caleidoscopio

El suicidio, una pandemia silenciosa 

Mariana Marchena

En otras ocasiones he hablado de la importancia de la salud mental, no solo de que es una realidad sino de cómo afrontarlo. El ser humano es un TODO, mente y cuerpo y así como fijamos una fecha para hacernos una limpieza dental, ir al ginecólogo o al oftalmólogo, el psicólogo también forma parte de esa rutina. 

Se tiene la falsa creencia de que las personas que van a terapia son personas peligrosas, o de poco fiar y más bien todo lo contrario, son personas que han detectado que algo no va bien y toman la decisión de buscar ayuda. La salud mental está tan estigmatizada que la mayoría de las personas que van a terapia y que además se han sentido mejor, no lo comentan por miedo a que se les catalogue de locos o débiles.

La depresión es cosa seria y muy compleja, no se cura con una canción, o con una salida con amigos, no es sinónimo de debilidad ni de malcriadez. Se calcula que el 5% de la población padece de depresión en un momento dado y más del 15% de la población mundial sufrirá una depresión a lo largo de su vida. 

No es fácil para los que la padecen ni para los que están alrededor de la persona, pero con empatía, terapia y paciencia se puede llevar. Lo sucedido esta semana con la actriz española Verónica Forqué ha dejado desconcertada a toda España y el mundo. Pero la depresión y los casos de suicidio están lamentablemente a la orden del día. Cada año se producen cerca de 703.000 suicidios en el mundo, además de las personas que intentan hacerlo, de acuerdo con datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Imaginen si este número da escalofríos, pongámosle rostros, nombres, historias, hijos , hermanos, amigos… ¡esos números son personas! Personas que necesitan un diagnóstico, un tratamiento y un apoyo. 

La actriz Verónica  Forqué participó hace unas semanas en el reality MasterChef España y solía tener una reacciones al parecer erráticas.La participante abandonó el programa de manera temprana alegando que no se sentía bien. Obviamente en redes no se hicieron esperar los mensajes de apoyo, pero también de los “haters” con mensajes de odio. Cuesta pensar que un ser humano albergue tanto odio por una persona que además ni siquiera conoce. Lo más grave es lo “ normal” que esto se ha vuelto y que las redes no sancionen no solo con bloqueos de mensajes , sino con multa o con cárcel . 

En estos tiempos que corren se alaba la cultura del “todo vale” porque nos creemos más libres y modernos que antaño, pero se nos olvida lo más importante que es el OTRO. ¿Son culpables esas personas que escribieron esos mensajes de odio del suicido de esta actriz? Están a la vista de todo el mundo dichos mensajes ¿Se les sancionará? . Muchos también alegan que “bueno, si eres tan débil para dejar que esos mensajes o situaciones te afecten, es un problema tuyo”.

Creo que debemos pensar y repensar cada vez que nos burlemos, estigmaticemos  y restemos importancia a problemas de este tipo.  Comentarios como : “No lo supera por que no quiere” ,  “no trabaja por flojo”, “no tiene pareja por que algo debe tener” y comentarios mucho más ofensivos y primarios que he escuchado hasta de familiares es además de triste, decadente . 

La salud mental es problema de todos y el empatizar y escuchar es tarea diaria de todos.


El síndrome el Norte es una quimera

Mariana Marchena

Hace días estaba dándole vueltas a este artículo y luego del reportaje a la actriz Alba Roversi  https://alnavio.es/la-actriz-venezolana-alba-roversi-trabaja-de-repartidora-en-las-vegas-videos/ «de actriz a repartidora» he leído muchos comentarios que destacan lo valiente que es al decir en lo que trabaja, como si fuese algo malo, o «pobre, hasta donde llegó». Y la verdad es que es una mujer echada pa’lante como la mayoría de los latinos y venezolanos, a los que nos ha tocado reinventarnos. Es verdad que muchos mienten o dicen bajito en qué trabajan como migrantes mientras se busca la estabilidad. 

