edición especial

Antes y después en el teatro venezolano

Leonardo Azparren Giménez

       Es humano tener el complejo de Adán: antes de mí, Nada; conmigo comienza Todo. Yo y mis acciones significamos un antes y un después en la historia; mi vida personal es igual a la historia general. Se niega la herencia de la Colonia para comenzar a ser a partir de 1810; pero huérfanos; se menosprecia el teatro hecho antes de mí. Es la interpretación egocéntrica de la Historia.

       A primera vista luce superfluo el tema, aunque es importante discutirlo para tener una visión de nuestra historia, más objetiva y veraz, y rescatar hechos y personajes olvidados e injustamente marginados. Por ejemplo, padecemos una ignorancia injusta sobre los civiles que construyeron la república en el siglo XIX, algunos nacidos y formados en el siglo XVIII, desacreditado por algunos. ¿Cuándo comienza el teatro venezolano, en la Colonia o en la República?

       Recuerdo el reportaje/publicidad publicado hace muchos años, en el que se afirmaba que fulano de tal había partido en dos la historia del teatro venezolano y desde entonces estábamos en el esplendor. Lo traigo a colación porque el teatro y, en general, la cultura venezolana están ahora en un después que algún día habrá que analizar, si ya no se han hecho algunos intentos. Sobre nuestro teatro podemos mencionar varios antes y después bastante importantes. En 1991 el español Moisés Pérez Coterillo participó del mito de Adán y dijo que Rajatabla había surgido “donde no existía sino un desierto teatral hace veinte años”.

       En nuestro teatro podemos registrar varios creadores y acontecimientos que marcaron cambios importantes en su historia, ignorada y casi despreciada. Algunos fueron importantes en cuando marcaron un cambio modernizador en la dramaturgia y/o la puesta en escena; por eso, es bueno tener presente que los antes y después pueden ser de una significación profunda en la cualidad de la práctica teatral o en sus implicaciones sociales. Por ejemplo, pasar del romanticismo al realismo, o de la representación empírica a la puesta en escena basada en principios estéticos modernos, o del actor improvisado a la formación actoral según las técnicas más modernas del siglo XX. Son cambios que marcan antes y después en nuestro teatro.

       Los antes y después en la cultura suponen un cambio de función y significación en correlación con sus marcos sociales, para significar un cambio histórico periódico. En Venezuela, por ejemplo, su teatro tiene dos antes y después correlacionados con procesos modernizadores muy importantes. En 1945 nuestro teatro estaba modelado por la tradición costumbrista y el discurso del sainete, mientras el país había comenzado su modernización petrolera; es decir no había una correlación dinámica entre los marcos sociales del país y su teatro.

       Pero a partir de ese año comienza un cambio importantísimo con la llegada de Alberto de Paz y Mateos, Jesús Gómez Obregón y Juana Sujo, pioneros que incorporaron lo último del teatro mundial y las nuevas metodologías en la formación actoral marcaron un antes y un después que aún hoy repercute. No había un desierto, como dice el improvisado Pérez Coterillo, pero sí un atraso. Tan radical fue el cambio que hubo un olvido de nuestra historia, de nuestra herencia teatral porque el después nos hizo sentir que estábamos en correlación dinámica con los nuevos marcos sociales nacionales. Ellos tres sembraron teatro que después se extendió por todo el país.

       La democracia que se inició en 1958 fue el marco social que permitió una transformación radical en nuestro teatro. Emergió una nueva dramaturgia en sus formas y contenidos; se renovaron los criterios de la puesta en escena y aparecieron nuevos directores y actores; la experimentación fue el signo de la época; Barcelona, Valencia, Barquisimeto, Mérida y Maracaibo fueron referencias de lo que ocurría en el teatro del interior del país. Un nuevo teatro surgió después de la siembra de los pioneros y en los marcos de libertad democráticos.

       Un deslinde fundamental de significación histórica fue la creación en 1967 de El Nuevo Grupo, y no solo por ser la institución que consagró definitivamente a Isaac Chocrón, Román Chalbaud y José Ignacio Cabrujas. Por todo lo que ocurrió en sus espacios, sigue siendo la institución teatral más importante de la historia de nuestro teatro. Más de treinta autores venezolanos estrenaron allí sus obras y una veintena de latinoamericanos, además del concurso para nuevos autores que dio inicio a la carrera de autores como Edilio Peña, Mariela Romero e Ibsen Martínez.

En la década de los sesenta se realizaron importantes festivales de teatro, tres nacionales entre 1959 y 1967 que consagraron la nueva dramaturgia y tres de provincia entre 1968 y 1971 que consolidaron el teatro en el interior del país. Fueron eventos que marcaron deslindes históricos decisivos. Una nueva generación se adueñó de los escenarios abierta a las nuevas tendencias mundiales, el espectador venezolano enriqueció su sensibilidad y el Nuevo Teatro se instauró definitivamente. A partir de 1971, el cambio habido en la década anterior se institucionalizó.

Un comentario

  1. Excelente reflexión del maestro Leonardo Azparren. Es un gran conocedor del teatro occidental, desde el griego, y, por supuesto, el gran crítico del teatro venezolano. Es un placer y un aprendizaje continuado leer sus trabajos.

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