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José Villalobos, abogado de formación y emprendedor por elección

por Gabriela López Mijares. Twitter @gabrielalopezm

Cuando uno encuentra a José Villalobos atendiendo a los clientes de su empresa courrier en sus oficinas de Citrino, en Montreal, Canadá, está al frente del más devoto de los empleados, aquel que pone mayor empeño, dedicación, cariño y mística por lo que hace. Es el dueño, pero sin duda alguna es quien más trabaja.

En entrevista para «La Buena Ola», por Super Stereo 98.1 FM, vía telefónica, nos cuenta lo que fue emigrar, ver crecer a su familia y montar su propia compañía en el país que eligió para vivir. Un relato de éxito y constancia que sigue evolucionando hasta el día de hoy.

José Villalobos se graduó de abogado en la Universidad Santa María, en Caracas, en 1991, cuando tenía apenas 21 años.

Sin embargo, su carrera profesional la desarrolla en el área de seguros y no en el derecho penal, como él pensaba, pues por razones personales tuvo que dejar la abogacía y tomar las riendas del negocio familiar de venta de seguros a escala nacional. Necesitaba apoyar a su madre, que era quien sustentaba a la familia desde el fallecimiento de su padre a muy temprana edad.

Atendiendo la vasta cartera de clientes de su mamá, distribuidos por toda Venezuela, tuvo la oportunidad de conocer muchas empresas y gente de diferentes áreas y sectores.

José nos cuenta que esa circunstancia lo motivó a desarrollar la vena comercial, de atención al cliente, de negocios, etc.

Por eso, de 1995 a 1996, hace una especialización en impuestos en la Escuela de Hacienda Pública de Caracas. Estos estudios, ligados a su conocimiento incipiente de aduanas y tributos, le permitieron conseguir la asesoría en una empresa estadounidense que prestaba servicios de courrier internacional en diferentes países, uno de ellos, Venezuela, en donde comenzó como asesor, pero terminó manejando el negocio. Esto le permitió crear su propia empresa de distribución local y luego nacional, con alcance a todas las ciudades de Venezuela. Tenía aliados en Valencia, Maracay, Barquisimeto y muchas otras ciudades, a la par de manejarle la aduana a la compañía estadounidense. Esto le facilitó seguir conociendo gente en el mundo aduanero, loque a su vez le permitió hacer sus propias importaciones y aprender más al respecto.

No obstante, en 2010, José Villalobos y su esposa, Berta Hamana, sopesaron las complicadas circunstancias políticas, económicas y sociales de Venezuela, y decidieron salir del país. Escogieron Canadá como destino por su plan de inmigración, que favorece principalmente a las familias. Su puerta de entrada fue Quebec, pues ellos habían aprendido francés y querían asentarse en dicha provincia.

Llegaron a Montreal en 2012 con muy pocos conocidos, pero muchas ganas de insertarse totalmente en esa sociedad. Como lo habían planificado, comenzaron dedicando más tiempo a sus hijos y a sus estudios de los idiomas que al trabajo, y cuando creyeron tener el dominio suficiente, comenzaron la búsqueda de empleo.

Llegado el momento de trabajar, José comenzó en el sector bancario. Más tarde tuvo una oferta en el área de courrier. Aunque esta última propuesta no era ventajosa y decidió declinarla, le sembró la idea de formar su propia compañía, a la que llamó ‘’Bravomania’’.

Durante ese período realizó cursos de lanzamiento de empresas. Allí conoció a quien era dueño de Citrino, su actual compañía, la cual era muy pequeña y prestaba servicios de courrier solo a Colombia.

El destino hizo que el matrimonio Villalobos se asociara con el antiguo propietario de esa empresa y que, hoy día, José sea uno de los dueños de Citrino, que ha crecido vertiginosamente desde entonces.

De eso hace ya ocho años. Berta, su esposa, ha podido a su vez desarrollar sus conocimientos y estrategias de mercadeo en la misma, lo cual, aunado al trabajo, contactos y conocimiento del sector por parte de José, ha impulsado la expansión de la compañía, que de hacer entregas y encomiendas únicamente a Colombia, ha agregado posteriormente a Venezuela, México, Guatemala y República Dominicana como nuevos destinos de encomienda.

José nos dice sentirse muy agradecido a la clientela venezolana, pues el servicio de courrier es un servicio de confianza y nuestros paisanos, dentro y fuera del país, confiaron desde el primer momento sus bienes y encomiendas a la naciente empresa, lo cual no suele ser fácil cuando existen compañías internacionales de gran prestigio posicionadas desde hace décadas; sin embargo, eso no ha impedido su posicionamiento y el crecimiento no ha cesado, tanto que hoy día tienen envíos a nuestro país, Venezuela, no solo vía aérea sino también marítima, y el nombre de Citrino en Montreal y Toronto es reconocido como empresa de encomiendas. Afortunadamente, hoy su seriedad y responsabilidad no están a prueba.

Cada envío es para José algo personal; por eso los cuida como si fueran de su propiedad. Eso es parte del éxito de Citrino.

Otro factor fundamental es la búsqueda y reclutamiento del mejor personal humano, que trabaja y cuida de las encomiendas con la misma mística y seriedad que sus propietarios. 

El largo período que ha abarcado casi todo 2020 y lo que va de 2021, aunque ha sido muy duro en general debido al régimen de confinamiento y el consiguiente cierre de negocios, afortunadamente no los ha perjudicado, ya que el envío de encomiendas nacionales e internacionales ha sido declarado sector esencial en Quebec, lo que les ha permitido seguir operando en estos momentos tan delicados. Aunque la situación de los trabajadores esenciales los ha obligado a redoblar sus horas, llevando a los dueños a laborar solos durante todo este período, lograron mantener sus operaciones y producir más que nunca.

Son ironías de la vida, pero el año del confinamiento ha sido uno de los más productivos y gratificantes para ellos.

José está contento con su desarrollo profesional y humano tanto en Venezuela como en Canadá, su país de adopción, pues dice que la clave es tener confianza y fe en los conocimientos adquiridos y no parar de trabajar hasta lograr las metas que nos planteamos. La perseverancia y la constancia deben regir todo lo que se hace. Continuar y seguir nuestro rumbo sin desmayar. Fijarse objetivos, con planificación, sin perder el rumbo. No importa dónde nos encontremos. En la medida de lo posible, seguir estudiando y tratar de integrarse a la comunidad donde llegamos. Impregnarse de esa nueva realidad, la del país donde se está viviendo, pero, sobre todo, perseverar. Las cosas vienen para quien trabaja por ellas, y vienen bien. El aprendizaje y el crecimiento no paran.

José Villalobos es uno de esos paisanos que nos hacen sentir la alegría y orgullo de ser venezolanos.

¡Es un honor ser tu paisana, José!

¡El éxito para ti es inevitable! ¡Adelante!

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