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Tuitosis

Luis Barrera Linares

Se sugiere a quienes insisten en escribir «twittear» y «tweet» y reclaman a quienes los adaptamos a la grafía del español, que acudan a Diccionario de la lengua española (DLE). Allí aparecen registradas desde 2014 ‘tuitear’ y ‘retuitear’ más ‘(re)tuiteo’, ‘(re)tuit’ y ‘tuitero/a’.

La única que no ha podido adaptarse es ‘Twitter’, por ser marca comercial. El dinamismo del idioma avanza, adopta, adapta, acomoda, y/o pide prestadas de otros idiomas voces que jamás devolverá.

Hay medios colombianos que prefieren “trinar” y “trino” (por tuitear y tuit), sin aceptación general. Mi tía Eloína cree que, en verdad, los pájaros trinan (o gorjean) y a veces las personas trinamos, pero de enojo por alguna medida gubernamental, política o económica.

Twitter es la salvación de quienes buscan ser los primeros. Dicha red social ha sido elevada a un nivel sacrosanto: algunos medios ya ni se preocupan por dar a la noticia una forma diferente a la de un tuit.

No hay evento o circunstancia que no pase primero por el tuiteo. Muchas personas e instituciones tienen en este sistema su principal fuente para difundir y/o «buscar» información.

Pasan los días y cada vez que requerimos buscar algo fresco, descubrimos que la misma «exclusividad» ha sido replicada por múltiples tuiteros. Abrimos la mensajería de texto y caemos en idéntico foso, el mismo tuit de ayer.

La «tuitermanía» amenaza con una uniformidad informativa riesgosa. Alguien pone a circular una primicia y no ha retirado las manos del teclado cuando ya hay un centenar de envíos idénticos.

La maraña y la confusión reinan hasta el punto de que se hace difícil saber cuál ha sido realmente la fuente original. Otro síntoma es la cantidad de veces que un emisor (individual o corporativo) envía y repite un idéntico texto.

Acudes al WhatsApp, Facebook o Instagram y… adivina. Te levantas al otro día, activas tu pantalla; más de lo mismo. Enciendes la tele o la radio y no tienes que leerlo de nuevo; lo hacen por ti a través de los micrófonos o lo ponen en la pantalla y te lo deletrean otra vez.

Algunos importantes hablantes públicos limitan sus declaraciones a lo que pueda decirse en doscientos ochenta caracteres. Los puntos de prensa han comenzado a extinguirse y, si se recurre a ellos, todo lo que se diga allí se resumirá en un «trinar y cerrar de ojos».

Para funcionarios de gobierno declarar es como elaborar haikús para los noticiarios; hasta los decretos, las leyes, los edictos y las decisiones más importantes se tuitean.

En términos de diseño periodístico, un tuit puede constituir el título o encabezado, el subtítulo, la entradilla, el cuerpo y la conclusión de lo que se informa.

Algunos poemas, cuentos, novelas y ensayos comienzan a parecerse a lo que ya ha comenzado a llamarse tuiteratura. 

La palabra ‘tuitofilia’ no es parte del DLE, pero buscaremos aprobación en Twitter, a fin de proponer que la incluyan. Para describir lo que se siente cuando te invade el síndrome de estar leyendo y releyendo lo mismo, habría que agregar también su antónimo: ‘tuitofobia’.

En lugar de seguir siendo una red, este sistema podría convertirse en una confusa tela de araña que amenaza con reducir la escritura pública a un  “abrir y tuitear de ojos”.

Si en medicina se utiliza el sufijo -osis para referirse a algunas enfermedades (cirrosis, parasitosis, tuberculosis), la más común en este tiempo podría llamarse tuitosis; también parece pandémica y altamente contagiosa, incluso para algunos columnistas.

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