caleidoscopio

¡Gritemos con brío!: la Alegría de un país

Mariana Marchena

 
Estoy segura de que en estos días no habido un venezolano fuera o dentro del país que no haya al menos escuchado del triunfo de nuestros deportistas en los Juegos Olímpicos en Tokio 2021.

Leí la frase «Nadie celebra como nosotros», y es así.  Somos fiesteros, «salidos”, bromistas, pero hay algo increíble de nosotros los venezolanos (y obvio hablo de nosotros, pues de ahí vengo) y es la hermandad, la resiliencia, el arraigo, la solidaridad que he visto a lo largo de mi vida a través de mi país. 
Por motivos familiares, turismo y trabajo puedo decir que conozco casi toda Venezuela. Y en todos los rincones he visto alegría, pasión, trabajo y sobre todo amor. Son estas  cuatro palabras con las que definiría al venezolano. Podrá sonar a cliché o todavía estoy embriagada de la emoción del momento olímpico, pero no. La mayoría somos personas trabajadoras, apasionadas y amantes de nuestra tierra y por lo que hacemos.
Desde pequeña cada vez que sabía que saldría de mi ciudad, me entraba una emoción increíble. Desde el primer momento sea en avión o desde aquel Malibú blanco que fue para mí el primer Delorean que me llevó a destinos increíbles. 
No es un tema de nacionalismos –no soy muy amiga de los “ ismos”–, pero sí del arraigo. De ese amor a la patria y respeto que nos potenciaron desde el colegio.
Era un orgullo formar parte de la sociedad bolivariana (de mi época, años 80s) durante el mes Bolivariano. Junto con Ricardo, un compañero de clase, izábamos la bandera durante el himno y luego la bajábamos y doblábamos.  
Crecí viendo y sintiendo respeto y amor por Venezuela, pero además de todas las experiencias vividas se suma que soy una persona muy sensible. Mis padres recuerdan siempre con ternura la primera vez que me llevaron al parque de la Llovizna y que cuando vi aquella inmensidad y en silencio solo con el sonido del agua de fondo comencé a cantar el himno nacional, jajaja.
Creo que tenía unos 9 años y lo recuerdo como un momento muy emotivo. Ahora, ¿por qué me pareció entonar nuestro himno? No lo sé.


La misma emoción sentí cuando vi los médanos, o el Puente sobre el Lago de Maracaibo, o cuando subí el Pico El Águila en Mérida, o subí por primera vez al Hotel Humboldt con mi abuela, o cuando ves los tepuyes, o sobrevuelas la isla de Margarita, y un largo etc. Esto se lleva en la sangre.
Estando en Buenos Aires en la UCA representando a Venezuela, en lo que sería el Primer Parlamento de Estudiantes Latinoamericanos  (2002) en la apertura del parlamento fueron nombrando a cada país y la banda de la universidad tocaba los himnos respectivos, y cuando llegó al nuestro (éramos tan solo 6 estudiantes de la UCAB Montalbán) nos emocionó tanto que lloramos.

Lo mismo me sucedió años atrás en la Exposición Universal de Hannover 2000 en donde el segundo pabellón más visitado fue el de Venezuela (La flor de venezuela que ahora está en Barquisimeto),  y 17 años después en un congreso en Bogotá al cual asistí en representación de Venezuela también sonó el himno, y es que da igual dónde y cómo suene, la emoción siempre es la misma.
Por estos años más bien el himno era sinónimo de alguna cadena del gobierno o para el mundo el nombre de Venezuela era sinónimo de dictadura, presos políticos, grandes marchas , migración, corrupción… ¡Hoy se iza la bandera y se escucha el himno y hasta el alma llanera por una excelente noticia! 
La emoción de todos los ganadores fue fantástica pero en especial la de Yulimar Rojas fue del más allá. Todos celebramos ese triunfo porque necesitábamos un respiro y hoy damos gracias a esos “chamos” por ser ejemplo de lucha, de venezolanidad, de compañerismo y de buen sentido del humor. 
¡Esto es Venezuela!

3 comentarios

  1. Excelente, Leonardo. Me recuerda a la situación argentina durante los años de la última dictadura (1976-83). Como sabes escribí sobre Teatro Abierto 1981 (se cumplen 40 años) y entre otras causas, la alienación de todo un pueblo… la censura… muchas de las causas que nombras… qué tristeza… Un fuerte abrazo.

  2. Muchas gracias por el texto. Es bella tu vinculación primigenia con el teatro, con ese recorte de periódico de tu padre, y como todo se desliza hasta la obra de Samano y Sacristán. Me has dado ganas de volver de nuevo a una sala…

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