la crónica menor

La crónica menor

CONSISTORIO EN PANDEMIA

Cardenal Baltazar Porras Cardozo

La pandemia reformula pero no paraliza la actividad misionera de la Iglesia. El mejor ejemplo lo da el Papa Francisco quien en medio del confinamiento por bioseguridad mantiene, multiplica las formas de hacer presente el mensaje sanador del Evangelio. La esperanza es virtud para superar el cansancio y el desánimo. Prueba de ello, la convocatoria a un consistorio, reunión que convoca el Papa para solicitar la ayuda y aprobación de diferentes asuntos en el gobierno de la Iglesia. En esta ocasión para la creación de nuevos cardenales bajo un protocolo sui generis.

El rebrote de contagios en Europa, la segunda ola como la llaman los expertos, frenó la posibilidad de viajar a la ciudad eterna para acompañar a los nuevos purpurados. De los trece nominados, dos de América Latina, el arzobispo de Santiago de Chile y el obispo emérito de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, México. Se nos recomendó a los cardenales no dirigirnos a Roma por medida de seguridad sanitaria. El Oficio de las Ceremonias Pontificias, encargado de preparar y diseñar las celebraciones vaticanas presididas por el Papa, envió el folleto contentivo de la celebración, en el que se recortaron algunos de los gestos con contacto físico. Se suprimieron los abrazos a los nuevos purpurados tanto por parte del celebrante como de los cardenales asistentes. El lugar de la ceremonia tuvo lugar en el ábside de la basílica vaticana detrás del baldaquino.

El número de cardenales presentes se redujo en la práctica a los residentes en Roma. El resto tuvimos la oportunidad de conectarnos, vía zoom, con una feliz coincidencia. El conectarnos antes de la ceremonia tuvimos la ocasión de saludarnos, compartir familiarmente sobre la situación de cada uno, preguntar por la salud de algunos hermanos, por los problemas de la migración en cada país, en fin, una experiencia nueva y gratificante. Luego, siguiendo la ceremonia, austera, sobria, pero llena del carisma del Papa Francisco y su valentía al plantearnos la necesidad de dejar el boato e ir a lo esencial, cuidando no caer en la tentación de la vanidad y la corrupción. Lección siempre actual para todos, pues no somos ángeles sino hombres de carne y hueso, que ante los embates de la vida cotidiana podemos caer bajo el señuelo de lo fácil y no preocuparnos por lo trascendente.

Los nuevos cardenales son personas curtidas por un largo recorrido en el ministerio sacerdotal, transido muchas veces por situaciones embarazosas. Aconsejar, estar cerca del que está al frente de la barca de Pedro, es una carga más que un honor, pues hay que dar razón de la gracia recibida.

Que el adviento que comienza sea una luz en la oscuridad del camino para encontrar en la fragilidad y debilidad de un Dios hecho hombre, la fuerza para ser esperanza y fraternidad en un mundo atravesado por una pandemia que ha puesto en evidencia que debemos transitar por otras vías para que la humanidad alcance el bienestar material y espiritual al que tenemos derechos todos los seres humanos.

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