ciudad en tres tiempos

La Candelaria a los 270 años: tradición y modernidad retan el entresijo del 2020

*María Teresa Novoa  mtnovoac@gmail.com

La plaza Candelaria acoge cómodamente el correteo de los niños, su algarabía  no interrumpe el juego de ajedrez  de los mayores que acostumbran a encontrarse allí: en su área tienen tableros fijos con sus respectivas sillas. Más allá está el gimnasio al aire libre donde un joven  madurito esculpe sus músculos bajo la sombra de un frondoso Jabillo.  La parejita feliz se ha dado cita en la zona de las palmas: la Palma Canaria o Phoenix canariensis. Palma ideal para el ornato público, es la especie originaria de las Islas canarias, resistente y adaptable, simboliza la procedencia de los pobladores de este lugar.

Fotos: Martin Julio Padròn

La primera colonia de canarios se asentó desde mediados del siglo XVII, lo relata el primer cronista de Caracas Enrique Bernardo Nuñez en “La ciudad de los techos rojos”.  Por petición, el obispo Diego de Baños y Sotomayor autoriza la construcción de una capilla para venerar a “Nuestra Señora de La Candelaria”, virgen morenita  patrona de los isleños. Se termina de construir bajo la dirección del sacerdote alarife Pedro de Vicuña, en 1708. La obra fue costeada con la contribución de los isleños proponentes. Hace exactamente 270 años, el 25 de agosto de  1750,  se le otorgó el reconocimiento de Parroquia eclesiástica independiente.

Al igual que otros sectores de la ciudad esta parroquia y su templo sufrieron grandes daños en el terremoto de 1812. Un dibujo de Camille Pizarro, de 1854, da una idea de su estado ruinoso. La reconstrucción de la iglesia, por mandato de Guzmán Blanco a finales del siglo XIX, respetó la antigua planta colonial y erigió la nueva fachada que hoy podemos apreciar, según proyecto del arquitecto  Juan Hurtado Manrique. El altar mayor esta ricamente adornado. Gracias a la devoción de los feligreses la fe permanece. La Iglesia de la Candelaria fue declarada Monumento Histórico Nacional el 2 de agosto de 1960.

Un momento cumbre se vivió en 1975 cuando son trasladados los restos del beato y Siervo de Dios, Dr. José Gregorio Hernández, del Cementerio General del Sur al baptisterio de la iglesia. Desde entonces recibe la continua peregrinación de piadosos procedentes de todos los rincones del país y más allá. Las medidas de distanciamiento, por Covid 19, ordenaron la asistencia de los devotos que acudieron, el pasado 29 de junio a la parroquia, para conmemorar los 101 años de la partida del venerable. A sabiendas de que la misa se haría a puerta cerrada, solo les estuvo permitido permanecer a 50 mts de distancia de la fachada principal de la iglesia. En coro con los altavoces elevaron su canto penitencial, en oración colectiva, las conmovedoras plegarias y suplicas de la curia por la salud de Venezuela. La liturgia de la palabra ofrendada ese día favoreció la meditación colectiva. Unos breves momentos de silencio acomodaron el ambiente de recogimiento y fe hasta concluir la liturgia con la aclamación alegre de los asistentes: Amén. Las calles permanecieron cerradas al paso de los carros, pusieron en evidencia el extraordinario potencial del espacio público si se peatonalizaran permanentemente, tal como fueron  transformadas las calles entorno a la Plaza Bolívar.  

Fotos: Martin Julio Padròn

Contrariamente a lo que vemos hoy, la plaza Candelaria y los alrededores se asientan en una meseta natural desde donde, en época lejana, se divisaría la extensión del fértil valle de Caracas, ¡quién lo diría! Entonces era la zona extramuros del damero histórico de Caracas.  Dos riachuelos afluentes del rio Guaire bordean sus límites, el Caroata y el Anauco. Las hermosas postales con escenas pintoresca recabadas por Don Guillermo José Schael, para su libro “La ciudad que no vuelve”, dan cuenta de la estampa de Caracas de principios del s. XX. Por esta antología fotográfica sabemos de la actividad de las lavanderas  en las aguas cristalinas del riachuelo Anauco,  del puente de tres arcadas y de la plaza Candelaria,  cuando fue rebautizada Plaza de la Democracia, en 1895,  con la estatua del General José Gregorio Monagas, el emancipador de esclavos. Luego el monumento sería desmontado y el sitio retomaría su nombre original.

A raíz de la inauguración de la avenida Urdaneta, en 1953, se extiende la Plaza hacia el norte, en cuyo centro se coloca la estatua ecuestre del general Rafael Urdaneta tal como la apreciamos hoy. La intervención de la plaza se hará siguiendo el código del lenguaje moderno desplegado en los espacios de la ciudad, más funcional y adaptada a las demandas urbanas: se la despoja del paisajismo de setos bajos a la francesa, se le construye un estacionamiento subterráneo,  la sede de la Jefatura Civil, y una fuente tipo cascada ornamental que luego será sustituida por un escenario.  El diseño estuvo a cargo del arquitecto José Miguel Galia.

