternamente / silenciosos”. 

Indudablemente que en la poesía de Baquero hallamos emocionados poemas dedicados tanto a amores propios como ajenos, en los que el escritor antillano demuestra sus dotes galanas y seductoras, en los que reiteradamente el recuerdo y la nostalgia se hacen presentes, tal como lo constatamos en el poema dedicado a Berenice que lleva este dicente epígrafe “el amor y el tiempo”. Escribe Gastón a su evocada damisela: “A veces tu recuerdo me hace daño / como un alfiler clavado en la palma de la mano. // Pero me das el tiempo intemporal, lo eterno, / el olvido del mundo y de esas horas / que me van empujando lentamente al vacío; / el tiempo que me das tiene su nombre: / solemne puede ser llamado Eternidad, / humilde puede ser llamado Amor, / pero a solas yo gusto de invocarlo con tu dulce nombre, / y decirle simplemente, ven a mi corazón, / porque te quiero”. 

El poeta, trasmutado en Sancho, revive las dolencias que este hombre simple, torpe e ignaro, experimentaba por Teresa: “era la enfermedad del Amor, pero él no lo sabía. Sobre el corazón de la rústica moza – rosa silvestre, manzana blanquirrosa – caía el silencio de su enamorado, que no acercaba a decir en palabras, en canciones, de sus ensueños y de sus fiebres”. Y para liberar a Sancho de sus males de amor, Baquero le cede uno de sus poemas en honor a la amada del amigo: “Teresa: / traía para ti, / entre las manos, / una mariposa. // Era roja, era azul, / era oriblanca, / era tan linda, / que al verla bajo el sol / esta mañana, / quise que la tuvieras / o al menos la miraras. // Tría para ti, lleno de contentura / aquella mariposa / que aleteaba en mis manos / como un pajarito. / ¡Quería verte la cara / cuando vieras saltar / sobre tu falda / aquella mariposa! // Pero ya junto a tu casa / vi a otra mariposa / sola, amarilla y verde, / parecía estar triste, / como un hombre sin novia, / y pensé si sería / la novia de la mía: / y abriendo mis manos / dejé que se escapara / la oriblanca, la azul / la roja mariposa; / y las dos volaron, / y juntas fueron a quererse perdidas en el cielo”.  

Para Julia también hay un poema veraniego, pleno de luz cenital, de amor y necesidad por parte de un poeta que se reconoce absolutamente inútil para enfrentar la triste soledad de los domingos solos y tristes, y la implacable cotidianidad de andar vestido, con eso que llaman, urbana corrección. Escribe Baquero a Julia más que un poema, una súplica: “Me siento bajo el sol a beber tarde, / a comer rodajitas de blando atardecer, / rodajitas finales de este domingo triste, / y más los domingos tristes de verano, // La campana vacía de la tarde / se llena de fantasmas silenciosos: / vuelve la compañía mejor del solitario, / que es la memoria barrida de arriba a abajo, / lavada, planchada, limpiecita, / por la callada escriba de la muerte. // Julia, si quisieras ponerle un botón a esta camisa, / o un reborde de nácar en esta solapa, / porque esta noche / puede que regrese trayendo un clavel, / o quizás un puñadito de lágrimas / absolutamente cristalizadas ya, / en el revés de la manga. // Julia, no me dejes aquí: / llévame a tus terrazas llenas de geranios, / llévame al quitasol de estar bien muerto, / porque vendrá el verano otra vez, / y tendré que sentarme yo solo, / yo solo conmigo solo, / con esta camisa tan sucia, sin botones, / vieja y destartalada / como el ataúd de un ajusticiado”.   

Pero ninguna elegía de amor tan bella y cruel como la que Baquero –  estimulado por unos versos de Vicente Huidobro “¿Irías a ser ciega que Dios te dio esas manos? Te pregunto otra vez” -, escribió con el desgarrador titulo de Manos: “Me gustaría cortarte las manos con un serrucho de oro. / O quizás fuera mejor dejarte las dos manos en su sitio / Y rodearte todo el cuerpo con una muralla de cemento, / Con sólo dos agujeros precisos / Para que por ellos sacases las manos a que aleteasen, / Como palomas o como prisioneras de un rey implacable. // Tus manos estarían bien guisadas con tiernos espárragos, / Doradas lentamente al horno de la devoción y del homenaje; / Tus manos servidas por doncellas de cofias verdes, / Trinchadas por Trimalcrón con tenedores de zafiro. / Porque después de todo hay que anticiparse a la destrucción, / Destruyendo a nuestro gusto cuanto amamos: / Y si tus manos son lo más hermoso de tu cuerpo, / ¿Por qué habíamos de dejar que pereciesen envejecidas, / sarmentosas ya, horripilantes manos de anciano general o magistrado? // Procedamos a tiempo, y con cautela; un fino polvo de azafrán, / Unas cucharaditas de aceites de la Arabia perfumante, / Y el fuego, el fuego santificador, el fuego que perpetúa la belleza. / Y luego tus manos hermosísimas ya rescatadas para siempre.  / Empanizadas y olorosas al tibio jerez de las cocinas: / ¡Comamos y salvemos de la muerte, comamos y cantemos! // ¿Irías a ser ciega que Dios te dio esas manos? Creo que sí. / Por eso te suplico pases por el verdugo mañana a las seis en punto, / Y dejes que te cercene las manos prodigiosas: salvadas quedarán, / Habrá para ellas un altar, y nos reiremos, nos reiremos a coro, / De la cólera inútil de los dioses”. 

El amor –  pasados los fulgores de la juventud, las pasiones de la luna de miel, los encuentros arrebatados y encendidos en revueltos lechos – también puede convertirse en ternura, sentencia nuestro poeta: “Cuando se vuelve muda la carne clamorosa, / para ella nos queda la ternura.  / Persiste el resplandor de aquel glamoroso incendio / que fuera un día himno de deleite, ramo de música viviente. // Debajo de las pálidas cenizas / palpita todavía / el jubiloso cantar de la hoguera // Los ojos escaparon a otros paraísos, / tocó en otras playas la barca del deseo, / pero en el centro del alma está incrustada / aquella música suave y tenaz como el perfume de la infancia. // Cuando se vuelve muda la carne clamorosa, / aletea gimiente en el más puro rincón de la existencia / el pájaro gris de la ternura”.

Y para no quede duda de la vocación amatoria de su poesía, de sus versos que trascienden la carne y el tiempo, Baquero escribe:            

“Amar  es ver en otra persona el cirio encendido, el sol manuable y personal  / que nos toma de la mano como a un ciego perdido entre lo oscuro, / y va iluminándonos por el largo y tormentoso túnel de los días, / cada vez más radiante, / hasta que no vemos nada de lo tenebroso antiguo, / y todo es una música asentada, y un deleite callado, / excepcionalmente doloroso y a un tiempo, / tan niño enajenado que no atreve a abrir los ojos, ni a pronunciar una palabra, / por miedo a que la luz desaparezca, y ruede a tierra el cirio, / y todo vuelva a ser noche en derredor / la noche interminable de los ciegos”.

TEATRO PORNOERÓTICO

Leonardo Azparren Giménez

La pornografía y el erotismo tienen en Rubén Monasterios (Caracas, 1938) a un estudioso poco atendido, quizás porque son temas tabúes para la moral pública o menospreciados salvo en sus aspectos clínicos. En 2010 la Fundación para la Cultura Urbana le publicó Lo erótico / Lo pornográfico. Ensayos sobre la sexualidad y el amor, obra enjundiosa y muy seria (352 páginas) sobre ambos temas. Allí Monasterios propone una interpretación sobre la naturaleza y el comportamiento de la pornografía y el erotismo, exculpándolos de cualquier connotación moral porque “lo pornoerótico es inherente a la existencia humana” (198). Con base en este principio deriva:

La escritura de ficción sexual es una literatura alucinatoria en el sentido de no limitarse a informar o a ser un recurso de recreación o a inspirar emociones de diversa índole en el lector, sino en el de pretender hacerle sentir, de una forma vivencial, las experiencias narradas. (199)

Hacer sentir de forma vivencial diversas experiencias es, casualmente, la cualidad primordial del teatro por la relación en presente del espectador con el conflicto representado en la escena. Consecuente con este principio teórico, Monasterios escribió varias comedias pornoeróticas, en nada obscenas pero sí directas, ligeramente escatológicas y esencialmente plenas de humor y hasta elegancia en el bien y buen empleo de la lengua. La estructura de las situaciones es sencilla porque lo que importa es el estar en sí de los personajes dialogando sobre un tema, razón de sus correlaciones y no un conflicto con planteamiento, nudo y desenlace. En Julieta, Otelo y don Juan al desnudo la irreverencia y desacralización de los clásicos se da en la libre relación lúdica de dos actores en un espacio vacío, para referirse al erotismo oculto y censurado de las obras de Shakespeare y Molière. La lujuria integró en 1974 el espectáculo de El Nuevo Grupo Los siete pecados capitales. Es la obra más incisiva y dura por su componente religioso desacralizador. La mayor parte es cantada, con escasa correlación entre los personajes.

Estas obras de Monasterios pueden constituir una transgresión en la parsimonia actual del teatro venezolano, víctima de una crisis de creatividad compleja y grave. Su representación implicaría un compromiso radical en un contexto en el que la dramaturgia nacional no tiene una correlación creativa con la situación del país, el sistema de producción está deprimido y las proposiciones experimentales son un recuerdo borroso. Monasterios conserva el espíritu de los sesenta, que en estas obras es corrosivo.

La seducción, No es Menina que es poupèe, Pedofilia y Rosa luciferina son obras en las que no hay el contexto de una situación social que coloque a los personajes en una historia, ni siquiera cuando predomina la visual de algunos objetos, tal el caso de la mesa y los alimentos en La seducción, obra en la que porno y eros casi se disuelven. La situación lúdica que le permite a Monasterios tratar temas tan escabrosos sin traspasar algunos límites está acompañada con la abundancia de textos cantados. En La seducción es palpable, además del valor de las acotaciones para configurar la acción escénica.

Algo parecido sucede en No es Menina que es poupèe, en la que el protagonista, Nigromante, mantiene un juego erótico con una muñeca interpretada por una actriz, ambigüedad premeditada para provocar una experiencia límite. Porno y eros afloran con el pretexto del objeto muñeca hasta la paradoja final: por ser tal no tiene agujeros para consumar el acto sexual. Monasterios insiste en crear una situación que plazca y divierta al espectador, sin traspasar los límites de lo obsceno.

En Rosa luciferina se asoman algunos elementos sociales, por cuando uno de los personajes, Amigo, es descrito un trepador social. Calificada pornogótica por Monasterios, la tensión y el conflicto entre Amigo y Señorita centran la atención gracias a la fuerza de los parlamentos, buena parte en verso pareado.

Un antecedente importante de estas obras se remonta a 2001 con Diálogos de la paloma, con la que se relaciona Violadores, para mi gusto la más interesante de estas obras por su proposición teatral. Son dos monólogos intercalados independientes entre sí pero con sentido dialogal. El personaje de clase media cometió una violación y el marginal es un violador consumado. Sus exposiciones describen las violaciones con un lenguaje llano y directo, para construir dos mundos sociales distintos y hasta opuestos.

Este grupo de obras de Rubén Monasterios constituye, si se quiere, una alternativa en el teatro venezolano, considerados los propósitos del autor y las estrategias discursivas empleadas para lograrlo. Monasterios busca amoralizar dos asuntos inherentes de los seres humanos, a pesar de sus evidentes connotaciones morales en las relaciones y costumbres sociales. Para ello representa situaciones nada excepcionales, mejor dicho diálogos, en las que los personajes conversan sin eufemismos ni asombros sobre temas pornográficos y eróticos.

Lenguaje: ¿inclusivo o excluyente?

Luis Barrera Linares

El lenguaje inclusivo o incluyente sigue generando polémicas. Cada vez surgen más propuestas relacionadas con el tema y no deberíamos pasarlas por alto. No importa cuál sea nuestro criterio respecto de su (im)pertinencia, hay que verlo como un asunto que se relaciona con ese valioso patrimonio comunitario que es el idioma. Todo lo que lo afecta debe ser visto con respeto y sin adelantar (pre)juicios que no conducen a nada. Tampoco debemos persistir —como hacen algunos hablantes públicos— en tomarlo a modo de chanza para hacer caricatura de quienes están a favor de unas u otras alternativas. Sin embargo, mi tía Eloína diría que ni tanto ni tan poco. Con esto alude a que algunas ideas sobre el tema podrían generar efectos contrarios a los buscados. 

Por ejemplo, hacer propuestas extremistas, a veces insólitas, desconcertantes, o fuera de lugar, implicaría el acarreo de consecuencias contraproducentes. Los extremos pueden ser interpretados más como parodias que como alternativas serias para mostrar lo que podría estar oculto. Esto vale de lado y lado. Veamos.

Caso 1, Francia:  por mucha influencia gubernamental o “peso público” que detente, un ministro de Educación no tiene potestad para prohibir el uso de lenguaje de género en las escuelas a cargo de su despacho. Transgrede con esto el principio de la democracia implícito en el dominio de un idioma: no es propiedad individual suya ni del Gobierno al cual representa. Lo más que puede hacer es normar las comunicaciones oficiales y académicas, pero eso no basta para que lo sigan quienes, en otros contextos,  deseen recurrir a opciones que consideran verdaderamente inclusivas.

Caso 2, Chile: un Parlamento legisla, es cierto, pero no debería hacerlo para estimular reformas constitucionales o supuestas leyes que superen la libertad de los hablantes en cuanto a formas de expresión. La excusa es que algunas opciones inclusivas constituyen “una ideología perversa”. Posiblemente, quien apoya este tipo de propuestas ha entendido mal un precepto harto repetido por la lingüística: “La lengua es un código”. Sin embargo, nadie ha dicho que fuera un código civil o un código penal que pueda modificarse cada vez que algunos diputados o diputadas lo consideren conveniente. En ocasiones, el lenguaje de algunos hablantes públicos también contribuye con la desnaturalización lingüística y a veces pocos legisladores lo notan.

 Ocurriría lo mismo que con el caso francés: los límites de este tipo de propuesta no deberían pasar de la exigencia de un lenguaje oficial que, por lo demás,  para el caso chileno, entraría en contradicción con los lineamientos del Mineduc, debido a que este último promulgó hace varios años un manual con orientaciones para el uso de lenguaje inclusivo. El español tiene aproximadamente 585 millones de “parlamentarios”, responsables en su conjunto de lo que ha sido, lo que es y lo que será nuestra lengua. 

Caso 3, Canarias: un grupo cristiano está en su derecho de elaborar una versión en lenguaje inclusivo del Nuevo Testamento. Sin embargo, no parece haber tomado en cuenta que muy posiblemente haya personas de su misma religión que no coincidan con este punto de vista. ¿Qué ocurrirá con otros cristianos que creen todavía en la posibilidad del masculino genérico?, ¿deberán acudir a la celebración de los ritos propios del caso y ser obligados a leer o pronunciar aquello con lo que, como hablantes autónomos, no concuerdan? Con esto se alimenta un razonable argumento esgrimido por las academias: una minoría intenta, sin mucho sentido, obligar a una mayoría en el uso de formas gramaticales con las cuales no necesariamente está de acuerdo. 

Caso 4, Inglaterra: aunque debe estar muy atenta para defender los derechos de sus miembros, una organización LGBT+ pareciera extralimitarse en sus propósitos al exigir a las empresas que, en algunos índices de igualdad en el trabajo se obvie la palabra madre y se la sustituya por “progenitor que da a luz”. Parece una broma, mas no lo es. Esto se ha solicitado para el inglés, pero, si se trasladara al español, no faltará quien, en otros ámbitos, termine exigiendo “formas nuevas” como ‘heroínas de la matria’ (por heroínas de la patria), ‘matrimonio’ (en lugar de patrimonio, como “conjunto de bienes”), ‘matria potestad’ (cuando deseemos aludir a la patria potestad) o ‘matriota’ (como sustituto de patriota), solo por el hecho de que en dichas palabras persista una “huella” semántica de masculinidad.  Ante esto, podríamos imaginar que todas las Patricias aspiren a cambiarse el nombre, al pensar que pueda tener alguna relación con pater

Ni qué decir de otras voces como ‘homenaje’, término que, a juzgar por los criterios extremistas,  no podría ser aplicado cuando se quiera rendir honor a damas o personas no binarias, por cuanto contiene ‘homo’ (hombre) en su raíz. Ya es historia el desproporcionado intento de cambiar la palabra inglesa  ‘history’ por herstory, cuando se sabe que la sílaba inicial ‘his’ nada tiene que ver con el pronombre masculino singular en esa lengua.

Como siempre, toda situación polarizada termina ocasionando sus propias contradicciones. Estén en uno u otro lado, yerran quienes creen que, por muy poco razonada que sea, cualquier propuesta de inclusión o exclusión resultará admisible y podría ser implementada. Al contrario, algunas comienzan a generar rechazo, debido a que, a veces, casi rozan el sinsentido. El uso de formas de lenguaje incluyente o del masculino genérico debería ser asunto exclusivo de quienes usamos el idioma. Pretender convertirlas en normas obligatorias para toda la colectividad solo consigue debilitar los argumentos serios y formales en pro de la discusión de este controversial tópico.

