caleidoscopio

Régimen talibán: las mujeres no podemos estudiar, trabajar, reírnos… No podemos ser mujeres

Mariana Marchena

En las últimas horas el mundo al menos los más sensatos nos hemos quedado atónitos con la toma del poder nuevamente de los talibanes en Afganistán. Todo fue in crescendo como era de esperar, hoy todos los medios de comunicación relatan y muestran la cronología de una tragedia ya anunciada. No soy especialista en conflictos bélicos, pero sí he vivido desde los medios de comunicación toda esta historia, pero sobre todo desde la mirada como mujer. Me conmovió cuando tenía 16 años y hoy que tengo 40 mi dolor creo que es el mismo o peor ante la violaciones de derechos de las mujeres que impuso el régimen talibán durante sus años en el Gobierno (1996-2001) y ahora 20 años después se repite la oscura historia.

Recuerdo la primera vez que vi en la portada de la revista Time una mujer con una “sábana negra” no entendía nada, pero al abrir aquel reportaje me enteré de quiénes eran los talibanes, de qué era una burka, de qué era una lapidación, y de qué era violentar los derechos de la mujer. 

Para mí, mujer occidental de clase media, hija de padres profesionales, tenía en mis planes ser una profesional y hacer cosas tan normales como estudiar, salir con mis amigos y amigas, conducir, salir sola, viajar sola, vestirme como quisiera, opinar, reírme, ir al cine, bailar, protestar en el colegio si no estaba de acuerdo con algo,  votar y un largo etc. 

Era INADMISIBLE que en el siglo XX se estuviesen violando los derechos de esta manera y, bueno, ahora en pleno siglo XXI es simplemente surrealista.

No quiero opinar sobre el papel de los EEUU y la retirada de sus tropas, ni por qué hasta ahora no se han pronunciado. Que todos los organismos garantes de los de derechos humanos hasta ahora no se hayan pronunciado ante la cantidad de videos e imágenes dantescas sobre los hechos ocurridos. No es posible que 20 años después se esté viviendo la misma atrocidad y luego de haber salido de la “cavernas” y estar de  vuelta al oscurantismo sobre todo en derechos de la mujer.

Durante los golpes de Estado y la ocupación soviética y los conflictos entre el Gobierno y los grupos muyahidines de los años 80 y 90, las mujeres vieron mermar sus derechos. Bajo el régimen talibán, las mujeres y niñas tenían prohibido estudiar, trabajar, salir de casa sin un “guardián” masculino. «Fueron encarceladas en sus hogares», explica Amnistía Internacional. Las mujeres no podían ser vistas a través de ventanas ni balcones, y si salían de sus casas tenían que hacerlo con un burka completo, siempre acompañadas de un varón. Desobedecer la sharia (la sharía o sharia, o ley islámica es el cuerpo de derecho islámico. Algunas de las prácticas clásicas de la sharia implican graves violaciones de los derechos humanos. Algunos pueden considerarse crímenes de guerra o crímenes de lesa humanidad) tenía duros castigos: podrían recibir azotes si mostraban los tobillos, eran golpeadas si querían estudiar, y lapidadas hasta la muerte si eran declaradas culpables de adulterio.

Testimonios 

“Las agresiones y violaciones estaban a la orden del día: a una mujer de Kabul le llegaron a cortar la punta del dedo por llevar esmalte de uñas no hace tanto tiempo», en 1996. 

«Dispararon a mi padre en frente de mí. Eran las nueve de la noche. Llegaron a mi casa y le dijeron que tenían orden de matarlo, porque me dejaba ir al colegio. Los muyahidines ya me habían impedido ir a la escuela, pero eso no fue suficiente. No puedo describir lo que me hicieron después de matar a mi padre…», explicaba en 1995 una niña de solo 15 años.” 

«Prefiero que mis hijas mueran de una manera digna antes de que caigan en manos de los talibanes», señala Sara, desde Baimyán (Afganistán), en una serie de testimonios recogidos por ‘El Diario‘. «La semana pasada yo era periodista de noticias y hoy no puedo usar mi propio nombre para escribir ni decir de dónde soy o dónde estoy. En cuestión de días mi vida ha sido aniquilada», relataba al mismo medio una joven de 22 años, bajo condición de anonimato. «Estoy en peligro porque soy una mujer de 22 años y sé que los talibanes están obligando a las familias a entregar a sus hijas como esposas para sus combatientes. También estoy en riesgo porque soy periodista y sé que los talibanes vendrán a buscarme. A mí y a todos mis colegas».

Prohibido ser mujer

Estas son algunas de las restricciones que podrían repetirse en 2021:

