visión empresarial

Que sucedió. ¿Que está pasando? ¿Acaso el país está cambiando? ¿Será verdad?

José Antonio Perrella

Mataron a la gallina de los huevos de Oro. Increíble, pero es así. Ah, y el despiadado proceso de sanciones de los verdaderamente poderosos ayudaron a matarla. Eso también es así.

Se acabó el petroestado. Se extinguió para siempre el gobierno infinitamente rico. Y ahora llegó el momento de ejercer el ejercicio empresarial en otra dimensión. Durante demasiado tiempo los empresarios fueron excesivamente dependientes del gobierno de turno. La supervivencia, el desempeño y el éxito o fracaso, dependió más de las decisiones del gobierno que de las cualidades de la misma empresa. Los empresarios más exitosos debían sus éxitos no solo por tener mejores productos, estrategias de mercado, tecnología o capacidades, sino porque además lograron mejor acceso a las divisas preferenciales, o a los permisos de importación o tránsito de sus productos, o porque accedieron a esos créditos subsidiados por una banca estadal distorsionadora. Demasiadas variables en mano de un gobierno que, especialmente en los últimos 20 años, usó a los empresarios a su antojo, y los empobreció, eliminó, o enriqueció como y cuando quiso.

Las cosas empezaron a cambiar. Y de manera drástica, y usando el léxico oficialista, de manera radical.

En estos tiempos en que se escriben estas líneas y durante los últimos dieciocho meses, al menos, vivimos una nueva vorágine a veces muy difícil de interpretar y que se convierte en un nuevo reto, uno más. Inesperadamente, la asfixia que caía sobre los empresarios venezolanos, abarrotados de controles, fiscalizaciones y agresiones, se disipó. Al mismo tiempo y como por arte de magia, se estabilizó el deferencial cambiario, y aunque la devaluación ha galopado, así lo ha hecho el reconocimiento del estado, por lo que cada vez más los marcadores del paralelo son menos relevantes. Como respuesta sabia y natural a la Hiperinflación la economía del país inició una dinámica de dolarización transaccional de facto que está relegando cada vez más al Bolívar, y por primera vez en mucho tiempo las cuentas se entienden, tanto en los hogares de nuestro país como en las contabilidades de las empresas. Todo lo anterior con el ojo omiso del estado. Y como si lo anterior fuese poco, se aumentó de manera importante el precio de la gasolina, se derrumbó el tabú, se rompió el paradigma, así, de repente y todo sin conflictos sociales de relevancia, sin escándalos ni manifestaciones incendiarias. Todo lo que se tenía que hacer en materia económica, bueno, casi todo, se hizo de la manera más pragmática posible.

Todavía falta. Falta mucho. Es necesario, es fundamental que de una vez por todas el venezolano sea adecuadamente bien remunerado por su trabajo y empiece a mejorar su nivel de satisfacción de necesidades básicas y a ver en el horizonte la posibilidad de empezar a prosperar. Eso falta, y es impostergable. Y también es necesario el acceso al crédito, sin esta opción estamos condenados a ser una economía enana, costosa y especulativa, además la normalización de los medios de pago, ha sido patético, por decir lo menos, las complicaciones referidas a algo tan sencillo como pagar una cuenta. Pero hay señales concretas que nos avisan que estamos encaminados a seguir recibiendo sorpresas positivas en este sentido, se vislumbran soluciones.

Pero aun habiéndose tomado las medidas pragmáticas que ya se asumieron, y se genere un sistema bancario que ayude al proceso cotidiano, queda aún un rompecabezas por completar, y las piezas que faltan son inexorablemente clave. Las reglas del juego, la legalidad, el reconocimiento y ante todo hay una pieza demasiado importante y compleja de conseguir, la confianza.

Los emprersarios venezolanos tendrán que interpretar estas novedades, impensadas dos años atrás, y tomar decisiones, actuar, arriesgarse una vez más y decidir si posicionarse en este proceso que pudiese implicar el nacimiento de una nueva economía, esta vez independiente, al menos en su origen, del estado, o si mantenerse replegados y ver como inevitablemente otros actores más arriesgados, o quizás más sedientos o en definitiva más pragmáticos van ocupando espacios que pudiesen ser vitales y valiosísimos en un país recuperado.

Y acá estoy, terminando este 2020 enciclopédico, siendo, como todos, testigo de excepcion, viendo, sin creerlo demasiado y proveniente de destinos impensados, los cambios con los que tanto soñé. Medidas razonables, pragmáticas, eficientemente asumidas, con determinación y seguridad, y, aun en medio del caos y de la incertidumbre, veo como la gran revelación la delegación en el sector privado de la acción, de las medidas, del esfuerzo y del propósito de reconstrucción del pais.

Es que ya el estado no puede ni podrá hacerlo. No hay opción. Le tocará al sector privado. Es que ellos, mataron a la gallina de los huevos de oro.

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