cultura teatro

La cena de los idiotas: una velada que nos enseña la importancia del respeto y la tolerancia

Gabriela Márquez

En una nueva temporada y con un elenco de lujo, el público ya puede disfrutar de la obra “La cena de los idiotas” en las tablas del Trasnocho Cultural. Es una obra de teatro escrita por el dramaturgo, director y guionista francés, Francis Veber, y fue estrenada en el año 1993. Tras su éxito, en 1998 el autor adaptó y dirigió su propia versión cinematográfica de su texto. 

Esta aclamada obra que ha sido representada en diversas partes del mundo, cuenta la historia de un grupo de hombres exitosos que deciden reunirse para cenar todos los días miércoles. Sin embargo, esta cena tiene una particularidad y es que cada uno de ellos invita a quienes consideran idiotas para poder burlarse de ellos y pasar una velada diferente. Esta cena que es una especie de apuesta por ver quién es capaz de encontrar al idiota más extraordinario, se convertirá en un total desastre y en una catástrofe que causará un gran descontrol y muchas sorpresas a lo largo de la trama.

La pieza teatral cuenta con las talentosas actuaciones de Basilio Álvarez, Héctor Manrique, Armando Cabrera, Wilfredo Cisneros, Patty Oliveros y Carlos Arteaga. Además, en la dirección general se encuentra el actor Héctor Manrique, la producción de María José Castro, el vestuario por Eva Ivanyi, la iluminación por José Jiménez y la asistencia de producción Angélica Arteaga. Cabe mencionar que la obra cuenta con una maravillosa escenografía con esculturas de Orlando Campos y pinturas del fallecido caricaturista Pedro León Zapata.

Las risas y el tono de comedia están aseguradas de principio a fin con esta obra. Los diálogos de los personajes y las impecables actuaciones hacen que el público se estremezca de risa y tenga un gran disfrute. Sin embargo, como toda obra de teatro, esta no se queda atrás y nos invita a considerar las enseñanzas que nos dejan entre sus líneas y a pensar siempre más allá de lo que presenciamos.

“La cena de los idiotas” es una obra que divierte y que también conmueve a medida que van sucediendo los acontecimientos y podemos apreciar más la personalidad del personaje del “idiota”. Esta pieza cuestiona el concepto de idiotez y nos expresa mediante sus diálogos sobre cómo muchas veces juzgamos a los demás sin conocerlos, cómo podemos llegar a ser muy duros, egoístas, y también cómo rechazamos la forma de ser de otros.

Esta pieza teatral llena de risas y de mucha diversión, nos señala que el valor de la tolerancia es fundamental en cualquier circunstancia, a que no debemos juzgar y menospreciar a las personas que creamos que sean diferentes de nosotros, y que siempre y sin ninguna excepción, debemos respetar a los demás. 

Una obra que sin duda vale la pena ver y disfrutar. Las funciones son los días viernes y sábados a las 7:00 p.m., y los domingos a las 6:30 p.m.

La Llamada: un canto al amor, la fe y la libertad

Gabriela Márquez

“Cambiar no está mal, ¿no?”

La obra de teatro “La Llamada” aterrizó en los corazones del público de la Concha Acústica de Bello Monte en Caracas. Escrita y dirigida por Javier Ambrossi y Javier Calvo, es una comedia musical estrenada en el año 2013 en España y gracias a su notable éxito ha estado nueve años en cartelera y cuenta con una gira por más de 30 ciudades, ha sido adaptada en México, Argentina, Chile y República Dominicana, y más de 2 millones de personas han podido disfrutar de este original espectáculo.

Esta obra musical tiene como escenario principal al campamento cristiano de verano “La Brújula”. En este lugar se encuentran dos adolescentes de diecisiete años: María Casado y Susana Romero, unas jóvenes que les encanta el reguetón y sueñan hacerse famosas con él. Estas dos jóvenes han asistido al campamento desde que eran pequeñas, sin embargo, esta vez todo se tornará diferente, pues la primera de ellas empieza a recibir visitas nocturnas de Dios y este acontecimiento será el inicio de una nueva vida.

Paralela a la historia de estas dos amigas, en el campamento se encuentran dos monjas modernas: Sor Bernarda y la hermana Milagros, quienes tienen por lema “La música hace milagros” y esto sin duda, lo van demostrando a lo largo de todo el musical. Esta pieza teatral cuenta con las talentosas actuaciones de Dora Mazzone, La Vero Gómez, Henrys Silva, Cristina Mosquera y Stefany Frade. Además, detrás del montaje se encuentran Ventura Producciones y Sonia Villamizar, bajo la dirección de Guido Villamizar y en la dirección musical Zarik Medina. 