  • *Las mujeres no pueden trabajar; únicamente algunas, como doctoras o enfermeras, en algunos hospitales.
  • *Las mujeres no pueden hacer nada fuera de casa sin su ‘mahram’ o ‘guardián’ (padre, hermano o marido).
  • *Las mujeres no pueden comerciar.
  • *Las mujeres no pueden ser tratadas por médicos o enfermeros masculinos.
  • *Las mujeres no pueden estudiar en escuelas, universidades o instituciones educativas.
  • *Las mujeres deben llevar burka.
  • *Las mujeres podrán ser azotadas, golpeadas o insultadas si no visten según las reglas o si no van acompañadas de su ‘mahram’.
  • *Las mujeres podrán ser azotadas si enseñan sus tobillos.
  • *Las mujeres podrán ser lapidadas si son acusadas de tener relaciones extramatrimoniales.
  • *Las mujeres no pueden usar cosméticos.
  • *Las mujeres no pueden hablar o estrechar la mano a hombres que no sean ‘mahram’.
  • *Las mujeres no pueden reír en voz alta.
  • *Las mujeres no pueden llevar zapatos de tacón.
  • *Las mujeres no pueden subir a un taxi sin su ‘mahram’.
  • *Las mujeres no pueden participar en la radio, la televisión ni en reuniones públicas.
  • *Las mujeres no pueden practicar deportes o entrar a centros deportivos.
  • *Las mujeres no pueden montar en bicicleta o moto, ni siquiera con su ‘mahram’.
  • *Las mujeres no pueden llevar ropa de colores vistosos.
  • *Las mujeres no pueden reunirse con motivo de festividades, ni siquiera religiosas.
  • *Las mujeres no pueden lavar la ropa en ríos o plazas públicas.
  • *Las calles con nombres de mujeres cambiarán de nomenclatura.
  • *Las mujeres no pueden asomarse a ventanas o balcones, ni ser vistas (por lo que es obligatorio disponer de cortinas opacas).
  • *Las mujeres no pueden coser ropa femenina ni acudir a que le hagan ropa en sastrerías.
  • *Las mujeres no pueden entrar en los baños públicos.
  • *Las mujeres no pueden viajar en el mismo autobús que los hombres.
  • *Las mujeres no pueden llevar pantalones acampanados, ni siquiera debajo del burka.
  • *Las mujeres no pueden realizar fotografías (ni salir en ellas).
  • *Las mujeres no pueden salir en revistas, libros o carteles publicitarios.

Víctimas y detractoras que luchan contra los talibanes

Está claro que el talibán y la sharía trasciende las fronteras de Afganistán, por lo que mujeres de todos los países y regiones que representen una violación a los códigos extremistas religiosos no escapan de la violencia y ataques.

Como uno de los casos más emblemáticos tenemos a Malala Yousafzai, quien a sus 15 años recibió un disparo en la cabeza cuando regresaba en autobús de la escuela a su casa en el distrito de Swat, en el noroeste de Pakistán. El motivo del ataque perpetrado por el talibán era claro: esta joven se había atrevido a levantar su voz para defender el derecho a la educación de las niñas. 

Hoy día Malala, preside el Malala Fund –organización con la que pretende reforzar la educación de todas las niñas en todo el mundo–, ganó el Nobel de la Paz en 2014, y es titulada en Filosofía, Política y Economía en Oxford y es activista en pro de los derechos humanos. Fue una de las primeras en pronunciarse y expresar su preocupación por las mujeres, las minorías y los defensores de los derechos humanos que habitan en Afganistán en el marco del reciente control que han tomado los talibanes.

Además, la joven activista de 24 años también ha querido proponer una solución al asunto: “Los poderes globales, regionales y locales deben pedir un alto al fuego inmediato, proporcionar ayuda humanitaria urgente y proteger a los refugiados y civiles”.

En otro caso reconocido está Benazir Bhutto, la primera mujer que ocupó el cargo de Primera Ministra de un país musulmán. Su carrera política estuvo repleta de amenazas y falsas acusaciones hasta que fue destituida de su cargo. Quería un país donde el empleo y la educación fueran pilares de una democracia sólida consolidada, y decía que la única forma que ella veía posible era salir a las calles y hablar directamente a la gente.

Sin embargo, el 27 de diciembre de 2007, a tan solo dos semanas de las elecciones que estaba liderando, Bhutto fue asesinada tras salir de un mitin organizado por su partido, el Partido Popular de Pakistán (PPP), en la ciudad de Rawalpindi. Un joven suicida disparó contra ella desde una motocicleta y luego se inmoló causando la muerte de 22 víctimas más.

Los verdaderos asesinos fueron los fanáticos religiosos musulmanes y los poderosos que veían con temor un posible triunfo de la democracia en un país subyugado por el fanatismo y la ambición. Hasta hoy el caso es un misterio, pues, aunque se nombró una comisión de investigación de la ONU para examinar las circunstancias del asesinato de Benazir Bhutto, dicha comisión fue bloqueada descaradamente no solo por los militares, sino mucha gente de la élite política.

Si estos son apenas un par de muestras de lo que los talibanes son capaces de hacer, ¿qué mundo les espera a las mujeres, niñas y demás ciudadanos de Afganistán tras la toma del país? Y más importante aún, debemos preguntarnos qué es lo que podemos hacer desde nuestras trincheras en pro de defender a toda costa los derechos y el futuro de tantas mujeres y niñas que hoy desean ser libres.

3 comentarios

  1. Excelente, Leonardo. Me recuerda a la situación argentina durante los años de la última dictadura (1976-83). Como sabes escribí sobre Teatro Abierto 1981 (se cumplen 40 años) y entre otras causas, la alienación de todo un pueblo… la censura… muchas de las causas que nombras… qué tristeza… Un fuerte abrazo.

  2. Muchas gracias por el texto. Es bella tu vinculación primigenia con el teatro, con ese recorte de periódico de tu padre, y como todo se desliza hasta la obra de Samano y Sacristán. Me has dado ganas de volver de nuevo a una sala…

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