Proponer sin mucho fundamento, jugando a la arbitrariedad y a veces a la moda,  quizás ocasione un efecto contrario al que buscan quienes de verdad consideran que el uso del masculino genérico produce algunas veces invisibilidad, ocultamiento o subordinación de lo femenino, principalmente si, cuando hablamos o escuchamos, no tomamos en cuenta el contexto o la situación comunicativa en la que estamos participando. Deseando incluir, a veces excluimos.

Delibes y Sacristán

Clara Freire

Era la Caracas de 2004, estaba sin trabajo, mi papa era asiduo a leer  el periódico  “El Universal”, y además le gustaba leer esa zona de muchas páginas que era la sección de anuncios clasificados, donde se enteraba de los precios de los coches, de los apartamentos y, por el anuncio que me dio mi madre una tarde, también se enteraba de los empleos. Me lo entregó diciéndome: _Tu papá recortó esto, tal vez te sirva. Y me sirvió. Era un anuncio que había puesto el Taller Experimental de Teatro, mejor conocido como TET o CentroTET, buscando un gerente para el teatro Luis Peraza. Apliqué, me entrevistaron Guillermo Diaz “Yuma” y Ludwin Pimeda, había alguien más pero no logro ubicarlo en mi memoria. Me esperaban en unas sillas plegables de metal en lo que es el lobby del teatro. Tardaron algo en tomar la decisión pero al final empecé a trabajar allí.

Y allí empezó todo. Yo era una consecuente  al teatro, sobre todo al que se presentaba en el otrora Ateneo de Caracas, donde entre otros grupos, tenía sede El Rajatabla de Carlos Giménez. Pero hasta que llegue al Tet, y tuve contacto con las clases de Yuma no adquirí la conciencia de lo que hay detrás de una obra de teatro, detrás del teatro. Recuerdo a Yuma con una manguera mojando a una alumna dentro de un tobo mientras ella recitaba sin que le temblara la voz, ni se moviera, imaginé que todo aquel que osase someterse a esa prueba sería capaz de recitar ante cualquiera y en cualquier parte.   Durante mi estadía en el TET trabajé como productora en “Tres miradas a Chejov”; “Demonios”, de Fiódor Dostoyeski, adaptada y dirigida por Elizabeth Albahaca; y luego en “La noche de Molly Bloom” de José Sanchis Sinisterra. Un tiempo después le dije adiós al cargo, mas no al TET. 

Luego de eso, cada vez que voy al teatro sufro: que mala adaptación, que guión tan malo, no saben nada de dirección, el actor no proyecta la voz, que estoy en la fila cuatro y no oigo; ni Ricardo Darin, a quien vi en “Escenas de la vida conyugal” de Ingmar Bergman en versión de Federico González del Pino y Fernando Masllorens, dirigida por Norma Leandro en Teatros del Canal en 2019,  se salvó de mi decepción, la obra, no Ricardo. En este caso, faltó adaptación a nuestro tiempo del eterno desengaño del amor y un final menos “feliz” y más coherente, por lo menos para mí.

Miguel Delibes

Así llegamos hasta José Sacristán y José Samano en  “Mujer de rojo sobre fondo gris” basada en un obra de Miguel Delibes, y digo basada porque aun cuando la obra es una conversación entre un personaje, el pintor, y su hija, no deja de ser una obra narrativa con el espacio tiempo propio de la narración, cuyo traslado al teatro requiere un acomodo.  José Sacristán, José Samano e Inés Camiña realizan un fino trabajo al convertir el diálogo un poco epistolar entre padre e hija, en una confesión intima, monologa, de un personaje ante los hechos de su vida. La adaptación logra no dejar de lado los aspectos importantes de la trama y rescatar con elegancia escenas claves,  como la historia de Anna con García Elvira y el cuadro que le da el nombre a la obra. Para recrear este episodio de los personajes,  el director decide usar los objetos de Ana, los cuales Nicolás uno a uno va sacando de una pequeña caja de madera: los guantes blancos, el collar de perlas, el espejo.

José Sacristán

Sacristán llegó a salvar todo lo que yo quiero y espero del teatro. Asombra la edad de José Sacristán, su hermosa voz juvenil, y sobre todo, el gran actor que es, sentí el susurro de su voz en el oído sentada en la fila 13 del Teatro Bellas Artes.  Ante los textos apasionados su voz llenaba la sala, Sacristán siempre estaba allí, a tu lado, como un susurro o como un lamento, abarcando todo el escenario. El final de la obra conmueve, francamente sentí ganas de llorar no solo por Miguel y su pérdida, si no por todo, todo eso que conmueve, que me conmueve, y además por poder aplaudir, gritar bravo, bravísimo…sentir el privilegio. Recordar…Gracias, Yuma.

HUMBERTO PEÑALOZA

Enrique Viloria Vera

Escribir sobre Humberto, el abuelo Peñaloza de mis hijos, es referirme a uno de mis afectos más filial y más genuino. Siempre sostuve que de haber podido escoger un padre, hubiese seleccionado uno como Humberto Peñaloza, quien, por cierto, en un viaje muy especial que hicimos con la siempre elegante, coqueta y bien dispuesta Cecilia, por las tierras bogotanas de las Pisani, me declaro su hijo mayor, por efecto de un flux azul marino que le quería imponer, a toda costa, un vendedor profesional de los Hermanos Padilla, de esos a los que a los caballeros les queda muy bien todo lo que él ofrece, al responderle vivamente al mercader de marras que ese traje no le quedaba bien a mi papá. Ese ha sido uno de mis más secretos galardones y de mis más ocultas preseas, desde entonces Humberto y yo nos saludamos con la bendición de por medio y el dios te bendiga correspondiente. 

A Humberto lo conocí en toda su densidad humana un tanto después de mi ingreso tardío en PDVSA, a inicios de 1982. Por razones de tanta gente circulando y de presentaciones en proceso, me llamaba Enrique Vicuña, nunca supe por qué ni tampoco cuando pude se lo pregunté. Mi compadre Ricardo Espina esboza una razón plausible, sostiene que Vicuña era el nombre de una calle de la urbanización Valle Arriba, donde un economista, amigo momentáneo de esos de Paris, presentó un libro sobre su tesis de grado francesa en materia de petróleo y la OPEP en el Colegio de Economistas, sito entonces en la calle del mismo nombre, comentado locuazmente por el entonces Director de PDVSA Peñaloza, quien a mi efusivo y brejetero saludo, respondió con su venezolana cordialidad de palmada en el hombro: ¡Cómo te va Vicuña! acompañada con mi consiguiente mirada de sorpresa y la risa entre dientes de mis recién adquiridos colegas petroleros.

Para la época escribí el libro Petróleos de Venezuela: la culminación del proceso de nacionalización. Editorial Jurídica, Caracas, 1983, que suscitó la atención de Peñaloza, el Director de PDVSA. De allí en adelante, el trato se hizo más frecuente y horizontal, hasta que un plástico encuentro y una naciente amistad con Cecilia, la artista, su mujer de siempre, terminaron de cerrar un vínculo familiar que se nutrió del más sincero afecto.

La quinta Zaperoco en Lomas de San Román y el acogedor apartamento de Lomas de las Mercedes después, se convirtieron en el sitio favorito de encuentros y francachelas, las siempre iguales y exquisitas hallacas de Cecilia se convertían, año tras año, en excusa para el brindis solidario y el comentario siempre inteligente y mordaz de uno de los venezolanos más integrales del Siglo XX  venezolano.

Todos conocemos sus méritos profesionales, nacionalistas, empresariales, musicales, amistosos, familiares, gremiales, que ameritaron uno de los más  largos aplausos que haya resonado en el Cementerio del Este, con motivo de la despedida de su cuerpo sumido en el más profundo olvido. Ese día, por razones académicas no pude compartir el adiós terrenal de mi padre putativo Peñaloza, me encontraba dictando una conferencia en la UNIMET, donde tuve un recuerdo para el hombre y su obra.

Sin embargo, para consuelo personal, rememoré una cinéfila conversación que tuvimos Iraida, Cecilia, él y yo, en el regreso de un placentero viaje a Guatavita en busca de El Dorado, en el que nos dedicamos a recordar una escena singular de algunas películas que más nos hubiesen impactado. Con ese venezolano ejemplar evocamos:

Ese era Humberto Peñaloza, un venezolano de excepción para quien “nada de lo humano le era ajeno”.                 

¿MÍMESIS = IMITACIÓN?

Leonardo Azparren Giménez

    Al comienzo de Poética, Aristóteles dice que la epopeya, la poesía trágica, la comedia y la ditirámbica son mímesis, y hacen la mímesis con el ritmo, el lenguaje o la armonía. Añade que la mímesis “es connatural al hombre desde su niñez”, razón por la que “todos disfrutan con las obras de mímesis”. Después de consideraciones históricas generales, dedica su obra al estudio de la tragedia y hace su famosísima definición como mímesis de “una acción [práxeos] esforzada y completa, de cierta magnitud, en lenguaje sazonado, separada cada una de las especies [de aderezos] en las distintas partes, actuando los personajes y no mediante relato” (traducción de Valentín García Yebra).

    De esta manera, Aristóteles parece establecer las bases del más sólido realismo teatral, porque parece establecer relaciones inmediatas e interdependientes entre la realidad (la causa) y su mimetización (la consecuencia). El disfrute de una tragedia sería porque el espectador se identifica con la mímesis y verifica en ella a la realidad. Por eso mímesis es traducida como imitación, dado que esta última palabra implica una relación inmediata de causa y efecto entre un objeto y su imitación. Sin embargo, es bueno acotar que el diccionario también traduce mímesis por figura, representación e imagen, términos no tan inmediatos como imitación, puesto que el imitador “necesita un modelo o arquetipo, previamente creado” (Ángel Cappelletti en La estética griega, ULA 1991). Por eso, por ahora prefiero emplear mímesis y no imitación.

    La Poética es el punto de partida universal de cualquier teoría teatral porque establece principios filosóficos, podríamos decir ontológicos, sobre la naturaleza de la tragedia y, en consecuencia, de la obra dramática. Pero Aristóteles no se dedica solo a desarrollar el concepto de mímesis; también formula otros para completar su teoría teatral. Algunos de esos conceptos pasan algunas veces desapercibidos por lo que no se les relaciona con mímesis. Veamos:

“La tragedia es imitación [mímesís], no de personas [ánthropos], sino de una acción [prágma] y de una vida” – “La tragedia es, en efecto, imitación [mímesis] de una acción [práxeos] y, a causa de ésta sobre todo, de los que actúan” – “La imitación [mímesís] de la acción es la fábula [mýthos], pues llamo aquí fábula la composición de los hechos” – “No corresponde al poeta decir lo que ha sucedido, sino lo que podría suceder, esto es, lo posible según la verosimilitud o la necesidad” – “La imitación [mímesis] tiene por objeto no sólo una acción completa, sino también situaciones que inspiran temor y compasión”.(traducción de VGY)

    Me detengo en la ecuación mímesis=imitación, traducción adoptada comúnmente, aunque el diccionario nos ofrece las otras las opciones. Si es inequívocamente correcta, debemos preguntar por qué no imita a ánthropos y cómo es posible imitar lo que podría suceder según la verosimilitud o la necesidad. ¿Dónde ubicar lo que podría suceder? ¿Qué es eso de no imitar ánthropos y sí prágmas y práxeos? En otra parte de Poética afirma el Estagirita que “se debe preferir lo imposible verosímil a lo posible increíble”. Entonces, el poeta imita lo que podría suceder (una acción posible), verosímil (¿creíble?) y debe preferir lo imposible verosímil a lo posible increíble.

    Entonces, ¿qué es más importante en la obra Edipo tirano, la composición de los hechos o el personaje Edipo? Lo que lleva a preguntar cuál es la acción de esa obra, o de cualquier otra. Otra pregunta derivada de la anterior: ¿Cuál es el significado de la obra para el espectador, si la composición de los hechos de la fábula son imposible verosímil? Sófocles construyó una fábula (mýthos) que podría suceder según sus criterios de verosimilitud aunque resultase imposible para su espectador, quien la aceptó por verosímil aunque no creíble.

    Para Aristóteles son importantes los conceptos verosímil y veraz porque se niegan entre sí, y antepone el primero como valor intrínseco de la tragedia; es decir, de la obra de teatro. Lo que ocurre en la tragedia es verosímil, no es verdadero. Al no pertenecer Edipo tirano al ámbito de lo veraz, ¿a cuál universo pertenece?

    Ignoramos cómo explicaba Aristóteles estos asuntos a sus alumnos, pues Poética son sus apuntes de profesor. Sí es seguro que conocía bastante el teatro de su época y a los grandes clásicos del siglo anterior y lo que representaron con sus fábulas. Hablaba de teatro a sus alumnos. Por eso, ante el problema de traducir mímesis por imitación, me atrevo proponer hablar de representación, palabra aceptada por el diccionario. Así, la tragedia no representa a personas (ánthropos) sino acciones y vidas verosímiles e imposibles que podrían suceder y a los que las actúan. Esas acciones se representan organizadas en las situaciones de las fábulas.

    Representar luce más apropiada que imitar porque ¿cómo imitar lo que podría suceder, cuando lo que podría suceder no existe, y cómo lograr que inspire temor y compasión? Me parece, me atrevo a escribirlo, que Aristóteles descubrió algo antes que muchos, aunque no la menciona: la imaginación, y en la imaginación es posible representar lo imposible verosímil. Si no, ¿qué haríamos con Ubú rey y Esperando a Godot?

PARA MIGUEL VON DANGEL, IN MEMORIAM

                                                                                      Enrique Viloria Vera

DESCUBRIMIENTO

Cuatro carabelas de aventura

traen en sus húmedas entrañas

patrocinado por majestades militantes

a un dios desconocido

al que la espada el arcabuz la palabra misionera

le sumaron prontos y nuevos feligreses

Pie en tierra

abanderados barbudos verriondos malolientes

proclaman en nombre de sorprendidos reyes

el descubrimiento de un mundo

                       pretendidamente nuevo

fruto de azares y confusiones

condenado a la plata   al oro   a la preciosa piedra

Una cuarta nave boga todavía

en busca de identidades y destinos

mientras perros sagrados

formalizados para la eternidad

presiden nuevas liturgias Apocalipsis desconocidos

una redención distinta

la del hombre por el arte

que no compite con la otra    la del Gólgota

con la del cordero del Señor

Ataviados con plumas pieles huesos

patas garras y picos

con ornamentos inéditos y bizarros

presbíteros de nuevo cuño    shamanes americanos

celebran una eucaristía de escarchas y colores

en la que el pan no es más que yuca

mandioca crocante desprovista de amarguras

y el vino fermento de un maíz amarillento como el Sol

que nada quiere con viejos mundos   oscuros

protegidos por un dios injusto

supuesto creador de todo lo creado

incluso de un pecado original colectivo y hereditario

Cartografía de Nihil, una distopía para cuestionarse

Por Oscar Villanueva

Cartografía de Nihil es la obra del venezolano Deiby Fonseca que resultó ganadora del XIV Festival Internacional Escenarios del Mundo, organizado desde Cuenca, Ecuador. Esta pieza se llevó el primer lugar de dramaturgia internacional en esta edición. El anuncio fue dado en octubre del año pasado. Por suerte para los amantes del teatro, está siendo presentada en su país natal, en la Sala Rajatabla, ubicada en la Plaza Morelos.

Esta obra presenta la historia de dos hermanos, Niscalos y Alcinos, que han estado encerrados durante quince años con el deseo de huir de Guaha, un país regido por un gobierno totalitario con un gobernante que nadie conoce. La única información que se tiene al respecto es que es una mujer, y además es líder del grupo de Los Sufragistas. Ignacio Marchena interpreta a Niscalos y Domingo Balducci a Alcinos, el primero es un cartógrafo que está en silla de ruedas y el otro es quien aparentemente cuida a su hermano discapacitado. Ambos poseen el síndrome de Cotard, por lo que creen estar muertos hasta que un tercer personaje irrumpe en su escondite. Marchena logra capturar la atención del espectador por el trabajo corporal que ejecuta, mientras que Balducci utiliza como recurso escénico la repetición.

La llegada de Orcina moviliza a estos personajes y permite entender al espectador la profundidad de los mismos, gracias a que se reconoce su incapacidad de afrontar su realidad. Constantemente, mencionan el deseo de irse, pero al tener la posibilidad de hacerlo, no son capaces. Es evidente, que están destruidos por la situación que los rodea. Por lo que en esta pieza, Fonseca acierta al darle tanto protagonismo al espacio escénico. Este espacio se reconoce desde la entrada a la sala. Allí, vemos cómo la vivienda de estos hermanos es un cuadrilátero reducido que aísla a los actores del espectador.

Orcina es representada por Andrea Levada y demuestra cómo la edad no es un problema al momento de actuar con actores de mayor trayectoria. Su fuerza en escena es digna de resaltar. Esta joven actriz nos permite reconocer el talento joven del país, y merece un seguimiento a su trabajo porque promete un gran futuro.

