culturales

Relatos nómadas para el alma 

Mariana Marchena


Para todos los que me conocen saben que Valentina Quintero forma parte de mi vida. Mis padres siempre me inculcaron el amor por Venezuela, pero con Bitácora me gradué en ¡amarla con locura! He contado hasta el cansancio que de pequeña mis domingos eran correr a la a cama de mis padres tempranito, ver Bitácora y anotar los próximos lugares donde iríamos. Casi que mi papá y yo hicimos la guía de Valentina anotada en un cuaderno con sus sugerencias antes de que ella años después la publicara, jajaja, guías que por supuesto compré todas, recuerdo, en la Tecni-Ciencias en el CCCT.


Con el pasar de los años, con los domingos me pasa como con la Navidad, ya nunca más fueron lo mismo. ¡Eran mis momentos favoritos! Los domingos eran ver Bitácora con mi papá en la cama mientras tomábamos café y luego mi mamá hacía el desayuno y mientras comíamos comentábamos el programa como expertos, jeje. Obviamente esos domingos, esa Caracas, esa Venezuela no volvieron nunca más.


Los domingos para mí ahora que estoy en el exilio son días muy extraños, donde desde que me levanto hasta que me acuesto me siento triste o extraña. Para el resto de los mortales, normalmente son los lunes los días de poca emoción, pero para mí son los domingos. 


Pero volviendo a Valentina Quintero he seguido su trabajo en TV, en radio, por Instagram y ahora soy fan de sus podcasts.  ¡Es INCREÍBLE como me sentí cuando lo encontré! Fue como en aquellos domingos. Cuando iba a mi oficina y la escuchaba desde mi carro mientras manejaba por la autopista Prados del Este y veía El Ávila. Es increíble cómo su voz, su particular manera de ser y de decir la cosas, esa pasión, energía y emoción que siente por Venezuela la transmite a otro nivel.
Ahora tengo 3 años sin pisar a mi amada Venezuela, que extraño de una manera absurda. Que todos los días cierro los ojos y la recorro,  me imagino subiendo El Ávila, o comiéndome un sándwich de pernil en Galipán, o en Adícora con mi abuela, o en Mérida en la casa San Javier, etc. Hay un dolor, un luto, una carencia, una búsqueda… un arraigo.  Al mismo tiempo que debo reinventarme y adaptarme a mi nueva vida .


 Todos los venezolanos que estamos fuera de nuestro país intentamos asirnos a algo que nos recuerde nuestra venezolanidad, música, gastronomía, arte, amigo, etc. Yo he conseguido otro ítem de venezolanidad y es Valentina Quintero. Escucharla en este podcast «Relatos nómadas» me ha devuelto un aire, una caricia, un abrazo, una sonrisa, una lágrima y una risa. Con ella viajarán como siempre por el país. A sus entrevistados, al igual que ocurre en la película Amélie, le va contando al ciego cómo es París en ese momento, hace lo propio, pero con Venezuela. Relata desde su pasión, simplicidad y transparencia lo vivido, lo visto, lo sentido. Podrán escuchar desde cómo son algunos rituales indígenas, hasta cómo es la maternidad desde su óptica y cómo le ha cambiado su relación con el hogar este confinamiento. 


No me queda más que invitarles a que los escuchen y darle las gracias a la tecnología  y a Valentina por estos relatos. Una vez más me hacen viajar, soñar, amar y estar orgullosa de ser venezolana.
Pd: Este podcast lo podrán encontrar en Spotify 

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