Pienso ahora mismo en varios síndromes, como el del nido vacío, el de Ulises, etc., pero hay uno que me acabo de inventar: el síndrome de «El Norte es una quimera “ como la canción venezolana de Cecilia Todd. Para los que no la conocen, relata que el norte es una «atrocidad» refiriéndose a la Nueva York de la época de la Prohibición. Pero hay una estrofa que dice «todo el que va para Nueva York se vuelve tan embustero que, si allá lavaba platos, dice aquí que era platero”.  Yo adaptaría la frase a «todo el que migra se vuelve tan embustero…». Y, ojo, no lo juzgo, es un mecanismo de defensa. Nos da vergüenza decir que hemos lavado carros, trabajado en algún restaurante de comida rápida y no precisamente de gerente, que hemos pedaleado por horas bajo el sol más inclemente o el frío más brutal, que hemos comido arroz  por semanas mientras cobramos nuestro primer sueldo, o compartimos vivienda con cualquier tipo de personajes, que hemos escogido entre enviar un regalo de Navidad o recargar el mes de la tarjeta del transporte público. Que hemos sido conserjes, pintores, cuidadores, obreros, señores de limpieza, camareros, peladores de papas y pare usted de contar. 

Pero no nos damos cuenta que lo que sea que hagamos le ponemos alma, pasión, corazón, amabilidad y sentido del humor . Aunque estemos quebrados por dentro.  Por muchos títulos, experiencias, viajes y conciertos, ahora estamos viviendo un momento diferente. No sabemos si es justo o no, pero sí sé que es digno, pues no nos vendimos al mejor postor en nuestro país ni fuera de él.

Por muchos empleos y desvelos que tengamos en esta nueva vida podamos mirar a los ojos a nuestros seres queridos por medio de una videollamada y que siempre estarán orgullosos de nosotros pues estamos “echándole pichón“. Hay que salir del clóset de la migración. Hay que normalizar que estamos en empleos que nos dan de comer y que nos ayudan a ser más fuertes, que ponen a prueba todos esos valores que nos han dado a través de nuestra vida y sobre todo que son el principio de todas las cosas mejores que se vienen y que serán una anécdota más.

Sin embargo, hay que contarlo para que aquellos que están en lo mismo (que son la inmensa mayoría) se identifiquen, que sabemos que no es fácil pero que más adelante podemos optar por otros  empleos y que los oficios de ahora son igual de necesarios para una sociedad: enfermera, camarero, friega platos, cuidadores de ancianos y de niños. Necesitamos más lavaplatos y menos plateros.

Necesitamos normalizar la verdad. Si queremos contar que somos gerentes, jefes, directores, dueños, pero de momento no lo somos,  también somos héroes y heroínas con bicicletas, con delantales, guantes, GPS, escobas y sobre todo siempre positivos, comprometidos y sonrientes. 

Estamos en otra etapa de nuestras vidas y hay que disfrutarla, porque ciertamente no es el trabajo de nuestros sueños, pero sí el que nos llevará a cumplirlos. Se pasa a veces mal como en todos los empleos, pero en la mayoría la pasamos bien si nos lo proponemos.  No es positividad tóxica, insisto, hay días de frustración, calor , frío, hambre, nostalgia y rabia, pero son más los días buenos y sobre todo sabemos que vendrán días mejores. Así como los artistas que cuentan que fueron camareros, o vendedores ambulantes, etc., para nosotros esto también será parte de nuestra historia de superación. Es más, considero que todos en algún momento debemos trabajar en estos oficios una vez en la vida para conectar con la inteligencia emocional de nosotros y los demás.

En estos días en un grupo de amigos migrantes, unos con más tiempo que otros en donde la mayoría había pasado ya esta etapa de oficios y ahora estaban en empleos más cercanos a su perfil, me preguntaron que estaba haciendo ahora. Justo en este momento se duda si contar la verdad o inventar, en qué se trabaja, sin embargo, les contesté de manera muy entusiasta que estoy ahora en un proyecto grande, que me hace conectar con mucha gente de todo tipo, que tengo la oportunidad de sacarle una sonrisa a todo aquel que lo necesite, que se aprende cada día, que ejercito de manera integral cuerpo y mente, que como en todo hay días malos y buenos, pero que estoy agradecida y contenta. 