Igualmente, ocurre con la dramaturgia de Fonseca. A pesar de que este es su texto número veinticuatro (24), como dramaturgo presenta una alternativa al realismo imperante en Venezuela. Se debe aclarar que hay otras dramaturgias que se separan del mismo, tal como Hambre en el Trópico de Edilio Peña o Ana y la muerte de Andreina Polidor. Pero, Fonseca permanece en el país e invita al espectador a reflexionar sobre el mismo a partir de una distopía en la que la vida se pierde, los besos son tiros y las familias son segregadas. En la misma, los ciudadanos anhelan irse y no todos pueden hacerlo. No obstante, el verdadero anhelo de la pieza es encontrar un lugar donde “nadie se señala por sus colores” y Nihil, aunque es un lugar desconocido, presenta una posibilidad de que esto ocurra.

Cartografía de Nihil se estará presentando en la Sala Rajatabla desde el 23 de julio hasta el 8 de agosto, los viernes y sábados a las 4:00 pm y domingos a las 3:00 pm. Esta producción de Sinergia teatro es dirigida por Deiby Fonseca. La encargada de producir es Natalia Peralta Segnini, y cuenta con la asistencia de Adriana Vivas. La iluminación es de David Blanco. También posee música original de Carmen Vargas y el vestuario de Natalia Peralta Segnini.

EDIPO, el tirano de Tebas

Leonardo Azparren Giménez

    Atenas no tuvo reyes en la época clásica. Desde el siglo VII estuvo regida por arcontes electos, los principales Dracón (s. VII a.C.) y Solón (594 a.C.). En el s. VI predominaron los tiranos, el principal Pisistrato, quien gobernó en 560, 559-556 y 546-528 a.C. Hacia 510 a.C. Clístenes instauró la democracia, defendida con sangre contra los persas y con líderes de la talla de Pericles (442-429 a.C.), quien le dio nombre a ese siglo. Es el marco social en el que surge y se desarrolla el teatro con Esquilo, Sófocles, Eurípides y Aristófanes.

    En el s. V la democracia vivió varias crisis por el empeño de la toma del poder por sectores emergentes y oligárquicos y por la guerra del Peloponeso, que culminó con la derrota de Atenas (404 a.C.) y un régimen oligárquico; además la Ilustración puso en crisis creencias y valores tradicionales. Poco después de iniciada la guerra Atenas fue azotada por una peste y Pericles, acusado por sus enemigos políticos de ser su causante, fue una víctima y murió en 429 a.C. De inmediato se inició una lucha por el poder. El s. V fue un período de esplendor del arte, la cultura y el teatro. Los dramaturgos estuvieron comprometidos con la pólis democrática. Sófocles fue jefe de los tesoreros del imperio en 443-42 a.C., estratega con Pericles en 441-40 y miembro en 410 de una comisión demócrata ante amenazas oligárquicas.

Poco después de la muerte de Pericles, Sófocles estrenó en 429-425 Edipo tirano [týrannos] no rey [basileýs] como se lee en casi todas las traducciones. ¿Por qué y para qué llamó tirano a Edipo? ¿Qué quiso decirle a su espectador?

Edipo tirano es modelo de correlaciones entre las dimensiones pública y privada de una situación y una síntesis de política y religión. Su situación básica de enunciación es el destino de la pólis amenazada por una peste, la súplica del pueblo a Edipo para que la salve y la sanción al responsable de causarla. Más que evidente la connotación política.

    El Edipo de Sófocles es un ser superior a la medida humana, es omnipotente: ilustre, gobernante de esa tierra, insuperable frente a los avatares, mente poderosa, liberador, dueño del país y el más querido. Le fue dado el poder cuando venció a la esfinge. La situación dramática y escénica revela relaciones de poder y sumisión. La palabra pólis es pronunciada 29 veces acompañada de  (país, nación) 21 veces. El espectador vivía en un marco social agónico, igual al de los tebanos.

    Edipo consulta a Apolo qué debe hacer y decir para salvar a Tebas. Lejos de Danao en Las suplicantes de Esquilo (463 a. C.), quien consulta a la asamblea antes de tomar decisiones. El componente religioso incorporado es crucial. “El soberano Febo nos manda expresamente / expulsar al miasma que cría esta ciudad / y no dejar que crezca para hacerse incurable”. Se refiere al asesino de Layo. Edipo asume esa tarea con órdenes taxativas propias de su poder absoluto.

Ordena que le revelen todo lo relacionado con el asesinato y prohíbe que esa persona sea acogida en Tebas, incluso en su casa. Solicita la opinión de Tiresias, “él único de los hombres que en sí tiene la verdad innata”. Pero cuando le dice que “eres el impío que el país contamina”, Edipo se muestra intemperante y cree que Creonte “conspira abiertamente contra mí para echarme”. Edipo se aferra al poder que ejerce sin control y pone en duda a los dioses y a la religión. Acusa a Creonte, quien le responde: “Yo, por mi parte, ser un rey [týrannos] no lo deseo, / sino más bien vivir como un rey [týranna]”. Creonte es pragmático frente a los beneficios del poder sin la responsabilidad de ejercerlo. Edipo, en cambio, es intemperante ante cualquier razonamiento. En medio de la peste Atenas tenía que designar al sucesor de Pericles.

La maestría de Sófocles está en el reconocimiento entre los personajes y las consiguientes peripecias. En Tiresias y Creonte Edipo ve conspiradores y pone entredicho lo anunciado por los dioses: política y religión apuntan al significado profundo de la fábula. Yocasta pone en duda los oráculos: “En cuestiones de adivinación / no hay por qué andar mirando para acá o para allá”. Edipo no mató a su padre, Pólibo; eso cree. Por eso avanza en la averiguación sobre el asesinato de Layo para salvar a la pólis.

El oráculo había dicho a Layo que no tuviera hijos porque serían la perdición de la pólis. Sófocles interpreta el mito de Layo y Edipo en relación con el destino y la salvación de su pólis, Atenas, enferma por la peste. Edipo tirano apunta en una dirección: la consecuencia de designar un tirano ignorante e intemperante. Edipo nombrado a dedo decide sin consultar a los ciudadanos e ignorante de sí. Cuando se reconoce cual causa de la peste se saca los ojos y pide ser expulsado de Tebas. Es la conciencia más desolada del teatro. Será un apátrida. Pero en el horizonte, su salvación y santificación en Edipo en Colono (401 a.C.), acogido por las euménides en Atenas.

¡Gritemos con brío!: la Alegría de un país

Mariana Marchena

 
Estoy segura de que en estos días no habido un venezolano fuera o dentro del país que no haya al menos escuchado del triunfo de nuestros deportistas en los Juegos Olímpicos en Tokio 2021.

Leí la frase «Nadie celebra como nosotros», y es así.  Somos fiesteros, «salidos”, bromistas, pero hay algo increíble de nosotros los venezolanos (y obvio hablo de nosotros, pues de ahí vengo) y es la hermandad, la resiliencia, el arraigo, la solidaridad que he visto a lo largo de mi vida a través de mi país. 
Por motivos familiares, turismo y trabajo puedo decir que conozco casi toda Venezuela. Y en todos los rincones he visto alegría, pasión, trabajo y sobre todo amor. Son estas  cuatro palabras con las que definiría al venezolano. Podrá sonar a cliché o todavía estoy embriagada de la emoción del momento olímpico, pero no. La mayoría somos personas trabajadoras, apasionadas y amantes de nuestra tierra y por lo que hacemos.
Desde pequeña cada vez que sabía que saldría de mi ciudad, me entraba una emoción increíble. Desde el primer momento sea en avión o desde aquel Malibú blanco que fue para mí el primer Delorean que me llevó a destinos increíbles. 
No es un tema de nacionalismos –no soy muy amiga de los “ ismos”–, pero sí del arraigo. De ese amor a la patria y respeto que nos potenciaron desde el colegio.
Era un orgullo formar parte de la sociedad bolivariana (de mi época, años 80s) durante el mes Bolivariano. Junto con Ricardo, un compañero de clase, izábamos la bandera durante el himno y luego la bajábamos y doblábamos.  
Crecí viendo y sintiendo respeto y amor por Venezuela, pero además de todas las experiencias vividas se suma que soy una persona muy sensible. Mis padres recuerdan siempre con ternura la primera vez que me llevaron al parque de la Llovizna y que cuando vi aquella inmensidad y en silencio solo con el sonido del agua de fondo comencé a cantar el himno nacional, jajaja.
Creo que tenía unos 9 años y lo recuerdo como un momento muy emotivo. Ahora, ¿por qué me pareció entonar nuestro himno? No lo sé.


La misma emoción sentí cuando vi los médanos, o el Puente sobre el Lago de Maracaibo, o cuando subí el Pico El Águila en Mérida, o subí por primera vez al Hotel Humboldt con mi abuela, o cuando ves los tepuyes, o sobrevuelas la isla de Margarita, y un largo etc. Esto se lleva en la sangre.
Estando en Buenos Aires en la UCA representando a Venezuela, en lo que sería el Primer Parlamento de Estudiantes Latinoamericanos  (2002) en la apertura del parlamento fueron nombrando a cada país y la banda de la universidad tocaba los himnos respectivos, y cuando llegó al nuestro (éramos tan solo 6 estudiantes de la UCAB Montalbán) nos emocionó tanto que lloramos.

Lo mismo me sucedió años atrás en la Exposición Universal de Hannover 2000 en donde el segundo pabellón más visitado fue el de Venezuela (La flor de venezuela que ahora está en Barquisimeto),  y 17 años después en un congreso en Bogotá al cual asistí en representación de Venezuela también sonó el himno, y es que da igual dónde y cómo suene, la emoción siempre es la misma.
Por estos años más bien el himno era sinónimo de alguna cadena del gobierno o para el mundo el nombre de Venezuela era sinónimo de dictadura, presos políticos, grandes marchas , migración, corrupción… ¡Hoy se iza la bandera y se escucha el himno y hasta el alma llanera por una excelente noticia! 
La emoción de todos los ganadores fue fantástica pero en especial la de Yulimar Rojas fue del más allá. Todos celebramos ese triunfo porque necesitábamos un respiro y hoy damos gracias a esos “chamos” por ser ejemplo de lucha, de venezolanidad, de compañerismo y de buen sentido del humor. 
¡Esto es Venezuela!

Políticas teatrales

Leonardo Azparren Giménez

    La responsabilidad de los Estados en las políticas diseñadas para el desarrollo de las naciones incluye la cultura. Pero las expresiones culturales pueden ser actividades escurridizas y sumamente complejas para definirlas de una santa vez y regimentarlas con leyes. Por eso incluyen desde las manifestaciones ancestrales que expresan la identidad histórica de los pueblos, hasta las innovaciones que ayer y hoy son expuestas y dadas a conocer. Para eso están los museos, inmensas catedrales en las que es posible contemplar hasta los orígenes más remotos de la humanidad.

    La cultura es producida y construida día a día para dar perfil a las sociedades, y más de uno quiere cambiar ese perfil. Desde la Ilustración, por allá en el siglo XVIII, la cultura ha sido y es objeto del deseo de mucha gente, y poco a poco los gobiernos comprendieron que era un condimento indispensable de la vida en sociedad. De ahí que en la conformación de los Estados, es decir del cuerpo de políticas para sostener el orden y el progreso social, la cultura comenzó a formar parte de sus deberes y derechos. Deberes porque el Estado se supone es la expresión jurídica de una sociedad. Derechos porque quienes conducen y dirigen a los Estados así lo sienten y desean.

    Cuando la ideología de un régimen se atraviesa el Estado es organizado a su gusto; entonces la cultura surge como un instrumento privilegiado para imponer esa ideología y aparecen las leyes culturales, una de ellas para el teatro. Algunos regímenes controlan así la cultura e imponen modos culturales que se avienen con sus proyectos políticos. Pueden llegar, incluso, a extremos. Por ejemplo, en 1940 el régimen ruso acusó de traición y fusiló a V. Meyerhold, uno de los grandes genios del teatro del siglo XX porque no se avenía con sus postulados. Igual hicieron los militares griegos en la década de los sesenta del siglo pasado, cuando prohibieron la escenificación de las obras de Esquilo, ¡muerto 2.500 años antes!

    Por eso es necesario preguntarnos una y otra vez si la cultura necesita leyes que, por tales, regimientan y encausan las actividades de las que son objeto. El teatro, por ejemplo. ¿Una ley lo va a definir y a establecer cuál es su objeto? ¿Dirá cuándo, cómo y dónde hacerlo? ¿Establecerá cómo debe ser su enseñanza? ¿Lo pondrá al servicio de…?

    Aquí el problema no solo es legal, también es ideológico porque todo régimen tiene su ideología, y si el régimen es totalitario como el ruso de 1940 la ideología también lo será. Por eso la cultura y el teatro en particular no necesitan leyes; necesitan políticas democráticas que perduren y se desarrollen en el tiempo. El caso venezolano es elocuente. Por ejemplo: el Estado venezolano tiene dos centros de formación teatral, uno a nivel medio y otro universitario. Siempre me he preguntado para qué, porque no está claro qué capacidades tienen los egresados universitarios que no tengan los del nivel medio. ¿Un actor de nivel medio no puede interpretar personajes reservados a un actor universitario?

    Es un asunto de formación teatral, no de leyes. Como tampoco es asunto de leyes el desempeño de los teatros públicos; menos aún los teatros independientes. En ambos casos lo importante es el nivel artístico y profesional de quienes se desempeñen en esas agrupaciones, su creatividad en la selección e interpretación de los repertorios. En Venezuela se han desperdiciado varias décadas por la carencia de políticas coherentes para el desarrollo del teatro. La Compañía Nacional de Teatro está arrinconada en una sala de menos de 150 butacas y las compañías regionales fueron olvidadas hasta su desaparición. Eran la infraestructura para el desarrollo del teatro nacional. Mientras, el teatro independiente sobrevive desamparado gracias a profesionales que se sobreponen a la adversidad.

    Me atrevo a decir que esta situación tiene por una de sus causas la ignorancia supina en teatro de quienes tienen poder de decisión. Y no se vislumbra un cambio. El proyecto de ley que por ahí circula mereció el rechazo de todos. Es un mensaje elocuente de la conciencia artística y profesional de los teatristas venezolanos. Pero no hay mucha sabiduría práctica en el panorama.

El “escandaloso” beso lésbico en   Buzz Lightyear

Mariana Marchena

He visto no sé si decir asombro , asco, molestia el revuelo que ha causado dicha escena. Catalogándola de impúdica , anti familia , anti valores y un largo etc . 

Exigiendo que sea retirada de los cines y haciendo campaña para que NO lleven a los niños por que “ imaginen cómo ellos, los padres perfectos “ le explicarían a sus hijos  ESE  beso.

En un grupo de wp de familiares enviaron una especie de cadena que no compartiré pues me da estupor compartir aquél casi manifiesto Nazi en donde además de hablar de valores, normalidad y buenas costumbres deja colar la típica frase “ yo no tengo nada contra los homosexuales pero …”  inserten luego de ese pero cualquier frase como, que un hijo mío no sea gay, que mi hija luego no se esté besando con las amiguitas en el colegio, pero no me parece que tengan una familia y un largo etc .

Hay tantas pero tantas cosas sucediendo ahora mismo en el mundo entero! Cosas tan terribles como una Guerra, explotación infantil, casos de abuso sexual en el seno De la Iglesia, crisis climática, secuelas de pandemia, aumento de suicidios, crímenes de odio, disparos de menores de edad en colegios, desnutrición infantil , prostitución infantil, maltrato animal  y paremos de contar. Acontecimientos atroces que hay que explicar con los ojos llenos de lagrimas a nuestros hijos porque conlleva hablar también de la maldad humana, de la desconfianza, de la injusticia, de la desigualdad y esto sí que es un tema delicado para contar a nuestros hijos. 

Aquél “ manifiesto” ofende por ejemplo aquellos padres que no pueden dormir pues tienen que explicarle a sus hijos que no hay para comer, o qué deben irse algún refugio, o que es fruto de una violación, o que su padre le pega a su mamá. Si se ve la historia sin ninguna maldad, ni malas intenciones ni Segundos  significados, como lo vería un niño … estaremos frente a una historia de amor, de valentía y perseverancia. 

Lo que le incomoda a este “ padre perfecto “ es sentarse hablar con sus hijos temas que es a él que le incomoda y que seguro dejará el trabajo al colegio, institución qué también querrá que sigan unos parámetros de moralidad y eticidad según él. 

Últimamente con toda esta cultura de la inmediatez y de opinadores de oficio hay que tener mucho cuidado a quién se le presta atención y a quien no . Está bien que la persona elija que ven o no sus hijos eso es sumamente genuino pero de ahí que arremeta con la comunidad LGTB , Disney, los padres que sí quieren que sus hijos vean dicha película, etc .  Me parece un poco ambisoso y atrevido .

Espero que esas personas que piensan así puedan escuchar, documentarse e informarse mejor para que no sufran y no hagan daño .

El suicidio, una pandemia silenciosa 

Mariana Marchena

En otras ocasiones he hablado de la importancia de la salud mental, no solo de que es una realidad sino de cómo afrontarlo. El ser humano es un TODO, mente y cuerpo y así como fijamos una fecha para hacernos una limpieza dental, ir al ginecólogo o al oftalmólogo, el psicólogo también forma parte de esa rutina. 

Se tiene la falsa creencia de que las personas que van a terapia son personas peligrosas, o de poco fiar y más bien todo lo contrario, son personas que han detectado que algo no va bien y toman la decisión de buscar ayuda. La salud mental está tan estigmatizada que la mayoría de las personas que van a terapia y que además se han sentido mejor, no lo comentan por miedo a que se les catalogue de locos o débiles.

