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Quino: padre de Mafalda y crítico de la maldad 

Por: Mariana Marchena


Quino, mejor conocido como Joaquín Salvador  Lavado nació el mismo año de una de mis personas favoritas: Gladys Schmucke ( mi abuela materna) en Fuengirola. A los 4 años sus padres viajan para Argentina huyendo de la Guerra Civil española. Creció leyendo en los periódicos, posteriormente viendo en la tv los estragos de la Guerra Civil Española y luego los de la Segunda Guerra Mundial. Siempre le impactaron  y conmovieron los asuntos bélicos, lo que estimuló su reflexión sobre el bien y el mal y algunos modos de proceder de los seres humanos, por ejemplo sobre quién merece tal o cual cosa.
Quino fue un genio, no solo como dibujante sino por las reflexiones que estimulaban sus caricaturas, siempre críticas, cínicas, reales, divertidas y tristes como la vida misma. 


Poco se sabe de este genio más allá de su legado más preciado como lo es Mafalda. Él fue una persona introvertida, más de silencios que de escándalos como él bien acotaba, “prefiero pintar que hablar “ y era Mafalda su alter ego, claramente. Extrovertida , respondona y que prefería siempre expresarse con la palabra. Al final de sus días lo pasó apartado de los medios, rodeado de sus seres queridos y la naturaleza, estaba muy enfermo y ya casi estaba ciego, solo distinguía entre luces y sombras. 


Su última entrevista fue un documental realizado por el periodista y presentador argentino Boy Olmi. “Buscando a Quino” es divertido, revelador, conmovedor y genial.
Quino no tuvo hijos más allá de Mafalda y sus amigos, aclara que al quedar huérfano muy joven fue un dolor y una herida que jamás pudo sanar y que tuvo siempre el temor de generar ese dolor.  Tal vez por eso Mafalda tampoco quería tener hijos y discutía con Susanita que vendría siendo la sociedad poco reflexiva y fatua.


Mafalda cambió muchas vidas, la mía no fue la excepción. En mi casa siempre hubo historietas y “ cosas” de Mafalda pero era en casa de mi abuela donde estaban todas las historietas que eran de mi tía, la hermana menor de mi madre. Cuando me quedaba en casa de mi abuela mi deleite era verle cocinar cosas ricas o coser y “ojear” las caricaturas de esa niña tan chistosa y con una cabellera tan particular que se parecía a mí. Al principio no sabía leer pero solo las miraba y me encantaba. En casa de mi abuela había un libro grande y plateado que era una recopilación, una edición especial que solo podría ver cuando aprendiera a leer y así fue. Cuando me ponía intensa, preguntona y estaba más despeinada me decían que era igualita a Mafalda, jaja y yo feliz.
El Google de mi época eran los libros  y nuestros padres y abuelos, así que cuando me obsesionaba con algo les preguntaba a ellos. Sobre el triángulo de las bermudas, las pirámides, por qué existen las clases sociales, las guerras, etc.  
Con Mafalda vi por primera vez las siglas ONU, y cuando me explicaron yo quería formar parte de dicha organización y defender los derechos de los seres humanos, cosa que logré casi 25 años después cuando representé a Venezuela en la comisión para La Paz en la sede de ONU mujeres ubicado en Caracas mientras fui Directora de una ONG en pro de la paz.
Otro momento surrealista fue cuando mi madre nos compró las caricaturas de Mafalda en una cinta de Betamax. ¡Ahora podía verla en video, a color, en movimiento y con voces! Fue demasiado especial. 


Al cabo de los años fui “creciendo» y seguía siendo igual de intensa, cuestionadora (estudié filosofía), soñadora y, sobre todo, despeinada como Mafalda. A veces me pregunto qué sería de la vida de Mafalda si hubiese crecido… tristemente la hubiesen encarcelado, o vetado como sucedió con sus caricaturas en la época de Franco que estaba catalogado como lectura para adultos, o la hubiesen enviado al exilio o hubiese muerto del mareo causado al no poderse bajar de ese mundo del cual quería que se detuviera.  O hubiese seguido con su vida y sucumbido a todo eso que rechazaba y criticaba de pequeña, o peor aún, hubiese tenido un hijo influencer y de derechas, en fin. La verdad que fue mejor que se quedara pequeña, para seguir contagiándonos de esa energía y así poder sentarla con nuestra niña interna que a veces dejamos a un lado.  Así como el síndrome de Peter Pan, creo que existe el de Mafalda y creo que yo lo padezco. 


No hago más que recordar y agradecer con mucha nostalgia y alegría todos los regalos y herramientas que Quino y Mafalda le regalaron a la humanidad en especial a mí. 
Espero que al final de nuestros días  podamos decir como Olmi culmina el documental sobre Quino. Olmi invita al genio hacer el ejercicio de qué le diría el Quino del pasado si lo tuviese de frente ahora , a lo que Quino responde: “¿Viste? No era para tanto… es jodido pero no era para tanto tampoco”.   Aquí el link del Documental:
https://youtu.be/NXMnQrjCAws


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