Todos quedaron contentos y con expectativa me preguntaron de qué proyecto hablo y qué cargo ocupo, a lo que le respondo muy orgullosa: soy camarera/chef/atiendo al público.

A todos aquellos que les da vergüenza y que inventan o agachan la mirada, les invito a que levanten la mirada con orgullo pues ¡lo estamos haciendo muy bien! No nos vendimos al mejor postor, no nos quedamos en nuestra zona de confort. No pasa nada si somos profesores, médicos, filósofos, comunicadores, abogados, administradores o artistas, con este empleo estamos rehaciendo nuestras vidas y la de nuestras familias, así que cuando nos reconozcamos en una mirada, en un saludo (con nuestro inconfundible acento) en alguno de estos oficios nos veremos con camaradería y sepamos que vamos bien y que estamos dando lo mejor de nosotros.


Régimen talibán: las mujeres no podemos estudiar, trabajar, reírnos… No podemos ser mujeres

Mariana Marchena

En las últimas horas el mundo al menos los más sensatos nos hemos quedado atónitos con la toma del poder nuevamente de los talibanes en Afganistán. Todo fue in crescendo como era de esperar, hoy todos los medios de comunicación relatan y muestran la cronología de una tragedia ya anunciada. No soy especialista en conflictos bélicos, pero sí he vivido desde los medios de comunicación toda esta historia, pero sobre todo desde la mirada como mujer. Me conmovió cuando tenía 16 años y hoy que tengo 40 mi dolor creo que es el mismo o peor ante la violaciones de derechos de las mujeres que impuso el régimen talibán durante sus años en el Gobierno (1996-2001) y ahora 20 años después se repite la oscura historia.

Recuerdo la primera vez que vi en la portada de la revista Time una mujer con una “sábana negra” no entendía nada, pero al abrir aquel reportaje me enteré de quiénes eran los talibanes, de qué era una burka, de qué era una lapidación, y de qué era violentar los derechos de la mujer. 

Para mí, mujer occidental de clase media, hija de padres profesionales, tenía en mis planes ser una profesional y hacer cosas tan normales como estudiar, salir con mis amigos y amigas, conducir, salir sola, viajar sola, vestirme como quisiera, opinar, reírme, ir al cine, bailar, protestar en el colegio si no estaba de acuerdo con algo,  votar y un largo etc. 

Era INADMISIBLE que en el siglo XX se estuviesen violando los derechos de esta manera y, bueno, ahora en pleno siglo XXI es simplemente surrealista.

No quiero opinar sobre el papel de los EEUU y la retirada de sus tropas, ni por qué hasta ahora no se han pronunciado. Que todos los organismos garantes de los de derechos humanos hasta ahora no se hayan pronunciado ante la cantidad de videos e imágenes dantescas sobre los hechos ocurridos. No es posible que 20 años después se esté viviendo la misma atrocidad y luego de haber salido de la “cavernas” y estar de  vuelta al oscurantismo sobre todo en derechos de la mujer.

Durante los golpes de Estado y la ocupación soviética y los conflictos entre el Gobierno y los grupos muyahidines de los años 80 y 90, las mujeres vieron mermar sus derechos. Bajo el régimen talibán, las mujeres y niñas tenían prohibido estudiar, trabajar, salir de casa sin un “guardián” masculino. «Fueron encarceladas en sus hogares», explica Amnistía Internacional. Las mujeres no podían ser vistas a través de ventanas ni balcones, y si salían de sus casas tenían que hacerlo con un burka completo, siempre acompañadas de un varón. Desobedecer la sharia (la sharía o sharia, o ley islámica es el cuerpo de derecho islámico. Algunas de las prácticas clásicas de la sharia implican graves violaciones de los derechos humanos. Algunos pueden considerarse crímenes de guerra o crímenes de lesa humanidad) tenía duros castigos: podrían recibir azotes si mostraban los tobillos, eran golpeadas si querían estudiar, y lapidadas hasta la muerte si eran declaradas culpables de adulterio.