La depresión es cosa seria y muy compleja, no se cura con una canción, o con una salida con amigos, no es sinónimo de debilidad ni de malcriadez. Se calcula que el 5% de la población padece de depresión en un momento dado y más del 15% de la población mundial sufrirá una depresión a lo largo de su vida. 

No es fácil para los que la padecen ni para los que están alrededor de la persona, pero con empatía, terapia y paciencia se puede llevar. Lo sucedido esta semana con la actriz española Verónica Forqué ha dejado desconcertada a toda España y el mundo. Pero la depresión y los casos de suicidio están lamentablemente a la orden del día. Cada año se producen cerca de 703.000 suicidios en el mundo, además de las personas que intentan hacerlo, de acuerdo con datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Imaginen si este número da escalofríos, pongámosle rostros, nombres, historias, hijos , hermanos, amigos… ¡esos números son personas! Personas que necesitan un diagnóstico, un tratamiento y un apoyo. 

La actriz Verónica  Forqué participó hace unas semanas en el reality MasterChef España y solía tener una reacciones al parecer erráticas.La participante abandonó el programa de manera temprana alegando que no se sentía bien. Obviamente en redes no se hicieron esperar los mensajes de apoyo, pero también de los “haters” con mensajes de odio. Cuesta pensar que un ser humano albergue tanto odio por una persona que además ni siquiera conoce. Lo más grave es lo “ normal” que esto se ha vuelto y que las redes no sancionen no solo con bloqueos de mensajes , sino con multa o con cárcel . 

En estos tiempos que corren se alaba la cultura del “todo vale” porque nos creemos más libres y modernos que antaño, pero se nos olvida lo más importante que es el OTRO. ¿Son culpables esas personas que escribieron esos mensajes de odio del suicido de esta actriz? Están a la vista de todo el mundo dichos mensajes ¿Se les sancionará? . Muchos también alegan que “bueno, si eres tan débil para dejar que esos mensajes o situaciones te afecten, es un problema tuyo”.

Creo que debemos pensar y repensar cada vez que nos burlemos, estigmaticemos  y restemos importancia a problemas de este tipo.  Comentarios como : “No lo supera por que no quiere” ,  “no trabaja por flojo”, “no tiene pareja por que algo debe tener” y comentarios mucho más ofensivos y primarios que he escuchado hasta de familiares es además de triste, decadente . 

La salud mental es problema de todos y el empatizar y escuchar es tarea diaria de todos.


El síndrome el Norte es una quimera

Mariana Marchena

Hace días estaba dándole vueltas a este artículo y luego del reportaje a la actriz Alba Roversi  https://alnavio.es/la-actriz-venezolana-alba-roversi-trabaja-de-repartidora-en-las-vegas-videos/ «de actriz a repartidora» he leído muchos comentarios que destacan lo valiente que es al decir en lo que trabaja, como si fuese algo malo, o «pobre, hasta donde llegó». Y la verdad es que es una mujer echada pa’lante como la mayoría de los latinos y venezolanos, a los que nos ha tocado reinventarnos. Es verdad que muchos mienten o dicen bajito en qué trabajan como migrantes mientras se busca la estabilidad. 

Pienso ahora mismo en varios síndromes, como el del nido vacío, el de Ulises, etc., pero hay uno que me acabo de inventar: el síndrome de «El Norte es una quimera “ como la canción venezolana de Cecilia Todd. Para los que no la conocen, relata que el norte es una «atrocidad» refiriéndose a la Nueva York de la época de la Prohibición. Pero hay una estrofa que dice «todo el que va para Nueva York se vuelve tan embustero que, si allá lavaba platos, dice aquí que era platero”.  Yo adaptaría la frase a «todo el que migra se vuelve tan embustero…». Y, ojo, no lo juzgo, es un mecanismo de defensa. Nos da vergüenza decir que hemos lavado carros, trabajado en algún restaurante de comida rápida y no precisamente de gerente, que hemos pedaleado por horas bajo el sol más inclemente o el frío más brutal, que hemos comido arroz  por semanas mientras cobramos nuestro primer sueldo, o compartimos vivienda con cualquier tipo de personajes, que hemos escogido entre enviar un regalo de Navidad o recargar el mes de la tarjeta del transporte público. Que hemos sido conserjes, pintores, cuidadores, obreros, señores de limpieza, camareros, peladores de papas y pare usted de contar. 

Pero no nos damos cuenta que lo que sea que hagamos le ponemos alma, pasión, corazón, amabilidad y sentido del humor . Aunque estemos quebrados por dentro.  Por muchos títulos, experiencias, viajes y conciertos, ahora estamos viviendo un momento diferente. No sabemos si es justo o no, pero sí sé que es digno, pues no nos vendimos al mejor postor en nuestro país ni fuera de él.

Por muchos empleos y desvelos que tengamos en esta nueva vida podamos mirar a los ojos a nuestros seres queridos por medio de una videollamada y que siempre estarán orgullosos de nosotros pues estamos “echándole pichón“. Hay que salir del clóset de la migración. Hay que normalizar que estamos en empleos que nos dan de comer y que nos ayudan a ser más fuertes, que ponen a prueba todos esos valores que nos han dado a través de nuestra vida y sobre todo que son el principio de todas las cosas mejores que se vienen y que serán una anécdota más.

Sin embargo, hay que contarlo para que aquellos que están en lo mismo (que son la inmensa mayoría) se identifiquen, que sabemos que no es fácil pero que más adelante podemos optar por otros  empleos y que los oficios de ahora son igual de necesarios para una sociedad: enfermera, camarero, friega platos, cuidadores de ancianos y de niños. Necesitamos más lavaplatos y menos plateros.

Necesitamos normalizar la verdad. Si queremos contar que somos gerentes, jefes, directores, dueños, pero de momento no lo somos,  también somos héroes y heroínas con bicicletas, con delantales, guantes, GPS, escobas y sobre todo siempre positivos, comprometidos y sonrientes. 

Estamos en otra etapa de nuestras vidas y hay que disfrutarla, porque ciertamente no es el trabajo de nuestros sueños, pero sí el que nos llevará a cumplirlos. Se pasa a veces mal como en todos los empleos, pero en la mayoría la pasamos bien si nos lo proponemos.  No es positividad tóxica, insisto, hay días de frustración, calor , frío, hambre, nostalgia y rabia, pero son más los días buenos y sobre todo sabemos que vendrán días mejores. Así como los artistas que cuentan que fueron camareros, o vendedores ambulantes, etc., para nosotros esto también será parte de nuestra historia de superación. Es más, considero que todos en algún momento debemos trabajar en estos oficios una vez en la vida para conectar con la inteligencia emocional de nosotros y los demás.

En estos días en un grupo de amigos migrantes, unos con más tiempo que otros en donde la mayoría había pasado ya esta etapa de oficios y ahora estaban en empleos más cercanos a su perfil, me preguntaron que estaba haciendo ahora. Justo en este momento se duda si contar la verdad o inventar, en qué se trabaja, sin embargo, les contesté de manera muy entusiasta que estoy ahora en un proyecto grande, que me hace conectar con mucha gente de todo tipo, que tengo la oportunidad de sacarle una sonrisa a todo aquel que lo necesite, que se aprende cada día, que ejercito de manera integral cuerpo y mente, que como en todo hay días malos y buenos, pero que estoy agradecida y contenta. 

Todos quedaron contentos y con expectativa me preguntaron de qué proyecto hablo y qué cargo ocupo, a lo que le respondo muy orgullosa: soy camarera/chef/atiendo al público.

A todos aquellos que les da vergüenza y que inventan o agachan la mirada, les invito a que levanten la mirada con orgullo pues ¡lo estamos haciendo muy bien! No nos vendimos al mejor postor, no nos quedamos en nuestra zona de confort. No pasa nada si somos profesores, médicos, filósofos, comunicadores, abogados, administradores o artistas, con este empleo estamos rehaciendo nuestras vidas y la de nuestras familias, así que cuando nos reconozcamos en una mirada, en un saludo (con nuestro inconfundible acento) en alguno de estos oficios nos veremos con camaradería y sepamos que vamos bien y que estamos dando lo mejor de nosotros.


Régimen talibán: las mujeres no podemos estudiar, trabajar, reírnos… No podemos ser mujeres

Mariana Marchena

En las últimas horas el mundo al menos los más sensatos nos hemos quedado atónitos con la toma del poder nuevamente de los talibanes en Afganistán. Todo fue in crescendo como era de esperar, hoy todos los medios de comunicación relatan y muestran la cronología de una tragedia ya anunciada. No soy especialista en conflictos bélicos, pero sí he vivido desde los medios de comunicación toda esta historia, pero sobre todo desde la mirada como mujer. Me conmovió cuando tenía 16 años y hoy que tengo 40 mi dolor creo que es el mismo o peor ante la violaciones de derechos de las mujeres que impuso el régimen talibán durante sus años en el Gobierno (1996-2001) y ahora 20 años después se repite la oscura historia.

Recuerdo la primera vez que vi en la portada de la revista Time una mujer con una “sábana negra” no entendía nada, pero al abrir aquel reportaje me enteré de quiénes eran los talibanes, de qué era una burka, de qué era una lapidación, y de qué era violentar los derechos de la mujer. 

Para mí, mujer occidental de clase media, hija de padres profesionales, tenía en mis planes ser una profesional y hacer cosas tan normales como estudiar, salir con mis amigos y amigas, conducir, salir sola, viajar sola, vestirme como quisiera, opinar, reírme, ir al cine, bailar, protestar en el colegio si no estaba de acuerdo con algo,  votar y un largo etc. 

Era INADMISIBLE que en el siglo XX se estuviesen violando los derechos de esta manera y, bueno, ahora en pleno siglo XXI es simplemente surrealista.

No quiero opinar sobre el papel de los EEUU y la retirada de sus tropas, ni por qué hasta ahora no se han pronunciado. Que todos los organismos garantes de los de derechos humanos hasta ahora no se hayan pronunciado ante la cantidad de videos e imágenes dantescas sobre los hechos ocurridos. No es posible que 20 años después se esté viviendo la misma atrocidad y luego de haber salido de la “cavernas” y estar de  vuelta al oscurantismo sobre todo en derechos de la mujer.

Durante los golpes de Estado y la ocupación soviética y los conflictos entre el Gobierno y los grupos muyahidines de los años 80 y 90, las mujeres vieron mermar sus derechos. Bajo el régimen talibán, las mujeres y niñas tenían prohibido estudiar, trabajar, salir de casa sin un “guardián” masculino. «Fueron encarceladas en sus hogares», explica Amnistía Internacional. Las mujeres no podían ser vistas a través de ventanas ni balcones, y si salían de sus casas tenían que hacerlo con un burka completo, siempre acompañadas de un varón. Desobedecer la sharia (la sharía o sharia, o ley islámica es el cuerpo de derecho islámico. Algunas de las prácticas clásicas de la sharia implican graves violaciones de los derechos humanos. Algunos pueden considerarse crímenes de guerra o crímenes de lesa humanidad) tenía duros castigos: podrían recibir azotes si mostraban los tobillos, eran golpeadas si querían estudiar, y lapidadas hasta la muerte si eran declaradas culpables de adulterio.

Testimonios 

“Las agresiones y violaciones estaban a la orden del día: a una mujer de Kabul le llegaron a cortar la punta del dedo por llevar esmalte de uñas no hace tanto tiempo», en 1996. 

«Dispararon a mi padre en frente de mí. Eran las nueve de la noche. Llegaron a mi casa y le dijeron que tenían orden de matarlo, porque me dejaba ir al colegio. Los muyahidines ya me habían impedido ir a la escuela, pero eso no fue suficiente. No puedo describir lo que me hicieron después de matar a mi padre…», explicaba en 1995 una niña de solo 15 años.” 

«Prefiero que mis hijas mueran de una manera digna antes de que caigan en manos de los talibanes», señala Sara, desde Baimyán (Afganistán), en una serie de testimonios recogidos por ‘El Diario‘. «La semana pasada yo era periodista de noticias y hoy no puedo usar mi propio nombre para escribir ni decir de dónde soy o dónde estoy. En cuestión de días mi vida ha sido aniquilada», relataba al mismo medio una joven de 22 años, bajo condición de anonimato. «Estoy en peligro porque soy una mujer de 22 años y sé que los talibanes están obligando a las familias a entregar a sus hijas como esposas para sus combatientes. También estoy en riesgo porque soy periodista y sé que los talibanes vendrán a buscarme. A mí y a todos mis colegas».

Prohibido ser mujer

Estas son algunas de las restricciones que podrían repetirse en 2021:

Víctimas y detractoras que luchan contra los talibanes

Está claro que el talibán y la sharía trasciende las fronteras de Afganistán, por lo que mujeres de todos los países y regiones que representen una violación a los códigos extremistas religiosos no escapan de la violencia y ataques.

Como uno de los casos más emblemáticos tenemos a Malala Yousafzai, quien a sus 15 años recibió un disparo en la cabeza cuando regresaba en autobús de la escuela a su casa en el distrito de Swat, en el noroeste de Pakistán. El motivo del ataque perpetrado por el talibán era claro: esta joven se había atrevido a levantar su voz para defender el derecho a la educación de las niñas. 

Hoy día Malala, preside el Malala Fund –organización con la que pretende reforzar la educación de todas las niñas en todo el mundo–, ganó el Nobel de la Paz en 2014, y es titulada en Filosofía, Política y Economía en Oxford y es activista en pro de los derechos humanos. Fue una de las primeras en pronunciarse y expresar su preocupación por las mujeres, las minorías y los defensores de los derechos humanos que habitan en Afganistán en el marco del reciente control que han tomado los talibanes.

Además, la joven activista de 24 años también ha querido proponer una solución al asunto: “Los poderes globales, regionales y locales deben pedir un alto al fuego inmediato, proporcionar ayuda humanitaria urgente y proteger a los refugiados y civiles”.

En otro caso reconocido está Benazir Bhutto, la primera mujer que ocupó el cargo de Primera Ministra de un país musulmán. Su carrera política estuvo repleta de amenazas y falsas acusaciones hasta que fue destituida de su cargo. Quería un país donde el empleo y la educación fueran pilares de una democracia sólida consolidada, y decía que la única forma que ella veía posible era salir a las calles y hablar directamente a la gente.

Sin embargo, el 27 de diciembre de 2007, a tan solo dos semanas de las elecciones que estaba liderando, Bhutto fue asesinada tras salir de un mitin organizado por su partido, el Partido Popular de Pakistán (PPP), en la ciudad de Rawalpindi. Un joven suicida disparó contra ella desde una motocicleta y luego se inmoló causando la muerte de 22 víctimas más.

Los verdaderos asesinos fueron los fanáticos religiosos musulmanes y los poderosos que veían con temor un posible triunfo de la democracia en un país subyugado por el fanatismo y la ambición. Hasta hoy el caso es un misterio, pues, aunque se nombró una comisión de investigación de la ONU para examinar las circunstancias del asesinato de Benazir Bhutto, dicha comisión fue bloqueada descaradamente no solo por los militares, sino mucha gente de la élite política.

Si estos son apenas un par de muestras de lo que los talibanes son capaces de hacer, ¿qué mundo les espera a las mujeres, niñas y demás ciudadanos de Afganistán tras la toma del país? Y más importante aún, debemos preguntarnos qué es lo que podemos hacer desde nuestras trincheras en pro de defender a toda costa los derechos y el futuro de tantas mujeres y niñas que hoy desean ser libres.

El Perú, un país para degustar

■ De nuevo a Mirtha, Genoveva, Coco y familia, gratitud obliga

Enrique Viloria Vera

Usualmente la degustación se asocia sólo con el gusto, con la gastronomía, olvidando que el hombre es sensorial y tiene cinco maneras distintas de la razón para degustar el mundo. El Perú lo confirma. Por supuesto, que primero entra por la boca con los consabidos y variados ceviches, con sus pescados y mariscos que son frescos y de un gusto un tanto diferente a los del Caribe mar, pero nada como el lomo de alpaca degustado en Cusco, o como unas conchitas al Bloody Mary que engullimos con placer en la Punta del Callao, aderezadas con pisco en vez de vodka.

Sorprende la variedad de piscos que muestran las licorerías del país, y que los peruanos consumen con fruición. En la fiesta de Año Nuevo en casa del General Tomás Marky, tuvimos la oportunidad de que el también General Luis Monzón nos diera una explicación de experto para entender el proceso, y el tipo de uva: Quebranta, mosto verde, de Italia, entre otras, que se usan solas o combinadas para producir el acholado, propio de los cholos que usaban los restos de las uvas para mezclarlas y producir el pisco de marras.

Monzón nos explicó lo ya afirmado por Johnny Schuler, en Historia del pisco. Dice que: “Perú es el único productor que usa el jugo y mosto, ya que todos los demás los usan para producir sus vinos, volviendo a hidratar, fermentar y destilar la materia residual (hollejo, orujo). La grappa Italiana, el orujo español o el tzipouro griego, son hechos con hollejo. Aquí radica el carácter del pisco del Perú. Su estructura aromática y su complejidad en la boca. Características que lo diferencian de los demás aguardientes de uva del mundo”. Además en el ancestral Machu Picchu tuvimos ocasión de degustar una Grappa reposada de Bassano, en el Incontri del Pueblo Viejo, donde una pareja joven de restauradores, Lorenzo, de Venecia y señora, regentan un local de primer mundo como el Zig Zag de Arequipa.