Con una escenografía, vestuario, efectos de iluminación y sonido impecables; La Llamada nos envuelve en canciones de Whitney Houston, letras originales compuestas por Alberto Jiménez, temas del grupo Presuntos Implicados y diversos cantos religiosos. Además de las risas y el tono de comedia que genera en los espectadores los diálogos de cada uno de los personajes, la obra invita a pensar un poco más allá y a notar los verdaderos mensajes que están entre sus líneas. No se trata de una obra de carácter religioso en su totalidad, a mí parecer, es una pieza que nos hace ver que el cambio puede ocurrir cuando menos lo esperamos y cuando ni siquiera lo estábamos buscando, pero es precisamente ese cambio lo que nos puede hacer libres y vivir la vida que siempre habíamos anhelado. 

En la pieza podemos apreciar diferentes perspectivas que hacen señas a que cambiar no está mal, tal como se pregunta María Casado en un punto de la obra. Desde que surgen las apariciones inesperadas de Dios a este personaje, la joven comienza a experimentar emociones complicadas y mucha confusión, dando a lugar a que cuestione sus valores y su futuro. También, el personaje de la novicia Milagros pone en dudas su fe y por miedo, mantiene oprimidos sus deseos reales, sin embargo, este temor es el que le permitirá tomar sus propias decisiones, ser valiente y luchar por lo que en verdad quiere.

Esta pieza teatral representa lo significativa que puede llegar a ser una amistad, los cuestionamientos individuales y la búsqueda de identidad. Es un canto dedicado a la libertad, el amor, la fe, la alegría y la redención. Sus diálogos invitan a no juzgar al otro, a no caer en prejuicios y a que nunca es tarde para cambiar ese aspecto de tu vida con el que te sientes inseguro o insatisfecho. Es una obra que invita a sentir la llamada de todo aquello que el corazón desee y busque alcanzar. Esta pieza teatral nos señala que el cambio no está mal, que siempre habrá un lugar para nosotros, sin importar lo que seamos ni tampoco lo que deseemos. 

Los Influencers mucho más de lo que parece. 

Inés Muñoz Aguirre

Julie Restifo y Javier Vidal forman un binomio creativo inseparable. De ese trabajo continúo nació J Creativa y contra viento y marea han construido una historia importante dentro del teatro venezolano.  Entre sus más recientes trabajos está Los Influencers, un título que es sin duda un guiño a los términos que ha impuesto la moda de las redes sociales, pero que después que ves la obra adquiere otra dimensión.  Te permite entender que la “evolución” de la comunicación en la que se da paso al comentario superficial, a la hipnosis que produce el uso de la imagen, a la compra de seguidores, no podrán opacar jamás a seres como los protagonistas de esta historia: Sofia Imber e Isaac Chocrón, que como bien expresan en algún momento de la obra son y serán siempre los verdaderos “influenciadores” de la opinión pública. En principio no por ser precisamente ellos (que también) , si no por representar a quienes logran la reacción del otro, la opinión y el seguimiento por el conocimiento, liderazgo y carisma que se posee en “vivo y directo”. 

Este texto dramático además tiene la bondad de ubicarnos en un periodo de nuestro país, en el que también existían los “círculos cerrados”, las alianzas entre amigos, la búsqueda de los beneficios que otorgaba el Estado, con una clara diferencia con el presente: la cultura tenía su cuota de importancia (Aunque siempre nos parecía poca) y el talento y la preparación de quienes estaban al frente de las distintas instituciones era indudable. Gente estudiosa, comprometida con lo que hacían y no en balde con un reconocimiento nacional e internacional que acariciaba de tal manera sus egos que se terminaba por construir unos “dioses” que fueron cayendo con el tiempo, destronados por una revolución que pretendía acabar con todo, pero que no ha podido borrar el pasado y lo realizado porque no han podido hacerlo mejor.  Los cascarones vacíos en que se convirtieron las obras de aquel momento son la mejor prueba de la falta de gestión y de objetivos, por no mencionar la falta de conocimiento y preparación. Herramientas fundamentales para alcanzar el éxito.

Es indudable que además de la risa que le produce a los espectadores los desencuentros entre estos dos “titanes” de la cultura, si nos permitimos pensar un poco más allá de lo que vemos y leer las “entrelineas” del texto dramatúrgico el espíritu crítico está presente, en una memoria que además recurre a unos cuantos guiños como el nombrar a personas que en su mayoría son familiares a la audiencia. Referencias que actualizan, familiariza y en algunos casos nos premia con una anécdota en torno al personaje mencionado. 