Testimonios 

“Las agresiones y violaciones estaban a la orden del día: a una mujer de Kabul le llegaron a cortar la punta del dedo por llevar esmalte de uñas no hace tanto tiempo», en 1996. 

«Dispararon a mi padre en frente de mí. Eran las nueve de la noche. Llegaron a mi casa y le dijeron que tenían orden de matarlo, porque me dejaba ir al colegio. Los muyahidines ya me habían impedido ir a la escuela, pero eso no fue suficiente. No puedo describir lo que me hicieron después de matar a mi padre…», explicaba en 1995 una niña de solo 15 años.” 

«Prefiero que mis hijas mueran de una manera digna antes de que caigan en manos de los talibanes», señala Sara, desde Baimyán (Afganistán), en una serie de testimonios recogidos por ‘El Diario‘. «La semana pasada yo era periodista de noticias y hoy no puedo usar mi propio nombre para escribir ni decir de dónde soy o dónde estoy. En cuestión de días mi vida ha sido aniquilada», relataba al mismo medio una joven de 22 años, bajo condición de anonimato. «Estoy en peligro porque soy una mujer de 22 años y sé que los talibanes están obligando a las familias a entregar a sus hijas como esposas para sus combatientes. También estoy en riesgo porque soy periodista y sé que los talibanes vendrán a buscarme. A mí y a todos mis colegas».

Prohibido ser mujer

Estas son algunas de las restricciones que podrían repetirse en 2021:

  • *Las mujeres no pueden trabajar; únicamente algunas, como doctoras o enfermeras, en algunos hospitales.
  • *Las mujeres no pueden hacer nada fuera de casa sin su ‘mahram’ o ‘guardián’ (padre, hermano o marido).
  • *Las mujeres no pueden comerciar.
  • *Las mujeres no pueden ser tratadas por médicos o enfermeros masculinos.
  • *Las mujeres no pueden estudiar en escuelas, universidades o instituciones educativas.
  • *Las mujeres deben llevar burka.
  • *Las mujeres podrán ser azotadas, golpeadas o insultadas si no visten según las reglas o si no van acompañadas de su ‘mahram’.
  • *Las mujeres podrán ser azotadas si enseñan sus tobillos.
  • *Las mujeres podrán ser lapidadas si son acusadas de tener relaciones extramatrimoniales.
  • *Las mujeres no pueden usar cosméticos.
  • *Las mujeres no pueden hablar o estrechar la mano a hombres que no sean ‘mahram’.
  • *Las mujeres no pueden reír en voz alta.
  • *Las mujeres no pueden llevar zapatos de tacón.
  • *Las mujeres no pueden subir a un taxi sin su ‘mahram’.
  • *Las mujeres no pueden participar en la radio, la televisión ni en reuniones públicas.
  • *Las mujeres no pueden practicar deportes o entrar a centros deportivos.
  • *Las mujeres no pueden montar en bicicleta o moto, ni siquiera con su ‘mahram’.
  • *Las mujeres no pueden llevar ropa de colores vistosos.
  • *Las mujeres no pueden reunirse con motivo de festividades, ni siquiera religiosas.
  • *Las mujeres no pueden lavar la ropa en ríos o plazas públicas.
  • *Las calles con nombres de mujeres cambiarán de nomenclatura.
  • *Las mujeres no pueden asomarse a ventanas o balcones, ni ser vistas (por lo que es obligatorio disponer de cortinas opacas).
  • *Las mujeres no pueden coser ropa femenina ni acudir a que le hagan ropa en sastrerías.
  • *Las mujeres no pueden entrar en los baños públicos.
  • *Las mujeres no pueden viajar en el mismo autobús que los hombres.
  • *Las mujeres no pueden llevar pantalones acampanados, ni siquiera debajo del burka.
  • *Las mujeres no pueden realizar fotografías (ni salir en ellas).
  • *Las mujeres no pueden salir en revistas, libros o carteles publicitarios.