El vino peruano ha mejorado enormemente. Poco conocido, en Venezuela, nuestros licoreros ya deberían hacer lo necesario para que lo degustemos a precios muy solidarios, nada que decir de la cerveza que es de calidad mundial.

Perú entra y se degusta por la vista del inmenso y poco azul océano Pacífico, por la contemplación de los volcanes de Arequipa, del desierto norteño, y de las verdes y espigadas montañas de la Cordillera andina que de verdad quitan el aire y el soplo de nuestros cuerpos.

Musical es sin duda también: una Marinera norteña es un ejemplo de bella comunión previa al sexo, donde los bailarines se provocan mutuamente, un huayno es más de despecho, compite por igual con el bolero que sana por un rato las penas del amor, pero ahora es la base para ritmos fusionados que desplazan a la cumbia y a la guaracha tropical.

Y si del tacto se trata acaricie y palpe una lana de alpaca baby o de vicuña, para que su textura sea un verdadero placer , una caricia, una loción para las manos. Y si al olfato nos referimos nada mejor que el olor de sus cocinas, o la fragancia que emite el cuerpo fresco y recién bañado de una limeña mestiza ¡Qué tal raza!

Palabras vacías

Leonardo Azparren Giménez

Las revoluciones del siglo XX asumieron, de diversas maneras, el modelo y la ideología aplicados en Rusia a partir de 1917. El monopolio ruso acuñó el término marxismo-leninismo, según el cual Lenin enmendó y mejoró la teoría de Marx, mejoría llevada al máximo con el estalinismo. El Kremlin se tornó en el nuevo Vaticano y el marxismo-leninismo-estalinismo en la Biblia. En consecuencia, se trató –se trata- de aplicar los mismos métodos y procedimientos probados en aquel país semi feudal y primitivo que era Rusia a comienzos del siglo XX, a pesar de sus empeños de afrancesamiento. La prueba más evidente fue el control del partido gobernante sobre la sociedad a la que gobernaba.

Una de las iniciativas para darle forma a las nuevas sociedades es inventar palabras que expresen la teoría de la nueva organización social. El término central fue “soviético(a)”, “consejo o concejo” popular, por  suponer una nueva organización social y un nuevo país: la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas, con los países invadidos y confiscados por los rusos en la primera mitad del siglo XX. Tales los casos de Lituania, Letonia, Estonia y Ucrania, a los que se les anuló su independencia y perfil histórico. De esta manera “desapareció” Rusia y su bandera nacional, pero su partido impuso una ideología con su interpretación sui generis del pensamiento de Marx, según el análisis de Herbert Marcuse en El marxismo soviético (1958). Palabra que demostró ser vacía a partir de 1989 con la caída del muro de Berlín.

Inventar consejo o concejo popular fue una trampa ideológica para imponer un régimen social y político, a la larga un contra sentido y un fracaso porque la nomenclatura empleada fue, con el tiempo, un repertorio de palabras vacías. El partido decidía y los soviets cumplían. Esa ideología, según la cual el poder lo tenían los consejos o concejos, resultó un conjunto de palabras vacías porque no ejercieron el poder, siempre en manos del partido, dueño y señor de todas las instituciones sociales y del Estado. ¿La prueba? A partir de 1989 los rusos y demás países sovietizados retomaron sus tradiciones históricas.

    Cuando se afirma que algo es “del poder popular para…” o se anuncia la creación comunas, se emplean palabras ideológicas para imponer una expresión retórica, ergo vacía, contraria a la realidad. La ideología oficial la emplea como subterfugio para disimular –sin éxito- su control. No hay un poder popular que determine a la respectiva institución. Hay, eso sí, un control centralizado.

El empleo de palabras vacías es frecuente en diversos ámbitos y sistemas sociales, no solo en los políticos, y siempre con propósitos hegemónicos. En una ocasión, desde una instancia del Estado se le aseguró a un sector de la juventud venezolana un renacimiento teatral inminente. Instituciones privadas aliadas del Estado conducirían la actividad teatral de la juventud venezolana rumbo a ese nuevo amanecer. Las bases teatrales iban a estar asimiladas a un modelo y una dirección única, que anulaba cualquier crítica e independencia de criterio, cualquier tensión social y cultural. Dados los resultados, palabras vacías.

El caso ruso es necesario tenerlo siempre presente por ser el modelo universal de una ideología devenida en palabras vacías; de una ideología ideológica con pretensiones y propósitos hegemónicos. El “hombre nuevo” es el caso casi escandaloso de palabras vacías porque esconde el complejo de Adán, según el cual todo comienza ahora y el pasado no existe. Ante el “hombre nuevo” la sabiduría popular pone a las brujas, que, aunque no existen, de que vuelan, vuelan.

Hamlet hizo una sabia advertencia para evitar las palabras vacías en el teatro: que las palabras estén ajustadas a la acción y la acción a las palabras. Es decir, hablar en correlación con la realidad, sea material o espiritual; que la realidad produzca sus palabras. De no ser así, o se desea un control hegemónico o no se comprende la realidad; es decir se tiene una visión absolutista de todo o nada. Y esas visiones vacías son ideales para el poder que desea imponerse y permanecer hegemónico.

El ser humano se define frente al mundo natural y animal, entre otras cosas, por el lenguaje con el que se comunica. Si el lenguaje es vaciado de significados vitales, es reducido a palabras vacías, el ser humano queda reducido a cosa. Es alienado de diversas maneras; por ejemplo, dejar de ser ciudadano para ser simple poblador, pasa de ser generador de vida a simple receptor de limosnas; se vacía de contenido y comienza a usar palabras vacías, no un lenguaje humano.

ELOGIO DEL COCO

                                                                                            Enrique Viloria Vera

A mi abuela Berta por su arroz y conservitas de coco.

Después de cinco años viviendo en Salamanca, la ciudad de los saberes, en España, país de manzanas y peras, de cerezas y fresas, de higos y sandías, regresé a Venezuela con unas infinitas ganas de comer coco en todas sus formas.

Recordemos que : el coco es una fruta (drupa) obtenida principalmente de la especie tropical cocotero (Cocos nucifera), la palmera más cultivada a nivel mundial. Tiene una cáscara exterior gruesa (exocarpio), una capa intermedia fibrosa (mesocarpio) y otra interior dura, vellosa y marrón (endocarpio); que tiene adherida la pulpa blanca y aromática (endospermo). Mide de 20 a 30 cm y llega a pesar 2.6 kg. El nombre coco fue impuesto por los descubridores de América, debido a que a los exploradores portugueses que lo llevaron a Europa, su superficie marrón y peluda con sus tres agujeros les recordaba una cara como la del fantasma de las historias sobre el Coco que se les cuenta en España y Portugal a los niños pequeños con fin de asustarlos.

Los tipos de cocoteros de la especie tropical Cocos nucifera se clasifican en gigantes, enanos e híbridos y, dentro de cada grupo, existe un gran número de variedades.

Escribo este sincero elogio después de haber engullido nuestro sabroso coco en todas sus formas: arroz con coco, cocada, leche de coco para un curry de pollo, además de las infaltables conservitas de coco y del sofisticado majarete.

¡Buen provecho!

Las mujeres de Eurípides

Leonardo Azparren Giménez

Los personajes femeninos de Eurípides han interesado más al teatro romántico y moderno que, por ejemplo, los de Sófocles, por su fuerte individualidad. Electra de Eurípides fue llevada al cine, no la de Sófocles. Las troyanas están con frecuencia en los repertorios. También fue llevada al cine Ifigenia en Áulide, mientras de las de Sófocles hay una obsesión casi enfermiza con Edipo tirano devenido rey sin razón, por aquello del incesto, asunto que no es tema ni subtema en Sófocles. El pobre Esquilo, el más grande, casi en el olvido. Las mujeres de Eurípides se imponen, en especial Medea y Fedra, personaje de Hipólito, la mejor obra de este autor. Son víctimas de situaciones agresivas y relaciones injustas, muy atractivas para los dramas de alcoba del teatro romántico y melodramático.

Sin duda, las mujeres de Eurípides irrumpen con fuerza y violencia por las situaciones que les son impuestas. Alcestis se sacrifica por su rol de esposa, no por amor a su esposo. Eso tiene una explicación histórica. Si Esquilo es el dramaturgo de la libertad y la democracia que derrotaron a los persas, Eurípides es del fracaso en la guerra del Peloponeso, de la desaparición de los héroes por las ambiciones políticas y de la disolución de los valores con los que se construyó la democracia. En esa situación política, la mujer emergió protagonista para enfrentar cualquier situación del fracaso de una relación personal y política. Una representación cómica y radical es Lisístrata de Aristófanes.

El romanticismo y el melodrama se detuvieron en la intimidad y convirtieron a las mujeres de Eurípides en víctimas de relaciones familiares simples. En Medea las relaciones entre los personajes responden a una alianza inviolable para la cultura griega. Medea es una bárbara y hechicera enamorada de Jasón, quien la acepta porque ella le garantiza el vellocino de oro. Pero Jasón no respeta la alianza; es un político pragmático. Si se alió con Medea para obtener el vellocino, ahora lo hizo con Creonte para casarse con su hija y heredar el poder. La ruptura de la alianza crea una situación en la que actúa Medea para obtener justicia. Mata a sus hijos, hijos de Creonte, y a su prometida: lo deja solo y sin herederos en una sociedad patrilineal y patrilocal. No es un drama de alcoba. En esa situación Eurípides coloca a Egeo, rey de Atenas, quien le asegura a ella una nueva alianza a cambio de ayudarlo a tener hijos. Siempre en la dimensión política, la cultura griega salva a una bárbara hechicera y deja solo a un político pragmático.

Eurípides se cuidó de no escribir una obra sobre Fedra, sino sobre Hipólito en la que ella es un personaje instrumental. Para comprender el significado de la obra son indispensables Afrodita y Ártemis, diosas que abren y cierran la obra. Eurípides plantea el relativismo religioso y moral en una religión politeísta. No es Fedra una apasionada descontrolada por Hipólito; es, en forma explícita, un instrumento de Afrodita para sancionar a Hipólito, por lo que las relaciones de los seres humanos con los dioses son el centro del asunto. Ahí suma el relativismo moral surgido en el relativismo de los sofistas.

¿El origen del problema? Hipólito, fiel a Ártemis, se burla de Afrodita y ésta, consciente de su poder, decide darle una lección. En una religión politeísta cada quien venera al dios de su preferencia, pero no lo faculta para burlarse de los otros. El genio de Eurípides está en la Nodriza, así como en Medea está en Egeo. El equilibrio de poderes entre Afrodita, diosa del amor, y Ártemis, diosa virgen, encuentra en el relativismo moral de la Nodriza su balance. Este personaje, arquetipo y prototipo de cualquier Celestina, aconseja a Fedra dejarse llevar por las pasiones porque dentro de las cuatro paredes de la casa nadie se enterará, y obtiene de Hipólito la promesa de no revelar lo que sabe. Maquiavélica, representa la amoralidad y el oportunismo que contribuyeron con la decadencia de Atenas.

Eurípides, acusado de maltratar a las mujeres con sus personajes femeninos, percibió en ellas las víctimas de una crisis global resultado del relativismo de los sofistas (“el hombre es la medida de todas las cosas…”) que acentuó el individualismo contenido en la libertad de la democracia ateniense. Las mujeres de Eurípides viven situaciones de degradación política, acompañadas de hombres sin estatura como la de aquellos que construyeron el esplendor de Atenas.

Medea y Fedra no actúan sin control como las interpreta el romanticismo y el melodrama. Son personajes racionalmente conscientes de la situación en la que están, conscientes de que la situación se les impone y coarta sus libertades. Son personajes de un teatro político que discute el poder injusto y el relativismo moral, ambos temas poco o nada románticos y muy políticos.

¡VIVAN LAS VÍSCERAS!

                                                                                          Enrique Viloria Vera

De acuerdo con el Diccionario Larousse de Cocina, las vísceras – llamadas también menudencias o dentros -, son órganos contenidos en las cavidades de los animales como panza, corazón, riñones, pulmones, molleja, pescuezo, tripas, hígado, sesos, etc. Res, cerdo, borrego, venado, pollo, cabrito y chivo son algunos de los animales de los cuales se consumen sus vísceras en diferentes preparaciones. Cada una o en su conjunto forman platillos que reciben diferentes nombres. Algunas preparaciones elaboradas con vísceras son: ajiaco, arroz con menudencias, asadura, barbacoa, bofe, cabrito en su sangre, caldo matancero, carne suelta, chanfaina, chicharrón de vísceras, chocolomo, cochinito a la cubana, criadillas, discada, esquimol, gandinga, higaditos de fandango, hígado, machitos, menudo, mextlapique, mole de caderas, mole de revuelto, mollejas de pollo, mondongo, montalayo, obispo, pancita de barbacoa, patagorría, pepena, picadillo de menudo, riñón, sesos, tachilhuil, tacos de cabeza de res, tripas de pollo o tripas de res. 

Chanfaina

Confieso que mi acercamiento a las vísceras fue progresivo, de un inicial y prejuiciado rechazo me dedique – poco a poco -, a degustarlas, entendiendo que, por alguna razón gustativa, las mismas se erigieron en plato emblemático de muchos países, orgullosos en incluirlas como exquisiteces en sus respectivas gastronomías. Así que comunico mis experiencias viscerales.

Anticucho:  es una brocheta de corazón de res, tendría un origen quechua. “Anti, delante; y cuchu, cortar”: es tradicional comerlo en Perú y en otros países sudamericanos. Es plato de rigor en las mesas limeñas tradicionales.

Asadura, Chanfaina o Frito: en Venezuela, antes de la llegada de los cereales en hojuelas, del yogur, de las frutas o de los estilizados huevos y tortillas, era normal que las tradicionales y laboriosas arepas de maíz pilado – no había hecho su aparición la muy bienvenida harina precocida -, se acompañaran con un platillo de vísceras que en Caracas llamaban frito, a mi manera de ver es una de las expresiones más indiscutibles de una mixtura de vísceras. En efecto, este platillo tiene como ingredientes básicos: hígado de res, corazón, bofe y, en algunos casos, riñones y páncreas, picados en menudillo y salteados en un sartén con su respectivo sofrito.

Callos, Tripa. Panza o Mondongo:  ciertamente es un plato que se repite con sus variantes en muchos países. En España pueden ser a la madrileña sin los garbanzos de la asturiana, con arroz blanco es uno de mis favoritos, siempre que no abusen de la guindilla. En Francia, las Tripas a la moda de Caën son verdaderamente deliciosas como las que cocinan en Italia a la parmesana, saben mejor un par de días después de preparadas. La tradicional sopa de mondongo era la protagonista en los almuerzos dominicales de la vieja Caracas; la bienvenida inmigración introdujo el pasticho a la venezolana, nombre criollo de la lasaña, la paella, y las parrillas argentinas.

Chinchurrias o Chinchulines: es la denominación utilizada para referirse al intestino delgado del ganado vacuno. La cocción de los mismos se realiza a la parrilla sobre brasas de leña o carbón; infaltables en una parrilla al carbón.

Morcillas

Criadillas o Bolas de toro:  aunque pueden ser de muchos animales, incluso de gallo, en un largo viaje por la vieja España me atreví a comer las de toro, se pueden cocinar a la plancha, rebozadas que son mis favoritas, e incluso a la parrilla, no las he probado aún un ceviche 

Haggis: durante mi estancia en Oxford, ocasionalmente preparaban para gusto de unos – entre los que me incluía -., y desagrado de otros, disfruté varias veces de este platillo escocés que se elabora a base de asaduras de cordero u oveja (pulmón, estómago, hígado y corazón) mezcladas con cebollas picadas, harina de avena, hierbas y especias, todo ello embutido dentro de una bolsa hecha del estómago del animal y cocido durante varias horas.

Lengua de res: es uno de mis platillos favoritos, aunque genera mucho rechazo, especialmente entre las mujeres, me gusta con salsa de mostaza a la pizzaiola tampoco me desagrada. Hasta un club de comedores de lengua promoví en mi domicilio caraqueño.

Paticas de cochino o Manitas de cerdo: mi más reciente hallazgo gastronómico, no entiendo porque no las probé antes, guisadas sin que abusen de la guindilla se diluyen en boca, un tanto heterodoxo,- como los callos guisados  -,me gustan con arroz blanco.

Mollejas de cordero: pueden ser de diversos animales, mis favoritas son las de cordero rebozadas con su toque de perejil.

Morcillas: embutido a base de sangre cocida, generalmente de cerdo, de color caoba oscuro, se mezcla con grasa de cerdo, y, además, contiene algún otro ingrediente no cárnico a fin de aumentar su volumen, como arroz u otros cereales, miga de pan o cebolla: sin parangón cuando son dulces y con arroz, para desayunar o acompañar una parrilla de carne de res.  En Francia, a nuestras morcillas las denominanboudin, tienen además una variedad llamada blanc.

Riñones de res: no son mis preferidos, reconozco, sin embargo, que preparados al estilo francés, a la mostaza, no se puede decir que no. En Inglaterra, of course, más de una vez probé su emblemático kidney pudding con el clarete de rigor.

