caleidoscopio

ALIENACIÓN, ANGUSTIA, SALUD

Leonardo Azparren Giménez

    Los científicos sociales tienen ante sí tareas inmensas para una comprensión orgánica de la sociedad venezolana en estas primeras décadas del siglo XXI, requisito indispensable para iniciar cualquier proceso de reconstrucción o, mejor dicho, de construcción de un nuevo tejido social. Una sociedad que no puede ser considerada en abstracto, es decir como simple objeto de estudio académico, sino como un conglomerado de individuos cuya subjetividad colectiva e individual está dañada, desquiciada, alienada. No es un problema solo social, político y/o económico; es un asunto humano en el sentido más prístino de la palabra.

    En la sociedad venezolana lo urgente suplanta lo importante; lo inmediato se impone sobre cualquier visión de futuro. Entre otros aspectos, significa pérdida del sentido de la historia al ser considerada subalterna de la política, por ejemplo. Es decir, la sociedad venezolana está pendiente de hoy y no percibe bien aquello que se logra a mediano y largo plazo, o es incapaz de proponérselo. En otras palabras, no tiene paciencia para actuar y obtener logros perdurables. En otras palabras, tiene una percepción equivocada de la realidad; está alienada. Perdió lo que pudo tener de sabiduría práctica.

    Cuando empleo realidad me refiero a la situación concreta en la que estamos, a la que le han impuesto un discurso que tiende a esconder la situación concreta a cambio de la del discurso. Es el conflicto entre realidad e ideología; es el divorcio entre la realidad y la subjetividad de los ciudadanos. Por eso, la sensación de no saber qué hacer como sociedad e individuos, perdidos en la maraña de un discurso ajeno de la situación concreta en la que están sociedad e individuo. De ahí la imposibilidad de una acción política clara que produce angustia por su impotencia.

    La angustia social no parece ser asunto clínico sino político e histórico. De las acepciones que tiene el diccionario de la RAE, me gusta: “Aflicción, congoja, ansiedad” ¿Qué tipo de terapia puede aplicársele a una sociedad para que supere su aflicción, congoja y ansiedad? El terapeuta necesitará mucha sabiduría práctica, y también la misma sociedad para ser consciente de su estado y actuar en consecuencia.

    Angustia consecuencia de estar alienada, por estar consciente del discurso impuesto contra la realidad padecida, sin poder superar esta última para borrar la irrealidad y sentirse libre. Kierkegaard, no recuerdo dónde, dice que la angustia es la realidad de la libertad como posibilidad antes de la posibilidad. Entonces, una sociedad que padece la libertad como posibilidad vive angustiada porque no la ejerce. En algún diccionario de filosofía leí que “la angustia es, ciertamente, un modo de hundirse en una nada”. Me pregunto si es posible superar la irrealidad discursiva y la realidad padecida para acabar con la angustia  de tener la libertad solo como posibilidad.

    Cito con frecuencia una expresión de Aristófanes en su obra Las ranas. Pone el comediógrafo en boca del personaje Eurípides que la tarea del poeta es hacer mejores a los hombres en las ciudades; es decir, ayudar a la sociedad para que tenga salud social. La ciudad aludida en esa obra estaba en guerra, derrotada y postrada, por lo que el poeta trató de racionalizar su angustia para superarla.

    Si el mundo es un escenario como afirma algún personaje shakespereano y la vida es sueño según Segismundo, el reto de superar alienación y angustia no es tarea fácil. No es un ejercicio discursivo superar esos discursos. Debe ser un accionar concreto y con eficacia histórica.

Se me ocurre especular sobre la posibilidad de tener salud social, no individual. Es un reto único, porque requiere conocer muy bien cómo se es y está. No estaría demás retomar para tal fin algún postulado clásico, como sería la prudencia (phrónesis) aristotélica aunque luzca una exquisitez, porque según Antonio Gómez Robledo en su obra fundamental Ensayo sobre las virtudes intelectuales, “la prudencia verdadera y perfecta, es la que delibera, juzga y ordena rectamente en vista del fin bueno de toda la vida humana”. Si en política se actuara de esa manera, habría salud social y no angustia y alienación sociales.

Curar la angustia social para tener salud social no requiere de medicina ni de diagnósticos clínicos. Son necesarias acciones constatables y eficaces. Cuando al final de El alma buena de Se-chuan el personaje está en una situación contradictoria incapaz de resolver, Bertolt Brecht tuvo la sabiduría de parar la acción ficticia de la obra y colocó al actor ante el espectador para pedirle que sea él quien con acciones reales resuelva el caso para encontrar un buen final social:

         A fin de poner término a estas dudas

         Buscad vosotros mismos algún medio

         Para que un alma buena pueda hallar

         La solución feliz que exige su bondad.

         Amado público, busca tú un buen final,

         Tiene que existir alguno, tiene que existir,

         ¡Tiene que existir!

3 comentarios

  1. Excelente, Leonardo. Me recuerda a la situación argentina durante los años de la última dictadura (1976-83). Como sabes escribí sobre Teatro Abierto 1981 (se cumplen 40 años) y entre otras causas, la alienación de todo un pueblo… la censura… muchas de las causas que nombras… qué tristeza… Un fuerte abrazo.

  2. Muchas gracias por el texto. Es bella tu vinculación primigenia con el teatro, con ese recorte de periódico de tu padre, y como todo se desliza hasta la obra de Samano y Sacristán. Me has dado ganas de volver de nuevo a una sala…

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