Las actuaciones como siempre ocurre con estos inigualables actores, impecables. Acudieron al recurso de las caracterizaciones que se nota con mayor evidencia en el personaje de Chocrón.  Julie Restifo logra una Sofía, cuya interpretación nos regala una actitud corporal inconfundible, apoyada en la voz, tan bien lograda que se pueden cerrar los ojos y escuchar con claridad al personaje.  Ambos personajes se descubren y redescubren entre ellos. El espectador también tiene la oportunidad de encontrarse con las inquietudes personales que sirven de plataforma a la obra de Chocrón y a lo que significa hacer un buen periodismo, porque la obra nos cuenta como la Imber hacía entrevistas previas a los que después serían entrevistados en su programa. Periodismo sin debilidades y sin sorpresas. 

Sin duda alguna hay que ver esta obra, no se la pierda porque ya están en las últimas funciones. 

Una fiesta salvaje de Boris Vian, un canto hacia las pasiones humanas

Gabriela Márquez

“La mer  a bercé mon coeur pour la vie” /  

“El mar me ha agitado el corazón de por vida”

La emblemática y conmovedora canción de Charles Trenet, titulada “La mer”, da inicio a la obra teatral “Una fiesta salvaje de Boris Vian” presentada por el director de teatro, productor y crítico musical Federico Pacanins, de la mano de la Embajada de Francia en Venezuela y la Asociación Cultural Humboldt. Asistí a la segunda función de esta magnífica pieza de teatro musical el día domingo 10 de abril a las 11:30 a.m. y terminé con ganas de empaparme de música jazz y de investigar más sobre la vida de este reconocido compositor.

Con delicadeza, Una fiesta salvaje de Boris Vian nos lleva a la década de los años 50 del siglo XX en donde nos retrata la vida de Boris Vian, un compositor, cantante, ingeniero, trompetista, novelista, poeta, periodista y traductor. Este importante representante de la vanguardia musical y literaria francesa post-guerra, realizaba extraordinarios encuentros con su primera esposa Michelle Léglise Vian y precisamente en esta fiesta que presenciamos en la obra, aparecen personajes muy importantes como Ursula Kübler, bailarina y segunda esposa de Vian; el filósofo Jean-Paul Sartre, y la cantante Hildegard Knef, posterior pareja del compositor. Todos estos personajes junto a un músico ciego y un jefe de comedor, convergen en un goce surrealista y eufórico, en una celebración llena de vida, una orquesta inigualable de jazz y en unos exquisitos diálogos que dan un sentido completo a la obra.

El elenco de esta pieza teatral me pareció muy creíble y cada uno de ellos transmitía una esencia auténtica de las personas de aquella época. Gerardo Soto como Boris Vian, Sandra Yajure como Michelle Léglise Vian, Anakarina Fajardo como Ursula Kübler, Edgar Sibada como Jean-Paul Sartre, Paola Martínez como Hildegard Knef, Juan Carlos Grisal como el “ciego”, Edisson Spinetit como el maître; lograron a mí parecer, una sensación de frescura y naturalidad con sus actuaciones, en donde los personajes resultaban cautivadores y tenían una caracterización vocal sumamente pulcra y apropiada para las interpretaciones de las distintas canciones que se pudieron escuchar.

Esta pieza de teatro musical nos traslada a las noches de París gracias a su escenografía, su música, los efectos de iluminación, los vestuarios y el maquillaje de los personajes. Por un lado, la atmósfera que crea la escenografía nos hace movernos hacia una elegante velada, con colores predominantes como el rojo, verde, azul, morado y negro. Y, por otro lado, nos muestran un objeto particular: un “piano coctelero” que va más allá de la imaginación y tiene el poder de contagiar el placer de la diversión en los personajes, incluso en los espectadores. Uno de los aspectos más interesantes que me parece relevante resaltar de la escenografía, fue el uso de una pantalla que mostraba las traducciones de las canciones interpretadas en francés y en inglés, además de traducir los diálogos y enseñar imágenes de la ciudad en esa época, haciendo incluso más auténtica la puesta en escena. Además, pudimos ver una breve parte de la adaptación cinematográfica –interpretada por los mismos autores de la obra- de la novela “Escupiré sobre vuestras tumbas” de Boris Vian.

Sin duda, Una fiesta salvaje de Boris Vian, me trasladó a muchas de las vivencias del protagonista. Un hombre de veladas espectaculares, con la música jazz en cada uno de sus pasos, con su amor por la trompeta, el universo artístico, las letras, las pasiones humanas. Una obra de teatro compleja en la cual hay que estar atento a cada uno de sus palabras para una comprensión máxima y para poder adentrarnos en los años 50, una pieza que trata temas de gran importancia como la libertad y el sentido de la identidad. Una obra de teatro que conquista desde el primer tema musical hasta el último y que resalta el significado de la vida: ser feliz.  

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