Ris de veau: emblemático de Francia, donde lo preparan de muchas formas, tiene como base el timo de la ternera y no las mollejas como muchos afirman, lo prefiero de ternera lechal a la crema y con champiñones-

Sesos de res:  rebozados con limón son verdadero manjar, los prefiero en mantequilla negra, en Francia la Tête de veau es siempre bienvenida.  

Malabares con palabras de fuego

ELEONORA REQUENA

Sabemos que no sabemos sobre amor y sus tretas, jugamos a saber y decir amor para saberlo, todo y nada sabemos sobre el amor propio, el conjugado, el entre dos, el entre tres, el poliamor, el desamor,  sabemos a qué sabe cuando su picor se torna dulce o agrio, y cuando no sabemos nada, él nos sabe a ciertas, justo ahí, en el desconcierto. El amor nos da un hogar y a la vuelta de la esquina nos desahucia, nos acoge y nos rechaza en su vaivén. Y es el asunto predilecto de la poesía, una de las tres heridas con las que Miguel Hernández viene y va, un tema central y diverso que condensa un estadio esencial que forja el alma. 

Anne Carson

La poeta Anne Carson en el prefacio de su brillante ensayo Eros, el dulce amargo, alude a un breve texto de Kafka llamado El Trompo: “Un filósofo solía frecuentar los juegos de los niños. Y cuando veía a un chico con un trompo, se ponía al acecho. Apenas estaba el trompo en movimiento, el filósofo lo perseguía para atraparlo. (…)Y era feliz sujetándolo tras giraba, pero esto duraba sólo un instante, entonces lo arrojaba al suelo y se marchaba. Creía, en efecto, que el conocimiento de cualquier bagatela, como por ejemplo un trompo que giraba sobre sí mismo, bastaba para alcanzar el conocimiento de lo general.” Comenta Carson que este relato de Kafka trata sobre el deleite de la metáfora, en el giro se condensa la belleza, gira y la mente vuela, la denotación y la connotación se sostienen en ese instante fugaz y perecedero, el filósofo logra suspender por un instante un saber que nunca es suficiente, pero sí necesario, para probar, desilusionarse, y luego volver por más en otro espacio de juegos. En tanto amor es amor amando, su condición es girar, el deseo requiere del combustible de la ambivalencia, la experiencia erótica se las juega sobre todo en esta paradoja emocional, el dulce amargo, “Odi et amo”, la atracción de los contrarios, y acaso todo se trate de lo que Lacán dijo en una frase de uno de sus seminarios: “amar es dar lo que se tiene a quien no es.” Este es el tema del poemario Todo que ver, de María Dolores Ara, en uno de sus textos titulado Infinitivo incierto da cuenta de esa trastabillante certeza: 

Amar 

probablemente sea 

un retorcido y solo corazón con prisa. 

También, 

quizás, 

probablemente,  solo

 que las palabras tienen fiebre 

y no las calma nada.

 o casi, casi nada. 

Puede ser,

tal vez 

que salgan flechas rojas del arco de la boca y

no necesariamente acierten en el blanco. 

Quién sabe si,

en el fondo 

se trata únicamente 

de sudar una savia espesa y rutilante 

como fresas batidas con un poco de sol.

El poemario de María Dolores se va desplegando en una serie de instancias donde la noción del amor se balancea sobre la tela de la araña, para ello se vale de una articulación verbal ceñida y depurada que nos va introduciendo en una especie de teatrillo íntimo, a ratos arena de circo, a ratos cuerda tensada en lo alto, desde donde la voz de una funambulista se sortea su suerte:

A punto de vértigo,

sin aire;

se me marea el alma

mirando el vacío

desde tus ojos.

Me asomo a tus pestañas;

suspendida en su borde

curioseo

el blanco azul de su rayo

que me parte.

La función va avanzando y tomando ritmo e intensidad, en actos de malabares donde la poeta juega en el aire con bolas de fuego, el eros se balancea y hace equilibrismos sobre las altas cuerdas. El tono lúdico se sostiene de principio a fin, un candor que tensa su soga con un lenguaje que se debate entre la parodia y el dolor. Son textos que andan en puntillas, apelando a los usos y costumbres del decoro y el amor sentimental, hilan con aguda ironía las escenas de ese amor puertas adentro, configurado en los escenarios de la domesticidad matrimonial, no por ello, menos intenso y arriesgado en sus guiños y piruetas.  

Ahora pienso en la dramática serenidad con la que Luz Machado urdiera sus textos de La casa por dentro, aquel poemario editado en Caracas en 1968 y escrito en los confinamientos de las cuatro paredes de la casa, único lugar donde a la mujer se le permitía ser ama y señora, la dueña, pero no más allá del las verjas del jardín, y siempre bajo la vigilancia masculina. En aquel escenario  se decantan los textos de Luz Machado, develando los silencios y las soledades del amor conyugal, la oclusión y sus sostenimientos en las diarias rutinas, el universo de los enseres y objetos empolvados, los espacios asignados por la decencia y al decoro, todo dispuesto según lo pautado por la estructura patriarcal, que signa roles y determina los oficios. 

Haciendo el ejercicio de vincular ambos textos  que sitúan sus escenas en las parcelas de la casa, en la apuesta de María Dolores Ara la poeta usa como materia subversiva ese propio lenguaje y giros con los que las pautas sociales conservadoras modelan el deber ser femenino desde los de los juegos asignados a las niñas y la tradición de los cuentos de hadas, donde  príncipes de ensueño garantizan finales felices comiendo perdices.  Luz Machado, por su parte, tuerce los barrotes de su celda a través de poemas que desequilibran el orden con un imperceptible estruendo a través la conciencia de la palabra poética que anhela y deja escapar su escritura. María Dolores Ara se vale de otras tretas para decirse y desencadenar un rumor que no cesa. En Todo que ver hay una vitalidad serpenteante, un hilo de corriente que atraviesa el libro de principio a fin, una voz que canta y se revela desde centro de los cuartos, agita las aguas estancadas  y también las sábanas, danza entre el amor  y  el desencanto, y en cuanto tensa y balancea, gira como el trompo cada vez en cada gesto y texto, para hacer posible el pa de deux, la flama del deseo hecho letra y voz, que rota sobre su eje y cesa, hasta que es que gira una vez más, y otra, y  otra vez. 

CIVILIZACIÓN Y BARBARIE

Leonardo Azparren Giménez

Como ocurre con muchos asuntos y temas, o con casi todos, las diferencias entre civilización y barbarie tienen sus orígenes en Grecia, cuna de la civilización occidental (como se puede leer en algunas partes). Platón metaforizó el asunto en su mito de Protágoras. Entre los venezolanos se comenzó a hablar del tema por la oposición entre doña Bárbara y Santos Luzardo en la novela de Rómulo Gallegos Doña Bárbara.

En la Grecia antigua la mayor sanción fue expulsar de la pólis al involucrado en algún delito o desentono con el colectivo social, tornándolo apólis, apátrida, con lo que perdía todo rasgo de civilidad. Sin conocerse a sí mismo, Edipo se condena a ser apólis y muy anciano busca en Atenas una nueva civilidad. Los oligarcas quisieron hacer de Sócrates un apátrida cuando le impusieron la expulsión de Atenas, pero él prefirió ser un suicida ateniense.

Los griegos, habilidosos en la creación y el uso del lenguaje, supieron matizar muchas cosas. El xénos (extranjero) era aquel que, siendo griego, no pertenecía a mi pólis. Aparte, el barbarós era quien no pertenecía a la cultura griega ni participaba de su sistema de costumbres y creencias. Medea es el mejor ejemplo de personaje bárbaro, salvada por el rey de Atenas.

La inmediata connotación de la afirmación aristotélica con la pólis ateniense y griega en general, según la cual los humanos somos animales políticos, es decir seres sociales y sociables, conlleva por vía negativa que el no vivir o saber vivir en las relaciones de la vida en la pólis, ser a-social, apólis, supone una degradación de la condición humana.

Pero civilización y barbarie no son términos que se excluyan del todo y porque sí, pues sabemos cuán bárbaro puede ser el ser humano en sociedades altamente civilizadas. Ni para qué mencionar los casos habidos en el siglo XX, y los que perduran o aparecieron en el actual XXI. Pretender cambiar la historia con acciones políticas puede ser una barbaridad, y muchas veces la humanidad –nosotros- hemos sido víctimas y victimarios de ese tipo de barbaridad. A la historia, por ser humana, le es imposible escapar de las barbaridades, de la misma manera que ha creado grandes civilizaciones.

Nosotros –no sé si me entienden- pertenecemos a una civilización que ha perdurado, grosso modo, dos mil años, con barbaries como las de Hitler y Stalin y algunas locales, pero el rasgo civilizatorio son sus grandes creaciones humanas en el arte y la ciencia. Y la nuestra es contemporánea con otras civilizaciones que, por ejemplo, pueden ser consideradas pre copernicanas.

El ser humano siempre ha luchado contra sus tendencias bárbaras. Ha buscado el punto medio de la excelencia que certifique su diferencia esencial con la naturaleza y el resto de los seres vivientes. Algunas veces aparenta solo barbaridad, aunque en su fuero interno es un ser civilizatorio. Por eso se habla de vicios privados y pública virtud. Un tirano sin control puede ser un excelente padre y un tierno amante mientras no está en el ejercicio de su tiranía; puede mostrarse con modales civilizados. En cambio, alguien de comportamientos torpes, puede estar dando inmensos aportes civilizatorios a su época y a la posteridad.

A cada quien lo suyo. Grandes países, que son o creen serlo, transcurren a lo largo de la historia sin deslumbrar a otros pero construyen, piedra a piedra, su modelo de civilización. No son pedantes. Otros se enmascaran en grandezas que no tienen correlatos civilizatorios constatables, y ocultan sus tendencias bárbaras hasta que afloran en el momento menos esperado.

En este último caso es fundamental tener mucha sabiduría práctica para soportar, superar y vencer esas tendencias, tendencialmente heridas difíciles de curar. No hay que ser pesimista, el ser humano tiene recursos para emerger y salvar a la civilización frente a la barbarie. Roma no fue solo Calígula. Venezuela no es solo su presente.


ELIZABETH SCHÖN, DRAMATURGA

(CARACAS 1921 – CARACAS 2007)

Leonardo Azparren Giménez

Licenciada en filosofía, su poesía y su dramaturgia van de la mano. Recibió en 1994 el Premio Nacional de Literatura. Sus obras de teatro han sido vistas desde la perspectiva del teatro del absurdo por las situaciones paradójicas que acostumbra representar.

Intervalo (1956), “farsa” en tres actos, es la primera representación en el teatro venezolano de un tema que ha obsesionado a muchos autores: la inestabilidad del perfil del Yo y sus relaciones con los otros. Schön emplea una estrategia discursiva que consiste en disolver la intriga en múltiples situaciones y relaciones que dan consistencia a la situación básica de enunciación: el estado alienado y alienante de Ella, la protagonista, quien vive en su mundo propio rodeada de personajes invisibles –fantasmas-, contrastados con otros reales, en especial el Mayordomo y el Zapatero. El primero desempeña el rol de mantener el “juego” cuando Ella habla con personajes invisibles: el médico y un astrónomo. El Zapatero está dispuesto a casarse con ella para beneficiarse de su situación económica, detalle con el cual Schön introduce levemente una dimensión pública al conflicto privado central de su obra.

El mismo título es azaroso. Cuando ella se refiere a su médico (el real, no el invisible), dice: “Porque entre mi cuerpo y el de mi médico nace un intervalo absoluto donde vivo sin temor a caer”. En el segundo insiste: “Amo a mi médico y estas paredes son el intervalo de un sueño que no concluirá jamás”.

Cuando desdibuja a su personaje, la autora representa una de las situaciones más frecuentes del teatro moderno, en su caso desde una perspectiva existencial. Nada que ver con la desconstrucción y reconstrucción del personaje que hace Bertolt Brecht en Hombre es hombre y en El alma buena de Se-Chuam.

Los personajes que poco a poco aparecen (una muchacha, un joven, un negro pescador, un viejo…) cumplen el rol de acentuar la idea rectora de la disolución de la persona y de la ambigüedad de la comunicación.

En Melisa y el Yo (1961) el centro de la acción es el embarazo de Jesusita, joven de quince años, y los esfuerzos de Melisa para resolver el problema apelando a una filosofía naturalista, en la que todos los seres vivos son la razón de ser de la existencia individual. Melisa y Jesusita, a quien llama Jecustia, recurso de la autora para acentuar su tesis sobre la ruptura de la identidad, hacen un viaje existencial para encontrar una solución y, a cada paso, Melisa reitera su visión, la idea rectora de la obra: “Me gusta cuando los seres se enlazan a los demás y tratan de formar un solo molde donde no se puede quitar ninguna parte, enseguida desaparecerían las otras”.

En el recorrido de ambas, Schön da a conocer el segundo nivel de su propósito discursivo, el social, cuando Melisa y Jesusita entran en contacto con personajes populares y terminan en una habitación en la que está en discusión una huelga. Esta dimensión social, en la que Melisa insiste en resolver el problema de Jesusita, supone un giro en la fábula y la intriga sin una solución precisa, aunque permite algunas expresiones de compromiso: “el hombre debe hablar de acuerdo con la multitud que ayudó a plasmarlo y no como individuo aislado capaz de reaccionar por sí mismo”, sentencia Melisa.

Una dialéctica entre el Yo y la multitud, entre la singularidad del individuo y el anonimato de la masa, es la tensión que sostiene la obra. Cuando habla con el líder obrero, Melisa concluye: “Entonces, ¿me permitiría seguir a su lado, aquí en el pueblo, con la vida?”.

Tal incertidumbre del habla expresa una idea rectora sobre la imposibilidad de la comunicación. En tres obras cortas, brevísimas, insiste. Lo importante es que nos miramos(1967), Jamás me miró (1967) y Al unísono (1971) representan a una pareja cuyo diálogo no alcanza a comunicarlos bien para conocerse, a unos personajes alrededor de una urna sin aclarar la situación y a una pareja en la que ella se limita a monosílabos y la palabra carece de destino.

En La aldea (1966) lo reafirma, aunque en esta pieza no midió la extensión del discurso para representar el tipo de situación. Obra exhaustiva y reiterativa, en la que los referentes son anulados por permanentes equívocos respecto a quién es quién, en particular un Hermano de alguien, su acción construye situaciones escénicas en las que lo lúdico se impone sobre una fábula que no llega a concretarse. De ahí que se puede hablar de teatro del absurdo de algún tipo.

Elizabeth Schön representa uno de los intentos más novedosos en la renovación de la dramaturgia de la primera modernidad (1909-1957), con proyección en el nuevo teatro a partir de 1958. Elizabeth Schön representa temas tan modernos como el de la incomunicación o, mejor dicho, de la dificultad de alcanzar una comunicación concreta y, unido a él, el de la inestabilidad de la persona y su disolución en los intentos por darle consistencia. 


JUEGO DE ROLES

Leonardo Azparren Giménez

La toma de conciencia de la propia subjetividad es el primer y necesario paso para el relativismo en todas sus formas y, in extremo, el individualismo radical. Cada quien tiene su Yo, diferente al otro. Desde antiguo fue establecido así, cuando Protágoras dijo que el hombre era la medida de todas las cosas, de las que son en cuanto son y de las que no en cuanto no son. La posmodernidad asumió esa interpretación cuando negó los grandes relatos en su universalidad, para que cada quien construya el suyo. La persona deja de ser integrante del género humano y pasa a ser individuo, mónada.

El Tartufo

Es importante, por supuesto, tener conciencia de sí para saber valorar los diferentes roles que tenemos que desempeñar; sino, sería imposible tener identidad y ser responsable. Se habla de actuar con conciencia, por ignorancia y en estado de ignorancia, roles distintos, para indicar los márgenes de responsabilidad que hay, por ejemplo, cuando es muerto alguien con y por mano ajena; aunque la ignorancia de la ley no exime de su cumplimiento.

No hay manera de evitarlo. Desempeñamos diversos roles en nuestras vidas, aún sin darnos cuenta. Se es padre, esposo e hijo al mismo tiempo, y cada rol impone conductas y lenguajes distintos. Cosa distinta es, por supuesto, desempeñar roles para ser o parecer serlo.

El desempeño simultáneo de diversos roles permitió crear un personaje de la magnitud de Tartufo, y permite hablar de vicios privados y públicas virtudes. También ser líder populista sin ser popular. Las celestinas también saben jugar roles diferentes según la oportunidad. Y los campos de la moral y la política son privilegiados para tal desempeño. Más aún cuando de manera premeditada se desempeña tal o cual rol.

En el ámbito de la política se desempeñan roles para prometer; después para ejecutar o justificar: Se desempeñan para convencer; después para asegurar solidaridades. Los cambios políticos de las sociedades tienen entre sus causas los roles desempeñados por quienes los propician. Después, como siempre, la historia se encarga de verificarlos o ponerlos a un lado para retomar el curso desviado.

También es cierto que las situaciones imponen el desempeño de determinados roles. Yo y mis circunstancias. Aquello del ser humano como un animal político, es decir social, implica un cierto determinismo para el desempeño de roles. Es así cuando nos vemos obligados a desempeñar este o aquel rol que nos es exigido por la situación, sea ésta privada o pública. Hasta puede haber arrebatos. Después que se enteró de su verdadera situación, Hamlet le dijo a Horacio que simularía estar loco. Así, según las situaciones en las que se encontró desempeñó uno u otro rol.