Víctimas y detractoras que luchan contra los talibanes

Está claro que el talibán y la sharía trasciende las fronteras de Afganistán, por lo que mujeres de todos los países y regiones que representen una violación a los códigos extremistas religiosos no escapan de la violencia y ataques.

Como uno de los casos más emblemáticos tenemos a Malala Yousafzai, quien a sus 15 años recibió un disparo en la cabeza cuando regresaba en autobús de la escuela a su casa en el distrito de Swat, en el noroeste de Pakistán. El motivo del ataque perpetrado por el talibán era claro: esta joven se había atrevido a levantar su voz para defender el derecho a la educación de las niñas. 

Hoy día Malala, preside el Malala Fund –organización con la que pretende reforzar la educación de todas las niñas en todo el mundo–, ganó el Nobel de la Paz en 2014, y es titulada en Filosofía, Política y Economía en Oxford y es activista en pro de los derechos humanos. Fue una de las primeras en pronunciarse y expresar su preocupación por las mujeres, las minorías y los defensores de los derechos humanos que habitan en Afganistán en el marco del reciente control que han tomado los talibanes.

Además, la joven activista de 24 años también ha querido proponer una solución al asunto: “Los poderes globales, regionales y locales deben pedir un alto al fuego inmediato, proporcionar ayuda humanitaria urgente y proteger a los refugiados y civiles”.

En otro caso reconocido está Benazir Bhutto, la primera mujer que ocupó el cargo de Primera Ministra de un país musulmán. Su carrera política estuvo repleta de amenazas y falsas acusaciones hasta que fue destituida de su cargo. Quería un país donde el empleo y la educación fueran pilares de una democracia sólida consolidada, y decía que la única forma que ella veía posible era salir a las calles y hablar directamente a la gente.

Sin embargo, el 27 de diciembre de 2007, a tan solo dos semanas de las elecciones que estaba liderando, Bhutto fue asesinada tras salir de un mitin organizado por su partido, el Partido Popular de Pakistán (PPP), en la ciudad de Rawalpindi. Un joven suicida disparó contra ella desde una motocicleta y luego se inmoló causando la muerte de 22 víctimas más.

Los verdaderos asesinos fueron los fanáticos religiosos musulmanes y los poderosos que veían con temor un posible triunfo de la democracia en un país subyugado por el fanatismo y la ambición. Hasta hoy el caso es un misterio, pues, aunque se nombró una comisión de investigación de la ONU para examinar las circunstancias del asesinato de Benazir Bhutto, dicha comisión fue bloqueada descaradamente no solo por los militares, sino mucha gente de la élite política.

Si estos son apenas un par de muestras de lo que los talibanes son capaces de hacer, ¿qué mundo les espera a las mujeres, niñas y demás ciudadanos de Afganistán tras la toma del país? Y más importante aún, debemos preguntarnos qué es lo que podemos hacer desde nuestras trincheras en pro de defender a toda costa los derechos y el futuro de tantas mujeres y niñas que hoy desean ser libres.

3 comentarios

  1. Excelente, Leonardo. Me recuerda a la situación argentina durante los años de la última dictadura (1976-83). Como sabes escribí sobre Teatro Abierto 1981 (se cumplen 40 años) y entre otras causas, la alienación de todo un pueblo… la censura… muchas de las causas que nombras… qué tristeza… Un fuerte abrazo.

  2. Muchas gracias por el texto. Es bella tu vinculación primigenia con el teatro, con ese recorte de periódico de tu padre, y como todo se desliza hasta la obra de Samano y Sacristán. Me has dado ganas de volver de nuevo a una sala…

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