edición especial

San Valentín / san Valentón

Luis Barrera Linares

Su día se celebra cada 14 de febrero, es cierto, pero, igual que otras tantas leyendas mercadotécnicas, ya no se sabe exactamente a quién alude esa abstracción llamada san Valentín. Según mi tía Eloína se trata del auspiciador y protector de los amoríos a quien los comerciantes idolatran y algunas suegras detestan, no precisamente por ellas, sino por los/las “peor es nada” que a veces consiguen sus hijos o hijas. 

Como muchos de los integrantes del santoral cristiano, hay serias dudas acerca de la existencia real de ese casto caballero a quien desde hace mucho los enamorados han rendido culto. ¿Quién era?, ¿de dónde salió?, ¿por qué se le venera un día antes del cobro de quincena? Algo similar al archiconocido “día de la secretaria” o al “día del niño”. Uno celebra sin conocer la explicación por la cual lo está haciendo.  Si de verdad hay un día de los enamorados, ¿por qué no incorporar al calendario otros festejos como  “la noche de los desenamorados”, “la madrugada de los despechados”, “el amanecer de los maleteados”. 

Un verdadero misterio este santurrón presuntamente enamoradizo que en cada mes de febrero, a pesar de la inflación, todavía parece mover más dinero que cualquier marca comercial de moda. Pero la leyenda existe y eso no se discute.

En cuanto al origen del epónimo, se habla de un médico devenido en sacerdote,  quien fuera decapitado por orden del emperador romano Claudio el Gótico, a fin de quitarle la costumbrita de andar casando soldados con sus respectivas novias clandestinas. Dice la historia eclesiástica que en ese tiempo el matrimonio era considerado incompatible con la carrera de las armas. Época extraña en la que a un integrante de la soldadesca le estaba vedado el casorio formal. Podía echar canas al aire e incluso visitar lugares de poca reputación para satisfacerse, pero nunca matrimoniarse formalmente con una damisela, por muy merecedora que ella fuera. Así son los autoritarismos.

Cuenta también la leyenda que, precisamente, en eso radicaba el gozo de aquel inquieto medicura, a quien más bien deberíamos recordar como san Valentón, ya que, en acto de abierta afrenta oposicionista contra el emperador de turno, disfrutaba celebrando himeneos castrenses clandestinos.  Con su actitud retadora, aspiraba a darle dolores de cabeza al monarca aunque, lamentablemente, por valiente, terminó precisamente decapitado.

Otras versiones menos trágicas aluden a dos personajes que, en apariencia, poco tenían que ver (explícitamente) con las pasiones amorosas: un antiquísimo obispo san Valentín, de la ciudad italiana de Terni, y otro llamado Valentín de Recia. Del primero se sabe que el día 14 de febrero son sus fiestas patronales. Ya eso nos ofrece un lugar en el almanaque. Del otro se ha dicho que siempre ha sido venerado por algunos cristianos, gracias a sus facultades celestiales y don particular para curar a personas epilépticas.

Es decir, si quisiéramos entender el auténtico misterio de la fiesta y los amoríos que despierta san Valentín en febrero, pues no se haría difícil pensar que los tres se han vuelto un solo y único mito y, además, buscándole coherencia a este asunto, directa o indirectamente, todos tienen que ver con las coyuntas amorosas. Uno, por los casorios prohibidos, es obvio; otro, porque nos legó la fecha, y el tercero, debido a que, a lo mejor, hay relaciones amorosas que alteran la actividad eléctrica del cerebro, como la epilepsia (aparte de que, si la pareja incurriera en ciertos excesos amoriles, podrían terminar ambos epilépticos).

De allí que mi tía Eloína haya opinado desde siempre que ese santo cachón al que mientan Valentín ha sido valiente y muy valeroso y, además, de acuerdo con su mítico origen, trivaluado, porque vale por tres.  Lo más importante de esto es que, cualquiera que sea la historia real detrás de la fecha, están de por medio la pasión y los afectos. Prohibidos, permitidos, clandestinos, escondiditos, a tiempo completo, a tiempo parcial o como fuereLo de relacionar este mismo día con la “amistad”, nadie sabe de dónde salió, pero ese sí que luce como un invento comercial más reciente. Un añadido capitalista tal vez pensado para aumentar las posibilidades de marketing.

San Valentín es adicionalmente un santo de consenso indudable: aparte de los cristianos, lo celebran también los ortodoxos, los luteranos, los anglicanos, los agnósticos y los ateos. Casi como para solicitar su asesoría en estos tiempos en que tanta falta nos hacen la concordia, los acuerdos y los milagros que nos devuelvan la felicidad. Y no solo en asuntos del corazón.

2 comentarios

  1. Muy bueno mi profe el artículo. La tía Eloina siempre tan acertada, pues nos deja ver la importancia de este Santo patrón de los enamorados y su valor aún hoy, en que el amor anda más devaluado que otra cosa.

  2. Te felicito por el artículo. Ya me había olvidado de San Valentín, pero lo rescaté gracias a tu escrito y a lo que estoy viendo en las calles de Lima desde hace varios días. Muchos regalos que venden para el día de los enamorados. Sobre todo ramos de flores, pero son caros, lo cual sirve para paliar los problemas económicos de los vendedores ambulantes en esta situación de pandemia. Te felicito por la información sobre San Valentón. Sigue adelante, Luis.

    Saludos de Rudy Mostacero.

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