Las Celestinas

El rol más difícil es el crítico, porque reclama algo igualmente difícil: sinceridad. Rol crítico ante sí, en primer lugar. Si no, se actúan roles para representar lo que no se es. Con los roles se engaña, y quien se acostumbra a engañar representando roles termina engañado por sí mismo. Ocurre mucho en política, actividad en la que los intereses puntuales o estratégicos solicitan o imponen roles sinceros o no; en particular cuando el involucrado proclama cumplir tareas de cambio social. Puede suceder que ese rol para el cambio social sólo busca asumir el poder quién sabe para qué.

El juego de roles teatraliza la vida cotidiana, de manera tal que el ciudadano común y corriente puede estar presenciando y participando de una fantasía construida con roles ad hoc para crear una situación sobrepuesta a las situaciones reales. Si somos actores de nuestras existencias, hay quienes asumen roles con propósitos premeditados, actores de la vida, falsarios.

El fin, no podemos evadir el juego de roles porque cada situación demanda un comportamiento específico. Cada quien será o no sincero cuando los asuma. Y sin tiene resonancia pública, los asume con las debidas consecuencia, reconocimientos y reclamos. Es imposible evadir la responsabilidad cuando se desempeñan roles públicos. La historia es inexorable.


El colapso de las civilizaciones

    Leonardo Azparren Giménez

La historia de la antigüedad menciona varias civilizaciones contemporáneas o no entre sí desde el paleolítico, por lo general en la inmensa zona conocida como el Medio Oriente, desde el Mediterráneo hasta las fronteras con la India. Sumerios (3000-2350 a.C.), hititas (s. XVII-XII a.C.), asirios (II milenio), egipcios (3100 a.C.), fenicios (1500 a.C.)… son los pueblos con quienes comenzó la historia. No sé por qué no incluyen a los judíos (1000 a.C.). Dicen, por ejemplo, que el país más antiguo del mundo es Egipto. Con los sumerios surgieron las primeras ciudades y los primeros imperios; también las primeras escrituras, unas cuneiformes y otras parecidas. A los fenicios, que parece ocuparon el territorio del actual Líbano, se les atribuye el primer alfabeto.

Estamos en una época que es y no es prehistoria y/o historia propiamente dicha, con muchas guerras por dominio territorial y comercial. Civilizaciones tribales que dejaron poca documentación. Son y no son históricas porque por lo general se considera que la historia comienza con la existencia de documentos que certifiquen hechos con los cuales construir una sucesión en el tiempo. Por ejemplo, los textos conocidos como Lineal A y B de Micenas. Los fenicios, a pesar de haber tenido un alfabeto no dejaron, que se sepa, documentos escritos. A ese alfabeto los griegos le añadieron vocales, que no tenía, y escribieron la Ilíada y la Odiseahacia el siglo VIII a. C., por lo que es la única civilización de aquellos tiempos que dejó constancia suficiente de su memoria, es decir de su historia.

Las otras civilizaciones colapsaron de una u otra manera ante la influencia de otras civilizaciones; no fueron capaces de producir un sistema de creencias, valores y costumbres perdurable en el tiempo; incluso cuando perduraron por razones militares y políticas como el imperio persa hasta Alejandro. En fin, sus legados son precarios e incomparables con lo que ocurrió cuando los griegos comenzaron a escribir. Desde las obras atribuidas a Homero hasta hoy, el griego parece ser el idioma que ha tenido la mayor continuidad histórica.

¿Cuándo y cómo colapsa una civilización? El sustrato que las alimenta y sostiene es su sistema de creencias, valores y costumbres. Si tal sistema se degrada en el tiempo, desaparece. Las civilizaciones americanas precolombinas estaban en decadencia en el siglo XV; eso dicen algunos historiadores, entre otras razones porque desconocían la rueda y carecían de animales de carga. Incluso, la monumentalidad de algunas de ellas denotaba cierta mudez por carecer de un lenguaje. De hecho, son las crónicas de los misioneros las que recogen historias y leyendas precolombinas.

En la actualidad parece que vivimos el enfrentamiento de algunas civilizaciones; con mayor o menor grado y rudeza, luce muy difícil por no decir imposible el diálogo entre ellas porque sus sistemas de creencias, valores y costumbres son antípodas existenciales. Más aún, en algunos espacios geográficos están proscritas, incluso con violencia, expresiones de algunas civilizaciones. Pienso en civilizaciones con estructuras sociales horizontales y verticales.

Hubo quienes quisieron crear una civilización soviética con el cambio de creencias, valores y costumbres del pueblo ruso. Mientras escribo me entero que un heredero de la dinastía de los Romanov, derrocada y asesinada en 1917, se casó con esplendor en San Petersburgo, el Leningrado soviético. Un caso típico de haber querido imponer un modelo y su fracaso cuando la historia retomó su curso. Lo mismo ocurre cuando se quiere cambiar el capitalismo con medidas políticas y económicas, sin comprender que el capitalismo no es un sistema político y económico, es un período histórico que lleva unos ocho siglos de instrumentación.

Vivimos, creo, en lo que comúnmente ha sido llamada la Civilización Occidental, cuyas raíces se remontan cinco o seis siglos antes de Cristo. Esas raíces, si no me equivoco, son greco latinas y judeo cristianas. En la actualidad no se oculta el conflicto con otros modelos de civilización, agudizado con las sucesivas migraciones que han llegado a Europa,  centro histórico y cultural de nuestra civilización aunque no necesariamente político. La pregunta es si la Civilización Occidental colapsará al igual que las de la antigüedad para dar paso a otras; si lo germinado en la Grecia clásica y en Judea colapsará después de dos milenios. ¿Es posible detectar algunos síntomas de un eventual colapso? Siempre hay futurólogos, no profetas, que se aventuran.



EL HÉROE VACÍO

Leonardo Azparren Giménez

Los dos grandes modelos de representación trágica son el griego y el isabelino. El trayecto “por el dolor a la sabiduría” de Esquilo y el dilema de identidad de Shakespeare, por ejemplo. La representación de dos situaciones básicas de enunciación, una sobre las relaciones políticas del ciudadano (polítes) y el destino de la pólis y otra sobre la individualidad subjetiva afectada por la incertidumbre. La dimensión pública y la dimensión privada de los humanos.

La tragedia griega surge recién los atenienses habían iniciado la democracia en medio de peligros agonales severos. La tragedia isabelina surge cuando los ingleses estaban en una gran inestabilidad de identidad por la reforma anglicana y los primeros signos de la modernidad. Dos situaciones distintas. El héroe isabelino es el hombre medieval que renace libre del sistema de creencias, valores y costumbres acumulado por siglos. Pero, ¿cómo es esa libertad? ¿Logró sustituir ese sistema por otro? ¿Cómo se relacionó con el mundo?

Sin espacio para considerar las razones y causas de la reforma de Enrique VIII, con ella Inglaterra se convirtió en una “Iron Curtain Country” respecto al continente, según G. B. Harrison en Introducing Shakespeare. La reforma cerró monasterios, suprimió el culto católico, destruyó bibliotecas y obras de arte, vasos sagrados, pinturas, vitrales y murales y ajustició a buen número de católicos. Borró la memoria y las creencias individuales y colectivas históricas y dejó al individuo con su subjetividad vacía. Cuando Harrison se refiere a la dinastía Tudor, la de Enrique VIII e Isabel, habla de “totalitarian dictators”. Ser inglés sólo si se era anglicano.

El individuo moderno con su subjetividad busca saber quién es sin el éxito deseado; así es trágico. En el mundo no hay identidad; hay roles según la situación; el mundo es un escenario. Es un cambio profundo que ocurre en el siglo XVI. Inglaterra se aísla del continente, se individualiza de manera radical. Algo parecido ocurre en Alemania y su distanciamiento de Francia e Italia. Ante la ausencia de verdades y valores seculares ciertos, eliminados por el poder, la alternativa es constatar empíricamente los hechos para obtener alguna certeza. El héroe moderno vive un presente vacío de pasado que le pesa y carece de fuerzas para construir un presente que sea futuro. Alain Touraine se pregunta: “¿Puede identificarse la modernidad con la racionalización o, más poéticamente, con el desencanto del mundo?”

En plena juventud Romeo se considera un juguete del destino. Hamlet se interroga “to be, or not to be” (este verbo significa ser y estar). Yago afirma “I am not what I am” (“No soy lo que soy”), expresión que le calza muy bien al duque/monje de Medida por medida. En las primeras de cambio, Segismundo en La vida es sueño se queja de “el delito de nacer” y duda de la consistencia de la vida; él y Hamlet la confunden con los sueños. El héroe moderno está vacío y se interroga sobre el significado de existir, pregunta con respuestas ciertas en el pasado. Nora abandona la Casa de muñecas” donde ha vivido como esposa y madre, pero Ibsen no se atreve a decir qué vida libre vivirá. She-te/Shui-ta en El alma buena de Szechwan está en una situación de extrema contradicción, por lo que le pide al público que sea él quien la solucione. Cuando Estados Unidos está en el cenit de su gloria por el triunfo en la segunda guerra mundial, Willy Loman en La muerte de un viajante y Stanley Kowalski en Un tranvía llamado deseo fracasan en sus vidas.

Da la impresión de que el héroe moderno vacío representa el fracaso existencial de la modernidad. Algo espera. Es la ausencia de los dioses –no la muerte- que atormenta a algunos personajes de Eurípides. ¿Espera a Godot?


EL CURSO DE LA HISTORIA

Leonardo Azparren Giménez

            El derrumbe del régimen de la Rusia comunista y de los países que sojuzgó puso en evidencia el fracaso histórico de los políticos, cuando quieren imponer a los pueblos cursos históricos contrarios a los suyos sustentados en sistemas de creencias, valores y costumbres propios. El político que no comprende el sentido de la historia y sus sistemas, cree poder cambiar su rumbo, casi con un complejo adánico, para crear una nueva sociedad, un hombre nuevo y comenzar una nueva historia. Tarde o temprano fracasa.

Cada sociedad y cada país tienen una historia propia vivida en conjunto por sus individuos; han construido sus historias casi de manera imperceptible como crecen las raíces de un gran árbol. Pertenecemos a una civilización cuyo curso histórico milenario ha estado sustentado por un sistema de creencias, valores y costumbres cuyas raíces son las culturas greco romanas y judeocristianas. Esa civilización, que llamamos Occidente, ha sabido vivir y resolver conflictos y contradicciones, y siempre ha mantenido o retomado –y hasta enriquecido- los cursos que la definen como tal.

El curso de la historia es la historia vivida por una sociedad. Querer borrarlo, distorsionarlo y/o degradarlo produce contradicciones que los pueblos padecen, aunque temprano o tarde superan y se enrumban en correlación con el pasado construido. Es ingenuo y hasta risible observar cómo quienes intentan imponer ruptura de cursos históricos para iniciar otros apelan al lenguaje para sustituir el propio de las sociedades. Rusia, en su tarea imperialista inventó los soviets y se llamó Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, con lo que se impuso ante naciones débiles de su entorno. Quiso hacer lo mismo en la frontera occidental, apuntando hacia el corazón de Europa. Hoy es, de nuevo, Rusia con su bandera y creencias históricas.

Pies de barro. Imprevisto por los políticos, tuvo lugar el derrumbe del engaño soviético y cada país retomó su historia; es decir, volvió a la libre práctica de su sistema de creencias, valores y costumbres. Retomó su curso histórico. Cada sociedad retomó su lenguaje. Al bulevar más grande e imponente de Budapest los rusos le impusieron el nombre de Lenin. Cuando Hungría recupero su libertad, ese bulevar recuperó su nombre auténtico. Entre nosotros ocurre algo similar con el objeto de querer borrar nuestra historia e implantar otra; hacernos perder el curso de nuestra historia e injertarnos otra identidad. Lenin es responsable de la matanza de la familia de Nicolás II, con lo que quisieron borrar los últimos vestigios de la Rusia imperial; pero en 2000 la iglesia ortodoxa rusa beatificó al último zar y a su familia. Es decir, fue retomado el sistema ruso de creencias abolido por los soviéticos; los rusos se reinstalaron en su curso nacional.

Nuestra generación de libertadores fue formada por el régimen colonial, de ahí la continuidad histórica que no borró la guerra de Independencia. La Ilustración europea del siglo XVIII fue la partera de lo ocurrido en el siglo XIX en nuestro continente. La leyenda negra no ha logrado borrar ese pasado. Destruyen estatuas de Cristóbal Colón con discursos en español. Ciertamente algunas revoluciones han torcido el curso de la historia de una sociedad e intentado instaurar un “hombre nuevo”, pero las sociedades tarde o temprano se reconectan con su pasado, es decir reconstruyen sus sistemas de creencias, valores y costumbres. Pero no por un acto conservador de nostalgia, sino para consolidar una identidad nacional y hacer que siga creciendo y madurando.

Varias veces han querido cambiar o borrar el curso de la historia del teatro venezolano. En 1991 en el libro Rajatabla 1971-1991 el crítico español Moisés Pérez Coterillo afirmó, al referirse al año de aparición del grupo de Carlos Giménez, que había aparecido “donde no existía sino un desierto teatral hace veinte años”. Así, de un plumazo e ignorante del teatro venezolano, este crítico español quiso borrar el curso de nuestra historia teatral y mandar al olvido la obra de Juana Sujo, Horacio Peterson, Nicolás Curiel y El Nuevo Grupo, para mencionar pocos.

La revolución francesa refrendó un curso que se había desarrollado en la historia de Francia y Europa desde hacía, por lo menos, dos siglos con la aparición de la burguesía como factor importante en la configuración de nuevas relaciones sociales. Es decir, esa revolución no fue un corte de aguas absoluto, un cambio de curso; pero sí su confirmación y consolidación. La historia, además, tiene ritmo y paciencia; por lo que muchos políticos fracasan al no comprenderla.

EL CALVARIO MARGARITEÑO

                                                                                  Enrique Viloria Vera

La primera acepción de calvarioque menciona el diccionario de la Real Academia Española (RAEalude al recorrido que, marcado con altares ocruces, debe atravesarse mientras se reza en cada una de sus estaciones para recordar la marcha de Jesúshacia el monte donde fue crucificado. Calvario procede del latín calvarium, aunque se cree que su origen etimológico está en una expresión griega que puede traducirse como “lugar de la calavera”. La tradición cristiana señala que se trataba de un sitio ubicado fuera de las murallas de la ciudad de Jerusalén. La Biblia indica que en aquella colina Jesúscargó su cruz y fue crucificado. Si bien éste es el nombre que más comúnmente damos al sitio en el que Jesús fue crucificado, también es posible denominarlo Gólgota, un término que deriva del griego. La alusión a las calaveras surge de la forma de esta colina, la cual asemejaba un cráneo humano.

En el lenguaje coloquial, se llama calvario a una sucesión deproblemas conflictos que generan preocupación, angustia o dolor. 

Esta última es la acepción que mejor define la realidad del habitante de la otrora Perla del Caribe; ilustrémosla.

Se levanta temprano y no hay luz ni Internet, los servicios de llamadas se cayeron también, en fin, decide bañarse y no hay agua. Más que molesto, enciende el carro y se percata de que no tiene gasolina suficiente, decide entonces tomar uno de esos destartalados autobuses para ir al supermercado a fin de comprar comida y leche para los muchachos, pero no tiene efectivo para pagar el pasaje.

Resignado, y luego de una larga caminata, encuentra un cajero automático inoperativo; espera pacientemente la apertura de la sucursal de su banco para ver si puede retirar algo de efectivo, pero no hay línea.

Vuelve a caminar para efectuar las compras, escoge lo necesitado y va a caja para, muy a su pesar, pagar en dólares, no puede porque no hay vuelto.

Frustrado y lloroso se sienta en un banco de la Plaza de la Asunción para rumiar su arrechera.

ELOGIO DEL PLÁTANO Y DEL CAMBUR

                                                                                            Enrique Viloria Vera

El muy  consumido y sabroso  fruto denominado banana, conocido también como plátano guineo, maduro, banano, cambur o gualele, es un fruto comestible, de varios tipos de grandes plantas herbáceas del género Musa. A estas plantas de gran porte que tienen aspecto de arbolillo se las denomina plataneras, bananeros, bananeras, plátanos o bananos.

Los plátanos – de los que se conocen más de 1000 variedades-, proporcionan alimento a grandes poblaciones humanas cocinados en dos formas principales:

El término plátano surgió en el siglo XV desde el latín platanus, que a su vez proviene del griego antiguo en el que plátos significa «ancho», haciendo referencia a la anchura de las hojas del árbol. Se cree que la palabra «banano» es de origen africano, posiblemente de la idioma wólof o de las lenguas bantúes banaana, que posteriormente pasó al portugués. Banana surgió más tarde, alrededor del siglo XVIII, posiblemente como préstamo lingüístico por el comercio con los portugueses, que entró luego al vocabulario castellano por Canarias y se extendió a América, donde en algunos lugares se prefiere usar el término «banana».

Como disfruto comer al hermano mayor del cambur, el plátano, en cualquiera de sus modalidades para cocinarlo: horneado entero para luego añadir queso blanco, en tajadas para darle barandas a un pabellón, verde para freír tostones o patacones, eso sí sin Kétchup, en la muy criolla torta o en tortitas del fruto con queso, y por supuesto, el rey de mi cocina, horneado con mantequilla, ron y canela en rama; al igual que el guineo su hermano menor, que también hace de las suyas en los baratos menús de la Francia de mis tiempos de estudiante de posgrado en París, y en el menú de los venezolanos de pocos ingresos sancochado  o en forma de buñuelo.