La estética moderna  de las primeras edificaciones residenciales  verticales de Caracas bien se aprecia en la Candelaria, junto a una morfológica urbana armónica: fachadas continuas alineadas, esquinas ochavadas, cuerpos bajos comerciales y acabados con materiales nobles. El edificio Paris, que hoy pasa casi inadvertido, es un hito del patrimonio moderno de Caracas sin parangón,  obra del arq. Luis Malaussena, se construyó  en 1948. El tratamiento compositivo recuerda las búsquedas del juego volumétrico neoplasticista de la Escuela Bauhaus y, en su espacio interior derrocha detalles únicos en sus pisos y lámparas con inspiración Art Deco.    

Fotos: Martin Julio Padròn

Las obras del Metro de Caracas (1983), si bien subterráneas, de manera notoria valorizaron la superficie: el espacio público. El entorno de las estaciones de la Candelaria no fue la excepción. Con las estaciones  Bellas Artes y Plaza Carabobo, vino  la creación del Paseo Anauco  sobre el riachuelo. La decisión, más ingenieril que ambiental, al embaularlo lo ocultaría, el logro fue empalmar peatonalmente la Av. México, al sur, con la Av. Panteón, al norte, zurciendo la Candelaria con San Bernardino. La obra bajo la dirección del arquitecto Max Pedemonte contó con el arquitecto Pedro Ovalles como proyectista. Sólo los lugareños lo utilizan. Ellos  saben que, el trayecto de 10 cuadras de longitud, se inicia con el “Paseo de los libros” venta de libros usados, mutada en ventas de frutas y verduras, y finaliza en la Av. Panteón con el “Paseo de las flores y hortalizas”, hoy con ventas de cauchos, mecánica automotriz y vendedores variopintos.   El trayecto fuera de la visual desde la calle es lógico que no se perciba. Carga el fardo de la inseguridad, pero si nos decidimos a transitarlo, prevenciones mediante, podremos descubrir una secuencia inusual de puentes. Primero Puente República, de seguidas Puente Anauco con sus tres arcos abovedados: es el más largo de los tres puentes coloniales que aun existen en Caracas, construidos por decreto del Rey Carlos III. Y, a continuación Puente Urapal: es el trazo limpio de una gran arcada sobre la cual pasa la avenida Urdaneta. Desde el carro es difícil sospechar que  abajo se acondicionó un escenario de calle para acoger montajes de Teatro. En este tramo los edificios colindantes de ambas orillas tienen acceso directo al Paseo. Los vecinos, en los gloriosos años del Festival Internacional de Teatro que convirtieron a Caracas en uno de los grandes escenarios del mundo, organizado por el Ateneo de Caracas,  combinaron el frecuentar las afamadas “Tascas” de la Candelaria con la recreación de las obras de “Teatro de bolsillo” montadas en el Paseo  Anauco. Allí se bañaron de aplausos a los actores.

Los canarios han dejado una huella memorable en la parroquia como emigración numerosa y emprendedora. Durante cuatro décadas, del 40 a los 70, convirtieron a Venezuela en la octava Isla del Archipiélago Canario. No hubo pitonisa que anunciara el viaje inverso de hijos y nietos nacidos aquí, esto sucedería en el s.XXI. La paradoja de esta pandemia ha hecho que 250 venezolano-canarios estén varados en las islas, tras las diferentes restricciones, piden que un  vuelo  les traiga de retorno a casa.

La Candelaria vibra hoy, reta el entresijo de eventos insospechados en este tiempo extraño, con su gente de variada procedencia, con su historia y sus tiendas que se han ido adaptando a los cambios. Algunas han incorporado nuevos ramos provocando inusuales y simpáticas mezclas, pulperías sui géneris: en el otrora centro de copiado o en  la zapatería o en una cafetería. Las tascas tienen delivery. Se improvisan ventas equidistantes en la acera. Todo es preferible al cierre. Abundan los precios solidarios. La Candelaria sigue siendo una comunidad emprendedora, ordenada y respetuosa de los horarios. Antes, las palomas mensajeras del tinerfeño Martin Padrón sobrevolaban la Plaza anunciando tres veces al día las horas pico, ahora, lo hacen las campanadas de la iglesia y el sonido de las Santamaría que bajan al mediodía anunciando que  la giornata è quasi finita!: se acogen al horario de confinamiento…Cada cual se irá por su lado, pero no podrá alejarse sin antes despedirse amistosamente. Pareciera que todos se conocieran.  Aligeran los pasos para llegar pronto a casa. Retornaran bien temprano con el despertar del nuevo día, con la mascarilla puesta y con el ánimo que pone en alto el trabajo! 

*María Teresa Novoa Arquitecto FAU-UCV. Coordina línea de investigación “Espacio público, arquitectura y ciudad” en Centro investigaciones Post Doctorales (CIPOST-UCV)

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