 El gordito y robusto cambur manzano, nunca me gusto; los titiaritos sí, de su primo el topocho tengo noticias cuando engalana un hervido de carite o de picúa.

¡BUEN PROVECHO!

Lilia de regreso a Galicia.                                                                 

Norma Socorro                                           

Lilia me mira con sus ojos de niña encuerpada en una anciana; mientras, nos sentamos a tomar un café en la fuente de soda, si se le puede llamar así al sitio donde reparten caldo, café o chocolate a los deudos en las funerarias, en este caso, el del cementerio de la Guairita. Estamos en el velatorio del esposo de nuestra profesora de yoga.

Lilia, gallega y ama de casa desde siempre, campesina de origen y destino hasta que la ruina del campo español la  volvió cosmopolita a la fuerza y vino a dar con sus huesos grandes y su lengua sin nudos a estas tierras ; Lilia de búsquedas espirituales y de yoga desde hace más de 40 años, cuando en el país apenas se comenzaba a hablar de eso del alma, de  paz espiritual, de yoga o cualquier práctica vista en ese entonces como de gente rara, no como ahora que al alma se le busca en los gimnasios, en yoga trecking, yoga cycle, yoga  xtreme. 

Hablamos de cosas intrascendentes al comienzo, en un intercambio en el cuál tanto hablaba ella, como quien esto cuenta; yo atraída como siempre por  esa mezcla de aridez de gallega no llamada a engaños, y de dulzura casi líquida escapando a ratos por los bordes de su mirada, reñida con cualquier disimulo. Por el derecho y el revés ella es la misma mujer, llaneza pura, en ella sí es verdad que al pan pan y al vino vino.

Imperceptiblemente Lilia comienza a derramarse en confesiones sobre su vida; aunque en verdad, no son propiamente confesiones. Las confesiones son algo que cuesta decir al que se confiesa (confesante), que con menor o mayor esfuerzo se dicen. No, ella 

hablaba con la misma naturalidad  con que decimos va a llover o ayer me encontré a fulana.

Al comienzo espera algún comentario o gesto de mi parte, como suelen ser los diálogos, yo hablo, tú hablas. Al final, la cascada de su voz se hace continua, y solo ella habla, y así va jalonando sus recuerdos sin prisa; parecería como si hasta entonces, las palabras hubieran estado ocultas tras su lengua esperando la ocasión para deshilvanarse en un discurso suave pero sin pausas, tal vez con la urgencia lúcida de los ancianos por hablar de su pasado, como si temieran perder los recuerdos y pensaran que frente a  oídos amables como los míos con ella, su legado estará a salvo, los recuerdos seguirán vivos.

Yo soy de un pueblo de la Galicia, tengo ahora 84 años y me vine aquí cuando me casé y nos vinimos mi marido y yo. Ahora me regreso sola, con la hija y el nieto, que ya no podemos con la vida aquí, y ya se me fue mi marido; la seguridad social la tengo allá, ¿sabes?. Pero no me voy a vivir con nadie, no quiero fastidiar a ninguno, y eso que mi otro nieto tiene un dúplex allá, pero yo llego a vivir sola.

En mi pueblo esa gente era así, simplona, nacían y morían haciendo siempre lo mismo: 

se levantaban al amanecer, y dale a segar las semillas, los campos, alguno a ordeñar la vaca, otros a trepar las matas de castañas para sacudirlas, que cayeran al suelo las castañas y las demás las recogiéramos. Con lo único que se ganaba dinerín era con la leche y las castañas. No sabían leer ni escribir ni sabían nada de nada; nada, que como nacían morían. Eran almas de relleno, como decía mi padre.

Mi padre no iba nunca a entierros, ni de amigos ni de nadie, y cuando alguien le reprochaba eso, él decía que para que iba a ir, si total esa persona tampoco iba a ir al suyo.

Mi padre era otro, no sabía nada de nada, también era un alma de relleno. 

Él y mi tío, y todas nosotras también, todo el pueblo, éramos obligados a desfilar con el

ejército franquista por las calles del pueblo, así-y hace el gesto-saludando con el brazo hacia arriba. Todos teníamos que ir, quisiéramos o no. Mi padre, terco como una mula, que no creía en nada ni en nadie decía: me lleváis a desfilar, no importa, voy, pero a la iglesia si que no, no me vais a obligar a entrar, que no entro.

Estas  manos que tu ves- y voltea las palmas hacia arriba-, manejaron la pareja que tenía mi padre, la pareja de bueyes. No todas las casas tenían bueyes, entonces el trabajo era más difícil. Hay que tener fuerza para llevarlos así, -y mueve las manos en giro a un lado y otroarando en el aire, cosechando la nostalgia en su mirada-. Era una vida dura. Mi padre no tuvo hijos varones y le tocaba a él todo el trabajo del campo. Pero mis hermanas y yo ayudábamos. Era una vida muy dura, así siempre, de estrella a estrella. Siempre lo mismo.

Así no teníamos tiempo ni para lavarnos nada. Los domingos sí nos bañábamos y ala, a caminar el pueblo.

2. Ahora estamos sentadas frente al féretro, esperando que lleven al difunto al horno crematorio. Seguimos la conversación, que a ratos se dispersa por la interrupción de 

alguna que otra compañera de yoga, de cualquiera de las generaciones que compartimos a la maestra ya ida hace varios años, y cuya hija ahora está velando al marido.

Lilia mira hacia la caja mortuoria por momentos, y me señala disimuladamente la cruz de flores que colocaron encima del féretro, sin duda mandada a hacer por los familiares.

Costó, ese poco de rosas, dos mil bolívares fuertes. Nos asombramos y ella dice que su viejo no quiso que le pusieran flores, ni capilla velatoria, ni nada. Directo al horno crematorio, había que ahorrarle gastos inútiles a la familia. Hasta el final la austeridad, que al otro mundo no entran flores ni pompas fúnebres.

Hace dos años que se fue mi viejo. Cuando se ha querido los recuerdos son mayores, todo se recuerda. Fueron 60 años juntos. A veces me acuerdo que estábamos en el cuarto viendo televisión, y yo iba a salir y el, cierra la puerta, y al otro día, yo salía del cuarto y, cierra la puerta. Siempre así. O si mi viejo iba a salir al abasto o a cualquier cosa, dame un beso, a cualquier tontería que salía, me pedía un beso. Cuantos besos le habré dado en todo ese tiempo.

Al final del acto crematorio, nos despedimos y Lilia me da un abrazo rudo que desdice la mirada preñada de cariño, pone sus manos en mis hombros y me dice, como quién dice ya pasó la lluvia, antes de irme a mi tierra quiero que sepas algo más de mi vida, aunque no sé, son cosas de viejo, y no sé si te interesan….

No hubo tiempo para más confesiones. Luego fue el tiempo de tu partida, la definitiva.

In Memorian

LA COLA MENEANDO AL PERRO

Carolina Espada @carolinaespada

Es la traducción exacta de la expresión The tail that wags the dog, que no es otra cosa que crear una cortina de humo “pufff”. A partir de 1997, la frase fue recortada: Wag the dog (“Menear al perro”). En política significa fabricar una distracción ficticia, presentar una mentira emotiva para distorsionar deliberadamente una realidad en concreto. “Mover la cola” para que una entidad pequeña y aparentemente irrelevante controle una realidad  mayor, poderosa y de terribilísima importancia. ¿Con qué fin? Lograr que la gente no preste atención a un problema real muy grave, y que se maree facilito y pierda el foco al dedicarle toda su atención a una farsa ofrecida como una verdad inquietante y colosal. Esta expresión está totalmente emparentada con la definición de posverdad (del inglés post-truth): “Distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales” (Real Academia Española).

Según el lingüista Ben Zimmer, el origen de esa «cola que menea al perro» se remonta al año 1858, cuando el dramaturgo inglés la escribió en su Our American Cousin”. ¿Le suena el nombre de la pieza teatral?¿Será porque sabe que el 14 de abril de 1865 se llevó a cabo la representación más infausta de este “primo americano” en Teatro Ford de Washington, D.C.? Esa noche, en la oscuridad de uno de los palcos, John Wilkes Booth hirió mortalmente de un pistoletazo al presidente Abraham Lincoln. Hay un chiste cruel que dice: “Bueno, señora Lincoln, pero apartando eso, ¿qué tal la obra?”.

Lord Dundreary, uno de los personajes de Taylor, hace una advinanza: “¿Por qué el perro menea la cola?… Porque la cola no puede menear al perro. ¡Ja! ¡Ja!”. El razonamiento es obvio: el perro es más fuerte y más inteligente que su cola, de no ser así, sería la cola la que menearía al perro. Pero eso no sucede en política en donde un toconcito de rabo es capaz de jamaquear a todo un mastín.

El director de cine Barry Levinson, en 1997, acortó la expresión en su film Wag the dog (HBO) y le dio un significado adicional: “Una acción (militar) superflua con el fin de distraer la atención de un escándalo doméstico”. En la película, un fixer, un agente encargado de reparar la imagen del presidente de su país, orquesta la invasión ficticia a Albania para así desviar la atención del suceso verdadero: el escándalo sexual que le puede costar la reelección al primer mandatario. Para ello contrata al mejor productor de Hollywood, un pez en el océano del show business de enorme ego “artístico”. Todo esto en clave de humor negro, pues es una sátira política acidísima con las actuaciones portentosas de Robert de Niro y Dustin Hoffman (y los jóvenes Anne Heche, Kirsten Dunst y Woody Harrelson). Y como a veces la realidad supera la ficción, un mes después del estreno de la cinta estalló el affaire Clinton-Lewinsky. Con ese estallido tan vergonzoso para el pueblo estadounidense (porque otros pueblos le celebraron la gracia a Bill), unos días más tarde el presidente envió misiles a Afganistán y a Sudán. Y, cuando se realizó su proceso de destitución, Iraq fue bombardeado y el impeachment no prosperó. Para rematar -y ya que estaban en eso- en 1999 bombardearon a la antigua Yugoslavia. La cola por poco mata al perro de tanto zarandearlo es lo que es.

Desde ese entonces, la sociedad de los EE. UU. ha estado muy pendiente de las colas y de sus perros. Sin ir muy lejos, en 2017 estaban investigando a Trump por haber propiciado una presunta “interferencia” rusa para que él ganara las elecciones de 2016  (presunta, pero como que sí). ¿Y qué ordenó sin que le temblara la corbatota roja ni se le despeinara el gato Garfield que tiene en la cabeza: ataques aéreos en contra de Siria. Luego, el 3 de enero de 2020, el general iraní Qasem Soleimani fue asesinado por un dronesiguiendo instrucciones directas del presidente Make America Great Again, según el comunicado del Departamento de Defensa de los Estados Unidos. El Congreso no tardó en desaprobar el ataque y en las Naciones Unidas se llegó a la resolución de que ese atentado mortal había violado la Ley Internacional de los Derechos Humanos. Y mientras tanto… ¿que era “lo otro” que estaba sucediendo? The Donald estaba enfrentando el primero de sus procesos de destitución y este impeachment tampoco prosperó.  Wag the dog, wag the dog, wag the dog…

El jueves 24 de este mes, en altas horas de la madrugada, sangre fue derramada en Ucrania y comenzó la tragedia sin marcha atrás. Hasta ese día muchos se preguntaban: ¿será solo una amenaza de guerra “a salto de mata”, “¿de cuándo acá?” y de lo más TikTok?; ¿en serio que habrá invasiones o la cosa es “a lo mejor, de repente y tal”?; ¿nos estarán bombardeando con puras fake news y estamos presenciando un gran espectáculo internacional?; ¿es un show con dos tremendos personajes: Vladimir, un miembro de la KGB, de 69 años,  y Volodímir, un comediante de 44 añitos?; ¿nos encontramos frente a una nueva cortina de humo de lo más teatral con bambalinas, ciclorama y todo?; ¿cuáles serán los escándalos domésticos -por allá y por acá-  que quieren ocultar?; ¿esto es realidad veraz o acaso estamos amarrados en el fondo de una caverna de lo más entretenidos con las sombras manipuladas que vemos reflejadas en la pared?  Y lo cierto es que provocaba exclamar: “¡Ay, divino Platón, sácanos de la cueva o pásanos las cotufas!”. 

Con la jauría desatada y la posverdad, la gente dudaba de todo y era incapaz de precisar cuál era el perro y cuál era la cola… pero Putin reconoció -a “ojo de águila”- la  independencia de dos repúblicas: Donetsk y Luhansk (que contaron con el beneplácito inmediato de Cuba, Venezuela, Nicaragua, Siria y… de Donald Trump, sí, Trump, y esa ya es otra historia) y pocos días después se derramó sangre. En las tragedias griegas, cuando esto sucedía se desataba la ira de los dioses y lo que venía era castigo y horror para los míseros mortales. Pues igualito en Ucrania. Misiles, drones y tanques rusos en territorio ucraniano y el presidente Zelenski que decreta la ley marcial, “un régimen de excepción mediante el cual el poder es cedido a las instituciones militares con el fin de contrarrestar escenarios extremos como guerras o rebeliones; un escenario en donde los derechos de los ciudadanos quedan extremadamente mermados”. Ya no hay dudas: es una catástrofe; tenemos la certeza.

Conclusión: Perros y colas hay por todo el mundo. Los Estados Unidos, Rusia y Ucrania no tienen la exclusiva. La próxima vez que usted se quede pegado a un tema colorido pero de poca monta (algo así como un huesito con carnita, aunque no mucha), dígase: ¿qué es lo que no quieren que yo vea? ¿qué es lo que está pasando de verdad-verdad? Y entonces espabílese y busque las pulgas y las garrapatas; se sorprenderá.

Una reflexión en torno a Ochenta días en Iowa: cuaderno de inapetencias de Jacqueline Golberg

Gábriela Márquez

    Ochenta días en Iowa: cuaderno de inapetencias de Jacqueline Goldberg es el libro más reciente de la reconocida escritora venezolana, publicado por la Editorial Eclepsidra y presentado en el mes de marzo de este año. También es mi lectura más reciente y de la cual me tomo el atrevimiento de dedicarle estas líneas. Esta obra fue escrita luego de la participación de la autora en la Residencia de Otoño del Programa Internacional de Escritura de la Universidad de Iowa en el año 2018. 

    Ochenta días en Iowa nos narra mediante los recursos de la crónica y los diarios, la estadía de la escritora y gestora cultural en este prestigioso programa donde participaron 27 escritores de 26 países; y además nos relata sus más profundos pensamientos sobre sus conflictos para lidiar con los sentimientos difíciles que le generaba estar alejada del país, el cual estaba atravesando una significativa crisis de escasez, hambre, pobreza, desnutrición, migración e inflación. 

    Para referirse a su repentina inapetencia que experimentó en el viaje a Iowa, Jacqueline Golberg alude a un término propio llamado “paisorexia”. La autora reflexiona sobre su comportamiento alimenticio y confiesa haber padecido paisorexia, el cual señala como un síndrome, una “persistente inapetencia con consecuencias fisiológicas o no, producto del contacto cognitivo con la noción de país y su crisis socioalimentaria. Un daño o maltrato infringido por el Estado a la psiquis de los venezolanos que a diario nos topamos con el hambre propia o ajena, ya como inherente a la realidad, sea que vivamos en territorio nacional o como turistas en tierras lejanas. Es una huella generada por el país, que va de lo social y colectivo, a lo individual, que se construye como situación histórica”, explica la autora en el capítulo dedicado a este neologismo.

    Jacqueline Golberg se muestra sorprendida al reconocer que experimentó una gran inapetencia a causa de los daños y traumas sociales que acontecían en ese momento en Venezuela, y de los que tuvo que distanciarse por unas semanas y padecerlos de otra manera en un país ajeno al suyo. La autora revela que esta repentina inapetencia le causó una sensación de insatisfacción, una negación a realizar diversas actividades con sus compañeros, prefiriendo resguardarse en su habitación de hotel, o incluso no probar diversas gastronomías por su falta de apetito.

    Mientras leía este cuaderno de inapetencias me topé con una frase de la autora en donde expresa: “El país es cicatriz” y esa breve frase fue la que llevé conmigo hasta el final del texto y de la cual quise reflexionar. Ciertamente, el país es cicatriz, y podríamos decir que todos los países tienen sus propias cicatrices. Ochenta días en Iowa, nos permite adentrarnos en las sensaciones de angustia y conmoción que sintió la autora en el año 2018, sin embargo, también nos permite recordar los traumas y la desesperanza colectiva de todo un país en aquel funesto año. 

    Es un libro que se adhiere a la memoria histórica de Venezuela convirtiéndose en testimonios inigualables que dan a conocer lo ocurrido en un período determinado. Cada una de sus páginas nos invitan a no olvidar el pasado, por el contrario, nos incentivan a mirar hacia atrás y rememorar todas aquellas cicatrices que nos marcan y que son una huella en nuestro camino. Ochenta días en Iowa: cuadernos de inapetencias de Jacqueline Golberg, es un testimonio de muchos de los padecimientos y la crisis de un país, nuestro país. 

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